Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de assilem33, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from assilem33, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

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Capítulo 23: Definitivamente voy

—Leí en algún lugar una vez que se necesitan tres días para obtener una licencia de matrimonio en Florida —informo, sosteniendo la mano de Edward mientras entramos en el ascensor.

Es el día después del cumpleaños de Edward, y ambos dormimos hasta tarde. Despertar uno al lado del otro hace que mi corazón se caliente. Me gusta cuando sus ojos comienzan a abrirse, su sonrisa estira lentamente sus labios hasta que sus hoyuelos son lo suficientemente profundos como para meter mi lengua; es tan hermoso que me duelen los ojos al mirarlo.

Edward aprieta el botón del vestíbulo y se voltea hacia mí.

—¿Sí? ¿Cuándo leíste eso?

—Bueno, quiero decir, esta mañana, si soy sincera —le cuento, rodeando su cintura con un brazo y mirándolo—. ¿No crees que es extraño cómo puedes escribir lo que quieras en Google y simplemente aparece como un vudú mágico? Le pregunté, bueno, tal vez sea ella en realidad, de todos modos, le pregunté a Google cuánto ama Edward Cullen a Bella Swan y... —me empiezo a reír y empujo mi frente contra su pecho—... esto es tan gracioso. Google dijo que eras un vampiro telepático... —me río con tanta fuerza que me empieza a doler el estómago.

—Swanie —dice Edward, riendo.

Levanto la cabeza, todavía riendo un poco, y él me mira fijamente, esperando que continúe.

—Sé que no eres un vampiro, vaquero. Obviamente se trata de un Edward Cullen diferente.

Ahora Edward se está riendo y yo lo estoy mirando porque en serio su risa es fuera de este maldito mundo.

El ascensor suena y las puertas se abren, y salimos al vestíbulo del hotel.

—¿Cuánto dijo Google que Edward Cullen amaba a Bella Swan? —pregunta.

—Oh, más que la vida —indico.

—¿Sí?

Entramos en el sol de Florida y lo miro de reojo, nuestras sonrisas coinciden.

—Sí.

Me besa y me derrito contra él.

—Este Google es bastante inteligente, Swanie.

Asiento y beso su mejilla.

—Yo también pensé lo mismo.

Después de que estamos abrochados en su camioneta y en el camino en busca de almuerzo, tomo su mano y la sostengo en mi regazo. Incluso sus dedos son hermosos. Sostengo su mano con una mía y trazo cada parte de su mano con la otra.

—Me gustan tus manos —murmuro.

—Gracias, cariño —responde.

—Entonces, sobre esa licencia... —En serio, no puedo dejar de pensar en eso.

—Vamos a ir a buscarla —me dice, apretándome la mano—. Te voy a dar de comer y luego nos vamos.

Mi estómago revolotea con un millón de mariposas.

—¿Realmente nos vamos a casar?

—¿No quieres? —pregunta él.

Lo miro como si estuviera loco.

—Sí. Quiero decir, si quieres. ¿No quieres?

—Sí, Swanie, quiero casarme contigo.

—La gente va a pensar que estamos locos —comento—. No me sorprendería si mi papá literalmente me mata.

—No dejaría que te matara —contradice Edward, riendo.

—¿Cuál es la diferencia entre casarse hoy o dentro de dos años? —inquiero—. Si te amo tanto después de dos semanas, esperar dos años no va a cambiar eso. Cuando sabes, sabes, ¿sabes?

—Sí —concuerda Edward, estacionando en una marisquería. Se mueve y quita su mano de la mía, pero envuelve su brazo alrededor de mí, atrayéndome hacia su cuerpo—. ¿Le vas a decir a tu mamá y papá?

—¿Vas a contarle al tuyo? —pregunto, presionando los botones para liberar nuestros cinturones de seguridad.

—Ya lo hice —indica sonriendo.

—¿Qué, cuándo?

Me besa, un lindo besito en mi boca abierta.

—Ayer.

—¿Y?

—¿Y qué, Swanie? Lo que ellos piensen no me haría cambiar de opinión.

—No, quiero decir, ¿qué les dijiste?

Se ríe y niega con la cabeza.

—Que nos vamos a casar.

—¿Eso es todo? —Necesito saberlo más de lo que necesito almorzar ahora mismo.

Se encoge de hombros, levanta los ojos por encima de mi cabeza antes de escanear mi rostro, luciendo un poco tímido y realmente adorable.

—Les dije que ya te amo y que tengo la intención de conservarte para siempre y hacerte muchas cosas sucias...

—Cállate —respiro, sintiendo mi cuerpo caliente desde el interior hacia fuera.

