9. Miércoles. Home. Parte 2
Habían pasado días enteros desde entonces. O por lo menos así se sentía su cuerpo cuando despertó horas más tarde, en un viejo depósito de vidrio soplado sin ventanas. Hyde estaba consciente pero la luz no era suficiente para que reaccionara del todo. Sentía un olor a hierro y pasta dentífrica insoportable. La humedad recorría por sus brazos desnudos y tenía la nariz contra el suelo respirando la tierra del asfalto con muchos esfuerzos. ¿Dónde estaba?
—Buenos días Hyde— dijo la voz de antes. Hyde no pudo reconocerlo al instante. ¿Quién le hablaba? ¿Dónde estaba? Todo estaba tan oscuro que no podía saber ni siquiera por qué era incapaz de enderezarse.
Poco a poco cobró conciencia de las partes atadas de su cuerpo. Las magulladuras de los golpes que se había propinado rodando desde una altura considerable, y entonces lo recordó: estaba en el estacionamiento de HigHink combatiendo un intenso dolor de estómago que había comenzado a sofocarlo, cuando apareció él. Tenía un arma y le había dicho que no se moviera. Hyde lo obedeció. No era la primera vez que tenía un arma en la cabeza pero podría ser la última porque Jack lo había atrapado por fin. Recordó la última vez que se encontró con él y cómo tuvo a suerte de escapar por la cochera cuando Jack se distrajo. Esta vez no había para donde correr.
—No vayas a gritar y... no te preocupes por la pistola todavía— le había dicho él— Es tu estómago el que debería preocuparte.
Las pupilas de Hyde temblaron bajo sus parpados; le sudaban las manos. Por eso se sentía así de mareado cuando corrió fuera del establecimiento. ¿Cómo había podido ser tan imbécil? ¿Fue la bebida? No. Fue mucho antes. En el hotel: Había bebido el café con ese sabor tan asqueroso. Eso lo explicaba todo. Jack lo había seguido hasta allí. Miró hacia arriba. ¡Claro! una camioneta roja de lanza corta con las iniciales D.T. William Dawson Trendwill. El padre de Jack se las había mostrado detrás del taller de la cantina un día antes del concierto. ¡Qué imbécil!
— ¿Me envenenaste?— Susurró tratando de incorporarse, pero el ardor en su estómago creció con un reflujo.
—Tranquilo, vaquero. Sólo te puse a dormir. Ya verás cómo te sientes recuperado por la mañana.
Los ojos de Hyde se cerraban, ya no podía sostenerse de pie. Había tenido antes esa sensación de descontrol absoluto cuando un paramédico lo sedó para obligarlo a soltar el cuerpo de Red. Iba a decir algo más pero comenzó a balbucear y un gritó se extinguió a medias en su cabeza mientras se desmayaba "¡STEVEN!" escuchó gritar a Jackie y todo se puso negro.
— ¿Dónde estamos?— preguntó Hyde, tratando de parecer calmado. Todavía no podía encontrar a Jack. Aunque las sombras estaban empezando a tomar forma.
—En un lugar donde tardaran mucho en encontrar tu cadáver — Le respondió Jack desde algún lugar en la oscuridad. Luego fue interrumpido por otro sonido; un sollozo amordazado de mujer. Hyde supo de inmediato de quien se trataba.
— ¿¡Dónde está?! ¡¿Que le hiciste?! ¡Déjala ir!— se enfurruñó Hyde. Jackie no tenía nada que ver con ellos.
Las luces se encendieron de golpe y durante un instante Hyde se quedó ciego con un rayo blanco. Tuvo que volver a cerrar los ojos por el haz lastimero que le surcaba por las corneas. Luego los abrió despacio, con la esperanza de que mantener los parpados fruncidos lo ayudaría a protegerse de la luz. Funcionó: consiguió distinguir a Jackie parada sobre una trampilla. Jack estaba parado junto a ella, amenazándola con la pistola. Jackie no estaba atada como él pero tenía un trapo en la boca que escupió en cuanto lo vio.
