Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de assilem33, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from assilem33, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
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Epílogo
No estoy segura si Edward todavía está dormido detrás de mí, pero me encanta lo pesado que es su brazo alrededor de mi cintura y estoy tan cómoda que no quiero moverme todavía. Todavía es temprano, demasiado temprano para que los niños se levanten, así que realmente debería darme la vuelta y hacerle el amor a mi vaquero antes de que el caos nos consuma.
Hoy es el primer día de nuestro viaje por carretera de verano. Después de ese primer viaje por carretera, mi viaje por carretera favorito de todos los tiempos, lo cambiamos a los veranos, y dos meses en la carretera son increíblemente increíbles con mi vaquero y nuestros hijos. Uno pensaría que me darían pavor los largos viajes en auto con tres niños, pero absolutamente no, ni siquiera cuando están llorando y de mal humor y Sawyer está gritando al tope de sus pulmones porque quiere a su papá.
Los espero cada año.
Finalmente me doy la vuelta y, cuando lo hago, Edward está despierto, sus ojos adormilados sobre mí y sus labios se alzan en la sonrisa que amaré hasta el día de mi muerte.
—Buenos días, Swanie —saluda con voz rasposa.
—Buenos días, vaquero. ¿Estás listo para nuestra aventura? —Él acaricia mi cuello y me besa allí, y me acurruco más cerca hasta que estamos tan cerca que no podría acercarme incluso aunque lo intentara—. Los niños todavía están dormidos, así que creo que deberíamos hacer el amor antes de que se despierten.
—Sí. ¿Quieres hacer el trabajo o quieres que yo lo haga? —Sus manos se mueven sobre mi cuerpo, se deslizan debajo de mis pantalones cortos y mi ropa interior y me aprieta las nalgas con sus ásperas manos. Me encanta.
—Tú lo haces tan bien, vaquero —le digo, y él levanta la cabeza, la sonrisa levanta esos labios sexys tan jodidamente calientes que me derrito en él.
Me besa dulce y húmedo antes de deslizar mis pantalones cortos y mi ropa interior por mis piernas. Saca mi camiseta por encima de mi cabeza y luego sus manos ásperas están ahuecando suavemente mis senos. Se inclina hacia adelante y pasa su lengua por mis dos pezones, dándoles un buen mordisco antes de besar mi corazón.
Se sienta de rodillas entre mis piernas y saca su erección, dándole una caricia lenta, sus ojos verdes luciendo completa y jodidamente sexy.
—Eres tan jodidamente bonita, Swanie. —Extiende la mano y desliza un dedo por la humedad entre mis piernas—. Quiero verte tocarte.
Dios santo, esto nunca pasa de moda. Cada vez se siente como la primera vez, y espero que siempre se sienta así.
—Está bien —respondo y deslizo mi mano por mi estómago hasta que siento lo húmeda que estoy. Sus ojos observan cada uno de mis movimientos, y eso hace que las cosas sean mucho más calientes. Froto mi dedo suavemente y miro mientras se acaricia lentamente—. Eres tan caliente, vaquero.
—¿Sí? —pregunta, lamiendo sus labios, sus ojos se encuentran con los míos—. Estoy pensando que tú eres la caliente, nena.
Dejo de frotar y digo:
—Ven aquí. —Se inclina sobre mí, su boca cubriendo mis dedos y lamiéndolos antes de sostener mi mano sobre mi cabeza y deslizarse hacia adentro. Aplasto mis labios contra los suyos y envuelvo mis piernas alrededor de su cintura, mi otra mano se hunde en su cabello—. Ves, eres tan bueno —le susurro en la boca—. Estoy tan obsesionada contigo.
Acabamos de celebrar diez años de matrimonio en abril, y lo amo más ahora que entonces, si eso es posible, porque también lo amaba muchísimo entonces.
Gruñe y empuja más profundo, sus dientes se hunden en mi labio inferior, su mano agarra el costado de mi cara, sus dedos rascan mi cuero cabelludo.
—Dime cuánto lo amas, nena. —Sigue moviéndose más rápido, conduciéndose un poco más brusco con cada golpe, y su voz cuando me está haciendo el amor es demasiado para mí.
Beso sus labios una vez más y luego me muevo a su mejilla, hasta su mandíbula y hasta su oreja.
—Sabes que me encanta, que estoy obsesionada con eso, vaquero... —Mordisqueo su lóbulo de la oreja, amando el sonido de su profundo gemido mientras se mueve un poco más fuerte—… Eres tan sexy —susurro, sin aliento y lista para correrme—. Me voy a correr...
