Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de assilem33, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from assilem33, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic
Capítulo 21: Que alguien me pellizque
Hoy nos vamos a Orlando, finalmente. Dos días después de la mejor cita para una película y mañana es el cumpleaños de Edward.
Todavía está en la cama, luciendo como un hermoso dios dormido, y como una acosadora de grado A, le tomo un par de fotos. Realmente debería comprar más almacenamiento para mi teléfono.
Agarrando un pedazo de papelería del hotel, le escribo una nota a Edward.
Vaquero,
No te preocupes, no te dejé (nunca podría, así que nunca me obligues). Voy por el desayuno, estoy pensando en donas glaseadas con chispas. ¿Te gustan esas, o estás cansado de toda mi comida chatarra? Quizás mamá tenía razón al dejar de comprarme golosinas.
Me resulta difícil alejarme de ti. Solo quiero arrastrarme encima de ti y asfixiarte con mis besos. ¿Realmente necesitamos el desayuno? Probablemente, eh. Está bien, bueno, solo quería decir que volveré enseguida y me estoy distrayendo.
Si quieres, quédate donde estás y espérame. Desayunaremos en la cama. Si despiertas, no te muevas y no te pongas ropa.
Swanie
PD
Te "corazón".
Pongo la nota, está bien, seamos realistas aquí, el papel es bastante pequeño. Pongo las notas en mi almohada a su lado y en silencio salgo de la habitación. Y si puedes creerlo, lo extraño de inmediato.
Camino lo más rápido que puedo sin correr hasta que estoy frente a esta linda panadería a la vuelta de la esquina. El dulce olor a productos horneados hace que mi estómago retumbe como la camioneta de Edward.
Hay vitrinas llenas de tantos dulces que ni siquiera sé por dónde empezar. Agarro una bolsa de donde dice las bolsas están aquí y escojo cuatro de las mejores donas.
Puede que me haya comido una o no en el largo camino de regreso.
Empujo la puerta para abrirla, mi estómago se revuelve de emoción al ver a Edward, alimentarlo y besarlo. Treinta minutos es demasiado.
La puerta se cierra detrás de mí y hago una pausa para contemplar la sala limpia. Él hizo…
Todavía está donde lo dejé cuando la cama aparece a la vista, pero está despierto, con los brazos en alto y las manos descansando debajo de la cabeza.
—¿Limpiaste? —Él sonríe y se encoge de hombros, el monstruo sexy y ordenado—. Soy una desordenada, lo siento. Pero en mi defensa, he estado un poco distraída. —Dejo caer la bolsita de dulces en el mueble del televisor y tiro de la sábana—. ¿Limpiaste desnudo?
—Buenos días, Swanie —saluda, haciendo caso omiso de mi pregunta, lo que significa que lo hizo—. Recibí tu nota.
—Traje donas —le cuento, quitándome las chanclas, agarrando la bolsa y subiendo a la cama. Se lame los labios y se sienta, la cabeza inclinada hacia atrás para verme caminar sobre el colchón—. No odias las donas, ¿verdad?
Él niega con la cabeza y extiende la mano, tirando de mis pantalones cortos para jalarme hacia su regazo. Sus labios susurran a través de mis labios y mi cuello, sus dientes se hunden en mi hombro.
—¿Tú me "corazón", Swanie?
Santa mierda.
—Quiero decir, sí —confieso sinceramente, porque ¿cuál es el punto de mentir?
—¿Qué significa eso? —pregunta, pero esos hoyuelos están a la vista, así que sé que solo está bromeando conmigo.
—No lo sé —comento, abriendo la bolsa y metiendo la mano—. Si eres un buen chico, tal vez te lo diga.
Se ríe y abre la boca en el segundo en que sostengo la dona. Mastica y traga, y me gustaría que me masticara y me tragara también. Tal vez no masticarme, pero sí lamer y chupar un poco.
Entierra la mano en la bolsa y sale con otra dona, acercándola a mi boca.
—No estoy cansado de tus golosinas —dice mientras le doy un mordisco. Nos alimentamos como dos idiotas enamorados. Después me lame los dedos para limpiarlos y yo respiro profundamente como si acabara de correr un maratón—. Todavía estoy desnudo, Swanie. ¿Qué vas a hacer al respecto?