— ¡Steven!— gritó. Pero Jack le dijo que se callara y le propinó una bofetada tan fuerte que la tiró al suelo.
— ¡JACKIE!— enloqueció Hyde. Se revolcó en su lugar pero las cuerdas estaban bien firmes y no pudo más que arrodillarse con las piernas juntas y rodar de vuelta con un ruido sordo al piso — ¡NO TE METAS CON ELLA!— Demandó. La voz de Hyde había tocado las notas oscuras de una rabia reservada solo para quienes odiaba de verdad. En esos últimos días la había utilizado más que en toda su vida.
—Estoy bien— gimoteó Jackie, levantándose— Estoy bien…
—Siempre te he considerado mi amigo más cercano Hyde. — Dijo Jack con una voz calmada y taciturna— He estado reflexionando mucho tiempo sobre lo que debería hacerte para vengarme pero… no me gusta castigar a mis amigos a menos que se lo merezcan ¿Lo sabes no?
— ¡Jackie no tiene nada que ver, suéltala!
—sabes es graciosos que lo menciones porque… aún no he terminado mi relato. No querrás que le dispare ¿verdad?
Jack volvió a acercar la pistola a la cabeza de Jackie y Hyde se tambaleó descolorido.
—Eso creí —siguió hablando Jack— Entonces como te decía… pensé. "Steven Hyde es un amigo muy cercano ¿Por qué habría de matarlo?" Estas cosas pasan todo el tiempo. Para eso son las mujeres ¿no? Para compartirlas.
Hyde estaba entendiendo perfectamente lo que Jack quería decirle y negaba con la cabeza para no escucharlo. A penas podía contener los impulsos de lanzársele encima.
—Entonces—continuó— Vamos a emparejar un poco la situación… parece justo ¿no? Ya que tú te cogiste a la mía…
Jack se acercó para acariciar la barbilla de Jackie que miraba temblorosa hacia otro lado.
— ¡NO TE ATREVAS A TOCARLA!— Rugió Hyde
— ¡Tú te follaste a la mía y es justo que yo haga lo mismo con la tuya!
— ¡No es lo mismo imbécil!— Exclamó Hyde— Sony quería estar conmigo. ¡No la violé!
—Pero si yo no voy a violarla tampoco— Se burló él
La respiración de Hyde no se relajó, las palabras de Jack seguían picando con la misma punta; aunque se descubrió a si mismo confundido luego de escucharlas. Jack caminó hacia él con la pistola en la mano y le apuntó directo en la cara.
— ¡No!— suplicó Jackie sollozando
—La princesa hará lo que yo le diga y le gustará ¿verdad corazón? Porque si no lo hace, voy a volarte los sesos.
Hyde volvió a cerrar los ojos. Piensa. Se dijo. Haz algo. Pero nada se le ocurría. Se encontró frustrado de nuevo cuando Jack volvió a abrir la boca.
—Lo harás ¿No es cierto? — se dirigió a Jackie y Jackie miró a Hyde con lágrimas en los ojos.
Hyde negaba con la cabeza. Jack acercó más la pistola.
— ¡¿No es cierto?!— Insistió. Jackie dejó escapar un grito ahogado y asintió conteniendo la respiración.
—No lo hagas. Vete de aquí— le suplicó Hyde. La complicidad con la que sostenían conversaciones con la mirada era tal, que podía adivinar exactamente lo que ella estaba pensando. Sabía que iba a hacerlo— ¡VETE!— Le gritó
— ¿De verdad crees que voy a dejarla ir?— Se rio Jack— Eres todo un cómico Hyde. Y luego se giró hacia él y dio la vuelta al cargador. Jackie se sobresaltó. — ¡Quítate la ropa!
