10. Miércoles. Home. Parte 3.
De las verdades.
La mujer se les acercó con una sonrisa pérfida. La misma. Laurie Forman, la única. Llegó a la mesa y se inclinó hacia adelante poniéndole los pechos en la cara a Hyde.
— ¿Son nuevos?— preguntó él.
— ¿Qué desean ordenar?— dijo ella con una voz melosa y bastante hipócrita—Mi nombre es Marisa y voy a ser su mesera el día de hoy.
— ¡¿Qué?! ¡Cállate, Laurie!— se quejó Jackie— ¡Nosotros sabemos quién eres, no nos vengas con…!
—No sé de qué estás hablando—le interrumpió Laurie
Hyde golpeó la mesa con euforia.
— ¡¿Cómo dijiste que te llamas?!
Laurie volvió a inclinarse hacia adelante y le entregó a Hyde un papel. Hyde lo tomó entendiendo la discreción del asunto.
— ¿Van a ordenar algo?
— ¡Deja de fingir…!— Empezó a decir Jackie pero Hyde la pateó bajo la mesa, justo en la espinilla.
Jackie hizo un ademan de sobarse y Hyde levantó la cabeza.
—Tal vez vamos a querer una hamburguesa para las dos. — Dijo él— Pártela a la mitad por favor. Gracias.
—Enseguida— dijo Laurie y se retiró contoneando la cadera.
— ¡¿Por qué hiciste eso?!— Se enfadó Jackie— esa de ahí es…
— Chsst — la calló Hyde— Dejó una nota
Hyde abrió la servilleta con disimulo mientras Jackie miraba hacia todas partes para comprobar que nadie los estaba viendo.
— ¿Qué dice?— le preguntó
—Que nos vigilan— espetó Hyde preocupado y escondió la nota bajo la mesa de nuevo.
— ¿A nosotros?
—Sí, mujer, a nosotros.
— ¿Quién? Pero… ¿Cómo podrían saberlo?
—Escucha— chistó Hyde— Algo anda muy mal aquí ¿entiendes?
— ¿Lo dices porque Laurie dijo que su nombre es Marisa? ¿Qué no te das cuenta de que no estamos hablando de la misma?
—Eso no lo podemos saber.
— ¿Quién nos vigila de todas formas? Ni siquiera hay gente aquí. — Había una mujer mayor con un sombrero de plumas que no dejaba de mirar a Hyde como si este le fuera a robar el bolso y lo apartaba de él. Un hombre gordo con una polera que le marcaba las tetas y un anciano con un periódico viejo. En la esquina había otro hombre ciego que estaba buscando su vaso de jugo, tentando la mesa, sin conseguirlo. Se veía patético.
—Tal vez la vigilan a ella—sugirió él, buscando cámaras.
— ¿Quiénes?
—No lo sé ¿PSIC? ¿Los Malcome? Hay muchas opciones.
—Tal vez alguien nos vio llenos de sangre y llamó a la policía— Susurró Jackie
—Sí. Dijo Hyde. Debemos escapar por el baño.
—En el baño no hay ventanas.
—En el de hombres sí. — inquirió Hyde.
— ¿Quieres que entre ahí?
—Solo si quieres escapar. Tú fuiste la que quiso venir a comer en lugar de ir a un hospital.
—De acuerdo, de acuerdo, voy a ir al maldito baño de los malditos hombres.
Hyde la miró con media sonrisa.
—Te estas sintiendo como una verdadera fugitiva ¿no?
— Pues no soy la única. Todo el mundo puede ver tus golpes. Te dije que te pondría un poco de corrector en…
— Por última vez, no voy a maquillarme Nancy Drew. No es la primera vez que…
— Que te parten la cara ¿no?
—Ahora te crees muy graciosa ¿eh?
La campanilla de la puerta del recibidor cantó.
— ¡No puede ser!— exclamó Jackie escondiéndose bajo la mesa. Varias salsas cayeron de la mesa y Jackie se golpeó en la cabeza al bajar.
— ¿Qué estás haciendo? Sal de ahí. Eso se ve muy mal…
— ¡Cúbreme!
Hyde miró hacia todas partes. Dos hombres acababan de entrar por la puerta, parecían en plan coqueteo.
— ¿Qué demonios haces, Jackie?
— ¡Es Theodore! ¡Cállate!
— ¿Cuál Theodore?
—El de PSIC.
— ¿Espera, qué? ¡Dijiste que había muerto!
—Eso creí.
— ¡Ah! ¡¿Eso creíste?! ¡Que útil!
— ¡Cállate! ¡A ti no te conocen, actúa natural!
— ¿Natural? ¿Qué se supone que haga?
Jackie empezó a gatear por detrás de la barra.
— ¿Qué haces?
— ¡Tenemos que salir ahora! ¡Cúbreme! ¡Ya ¿Qué esperas?!