Se gira y muerde mi cuello suavemente antes de deslizar su propia mano entre nosotros y hacerme sentir tan bien. Su boca cubre la mía cuando termina, sus gruñidos de placer me hacen estremecer debajo de él.
Me encanta todo de él.
—Eres todo un dios, esposo.
Él se ríe y niega con la cabeza mientras se retira.
—Eres una chica tan buena, Swanie.
Sí, eso realmente me excita, pero no tenemos tiempo para hacerlo todo el día. Nos vamos del rancho y nos llevamos a los niños por todos lados. Vamos a comer bocadillos y barritas agridulces y sándwiches y beber jugos capri; van a pasar el mejor momento de su vida.
Me siento y me pongo la ropa antes de correr al baño. Me limpio rápidamente y salgo y encuentro a Edward todavía desnudo, recogiendo la habitación.
—Edward —le digo, exasperada pero sonriéndole como una idiota—. No puedes evitarlo, ¿verdad?
Se encoge de hombros y se sonroja, que es lo más lindo: desnudo y sonrojado, ¡quiero decir en serio!
Lo abrazo, muy fuerte, y beso su pecho desnudo.
—Te amo, vaquero.
—También te amo, nena.
—Voy a preparar el desayuno y el café. No sabes lo emocionada que estoy por el viaje.
—Estoy pensando que sí lo sé —se burla, besando mi mejilla antes de pasar a mi alrededor y en dirección al cuarto de baño.
—Dios, vaquero —susurro—, me encanta tu trasero sexy.
—Cállate —pide, pero luego hace un lindo guiño antes de encerrarse en el baño.
Es tan malditamente adorable que me mata.
Me pongo las gafas y agarro una cinta para el cabello, me lo recojo en una coleta y me dirijo al pasillo. Empecé a usar mis anteojos a diario cuando la pobre Ryder tuvo que comprar un par el año pasado. Estaba tan molesta, pensando que se vería muy graciosa con gafas. Ahora uso las mías para que podamos ser lindas juntas.
Lo hace mejor el que Edward me ame con lentes, eso dice, de todos modos. Creo que le creo.
Todas nuestras maletas están empacadas y esperando junto a la puerta, solo tengo que empacar la hielera y el resto de los bocadillos no fríos y luego ducharnos todos, para que podamos salir a la carretera. Nos dirigimos a Washington para ver a mamá y papá antes de dejar que el camino nos lleve a donde quiera llevarnos, o donde Edward decida llevarnos. Yo confío en él.
Chip y Coco chocan contra mis pies, y les doy un masaje en sus lindas cabezas antes de agacharme y recoger a nuestro nuevo cachorro Oreo.
—Eres un chico tan lindo —arrullo, frotando mi nariz en su adorable naricita. Sawyer eligió su nombre, nombrándolo en honor a su galleta favorita, el pequeño monstruo. Le encanta abrir la galleta y lamer el glaseado hasta limpiarlo antes de tirar el resto de la galleta, la mejor parte si soy sincera.
Oreo no se parece en nada a una Oreo, pero ¿quién podría decirle que no a Sawyer?
¡Ninguno!
Les devuelvo Oreo a su mamá y a su papá y me lavo las manos antes de hacer waffles con tocino, un favorito de la familia. Wilder podría comerse seis solo si se lo permito.
A los cuatro años, Wilder es el caballero más lindo de todos los tiempos. Edward es tan buen papá, enseñándole a ser como él. También se parecen el uno al otro. Estoy obsesionada con mi bebé.
Ryder es mi dulce niña grande. Acaba de terminar el jardín de niños hace dos días y es tremendamente inteligente. Su maestra sugirió que se saltara un grado, pero me negué, no viendo ninguna razón para que ella creciera más rápido de lo necesario. Ella es tan tranquila y brillante y mi gemela en apariencia, seguro.
Ahora, la pequeña Sawyer de Edward, ella es toda suya, la nombró después de todo. Ella lo tiene tan apretado alrededor de su dedo que ni siquiera es gracioso. Jodidamente adorable pero no gracioso. Sawyer es una mezcla de Edward y yo, los hermosos ojos de Edward y mi cabello más oscuro. Está obsesionada con su papá. Tiene casi tres años, pero es como si tuviera trece.
Edward y yo, hicimos la mejor familia. Sabía que lo haríamos. Todavía le agradezco a Dios que él se haya sentado a mi lado en ese avión.
