Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de assilem33, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from assilem33, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

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Capítulo 24: Voy a ser esposa

Edward fue a recoger la cena, dejándome sola en la habitación para llamar a mamá y papá y darles la noticia de que nos casamos mañana en la playa más bonita que he visto.

He pospuesto la llamada telefónica durante dos días, e incluso ahora, soy una especie de gallina.

Honestamente, mamá se sorprenderá, pero lo aceptará. Es papá el que me preocupa. Siempre ha sido protector y brutalmente honesto, probablemente de donde lo saqué.

Decidiéndome en contra de FaceTime, llamo al teléfono de mamá casi deseando que no responda.

Hola, cariño —saluda.

—Hola, mamá. ¿Qué estás haciendo?

Oh, solo sentándome a ver un episodio de Criminal Minds.

—Me olvidé de ese programa —comento, un poco emocionada. Voy a tener que buscarlo en Netflix y que Edward lo vea conmigo. Sin embargo, comenzaremos desde el principio—. Sigo pensando que Derek y García deberían haberse quedado juntos.

Tú y yo, ambas, cariño.

—¿Qué está haciendo papá? ¿Está sentado?

¿Por qué? —pregunta, su voz baja como si supiera que algo viene que va a hacer estallar a papá.

—Bueno, tengo algunas noticias, pero espera, ¿puedes ir a tu habitación para que yo pueda decírtelo a solas primero?

Eso no es nada sospechoso —especula, pero puedo escucharla caminar y moverse. Una vez que se cierra la puerta del dormitorio, dice—: Cuéntame.

—Está bien. Puede parecer loco, pero si lo conoces como yo, no lo pensarías —comienzo, sonriéndome a mí misma, con el estómago calentito de solo pensar en Edward—. Es tan increíble, mamá, y el hombre más dulce y adorable que he visto en mi vida...

Lo entiendo, cariño.

Tomando una respiración profunda, me armo de valor para simplemente expresarlo.

—Nos vamos a casar.

Está bien, guau, se siente bien decirlo y además me gustan esas palabras.

Nos vamos a casar.

¡Qué! —chilla mamá en mi oído—. Querido Señor, ¿acabas de decir lo que creo que acabas de decir?

—Mamá…

Dulce Señor, tu papá va a enloquecer, Bella.

—Mamá…

Esto es tan repentino —continúa, y puedo decir que está paseando por la habitación porque suena sin aliento.

—Cuando lo sabes, lo sabes —le digo, encogiéndome de hombros, aunque ella no puede verme—. Lo amo, mamá. Como amarlo en serio. Es irreal. Estoy malditamente obsesionada con él. Deberías ver cómo me trata, cómo me mira...

Esas imágenes cuentan una historia —indica—. ¿Cuándo?

Me encojo y me muerdo el labio.

—Mañana.

Vaya, Bella. ¿Quieres que llame a papá aquí? Solo tienes que decirlo de una vez. Como arrancar una curita, hazlo rápido.

—Se va a enojar —murmuro.

—concuerda ella, otra vez honesta—. Pero lo superará. No tiene otra opción. Eres una mujer adulta. Sí, es pronto, cariño, pero confío en tu juicio. Nunca has sido una tonta. Gracias a Dios este viaje no terminó contigo apuñalada sesenta y ocho veces y dada por muerta.

—¡Mamá!

Tal vez debería tomarme un descanso de Criminal Minds —explica, luego cubre el teléfono y grita—: ¡Charlie!

—¿Qué tan enojado crees que va a estar? —pregunto, mordiéndome el labio, nerviosa.

Oh, cariño —susurra mamá, con la voz llena de simpatía, y me estremezco cuando escucho a papá en la habitación ahora.

Debería colgar.

¿Bells? ¿Estás bien?

¡Oh Dios mío!

—Hola, papá. Estoy bien. ¿Cómo te va?

Bueno, las cosas mejorarán una vez que sepa que estás en casa sana y salva. ¿Todavía estás en Florida?

—Uh... —Desearía que Edward estuviera aquí. Creo que mirar fijamente su hermoso rostro ayudaría—. Sí, estamos en Siesta Key. Me estoy divirtiendo mucho. ¿Mamá te ha estado mostrando todas las fotos que he estado enviando?