— ¡JACKIE, NO!—gritó Hyde
— ¡Silencio! —Jack lo golpeó con la pistola en la cabeza— ¡QUITATE LA ROPA!—exigió de nuevo.
Hyde sintió el hilo de sangre que le resbalaba por el rostro, estaba caliente.
— ¡No lo hagas Ja…! — gritó desde el suelo. Pero Jack lo pateó cuando estaba pronunciando la última silaba y cayó de vuelta en el piso. Sin aire.
— ¡AHORA!
Jackie obedeció castañeando los dientes y comenzó a quitarse el suéter. Hyde negaba con la cabeza en el suelo. ¡Sácala de aquí! ¡Levántate! Gritaba su cuerpo. ¡MUEVETE! Se arrastró con el torso. Jack lo vio de reojo y volvió a patearlo, esta vez en la cara.
— ¡Más rápido!— oyó que decía y Jackie se sacó la blusa.
Hyde la miró temblando de frio y se odió a si mismo por permitir que llegara tan lejos. Tenía que detenerlo ahora. Abrió los brazos, las cuerdas se incrustaron en su piel. Eran muy gruesas y no había forma de romperlas. Sin duda Jack se había tomado la molestia de asegurarlo bien.
— ¡También el sostén!— presionó Jack. Jackie entornó los ojos y se quedó quieta. Por un instante le pareció que esa ferocidad le bastaba para huir y Hyde sintió un ligero alivio pero luego de que Jack volvió a patearlo y Jackie gimió se esfumó.
— ¡Está bien! ¡No lo lastimes! ¡Está bien!
Hyde abrió la boca para replicar pero su cuerpo aprovechó la oportunidad para arrojar un coagulo de saliva y sangre con el que casi se atraganta.
— ¡STEVEN!—gritó Jackie.
— ¡EL SOSTÉN!— exigió Jack. Jackie lo miró con odio y se lo desabrochó con desgana. Luego se lo arrojó con fuerza y se cubrió los senos desnudos con las manos. Eran pequeños, por lo que bastaba con poner la palma en el ángulo adecuado para cubrirlos por completo.
— ¡DÉJAME VERLOS! — Se encabritó Jack. Hyde cerró los ojos y apartó la vista. ¡HAZ ALGO, MALDICIÓN! Se decía.
Jackie separó las manos temblando de frio y de miedo. Hyde podía leer el terror de su mirada. Ya no podía soportar esa tortura. Las cuerdas lo hacían sangrar cuando se retorcía. Su piel ardía pero eso no le importaba, quería soltarse y hacerle daño a Jack. Mucho daño.
— ¡Si, así!— escuchó la voz festiva de Jack. — Ahora baila— le ordenó a Jackie— ¡Oí que te gustan las putas bailarinas, hermano!— le dijo a Hyde— Pues anda y disfruta que el espectáculo es para dos.
Hyde sentía la vena palpitante de su sien a punto de explotar. Si se soltaba iba a asesinar a ese hombre. Jackie comenzó a moverse en círculos y de una manera tan torpe que provocó las carcajadas del vocalista.
— ¡Vamos puta, dame más! ¿Qué pasa? ¿No sabes bailar?
Hyde no miraba a Jackie, no podía; estaba profundamente avergonzado de ser tan inútil. Se odiaba más de lo que odiaba a Jack en ese momento.
— ¡Quítate el pantalón, nena!— bullía Jack divertidísimo y Hyde vio por el rabillo de ojo que se masajeaba el miembro con la mano metida bajo el pantalón.
Hyde sintió repugnancia y quiso arrancarle el pito con una sierra, pero primero tenía que soltarse. Jack se destapó el pene y Jackie se sobresaltó. Esta vez había verdadero pánico en su mirada. Los tres sabían lo que venía a continuación.