Tiro la bolsa de la cama, sin importarme dónde aterriza y agarro su cara.
—¿Qué quieres que haga al respecto? —le pregunto y lamo el glaseado sobrante de su boca—. Tienes un sabor delicioso, como mi propia golosina. Como una dona de vaquero...
—Estás loca, nena —murmura, quitándome la camisa—. Estoy pensando que quiero enterrarme dentro de ti y nunca irme.
—Está bien —respiro, parándome con los pies a cada lado de sus muslos y me saco los pantalones cortos y la ropa interior, olvidada la etapa tímida. Caigo de rodillas y aplasto mis labios contra los suyos, haciéndolo gemir profundo y sexy—. Cada vez que intentamos irnos… —jadeo en su boca, deslizo mis manos por sus hombros y me deslizo por su regazo—... esto pasa y luego nos quedamos en la cama todo el día haciendo cosas sucias...
—¿No te gustan las cosas sucias?
—Oh, me encanta hacer cosas sucias contigo —le digo, moviendo mis labios a sus mejillas, salpicando besos por toda su cara.
—¿Qué más amas? —pregunta, el hermoso furtivo.
—Muchas cosas... —Chupo su cuello, queriendo marcarlo como si fuera un animal alfa trastornado—... Tomarte fotos... —Lamo un lado de su cuello y beso su mandíbula, temblando mientras sus palmas se deslizan por mi espalda—... Tu voz de vaquero, besarte...
—Swanie...
—... oh, y solo tú. —Presiono un beso en sus labios y chupo el de abajo, temblando mientras sus pestañas se abren, esos ojos verdes se arrugan mientras su boca se estira con su sonrisa.
—¿Sí?
Asiento, mi sonrisa rivaliza con la suya.
—Sí.
—Quiero oírte decirlo —pide—. Dímelo, Swanie. —Mueve las caderas, presionando su gruesa erección contra mi centro empapado, y estoy como jodidamente enamorada de él, que ni siquiera tiene sentido. Quiero decir, obviamente lo tiene, pero solo han pasado diez días.
Diez días de absoluta felicidad.
Extiendo la mano y trazo su ceja, mirando fijamente la piel de su mejilla, mi corazón late con tanta fuerza contra mi pecho, probablemente tendré moretones, invisibles, pero moretones de todos modos.
—Estoy un poco nerviosa —confieso, deslizando mi dedo debajo de su ojo hasta el puente de su nariz, siempre tocándolo porque físicamente no puedo no tocarlo—. Se suponía que era tu regalo de cumpleaños. —Él levanta las cejas como si realmente pensara que no lo recordaría—. ¿Eso es tonto? —Sacude la cabeza, sus ojos verdes clavados en mi cara, mi boca—. Estoy tan obsesionada contigo que a veces casi no puedo respirar. ¿Te sientes así a mi alrededor? ¿Sin aliento? —No dejo que responda antes de continuar—. ¿Me lo dirás? Quiero decir, ¿me amas siquiera?
Muerdo mi labio y lo miro hasta que me acerca, besa mi frente y empuja mi cara contra su cuello, sus labios se encuentran con mi oreja.
—¿Quieres que lo diga primero?
Levanto la cabeza y miro sus suaves labios.
—¿Quieres decirlo? —Empieza a abrir la boca, pero le pongo la mano encima—. Te amo —digo antes de que él pueda decirlo primero, mi corazón se atora en mi garganta—. La gente pensará que estoy loca, oh, Dios mío, mamá y papá... papá especialmente, pero no puedo evitarlo, honestamente. Nunca he amado a nadie antes, pero cuando te miro, cuando te siento, es indescriptible. En serio, ni siquiera puedo describirlo. —Lentamente retiro mi mano y beso sus labios antes de continuar—: No soy una experta en el amor ni nada, ya sabes, pero no hay forma de que no te ame. —Dejo escapar un suspiro y sonrío tan grande que me duele la cara—. Te amo. Dios, se siente bien decirlo. Siento que me he estado aferrando a esas palabras durante diez días. Te amo, vaquero, ¿qué tan dulce suena eso? —Caigo en su pecho, abrazándolo, descansando mi mejilla en su pecho desnudo—. Eso se sintió realmente bien.
