5. Martes. Las máscaras del hombre blanco.

Una por una, las hojas de menta se evaporaban sobre la corteza del líquido amarillento dentro de la taza de vidrio barroco de la señora Olei, madame al cuidado de los asuntos internos del comisionado provisional para la orden de cateo de la casa de J. Alexander Briton. Los radios sobre la mesa y las cerraduras en el suelo delataban el forzado intento de escapar del responsable de la supuesta desaparición de su propio cuñado. Un sonido adormecedor inauguraba la primera mañana del día con una oleada de radiación fantástica en la voz del oficial detrás del parlante.

- 10.1.7 – 10.1.7 ¿me copias? – dijo la voz en el radio

- Aquí Mike, 10.1.7 te copio, cambio – respondió Kelso desde el hospital

- Conseguí la información que me pediste pero no creo que te dejen pasar – dijo la voz, y al ver que el otro no respondía lo presionó – cambio.

- Está bien cap. solo necesito la dirección – contestó él – cambio

- Bueno, como quieras, el hospital de Brame en ciudad de dios… su nombre es Rodware Charles, LA. California, avenida del eje ocho y cuarenta en Hethaway, hay un consultorio privado en la planta del hotel desde hace años. Lo utilizan para evitar que lo encuentren los posibles terroristas.

Kelso tardó un tiempo en responder porque había estado anotando la información y estaba un tanto atolondrado por el incidente con los medicamentos de la mañana.

- ¿Estás seguro de que ya te sientes bien para el trabajo? Porque podemos enviarte a Jeff para…

- Aquí 10.1.7, habla Mike, saldré a campo – dijo Kelso cambiando la frecuencia múltiple – El último en entregar el reporte paga la pizza, cambio.

- Está bien – respondió el otro – Pero no te esfuerces demasiado ¿ok? Recién saliste del hospital

El oficial creía que Kelso estaba dado de alta, y no se equivocaba del todo porque Kelso acababa de darse de alta a sí mismo.

- Copiado – dijo Kelso y presionó el botón de cambio de frecuencia para evitar continuar con esa conversación, sabía que alguien se daría cuenta de que estaba por escaparse del hospital

Kelso estaba terminando de vestirse y poniendo sus cosas en una maleta que se había robado el día anterior cuando un ligero dolor en las costillas amoratadas punzó en los huecos de su conciencia y le doblegó las rodillas. En ese momento Kelso estaba desesperado por ignorar los gritos insufribles de su cuerpo. Atropellando todas sus emociones como si se tratara de malos consejos de campaña publicitaria.

Se distrajo viendo hacia la ventana; desde el tercer piso podía espiar a cualquier transeúnte sin que aquello supusiere una sanción moral. En el entrecejo de sus imposibilidades físicas, a Kelso le pareció que el hombre frente al teléfono de la calle que daba la vista hacia el hospital, se ocultaba de su mirada, como si al encararse con él se hubiera roto la ilusión del espectador invisible. Kelso comenzó a notar que había algo más extraño con el sujeto. La gabardina blanca, la gorra, los artefactos que reflejaban a penas el color de su piel morena.

No tuvo que seguir indagando en los rostros que el otro se esforzaba por esconder, estaba seguro de que el hombre de afuera estaba vigilándolo a él. Kelso levantó la cabeza y comenzó a caminar por el vidrio dibujando una mueca de curiosa vivacidad. Pero el sujeto de la gabardina blanca le dedicó varias miradas nerviosas y luego desvió su atención hacia otro lado, delatándose. Kelso empezó a caminar más rápido, hacia la puerta y como si el otro hubiera adivinando que su cometido era dar con él, se echó a correr.

No importa que tan inocente sea uno, si corre al ver a un policía lo único que logra es convencerlo de que algo anda mal, y a Kelso sus instintos le decían que algo andaba muy mal con el sujeto de la gabardina blanca. Kelso comenzó a correr detrás de él, avivado por deseo de satisfacer su curiosidad cuando le diera la vuelta. Bajó a prisa por las escaleras y en el camino empujó a varios doctores, uno de ellos lo reconoció como su paciente y gritó a los otros que se estaba escapando pero a nadie le pareció necesario perseguirlo.

Kelso salió del hospital sin ser detenido y aunque algunos se sobresaltaron cuando le vieron correr, rápidamente olvidaban lo sucedido y sus cuellos se cansaban de seguirlo con la mirada. De pronto su vista lo alcanzó de nuevo, a la vuelta del boulevard y lo vio dirigirse a la salida del otro corredor. ¡Alto! Le gritó llegando casi a tocarle la espalda. ¡Policía! Gritó. Pero no consiguió alcanzarlo porque bajando la calle parecía haber desaparecido entre el mercadillo de gente. Kelso volvió rendido a su automóvil, estaba seguro de que había dejado ir algo muy importante pero no quiso meterse en problemas dándole más vueltas a un asunto que bien podría haberse suscitado solamente en su cabeza.