— ¡VEN A SENTARTE EN MIS PIERNAS, PRINCESA!—le gritó cuando ya estaba bien erecto. Hyde soltó un bufido y se incorporó pero Jack apenas si le prestó atención. Sacó la pistola y disparó desinteresadamente hacia él. Hyde escuchó el disparo y se retrajo ensimismado preparándose para el impacto pero nunca lo sintió. La bala había golpeado en el suelo, junto a él.
Lo primero que hizo cuando abrió los ojos fue ver a Jackie. Le parecía que el alma se le había escapado con el suspiro de alivio que dio cuando vio que su exnovio estaba bien.
— ¡A mis piernas! ¡Ven a montar!— indicó Jack acomodándose en una silla replegable.
Jackie complotó con Hyde en silenció y luego se acercó vacilante a Jack. Hyde podía respirar su miedo. Jackie se acercó más y pasó una pierna por encima del regazo de Jack. Jack se concentró entonces en buscar la entrada de la mujer. Ella aprovechó el segundo de descuido para pegarle un rodillazo en la nariz y Jack se cayó de la silla y tiró el arma. Jackie la tomó pero Jack la pescó antes. Ambos agarraron la pistola. Jackie jaló del gatillo sin querer y los tres se encogieron temiendo que la bala los hubiera alcanzado. Hyde se arrastró, se quedó quieto durante el disparo y siguió retorciéndose en el suelo hasta la orilla de la trampilla donde utilizó los dientes para abrirla y lanzarse dentro. Jackie forcejeaba con Jack por la pistola.
Jack le dio una patada en la entrepierna a la chica y Jackie cayó lanzando la pistola hacia el otro lado de un montón de ventanales con cartón. Rodó para el otro lado, pero Jack se levantó y corrió a patearla. Jackie chocó con los vidrios y se rompieron en su espalda con el impacto, pero ella no sintió que ninguno se le encajara. Rodó bajo las repisas y gateó enterrándose los vidrios hasta la trampilla donde estaba Hyde cortando las sogas con la esquina de puerta. Jackie cogió el vidrio más grande que encontró y le rebano las cuerdas y parte del lomo a Hyde. Aunque el dolor fue lo que menos le importó porque ahora estaba libre. Jack había encontrado la pistola y disparaba contra la trampilla. Hyde se quitó su camiseta y se la dio a Jackie.
—Quédate aquí — le dijo
El estruendo de un disparo los separó y Hyde saltó hacia arriba. Jackie tenía miedo de que alguna bala le diera a Hyde. Pero él le había dicho que se quedara ahí y ella debía confiar en él.
— ¡¿Dónde estás puta?!— iba diciendo Jack cuando Hyde se le abalanzó encima y la pistola volvió a rodar. Jack se estiró para alcanzarla pero Hyde lo atrapó por el cuello.
— ¡Suéltame!— pidió Jack. Y como el otro no parecía tener intenciones de soltarlo cogió un pedazo de vidrio y se lo rompió en la cabeza. Hyde se tambaleo y cayó del otro lado, y Jack aprovecho la oportunidad para patearlo. Hyde agarró la pierna de Jack y le clavó un vidrio que tenía en la mano. Jack se paró y le soltó un puñetazo.
— ¿Qué le hiciste a Sony?— Hyde esquivó un puñetazo y lanzó otro que acertó pero no le hizo nada a Jack
— ¡Le disparé a esa zorra traidora!— le dijo antes de tomar un tubo y golpearlo con él. Hyde le arrebató el tubo y forcejearon. Podía sentir un vacío en el estómago.
— ¡Eres un puto asesino!- Le dijo y consiguió botarlo a golpes hasta que soltó el tubo. El otro sacó su cinturón y lo utilizó como cuerda. Se la puso a Hyde en la garganta y comenzó a estrangularlo. Hyde golpeó con el codo tan fuerte que sintió como tronaba uno de sus huesos. Se separaron en una caída violenta que Hyde aprovechó para esquivar el latigazo que le había dedicado Jack. Luego lo jaló y quedaron de frente. Hyde lo empujó con la pierna pero los dos volaron hacia lados opuestos y cayeron al suelo.
