7. Miércoles. Home. Parte 1.
De las mentiras.
Una mentira nunca puede ser verdad, ni siquiera si lo crees en verdad, ni aun si quieres que así sea. Pero las mentiras pueden dejar de serlo. Pueden ser mejores, una mejor mentira, una mentira más autónoma; una verdadera mentira ciega que no ve por dónde llega a correr el viento cuando sopla y desde donde vine corriendo ya hace un tiempo. Ésta mentira comenzó con Hyde, terminó viniendo hasta donde se acabó el tiempo de correr y llegó con él hasta donde también él se detuvo por la fuerza del viento más ruidoso que se haya escuchado jamás en las tierras moteadas de Wisconsin.
Mi mentira…— confesaría Hyde a su nuevo amigo Wilde (el psicólogo-nariz de fruta, como lo llamaba Kelso) más tarde, durante la primera mañana del "día que todo ocurrió" mientras fingía esbozar una sonrisa inconveniente para el tema que se disponían a tratar en el edredón desvencijado del sótano— Comienza un miércoles por la mañana, mientras conversaba con mi ma… con la señora Forman. Ella había estado pidiéndome en más de una carta que aceptara el regalo del testamento de su difunto marido, una vieja casa en las colinas bajas de Point Place a las orillas de Kenosha; una casa infestada con los años y donde los olores a familia emanaban desde cualquier madeja que uno, siendo descuidado, se atreviera a pisar. Pero hasta ese día, yo ni siquiera lo había considerado…
—Pasé una mañana agitada, no como las que hemos tenido por aquí, ustedes no lo comprenderían del todo —Dijo Hyde al tiempo que se acomodaba las gafas para que su semblante no diera muestras de emoción alguna y encendía una varita larga que enseguida comenzó a echar humo, desprendiendo el aroma del incienso entre los alcances de sus nubes. —El viejo Jack vino a verme hoy, esperaba una calurosa bienvenida que no se molestó en exigirme a golpes, apenas he tenido tiempo de reaccionar. Tu madre me había dicho que saldría a comprar el mandado y otras cosas; cosas que ninguno de nosotros necesita, sobretodo porque no vivimos aquí del todo ¿o sí?— Continuó Hyde, pero luego se calló por un momento como si pretendiera que alguno de los otros le respondiera y continuó con cierta dolencia, como si le pesaran las palabras— Me escondí en el viejo taller junto a Groovs, Jack no conoce el lugar y a pesar de que no estoy seguro de que la "amistad" de Chip sea verdadera, puedo imaginarme que no le contó que existía, porque no dio conmigo. Aunque… ¡Eso sí!— Bufó tosiendo por el humo que le empañaba las gafas cuando pasaba el paquetito envuelto a su amiga pelirroja que estaba sentada junto a él en el círculo— La tan oportuna visita de Jack y sus ansias asesinas de cobrarse el paquete me obligaron a permanecer fuera (y oculto) durante las siguientes horas. Así que no tuve tiempo de buscar información relacionada con la desaparición de las chicas. Seguí buscándolas y las encontré en un hotel o lo que a mí me pareció que era un hotel y las llevé al departamento de Jackie en Chicago, donde luego Kelso me avisó sobre lo del alcalde.— Aquí hizo un pausa y le dedicó una sinuosa mirada a su compañero por lo bajo— Para entonces no me quedaban dudas de que morirías en cuanto saliera el sol— Le dijo a Kelso y este se limitó a juguetear con las pulseras de tela que prendían del tronquillo de su mano y fingir que no se daba por aludido.
—Excelente— Repuso Eric, sacando el pecho como con la intención de liberar el exceso de aire que se esforzaba por contener apagando su respiración durante el relato.— Esta claro que alguien no estaba muy preocupado por la seguridad de sus amigas desaparecidas, las únicas dos chicas por cierto y…
Donna comenzó a toser e interrumpió a su novio sin demostrar que aquello le preocupara en lo absoluto.
—Hemos entrado en ese lugar, sabemos cómo llegar, pero no podemos hacer nada. — Dijo ella— El control de seguridad no es ni muy exagerado, ni muy mula, pero sospecho que la sencillez es el arma más gratificante para una organización secreta. De cualquier manera es verdad que aún no hemos podido demostrar que PSIC está relacionado con el alcalde. Quizás actúan bajo cualquier otra premisa, imagínalo: La noticia del asesinato del alcalde se propaga el lunes por la mañana, y entonces… ¿Será para el periódico de este viernes…?— Sonrió la chica y tomó aire para seguir hablando entre bocanadas de humo— No creo que todavía haya alguien que no se haya enterado en Nueva york. Además eso solo demuestra que Fez no tiene nada que ver con el asunto.
—En eso si te equivocas— Respondió Kelso, que parecía haber dejado su obsesión con las pulseras y miraba con los ojos entornados a los dos que acababan de hablar— Fez trabaja para PSIC, según él, "bajo su propia voluntad" me lo ha dicho directamente a la cara.
—Bueno— Habló calmado el profesor, arrebatándole casi por la fuerza el cigarrito a Donna— En realidad todavía no has podido decirnos si era un sueño o si de verdad estaba pasando y creo que todos tenemos nuestras dudas sobre cómo es posible que Fez, quien supuestamente trabaja para PSIC, (un edificio que por cierto, y lo sabemos gracias a las investigaciones recientes de las chicas, está en Atlanta) haya aparecido de pronto en Los Ángeles para darte un sermón minimalista.
—No es cualquier sermón— Lo interrumpió Hyde— De hecho dijo cosas importantes y no me molestaría escucharlas de nuevo si eso aclara un poco las neblinas de Forman.
—Es cierto— Se quejó Kelso – No estoy convencido del todo de que estuviera despierto pero estoy seguro de lo que me dijo. Él se fue voluntariamente a PSIC y no quiere que ninguno de nosotros se meta con él o con su organización secreta. No quiere saber sobre nosotros, al parecer se enteró del incidente en la fábrica con las chicas.
—Hablando del incidente— Dijo Jackie— Nosotras obtuvimos mucha información, primero porque Theodore resultó ser un empleado de PSIC y no solo un camello de Redil y antes de que se muriera (por una serie de eventos misteriosos y que nosotras todavía desconocemos) — Jackie miró hacia otro lado evadiendo la mirada acusadora de su amiga— se puso a echarnos la lata con eso de que "Somos las responsables de todo lo que PSIC está haciendo"
—Sí… — continuó Donna— Y lo más importante es que recuperé mi maletín
— ¿Eso porqué es importante?— Preguntó Kelso exasperado, quizás al darse cuenta de que nadie parecía suficientemente interesado en su encuentro con Fez.
—Porque aquí tengo una fotografía muy valiosa— Explicó Donna— Una fotografía del alcalde que podría haber causado, de ser publicada, que se le echaran encima al mismísimo presidente.
— ¿De que estas hablando?— Gruñó Hyde impaciente, molesto de que hubiera cortado su relato en lo más importante.
Donna sacó una pequeña fotografía de su maletín y la dejó en la mesita de centro junto a un sobre y una nota que parecía haber sido escrita con un crayón de cera color azul. En la imagen aparecían dos personas en medio de un apasionado beso. Una era un tanto mayor y Hyde reconoció de inmediato la calva del alcalde que había muerto recientemente, y la otra era una niña joven que le resultó, sin que supiera cómo, extrañamente familiar.
— ¿Dónde he visto a esta…?
— ¡Calzones blancos! – Exclamó Eric y se palmeó la cara con fuerza con las dos manos— ¡Esa es Verónica!
— ¿Quién es Verónica?— Murmuró Kelso secándose la gotera del cabello. Afuera hacía una lluvia torrencial y Kelso había llegado en medio del trombón para no quedarse fuera de los detalles del círculo de esa noche.
— ¡La niña caliente! – Hyde sonrió disimuladamente pero en seguida se contrarió con el ceño fruncido al percatarse de que Jackie lo estaba mirando con los ojos entrecerrados.
— ¿La conoces? – le preguntó Donna iluminada por un gesto arcaico, parecía muy excitada, como si hubiera ganado la lotería.
—Sí, es una alumna que… es mi alumna en la secundaria— contestó Eric tratando de que su voz sonara desinteresada— se llama Verónica
— ¿Por qué esta besando al alcalde?— preguntó Hyde emocionado, conteniendo una risilla sospechosa
—Porque eso es lo que hace— Se explicó Donna— Y ahora sale con el presidente. Hay fotos de la niña con él, la presentó en la embajada hace cinco meses como su "sobrina" para que entregara la carta del pacifico. Todos nosotros sabíamos que había algo raro en esa connotación familiar.
