4. Lunes. Dios es gay.
Los dedos de Jackie se movían al ritmo de su impaciencia, podía sentir el sudor escurriendo por su uniforme de camarera cubierto sin éxito por la chaqueta de su novio Cave. Era temprano, pero parecía que el principio del día estaba desperdiciado. El tiempo es lo único que no se recupera tan fácilmente cuando trabajas de tiempo completo. Un sonido fuerte de la cerradura electrónica de la puerta le avisó a Jackie que era su turno de pasar. La cárcel era el lugar menos elegante que Jackie podía tolerar. Todo era gris y frío y hacía que te sintieras sospechoso y observado incluso si en el fondo te sabías inocente y de cristiano comportamiento. Eso es un decir, porque ese es el peor de los comportamientos tras un buen análisis.
- Te esperaré justo aquí, mi amor – le dijo Cave antes de que le diera tiempo de levantarse siquiera – Todo estará bien ¿sí?
Jackie le devolvió la sonrisa y se levantó satisfecha por las palabras de aliento de su novio, asintió con la cabeza.
- Gracias Cave – le contestó – Le diré a mi padre sobre lo lindo que te portaste al traerme
- Quisiera poder conocerlo yo mismo – dijo él – Suerte
Jackie miró unas cuantas veces hacia atrás para sonreírle de nuevo a su novio y después se internó en el corredor al lado de un oficial de policía. Caminaron por un largo pasillo, Jackie estaba muy nerviosa.
- ¿Vino a ver a su padre, señorita? – le preguntó otro policía en la siguiente puerta - ¿Por qué siempre los desgraciados tienen hijas tan hermosas? – Jackie se rio
- Gracias, señor – musitó ella
- Pasa por aquí – le dijo el policía – Miller te escoltará al pasillo
Jackie sonrió falsamente.
- Por aquí – le dijo el sujeto con el gafete de Miller
- Me imagino que conoce las reglas señorita. No contacto, no comida y no regalos. – Jackie asintió. – Las manos fuera, la boca lejos y el cabello recogido. No lápices, plumas, papeles o adhesivos. No navajas, cinturones, armas de fuego, armas de mecha o de juguete. – siguió – No líquidos pegajosos que se derramen, no deshechos ni saliva y medicamentos. No drogas y cigarros, ni bebidas alcohólicas, sin poliéster, sin limas, sin dulces o caramelos ácidos – Jackie levantó una ceja – también son dulces – se justificó el policía
- De acuerdo – asintió ella pasando del otro lado de la puerta.
- Un abrazo al entrar y otro al salir. Ningún otro contacto físico, besos o golpes.
- De acuerdo – el oficial había pasado una charola de plástico frente a ella
- ¡Revísenla! – ordenó y dos policías llegaron con un escáner
- Ponga todos los objetos metálicos o de acero en esta caja
- ¿Los aceros no son metales? – preguntó Jackie
- Ponga todos los objetos metálicos O de acero en esta caja – repitió más fuerte el oficial y Jackie se apresuró a obedecer
- ¿Estas son sus llaves?
El escrutinio terminó justo a tiempo, justo cuando Jackie comenzaba a pensar que le meterían una mano en el trasero solo por el placer de humillarla. Esa prisión era de máxima seguridad, justo como Red lo habría esperado del estado.
- Por aquí por favor – el seguro electrónico rugió bajo un timbre lastimero
- Pase – dijo otra voz y la puerta se abrió
- ¡Papá! – corrió Jackie a abrazar al hombre esposado a la mesa – ¡Como te extrañé papá!
- ¡Yo también a ti princesa! – dijo el hombre – Gracias por tomarte el tiempo de venir a verme
- Ya fue suficiente – dijo el policía – sepárense
Los dos obedecieron frunciendo el ceño.
- Te traje un regalo pero… no me dejaron meterlo aquí – susurró
- El mejor regalo para mi es verte mi pequeña… ah…
- Jackie – le recordó Jackie
- ¡Jackie! ¡Claro! Mi hija Jackie – se rio
El oficial Miller pareció terminar con su preocupación y volvió a recargarse sobre el respaldo de la puerta.
- Ahora hija mía, estoy seguro de que tienes un muy buen motivo para venir a verme y espero que también tengas una gran cantidad de dinero en esa bolsa de lo contrario me temo que tendré que contarle a ese policía que yo no tengo ninguna hija
- Tengo algo para ti ¿Sí? – susurró Jackie – Tengo un buen trato, lo prometo. Pero tienes que responder algunas preguntas para mí ¿De acuerdo?
- Debe ser algo realmente importante si tienes las agallas para meterte en un lugar como éste solo para hacer un trato – reflexionó Chester Redil en voz alta. – ¿Qué es lo que quieres? habla rápido, si me aburro podría decirle a Miller que tenemos una impostora y eso también es un delito querida
- Cierra la boca Chester – amenazó Jackie sin quitar la sonrisa para no levantar sospechas y apenas abriendo los dientes – Estas aquí porque te lo tienes bien merecido
- ¿Tu nombre figura en el record de las visitas? – insistió Chester – Tengo curiosidad, ¿Cómo los convenciste de que eres mi hija?
- Eso no te incumbe, violador. – le respondió Jackie
- No te conviene hablarle de esa forma a tu padre cariño, santa Claus está observando y te traerá carbón
- Por favor Chester, no seas ridículo. Todo lo que quiero es información sobre un medicamento de la farmacia.
- Ah, eres una de esas personas que me robaron y luego me acusaron de un crimen que no cometí
- Por favor – se indignó Jackie – Tú mataste a esa chica, los dos sabemos que deberían haberte enviado a la silla.
- Negocios son negocios hija mía – se burló Chester Redil – Estoy perdiendo la paciencia con los tuyos
Jackie entrecerró los ojos. No le parecía que fuera lo suficientemente fuerte como para burlar a un asesino necrófilo.