— ¡Entonces ya tenemos más en común!— se burló Jack recobrando la respiración. Golpeó a Hyde con el puño y lo tiró.
Hyde se levantó a medias, agarró a Jack con las piernas y lo atrajo de vuelta al piso donde le regresó el favor. Inició una llave con su peso aprovechando que el otro estaba agachado, pero Jack le mordió un pezón y le arrancó un pedazo de carne. Hyde apenas aflojó el agarre pero el otro se pudo escapar. Se levantó. Hyde lo alcanzó y se lanzó contra él. Los dos atravesaron los cristales del ventanal del escaparate y cayeron entre los vidrios del otro lado. Allí Hyde se levantó primero y pateó a Jack en la cara. El otro retrocedió semiderruido, viéndose superado por el dolor. Hyde lo persiguió, lo pateó de nuevo; luego tomó su cabeza y la estrelló contra la pared. Jack estaba sangrando mucho pero a Hyde no le pareció suficiente; le dio otro golpe en la cara sin soltarlo y luego rompió otro vidrio con el codo y jaló Jack por el pene. Lo sentó y tajó el vidrio como guillotina para cortárselo. Jack se protegió con las manos pero Hyde hizo de martillo con su propia mano y atravesó en limpio.
El gritó de Jack fue estrambótico y lo dejó sordo por un segundo pero a Hyde no le importaba nada más en el mundo que hacerle daño y todavía no había tenido suficiente. Lo tomó del cabello y alzó su rostro para que pudiera verle los ojos mientras se desangraba. — ¡MIRAME!— le ordenó Hyde con los ojos fuera de sus orbitas, tomó el pedazo que le había arrancado y se lo enseñó— ¡NUNCA…! — Le metió su propio pene en la boca— ¡TE METAS…!— lo enterró en su garganta y aunque el otro la regurgitó varias veces, Hyde se la metió a la fuerza hasta que consiguió que se la tragara— ¡CON JACKIE!— terminó. Jack comenzó a convulsionar con la asfixia y poco a poco dejo de moverse entre los brazos de Hyde.
El ruido se apagó. Hyde se dio cuenta de lo acaba de hacer cuando Jack dejó de patalear y los espasmos de su cuerpo se volvieron casi imperceptibles. No se sentía mal. Al contrario, se sentía poderoso, se sentía mejor que antes. Como si hubiera estado esperando por ese momento desde hace mucho tiempo. Pero una voz lo rescató de su locura devolviéndole la lucidez.
— ¡STEVEN!— gritó Jackie.
Hyde se volvió para verla. Estaba semidesnuda con el cuerpo manchado de sangre y su vieja camiseta blanca enrojecida y rasgada por las cuerdas que lo habían estado deteniendo cuando él la traía puesta. Tenía raída la piel y la cara golpeada. Pero con todo se veía como una diosa. Hyde la veía completa y viva, y nada le podría causar más alivio en ese momento.
— ¡Jackie!—corrió hacia ella— ¿Estás bien?— comenzó a revisarla. Estaba asustado, muy asustado, Jackie tenia cortadas por todas partes.
—Estoy bien, estoy bien, pudding pop.
Hyde cedió a la caricia de Jackie, que le había tomado la cabeza con ambas manos.
—Creo que tenemos que irnos de aquí— le dijo.
Hyde asintió con la cabeza. Pensó que Jackie estaría más asustada pero se veía tranquila. Como si hubiera pasado por eso antes. Juntos recogieron la ropa de Jackie, aunque no fueron capaces de hallar su sostén por ninguna parte. Hyde dijo que no les serviría como evidencia de todas formas así que se fueron sin él.
—Jackie…— masculló Hyde con las dos manos aferradas al volante de la camioneta roja que habían utilizado para escapar— Eso fue muy valiente. Me salvaste la vida.