Encendió un cigarrillo y de pronto su mayor preocupación era escuchar una buena canción en la radio. Rendido y frustrado por la casualidad, llegó al Hethaway a las 6:30 pm. Justo cuando el sol comenzaba a desaparecerse por completo. La libre avenida se volvía anaranjada y el rojo se estaba perdiendo entre la oscuridad del hombre del saco negro frente a un puesto de periódicos y el coral de los labios de una mujerzuela de la esquina. Kelso llevaba unas botas viejas porque su amigo Hyde se las había llevado el día anterior y los clavos se estaban saliendo de su lugar provocándole molestias al caminar.

Estaba tan acelerado por encontrar a su exnovia que se había olvidado de pensar en la mera posibilidad de que su amigo escapara del hospital por tercera vez en el mes. Un punto para Kelso. Pero el hombre que se le había escapado no era más que un placebo para darle al policía en qué pensar mientras caminaba hacia el interior del edificio. Donna se había hecho unas cuantas copias de los gafetes de los miembros del gabinete del alcalde durante la celebración de la reunión de la CVN, pero Kelso no estaba seguro de que le funcionara para entrar.

Buenas tardes señor. Le dijo una mujer en la entrada de la recepción, el edificio era prácticamente un hotel de lujo y Kelso no estaba seguro de tener suficiente dinero en la cartera para comprarse una habitación cercana a la del alcalde. ¿Puedo ofrecerle una habitación? Kelso se miró preocupado por el asunto, supo de inmediato que era tiempo de comenzar a mentir.

- Buenas tardes – contestó él, fingiendo una voz más varonil de la que en realidad tenia – Mi nombre es Brion Charles Rodware, oficial de policía de los Ángeles – dijo asomando su placa por un segundo, suficientemente corto como para que la mujer se convenciera de que la placa era real sin necesidad de atinar los ojos en la parte que decía "Chicago" – Estoy buscando al alcalde Heinrich Cambermach, soy miembro de su departamento de seguridad privada

- Permítame un segundo – dijo ella y se levantó alejándose del mostrador

Kelso actuaba muy bien pero la mujer parecía haber notado que todo se trataba de una farsa porque se dirigió a la parte de atrás de la columna y susurró algo al otro hombre de la recepción mientras los dos lo miraban con ojos recelosos.

- Sr. Recepcionista – llamó Kelso preocupado – ¿Hay algún problema?

La mujer volvió acompañada del otro y los dos le sonrieron. Kelso se dio cuenta de que ambos parecían muy cercanos.

- Lo siento señor, ¿Me permite su placa de nuevo? – dijo el sujeto del moño en la corbata y Kelso deseó que la tierra se lo tragara

- Claro que si – dijo Kelso y cuando se la estaba dando fingió que se le resbalaba de la mano para ganar algo de tiempo – Opss – susurró – Qué tonto soy. Se agachó para recogerla al mismo tiempo que el hombre del moño, entonces se levantó de prisa y golpeó al hombre con su cabeza.

El hombre se echó para atrás en seguida. Kelso llevaba puesto un gracioso sombrero con puntillas. A propósito por supuesto.

- Oh, como lo siento – se disculpó Kelso – ¿Quiere que le triga un trapo con hielos?

- No – se quejó el otro – No, señor, no se preocupe – Lo detuvo por el antebrazo – No es nada.

- ¿Cómo va a ser nada? – agregó Kelso – Mira nada más ese chichón – exageró la voz – ¿Eso es sangre?

- ¿Sangre? – se alarmó la otra - ¿Dónde? Y el chico la miró despreocupado

- Estoy bien Lucy, no es nada grave – dijo él

- Vamos con Kevin, tiene un botiquín en la planta baja – dijo ella y Kelso asintió con la cabeza

- ¿Se ve tan mal? – dijo el recepcionista y Kelso hizo una mueca de asco mientras le decía que si

- Lucy… un espejo, Lucy. - empezó a hablar el otro y Kelso le tapó la boca

- No hables más – chistó – todo estará bien, te llevaremos con Kevin, Kevin sabrá que hacer

- ¿Hay mucha sangre? – balbuceó el otro

- No me gustaría decirte nada pero... ¿Qué es eso blanco?

- ¿Qué blanco? – se alarmó el otro y Lucy lo ayudó a ponerse de pie gritando ¡Kevin! ¡Kevin!

Kelso también estaba gritando Kevin hasta que Kevin apareció y entonces Kelso le dijo que deberían llevarlo al botiquín. La tal Lucy parecía preocupada y Kelso aprovechó la conmoción para colarse hasta el elevador, todavía gritando "¡Kevin ayúdalo por favor!" Para según él no llamar la atención y el elevador por fin se cerró.

- Bien hecho – se felicitó a si mismo

Ya estaba en el edificio y ahora salo tenía que encontrar la habitación del alcalde sin que pareciera que andaba perdido. El ascensor se detuvo y una mujer entró por las puertas metálicas. Kelso la reconoció en seguida y le dio un bajón de azúcar.