—Dejé de lado la parte de hacerte cosas sucias —dice, riendo—. Mi mamá me hizo mandarle una foto tuya y papá solo quería saber si esto iba a retenerme de volver al trabajo.

—¿Cuál enviaste? —inquiero, porque seamos realistas, esto es tremendamente importante—. ¿Me veía linda?

—Siempre te ves linda, nena.

—Aww, eres dulce, vaquero —alabo efusivamente y beso su mandíbula—. Pero en serio, ¿qué foto?

Se ríe y empuja la puerta para abrirla, jalándome sobre el asiento.

—La de la playa.

—Hay toneladas de fotos en la playa —replico, deslizándome de la camioneta.

—Estabas sentada en mi regazo.

—Oh, Dios mío, ¡le enviaste una de mí prácticamente teniendo sexo contigo! —grito y luego miro alrededor del estacionamiento, esperando que nadie escuche eso—. ¡Edward!

Está riendo y sonriendo de nuevo, y en serio le está haciendo cosas a mi maldito corazón.

—Fue una buena foto, Swanie.

Le doy un tirón a su mano y lo detengo.

—Muéstrame cuál —le exijo, extendiendo mi mano, pero él se queda ahí mirándome como si pensara que estoy siendo graciosa o algo así—. Las primeras impresiones son importantes, ¿sabes?

—Nena —dice, abrazándome, solo nena.

—Vaquero —le contesto, pellizcando sus costados, haciéndolo sacudirse contra mí.

—Ella dijo que eras hermosa, Swanie —me cuenta, echando mi cabeza hacia atrás con un puño en mi cabello.

—¿De verdad? —pregunto.

—Sí.

—Está bien —respiro, mis labios se levantan una pizca.

—Está bien —sonríe, besándome antes de soltarme y empujarme a través de las puertas para almorzar.

Ya que Edward le dijo a su mamá y papá, yo tendré que decirles a los míos. Mamá probablemente se sorprenderá, pero aceptará. Creo que papá se enojará conmigo y probablemente me gritará.

Para el almuerzo, Edward me pide todo lo que hay en el menú que no está relacionado con los mariscos: pan de ajo, papas fritas y palitos de mozzarella, y él pide cangrejos, camarones y champiñones rellenos. Huele delicioso, pero sé que mis papilas gustativas lo rechazarán. Desafortunadamente, se alimenta solo, pero después compartimos un helado.

En el camino para obtener nuestra licencia de matrimonio, le envío un mensaje de texto a mamá diciéndole que la llamaré más tarde. Mi estómago está hecho un manojo de nervios de solo pensarlo. No me malinterpreten, me casaré con Edward sin importar lo que digan, pero a nadie le gusta que sus padres se enojen con ellos.

Papá es protector y estricto, menos ahora que soy oficialmente una adulta, pero tiene opiniones y no rehúye a expresarlas. No podré manejarlo si dice cosas malas sobre Edward.

Mamá ya piensa que Edward es un dios, ¿y quién podría estar enojado porque me case con un dios?

¿Debería estar preocupado?, responde mamá.

¡Sí!

No, respondo de vuelta.

Mientras solicitamos la licencia de matrimonio, no puedo dejar de sonreír. Edward niega con la cabeza, pero su sonrisa refleja la mía. Está tan feliz como yo.

No puedo creer que nos vayamos a casar.

—Necesito un vestido —informo una vez que estamos de vuelta en la camioneta.

—Odias usar vestidos —me recuerda mis propias palabras, lo que calienta mi corazón ya que recordó que incluso dije eso.

—Lo sé, pero me casaré contigo usando un vestido. Uno bonito. ¿Podemos casarnos en la playa?

—Nos casaremos donde quieras.

Abrazo su brazo y beso su hombro.

—¿Podemos ir al centro comercial?

—¿Quieres ir de compras? Quería volver a la cama —dice, sonando muy serio—. ¿No estás cansada, Swanie?

Dios, me duele la cara de sonreír tanto.

—¿No quieres ayudarme a elegir un vestido?

—Estoy pensando que se supone que es de mala suerte.

—Quiero tu ayuda —le pido—. Puedes verme probármelos todos y decirme cuál te gusta más. Sé que la gente siempre mantiene sus vestidos en secreto y espera para mostrárselos a sus novios, pero no me importa nada de eso.

—Está bien, Swanie —accede—. Vamos a conseguirte un vestido.

—Bien.

—Después volveremos a la cama —ordena—. Quiero pasar los próximos tres días dentro de ti.

—¿Sin comida ni agua? —bromeo, pero en serio, estoy totalmente de acuerdo.

—Todavía te dejaré alimentarme, nena —indica sonriendo.