— ¿Cuál presidente?— preguntó Eric incrédulo sin despegar los ojos de la fotografía como si todavía existiera alguna manera de desmentir que se tratara de la misma niña.
—El presidente de los Estados Unidos, imbécil— Bufó burlonamente el del afro
— ¡No puede ser!—espetó el profesor indignado
—Sí, así es.
—Esperen, esperen, esperen— Rio Kelso— ¿Olvidan de que se tarta esta reunión? Como les dije por el comunicador, Fez vino a verme y me dijo que trabaja para PSIC…
—Sí, si— dijo Donna que volvía a estar apaciguada por la reciente interrupción— Pero ese no es el problema. Primero porque aseguras que no eres capaz de distinguir entre un sueño y la realidad, y segundo porque ahora que sabemos quién estuvo detrás del atentado y es más importante resolver el asunto del alcalde que acaban de asesinar.
— ¿Ah sí, y eso por qué?
—No seas tonto, Michael – intervino Jackie – Esta niña claramente trabaja para PSIC, ¿Por qué crees que está en todo?
—Tú no seas tonta— dijo Hyde ceñudo— Esa niña no trabaja para la organización, seguramente sus padres la prostituyen con figuras importantes para sacar dinero y ventajas políticas. Esta niña podría ser la Marisa de la que estaban hablando los hombres del elevador
—Un momento— Interrumpió Eric— Ella se llama Verónica, no Marisa.
—Eso es lo que ella dice en la escuela… a lo mejor ni siquiera está ahí para estudiar, quizás fue enviada ahí para vigilarte, porque ella trabaja para PSIC— Insistió Jackie mirando de reojo a Hyde.
—No lo creo ¿Por qué Eric tiene algo que ver en esto?— se extrañó Kelso
—Steven dijo que tal vez ellos habían querido asesinarlo solo a él durante el atentado
—Sí pero ahora, además de saber que eso no es cierto, conocemos a los responsables y su propósito y Eric no tiene nada que ver— Regateó Donna con una voz monocorde que no parecía la suya— Además, es posible que en realidad esté en esa escuela con otro propósito, por ejemplo: el director, un senador o algún otro sujeto de corbatín importante. Eric ¿Hay alguien importante en esa secundaria además del director o más importante que el?
—Bueno… tenemos al presidente Bredwovy, es tesorero de la campaña del nuevo alcalde
— ¿Quién?
—Bueno, él fue quien se relacionó con el alcalde, por eso teníamos que ir a esa estúpida reunión el día del atentado. — explicó
—Tal vez todo este tiempo hemos estado buscando un blanco equivocado – masculló Kelso – tal vez ese señor es el sujeto que ellos quieren.
—De acuerdo pero tengo que recordarles que Fez aconsejó que no nos meteríamos más en esto— Dijo Jackie, su voz tenía un dejo de angustia— ¿Qué tal si no fue un sueño? sus palabras fueron "o todos morirán" yo no sé lo que ustedes piensan pero no creo que eso fuera una alucinación, quizás era tu conciencia dándose cuenta de que cada vez nos estamos metiendo en algo más peligroso— le dijo a Kelso.
— ¿Y eso qué?— Resopló el chico del afro— Estábamos seguros de que había una organización secreta y ustedes la encontraron, demostramos que podemos detectar cosas que el gobierno prefiere hacer permanecer ocultas y estamos a punto de dar con una conspiración de niveles extraordinarios. Si yo fuera a pasar el resto de mi vida en prisión, me gustaría que fuera por desenmascarar un secreto nacional— Inquirió con un brillo simpático en los ojos que se le alcanzaba a ver sobre las gafas oscuras— Además… — añadió. No es como que no nos hayamos metido ya en suficientes líos
—Creo que algunos están olvidando esto… ¡Fez es el propósito de estas reuniones! No las conspiraciones nacionales, Hyde. En cuanto sepamos donde tienen a Fez y lo saquemos de allí todo volverá a la normalidad. — dijo Kelso
—A menos que no haya sido un sueño— insistió Hyde
— ¿Cómo dices?
—Pues eso, Kelso… si el encuentro que tuviste con Fez no fue ningún sueño ni una visión como las de Forman, entonces Fez realmente se fue por su propio pie y nada podemos hacer ¿entiendes?
—No puedo ver lo que tratas de…
—Tal vez Fez simplemente trabaja para ellos, no hay gran misterio ahí
— ¿Entonces por qué desapareció de la faz de la tierra como si se lo hubieran tragado?
—Porque no quiere ser buscado, tal vez solo no quiere que tú lo encuentres
— ¿¡Entonces para qué es esto!?¡Para qué hacemos todos esto si nadie lo está buscando ya!
— ¡Basta! No comenzaremos a pelear de nuevo cuando hay tanta información pendiente— Los regañó Donna— Primero: Jackie y yo utilizamos la información proporcionada por Redil para dar con el mercado negro de sausege, donde Theodore estaba vendiendo las pastillas que Kelso acostumbra tomar desde los ocho años. Luego seguimos a Theodore hasta su casa donde atentó contra nuestras vidas cuando nos detuvimos en medio de un callejón, pero por el forcejeo que se dio terminó perdiendo la vida en medio del accidente, no sin antes darnos la información que necesitábamos: Un autobús sale a las ocho en punto para que los trabajadores del PSIC aborden sin interrupciones en una estación oculta sobre south guess. El autobús nos dejó el edificio que es la sede de PSIC, en Atlanta…
—O eso es lo que pensamos— Dijo Jackie ensombrecida por su nuevo peinado, producto de un intento de Hyde por hacer algo con las manos mientras ella estaba revisando el maletín de Donna, sentada bajo las rodillas de su exnovio— El asunto es que ahí adentro hay muchas cosas raras; entre ellas, personas que dicen que su nombre es un número, estaban construyendo algo, preparándose para algo. Entramos para recuperar el maletín y aprendimos que sus sistemas de seguridad no son impenetrables, intentamos dar con Fez pero estábamos más preocupadas por salir con vida de allí que por infiltrarnos así que No. No podemos asegurar que Fez esté no esté ahí. Ni podemos decir que sabemos lo que allí se hace, puesto que solo vimos una parte del edificio y no tuvimos tiempo de ojetearlo con curiosidad siendo unas desconocidas en peligro de extinción. Pero eso sí, cuando alguien no les gusta, pueden llegar a ser peligrosos.
—La cuestión es que mientras ustedes huían de los empleados de la organización ilegal yo iba a ver al alcalde por información, para descartar que hubieran echado la bomba para matarlo a él y justo fui a comprobar que había sido para él y además resolví el dilema de las bombas del accidente de la estación del aeropuerto el día que Donna y Eric casi mueren calcinados— protestó Kelso
—Por lo que se podría decir que te salvamos el pellejo de una horrible y tortuosa muerte, por segunda vez, maestro— Hyde vaciló un segundo mirando con suma atención por el orificio del cigarrillo hecho a mano y estudió sus bordes con curiosidad pero sin ver realmente dónde tenía los ojos y luego se dirigió a Eric— Sin embargo ya sabemos que no todo lo que Eric ha vaticinado últimamente es una locura, pero sus visiones no nos aportan nada más que desconfianza porque como siga viendo cosas que no vienen al caso y con sus problemas mentales que le impiden aceptar que las personas no son impostores con máscaras de sus seres queridos vamos a tener que apalearlo. — se rio —Creo que no hay asunto por tratar, pero repíteme todo lo del encuentro con el alcalde. — tosió
—Cuando llegué ahí me encontré con un tipo fornido y de ojos verdes, él estaba solo dos pisos más arriba que el alcalde y sabía perfectamente cómo y cuándo se iba a quedar desprotegido, ahora es obvio para mí que ya tenía una estrategia preparada de la que no pude darme cuenta cuando nos conocimos por accidente. — se lamentó— Luego cuando voy a ver al alcalde para interrogarlo… él va y le dispara ¡Pum! ¡En los sesos! justo en la cabeza, y yo sin arma, no lo pude detener. Además porque como iba entrando, el otro me reconoció, me arrojó su arma— Kelso sacó la pistola para enseñarla y la colocó en la mesa, Hyde la cogió deprisa— Él saltó por la ventana, luego me escapé y cuando estaba ocultándome en un bar hubo una pelea y llegó el mismo tipo para defenderme. Aunque no me queda claro si estaba ahí porque me estaba siguiendo, ya que soy el único testigo de su asesinato, o si estaba celebrando que todo le salió de perlas con el alcalde y mientras me compungía de miedo, caminando hacia el motel en el que había decidido descansar…Fez me frenó en la calle y me dijo, entre otras cosas, que PSIC es una organización que se dedica a corregir errores y movilizar los engranes de la existencia y que sin ellos nada funcionaria, a continuación me dijo, sin dejarme pregonar en vano que él se había unido a ellos por su gusto y que como nos viera metidos en todo eso del alcalde que ahora estoy seguro que planearon ellos con ayuda del viejo alcalde, íbamos a terminar todos muertos. Además me recomendó que me alejara de Eric porque está volviéndose loco.