- ¡Michael Kelso! – saludó emocionada la chica - ¿Cómo estás? Hace tantos años…

- Pam Macy, ¡Estas igualita! – dijo él

- ¡Sí! – festejó ella, acomodándose los mechones rubios detrás del intento de Botox de sus pómulos – Tú también – siguió - ¿Cuánto ha pasado, cinco, seis años?

- Si – dijo entre dientes el policía, ahora todo estaba jodido – siete años – dijo él

- Me parece que más – dijo ella - ¿pero qué haces aquí? Pensé que vivías en Chicago ¡que sorpresa encontrarte aquí!

- Si je, je – Kelso se rio sin separar los dientes - Qué sorpresita ¿no? ¿Tú que haces aquí?

- Oh, estoy cuidando al alcalde

- ¿Tú qué? – brillaron los ojos de Kelso

- Soy enfermera – le dijo ella – trabajo para los mejores, solo los mejores – Kelso la miró de reojo mientras ella se ponía el lápiz labial

- Ya veo – se rio – No sabes cuánto me alegra escuchar eso – era verdad

- ¿En serio? Y tú qué haces ¿Sigues cuidando ese club nocturno?

- No – se rio él – Soy policía de nuevo – le dijo mostrándole su placa, sintió vergüenza de contarle que justo ahora, estaba desempleado de nuevo.

- ¡Eso es fantástico! – espetó Pam – Deberíamos salir a dar una vuelta cuando termine mi turno ¿Estarás mucho por aquí?

- No pero, ahora que lo mencionas – se aprovechó el – Voy a estar en el edificio haciendo un encargo, ¿En qué habitación estarás? Para ya sabes… pasar por ti, cuando salgas.

- Eso me parece bien – le sonrió ella y acercó la cadera a la entrepierna de Kelso haciéndolo retroceder incomodo – Salgo a las ocho – dijo con una voz sensual – Estaré en la habitación 5b tontito, todo el mundo sabe que el piso 5 es todo para el alcalde

- Si – sonrió él, tratando de parecer interesado en sus carisias lascivas inesperadas – Entonces te veré en el piso cuatro – le dijo y la chica se giró para darle un beso

Afortunadamente para él, la puerta del ascensor volvió a abrirse y entraron otros dos hombres conversando, por lo que tuvieron que dejar a un lado las demostraciones sexuales de afecto y Kelso estuvo muy agradecido por eso.

- Buena tarde – saludó uno de los hombres y Kelso saludó asintiendo con la cabeza

Cuando el ascensor por fin llegó al quinto piso Pam Macy se bajó y le guiñó el ojo y Kelso tuvo que corresponder con una sonrisa sensual. O lo que él creía que eso era. Como no podía bajarse en el quinto piso por obvias razones, estaba ahora atrapado con esos dos sujetos.

- Te lo digo Mark – dijo uno de ellos al supuesto Mark – Ese vejestorio no va a durar mucho tiempo en esa cama, mejor será que se vayan buscando un nuevo alcalde

Kelso agudizó el oído porque la conversación de los otros era apenas audible.

- Oí que hubo otro atentado el domingo en la estación del aeropuerto, ya sabemos quién está detrás de todo esto, si permiten que estas cosas sigan saliendo a la luz, válgame dios nuestra suerte.

- Obviamente están haciendo todo esto por ella – decía el otro susurrando – Para que nadie se entere de lo que pasó en realidad, Mark. Pero te voy a decir una cosa: Esa mujer debería estar en esa cama postrada y no el alcalde, dios sabe que se avecina un desastre.

- Todo el mundo está hablando del artículo de Lyex, ahora piensan que el alcalde tuvo algo que ver con la bomba de PairteSolem, dios nos ayude a deshacernos de esa condenada mujer. – Kelso frunció el ceño, sabía que hablaban de su amiga Donna.

- Quienquiera que haya publicado la hoja debió saber los problemas que generaría, está claro que Daniel y los Malcome tuvieron algo que ver con lo de la estación

- Escúchate Reyan, estas cada vez más imaginativo ¿Por qué iban a querer que se enteraran de todo los Malcome, están trabajando para Daniel o no?

- Si pero… todo es culpa de ella, es Marisa quien debería estar en el lecho de Cambermach – el ascensor se abrió de nuevo y los hombres se bajaron, Kelso tuvo que quedarse para disimular pero todavía alcanzó a escuchar algunas palabras que sabía que serían vitales para el futuro – Si el alcalde no se hubiera metido en su cama, Daniel no habría detonado esas bombas.

Kelso palideció, no entendió todo pero lo que pudo entender fue suficiente para encontrar una roca firme de la qué poder agarrarse. Algunas cosas comenzaba a tener sentido y otras acababan de perderlo por completo. Si el alcalde anterior había detonado los explosivos del PairteSolem, entonces PSIC no había tenido nada que ver con eso. Pero si el actual alcalde no había tenido nada que ver con la bomba del subterráneo, entonces la tragedia del domingo si estaba directamente relacionada con PSIC, y tenía el mero propósito de hacer que los supuestos Malcome, fueran quienes fueran, se interesaran en asesinar al alcalde.