—No puedo esperar.

Me mira y me hace un guiño lento; no sé cómo o por qué los guiños son tan jodidamente sexys, pero cuando lo hace, simplemente lo es.

—Eres tan lindo —susurro—. Seremos rápidos con el vestido.

—Lo que quieras, Swanie.

—De hecho, te quiero más que un vestido —le digo, frotando una mano por su muslo—. Pero no quiero casarme en pantalones cortos, así que buscaremos un vestido y luego regresaremos al hotel, para que puedas hacerme el amor todo el día y toda la noche.

—¿Sí?

—Sí, así que conduce más rápido.

Edward se ríe, pero va un poco más rápido.

Una vez que estamos en el centro comercial, arrastro a Edward al vestidor y lo empujo al banco.

—Espera aquí. —Luego lo beso, más largo de lo que pretendía, pero en realidad más corto de lo que ambos queríamos.

Elijo tres vestidos diferentes y me deslizo en el vestidor al lado del que empujé a Edward y me pongo el primero. En realidad, es mi favorito, así que no estoy segura de por qué traje los otros dos aquí.

Me lo pongo y me miro en el espejo.

Santa mierda.

Los tirantes delgados están atados con tul en los hombros con un cordón en el medio, y el material crema se detiene en la mitad del muslo con piezas más largas cortadas para colgarlas hasta los tobillos. El tul comienza en mi cintura y fluye hasta el suelo, tan largo que se arrastrará detrás de mí.

Ni siquiera parezco de diecinueve con esto.

Es asombroso.

Agarro mi ropa y mis zapatos, los llevo conmigo al vestidor de al lado, sabiendo que este es el indicado y que no necesito molestarme con los demás. Quito el seguro y abro la puerta, encontrando a Edward con la cabeza inclinada hacia su teléfono. Dejo mi ropa y mis zapatos en el banco junto a él, y mi corazón casi se sale de mi pecho cuando levanta la cabeza y sus ojos se fijan en el vestido.

—Joder, Swanie —respira, agarrando mi cintura.

Me encojo de hombros, trago y sonrío.

—Odio los vestidos.

—Cállate —dice, colocándome en su regazo, así que estoy a horcajadas sobre él—. Eres tan jodidamente bonita, nena. ¿Te vas a quedar con este?

—¿Te gusta? —pregunto, besando su mejilla, su mandíbula, su maldito cuello.

Él asiente con la cabeza y saca mi cabeza de su cuello y aplasta sus labios contra los míos, besándome con rudeza, sus manos tirando de mí más fuerte contra él. No sé cuánto tiempo nos besamos en este vestidor, pero cuando se aparta, sus labios están rojos, hinchados y húmedos y se ve tan jodidamente caliente.

Él gime cuando me muevo para ponerme de pie, y mis piernas son como gelatina.

—Me cambiaré para que podamos irnos.

—Sí, Swanie —asiente, lamiendo sus labios—. ¿Qué son esos? —Él mira mis pies, las sandalias sin suelas que elegí.

Extiendo mi pie, empujando el tul fuera del camino.

—Son joyas. Voy a estar descalza en la arena y parecerá que estoy usando sandalias cuando no las tenga. Lindas, ¿eh?

—Realmente lindas —confirma, sonriendo dulcemente, pero la forma en que sus labios lucen hinchados es lo más sexy que he visto en mi vida.

Me quito el vestido y lo cuelgo del gancho, vistiéndome rápidamente para poder salir de aquí.

Después de ponerme las chanclas, agarro el vestido y las joyas y saco a Edward del banco.

—Podemos irnos ahora.

—Está bien —acuerda, besando un lado de mi cabeza.

—Estoy exhausta de repente. Necesito una siesta.

—Claro, nena —dice, levantando la barbilla para que yo abra la puerta—. No estarás durmiendo la siesta en esa cama.

—¿No?

Abro la puerta y él esconde su nariz en mi cabello.

—No. Voy a hacer más que hacerte el amor, y estarás despierta para eso.

—Está bien.

—Está bien —repite, apretando mi trasero antes de empujarme suavemente por la puerta.

—Tengo curiosidad por saber qué implica más que hacer el amor —comento, mirando por encima del hombro. Besa mis labios y niega con la cabeza.

—Ya verás, Swanie.

—Bien.

—Bien —dice, riendo.

El viaje tarda medio año, pero cuando Edward empuja la puerta para abrirla, estoy rebotando de emoción.

Suavemente dejo mi vestido en una silla en la esquina y me giro para mirar a Edward.

—De verdad quiero esto de más que el amor.

Él sonríe y muero.

—Ven aquí, cariño —pide.

Definitivamente voy.