— ¡Oye!— objetó Eric— ¿Qué clase de...?
—Eso no importa ahora Forman… todos sabemos que no está bien lo que está pasando con tu cabeza pero en lugar de llevarte al psiquiatra seguimos sin aceptar que el día del concierto te diste un buen golpe en la cabeza y ya no quedaste igual. Por si fuera poco ahora sabemos muchas cosas que no vienen al caso y que dejan material suelto en el aire con huecos que no podemos rellenar porque para empezar, si es verdad que todo esto es un asunto entre el alcalde viejo y el que se murió ¿Cómo pinta una farmacéutica con esto? Y lo más importante ¿Qué tiene que ver la niña esa? ¿Por qué hace de dama de compañía para el presidente y el alcalde al mismo tiempo? Y ¿Por qué si lo hace con el presidente está estudiando en una secundaria publica de los ángeles? como que algo no cuadra aquí ¿no? Además el localizador que el gafete de Forman tenia adentro era, claramente, para asegurarse de que él estuviera fuera o dentro del edificio al momento de la explosión y nuestras conjeturas anteriores nos llevaron a pensar que PSIC tenía la intención de salvarle la vida— La tos volvió a interrumpirlo y sus amigos se miraron unos a otros con preocupación aunque ninguno dijo nada— La niña es otro factor que existe con relación a Forman, que es el único posible objetivo de Verónica en esa escuela, suponiendo que está allí por estrategia y no porque vaya a estudiar para dejar de ser...
— ¡Un momento! Pensé que habíamos dicho que Verónica, perdón… Marisa, podría estar ahí por el presidente Bredwovy y no por mí— replicó Eric
—Esa era una teoría, además si la niña estaba ahí por él, ¿Por qué te pusieron un chip a ti?— pronuncio Jackie y tuvo cuidado de que sus palabras entretuvieran a la audiencia dándose mucha importancia.
—Aquí el nombre importante es ese tal Daniel, según entendí: el dirige la organización llamada "Los Malcome" que es el grupo mafioso que puso las bombas del PairteSolem, por causa de que Marisa se enredó con el alcalde, no solo porque el alcalde volverá a ser el alcalde ahora que el nuevo murió. — Analizó Hyde— El propósito no era matarlo sino, como ya habíamos sospechado, deshacer la popularidad de los partidarios del alcalde. Luego PSIC por alguna razón puso una bomba en la estación del aeropuerto de los ángeles no sé por qué.
— Bueno eso sería porque los simpatizantes del viejo alcalde, lo eran, en gran medida por sus medidas de seguridad, construcciones como la estación del aeropuerto que garantizaban transportes seguros y gratuitos, estaban convencidos de que no había mejor alcalde que él debido a sus impulsos mericromatios. La estación fue construida como un homenaje pero fue enviada a construir luego de las altas críticas a las políticas de indemnización económica del presidente.
— En otras palabras, PSIC, quería provocar al viejo alcalde para que pensara que había sido la venganza del nuevo y una amenaza para el presidente. Entonces enviaron a alguien de Daniel que trabaja para Los Malcome con el fin de asesinar al alcalde pero de nuevo ¿Qué tiene que ver Marisa?
—Bueno, según entiendo, la primera bomba fue porque Daniel, que es quien dirige a la organización de los Malcome tiene algún tipo de relación con Marisa, quizá sea su hija o su amante no lo sé, y estaba enojado porque ella salía con el nuevo alcalde así que le fueron a surcar el arroyo en su fiesta de bienvenida en Nueva York, de modo que le metieron un buen susto y de paso arruinaron su reputación. Ahora bien, supongamos que esto es tal y como lo decimos, ¿Por qué PSIC quería meterse a fuerza en esta enemistad, cuál era su propósito al asesinar al alcalde?
—Fez no me habló de los propósitos de PSIC, se limitó a decir que todo lo que ellos hacían era por el bien común, para que el orden de los hechos se reestablezca. — explicó Kelso bajando tanto la cabeza que tuvo que abrir más las piernas y rozar la rodilla de Hyde.
Hyde le devolvió el favor con un golpe de su propia rodilla.
—Según esa teoría… entonces… ¿Qué tiene que hacer Verónica (Marisa o como se llame) en la misma escuela que trabaja el profesor que tenía que encontrarse en ese lugar y en ese momento el día del atentado? Creo que no es una coincidencia, además cabe la posibilidad de que el presidente Bredwovy fuera su verdadero objetivo, pues no había nadie a parte de Forman y él, tanto en la escuela como en la reunión de la CVN y aun si así es ¿Por qué PSIC persigue a Forman, contrató a Fez y además sabe nuestros nombres?
— Lo que tenemos que hacer es investigar a Marisa— sugirió Donna— Cuál es su propósito con esa escuela y la razón por la que se relaciona con Daniel del clan de los Malcome y entonces sabremos si el objetivo de PSIC era Eric o el presidente Bredwovy.
— Si, pero aún así, no sabremos cómo encontrar a Fez, porque eso no resuelve el cómo se relaciona PSIC con los alcaldes— bufó Kelso mordiendo con toda la furia que pudo a una pequeña mandarina — si has tenido otra visión que pueda ayudarnos, dínosla ahora. — le dijo a Eric. El otro se encogió de hombros pero Hyde notó que estaba sonrojándose.
— Quizá tiene que ver con ella; ahora sale con el presidente y representa un peligro para toda la nación. — Inquirió Hyde— El problema es que no tenemos pruebas contundentes de que eso último sea más que un rumor, no tienes una fotografía de ella besando al presidente, eso incendiaría a los medios.
— Bueno, pero la cosa es así, en PSIC, los trabajadores están preparándose para algo, algo que no quieren que nadie más sepa que están haciendo, Jackie y yo ya comprobamos la de cosas raras que se hacen allí y está claro que quieren ocultarse porque se disponen a hacer algo para lo que necesitaban deshacerse del nuevo alcalde. — dijo una Donna adusta entre la voz trémula y sus intentos por cerrar el broche del maletín.
— Eso podría ser un evento importante para el alcalde, tal vez lo que querían era aprovechar la relación que Forman tiene con esa niña para obligarla a salir, y de este modo podrían presionar al presidente con evidencia de su pedofilia. — repitió Hyde
— ¿Crees que PSIC está tramando todo esto contra el presidente?
—Sin duda hay algo que PSIC quiere ocultarle al mundo, es una organización secreta, quizá incluso trabaja para el presidente.
—Si eso fuera así, no habrían asesinado al alcalde que era uno de los protegidos del gabinete y el que se suponía que iba a volverse jefe de estado, ¡Estaba cerca de ser el próximo presidente!— canturreo Kelso emocionado
—No exageres— bramo Donna— es más probable que se trate del otro alcalde, el debió contratar a los Malcome para volver a ser alcalde, y PSIC está utilizando a Marisa y por lo tanto controlando a los Malcome para que ellos les abran el camino hacia su meta pero… ¿Cuál es su meta?
De pronto Jackie volvía a la tarea de estudiar los pliegues de los pantalones de Hyde y el otro fingió que no se enteraba para que ella no dejara de hacerlo.
—Entonces tal vez el presidente los contrató para deshacerse de él y como ellos no pudieron porque son una empresa farmacéutica hicieron trampa e incitaron a Los Malcome a hacer el trabajo sucio— opinó Eric
—Eso no tiene ningún sentido, hombre. ¡Piensa! Si ellos pusieron la bomba en la estación también hubieran podido ponerla en el PairteSolem sin la ayuda de los Malcome. — A todo esto, si Los Malcome están relacionados con Marisa. ¿Por qué ella se ligaría a Forman (el objetivo de PSIC) y no a su objetivo más lógico que es el presidente Bredwovy?
—Quizá no quería ser tan obvia y comenzó con un objetivo más pequeño para probar su suerte. — Kelso estaba empezando una carcajada pero se contuvo al darse cuenta de que Eric le echaba una mirada de hielo encima.
—No hay diferencia, no es como que estuviera ensayando, si llegó a la cama del presidente de los debe ser una profesional. — se burló Hyde.
—Si el propósito de PSIC es, como dice Fez, el de arreglar "el orden de los hechos" entonces debemos suponer que se meten con el presidente y con los alcaldes porque algo que está pasando va mal ¿no?— supuso Kelso— después de todo si hubiera salido bien ellos no tendrían que intervenir.