¿Quién era Marisa y por qué había causado una disputa tan grande? Y lo más importante… ¿Qué tenía que ver PSIC con todo eso? La cabeza de Kelso empezaba a doler de nuevo, sabía que había tenido la mala suerte de dejar sus pastillas en el auto pero ahora, nada de eso importaba. Todo lo que tenía que hacer era entrar en la habitación del alcalde a las ocho, durante el intercambio de enfermeras con Pam Macy y preguntarle qué tipo le relación tenía con PSIC. Entonces todo se resolvería y podría encontrar a Fez de una vez por todas. Kelso lo tenía, lo había resulto por fin. Casi podía sentir las manos de Fez sobre sus hombros con la calidez de siempre.

Se bajó del ascensor en el noveno piso y desde ahí decidió que trataría de pasar desapercibido por los demás, así que tomo unas cuantas ropas del carrito de comida y se las puso como pudo, luego fue arrastrando el carrito por el pasillo. Todo parecía ir bien hasta que Kelso dobló en la siguiente esquina y reconoció al sujeto de la gabardina blanca que había visto antes, parado frente a él, entonces el hombre se echó a correr y Kelso corrió detrás de él.

- Oye – le gritó - ¡Alto! – volvió a gritar pero el hombre continuó bajando las escaleras y Kelso tuvo que dejarlo ir porque la tal Lucy de la recepción iba subiendo por las mismas escaleras.

- Maldición – se dijo - ¿Qué vas a hacer ahora? – y corrió a esconderse metiéndose en la primera habitación que encontró sin seguro

Lucy paso de largo en el pasillo, Kelso la estaba viendo por la rendija de la puerta y se dio permiso de suspirar aliviado cuando hubo terminado de pasar.

- ¿Se te ofrece algo? – llamó una voz detrás de él y sintió como se le erizaban los vellos de la nuca

- Mierda – se giró diciendo y entonces se encontró con un hombre semidesnudo que se notaba, iba saliendo de la ducha.

Kelso se giró brincando y dio un pequeño grito que en vano trato de disfrazar balbuceando.

- Lo siento – tartamudeo Kelso – quería ver si… es que es mi primer día y… ¿necesitaba algo? ¿servicio a la habitación? Lo que sea… ¿ordenó algo?

El hombre tenía un cuerpo bien esculpido, Kelso sintió envidia y algo de vergüenza porque estaba comenzando a sonrojarse y sabía que era perfectamente visible. Ojos verdes, cabello oscuro, cuerpo atlético, ese tipo lo tenía todo. Hasta la sonrisa perfecta, y lo supo porque este le sonrió cuando acabó de tartamudear.

- No – le contestó – No ordené nada para la cena pero… – Lo miró de arriba abajo – creo que podría quedarme con el postre si ya lo trajeron hasta aquí.

- ¿Qué? – Kelso se indignó - ¿Qué clase de enfermo crees que soy? ¡No me gustan los hombres! – espetó furioso

De repente los ojos del hombre estaban más abiertos y su sonrisa se desvaneció.

- Estaba hablando de ese postre – le dijo señalando el pastel del carrito que Kelso había tenido la delicadeza de meter hasta la habitación con él. Una risa nerviosa se le escapó mientras movía la cabeza de modo gracioso.

- Claro – se reía Kelso – claro, solo bromeaba, yo… ja, una, una broma. – le acercó un pedazo de pastel – Aquí, aquí tienes – dijo acercándole la rebanada

El otro alzó una ceja y aceptó el pastel mientras Kelso se retiraba avergonzado de la habitación, toda la actitud defensiva de Kelso le había traído viejos recuerdos sobre Fez. Pensó que quizás, Fez simplemente se fue porque él nunca lo trató como se merecía ser tratado. A lo mejor si le hubiera dicho lo mucho que le importaba aun estaría con él, en sus brazos bajo el sofá, recogiendo pedazos de migajas de las palomitas, las que solían preparar para los días de películas y cerveza. La nostalgia que Kelso pudo sentir le bastó para pasar el tiempo escondido en una bodega con trapeadores y antes de que pudiera darse cuenta el reloj había dado las 8:15.

Kelso corrió al ascensor en busca del botón que lo llevaría al quinto piso y lo presionó. No podía permitirse más distracciones, o perdería su oportunidad, estaba casi seguro de que no lograría llegar a tiempo pero cuando la puerta se abrió logró ver a Pam Macy bajando las escaleras contiguas y aquello le produjo una gran satisfacción. Significaba que había llegado justo a tiempo, nadie vigilaba al alcalde. Era su oportunidad. Kelso caminó con paso firme hasta la habitación 5b, abrió la puerta, dio un paso y entró.