Las he visto —comenta, y por alguna razón puedo decir que se está pasando una mano por la cara, molesto—. ¿Cuándo vendrás a casa?

—La cosa es…

Ni siquiera pienses en decirme que no vas a volver a casa —amenaza antes de que pueda terminar—. Lo juro, Bells, me subiré a un avión y te arrastraré a casa si es necesario.

¡Charlie! —lo regaña mamá—. No seas ridículo.

Gracias a Dios mamá es del equipo de Bella y Edward.

—Papá —empiezo—. Mañana me caso, me caso con Edward —escupo las palabras rápidamente, y me avergüenza admitir que mi voz tembló un poco.

Silencio.

Eso es todo lo que escucho en el otro extremo: un completo silencio.

—Papá…

Estás bromeando —dice con calma y eso es más aterrador que la rabia.

—No estoy bromeando —explico, levantándome de la cama y dando vueltas por la habitación—. Realmente nos casaremos mañana en la playa. Sé que es rápido...

Él se burla.

¿Lo crees? Subirse a una camioneta con un hombre y conducir por todo el país fue una tontería, pero ¿casarte con él? ¡Has perdido la cabeza, jovencita!

—No lo he hecho—contradigo, apretando mi teléfono con un agarre mortal—. Lo amo...

¡Ni siquiera lo conoces!

—¡Lo hago!discuto, al borde de las lágrimas, lágrimas de rabia—. Dice que lo dejo sin aliento, que cree que soy el amor de su vida...

No me dijiste eso —escucho a mamá respirar al otro lado de la línea.

La puerta de la habitación se abre, pero la ignoro, tratando de que papá comprenda cuánto quiero esto.

—... Siento lo mismo, papá. Sé que solo han pasado un poco más de dos semanas, y todo esto es una locura, pero que él es el indicado. Creo que lo supe en el segundo en que me miró en el avión. —Respiro profundo, contengo las lágrimas no deseadas y espero que papá continúe diciéndome lo idiota que soy.

Mi cabello está recogido en un puño y siento a Edward detrás de mí. No dice nada, pero el suave beso en mi hombro casi me mata. Me vuelvo y lo miro por encima del hombro, y él sonríe y levanta la barbilla.

—¿Estás bien? —susurra, una mano envolviendo mi cintura.

Yo asiento con la cabeza y luego salto cuando escucho la voz de papá en mi oído.

¿Se supone que debo aceptar esto? —pregunta él.

—Sí, papá —afirmo, enderezando la cabeza para no mirar a Edward a los ojos, son demasiado para tomar en este momento.

¿Nunca te entregaré en el altar? —pregunta, y se siente como si me hubiera dejado sin aliento.

—¿Qué? —respiro y la mano de Edward se aprieta en mi cabello y alrededor de mi cintura.

El teléfono se mueve en el otro extremo y luego mamá vuelve a la línea.

Está molesto, cariño.

—Mamá…

Dios, quiero jodidamente llorar.

Todo saldrá bien. No te preocupes. Estoy feliz por ti, cariño. Será mejor que vaya a ver cómo está.

—Está bien —le digo, tomando una respiración profunda y parpadeando mucho para que las lágrimas se mantengan alejadas.

Ambos te amamos.

—Yo también los amo.

Mamá cuelga y dejo caer el teléfono, sintiéndome la mayor idiota del mundo porque papá está molesto, pero también porque no quiero no casarme con Edward mañana por eso.

—Swanie… —habla Edward, soltando mi cabello.

—Papá está enojado —le explico, volviéndome hacia él, mi nariz pica con la necesidad de llorar en sus brazos, en su lugar abrazo su cintura, poniendo mi mejilla en su corazón. Puedo escuchar el ritmo constante y me hace sentir mejor.

Una de las manos de Edward se aplana contra el costado de mi cabeza, sosteniéndome contra él.

—¿Sabías que me amabas en ese avión, Swanie? —pregunta Edward.

Asiento con la cabeza.