- Esta es la cosa – se acomodó Jackie – el día que entramos a tu farmacia queríamos encontrar información sobre unas pastillas en especial.
Chester le enseñó los dientes con una sonrisa de complicidad.
- Espera – dijo él – Quiero que me digas primero la clase de trato que es este. Tú quieres información y por lo que veo es información turbia ¿Qué voy a ganarme al respecto?
- Dinero – dijo ella – Todo el que quieras
- Tengo dinero – dijo Chester - ¿Cómo crees que evité la silla?
- Bien – suspiró Jackie – ¿Qué es lo que quieres?
- Quiero que le lleves un mensaje a mi exesposa
- Bien ¿eso es todo? – dijo Jackie – Trato hecho
- Aun no escuchas el mensaje
- Pero lo haré – insistió la morena
- No tan rápido, señorita. Debería tener más cuidado con lo que promete.
Jackie tragó saliva.
- El mensaje es "Cuando salga de aquí, te partiré por la mitad y saboreare cada intestino con mi lengua hasta escupirlo en lo que quede de tu deforme rostro"
Jackie trago saliva pero no dejó que Chester notara que estaba perdiendo seguridad.
- Lo haré – dijo decidida o por lo menos fingió estarlo.
- ¿Cómo dices?
- Se lo diré – repitió ella
- Un momento – se adelantó Chester – ¿Cómo sabré que se lo dirás?
- No lo sabrás – atinó Jackie – Así como yo no sabré si me estás diciendo la verdad – Chester sonrió
- Muy bien – dijo él - ¿Qué quieres saber?
- ¿Qué sabes de PSIC?
- No conozco ningún medicamento con ese nombre – dijo él
- No te burles de mí, Redil – le dijo Jackie – tenemos un trato
- No existe no medicamento con ese nombre – se defendió el hombre – Estas equivocada
- Bueno, es una compañía farmacéutica, no necesariamente una medicina – explicó ella – Eres el único que vende sus productos por aquí ¿Dónde los compras?
Chester parecía intrigado.
- Ah, vaya, si creo que sé algo de eso
- ¿Y bien? – presionó Jackie
- Un hombre me entrega los paquetes en el mercado Atlanta SAUGS de víveres. ¿Cuál era su nombre? Veamos… ¿Gustav? ¿Erwin?
- ¡Vamos Redil!
- Ya lo recordé… su nombre es Theodore – dijo Chester – Pero solo me vende a mí, no creas que vas a conseguir un trato con él.
- No quiero drogas, sucio criminal – dijo Jackie – Quiero encontrar a la compañía
- No creo que esté en éste país – dijo Chester – ningún medicamento de SAUGS lo es. Es un mercado negro, conejita. Las niñas como tú no están permitidas en el vecindario. Poner un pie ahí sería un suicidio para alguien como tú.
Jackie sonrió.
- ¿A qué hora te reúnes con él?
- Se te hace tarde ya – dijo Chester apuntando al reloj de la pared – El mercado de Atlanta está cerrado.
Jackie se tomó el cabello con frustración.
- Tiene que haber otra forma de encontrarlo
Chester sonrió.
- Te daré lo que sea – suplicó la chica
- Muéstrame tu credencial – ordenó él
- ¿Mi qué? – Jackie vaciló
- Quiero saber tu dirección. Si no le das mi mensaje a mi exesposa, lo sabré. Iré por ti, y te haré lo que no me dejaste hacerle a ella.
Jackie comenzó a sudar, sabía que se había metido en problemas.
- Oficial… – comenzó a hablar Chester
- ¡De acuerdo! – se apresuró Jackie y sacó su identificación. Su "padre" se la arrebató de mala gana y la miró con una sonrisa.
- Cuando el mercado está cerrado – habló por fin – Theodore vende en las afueras del depuesto de la maquinaria pesada en Pood.
- ¿En la avenida del Fish Street Pood? – preguntó Jackie
- En la quinta con la Fish Street Pood – Chester le devolvió su tarjeta de identificación. – imagino que vive cerca de ahí.
- Gracias – se levantó Jackie con mucha prisa
- No tan rápido señorita – Chester la pescó por el antebrazo – No debes olvidar el mensaje
- ¡Chester! ¡Aléjese de ella! – gritó un policía y corrió en su auxilio
Se acercó tanto a Jackie que su hediondo aliento casi le quema las pestañas.
- ¡No lo olvides! ¡Cuando salga de aquí, te partiré por la mitad y saboreare cada intestino con mi lengua! – Le amenazó y comenzó a reírse mientras los oficiales lo arrastraban por la fuerza lejos de Jackie.
- Por aquí, señorita – le indicó el policía
Jackie salió corriendo de ahí. Tenía las pupilas espolvoreadas y todavía un poco de la saliva de Chester por toda la cara. Cave la miró con extrañeza cuando la vio
- Jacqueline ¿Estás bien? ¿Cómo está tu padre?
Jackie respiraba agitadamente y se lucia como un hombre enfermo que recién acaba de perder los estribos por haber conocido a la muerte desde un lugar al que no se debe penetrar ni con los ojos cerrados.
- Si, bien. – se excusó la chica tratando de recomponerse – Gracias, Cave, ¿Podemos irnos ya?
- Claro pero ¿Estás bien? – insistió Cave – Te noto algo… pálida… fuera de lugar.
- Solo vámonos ¿sí? Odio este lugar – dijo ella y comenzó a andar frente a él
Cave asintió con la cabeza podía notar que las piernas de su novia se estaban tambaleando con fuertes terremotos.
- ¿Quieres que te lleve a casa? Necesitas un descanso – dijo Cave poniéndose el cinturón del auto. – no pensarás ir a trabajar así ¿o sí?