Donna musitó un gemido indescriptible.
— Si, bien. Pero entonces… ¿para qué quieren a Fez?— la voz de Kelso comenzó a quebrarse a la mitad de la pregunta y los demás volvieron las miradas hacia él para confirmar que sus ojos se habían puesto húmedos.
Hyde puso los ojos en blanco.
— A lo mejor aceptó el trabajo y resultó que era más difícil de lo que él se imaginaba y ahora se tuvo que mudar y todo eso. Ya hablamos de esto ¿no? No se llora en el círculo, Kelso.
— Entonces ¿Por qué me pidió que dejáramos de buscarlo? eso no es normal en él, a él le gusta ser el centro de atención; es más, él no se habría ido sin despedirse. ¿Eh? ¿Qué me dices de eso?
—Ya te visitó en tus sueños para despedirse, mariquita, ¿Qué más quieres?
— ¡Él no me habría dejado! ¡Estábamos bien!— esta vez ya no había ninguna duda: Kelso estaba llorando y los otros tuvieron que apartar la mirada. Todos excepto Hyde que se las había apañado para resistir los sollozos de su amigo.
— ¡Eres un hombre casado, Kelso! ¡Casado! ¡CON UNA MUJER! ¡¿Cuándo pensabas decirnos que se te rotaba la esfera?!
— Mi vida personal no les incumbe, ustedes no…
— ¿Qué no nos incumbe? ¿Que no somos tus amigos? Pues mira… tienes una hija ya es hora de que te comportes como un adulto…
— Ya, y a ti eso te sale de maravilla ¡Alcohólico de mierda!
Hyde estuvo a punto de contestar algo de lo que podría haberse arrepentido pero, por suerte, fue interrumpido.
— ¡Basta ya! ¡Cierra la boca!— le ordenó Jackie. Hyde abrió la boca con una mirada desafiante para replicar, pero en seguida volvió a cerrarla porque nada bueno se le ocurrió. Aunque Donna sabía que en realidad no era por eso que la obedecía.
El silencio se convirtió en un mar de preguntas y más preguntas pero que nunca tenían respuesta alguna. Si en ese momento le hubieran preguntado a Hyde como se sentía, habría dicho que no sentía nada; pero habría mentido, porque las mentiras lo hacían sentirse mejor. Siempre estaba mintiendo y en el fondo la verdad le dolía y la evitaba como evitaba las mentiras que sin querer salían siempre de su boca como en un intento vago por compensar su honesta brutalidad hostil, su comportamiento indiferente y siempre tan a la defensiva que también era mentira. Porque Hyde no era un despreocupado como todos los demás pensaban, se preocupaba de verdad y mucho, y a veces demasiado. Estaba preocupado por todo y por todos y sobre todo porque él sabía que no podía hacer nada al respecto cuando comenzaba a preocuparse.
Steven Hyde tenía una manía con las mentiras; mentía cuando decía que no sentía nada, que no le importaba nada y que estaba conforme con su vida. Mentía cuando le respondía a la mujer que había sido una madre para él, que todo andaba en orden con su vida. Que tenía una casa a donde llegar a descansar y que su matrimonio iba bien. Mentía cuando alguien veía los vendajes en la quemadura de su mano y le preguntaba si dolía, porque siempre decía que no. Mentía cuando tenía que comprar comida y decía que había olvidado el cambio y que lo pagaría después, que llevaba la bolsa vacía o que se encontraba sano. Mentía todo el tiempo y a veces no podía evitarlo porque también había momentos en que le desagradaba cargar con eso y se ponía a contarle la verdad al techo y a la pared vacía de la casa de Leo. Les mentía a todos, pero no podía mentirse nunca. Nunca se traicionaba, siempre era consiente de esas verdades que duelen y nunca se atrevía a entregarse a ese cinismo diciéndose: no pasa nada, porque él y su conciencia sabían muy bien, que era mentira, que algo pasaba.
La verdad era que no tenía trabajo, estaba en libertad condicional por un cargo grave que nunca se pudo probar porque nunca lo cometió; una parte de su camiseta estaba manchada con un aceite que se podía sacar fácilmente con un fuerte producto de limpieza que nunca había podido conseguir, y no porque fuera permanente, como él solía decirles a todos. Tenía los ojos amarillentos por el uso constante de las drogas. El humo casi cotidiano de la marihuana le había dejado una tos crónica y una voz rasposa como si siempre llevara atorada una flema en la garganta y llevaba mal remendados los cueros de su pantalón favorito. Su esposa, (una nudista que conoció en Las Vegas) se había ido de regreso a Nevada con su primer esposo y ahora follaba con la primera mujer que estuviera dispuesta a hacerle caso. Pero mientras que estuviera sobrio y recién bañado podría engañar a cualquiera utilizando ese ingenio que, como por obra del espíritu santo, no se perdía a la par de sus neuronas.
Pero de todas las verdades de Hyde, había una sola que le preocupaba por sobre todas las demás. Si alguien descubriera aquella verdad se vería obligado, sin más remedio, a lanzarse desde el balcón más alto del último piso del mismo edificio que los Malcome habían volado tres meses atrás. La única verdad que nadie podría sacarle a patadas. Una verdad que lo avergonzaba y a veces hasta lo horrorizaba y lo despertaba sudando por la madrugada, asustado como un niño pequeño que moja la cama por la pereza de levantarse hasta el baño. Pero Hyde no mojaba la cama como cuando era niño, porque además, ni de niño había mojado la cama. Hyde no mojaba nunca la cama y eso no era una mentira como las otras; Hyde lo sabía. No mojaba la cama, ni siquiera luego de la golpiza que uno de los "tíos" que aparecían en la vida de su madre para levantar una vela fugaz en su corazón y destrozarla más tarde, le propinaba sin tregua por irrumpir, inoportuna y equivocadamente, en la única habitación de la casa. No mojaba la cama, ni siquiera cuando su madre lo encerraba en el armario para que su amante en turno no descubriera que era madre soltera, ni mojaba la cama cuando afuera había truenos horrorosos que lo sobresaltaban cuando trataba de dormitar en el incómodo rincón de ese mismo armario. Porque además no había dormido sobre la cama.
Hyde nunca mojo la cama de niño, mucho menos siendo adulto. Y sin embargo cuando pensaba en la posibilidad de que alguien pudiera descubrir su secreto le venían unas ganas de orinarse en la cama como ninguna de esas veces. Steven no era un niño problemático por el abandono y maltrato de su madre o por las duras muestras de disciplina de su bien surtido repertorio de padrastros, no. Hyde era problemático porque era malvado, sí, esa era la razón. Eso había dicho la psicóloga de esa escuela de la que casi lo echaron. Steven era un niño malvado que hacía daño a los demás por el puro placer de hacerlo y a pesar de todo… Hyde no había roto el diagrama de los cuatro grupos de alimentos de Christine Del bueno en esa ocasión. Eso también era una mentira. Una que terminó por creerse con el tiempo.
No importaba ya ninguna de las protestas, las mentiras o las ganas de orinar. Hyde había crecido para convertirse en el bueno para nada que su madre había previsto que seria y eso lo llenaba de una rabia impotente que crecía, y se inflaba, y se inflaba hasta que comenzaba a gritar en su cabeza y la única forma de apagarlo era con una cerveza, o dos, o tres, o perder la cuenta; porque las cuentas no son lo que cuenta si no la intención y Hyde tenía la intención de perderse de tanta mierda ahogándose en alcohol y nadie podría detenerlo aunque lo intentara. Nadie excepto Jackie. Y es que la verdad que Hyde guardaba con tanto recelo de la vista de todos, la única que podía golpearlo como un hierro frio en la cara si alguien lo averiguara; era que Jackie Burkhart: la ingenua princesa mimada, egoísta, rica y mandona que tanto le molestaba, había aprendido a gobernarlo. Si esa era la palabra, gobernarlo.
Jackie lo gobernaba con puño de hierro, sin treguas y sin querer, y en el fondo eso era lo que más lo aterraba. Jackie no había aprendido a gobernarlo, por mucho que el tratara de convencerse de aquello; Jackie gobernaba sus manos, su boca, sus miedos, sus ataques de rabia y hasta esas inflamaciones sinsentido que crecían con la impotencia de sus recuerdos más pueriles de la infancia, no porque hubiera aprendido cómo hacerlo, sino porque a él le gustaba. Le gustaba que Jackie tuviera el control absoluto y se lo habría entregado por completo, si se lo pidiera en ese momento como en cualquiera. Como tantas veces lo había hecho desde la primera vez que hicieron el amor y hasta cuando la vio, aquella última vez marchándose de Point Place con esos jeans ajustados y la playera de led Zeppelin que él le obsequió en su cumpleaños, escondida bajo una chaqueta magenta que hacia juego con ese ridículo moño que tanto odiaba.