Un disparo se escuchó dentro de la habitación, Kelso se paralizó en su lugar temiendo su muerte, sabiendo que los Malcome se le habían adelantado y que el alcalde acababa de morir. Pero el miedo no fue suficiente para superar a su enferma y medicada cabeza y Kelso siguió caminando dentro de la habitación. Se escucharon pasos subiendo las escaleras, quien sea que haya asesinado al alcalde, pensó. Sigue aquí. Cuando logró dar con el alcalde, se le veía como dormido, postrado con vendajes gruesos por todo el cuerpo quemado y las pieles enrojecidas. Un solo agujero con sangre que le brotaba a pequeñas gotas desde la cabeza. Estaba claro que había muerto de un tiro limpio.

Kelso fue llamado por el sonido de una cremallera metálica desde la sala de estar. Allí había un hombre guardando sus cosas en una maleta negra que al principio no lo escuchó, pero pronto se dio la vuelta y Kelso lo reconoció de inmediato. Cuando el otro se percató de su presencia le apuntó primero con el arma pero luego lo reconoció también y bajó la pistola.

- Hola – lo saludó – Tenías razón. Estaba rico el pastel

Kelso entrecerró los parpados para impedir que se le escapara el alma por los ojos.

- Me gustaría quedarme a conversar – dijo cerrando su maleta y bajándose la malla de la cabeza – Pero tengo que salir por la ventana ahora – y así como dijo, también actuó, Kelso no pudo cerrar la boca hasta que el hombre estuvo fuera de la ventana

- La próxima vez – se regresó a decirle – Aceptaré tu oferta. Puedo imaginar, que también eres delicioso – Se rio y le arrojó a Kelso la pistola – suerte – le dijo por fin y se echó hacia abajo, deslizándose por un lazo al más puro estilo de indiana Jones

El oficial casi no tuvo tiempo de racionar porque escuchó los pasos fuera de la habitación y miró el arma que tenía en las manos. Se decidió por fin a lanzarse pero se le acabó el tiempo y cuando los demás entraron Kelso ya se había ocultado bajo la cama. Como la ventana estaba abierta y de las cortinas se limaba el viento, todos miraron la cuerda con recelo y echaron a correr abajo pensando acertadamente que el responsable se les había escapado. Kelso tomo su oportunidad para salir de la habitación y caminar por las escaleras.

Mientras estaba bajando escuchó como se estaban acercando más encargados de seguridad, y cuando vio a los hombres uniformados subiendo la escalera fingió que se dirigía hacia el mismo sentido que ellos.

- ¿Qué hace aquí señor? – le dijo uno de ellos – vuelva abajo, nosotros controlaremos la situación, cálmese ¿sí? Todo está bajo control.

Kelso asintió sonriendo y bajó corriendo las escaleras junto con otros trabajadores que habían tenido la misma suerte. Todos estaban cuchicheando sobre lo que le pasó al alcalde y Kelso sentía que su pecho estaba ardiendo. Salir del edificio no fue nada sencillo. Tuvo que buscar a Pam Macy y salir con ella de la mano. Aunque justo en las puertas giratorias se descubrió a si mismo adelantándose al interrogatorio que tenía ganas de hacerles el oficial de la entrada y le comentó sobre el tema, agobiándolo con preguntas convincentes. El oficial se restregó convencido de que eran dos civiles chismosos y les ordenó que abandonaran el edificio.

Para cuando Kelso llegó a su auto, muchas patrullas habían acribillado el lugar y los huéspedes del hotel habían sido detenidos para ser inspeccionados. Las puertas del hotel cerraron y Kelso encendió el motor. Habían pasado un buen tramo hablando sobre el incidente, como la enfermera que cubriría el turno de Pam había llegado recién, nadie la interrogó a ella y Kelso no quería seguir con el tema, así que invitó a la mujer a un bar cercano. Allí la dejo hablando sola para poder ir al baño y comunicarse por su aparato mágico con los otros.

- Base Groovs, base Groovs – dijo por el transmisor – aquí cohete del amor ¿me copian? – esperó un segundo y nadie respondió – aquí cohete del amor, repito, cohete del amor al sótano, ¿alguien me recibe? Cambio

De repente el radio hizo un sonido de interferencia y se escuchó una voz sesgadamente masculina del otro lado de la frecuencia.

- ¿Cohete del amor? – dijo Hyde – ¿Quién habla? ¿Eres tu Kelso?

- Shhh , no soy Kelso – chistó él – Soy cohete del amor

- Eres imbécil, imbécil es lo que eres – le contestó el otro

- Bueno pudding pop, ¿me copias o no?

- Aja imbécil, ¿Qué quieres? ¿Por qué no usas un teléfono normal?

- Porque el gobierno escucha nuestras conversaciones ¿no? Tú lo dijiste

- ¿Y…?

- Tengo algo importante que decirte y el gobierno no puede saberlo

- ¿Qué?

- El alcalde murió, Hyde. Lo asesinaron.

- ¿Qué? ¿Cómo que lo asesinaron? ¿Quién? ¡No puede ser!

- Si, te lo digo, lo mataron, una bala, pum. Directo en la cabeza. Cambio

- No digas pendejadas. – exhaló Hyde en español – ¿Cómo sabes eso?