Hyde se levantó y caminó nervioso hasta el mostrador, donde Laurie estaba sirviendo un café y le dedicó una mirada que no supo interpretar. Jackie iba cerca de él, media agachada y cuando llegaron al mostrador Hyde se puso a jugar con las pajillas mientras observaba de reojo a Theodore para asegurarse de que no estaba mirando a Jackie. Lo confirmó y le hizo una señal a Jackie por debajo de la cadera y ella gateó hasta el baño de los hombres donde por fin se puso de pie. Hyde siguió haciendo como que miraba el mostrador. En ese momento había un total de doce personas en el lugar además de ellos; contando a Theodore, a su amigo y a Laurie. Hyde estaba tratando de pensar en una estrategia. La señora del sombrero de plumas le dedicó una mirada de lástima. Aun había sangre seca en su boca y estaba seguro de que tenía muy mala pinta. Jack le había dejado un brazo inútil y un dolor en las costillas que no se le pasaba.
De repente escuchó la puerta del baño abriéndose. Un hombre salió de ahí y miró a Jackie desconcertado.
—Srta. Teresa Chapman ¡Qué sorpresa! ¿Necesitaba usar el baño de caballeros?— sonrió Thomas. Jackie retrocedió palidecida por el horror y se congeló en el suelo.
—Tú…tú… tú estás…— balbuceó.
Hyde se volvió hacia ella.
— ¡STEVEN!— gritó casi a tiempo.
Thomas sacó una pistola de su pantalón y Laurie sacó una por debajo del mostrador. Ambos dispararon al mismo tiempo hacia el otro. Jackie se lanzó al suelo y Hyde tiró de ella hacia atrás del mostrador. El hombre ciego vio lo que pasó… se levantó con otra arma. Le disparó a Thomas. Theodore apuntó al señor y el anciano del periódico le disparó a él. La anciana del sombrero de plumas lo empujó y le dio a una cafetera que comenzó a chillar.
— ¡Al suelo!— gritó un hombre
Hyde y Jackie se arrastraron hasta la cocina junto a la bodega y se arrojaron contra la despensa donde quedaron cubiertos por los víveres mientras el tiroteo de afuera se agravaba. Hyde no podía ver nada; tenía el pie metido en un saco de papas, una leche se derramó sobre la herida abierta de su pierna y le costaba respirar con las cajas de naranjas encima. Los disparos cesaron de repente y Hyde aprovechó el silencio para buscar a Jackie con la mirada. Jackie tenía la mano atorada en una batidora y movía la otra para acercarla hacia él. Hyde vio su mano y estiró la suya para alcanzarla; sus dedos rozaron, pero en ese momento se abrió la puerta y Laurie entró con una pistola en la mano y disparó a la batidora. El lugar se había llenado con diferentes líquidos comestibles.
— ¡ARRIBA!— gritó Laurie apuntando a Hyde con la pistola y Hyde se levantó con dificultad y se paró frente a Jackie.
Otros dos hombres irrumpieron en la escena, ambos estaban armados. Hyde no reconoció a ninguno. Jackie tampoco. Pero por alguna razón supo quiénes eran: El hombre ciego y el viejo del periódico.
— ¡Levanten las manos!— ordenó Laurie.
— ¡Arriba!—gritó uno de los hombres. — ¡Quiero ver las manos!
Jackie se levantó también y levantó las manos. Hyde miró a Laurie con odio.
— Eres una Malcome— Se rio— Debí imaginarlo.
—Sí, pues no eres muy listo ¿verdad? ¡¿Quiénes eran esas personas?!
—PSIC, eran trabajadores de PSIC. — contestó Jackie sin dudarlo.
Hyde la miró alarmado.
— ¿Por qué los siguen?
—No lo sabemos. — se apresuró a responder él.
— ¿Qué saben?
— ¡Nada!—espetó Jackie sollozando. Eran demasiadas emociones para un solo día.
— ¡No es cierto! ¡Dime la verdad!— Laurie agarró a Jackie por el cabello y tiró de ella arrastrándola por el piso hacia donde estaban los otros que en ningún momento dejaron de apuntar a Hyde con sus respectivas armas.
— ¡Estamos diciendo la verdad!— exclamó Hyde.
Jackie mordió a Laurie y Laurie soltó la pistola. Por un segundo Hyde estuvo a punto de cacharla pero se le fue de las manos y otro de los Malcome lo agarró primero.
— ¡Maldita perra!— se quejó Laurie.
Hyde y Jackie se miraron preocupados. Esta vez no había ningún plan. Había tres personas armadas contra dos civiles indefensos y cansados por su reciente encuentro con un psicópata celoso. El otro hombre fue a recoger la pistola y se la devolvió a Laurie.
—Muy bien—dijo ella, levantando la mano herida para sobársela con la otra— Supongo que si no quieren hablar por las buenas, lo harán por las malas.