—Sí —confirmo—. Fue amor a primera vista. —Sonrío cuando su mano se aprieta en mi cabello—. Entonces me sonreíste. Fueron los hoyuelos los que me convencieron. Ah, y tú diciendo cosas con ese acento de vaquero y tirando toda la mantequilla de maní en tu casa.

Edward se ríe y levanto la cabeza, la suya desciende y me pongo de puntillas para que nuestras bocas se encuentren en el beso más dulce de mi vida.

—¿Todavía quieres casarte conmigo, nena?

—Nunca he querido nada más en mi vida —afirmo, y me derrito cuando sonríe.

—Lamento que él esté enojado, nena. Estoy pensando que no va a permanecer de esa manera.

Mi teléfono emite un pitido en la mano, aplasto los pies y leo la pantalla.

Serás una hermosa novia, escribe papá, haciendo que mi corazón esté feliz y triste.

Le muestro a Edward la pantalla y él sonríe suave y dulcemente.

—Tengo que orinar —le digo, aclarando mi garganta.

Edward asiente y besa mi mejilla antes de dejarme llorar como un bebé en el baño. Una vez que dejo salir todo, me siento mejor. Me lavo la cara y respiro profundamente, sintiéndome muy feliz.

No puedo creer que me case con Edward mañana.

Voy a ser Bella Cullen.

Chip va a ser nuestro perro.

¡Qué malditamente dulce es eso!

Edward está en la cama, la cena olvidada en sus bolsas de plástico. Tengo más hambre de él que de cenar.

—¿Podemos hacer eso que hicimos en Orlando? —pregunto, subiéndome al regazo de Edward. Está descansando sobre todas las almohadas, un brazo detrás de su cabeza, sus ojos en la televisión. Bueno, estaban en la televisión hasta que me senté sobre él—. Me gustó, me gustó mucho.

—¿De verdad? —bromea, sus manos moviéndose a mis caderas, sonriendo como el dios sexy que es—. Si lo quieres, te lo doy, Swanie.

Asiento y envuelvo mis manos alrededor de su cuello, inclinándome para besar sus labios.

—Lo quiero, vaquero —pido, lamiendo su boca, sonriendo cuando sus brazos se aprietan y me tira más fuerte contra él.

—¿Estás bien, nena? —cuestiona, y malditamente lo amo.

—Sí. Nos casaremos mañana —indico, abriendo mucho los ojos y apretando sus mejillas—. Estoy tan emocionada. ¿Tú no?

—Sí —sonríe, frunciendo los labios para un beso, santo cielo, es muy lindo, y presiono mis labios contra los suyos.

—Entonces, volviendo a lo de Orlando… —digo contra su boca, temblando cuando sus ojos se vuelven completamente melosos.

—¿Te vas a dejar la ropa puesta? —inquiere, agarrando mi camisa y levantándola. Levanto las manos y dejo que lo haga. No estoy usando sostén, y sus manos inmediatamente ahuecan mis dos pechos, sus pulgares se deslizan por mis pezones, haciéndome temblar. Se inclina hacia delante y captura uno en su boca, y yo rastrillo mis manos por su pelo y lo jalo un poco—. ¿Estás mojada para mí, Swanie?

—No creo que haya habido un momento en que no lo estuviera —susurro sinceramente, y él me mira con esos hermosos ojos y muerde mi pezón, suavemente, pero me hace cosas, cosas buenas. Cuando sonríe con mi pezón entre los dientes, muero. Estoy literalmente muerta.

Sus manos se sumergen en la parte de atrás de mis pantalones cortos, agarrando mi trasero mientras le da a mi otro pezón la atención que se merece, y estoy cerca de arrancarle el cabello de su cuero cabelludo cuando termina conmigo.

—Ponte de pie, nena —pide, y lo hago de inmediato, de pie frente a él mientras me quita los pantalones cortos y la ropa interior. Se hace hacia adelante, con las manos envueltas alrededor de la parte posterior de mis muslos y me besa justoallí. Mis rodillas se tambalean cuando lo hace de nuevo, y me sonríe.

—Tengo hambre, Swanie.