- No – dijo ella – Mejor llévame al hospital, quiero hacerle una visita rápida a Michael
El pasillo del hospital parecía inhóspito y había perdido ese olor tan característico de alcohol y medicina dulce que tanto molesta a cualquier visitante y puede volverlo a uno en contra de la razón misma y hacerlo pensar que está enfermo por muy sano que se encuentre. Jackie siguió caminando hasta dar con la habitación que recordaba correcta. El dormitorio estaba en orden, justo como lo recordaba de la noche anterior. El silencio mecía a su amigo en un sueño taciturno y tranquilizador. Jackie tuvo la sensación de estar mirando una de sus verdades más injustas, la infancia que había pasado con él justificaba cada falta que Michael Kelso hubiera cometido alguna vez contra ella o contra la lógica común.
- Esta dormido ahora, pero ya despertó esta mañana y se comió todo lo que le ofrecieron. – la voz de una mujer le hizo saber que no se encontraba sola y se sintió avergonzada por haber sonreído de esa forma cuando lo vio dormido.
- ¿Donna? – se advirtió Jackie - ¿Qué haces aquí?
La pelirroja dejó a un lado el libro que estaba leyendo y se levantó del sofá sobre el que estaba recostada con ánimos de erguirse en contra de sus impedimentos físicos. Jackie alcanzó a ver el cabestrillo de su brazo izquierdo y sintió que podía palpar el dolor de su compañera con cada movimiento que hacía.
- Vine a verlo – le contestó Donna – Espero que no te moleste.
- Para nada – se apresuró a decir Jackie – me alegra que estés aquí, esperaba que el estuviera despierto, así al menos no tendré que hablar sola.
Donna rio como por compromiso.
- ¿Dónde estuviste? – preguntó pero Jackie preguntó una cosa distinta al mismo tiempo "¿Has visto a Steven?"
Las dos rieron y se quedaron calladas para permitirle hablar a la otra.
- Los chicos…
- Él está bien – volvieron a hablar al mismo tiempo – Bien – dijo Donna
- ¿Bien? Bien – dijo Jackie
- Si – Donna asintió con la cabeza y un puchero de incomodidad.
- Bueno… - iba a decir Jackie pero Donna volvió a interrumpirla.
- No soy la persona con la que querías encontrarte ¿Verdad?
- No pero, es decir si… – se excusó Jackie – Bueno… no pero ya que estas aquí y los chicos no…
- ¿Estuviste investigando?
Donna caminó por la habitación y se quedó parada frente a la ventana como si su aliento se pudiera desfigurar a su antojo en el cristal
- Si, justo eso… yo… fui a prisión a ver a Chester Redil
- ¿Qué hiciste qué? – Donna se sobre saltó de inmediato – ¡¿Por qué hiciste eso?!
- Porque creí que era lo mejor que podía…
- ¡¿Estás loca?! ¡Eso fue lo más estúpido que se te pudo ocurrir! ¿Cómo puedes ser tan inconsciente de los riesgos que…?
- Donna yo…
- ¡No pude ser que te comportes de esa forma!
- Donna…
- ¡¿Cómo puedes ser tan despreocupada a pesar de todo lo que nos está pasando y...?!
- ¡No eres mi madre, Donna! – Jackie alzó la voz y Donna se quedó callada en seguida
El silencio se tornó incomodo de nuevo.
- No lo vas a creer Jacqueline – Interrumpió Cave – encontré al doctor y me dijo que estas son para los pacientes con… Hola – dijo cuándo se percató de la presencia de Donna y luego, extrañado, la analizó muy de cerca – ¿Nos conocemos?
La otra abrió los ojos con un pánico injustificado y comenzó a negar nerviosa con la cabeza.
- ¿No? – dijo Donna primero con duda luego fingió seguridad – Es decir ¡No! – se rio – ¡Por supuesto que no! Jackie… no nos conocemos – Tartamudeó
- Claro – dijo la más pequeña – Donna, él es Cave, mi novio. Cave, ella es Donna, una amiga de la secundaria.
Donna seguía nerviosa y desconcertada. Cave estudiaba su rostro con curiosidad como si hubiera notado algo expresamente familiar con la chica más alta.
- Mucho gusto – Donna rompió el silencio extendiendo la mano con una risa nerviosa que parecía haber adoptado de la madre de su exnovio. Aquello funcionó para recuperar su distancia.
- Lo mismo digo – dijo él pero sin reducir su expresión pensativa – Bueno – cedió al fin y dejo de mirar a Donna – Tengo que irme Jacqueline, espero que Michael se recupere pronto.
- Adiós – dijo Donna y se sacudió temblorosa mientras Jackie se despedía con un beso de su novio
- Adiós – dijo el chico desde el pasillo
- Ustedes se conocían o…
- Entonces – se desvió Donna ¿Qué fue lo que paso con Redil?
- Creí que no estabas de acuerdo con…
- No, no que va – dijo Donna – Cuéntame, ¿Qué fue lo que te dijo? – y por fin volvió a la compostura
- Okey – susurro Jackie un poco incrédula y desconcertada todavía – bueno… me dijo que el medicamento lo compra en el mercado negro, por eso las otras farmacias no lo tienen, es ilegal.
- ¿Qué? – Donna abrió mucho los ojos - ¿A qué te refieres? ¿ilegal?
- Si – aseguró Jackie – el mercado está en los ángeles, detrás del Atlanta SAUGS de víveres de Paul Snacks
- Espera – advirtió la pelirroja con una postura incrédula – ¿Cómo sabes que eso es verdad?
- No lo sé, quería ir a echar un vistazo, creo que merece la pena.