Laurie volvió a poner la pistola en la cabeza de Jackie y Hyde arrugó la nariz.
—Será mejor que contestes con la verdad, niñita ¿Cómo me encontraron?
— ¡No te buscábamos a ti! ¡Llegamos aquí por casualidad!—afirmó Hyde, Jackie asintió con la cabeza.
— ¡¿Cómo me encontraron?!— repitió más furiosa que antes.
— ¡Te estamos diciendo la verdad!—insistió Jackie llorando.
— ¡MENTIROSA!
— ¿Por qué los estaban siguiendo?
— ¡No sabemos! — la mentira de Jackie ocasionó que su cabello sufriera más tirones.
Hyde se había dado cuenta de que no podría hacer mucho si tenía una costilla rota, así que aunque lograran escapar de allí no llegarían muy lejos. No tenía caso pelear.
— ¿Sabes qué? Discutiremos lo que sea sin que nos amenaces con esa cosa ¿sí? Solo… solo bájala y…
Uno de los hombres, que por cierto antes había fingido que estaba ciego le dio una patada en los testículos y Hyde cayó de rodillas en el suelo.
— ¡Hyde!— chilló Jackie
— ¿Cómo se enteró Eric?— preguntó Laurie.
— ¡No lo hizo, Eric no sabe nada de ti!
—Entonces ¿Cómo saben lo de Marisa?
Hyde exhaló despacio como si soplara las velas de un pastel.
—Estábamos siguiendo a PSIC— dijo él.
— ¿Quiénes son?
— Una organización secreta. Aun no lo averiguamos todo— dijo Jackie alarmada.
—Tu madre está preocupada por ti, Laurie. — Dijo Hyde— No fuiste al aniversario de Red.
— ¡No hables de mi familia como si fueras parte de ella!
— ¡No lo hago!— espetó él— hablo como si fuera la tuya. Porque lo son, así que deja de jugar al bandolero y cuéntale la verdad a tu madre.
—El huérfano, siempre tan entrometido.
— ¡No le hables así!— replicó Jackie y Laurie recordó que la estaba sujetando y apretó más fuerte.
— Así es, soy un entrometido. Pero al menos yo soy sincero.
— ¿Desde cuándo? ¿Desde qué asesinaste a mi padre?
— ¡Yo no asesiné a nadie!— Hyde estaba perdiendo la paciencia y Jackie no parecía entender que estaba distrayendo a Laurie. ¿Cuándo habían perdido esa conexión tan suya para adivinar los pensamientos del otro y anticipar sus acciones? ¿Es que ya no era la misma Jackie que podía entender todas sus indicaciones con la mirada? El vago pensamiento de que ahora la conexión de Jackie estaba ligada con los ojos de Cave, le ardió en el estómago.
— ¡Si lo hiciste! ¡Eres un sucio criminal y siempre vas a serlo! Aunque no por mucho porque si no me dicen quién los envió aquí, voy a tener que matarlos.
Jackie abrió mucho los ojos.
—De acuerdo…— le contestó— Vamos a decirte todo lo que sabemos pero deja de apuntarme con esa cosa.
Laurie no hizo caso de inmediato pero tras reflexionarlo por unos segundos, soltó a Jackie.
— ¿Y bien? ¿Quién más lo sabe?
—Solo nosotros— respondió Hyde— Y probablemente PSIC
— ¿Qué es PSIC?
—No lo sabemos, pero tienen a tu marido y tratan de deshacerse del presidente.
— ¿Cuál esposo?
— ¿Tienes muchos?— iba a decir Hyde pero la otra se le adelantó.
—Fez— continuó Jackie. — Kelso tiene la teoría de que ellos son los responsables de lo que pasó en Nueva york.
—Así que esta organización sabe lo de Marisa ¿no?
—En realidad lo poco que sabemos de ella es que se acuesta con el presidente.
—Eso es imposible— denunció Laurie apenas abriendo la boca, Hyde frunció el ceño.
— ¿Imposible? ¿Por qué?
—Porque ella es su hija.
Hyde y Jackie se miraron de nuevo.
—Entonces ¿ustedes no sabían que yo estaba aquí?
—No teníamos ni idea. — juró Jackie
—Bueno, eso es bueno. — Laurie se puso de pie— En ese caso solo tengo dos cabos sueltos.
En ese momento Hyde pateó un estante que había quedado mal puesto luego de la batalla y el objeto fue a encontrar reposo en uno de los hombres que lo estaba amenazando, el otro reaccionó al instante y le disparó a Hyde, pero en ese momento el estante ya había quedado entre los dos haciendo de escudo. Jackie aprovechó la confusión para quitarle el arma a Laurie y apuntarla con ella.
— ¡QUIETA!— ordenó Jackie
Hyde salió detrás del estante.
— ¡Si se mueven le disparo a Marisa!