- ¿Intuición? ¿Qué significa "pendejadas"? – habló con un torpe acento, pero Kelso lo sabía. Fez había utilizado una palabra similar en el pasado cuando estaba molesto con él.

- ¡Kelso! – lo regañó Hyde - ¿Qué pasó?

- No te diré, hasta que digas cambio. – dijo Kelso – cambio – y cambió.

- ¿Dónde estabas maldito imbécil, malnacido hijo de perra? – y el silencio reinó por un segundo – cambio…

- Fui al hotel donde se estaba recuperando el alcalde. ¿Recuerdas que Donna dijo que no lo pudieron trasladar más lejos por la gravedad de sus heridas? La seguridad era deficiente – explicó – Me colé a su habitación pero para cuando llegué, Johan el hermoso ya se lo había despachado. Cambio

- ¿Quién?

- En el ascensor escuché a dos tipos hablando sobre una tal Marisa, creo que un clan mafioso llamado "Los Malcome", puso los explosivos en el PairteSolem. – Dijo – PSIC detonó las bombas en el incidente del subterráneo para que pensaran que el alcalde era responsable y así provocarlos en su contra. El propósito de PSIC era que los Malcome lo asesinaran. Cambio

- ¿Pero por qué?

- No lo sé. Pero podría identificar al sujeto que lo hizo, nos encontramos cuando escapaba por la ventana. Cambio

- ¿Qué? ¿te das cuenta de que podrías estar muerto, imbécil?

- Es difícil tener miedo con una cara tan dedicada como lo era la suya.

- ¿De qué hablas?

- ¿bromeas? Era un papucho… cambio

- Dejaste ir al asesino del alcalde porque te pareció guapo. ¿Qué vas a hacer mañana? ¿Andar desnudo por las connotaciones religiosas?

- Nunca he necesitado una razón para andar desnudo

- Ni yo para golpearte

- Pues esta vez deberías estar agradecido – aseveró Kelso – sin mí no hubieran llegado tan lejos con esta investigación. Cambio

- Ni estaríamos en tantos problemas, imbécil. Fuiste el único testigo. El asesino del alcalde, un miembro de la mafia conoce tu rostro y sabe que conoces el suyo. Estas muerto, hombre.

- Lo sé, pudding y es por eso que te llamé, necesito que me recojas en un bar, cambio.

- Por lo que a mí respecta, no te conozco hombre.

- Vamos, por favor, estoy atrapado con Pam Macy.

- ¿Quién?

- Pam, ¿la recuerdas?

- ¿La chica fácil que llevaste al baile en lugar de Jackie?

- Cielos hombre, para ti todo se trata de Jackie ¿no es cierto? Por cierto ¿Ya sabes algo de ellas? Cambio

- No… - se escuchó un suspiro entrecortado en el fondo – Cierra la boca, pañalón. Si alguien me ve contigo me mataran también. Tal vez mi vida no sea tan buena pero oye… no quiero morir.

- Eso no es lo que parece. Cambio.

- Llegaré ahí en 30 minutos, ¿Dónde estás?

- En Los Ángeles, apúrate.

- ¿Dónde? A tu suerte tarado, estoy en Wisconsin, llama a Forman.

- Vamos, por favor.

- No. No hay forma de que llegue a tiempo por ti. Te habrán matado para mañana. Forman trabaja en una secundaria en LA, llámalo y dile que vaya por ti.

- Pero ¿Cómo voy a explicarle…?

- Ese es tu problema, cabrón innecesario. Ya se te ocurrirá algo. Adiós

- Pero… Hyde – el radio se apagó – ¡Se dice cambio! – gritó en vano.

Hyde había cortado la comunicación, pero Kelso estaba seguro de que al menos ahora, aunque muriera en las próximas horas, Hyde utilizaría la información que le dio para continuar sabiamente con la búsqueda de Fez. Ahora su mayor problema era volver a la mesa y deshacerse de Pam Macy.

- ¿Dónde estabas guapo? – le preguntó Pam Macy cuando volvió a la mesa y Kelso se limitó a beber un trago de la bebida que había dejado en la mesa

- ¿Cuánto tiempo llevas trabajando para el alcalde?

- Unos meses – respondió ella – pero dijiste que no hablaríamos del trabajo ¿cierto?

La chica se levantó a medias de su asiento y le acercó la boca al policía

- Espera – la detuvo Kelso – estoy casado

- Tu esposa no está aquí tontito – susurró la rubia en su oído – puede ser nuestro secreto

- Escucha – se la sacó de encima – tengo que encontrar a mi amigo Eric ¿sí?

La muchacha se enfadó y se levantó de su lugar

- ¿Para qué me trajiste aquí? – le recriminó – ¿Para hablar del alcalde o para tener sexo?

De repente, cuando ganó la atención del oficial volvió a calmar su voz con un tono meloso y se le sentó en las piernas susurrando.

- Te ves tan tenso que te has puesto duro como una roca

La mujer había comenzado a pasar su lengua por el contorno de la oreja de Kelso y el chico estaba tratando de contener una erección inminente sin mucho éxito al respecto.