Jackie era el principio de todos sus miedos, la razón por la que las mentiras valían la pena, por la que continuaba y continuaría mintiendo si llegaba a hacer falta. Era la dueña de todos sus sentidos, no había noción de su existencia que no se encendiera en llamas cuando ella pasaba cerca; cuando le hablaba, con todos esos defectos que tanto le gustaban; con esa risa burlona y poco simpático; con esa actitud altiva de diva y esos vestidos coloreados de pasteles infantiles que le parecían odiosos. Con esa voz chillona y aguda que tanto lo molestaba. ¡Dios! ¡Cómo lo molestaba su voz! Lo molestaba su risa, sus zapatos de tacón al estilo disco y ABBA, el sonido de su uñas largas golpeando contra la superficie lisa de su chamarra con la que hacia fricción, el color de sus labios; a veces rojos, a veces morados, a veces rosados por la falta de labial y a veces perfectos. Hechos para él como le hubiera gustado que fuera. ¡Cómo le hubiera gustado! Sus pequeños pechos como limones; su vientre plano pero no como una tablilla sino con los pliegues perfectos, como contados; los ojos, sus enormes ojos. Porque a veces Jackie era eso, ojos y nada más.
Y cuando Hyde se descubría a si mismo pensando en ella cerraba los ojos y apretaba lo parpados con fuerza pensando en otras cosas: camaros, papas fritas, Zeppelin, lo que fuera menos ella y lo hacía como quien piensa en otras cosas para distraer a la mente de una erección pero no para evitar una, porque a pesar de todo Jackie no le provocaba erecciones; pensar en Jackie lo volvía débil, jodido y necesitado, lo volvía real. Parte de las mejores razones que tenía para amar con tanta fuerza a Jackie era porque siempre venía con la realidad. Jackie no era la esperanza de un cuento de hadas, sino el recordatorio de que él y todos sus errores existían y eran tan reales como los monstruos bajo la cama que hacen a los otros niños mojar sus propias camas. Jackie era ese monstruo bajo la cama de Hyde y le gustaba pensar en ella de esa manera para obligarse a abandonar el deseo de lanzarse sobre sus labios.
En realdad a veces eso tampoco funcionaba y se limitaba a insultarla para alejarla, era como un ejercicio simple para espantar a un mosquito molesto que no lo deja en paz a uno. La verdad que tanto avergonzaba a Hyde era que ninguna de las mentiras que se dijera podría engañarlo. Amaba a esa mujer con cada fibra de su ser, tal como se lo había dicho a su hermano en esa pelea. La amaba porque no quería quererla y de verdad se esforzaba en odiarla y sentía que por lo menos estaba poniendo empeño en algo. La amaba porque pensaba que era inmortal cuando estaba con ella, porque sentía que el mundo no era suficiente para él, porque se sentía importante y no como un fracasado; porque cuando la miraba pensaba "tengo que ser mejor" y a pesar de que él no supiera entonces que de eso se trata el amor. No. Hyde no aceptaba que amaba a Jackie, pero no hacía falta.
No hacía falta pensarlo o decirlo, ni siquiera sentirlo porque los sentimientos siempre acaban por traicionarlo a uno. El amor que le tenía a esa chica sobrepasaba cualquier mentira, cualquier relación, erección o miedo y avanzaba despacio hacia él; con una fuerza violenta que lo convertía en un dócil ternero por el puro placer de poder dejarle el cargo del león. El amor que le tenía venia en luces de colores, en algunos ruidos siniestros como su horrenda voz aguda y si ella quisiera él podría convertirse en presidente solo por ese amor. Pero el amor, como dicen los sabios viejos de callejón como Buz (que tanto respeto le inspiran a Hyde) no es suficiente. Para Hyde tampoco era suficiente el amor, por eso era quien era y lo seguiría siendo y por eso Jackie estaba con ese rubio engreído y no con él. Porque Hyde la amaba tanto que hubiera preferido mil veces que Jackie se fuera con cualquier otro rubio a que terminara en la misma miseria que él solo por esa estupidez de "el amor"
Hyde sabía que no se puede vivir de amor. Que el amor no basta para ser porque para ser hay que saber que ser es peligroso. Hyde era peligroso para ella, para otros y para sí mismo, y habría dado lo que fuera porque esa sensación estomacal que se revolcaba furiosa en su estómago cuando el aroma de Jackie se abría paso por sus sentidos, dejara de enloquecerlo. No le gustaba el amor y no quería tener nada que ver con él y por eso detestaba a Jackie. El amor no le gustaba y no le gustaba sentirlo y lidiar con la sensación que queda cuando uno se da cuenta de que está volviéndose otro estúpido enamorado del montón. Los síntomas que se repiten, la monotonía de las costumbres silenciosas; el amor les pasaba a todos por igual y al él no le gustaba ser como todos los demás. Por eso si alguien le hubiera preguntado qué era lo que sentía por Jackie, habría contestado (luego de mojar un poco la cama) que la odiaba.
Porque el odio es más sincero, es repentino y está loco. El odio es muy difícil de conseguir. El odio es especial porque por mucho que uno lo quiera no nace sino rencor. El odio y el dolor del odio se parecen pero no son iguales y el odio es más difícil de sentir. El amor no es más que un episodio cerebral y en cambio, el odio se contagia por el aire y se le pega al menos indicado. El odio que quería sentir por Jackie justificaría todas sus dudas, todas las veces que le dio mil vueltas a la cama con una cerveza en la mano y un insomnio proliferó en las entrañas. Justificaba años de sus peores fracasos, de su colección de malas elecciones y de sus antecedentes penales.
Odiarla significaba que ya no la amaba y que podía dejarla ir, aunque Hyde no lo entendiera así: Eso que él llamaba odio era poco más que amor disfrazado a montones y que por más que intentara taparlo le salía por los huecos más obvios, brotándole a chorros incontrolables cuando estaban en la misma habitación. Y si Hyde no hubiera estado tan distraído, intentando con toda su fuerza aparentar que ese amor era odio, se habría dado cuenta de que no era el único contenedor de amor explotando en la habitación de pequeños, pero no por eso discretos, chorros.
—Lo que haremos será dividirnos para investigar— sugirió Donna aclarándose la garganta para que no les quedaran dudas de su decisión, y sin querer todos, incluyéndola a ella, desviaron la vista hacia Eric.
Porque no importaba que tan seguro estuviera uno de que su plan o su análisis de la situación eran acertados, siempre había que esperar a que Eric abriera la boca y emitiera un juicio de la situación. Eric no era el más valiente, ni el más inteligente pero tenía algo que ninguno de los presentes y mucho menos Hyde, se atreverían a negar jamás. Eric era el líder y no importaba que tan asustado estuviera o si la voz le flaqueaba, si Eric decidía que se haría, entonces así seria, y si no, entonces pensarían en algo más. Así había sido siempre desde que eran niños, no porque quisieran sino porque estaban acostumbrados y sin que se lo mereciera daban al más frágil el poder de mando cada vez que las cosas se salían de control.
Eric parecía estar evaluando todas sus opciones y antes de responder se talló los ojos por enésima vez en la conversación provocando que, por una milésima de segundo, Hyde se diera cuenta de que algo andaba mal con él y luego les dijo:
—Ya que yo vivo en los ángeles, yo me haré cargo de Verónica, perdón… Marisa. Donna tiene acceso a la vida pública del viejo alcalde y del presidente, dado que es una periodista encontrara los medios para conseguir información suficiente. Kelso está siendo perseguido por los Malcome así que no debe ir muy lejos ni acercarse a ellos…
—Pero no puedes dejarme sin actividad, palito de regaliz— protestó Kelso— tengo que encontrar a Fez.
—Hyde se encargara de lo de PSIC, ira a la fábrica de Atalanta a buscar señales de Fez y averiguar lo que se traen entre manos. — continuo diciendo Eric sin prestarle atención a Kelso
— ¡Un momento!— replicó Hyde— yo no sé dónde queda esa basura, una de las chicas debería acompañarme.
— ¿Qué se supone que voy a hacer yo?— se quejó Jackie
—Jackie y yo no podemos volver a ese lugar donde ya nos conocen, sería un suicidio— explicó Donna
— ¡No me quedaré en casa!— musitó Kelso. Y de pronto todos estaban hablando en voz alta
—De acuerdo, de acuerdo— cedió Eric — lo haremos así. Donna y yo iremos por lo de Marisa en L.A, luego volaremos a Nueva york, Kelso y Hyde irán a lo de PSIC, Jackie se encargara de la investigación de Fez.