- Podría ser una trampa
- Chester no tiene idea de lo que es una trampa – bufó Jackie todavía recordando los tintes más desagradables de su encuentro con él – Es un perfecto idiota
- Lo sé, pero aun es un sujeto peligroso, además ¿Por qué te diría la verdad? ¿Qué le ofreciste a cambio? ¿Cómo entraste para empezar?
- Donna, eso no es importante ¿sí? No estás viendo lo que vale aquí. Si Chester dice la verdad y este tipo esta donde dice, entonces lo seguiremos y hallaremos el escondite de PSIC, probablemente ahí tienen a Fez.
- Pero el mercado de Atlanta está cerrado ya.
- Lo sé. Es por eso que iremos a la quinta con Fish Street Pood, Theodore debe estar ahí
- ¿Quién es Theodore?
- El que vende los productos
- ¿El que vende los productos?
- Si, Donna. Maldición ¿Siempre eres así?
- ¿Así como?
- Repites todo lo que te dicen en forma de pregunta
- Me lo han dicho antes – se agachó Donna – No tan rápido… Espera ¿No deberíamos avisar a los otros antes de hacer cualquier cosa o tomar cualquier decisión?
- Para ser una periodista – dijo Jackie – guardas un comportamiento muy aceptable
- ¿Qué quieres decir con eso?
- Vamos Donna dios es gay ¿no es cierto? Tú siempre lo dices. No necesitamos a los chicos
- Creo que la expresión que buscas es " dios es mujer"
- Como sea Donna, no hay tiempo para tus dichos de solterona ¿Vienes o voy sola?
- Jackie, esto es extremadamente peligroso, ¿Sabes lo que es un mercado negro?
- No, no Donna, pero no entraremos ahí. Sólo lo seguiremos hasta la fábrica de PSIC y veremos donde está, después volveremos con los chicos para investigar desde adentro, no nos arriesgaremos ¿sí? Lo prometo.
- Pero Jackie…
- Por favor…. – Jackie parpadeó rápido en forma de suplica
La mayor tenía cara de estar analizando todos los datos en su cabeza.
- Está bien pero solo observaremos y trazaremos una ruta ¿de acuerdo? Nada de interacción – le dijo
- Nada de interacción – repitió Jackie celebrando internamente.
Habiendo abandonado el hospital, las dos chicas habían tomado su propia oportunidad para echar un vistazo al mapa de la ciudad. Se desplazaban hacia el lado equivocado y volvían a echárselo en cara la una a la otra con esa furia contenida de antes por los años que se atravesaron entre su amistad y las malas acciones de ambas figuras de mando.
- ¿Estas segura de que este si es Theodore?
- Claro que si Donna – Jackie rodó los ojos – ese si tiene cara de Theodore, no como el sujeto que viste antes, ese parecía más bien un…
- Jackie ¡mira! – cuando Jackie miró el sujeto se había movido de su lugar y caminaba hacia un auto negro con toda la actitud sospechosa de quien ha robado un auto
- ¡Síguelo! – le ordenó Donna
- Si – obedeció Jackie y al cabo de unos minutos lograron alcanzarlo en la carretera
- Dos autos atrás y uno a la derecha, ese es el truco – dijo Jackie
- No lo sé, creo que sabe que lo seguimos, lleva un rato andando a la misma velocidad, creo que se dio cuenta
- ¡Donna! Relájate – espetó la morena – yo estoy a cargo en esto de acosar ¿sí? Sé que eres periodista pero todavía tienes mucho que aprender ¿de acuerdo? Así que solo déjamelo a mí.
- ¡Jackie cuidado!
El auto alcanzó a frenar unos centímetros antes de estrellarse contra la defensa trasera del auto de Theodor. El otro aprovechó la conmoción, condujo en reversa y golpeó el auto de Cave. El hombre bajó del auto y se acercó rápidamente a las chicas con un mazo de picos que parecía salido de la edad media. Empuñó el arma con mucha fuerza y antes de que pudieran reaccionar, golpeó el parabrisas con él rompiendo el vidrio de un solo asalto. Donna le pidió que acelerara pero Jackie se había quedado sorda con el impacto y no podía reaccionar.
- ¡Jackie, acelera! – gritaba Donna – ¡Jackie!
Theodore abrió la puerta y tiró de Jackie hacia afuera mientras Donna escapaba por la puerta del copiloto.
- ¡Ahhhg! – gritó Jackie horrorizada
- ¡Jackie! – gritó Donna desde el otro lado
- ¡Donna! – gritó Jackie con el aliento perdido y exhausto.
La posición en la que se encontraba tirada no le permitía defenderse o levantarse siguiera, no tenía el control de sus extremidades y Theodore la estaba arrastrando por el cabello en un camino de tierra. Mal momento para ponerse a pensar en la facilidad con la que un hombre podía manipular el terreno. Ahora sabía que debía haberse dado cuenta antes, cuando Theodore se metió en esos callejones abandonados al fondo de un cerro donde se terminaba la autopista. Todo fue tan rápido.
- ¡Donna! – gritó Jackie por ayuda - ¡Donna!
Pero Donna no aparecía por ninguna parte.
- ¡Donna! – gritó de nuevo
De repente el motor de un auto interrumpió la travesía de Jackie por el suelo y Theodore miró muy tarde hacia él. La pelirroja condujo sobre el hombre sin titubear al respecto. Lo arrolló con su propio auto y lo arrojó unos metros sobre el mismo auto. Jackie se recuperó y escupió su propio cabello porque se lo había estado tragando durante el ataque.
- ¡Donna!
Donna volvió a pasarle encima con las ruedas y la sangre del hombre salpicó por la cara de Jackie.
- ¡Ahhhg! – Jackie se tragó un gritó y se quedó afónica de la impresión.
- ¡Muere bastardo, muere! – gritó Donna desde el volante pero Jackie se puso enfrente del hombre moribundo
- ¡No! – le gritó y Donna frenó con angustiante desesperación para no atropellar a su amiga.