Hyde les quitó las otras armas a los hombres y los hizo recostarse en el piso. Luego tomó el arma de las manos sudorosas de Jackie y arrastró a Laurie con él.
Al principio Hyde pensó que aquello no podía funcionar. Los mafiosos rara vez se detienen a recoger a los caídos y mucho menos soltarían sus armas por un rehén. Lo había aprendido en un programa policiaco del canal de la CVN un miércoles por la noche, una de esas verdades que a Hyde le gustaba ocultar. Pero por alguna razón, funcionó. Laurie debía ser importante para ellos, si estaban ante la verdadera Marisa, les quedaba un largo camino por recorrer para encontrar a PSIC. La situación estaba nuevamente bajo control y su pequeña aventura con Jackie le había demostrado que su cuerpo resistía más golpes sobrio que perdido en el alcohol. Se sentía como nuevo y rejuvenecido. Aunque fuera solo una ilusión. Una de esas que vienen con Jackie.
—Mi hermana y yo daremos un paseo. ¡No se muevan!— Jackie salió frente a él. En la entrada más allá del mostrador, había varios cadáveres y Jackie reconoció entre ellos al de Thomas pero no había rastros de Theodore. Jackie sospechaba que el muy cabrón era inmortal y no le hubiera sorprendido que el otro se levantara de repente.
—Debes pensar que eres muy inteligente— Masculló Laurie cuando la subieron a la camioneta roja, sin una pizca de temor en su voz. Ahora que era parte de la mafia, una pistola en su cabeza era poco más que un gaje del oficio. — ¿Ahora qué vas a hacer conmigo?
—Iremos a detener a PSIC y tú nos vas a ayudar con eso. — Contestó Hyde sin mucho ánimo.
— ¿Qué pasa aquí eh? ¿Ustedes están viviendo la segunda vuelta de su romance adolescente?
Hyde se rio sin separar los dientes.
—Será mejor que empieces a hablar Laurie… tenemos todo el camino hasta Wisconsin, pero no debemos confiarnos, Marisa es un tema importante ¿no?
—Queremos saberlo todo— Añadió Jackie— ¿Quién es Marisa?
—Yo soy Marisa, estúpida. Me atraparon, no necesitan apuntarme con eso.
—No es cierto.
— Si es cierto.
—No tendremos una discusión tan infantil— se apresuró a decir Hyde al ver que Jackie estaba por responder— Nos dirás exactamente lo que está sucediendo con el presidente o…
— ¿O si no que? ¿Me van a disparar? ¿Ustedes?— se burló— ¿Una niñita de buena cuna y un indigente osado?
— ¿Qué pasa Laurie? Esa lengua bífida lleva mucho tiempo encerrada ¿no? por eso ya no te trabaja bien, ¿A las niñas bonitas no se les permite hablar así en ese lupanar del que te estas escondiendo?— rezongó Hyde.
— ¡Cierra la boca, gusano!
—Los gusanos no tienen boca, ellos se alimentan por…
—No has cambiado ni un poco ¿sabes? ¿Qué pasa? ¿No te violaron suficientes hombres en la cárcel, huerfanito? ¿Encontraste a todos tus hermanos perdidos?
—No te preocupes Laurie, no recuerdo haber encontrado a ninguno de tus hijos extraviados, ya puedes descartar a la prisión de tu lista.
Hyde pensaba que Laurie seguiría jugando mucho tiempo con ellos antes de soltar la lengua con alguna oración concisa, suficiente para precisar información real. Pero por alguna razón el último comentario de Hyde la había herido de verdad, porque Laurie le había escupido en la nuca y parte de la oreja; se encontraba tratando de escapar aprovechando la confusión con la que Hyde viró el volante y detuvo el automóvil. Por suerte Jackie alcanzó a sujetarla y aunque se llevó varios rasguños en la cara, la pudieron detener.
— ¡Tú no sabes nada! ¡Nada, huérfano infeliz! ¡No sabes nada de mi puta vida! ¡Así que cállate! ¡CALLATE!
— ¡Tranquilízate!—peleaba Jackie.
Hyde detuvo a Laurie y le aplicó el peso de su cuerpo para inmovilizarla contra el asiento.
— ¡AUXILIO, ME VIOLA!— gritó Laurie.
Hyde aflojo el agarre temiendo que alguien la escuchara. Pero Jackie fue más rápida y le metió en la boca el cartón vacío de un jugo que venía en la guantera junto con más basura, de modo que Laurie ya no pudo gritar.
— ¡Cállate!
Hyde y Jackie se miraron esperando encontrar la solución en los ojos del otro, pero ninguno lo consiguió.
— ¿Y ahora qué?
Hyde estaba a punto de responder que no lo sabía, cuando Laurie comenzó a llorar.
—Creo que la estamos lastimando— dijo Hyde poniendo un puchero.
—No es nada, déjala.