—Creo que yo debería hacerme cargo de eso— dijo Kelso impaciente, balanceándose con una media sonrisa— Jackie confundirá a Fez con cualquier latino que se encuentre, ¡Fez es nuestra prioridad! No podemos dejarlo en manos de Jackie que, no te ofendas, es la más inútil del grupo.
—De acuerdo Kelso, entonces tu investiga lo de Fez y que Jackie lleve a Hyde a Atlanta.
— ¡Sí!— festejó Kelso y luego se echó a reír quien sabe porque. Quizás era la hierba, por eso todos los demás rieron también.
Y así lo hicieron. Lo que Eric no sabía cuándo comenzó toda la operación, era que nada iba a salir como lo habían planeado. Por una serie de giros desafortunados y que nadie pudo prever, Hyde terminó ese miércoles con el pie metido en un saco de papas y Jackie con la mano atorada en una batidora y la historia de cómo llegaron hasta ese punto era tan divertida y a la vez ruin, que a Hyde le daría vergüenza, mucho tiempo más tarde, contársela a Wilde (el psicólogo- nariz de fruta) en su consultorio para la hora de la merienda y sin embargo, se obligó a hacerlo, porque lo detalles o como a él le hubiera gustado decirle a Jackie (detalles, bebé, detalles) eran los más importantes.
Todo comenzó cuando nos detuvimos en una cafetería llamada "Honey Champs" en el este de Virginia. Una mujer— dijo Hyde con la garganta seca— Se nos acercó con un aire lascivo, como si hubiera adivinado que venía deseando una buena noche desde que me levante de mi cama, aquel miércoles por la mañana. Jackie había pedido una malteada de cereza, yo bebía una cerveza mañanera y había estado leyendo silly o´ solo para adultos con el mejor humor que caracteriza a los niños. — Aclaró, como si aquello fuera tan importante— había estado en Chicago temprano quizás un día antes, no lo recuerdo. Había llegado al lugar de la ficha y los empleados me miraban como si estuvieran recibiendo a un camionero. Así me imagino que era HigHink todos los días, ahí es donde mi esposa solía trabajar entonces ¿sabe? era mesera. —Añadió— así que tenía un buen contraste con respecto a las cafeterías de carretera, ahí vendían malteadas de cereza aunque usted no lo crea… en ese momento… no, luego, si recuerdo que salí disparado como una flecha, no… espera, algo sucedió primero, solo que ya no lo recuerdo— mintió.
En realidad, Hyde si lo recordaba, y lo recordaba perfectamente con todos los detalles (detalles, bebé, detalles) recordaba haberse levantado por la mañana sin playera, usando ese pantalón deportivo y holgado que le gustaba para dormir. Recordaba haberse subido a "el camino" y conducido a Chicago. Recordaba haberse hospedado en Chicago un martes por la noche en un motel llamado Barns, y recordaba haber llamado, con los nervios de punta en los dedos sudorosos al teléfono, a Jackie. Jackie le dio la dirección de su trabajo en HigHink y Hyde le devolvió la cortesía fingiendo que se pondría en camino al día siguiente y que seguía en Wisconsin para no sonar muy interesado. Después de todo, no era su intención recogerla para una cita, sino para una misión suicida en los bordes de Atlanta.
Pasó el resto de la noche pensando en lo que le diría, lo que haría para parecer desinteresado en la reacción que ella tendría cuando lo viera llegar tan temprano. ¿Pensaría que estaba desesperado? A ella no le correspondía decidirlo. ¿Quién era ella para juzgarlo? Debería llegar más tarde, casi de noche, cuando la proliferación de gente estuviera amainando para que pareciera que había salido de Wisconsin esa misma mañana… o quizá no, quizá solo debería mandarlo todo al carajo, sí, eso es. Debía fingir que para él no existían esas preocupaciones, tal vez ella adivinaría sus intenciones y sabría, con echarle un vistazo, que había pasado toda la noche estudiando sus posibles reacciones. ¡Bah, claro que no! Jackie no era tan lista. No ¿qué va? bastaría con decirle que había llegado temprano, ¿Para qué complicar la vida?
Se levantó con mala cara al día siguiente, por no haber podido pegar el ojo en toda la noche pero valió la pena… o no. Quizá solo quería pensarlo así. De cualquier forma la noche y con ello su oportunidad de dormir, habían terminado y ahora estaba en camino a HigHink, porque aunque primero trató de pedir comida en ese mismo lugar, su instinto le dijo que sería más saludable comerse sus propias heces y que ni eso haría falta porque el lugar donde Jackie trabajaba era una cafetería y solían vender cosas comestibles en esos lugares, café por ejemplo. Hyde sabía que había sido un error no haber descansado porque la refriega del día le pasaría la factura si tenían que emprender una persecución en la carretera y que de todas maneras ni su coche modelo el camino, era tan rápido para algo como eso. Había estado pensando en lo que quería comer, solo porque tenía hambre pero luego se le coló de nuevo la duda en la cabeza y se preguntó si aun comiendo en la cafetería donde trabaja Jackie ella lo obligaría a pagar.
Trató de reflexionar sobre aquello pero al poco rato mientras tomaba la carretera del este y ponía la direccional sin querer, hacia el lado equivocado, descubrió que en realidad no estaba preocupado por eso. De todas formas podía aguantarse el hambre unas horas, no sería la primera vez que se saltaba el desayuno, y seguramente Jackie encontraría algo bueno para los dos avanzada la tarde, si sobrevivían y si no, tenía buenos motivos para no comer. Una vez, leyendo los pedazos sin contenido pornográfico que Kelso desprendía de sus revistas se topó con un artículo que decía que cuando te mueres puedes defecarte encima si llevas el estómago lleno. Hyde no lo admitiría nunca en voz alta pero le preocupaba el aspecto que pudiera tener su cadáver cuando los empleados de PSIC lo atraparan. Quizá no era otra cosa más que la vanidad que Jackie le había inculcado el tiempo que estuvieron juntos. En aquel entonces incluso se preocupaba por que el dobladillo de su pantalón no se le arrugara por la franja de las botas y se le quedara atrapado allí.
Sonrió al recordar el hecho y automáticamente miró hacia sus tobillos sin poder evitarlo era como si le estuvieran llegando recuerdos que mantenía enredados en sus costumbres, en sus vergonzosas costumbres, en este caso en particular. Hyde era atractivo sin más, sin tener que arreglarse demasiado o siquiera lavarse el cabello en varios días. Por suerte eso no era suficiente para que el chico dejara de hacerlo. Porque aunque era descuidado con la ropa que vestía y el grado de descomposición de las cosas que se llevaba a la boca de vez en cuando, siempre había sido muy higiénico. No se cepillaba el cabello o se perfumaba con cremas y colonias, pero era limpio igual. Cuando salía con Jackie había pasado de ser una estrella de rock cowboy a un oficinista de libreto. Hasta había comenzado a usar corbatas.
Rara vez se quitaba las botas que Jackie le había regalado pero cuando lo hacia combinaba muy bien su ropa, porque sabía lo importante que era para ella, que el vistiera bien. Sin embargo cuando todo se terminó Hyde había sacado a la pila todas sus corbatas y las había quemado para iniciar su nueva etapa de adulto rebelde donde el sistema era su antiguo trabajo como ayudante de su padre negro William Barnet, éste (decían algunos) era el biológico. Y fue el mismo Barnet el que le puso un negocio de discos en Point Place, llamado Groovs, el lugar que Hyde utilizó unos días antes para esconderse de Jack, que todavía lo andaba buscando por cogerse a su novia. A veces Hyde se preguntaba qué había pasado con Zen, la chica del bajo pero no era un pensamiento muy frecuente y pronto averiguaría la respuesta.
Hyde había perdido Groovs en una discusión legal con su hermana Angie, una psicóloga ambiciosa que encontró la forma de deshacerse de él, por supuesto no habría resultado para ella igual de sencillo si él no hubiera estado petrificado por la muerte del hombre que lo crio por tantos años y que había sido como un padre para él. Red Forman. El hombre, el mito, la leyenda. El viejo Red. Si lo viera ahora dándole vueltas a la cama por una chica le patearía el trasero. Hyde suspiró aferrando el volante hasta que los nudillos se le pusieron blancos, estaba enojado, pensar en Red lo ponía furioso. Con él se había ido todo, su casa, su familia, su negocio y sus ganas, sus ganas de seguir peleando por ganarse la vida. Sus ganas de vivir. No por el hecho de que se hubiera muerto, sino por la forma en la que ocurrió y de la que tanto su libertad condicional como el agudo dolor en el pecho que aparecía cuando pensaba en él, le reprochaban y se encargaban de recordarle siempre.