—Sí —concuerda Edward, y puedo imaginar los hoyuelos profundizando sus mejillas sexys y desaliñadas—. Sabes que yo también te amo, Swanie, ¿no?
Mi maldito corazón va a estallar en mi pecho.
—Eso esperaba —le indico, frotando mis manos arriba y abajo de su espalda, mi sonrisa probablemente luciendo bastante demoníaca—. ¿Y ahora qué? —inquiero, moviendo mi cabeza para presionar beso tras beso en su pecho, temblando cuando sus dedos tiran de mi cabello, apretándolo en un puño.
—Estoy pensando que debemos hacer el amor, Swanie —sugiere, inclinando mi cabeza hacia atrás y besando mis labios una, dos, tres veces antes de pasar su nariz por la mía—. ¿Quieres hacer el amor conmigo?
—No quiero parar nunca —expreso, humedeciendo mis labios.
—¿Ni siquiera para comer? —pregunta, sonriendo, el adorable hombre.
—Solo te comeré —digo, riendo, sintiendo demasiadas cosas en este momento: cosas felices, cosas totalmente felices.
—Lo mismo —agrega, mordisqueando mi labio. Me levanta una pizca, frota su erección contra mi abertura, sus ojos bajan.
—Me estás volviendo loca —señalo, envolviendo mis brazos alrededor de su cuello, tratando de moverme lo suficiente para que él se deslice dentro. Aprieta sus brazos alrededor de mí y nos levanta de la cama—. ¿Qué estás…?
—Condón —explica, gruñendo un poco cuando muerdo su mandíbula—. Hazlo otra vez. —Él suelta un brazo, y lo escucho agarrar un condón mientras muerdo su mandíbula suavemente y luego la lamo, incluso lo chupo un poco. ¡El amor te hace hacer locuras, te lo digo!—. Estoy pensando que no podré ser gentil.
Me baja a la cama y rasga el condón, y miro hipnotizada mientras se lo pone.
—¿Amor rudo?
Él levanta los ojos, una lenta sonrisa inclina sus labios y asiente.
—¿Puedes tomarlo, nena?
—Sí. ¿Puedes tú?
Se ríe y empuja entre mis piernas, sus manos ásperas me abren más. Me da todo su peso y aplasta su boca contra la mía, su erección empuja profundamente dentro de mí. Jadeo, y él empuja más profundo, embiste más fuerte, me besa más húmedo y me ama duro.
Duele delicioso.
Cuando terminamos, lo vuelve a hacer en la ducha.
¿Orlando quién?
Disney World ¿qué?
Prefiero que mi vaquero desnudo me diga que me ama mientras me embiste contra la pared mojada de la ducha.
Pero mañana es su cumpleaños, y un cumpleaños en Disney World suena increíble. Además, voy a buscar en internet hasta encontrar una panadería cercana que le haga un pastel blanco con crema batida comoglaseado, no glaseado de crema batida, y cerezas encima.
No puedo esperar.
—Por mucho que me encante nuestro viaje por carretera —comienzo, apretando la mano de Edward—. No espero con ansias las cinco o seis horas en la camioneta.
—¿No?
Niego con la cabeza y abro la puerta trasera.
—No. Me has mimado, vaquero. Tres días en una cama contigo, y no quiero irme nunca.
—Conseguiremos una cama nueva —menciona, arrojando nuestras maletas y cerrando la puerta. Se pone frente a mí, empujándome suavemente contra el costado de la camioneta. Mis manos están en su pecho y las suyas en mi cuello, sus pulgares frotando la columna de mi garganta.
—¿Puedo conducir? —pregunto, lamiendo mis labios y mirando su hermoso rostro.
Él sonríe y niega con la cabeza antes de besarme bien y fuerte, húmedo y caliente, y cuando me levanta y me empuja dentro de la camioneta, soy como un maldito fideo mojado.
—¿Estás lista, nena?