Jackie no se iba a tragar ese falso llanto. Pero poco a poco los sollozos de Laurie se convirtieron en auténticos gemidos mudos que habrían podido ser alaridos si no tuviera el cartón en la boca.
—Tenemos que soltarla— dijo Hyde
— ¿Para que intente escapar de nuevo? ¡No lo creo!
— ¡Jackie! ¡Está indefensa!... la detendremos.
— ¿Qué vamos a hacer si se nos escapa? Esta loca… ¡Ella es Marisa! ¡Tenemos mucho que sacarle!
— ¡No nos dirá nada si no puede hablar!
— ¡Entonces haz lo que quieras, Steven! ¡Nunca me escuchas! ¡Nunca me obedeces!
— ¡No recuerdo haber obedecido a mi madre! ¿Por qué iba a obedecerte a ti?
—Te salvé el pellejo muchas veces hoy ¡Me debes más la vida que a tu madre!
— ¡Hey! ¡Yo también te salvé!
— ¡Tú me pusiste en peligro en primer lugar! ¡Si no te hubieras metido con esa guarra…!
— ¡Si no hubieras salido cuando Jack llegó no te habría llevado con nosotros y nada de esto habría sucedido!
—Ahora se supone que debo quedarme sentada cuando veo a alguien tratando de secuestrarte ¿no? ¡Perdóname por tratar de salvar tu vida! Por lo visto no la aprecias más de lo que me aprecias mí.
— ¡No tienes ni la menor idea! ¡Si no hubieras estado ahí, no habría tenido que matar a nadie!
— ¡Si no te hubieras metido en ese problema, yo no hubiera tenido que sacarte!
— ¡SI NO TE HUBIERAS IDO A CHICAGO NADA DE ESTO HUBIERA PASADO!
— ¡Si me hubieras pedido que me quedara, me habría quedado! "ten un buen viaje" ¡CAJETAS!
— ¡Si te hubiera detenido no serias tan feliz como lo eres tu príncipe amarillo!
— ¡NO SOY FELIZ DESDE QUE NO ESTAS CONMIGO!
La discusión se detuvo en seco. Un hielo capo arropaba a Hyde desde la nuca. Quizás era la saliva de Laurie que no logró limpiarse. Las palabras de Jackie lo habían taladrado en el alma. Hyde logró salir de su ensimismamiento cuando Laurie gimió de nuevo.
—La voy a desatar…
—Sí, desátala.
Hyde le quitó a Laurie la mordaza improvisada y ella dejó de gemir para articular la mandíbula. Tenía los ojos hinchados y el maquillaje corrido por el mismo sendero que habían seguidos sus lágrimas.
— ¿y bien? ¿Quién es Marisa?
—Soy yo— murmuró Laurie— Es el nombre que utilicé cuando lo conocí…
— ¿A quién?
—Al presidente. — respondió adolorida
— ¡No me Jo…!— exclamó Jackie pero se quedó a medias porque Hyde la miró con severidad.
— ¡Dinos la verdad!
— ¡Esa es la verdad!— insistió Laurie— conocí al presidente y estuve con él por unos años, estábamos enamorados.
— ¡Ew!— ¡Puaj! Fueron las respuestas de Hyde y Jackie.
—Era joven y tonta. Y tuvimos una hija…
— ¡LO SABÍA! — dijeron ambos. Hyde comenzaba a pensar que estaba pasando demasiado tiempo con Jackie porque sus oraciones volvían a sincronizarse.
— ¿Qué? ¿Esa es la verdadera Marisa? ¡¿Tu hija?!
—No, ese es el nombre que le dio él. La tiene escondida en una habitación oscura y fría para que nadie tenga contacto con ella… apenas si la alimentan, es como si fuera un monstruo…— La voz de Laurie se quebró y Hyde tuvo miedo de que les estuviera diciendo la verdad— quise rescátala de allí pero no pude, él no quiere que nadie sepa de su existencia… así que lo amenacé con contar lo nuestro y él….
En este punto Laurie balbuceaba tanto entre sollozos que era imposible entender lo que decía.
— ¿Él qué?
— ¡Los envió a matarme!
— ¡Por eso te escondes!
—No… él cree que estoy muerta. Pedí ayuda a Los Malcome y vamos a rescatar a mi hija en el carnaval, durante el discurso del presidente de la próxima semana…. — Los ojos de Laurie se tornaron de un azul aperlado y rojizo, encendidos con un odio abismal, Hyde podía reconocer esa mirada en cualquiera— Vamos a matarlo.
Jackie abrió la boca lo suficiente como para meter la camioneta en su garganta. Hyde se sobresaltó. Sabía que los Malcome estaban a punto de hacer algo. Ahora desearía no saber nada.