—Es lo que la gente hace por la gente que le importa— dijo ella — ¿No habrías hecho lo mismo por mí?
Hyde sonrió.
—Haría cualquier cosa por ti, muñeca.
—Lo sé.
—Chica… eres increíble. Estoy muy orgulloso de ti.
Jackie se ruborizó. Hyde no lo sabía, pero esas palabras habían cambiado la vida de Jackie para siempre. Era la primera persona que le decía eso en su vida.
— ¿A dónde estamos yendo?
—Al hospital
— ¿Al hospital? ¡No!
— ¡Estas herida!
— ¡Somos fugitivos Hyde, matamos a alguien!
Las palabras golpearon en su cabeza como uno de los ventanales. Hasta ese momento estaba convencido de que existía un pacto entre los dos: evitar ese tema en particular. Pero Jackie lo decía como si fuera cosa de todos los días.
—Se lo buscó— recitó monocorde.
—Pero aun así nos encerrarán si descubren que fuimos nosotros, tenemos que ir a otro lugar.
— ¿A dónde?
—A donde sea, menos al hospital.
—Él nos secuestró, Jackie.
—Lo sé, pero tú tienes libertad condicional, nadie se va a poner a hacer preguntas. Solo nos encerrarán.
—A mí me da lo mismo, estas herida y tenemos que ver a un doctor.
—Kelso dijo que Pam Macy es enfermera ¿no? Pues vamos con ella
— ¿Estás loca? Ni siquiera sabemos dónde vive, o dónde estamos
— ¡NO NECESITO UN DOCTOR! ¡TENGO HAMBRE!
Las palabras de Jackie sobresaltaron a Hyde de modo que tuvo que hacer un esfuerzo muy grande para pasar saliva. Si Jackie decía que había que ir a comer, irían a comer. Porque Hyde había descubierto que Jackie podía controlar situaciones que él era incapaz de sobrellevar. Jackie estaba al mando, estaba decidido.
—Bien — soltó Hyde tratando de no parecer intimidado. —Iremos a comer.
Todo comenzó cuando nos detuvimos en una cafetería llamada "Honey Champs" en el este de Virginia. Una mujer— dijo Hyde con la garganta seca— Se nos acercó con un aire lascivo, como si hubiera adivinado que venía deseando una buena noche desde que me levante de mi cama, aquel miércoles por la mañana. Jackie había pedido una malteada de cereza, yo bebía una cerveza mañanera y había estado leyendo silly o´ solo para adultos con el mejor humor que caracteriza a los niños. — Aclaró, como si aquello fuera tan importante— Había estado en Chicago temprano quizás un día antes, no lo recuerdo. Había llegado al lugar de la ficha y los empleados me miraban como si estuvieran recibiendo a un camionero. Así me imagino que era HigHink todos los días, ahí es donde mi esposa solía trabajar entonces ¿sabe? era mesera. —Añadió— así que tenía un buen contraste con respecto a las cafeterías de carretera, ahí vendían malteadas de cereza aunque usted no lo crea…
Era verdad: Habían tomado turnos para ir a los aseos de "Honey Champs" con el propósito de no despertar sospechas. Primero fue Jackie que consiguió esconder sus heridas y Hyde le prestó sus gafas para que disimulara los golpes. Aunque ya había hecho un buen trabajo con el maquillaje. Luego fue él. El baño de caballeros estaba más pequeño y sucio, y cuando lo vieron entrar cubierto de sangre lo miraron raro como con aires de llamar a la policía. Hyde tuvo que explicares que trabajaba en una empacadora de ganado. Cuando regresó Jackie había pedido bebidas para ambos, pero esta vez Hyde olió la cerveza con desconfianza antes de llevársela a la boca. La mujer del mostrador llevaba un rato viéndolos. Como si presintiera que algo no andaba bien con esa pareja de moribundos. Se acercó más y Hyde abrió mucho los ojos al reconocerla.
— ¡¿LAURIE?!