—Bien. —Deslizo mis dedos por su cabello y lo acerco—. Siempre te estoy alimentando —bromeo, riendo antes de que se convierta en un gemido cuando su lengua se desliza dentro de mí.

Dios santo, me encanta cuando hace esto.

Sus manos se aprietan mientras me jala más cerca, su lengua lamiendo y chupando, y mis piernas tiemblan tanto que se doblan. Se aparta de mí y me vuelve a acostar en la cama. Su boca está reluciente, y está muy caliente. En serio, ¿cómo está tan caliente?

Paso mis dedos por sus labios, sintiendo mi propia humedad y me estremezco cuando besa mis dedos.

—Eres jodidamente dulce, nena —dice, deslizándome por la cama. Lame un camino hasta mi estómago, entre mis senos y a través de mi clavícula antes de pellizcar mi cuello. Luego me susurra al oído—: ¿Quieres darte la vuelta para mí?

—Sí —respiro, volviéndome hacia el estómago y poniéndome de rodillas, queriendo sentir vergüenza, pero con Edward, no hay razón para tenerla.

—Joder, Swanie —murmura con voz ronca, deslizando una mano por mi columna, haciéndome arquear ante el toque rudo—. ¿Te gusta así? —Asiento sin siquiera estar segura de que pueda verme, pero desliza un dedo dentro de mí y pone todo su peso en mi espalda mientras se inclina sobre mí—. Te lo voy a hacer rudo, ¿sí? Quiero verte tocarte mientras te lo hago. —Empuja mi cabello fuera de mi cara, su dedo todavía se desliza hacia adentro y hacia afuera, y besa mi mejilla. Puedo sentir sus labios estirarse en una sonrisa, y eso me pone tan caliente—. Eres tan jodidamente bonita.

—Tú también —le digo, empujando hacia atrás en su dedo y levantando mi cabeza para que me bese los labios. Lo hace, y me derrito en él.

—¿Me amas? —Asiento y muerdo su labio, quejándome un poco cuando saca su dedo, lo que lo hace sonreír con esos hoyuelos—. ¿Quieres hacer el amor, Swanie, o quieres que te folle?

—Estoy pensando que quiero hacer el amor contigo, pero lo quiero rudo como si estuvieras follándome —confieso, y él se desliza en mi interior, mordiendo mi labio mientras lo hace—. Auch —me quejo, pero no sé por qué, porque no fue una mordida dura.

—Swanie...

—No, no pares. Lo siento. No dolió —pido cuando deja de moverse—. Fue un buen auch. Por favor, no te detengas, vaquero.

Se levanta de mi espalda, agarra mis caderas y me empuja bruscamente hacia su erección. Mis brazos se deslizan por el colchón mientras lo hace una y otra vez, moviendo sus caderas rápido y ásperamente, sus dedos enterrándose en mis caderas.

—Nena —dice, sin aliento y muy sexy—. Muévete conmigo. Sí, así.

Mis dedos se enredan en las sábanas, y aunque me encanta cuando lo hace todo dulce y caliente la mayor parte del tiempo, también me encanta así.

Edward me levanta sobre mis rodillas, todavía enterrado dentro de mí y desliza su mano por mi brazo hasta que su mano cubre la mía, guiándome, instándome a tocarme. Me ayuda, nuestros dos dedos se deslizan en sincronía mientras continúa follándome. Me gusta que sea rudo, pero no fuera de control y poco atractivo. Me encanta que frota su nariz a lo largo de mi mejilla y me besa, besos con la boca abierta mientras recupera el aliento. Muerde mi hombro y apoya la barbilla allí, la cabeza colgando, el cabello húmedo por el sudor mientras observa nuestros dedos, sin soltarlos mientras bombea dentro y fuera de mí.

—Eres una chica tan buena, Swanie. ¿Quieres correrte?

—Sí —murmuro y jadeo cuando me besa el cuello y me empuja hacia adelante.

—Sigue, nena. Hazte correr. —Coge velocidad, haciendo que mi corazón casi se salga de mi pecho. Mis dedos se arremolinan, y puedo sentir que está justo allí.