—Estoy confundido— dijo Hyde luego de mucho tiempo de silencio— No veo como asesinar al presiente durante su discurso en el carnaval de conmemoración va a devolverte a Marisa. Es decir… no la tiene aquí ¿o sí? Y si sabes donde la tiene ¿Por qué no van y se inmiscuyen? ¿No sería más fácil…?
—Él quiso asesinarme. Yo voy a asesinarlo.
— ¿Cómo vas a sacar a tu hija de la casa blanca Laurie?
—No la tiene allí.
— ¿Entonces? Espera…. No comprendo. ¿Cómo llegaste a conocer al maldito presidente? ¿Cómo llegaste tan lejos?
— ¡Solo él lo sabe! Pero es un deposito o algo ¡Siempre lleva la llave colgada en el pecho! ¡Se la arrancaré!
—Asesinar al presidente va mucho más lejos de lo que una pequeña organización criminal puede… ¿Crees que es tan fácil asesinar al presidente de los ?
— No somos los únicos. Tenemos infiltrados con los de blanco.
— ¿Quiénes?
— ¡La guardia real, idiota! ¡Los bancos!
— ¿En América también hay eso? — preguntó Jackie
— ¿Laurie de que estas hablando?
—Dos de los blancos trabajan para Los Malcome. Ellos lo arreglaran todo.
—Laurie. ¿No lo entiendes…? Vas a morir en el intento. ¡Asesinar al presidente no es así de fácil! ¡Te van a matar! No importa lo que sea que hayas hecho para fingir tu muerte. Si funcionó, fue por pura suerte. ¡Es suicidio!
— ¡Tú no sabes nada! ¡Voy a encontrar a mi hija!
— ¡No Laurie, no lo sé! ¡Pero sé que no la vas a encontrar de esa forma!
— ¡Tú no tienes hijos! ¡No sabes lo que es perder a alguien que amas, tú no tienes a nadie, a nadie!
— ¡¿Y crees que no me dolió cuando los perdí?! ¡¿Crees que no me dolió cuando mi madre me dejó, cuando me enteré por el periódico que se colgó?! ¡¿Crees que no me dolió cuando murió papá?! ¡ME DOLIO, LAURIE, ME DESTROZÓ! ¡SE LO QUE SE SIENTE!
— ¡NO ERA TU PADRE! ¡ERA EL MIO!
— ¡LO ERA! ¡Y TU ERES MI HERMANA, Y NO TE DEJARÉ MORIR POR ESTO! ¡NO VOY A DEJARTE HACERLO!
— ¡TE ODO!
— ¡YO TAMBIEN!
Hyde y Laurie se miraban con una rabia que parecía encarada al infierno. Si Jackie se hubiera atrevido a respirar habría arruinado la condena. Por suerte eso fue todo. La discusión cesó y Laurie abrazó a Hyde tan fuerte que Jackie tuvo miedo de que ambos se cayeran fuera de la camioneta.
—Voy a ayudarte a encontrarla ¿sí? Pero olvídate de Los Malcome. ¿Crees que harán esto gratis?
—Les he estado pagando…
No hizo falta que su hermana entrara en detalles para que Hyde comprendiera que tipo de pago había ofrecido Laurie y un dolor imperceptible al principio, estaba cayendo con profunda velocidad en el vacío de su estómago.
—Ya está…— susurró Hyde en el oído de Laurie. — Vamos arreglarlo ¿sí?
Laurie le dio un beso en la mejilla en forma de agradecimiento y a partir de ese momento fue más fácil conducir. Laurie y Jackie intercambiaban historias de su vida. Le habían contado como llegaron hasta allí y todo lo que le pasó a Eric, a Fez y a Kelso. Laurie a cambio les había dicho que su hija era preciosa, incluso para ser hija del presidente. Hyde podía imaginarse a su sobrina pero en su mente no se parecía en nada a Laurie; era bonita y risueña, hasta era amable y sofisticada. Hyde pensaba en ella como si fuera su propia hija y sin querer había comenzado a sonreírle por el retrovisor, cuando oscureció. Pasaban del valle y Hyde sabía que pronto tendrían que detenerse para rellenar el tanque de D.T.
—Entonces… ¿están juntos de nuevo?
— ¿Quiénes?
—No seas tonta. Ustedes dos ¡claro!
Hyde se sonrojó, a esas alturas del camino se había quedado sin energía para disimular algunas de sus verdades y después de las palabras de Jackie, no sabía que pensar.
—Por supuesto que no— dijo Jackie —Solo somos amigos.
"Amigos" Ahí estaba esa palabra de nuevo.
—Después de todo lo que se dijeron hace rato ¿no van a volver?
Hyde se removió incomodo en su asiento. Le dolía el trasero y algunos de los golpes más graves de Jack estaban despertando sus efectos en su adormecido cuerpo con el frio de la nocturna.
—Ella sale con alguien— Se recordó Hyde en voz alta.
— ¿Ah sí? ¿Está guapo?