- ¡Qué te pasa! – le gritó – ¡Quítate de ahí!
- ¡No, Donna! ¡Eso es homicidio!
- ¡Quítate!
- ¡Donna!
- ¡Jackie!
Pero el hombre se levantó en lo que estaban discutiendo y Jackie se giró y lo golpeó con su propio mazo que estaba tirado por ahí
- ¡No somos animales, Donna! – dijo mientras lo golpeaba con salvajismo animal
El hombre cayó al suelo con la contusión y el golpe lo derribó inconsciente pero no muerto y cuando despertó y pudo abrir los ojos no pudo moverse más. Ya pude ser que fuera por que había perdido la capacidad de hacerlo en alguna parte clave de la columna o porque estaba atado en una silla dentro de su propia casa en medio del callejón más solitario y peligroso que había encontrado para llevar la vida de quien vende drogas ilegales en el mercado negro.
- ¿Dónde está PSIC? – le preguntó Donna
- Esto está mal – caminaba Jackie nerviosa de un lado a otro lloriqueando – tenemos que llamar a la policía
Theodore siguió a Jackie con la mirada hasta que se quedó quieta para morderse las uñas de la mano.
- ¿Dónde está PSIC? – volvió a preguntar Donna – Te estoy hablando, ¡Mírame!
- ¡Donna! – insistió Jackie – Vamos a meternos en problemas con esto
- Si pero ya estamos aquí
- Donna no creo…
- Ya basta con eso Jackie ¡Puedes irte si quieres! – le gritó y el otro se dio cuenta de que ya habían estado discutiendo al respecto antes de que despertara
- ¡Tú no eres la jefa de todos ¿sabes?!
- Tú fuiste la que me obligó a venir en primer lugar ¿no? Es información lo que querías, pues aquí está tu información – Donna golpeó al herido de Theodore en la cabeza
- ¡No me hables como si fuera una de tus empleadas porque yo no lo soy!
- ¡Tal vez si lo fueras estarías mejor educada!
- Te crees dueña de todo el mundo pero solo eres una falsa noticia más de Lyex.
- ¡Al menos tengo un trabajo decente porque yo si estudié!
- ¡Cállate patona!
- ¡No me calles enana!
- Señoritas – interrumpió Theodore – ¿Podemos apresurar esto? todo lo que tienen que hacer es preguntar correctamente y tendrán las respuestas correctas
- ¿Dónde está PSIC?
- No tienen que golpearme, se los diré todo – dijo él – ya estoy cansado de esta farsa y además no me queda mucho tiempo de vida ¿verdad?
- ¿A qué te refieres?
- No quiero llevarme este secreto hasta la tumba, he pasado por muchas cosas por ellos y ¿todo para qué? Para que me traten como un camello más de las afueras de los ángeles
- Entonces habla – presionó Donna - ¿Dónde está PSIC?
- ¿Qué hora es?
- Responde la pregunta Theodore – amenazó Jackie
El otro se echó a reír
- Ya os dije que no hace falta que me amenacéis, os diré todo a su debido tiempo, solo quiero saber la hora de mi muerte
- Sobre las 6:30 pm – contestó Jackie y Donna le dedicó una mirada furtiva
- El preguntó – se justificó la morena
- Un autobús de franjas blancas se estaciona al sur de Blande, cruzando la carretera suth guess tras la estación de trenes a las ocho en punto. – explicó – recoge a los empleados de PSIC
- No existe una carretera sobre suth guess, todo es baldío
- ¿Lo es?
Jackie y Donna intercambiaron miradas
- ¿Cómo se si puedo confiar en ti? – le preguntó Donna
- Un hombre muerto ya no tiene nada que perder – susurró resignado el sujeto – Van a necesitar una credencial para entrar, es electrónico – dijo él – la mía esta sobre la repisa – señaló con la mirada
- Ya me adelanté – dijo Donna, sacando la tarjeta que había alcanzado del uniforme del hombre de las vías durante su último encuentro.
- ¿Por qué deberíamos confiar en ti? Trataste de asesinarnos hace un rato – dijo Jackie –
- Tenga cuidado señorita Burkhart, no todo es lo que parece. Todos tenemos motivos personales para sobrevivir, y como pensé que erais peligrosas, quise deshacerme de vosotras antes de que os deshicierais de mí, pero al parecer… no fui muy rápido.
- No digas eso – se justificó la más alta – no te hubiéramos hecho ningún daño si no nos hubieras atacado primero
- Pero ese es el principio del caos señorita Pincciotti. Cualquiera que hubiera tenido la oportunidad para hacerle daño al otro la habría tomado bajo la misma premisa ¿no es así? Porque así somos los seres humanos.
- ¿Cómo sabes nuestros nombres?
- Todo el mundo conoce vuestros nombres, sois la razón del peligro de PSIC, sois el principio del caos que nos ha obligado a hacer todo lo que hemos hecho hasta ahora. Vosotros tenéis la culpa de todo lo que ha salido mal.
- Disculpa – dijo Donna indignada – ¿Qué es lo que hicimos nosotros para que ustedes pensaran que merecemos esto? ¡¿Dónde tienen a Fez?!
- ¿Qué demonios es PSIC? – añadió una Jackie furiosa
- No se trata de lo que es PSIC, ¿no lo veis? Se trata de vosotros, siempre se ha tratado de vosotros
- ¡Habla claro, chupa ranas! – exigió Jackie - ¿Por qué donde quiera que miro aparece PSIC?
- ¡Porque estáis viendo por fin! – se reía el hombre totalmente descontrolado – ¡Os habéis destapado los ojos!