- Lo siento – insistió Kelso – estoy tarde para un asunto que…

- ¿Cuándo fue la última vez que estuviste con tu esposa? – le preguntó la mujer y Kelso se detuvo a pensar en ello.

Era cierto, llevaba mucho tiempo sin hacerlo con Brook. Ni siquiera estaba Fez para consolarlo. Kelso había estado tan preocupado por encontrarlo que no había reparado en la falta de sus necesidades. Seguramente se le estaba poniendo flácido. No podía dejar que eso le sucediera a la parte favorita de su cuerpo. ¿Qué tan malo podría ser un solo polvo? Después de todo, si los Malcome lo encontraban lo asesinarían allí mismo, y es mejor morir feliz y satisfecho que aguado y famélico de amores. Solo por esta vez. Pensó.

Kelso cedió al beso de la rubia y le entregó la lengua al proceso, pero un segundo más tarde se levantó del asiento para llevarse la fiesta hasta un lugar más privado como por ejemplo el baño. Pam comenzó a besarle el cuello mientras avanzaban pero la urgencia del hombre por llegar al lecho se detuvo en seco cuando pasaron junto al perchero. Entonces Kelso volvió la vista a la gabardina blanca que estaba colgada allí. El hombre que lo había estado siguiendo toda la tarde, estaba ahí, en ese mismo sitio.

Kelso corrió sin pensarlo dentro de los baños y abrió de una patada cada una de las puertas. Detrás de uno de los baños estaba orinando un hombre grande y peludo, y no le hizo mucha gracia que le interrumpiera el acto. Kelso se echó para atrás, reconociendo que tal vez hubiera otras personas que tuvieran la misma gabardina solo porque la compraron en el mismo lugar pero era tarde para aquella reflexión y el hombre estaba furioso. Pam salió corriendo en cuando el hombre pescó a Kelso por el cuello y lo golpeó contra el muro.

El espejo se rompió contra su espalda y los pedazos de vidrios rotos cayeron a sus pies con el impacto. Kelso no podía respirar y estaba muy asustado. Su fuerza no era suficiente para competir con la del hombre. De repente entró por la puerta el mismo hombre que Kelso había visto saltar por la ventana y rompió una cerveza en la cabeza del hombre grande. Kelso cayó al suelo tratando de recuperar el aire que le faltaba mientras el hombre grande se levantaba para iniciar una pelea con el asesino del alcalde.

Entonces otro hombre de cabellos largos que también estaba orinando cuando todo comenzó recogió un vidrio del suelo y se lo clavó en la espalda al otro y otros dos vinieron a lo mismo. La pelea se convirtió en una nube de patadas y golpes hasta que Kelso sacó el arma que le había dado el otro en el hotel y levantó su placa en el aire disparando a la pared.

- ¡POLICIA! ¡TODOS AL SUELO!

Todos los hombres reaccionaron rápido ante el disparo y estaban dispuestos a echársele encima hasta que vieron la placa y entonces se detuvieron.

- ¡TIRENSE AL SUELO! – repitió Kelso - ¡AL SUELO!

Casi todos le obedecieron pero dos de ellos no lo hicieron. Uno con greñas de princesa y el otro con esos ojos verdes que tanto le gustaron a Kelso la primera vez que lo vio. Ellos no parecían intimidarse por la placa y Kelso sabía que pronto los otros se darían cuenta de que un solo policía nada puede hacer en un bar. Así que comenzó a caminar hacia la salida apuntando todavía al asesino del alcalde. Pensó que si lo mataba allí mismo probablemente evitaría que los malcome lo mataran a él, luego se le ocurrió que si él estaba ahí los malcome ya sabían dónde estaba y que no tenía caso dispararle.

Además, el otro tuvo la oportunidad de matarlo en la habitación del alcalde, antes, en el hotel, pero no lo hizo. Lo dejo vivir. Kelso no sabía por qué, pero sintió que se lo debía y en cuanto alcanzó a salir del lugar se guardó el arma y comenzó a correr lejos de ahí. Estaba asustado. Nada de lo que pensaba que tenía sentido estaba funcionando. Las pastillas lo esperaban en el auto y Kelso estaba desesperado por llegar a ellas. Cuando subió su vehículo condujo un rato hasta donde sintió que los nervios se lo permitieron y se detuvo entonces. Ahí sacó su frasco de pastillas y se metió varias a la boca sin beber agua ni haber humedecido su garganta. Rápidamente, como si los farmacos no necesitaran proteinas para funcionar, comenzó a clamarse. Su respiración volvió a la normalidad y el aliento dejó de quemar al pasar por su garganta.

Kelso tragó saliva alivianado, el día no estaba machando según lo esperado pero había obtenido más información en un solo día de lo que habían conseguido revisando documentos en los últimos tres meses. Nunca le había parecido tan necesario meterse las pastillas a la boca. Ahora que estaba tranquilo y se sentía mucho mejor. Era hora de contarle lo sucedido a la pandilla. Sacó de su mochila el transmisor que el mismo se construyó cuando visitó a Donna y lo encendió.