—No le pondrás tus frías garras encima, perra. — se burló Jackie
—Por supuesto que no, tonta. Luego del presidente aprendí mi lección.
— ¡Si claro!— se mofaba Hyde, pretendiendo cambiar de tema para no tener que verse envuelto en una conversación sobre lo sexy que era el nuevo novio de Jackie. "vaquero" lo había llamado el ignorante. El término que debió usar fue quesero. ¿Pero qué estaba haciendo? ¡Maldita sea!
—Debemos detenernos ahí— señalo Jackie, para el alivio de Hyde habían llegado a la frontera y justo al lado había una gasolinera.
Un poco de azúcar en lo que va de sal, no será mal recibido. Pensó él. Los Malcome debían estar tras ellos. No podían detenerse por mucho tiempo.
Cuando el motor estuvo apagado Laurie y Jackie bajaron a comprar golosinas. Para sorpresa de Hyde, Laurie tenía efectivo. Pero aun así debían regresar a Chicago antes de que se les acabara el dinero. Es verdad que habían planeado un viaje muy largo, pero todo lo que tenia se había quedado en su camioneta el camino en el estacionamiento de HigHink. La oscuridad de la noche lo tranquilizaba. Estaba nublado y no se podían ver las estrellas pero a Hyde de todas formas no le gustaban. Una vez, cuando tenía cinco años, su padre de turno le había dicho que se acostarían a verlas y él le enseñaría sus nombres. Hyde se había pasado la noche en el techo porque su padre nunca llegó. Resultó que era parte de la estrategia para deshacerse del niño mientras los adultos hacían cosas de adultos.
—Bueno— dijo Hyde a su exnovia mientras Laurie pagaba por la gasolina. — ¿Ahora qué? ¿Volveremos a Wisconsin sin la información de PSIC?
—Pero tenemos a Marisa, ya es un avance ¿no? Me muero por contarles la verdad.
Pero la verdad está sobrevalorada y Hyde lo sabía muy bien. Ahora estaba pensando en una verdad conflictiva, una que se lo tragaría completo esa misma noche si se atrevía a llevársela con él a la cama.
— ¿Por qué no eres feliz?— le preguntó a Jackie
Jackie se sobresaltó de inmediato y quiso esconder la cara entre los hombros pero Hyde se adelantó sentándose en la banca, junto a ella.
—No tienes que responder si no quieres — advirtió— Solo es curiosidad.
Jackie vaciló por un momento, y el joven tuvo que replantearse los argumentos porque tuvo la certeza de que había descompuesto algo que no se podía reparar.
— Si lo soy… soy feliz de veras, soy feliz…. en serio pero…
— ¿Pero?
—Bueno, no "pero", si soy feliz.
Hyde negó divertido con la cabeza.
—No me lo tragué, Jackie… vamos, somos "amigos" ¿no?
Jackie lo miró boquiabierta, había percibido el sarcasmo en el tono de su voz.
— ¿Lo somos?
—Supongo. Eso le dijiste a él. Seguro… eso debemos ser.
— ¿No lo somos?
— No sé ¿Lo somos?—insistió Hyde. Ya no parecía divertido aunque se estaba riendo.
—No sé ¿Tú qué piensas?
—Pienso que tú piensas que lo somos— Dijo él.
— ¿Qué yo pienso? ¿Entonces no lo somos?— Refunfuñó Jackie compungida.
—Si tú crees que lo somos, entonces lo somos.
—No, ¿tú qué piensas?
—Lo que tú pienses…— contestó Hyde.
—No seas tonto Steven ¡Ya dime!
—Bueno… no sé… ¿Tú que crees?
— ¡STEVEN!
— ¡NO LO SOMOS!
— ¡¿Por qué no?!
— ¡Porque es mentira!
—Entonces ¡¿Cuál es la verdad?!
— ¿Quieres saber la verdad?
— ¡Sí!
— ¿Quieres la verdad? ¿Eso quieres?
—Si ¡Quiero la maldita verdad!
Hyde se sentía frustrado. No podía decírselo. ¿Para qué? ¡Qué montón de basura!
— ¿Quieres la verdad, mujer? ¿Crees que puedes con eso?
—Bueno dímela y veremos si puedo.
— ¿Quieres saber que creo?
— ¡¿Qué?!
—Que eres una mentirosa, muñeca, una gran mentirosa. ¡Creo que tú ya sabes la verdad! ¡Qué no necesitas oírla, que no quieres oírla!
— ¡Pues te equivocas porque no la sé! Quiero saber la verdad, pero tú siempre estas mintiendo.
—No te gustará la verdad.
— ¡Quiero que me digas la verdad, Steven, hablo en serio! ¡Deja de mentir!
— ¡¿Quieres la verdad?! ¡¿Quieres la maldita verdad?!
— ¡Si quiero la maldita verdad, Steven!
— ¡Entonces te daré la verdad….!