—Eres tan caliente, vaquero —le cuento, volviendo la mejilla y apoyándola en la almohada. Pensarías que me sentiría rara hablando en un momento como este, pero cuando hablo, Edward me lo hace más rápido, me aprieta más fuerte.

—Dime que me amas —gruñe, apartando mis dedos y tomando el control—. Te quiero escuchar decirlo.

—Te amo —le digo de inmediato. Si quiere escucharlo, lo gritaré todos los malditos días.

Él gime y me arqueo hacia atrás cuando comienza a extenderse a través de mí. Sé que lo siente cuando gruñe y detiene sus embestidas antes de ganar velocidad, sus dedos se mueven tan bien contra mí.

—Mierda…

Entierro la cara en la almohada y jadeo, tal vez incluso un gemido agresivo, lo cual es vergonzoso, mientras me corro con él dentro de mí. Él se corre segundos después, empujando bruscamente dentro de mí y permaneciendo allí, cayendo encima de mí y presionándome contra el colchón.

—Swanie...

—¿Mmm? —digo, volviendo mi rostro hacia un lado de nuevo.

Besa mi mejilla, descuidado y perezoso, y me hace sonreír.

—Sabes que yo también te amo, ¿no? —Asiento y me besa de nuevo, saliendo lentamente. Lo extraño de inmediato. Se acurruca a mi lado y me pone medio encima de él, él de espaldas—. Creo que me encantará tenerte para siempre.

—Lo mismo, vaquero. —Él sonríe y muerde mi labio—. ¿Qué hay para cenar?

—Hamburguesas —informa—. Fui a este lugar al final del camino, pero vi maní en todo el puto menú y me fui.

—Me gustan las hamburguesas —le digo—. Gracias por no querer matarme.

—Cállate —se ríe, levantando la cabeza para darme un beso áspero en los labios antes de deslizarse de la cama. Se pone los calzoncillos y saca una de las sillas de la pequeña mesa redonda—. Ven aquí, nena.

Me arrastro desde la cama y deslizo su camisa por mi cabeza. Me lleva a su regazo y abre los recipientes, haciéndome la boca agua.

—Me muero de hambre —comento. Extiendo la mano por mi hamburguesa, pero él la agarra primero y me la lleva a la boca—. Pensé que ese era mi trabajo. —Doy un bocado y casi pongo los ojos en blanco por el sabor, incluso si está un poco fría.

—Quiero alimentarte —indica, encogiéndose de hombros, con los labios un poco inclinados.

—Está bien.

—No me gusta verte llorar —me confiesa, sosteniendo la hamburguesa en alto, sus ojos fijos en mis labios mientras tomo otro bocado y mastico y trago.

—No me viste —señalo, deslizando una papa frita y metiéndola en mi boca cuando no es lo suficientemente rápido.

—No me gusta saber que estabas llorando.

—Estoy bien.

—No he escuchado esa palabra en un tiempo —declara, tomando un bocado de mi hamburguesa.

—Oye, eso es mío.

—Lo siento —se ríe y me da otro bocado—. Me estás dando hambre. Me gusta la forma en que la devoras como si no hubieras comido en años.

Miro el reloj.

—Han pasado horas —expongo, tomando la otra hamburguesa y empujándola hacia su boca—. Se sienten como años.

Sonríe, con el labio cerrado, antes de masticar y tragar.

—¿Estás lista para ser mi esposa? —pregunta él.

—No puedo esperar, honestamente. Sé que has visto el vestido, pero estoy emocionada de usarlo incluso si usualmente no me gustan los vestidos.

Levanta la barbilla, su forma de pedir otro bocado y yo le doy uno. Lo miro mientras mastica y traga. Es literalmente una de mis cosas favoritas para hacer.

—Me encanta —dice, sonriendo como un adorable idiota.

—Me he estado preguntando —hablo, apartando el cabello de su frente—. Me vas a dar a Ryder y Wilder, ¿verdad?

—Sí, Swanie, pero no te olvides de Sawyer.

Aplasto mis labios contra los suyos, sin importarme siquiera que sepamos a hamburguesas grasientas y papas fritas.

Me casaré con Edward mañana.

Santa mierda.

Voy a ser esposa.