Me abrocho el cinturón y me meto en su costado.
—Sí. Creo que tomaré una siesta. ¿Estarás triste si no estoy hablando contigo?
—Sí —declara, completamente serio, y mi corazón se calienta.
—Las siestas están sobrevaloradas de todos modos —opino, y él se ríe.
—Me gusta tu vestido. —Su mano aterriza en mi muslo, levantando un poco el material. Sus ojos están en el camino y los míos están en sus manos varoniles. Me encanta cómo tiene esas venas sexys y cómo está bronceado. Es el regalo más perfecto.
—Gracias. Es un vestido de camiseta.
—¿Sí?
Asiento y bostezo, apoyando la cabeza en su hombro.
—En realidad odio usar vestidos, pero este es básicamente una camiseta larga, así que no es tan malo. Además, es lindo, ¿eh?
—Lo es, Swanie. —Desliza su mano más arriba antes de hacer una pausa y simplemente descansar su mano en mi muslo, escondido debajo del algodón—. Duerme, nena, si quieres —sugiere—. De esa forma estarás descansada para cuando encontremos nuestra próxima cama.
—No puedo dormir cuando dices cosas así.
Se ríe, dándome un delicioso apretón.
—¿Qué vamos a hacer después de Disney World?
No quiero volver a casa nunca.
Él no responde de inmediato y mi cerebro automáticamente comienza a decirme que realmente no me ama y que me va a dejar en casa y no volver a verme nunca más.
—Estaba pensando, Swanie, que encontremos algún lugar donde podamos casarnos.
—Estás bromeando —respiro, queriendo ser su esposa más que nada en el mundo.
¡Cállate!
—Estoy pensando que no. ¿No quieres casarte conmigo, nena?
Santa maldita mierda.
Sí, esto merece una maldición.
—Me casaré contigo —afirmo, inclinando la cabeza hacia arriba para mirar su perfil—. Me casaré contigo.
Él me mira, riendo, antes de decir:
—¿Sí?
—Totalmente sí. Papá me va a matar, pero al menos mi lápida dirá Bella Marie Cullen. ¡Qué tan dulce es eso!
—Mortalmente dulce —confirma Edward, haciéndome reír.
—Cállate.
Dios mío, Edward quiere casarse conmigo.
¿Será un caballero y le pedirá permiso a papá o me tocará el travieso Edward? Quiero al travieso Edward. Quiero decir, papá va a decir que no. ¿Edward aceptará un no por respuesta?
—Creo que deberías detenerte, vaquero.
—¿Por qué?
Me pongo de rodillas, su mano se libera tristemente y beso su mejilla.
—Porque quiero besarte, abrazarte y tocarte, y quiero que estemos vivos cuando lo haga.
Me mira, sus ojos se posan en mis labios, y sonrío y abrazo su cuello, presionando nuestras mejillas juntas.
Se detiene y yo subo a su regazo.
—No puedo creer que quieras convertirme en tu esposa —expreso, ahogando sus labios con los míos.
—¿Quién más me va a alimentar por el resto de mi vida? —bromea, su mano yendo a mi nuca, presionando mi boca con más fuerza contra la suya.
No sé cuánto tiempo permanecemos detenidos a un lado de la carretera, pero es lo suficientemente largo para que mis labios se sientan en carne viva y mi corazón haga un millón de volteretas.
Este amor es para morirse.
Él espara morirse.
—Dime que me amas —pide, sus pulgares raspando mis mejillas. Sus labios están hinchados y rojos, y es la cosa más caliente que he visto en mi vida.
—Te amo.
Él sonríe todo lindo y frota la nariz adorablemente antes de decirlo, su voz es ronca, y muero mil muertes en solo dos segundos.
Nos vamos a casar.
Que alguien me pellizque.
¡Y se van a casar! Muchas de ustedes lo vienen diciendo desde hace como 10 capítulos jajaja y tenían razón, el vaquero no va a dejar ir a Swanie.
Gracias por los comentarios, alertas y favoritos, son un amor. Y ya saben, estaré esperando leer qué les pareció el capítulo. Hasta la próxima actualización.
Sarai