Chip ladra y luego escucho pequeños pasos corriendo por el pasillo. Sawyer abraza a Chip y luego abraza a Coco antes de tomar a Oreo en sus brazos y apretarlo un poco más fuerte antes de ponerlo en el suelo y sonreírme.
—Mami, ¿nos vamos a la carretera ya?
La levanto y le digo:
—Buenos días a usted también, señorita.
Ella palmea mi cara, aprieta mis mejillas y besa mis labios.
—Buenos días, mami. ¿Vamos a la carretera?
Me encanta que tanto Wilder como Sawyer se parezcan a Edward, hablando como vaqueritas. Alegra mi corazón. Mi Ryder es realmente precioso y educado.
—Ya casi. ¿No estás muy emocionada? —pregunto, sacudiéndola en mi propia emoción.
Ella asiente y sonríe de oreja a oreja, arrugando su nariz toda linda y moviendo sus pies. Ella es tan linda que me mata.
La pongo de pie y se deja caer en el suelo, jalando a Oreo a su regazo.
—¿Dónde está papá?
—Está en la ducha. ¿Por qué no vas a despertar a tu hermano y hermana? Diles que el desayuno está listo.
Ella salta y brinca sobre Oreo y sale corriendo por el pasillo, gritando:
—Ry, Wild, ¡Mamá hizo waffles! ¡Papi! —chilla, sus pies corriendo de vuelta—. Mami está haciendo waffles.
—¿Sí? —le pregunta él, y yo sé que la levantó y le dio dulces besos porque ríe-grita, diciéndole que su cara le está doliendo.
—Ya casi estamos listos —dice ella—. Nos vamos de viaje por la carretera, papá. Tendremos jugos y pequeñas pizzas y vamos a ver películas y escuchar la música de mamá.
—¿No la música de papá? —inquiere, sus voces acercándose a la cocina.
—Papá —reniega ella, como si él fuera tan tonto—. Mami conoce la música. Me gusta cuando canta las canciones. Voy a cantar con ella.
Aparecen a la vista, y me derrito contra la encimera al verlo abrazarla y el rostro de ella casi se empuja contra el de él. Él le da un beso rápido antes de colocarla en la encimera.
—Me gusta cuando cantas, preciosa.
Entonces, ella comienza a cantar a todo pulmón, haciendo reír a Edward. Me acerco y la veo robar una Oreo mientras sigue cantando. La abre por la mitad y lame hasta dejarla limpia, colocando las dos piezas con cuidado sobre la encimera antes de agarrar otra. Gira esta y luego se la acerca a Edward, quien se inclina y toma la mitad entera de Oreo en su boca.
—¡Papá, eww! —grita Sawyer y se ríe—. ¡Se supone que solo debes comer el glaseado!
—No más Oreo, señorita. Es demasiado pronto —regaño, bajándola de la encimera y colocándola en su silla de bebé en la mesa—. Quieres waffles.
Ella asiente y se lame los labios.
Ryder entra somnolienta a la cocina y se acerca directamente a mis piernas para darme un abrazo.
—Buenos días, dormilona.
—Hola, mami. Sawyer me despertó. —Ella me mira con esos grandes ojos marrones detrás de adorables lentes, y yo la amo.
—Lo sé. Tenemos que comer, así podemos ponernos en camino. Es el día del viaje. —Abro los ojos, como seriamente emocionada, y ella sonríe feliz antes de saltar hacia Edward y abrazarlo.
—Hola, papi —dice con su dulce vocecita.
—Hola, niña bonita —saluda Edward, besando su cabeza y acercándole una silla—. ¿Quieres unos waffles?
—Sí, por favor.
¡Mi corazón!
Edward me sonríe mientras pongo toda la comida en la mesa.
—Wild va a dormir todo el día si se lo permitimos —comenta Edward—. Tú come, Swanie. Voy a levantarlo.
—¡Le dije que se despertara! —grita Sawyer, lamiendo sus dedos—. Roncaba como mami.
Jadeo, dramáticamente, fingiendo estar ofendida.
—¡No ronco!
Ryder y Sawyer se ríen.
—Te escuché —refuta Sawyer, todavía riendo, y Ryder asiente.
Edward se ríe y retira el loco cabello de Sawyer lejos de su cara y del jarabe de maple. Es inútil ya que Sawyer lo ayuda empujando su propio cabello fuera del camino, dejándolo todo pegajoso de todos modos.
Edward se va a buscar a Wilder, y las chicas y yo comemos. Ryder dice que quiere traer sus libros para leer en nuestro viaje, y Sawyer dice que quiere traer a Oreo, haciendo pucheros cuando le digo que tiene que quedarse con el abuelo y la abuela.