- ¡Quiero que me digas que está pasando aquí! - lo agitó Jackie – ¡dímelo! – pero el otro se seguía riendo
- ¿Qué es PSIC? ¡¿Qué es PSIC?! ¡¿Que es PSIC?! – lo zangoloteó Jackie con fuerza pero con tanta que el cuello de Theodore no resistió y se quebró
- ¡Jackie! – la apartó Donna de prisa - ¡Maldición!
- ¡No! – Gritó Jackie - ¡No por favor! No por favor ¡No, Donna! ¿Qué hice?
- ¡Por dios! ¡está muerto!
- ¿Está muerto? ¡Yo lo mate! – enloqueció la más pequeña – ¡Yo lo maté! ¡Maté a alguien Donna! ¡Lo mate! – y la respiración de Jackie había sobrepasado los límites permitidos para que el corazón consiga su cometido tradicional
Donna le metió una bofetada limpia
- ¡Tranquilízate Jackie! – la apretó en sus brazos – Ya estamos aquí ¿sí? Vinimos por algo, ahora lo tenemos, sabemos dónde está Fez.
- Yo, pero… yo… maté… - Jackie trataba de recuperar el aire
- Jackie – la tranquilizó Donna – tenemos que tomar una decisión y tiene que ser ahora ¿De acuerdo? Nos quedamos aquí hasta que llegue la policía y somos acusadas de homicidio o vamos al baldío y tomamos el autobús de franjas blancas tú decides – le dijo y le mostró la tarjeta de Theodore sobre la repisa
Jackie siguió respirando intranquila por un momento y luego se levantó despacio. Se acercó a la repisa y miró a Donna con los ojos temblorosos mientras tomaba la tarjeta.
El autobús cesó la marcha frente a un edificio pequeño y despintado, por fuera se lucia como una cárcel gitana. Las chicas descendieron a paso lento pero firme, sabían que se encontraban en un territorio peligroso y totalmente desconocido. Ya habían personificado su vestimenta con uniformes que estaban en sus asientos de autobús incluso habían notado que nadie en todo el largo del vehículo se atrevía a decir una sola palabra o a intercambiar miradas siquiera con sus compañeros de asiento.
- Eso fue horrible – susurró Jackie parándose de puntillas para alcanzar el oído de Donna – ¿viste que colores más feos usan para vestirse?
- Silencio Jackie – la regañó la pelirroja – tenemos que encontrar la entrada, sigue a los demás.
- Pero son muy raros – se quejó Jackie – vi que uno mantuvo la sonrisa durante todo el camino
- Jackie – exigió Donna – iremos por donde todos, vamos, camina – la presionó
Las chicas caminaron una tras la otra siguiendo a los empleados por un corredor angosto
- Esto no me gusta Donna
Donna chistó detrás de ella para callarla
- Solo camina
En la puerta un hombre con el rostro cubierto estaba revisando las tarjetas de quienes entraban y las comparaba con la persona que caminaba antes de dejarlos pasar, luego pasaban la tarjeta por una máquina que prendía con una luz verde y los dejaba pasar al interior del edificio
- ¡Donna! – le dijo Jackie – debemos ir por otro lado
- Si – susurró Donna y ambas salieron discretamente de la fila y caminaron hacia otra parte
Cuando estaban lo suficientemente lejos Jackie se volvió contra Donna y se quitó la gorra
- ¿Y ahora qué?
- Las tarjetas nos sirvieron en el autobús pero no nos servirán más – le explicó Jackie – tendremos que entrar por otro lado
- Ah no. – dijo Donna – se acabó Jackie, habíamos acordado no interactuar y ¡Mira donde estamos metidas!
- ¿Sabes que Donna? Esto es tú culpa.
- Yo solo quería irme de la casa de Theodore – dijo Donna
- ¿Entonces me mentiste?
- ¡No Jackie, se acabó! ¡Mataste a alguien!
- ¡Tú ibas a matarlo primero!
- ¡Pero no lo maté!
- ¡Porque te detuve!
- No importa quién lo mató Jackie porque las dos hubiéramos ido a prisión de todas formas si nos quedábamos ahí, ahora debemos volver a casa y contarles a los demás lo que sucedió. Ya sabemos dónde queda la fábrica.
- ¡No! Para mañana ya sabrán que Theodore fue asesinado, no tendremos otra oportunidad para usar su gafete.
- Jackie ¡Esto es absurdo! Debería estar recuperándome en el hospital pero en lugar de eso estoy aquí contigo en medio de la nada cubriéndote el pellejo
- Pues nunca pedí tu ayuda porque yo no necesito tanto pellejo para cubrirme porque no soy gorda y gigante como tú.
- Al menos yo alcanzo las cajas
- ¡Cállate!
- ¡Cállate tú!
- ¡Suéltame!
- ¡Perra!
Jackie le saltó encima a Donna y las dos cayeron al suelo en una especie de marca roja que debieron haber visto antes. El suelo de concreto de repente dejo de serlo. Perdió la firmeza y se abrió por la mitad arrastrando al fondo a las dos chicas que estaban tiradas sobre él. Las dos gritaron muy fuerte pero la sensación del vacío en el estómago fue superada por el golpe de la caída sobre la tela de un pozo lleno con un material líquido y blando, suficiente para acolchonar el impacto y sumergirlas en litros de su rojo elixir.
- ¡Jackie! – gritó Donna saliendo de la pintura para respirar
- ¡Donna! – Jackie también luchó contra la pasta de pintura para poder respirar
- Aquí estoy – gritó Donna quitándose la pintura de la cara y de la nariz
Las chicas se abrazaron escupiendo el líquido.
- ¿Qué es esto? ¿Qué es esto? - preguntó Jackie angustiada
- Tranquila – dijo Donna – Es pintura – le tranquilizó – tiene que serlo, huele a pintura
Ambas nadaron fuera del pozo y salieron contra el peso de la nueva densidad de sus ropas.