Hyde la tomó ágilmente por la cintura y agarró su mentón con la suavidad desesperante que tanto detestaba. Jackie sabía lo que pasaría pero no se resistió. Al contrario, torció el cuello con brusquedad para recibirlo en sus labios con la destreza que tenían sus pieles para encontrarse. Y el beso se cerró. Fue corto, fue rápido y fue correspondido. La boca de Hyde ardía por más. Su cuerpo gritaba de deseo. Había encendido una caldera oxidada que pensó que jamás volvería a funcionar dentro de él. Jackie debió sentir lo mismo porque apenas se separaron, ella se lanzó de nuevo hacia él. Esta vez se tomaron el tiempo de saborear al otro, era como si el calor hubiera construido un fuerte que los aislaba del resto del mundo; donde nadie podía verlos, donde solo ellos podían fundirse y se daban permiso de fallar en el proceso.
Hyde se descubrió torpe y con las manos irregularmente temblorosas, con esa sensación de adormecimiento en los dedos que le impidió abrir los ojos. Tal vez estaba dormido pero se sentía muy real; muy peligroso, muy Jackie. No quería despertarse todavía y el temor de que sus cuerpos se separaban agonizaba en su mente con un eco enfermizo que lo hacía mover los labios con mayor lentitud. Prolongaba el beso como había prolongado su ausencia, el dolor de sus miedos y de sus verdades; con ese color que prendía en el aire cuando los dos estaban en la misma habitación. Con el humo de un viento de otra historia, de otro tiempo que arrastraba despacio los recuerdos más preciados de Steven Hyde.
Un suspiro oculto en la naturaleza de las verdades que agobian. Jackie se sentía como el tiempo, se deshacía entre su saliva como el agua, como el fuego que se apaga cortado por el aire de un nuevo susurro. Un dolor anudado en su pecho se fue deshaciendo, el calor y el olor de Jackie habían bañado su cuerpo. Había encontrado todo su entendimiento pero ya no era capaz de sentir dolor. No había dolor ni en brazo, ni en la quemadura de su mano ni en la costilla rota. No había dolor en la palabra "amigos", ni en las mentiras. Porque de todas las clases de dolor el que lo perdonaba era suyo. Le pertenecía como quería pertenecer a Jackie sin resentimientos, sin dudas, y como si aquello fuera una opción. Como si el camino nunca se hubiera bifurcado. Sentía que estaba lleno de repente, como una vasija. Como una que lleva tiempo rota y que pensó que no podía volver a repararse.
Por un instante le pareció que cada cicatriz de su cuerpo se cerraba, que cada moretón se borraba y que cada lágrima se secaba. Estaba bien llorar un poco, eso era lo que sentía que recorría por su mejilla. Por primera vez en el día no le importaba estar inseguro, no le importaba desaparecer en medio de tanta sal. Se hundía, era agua. Sus piernas ya no se sentían firmes, volaban; se alejaban de él con ganas de perseguir su propio cuerpo y Hyde se fundía con el de Jackie sin necesidad de sostenerse al mundo. La realidad le quedaba muy corta. De repente era más joven, más alto y más valiente. No estaba asustado, no necesitaba comer, dormir, orinar o fingir que estaba bien. De verdad lo estaba, estaba bien. Era feliz, se dejaba caer en el sofá del viejo sótano, con el olor del humo y el incienso. Sentía palmadas en el hombro con olor a Kelso y a Forman, sentía el calor de los brazos de su madre, de Red y de Laurie. Ya no estaba solo. No podía estarlo. Nadie podía hacerle daño. Estaba en casa.
Pero no para siempre. La verdad de los cuentos es que no hay un para siempre, y menos para una historia tan corta. Hyde llegó al paraíso en un segundo, tocando los labios de la mujer que amaba y el hechizo se rompió cuando se separó de ella y se dio cuenta de que la magia se había quedado pegada en el lado de Jackie. Sus ojos seguían brillando; perdidos, navegando en ese océano de verdades saladas que Hyde había tenido que abandonar porque el sonido del ronroneo de su corazón era demasiado fuerte para soportarlo. Su pecho estaba empezando a abrirse por el golpeteo. El sonido era agobiante, estrambótico como el motor de…
Entonces lo comprendió por fin. A tiempo para poder empujar a Jackie del banco con una fuerza que le asegurara haberla expulsado lejos del trayecto, y tenía razón. Jackie había salido despedida hacia las bombas de agua que estaban cerca de las máquinas de gas, y desde allí vio pasar a la camioneta roja de lanza corta sobre la banca de madera donde estaban sentados y sus pedazos y los de Hyde volaron en un estruendo que le nubló la vista con lágrimas. Laurie condujo directo a la carretera sin detenerse a mirar el daño. Ya no había hermandad en sus ojos, no había familia, ya no había nada: ni dolor, ni sabor a hogar… tan solo odio. Odio de verdad.