- Base Groovs. Responda. Aquí cohete del amor, repito, cohete del amor al sótano ¿me copian?

- ¿eres tu Kelso? – se escuchó la voz de una mujer - ¿Está encendida esta cosa?

- ¡Jackie! – se emocionó Kelso - ¿eres tú? ¿Dónde estás?

- Si – dijo la voz – estoy en mi casa, Steven vino a chicago.

- ¿Donna está contigo? ¿Qué fue lo que sucedió? ¿Dónde se habían metido?

- Eso no importa – se escuchó decir a Hyde detrás de Jackie - ¿Dónde estás tú? ¿Te encontraron?

- Si – respondió él – Estaba en un bar y me metí en una pelea. Los Malcome estaban ahí, yo ni siquiera me había dado cuenta.

- ¿Los Malcome? – se escuchó preguntar a Jackie – ¿Qué paso? – insistió Hyde - ¿estás bien?

- Sí, sí. – dijo Kelso – luego les explicaré, perece que no podré encontrar a Eric esta noche pero, estoy cerca de un motel, pasare la noche ocultándome. Cambio.

- Es peligroso – dijo Hyde – duerme en el coche, cerca del bosque, será más fácil pescarte en un motel

- ¿Crees que no pensaran que pensé eso? Cambio

- ¿Qué?

- No te preocupes Hyde, se cuidarme solo.

- No me preocupo imbécil. Eres hombre muerto, solo quiero saber dónde voy a recoger tu cadáver

Kelso se rio.

- Es bueno escuchar tu voz. Pero no quiero que sea lo último que voy a escuchar. Cambio

- Es muy tarde para eso, grandísimo tarado.

- Tienes que decir cambio – se rio Kelso – eres un estúpido

- Ya bueno – dijo Jackie – ¿entonces iras al motel?

- Si – susurró Kelso – tal vez los vuelva a ver

- No me gusta cómo suena eso cuídate mucho ¿sí?

- Lo haré Jackie, tranquila

De repente el transmisor se apagó. La batería se había agotado de nuevo. Kelso no podía creerlo. Ni siquiera le dio tiempo de despedirse de sus amigos. No quería morir ahí, en un motel, lejos de su casa y rodeado por mafiosos y desconocidos. Kelso siguió conduciendo por la carretera hasta que llegó al motel del que le habló a la gente del sótano. Pero el estacionamiento no lucia agradable. Estaba oscuro y frio y había una farola que se encendía y se apagaba parpadeando muy rápido como en todas esas películas de terror. Se bajó sudando del auto pero con un peso menos de encima y comenzó a caminar inseguro. El sonido de sus pasos era desperfecto, pero Kelso sabía reconocerlo muy bien y por eso mismo supo que alguien más disfrazaba los suyos detrás.

Sabía que lo estaban siguiendo, el sonido indiscutible de la respiración de alguien más andando lento y a sus espaldas aumentaba su ritmo cardiaco. En su entrenamiento policial había aprendido que debía seguir caminando para hacerle creer a quien te sigue que sigue teniendo el control de la situación. Pero como si el otro hubiera adivinado lo que pensaba se detuvo de pronto. Kelso también se detuvo, entonces se dio la vuelta empuñando la pistola y le apuntó al hombre de la gabardina blanca. Tocó el gatilló con las yemas de los dedos, preparado para dispárale en las piernas antes de que huyera. Sin embargo esta vez no corrió ni se escondió entre sus ropas.

El hombre levantó las manos como si Kelso se lo hubiera ordenado, tratando de mostrarle que no representaba una amenaza y que iba desarmado. Pero Kelso no cedió a la amenaza de la suya y dio la vuelta al carrillo listo para disparar. El hombre permaneció inmóvil un momento, esperando a Kelso le dijera algo. El Angulo era inútil, desde las sombras no alcanzaba a verle el rostro al acosador. Así que Kelso le ordenó que saliera de la oscuridad.

- Contra la luz – dijo Kelso y el hombre lo obedeció caminando despacio

Pero la luz no alcanzaba a mostrarle su rostro y Kelso se sintió frustrado.

- ¿Quién eres? ¿Qué quieres? ¿quién te envió tras de mí? ¿Qué sabes de PSIC?

El hombre hizo un ademan de moverse pero Kelso empuñó el arma con más fuerza. Luego relajó el brazo cuando se dio cuenta de que solo intentaba quitarse la gabardina. Por fin bajó el arma pero sin quitarle los ojos de encima mientras el otro se desvestía. La luz iluminó su piel de jengibre, el contorno de sus brazos, el movimiento de su pecho al respirar. Kelso lo reconoció sin mirar su rostro y los ojos se le iluminaron con un dolor profundo en la garganta mientras dejaba caer el arma en el piso.

- Hola Kelso – Dijo con ese acento tan simpatico el extranjero – Necesitamos hablar.