Hyde llegó al estacionamiento de la cafetería. El lugar estaba desierto salvo por un viejo Chevrolet a la vista sin bujías, y una camioneta roja de lanza corta con las iniciales D.T en las placas que estaba estacionado frente a la puerta de cargas. El lugar ya estaba abierto y parecía soleado, algo que no ponía de buen humor a todo el mundo, al menos no a Steven Hyde. O quizá le pareció de ésta forma solo cuando un Cadillac azul se estacionó junto al camino y se vio obligado a quitarse las gafas para contemplar su belleza. Estaba a punto de soltar un piropo con la boca abierta, cuando el dueño se bajó del auto y se acomodó con aire soberbio la cabellera rubia con el efecto del viento que le daba un parecido al príncipe encantador. Hyde lo reconoció de inmediato y se ofendió cuando al verlo, el otro no pareció reparar en su presencia, como si de hecho él no lo recordara.
—Buenos días — saludó Cave alegremente y pasó caminando a su lado como si se hubiera olvidado del incidente en el apartamento de Jackie o peor aún, como si nunca hubiera pasado.
— ¿Qué haces aquí?— Hyde no quiso que las palabras salieran de su boca pero ya lo había dicho antes de pensarlo, a lo mejor estaba pensando en voz alta, pero estuvo seguro de haberlo dicho cuando el otro se volvió para encontrarse con él.
— ¿Perdona, te conozco? – Hyde no solo estaba furioso, también estaba confundido, el mismo había presenciado todo en la casa de Jackie, recordaba a Jackie discutiendo con él. Por alguna estúpida razón se había imaginado que no exista más en la vida de Jackie. ¿Y ahora qué?— pensó.
—No, creo que no. Estaba hablando conmigo mismo ¿sabes? No es como que nosotros…
— ¡Cave! — La puerta se abrió de pronto con un trompazo y Jackie salió disparada hasta los brazos del rubio y se le colgó del cuello en un beso que a Hyde le pareció durar una eternidad. — ¿Qué estás haciendo aquí?— preguntó Jackie emocionada con una risita nerviosa y una voz más aguda de lo normal. — No me dijiste que vendrías…
De pronto sus ojos alcanzaron a Hyde, solo la silueta hizo falta. Hyde no había cerrado los ojos ni había apartado la vista sino que se había limitado a hacer una mueca inexpresiva para relajar los músculos de la cara que se le habían tensado al ver al rubio ese. Sin embargo fue suficiente para llamar la atención de Jackie y hacerla mirar en su dirección.
— ¡Steven! — exclamó ella, esta vez con verdadera sorpresa, no como la fingida y congestionada que había interpretado cuando le saltó encima a su novio. Hyde no entendió porque estaba sorprendida, ella sabía que se verían allí mismo, de hecho habían concertado una cita ¿una cita? Hyde se sobresaltó ante la idea. Que estupidez, ¿Cómo había podido pensar que eso era…? — creí que llegarías más tarde, ¿Cómo llegaste tan rápido?
Hasta ese momento, Hyde no se había dado cuenta de que tenía los brazos cruzados, y cuando relajo la postura vio como Cave vacilaba y bajaba la ceja que había tenido alzada desde que Jackie reparó en su presencia.
—Bueno…— quiso explicar Hyde, pero su buzón lleno de opciones durante la noche se había quedado vacío de repente.
— ¡Ya recuerdo!— ingenió Cave, tan de prisa que había salvado a Hyde de poner una excusa por su temprana llegada y muy a su pesar Hyde tuvo que agradecérselo. No tenía nada en contra suya, era un buen tipo ¿no es cierto? Solo otro tipo más en el mundo, uno insignificante, se decía.
—El que no durmió con tu chica— se apresuró a contestar — sí, ese soy yo.
—No tuvimos tiempo de presentarnos es día ¿cierto?
Hyde no quiso contestar, ¿era una trampa? No quería conocerlo y por lo que lograba recordar sabía muy bien o podía inferir por lo menos que él tampoco estaba interesado en conocerlo. ¿Acaso fingía interés por Jackie?
—No. Es cierto— interrumpió Jackie que había mirado con preocupación a los dos chicos— Él es Steven Hyde, mi amigo de la secundaria. Steven, este es mi novio George Cave.
—Mucho gusto— Cave le extendió la mano con una sonrisa que Hyde no pudo encontrar amenazadora por mucho que se esforzó. Estaba herido por alguna razón, solo que no lograba averiguar por qué.
Hyde correspondió el saludo e intentó no parecer un desequilibrado mental mientras estudiaba el rostro sonriente del rubio para ver si le encontraba algo sospechoso. No lo logró, su sonrisa parecía sincera.
— ¿Por qué no entramos? —sonrió Jackie. Sonreía sí, pero Hyde notaba un leve salto en el parpado inferior de su ojo izquierdo.
Jackie abrió la puerta asintiendo gravemente con la cabeza señaló una mesas y les indicó que les traería bebidas con las manos. Los dos tuvieron que seguir sin ella.
—Entonces —dijo Cave mientras se sentaban en una de las mesas vacías de la cafetería— ¿Qué hace un vaquero de Wisconsin en Chicago?
Hyde no se había ofendido con lo de vaquero, no estaba acostumbrado a tratar con la gente de ciudad, pero tampoco le pareció que su acento lo delatara. ¿Jackie le habría hablado de él y de Point Place? Aun había así algo raro con él, seguía sintiendo cierto resentimiento.
—Tranquilo — contestó Hyde cuando vio que el otro abría la boca tras su silencio, seguramente lo había interpretado como una amenaza de peligro inminente, quizá había pensado que lo había ofendido de alguna forma con esa broma— No me va el sombrero pero supongo que no puedo hacer nada con mi lengua.
Cave rio, su risa también era encantadora, Hyde no podía encontrarle defectos. ¿Por qué buscas defectos? Le dijo una voz dentro de su cabeza ¿Por qué debería molestarte este tipo?
—Tienes un buen sentido del humor— dijo Cave— No esperaba que encontrarme contigo de nuevo, creo que después de nuestro primer encuentro debes pensar que soy malhumorado ¿eh?—Hyde negó ligeramente con la cabeza con una sonrisa entre dientes sin mirarlo a la cara, estaba tratando de averiguar por qué le molestaba tanto alguien tan simpático. — supongo que de todos los amigos de Jackie, eres al que me conviene más ganarme ¿no?
Ahí estaba de nuevo esa punzada en el pecho. ¿Qué era? Por fin lo había descubierto. Fue esa palabra cuando estaban afuera, fue algo que dijo Jackie cuando los presentó. "Amigo" ¿amigo? Hyde no era su amigo. Hyde había sido todo, su amante, su novio, su rival acérrimo y hasta su peor enemigo, pero nunca su amigo; ese era un límite que no estaba dispuesto a surcar. Hyde y Jackie habían flotado sobre la amistad algunas veces pero siempre habían logrado esquivarla con la agilidad de un tigre. Evadían a la amistad como Hyde evadía los compromisos, como Jackie evadía a los mexicanos. La amistad no era algo suyo lo suyo era la guerra, el sexo, quizás hasta el amor, pero nunca la amistad. La amistad de Hyde estaba reservada para personas como Kelso, como Donna pero no para una niñita malcriada y su novio risueño y amarillento de tocador.
Si, así es. Hyde por fin había encontrado la razón por la que el tipo no le agradaba. Simplemente porque era demasiado perfecto, como Jackie. Definitivamente esos dos eran tal para cual, a Hyde no le habría sorprendido si de pronto Cave sacaba un enchinador de pestañas de su bolso y se empezaba a maquillar.
—No creo que te sirva de mucho, Jackie y yo no nos llevamos así de bien ¿sabes? —se explicó Hyde, aunque trato de evitar las palabras clave para no ser tan obvio con lo que quería decirle— es decir… Jackie es algo…
— ¡Oh cielos! ¿Estás bien?— Preguntó Cave de repente. Hyde pensó que se había tardado mucho en responder y se había quedado vagando en sus pensamientos sin darse cuenta pero en seguida supo que no se trataba de eso— ¿Te duele?
Hyde miró hacia donde señalaba y retrajo la mano lastimada como por instinto.
—No tuve tiempo de pensarlo pero ese día la llevabas envuelta también — insistió Cave— debió ser durante el atentado ¿no? — claro que él no tenía sus propias heridas, pensaba Hyde. Si hasta salió corriendo en cuanto empezó todo.