- Debimos volver a casa – susurró Jackie – debimos volver, tenías razón, no te escuché – susurró – nunca lo hago
- Hay que encontrar una salida antes de que nos atrapen aquí – dijo Donna – límpiate todo lo que puedas, no debemos dejar huellas de pintura
- Tengo frio Donna – tiritaba los dientes la menor – tengo mucho frio
- Ya se Jackie – se levantó la otra – salgamos de aquí ¿sí?
- Si por favor
Las chicas atravesaron por un cuarto oscuro y vacío tiritando de a pequeños pasos.
- Apresúrate Jackie
- ¿A dónde vamos?
- Tiene que haber una salida por aquí
- Jackie – llamó su atención la mayor – aquí hay una puerta de emergencia
La puerta se abrió y varios hombres uniformados entraron.
- Por supuesto que ya se lo dije… - entró caminando un hombre que estaba ocupado al teléfono y Jackie y Donna se ocultaron tras la puerta – Me encanta la decoración… - decía
- Yo lo conozco – susurró Donna – es el sujeto que estaba en el elevador aquel día…
- Tenemos que irnos Donna
- Lo sé pero… espera – Donna lo siguió
- Donna – susurró Jackie - ¡No! ¡Vámonos ya!
"Vamos a hacer lo posible para solucionarlo" Habían sido las últimas palabras que Jackie escuchó viniendo desde el corredor, segundos antes de que un hombre la sujetara por detrás.
- ¡No! – gritó Jackie
- Disculpa – dijo el hombre – No quería asustarte, creí que necesitarías ayuda con tu… colorido problema – le dijo señalando su ropa
- Am – Jackie vaciló y buscó a Donna con la mirada pero ya no podía verla – sí, claro, yo… es que soy, soy nueva aquí y…
- No te preocupes – la consoló él – a todos nos pasa, soy Thomas por cierto, del departamento de tinta. ¿Te asignaron recientemente?
- Si – sonrió Jackie asintiendo muy rápido con la cabeza yo soy, soy… Teresa – mintió – Teresa Chapman
- Pues mucho gusto Teresa, será un placer ayudarte.
- Muchas gracias – espetó ella muriéndose por dentro
- Primero tenemos que cambiarte – le dijo el ¿Qué numero eres?
Jackie se encontró a si misma titubeando
- Chica, soy talla chica ¿no? Creo, sí. Lo soy
El otro se echó a reír
- Entonces tal vez un dos
- ¿Dos? Claro – dijo ella – un dos está perfecto
Pero el uniforme no le quedaba bien y de hecho la cremallera le producía cierta comezón entre los pezones que se estaba volviendo incomoda al caminar.
- Esta es el área de carga – explicó Thomas – aquí recibimos las entradas y las clasificamos por color, las pones en un estante de acuerdo al área y la empacas para volver a usar el recipiente de la lata, ¿alguna duda?
- Si am – suspiró ella - ¿para qué es la pintura?
Thomas rio
- Para el paisaje claro
- Hahn – fingió alivio ella – Claro, el paisaje. Qué tonta fui.
- Entonces, nos vemos, suerte en tu primer día novata, trabaja duro.
- Eso haré – repitió Jackie sonriendo. Tengo que salir de aquí, tengo que salir de aquí – repetía en su cabeza
- Los Stuka eran armas militares de la caza aérea de los nazis, no su equipo de tierra… - decía un muchacho y el otro parecía escucharlo con atención negando con desaprobación y empacando latas de pintura.
Jackie tenía que asegurarse de que ninguno de los dos la viera mientras intentaba huir.
- Te aseguro que Alemania no fabricó de esos hasta mediados de los cuarenta
- ¡Claro que sí! Los usaron durante la primera guerra mundial viejo, es historia universal
- ¿Cómo puedes ser tan tonto?
- Oigan – llamó Jackie – oigan – los otro dos miraron – no quería interrumpirlos pero siempre he querido saber algo y parece que ustedes saben mucho de ese tema
- ¿sí? – le preguntó uno – le diré lo que quiera, pregúnteme lo que quiera
- No – dijo el otro – pregúnteme a mí, él no sabe lo que dice
- ¿Les parece que la Luftwaffe tenía posibilidades de ganar en la última batalla contra la RAF?
- Por supuesto que si – dijo uno
- Claro que no – dijo el otro y los dos rivalizaron miradas
- Estoy harto ¡Tú no sabes nada!
- ¡Tú eres el que no sabe nada!
La pelea comenzó a empujones y Jackie aprovechó el momento para salir corriendo de allí cuando los verdaderos golpes comenzaron. Estaba caminando a prisa por un corredor con cajones enormes y pasó junto a una puerta que ponía "Hombres de los Alpes vs Drácula" Jackie luchó contra el ferviente deseo de entrar allí. Todas las puertas tenían nombres más extraños que el de la anterior o letreros como "Deshechos primitivos" o "Animales de la selva" Jackie se sintió tentada a entrar en cada uno de ellos para comprobar lo que allí había pero el pensamiento de que de verdad encontraría animales tras la puerta la mantuvo a raya.
Después de un rato todos los corredores comenzaban a parecerle iguales y no podía encontrar a Donna por ninguna parte. Tal vez debería rendirse o llamar a alguien pero su teléfono había sido confiscado al llegar a la base de PISC. De repente una alarma sonó y el corazón de Jackie saltó por fuera de su pecho. Sabía que las habían descubierto y que todo se había terminado para ellas. Un montón de hombres corrieron en una formación militar hacia ella. Jackie se limitó a cubrirse con las manos y cerrar los ojos apretando mucho los parpados.