La verdad es que a Hyde no le había dolido últimamente, y hasta podía decirse que se estaba curando cuando Jack llegó a su casa un día y comenzó a golpearlo. Entonces Hyde había escupido el cereal que llevaba en la boca y había rodado hacia el pasillo detrás de la puerta, luego, cuando estaba en suelo, Jack se había encargado de que viera manchas rojas con una patada en la cara cuando se arrastró para levantarse. Había tomado su ventaja y le había pisado la mano vendada con todo el peso que pudo poner, restregando sus quemaduras con su zapato. Hyde habría gritado hasta quedarse afónico si hubiera podido, pero el cereal que alcanzó a tragarse en el primer golpe estaba hecho una masa en su garganta. Las imágenes de lo ocurrido cruzaron brevemente por su cabeza mientras se revolvía incomodo en el asiento, tenía la impresión de que el novio de Jackie estaba mirando dentro de su cabeza.
—No ha mejorado mucho, volví a las vendas— se rio —Cave debió darse cuenta de que lo estaba incomodando porque cambio de tema.
—Jackie y yo nos conocimos en este mismo lugar— le dijo —Un hombre estaba molestándola
"Eres todo un héroe" pensó decir Hyde con tono sarcástico pero se lo tragó recordando el momento de asfixia con el cereal.
–Le gustan los héroes de los comics. Una vez salió con mi amigo el extranjero porque lo confundió con el ratón Pérez.
De repente los dos se echaron a reír, no era tan gracioso por cierto, pero la risa siempre desencadena más risa y más si uno está sentado frente a otra persona que también está riendo.
— ¿Es enserio? — masculló entre lágrimas el rubio, Hyde se encogió de hombros como respuesta.
—Entonces el ratón Pérez una clase de héroe ¿No?
—En mi humilde opinión… si
Los dos volvieron a reír, esta vez más apagado casi por los nervios.
— ¿Cómo estaba molestándola ese hombre?— preguntó Hyde, no sabía si quería saberlo.
—En realidad la hice comprarme una cerveza y cuando volvió la pesque en el estacionamiento. La pasamos muy bien desde entonces. Es una buena chica.
Hyde no pudo evitar reírse, aquello era una buena broma, Jackie ¿una buena chica? Si claro, entonces él era Superman. Luego la idea le vino a la cabeza, si él hubiera estado ahí para defenderla de ese hombre, Jackie no saldría con Cave.
— ¿Cómo se conocieron ustedes?
Hyde hizo un recorrido mental por sus frases favoritas para responder con sátira, luego pareció inclinado por la idea de contar la verdad, titubeo por un segundo ante sus recuerdos, uno donde su madre estaba limpiando el baño de los padres de Jackie, y el otro donde Kelso la presentaba en el sótano a su grupo de amigos como "su novia", no dio resultado, no se convenció.
—No lo recuerdo— fue su respuesta. Cave se llevó su bebida a la boca y volvió a inclinarse sobre el asiento
— ¿Estas casado?— le preguntó. Hyde miró su mano llena de anillos, los repasó con cuidado con la mirada: uno era de su madre en su meñique, el segundo había pertenecido a su primera víctima de robo discreto, el último y su favorito… era de la Sra. Forman, se lo había obsequiado cuando Hyde le contó que pensaba proponerle matrimonio a Jackie y fue a buscarla a chicago.
—No. Ya no.
La conversación volvió a interrumpirse por un silencio que no quiso romperse, cada uno parecía inmerso en sus propios pensamientos. Entonces Jackie volvió.
—Cerveza para ti y…— giró hacia su novio— ¿Qué te gustaría beber?— dijo enseñando dos vasos diferentes. Hyde supo reconocer ambas bebidas, se hubiera burlado de Jackie si no hubiera estado tan preocupado por el sujeto frente a él.
—Cuéntame— empezó Cave de nuevo cuando sus pensamientos lo devolvieron a la realidad— ¿Qué te trae por aquí?
Hyde se dio cuenta de que había dejado esa pregunta sin responder antes, pero el otro parecía muy pendiente de la respuesta. Casi como si… la supiera
—Jackie y yo vamos a dar un paseo por Atlanta.
La mirada de Cave era la respuesta que Hyde buscaba, confirmaba lo que había estado pensando, había un brillo en sus ojos, único en su especie, pero él lo conocía de sobra.
—No te ves sorprendido— insistió Hyde y entonces la mirada del otro flaqueo por un instante, a Hyde le gusto ese poder.
—Es por un proyecto en el que nuestra amiga Donna está trabajando para el periódico de Nueva York. — dijo Jackie, tan rápido que las palabras cobraron un efecto nervioso. Hyde se dio cuenta de que le temblaba el mentón. ¿Por qué le mentía? ¿No le había contado lo de Fez? Quizá todavía no le tenía tanta confianza. Aquella sola idea hizo que Hyde se descubriera sonriendo con esa malicia tan característica, aunque no por eso la borró.
—Bueno me voy—Anunció Cave— Yo solo vine a verte, hermosa. — Hyde se asqueó por un momento— Quería saber cómo estabas pero parece que estas en buenas manos ¿eh?
Cuando se levantó para abrazarla le guiñó un ojo a Hyde, tal vez se lo había imaginado pero no entendió lo que quería decirle con eso.
—Nos vemos.
Jackie acompañó a Cave de vuelta a la puerta donde Hyde descubrió que todas sus preocupaciones, de hecho tenían sustento. Cave llevaba una playera conocida, una que Hyde había visto antes. Él sabia, sabía que había visto a Cave en otra parte, en algún lugar, en algún momento crítico, así es. Ese día, el día que murió Red. Sus pensamientos no duraron mucho. Podía ver a Jackie sonriendo frente al cristal de la puerta, palabras salían de su boca, palabras que Hyde no escuchaba. Algo andaba mal. No comprendía qué, pero se sentía intimidado por la incertidumbre.
— ¡¿Steven?! — Hyde volvió la atención a la camarera y se dio cuenta de que había estado perdido en sus pensamientos. — dije que mi turno no ha terminado, hoy tengo que…
Pero Hyde volvió a perderse. No estaba escuchando a Jackie, a veces él hacia eso. Un súper poder que había que desarrollar cuando uno salía con ella. Y para tres años de la vida de Hyde había sido una verdadera arma de doble filo. Pero esta vez no era intencional, podía notar como un sonido agudo quebraba sus palabras, como un hilo de agujas atravesándole por el cráneo. ¿Era alguna especie de presentimiento?
—Jackie… ¿Dónde conociste a tu novio?— dijo sin querer, se le había escapado.
—Aquí mismo, ese día había mucha gente y estaba muuuy cansada…
De nuevo se quedó sordo. Algo no iba nada bien. Podía sentirlo. Comprendió que Jackie seguía hablando solo cuando vio el movimiento de sus labios, para entonces, el mareo se había apoderado de la firmeza de sus rodillas y sentía el temblor de sus piernas recorriéndole despacio por la toda la espalda. No había sentido ese dolor desde… desde el día del concierto.
—Jackie…—dijo él— deberíamos irnos ahora.
— ¿De que estas hablando? Ya te dije que todavía no termina mi turno, he estado ocupada poniendo los…
Un dolor estomacal seguido de fuertes calambres, le dobló el cuerpo por la mitad. Hyde consiguió erguirse sin mucho éxito, Jackie lo miraba y abría la boca con un gesto preocupado. Él no quería desmayarse aunque eso fue lo primero que paso por su cabeza.
—Estoy bien— anunció al ver que otros se acercaban. Seguramente Jackie había gritado su nombre en voz alta con esa dramatización característica— Necesito salir un momento.
Hyde corrió fuera de la cafetería con las imágenes vividas de Jack golpeándole la cara, el peso de su cuerpo mientras se arrastraba, quemando como solo había quemado el aire de la explosión que le dejó ardiendo todo el brazo y los ecos de varias voces que gritaban horrorizadas en busca de ayuda en medio de las explosiones. Por ultimo divisó a Red, entre el humo, entonces se retorció tosiendo, y se apoyó en el capo de su camioneta conteniendo la respiración, el dolor comenzó a ceder con el aire. Y como si el oxígeno hubiera recobrado su compostura relajó las piernas y se recargó recuperado. No entendía lo que le había sucedido. Había sido solo por un momento. Pero había dolido de verdad. No podía haber alucinado un dolor así. Todo está bien, no pasa nada, se dijo a sí mismo por primera vez. Y como si le hubiera leído el pensamiento, otra voz le respondió detrás.
—Yo no estaría tan seguro— dijo la voz y Hyde giró la cara para encontrarse con el agujero de la pistola que tenía pegada en la cabeza.