- ¡A un lado novato! – le gritó el que presidia la formación y Jackie se quitó del camino
- Nevada,00.3, coerción del este, un no nacido – dijo por el radio otro de ellos – Repito, un no nacido, la madre es Nicol Leeds originaria de Oklahoma
- Tenemos un no nato – repetían los de atrás – ¡Nació muerto! ¿Cómo es posible?
Jackie ya no entendía lo que pasaba ¡¿De qué demonios era la fábrica de PSIC?! ¿Por qué pintaban paisajes y buscaban bebés nacidos sin vida? ¿Cómo se relacionaba eso con las pastillas de Kelso o con la desaparición de Fez? ¿Dónde estaba Donna? Jackie estuvo a punto de echarse a llorar cuando Donna apareció detrás de ella y le tapó la boca. Al principio se sobresaltó pensando que era otro empleado de PSIC pero cuando escuchó la voz de la pelirroja en su oído se tranquilizó.
- Tengo el maletín – susurró Donna – vámonos de aquí
Las chicas comenzaron a caminar de prisa tratando de no llamar la atención de los otros empleados y todo parecía estar resultando bien cuando de repente uno de los trabajadores las detuvo en el pasillo.
- ¿Quiénes son ustedes? – les preguntó – No las conozco
- Somos nuevas – dijo Jackie con seguridad – del departamento de tintas
Sus ojos delataban la verdad, el sujeto se lo había creído.
- Bien – estuvo a punto de decir pero…
- ¡Es ella! – gritó un hombre detrás de la bandeja – ¡Ella es la que se infiltro en mi oficina! – gritó y Donna lo reconoció enseguida como el sujeto del elevador
- Corre, Jackie – le presionó la mano a la morena y esta obedeció
- ¡Deténganlas! – ordenó una voz ronca detrás y la alarma volvió a sonar
Los empleados de PSIC corrieron tras ellas y unos cuantos se lanzaron desde el siguiente piso sujetando un lazo con una mano y un fusil en la otra. Un disparó se escuchó detrás de ellas y un hombre alcanzó a pescar a Donna que todavía estaba embarrada con pintura.
- ¡Suéltame! – gritó Donna, Jackie le dio un puntapié
Donna tuvo la oportunidad de probar sus acostumbradas clases de karate con patadas que impresionaron al resto de los hombres que iban corriendo hacia ellas deteniendo el paso por un trote más ligero.
- ¡Vamos! – dijo Donna tomando el arma - ¡corre!
El capitán de los hombres ordenó que se abriera fuego y Donna hizo lo mismo. Una bala alcanzó a Jackie por la pierna y Jackie se dio cuenta de que la bala en realidad era más pintura.
- ¡Ahí viene! – los hombres rodaron como pudieron para esconderse detrás de las columnas
- Vi un ducto en esa dirección dijo Donna y Jackie la persiguió de cerca
- Vamos – le dijo ella
La puerta estaba justo frente a sus narices cuando Thomas entró armado y pescó a Donna por el cabello. Jackie le quitó el arma a Donna y le disparó, tuvo un leve momento de shock porque se dio cuenta de que el arma era real después de todo y acababa de asesinar a dos hombres en menos de un día. Pero Donna la presionó para subir por las escaleras de emergencia y así lo hizo.
Casi no tuvieron tiempo de correr por que cuando llegaron a la superficie del ducto avistaron camiones de vigilancia esperándolas afuera. No iban a escapar de ahí, Jackie podía sentir el calor subiendo por su rostro. Tenía miedo pero ya no estaba asustada y de repente su memoria le dio un regalo de despedida a su cuerpo enseñándole un recuerdo grato de su novio Steven Hyde enseñándole a robar un auto de manera profesional, sin llamar la atención, con la discreción de un criminal de primera categoría.
Jackie salió caminando con toda la calma del mundo y Donna le gritó que retrocediera. Nadie pareció prestarle atención. Quizá porque no parecía que ella fuera una sospechosa. Entonces Donna decidió imitarla y todos corrieron tras ella. Al parecer alguien había informado por los radios que una de las invasoras iba pintada de rojo. Cuando todos se abalanzaron sobre Donna Jackie tuvo la oportunidad de subirse a uno de los vehículos y encenderlo.
Los disparos se escuchaban por el estacionamiento y más hombres corrían tras ella. Pero Jackie llegó primero y abrió la puerta del copiloto. Donna subió aturdida por los disparos de pintura y apenas cerró la puerta Jackie había emprendido una persecución en medio de la autopista. Burló un auto e hizo que se estrellara con dos más y Donna sacó la pistola por la ventana para dispararle a la camioneta de atrás pero la bala llegó a la llanta. Un golpe de suerte que les obsequio la ventaja gracias a la cual sobrevivieron con éxito.
Unos kilómetros después cuando el último auto las estaba alcanzando Jackie giró sobre el eje y el otro repitió su operación pero la chica se echó de reversa y entró de esta misma forma por un canal estrecho donde se perdió entre los demás autos y el otro conductor bajó del vehículo echando espuma por la boca. ¡Dios es gay hijos de puta! Gritó Donna por el vidrio ¡Tráguense mi polvo! Gritó Jackie y las chicas se miraron con complicidad y comenzaron a reírse.
- ¡Perra malnacida! – gritó Donna – ¡Estás loca!
- ¿Quién es tu puto amo ahora Mc Adams?
- ¡Chúpame los ovarios! – gritaban ellas
La victoria era suya, el maletín era suyo también, pero el viento de una celebración siempre trae consigo más polvo, de otros lugares, y de otras arenas, y con frecuencia arrastra malos pasos también. Malos como la piña en la pizza, malos como un error ortográfico. Malos y cínicos como la muerte. Porque ellas no sabían que una victoria solo sabe y después el sabor se pierde. Desaparece entre la saliva, a menudo la saliva de otros. Sobre todo cuando uno mastica su propia suerte.