Ryder tenía solo dos años cuando Carlisle y Esme se volvieron a casar, y ella vino a vivir al rancho. Ella fue la linda niña de las flores, y me encanta que hayan vuelto a encontrar el amor. Ahora podemos ver a Esme todos los días. Sin embargo, mamá extraña tenerla cerca. Se hicieron mejores amigas cuando Edward y yo nos casamos en la playa.
—No puedes hacer pucheros, Soy, vamos a la playa. ¡Papá puede construirte un castillo de arena!
—¿Y a mí también? —pide Ryder.
—¡Por supuesto!
—Quiero uno enorme —pide Sawyer, extendiendo los brazos.
—Estoy segura de que papi puede hacer uno enorme —confirmo, sabiendo que Edward hará uno de tamaño natural si eso es lo que quiere Sawyer.
—¿Un enorme qué? —pregunta Edward, cargando a Wilder como un saco de patatas.
—Un castillo de arena —explica Ryder—. Sawyer quiere uno enorme.
Él le guiña un ojo y lleva a un Wilder que se ríe tontamente hacia mí, dejándolo en la silla a mi lado. Se pone de pie y se inclina hacia mí.
—Buenos días, mamá —saluda, besando mi mejilla.
Lo tiro a mis brazos y beso todo su lindo rostro hasta que se ríe como loco.
—Mamááááááá —grita.
—Lo siento, eres tan guapo. Estoy tan obsesionada con tu linda cara.
Él sonríe como si ya supiera que es un lindo y se sienta de rodillas, esperando su plato de waffles.
Edward trae dos platos, uno para él y otro para Wilder. Sawyer insiste en que se siente junto a ella, lo cual está bien ya que está en medio de las dos.
Sawyer y yo nos turnamos para alimentar a Edward, y en realidad es solo un juego ahora, las dos reímos y luchamos por llevarle los waffles a la boca primero. Tuve que aprender a compartir a mi vaquero con ella, una niña tan codiciosa.
Es realmente adorable.
Una vez que termina el desayuno, Edward se hace cargo de los platos mientras yo me encargo de los baños. Sawyer es un tornado, gritando como loca que el jabón le quema los ojos cuando no causa lágrimas. Odia los baños desde que nació.
Todavía necesito ducharme, y antes de entrar, le digo a Ryder que empaque su mochila con libros y la ponga junto a la puerta. Ella asiente con los ojos muy abiertos y corre a su habitación, con Sawyer pisándole los talones.
—¿Te vas a duchar? —pregunta Edward, apoyándose en la puerta.
—Será rápido —le digo.
Entra en la habitación, hacia mí, y agarra mis caderas.
—Deberías haberte duchado conmigo, Swanie. Podría haberte lavado.
—Lo sé. Lo lamento, vaquero, de verdad. En nuestra primera parada, acostaremos a los niños y luego tomaremos una ducha caliente.
—¿Sí? —inquiere, sonriéndome.
—Sí. No puedo esperar.
Me da un beso dulce y corto antes de dejarme ir.
—Tómate tu tiempo, nena. Los niños y yo empacaremos la camioneta, bajaremos y nos despediremos de mi mamá y papá.
—Espera —le digo, agarrando su brazo—. Yo también necesito decirles adiós. ¿Podemos detenernos al salir?
—Sí.
—Está bien. Ah, y asegúrate de que Soy no esté tratando de meter a escondidas todos los juguetes que tiene a la camioneta.
Él se ríe y niega con la cabeza, sabiendo que ella realmente lo intentará. En serio, casi tres y ya es un puñado de astucia.
Ella debe ser mi hija.
Me meto en la ducha pero no me tomo mucho tiempo porque estoy lista para salir a la carretera, probablemente más emocionada que todos.
No es mi culpa que hace todos esos años mi vaquero me llevó al mejor viaje por carretera y ha pasado diez años tratando de superarlo. Nuestro primero siempre será mi favorito, pero el resto son igual de especiales.
Una vez que estoy lista, guardo la hielera y la deslizo por la puerta principal, para que Edward pueda guardarla en el asiento delantero.
Me siento y mantengo mis ojos en ellos en la distancia mientras caminan a casa. Ryder saluda y Wilder comienza a correr hasta que se detiene frente a mí, sosteniendo un billete de veinte dólares.
—El abuelo me lo dio.
—¡Guau! —exhalo.
—A Soy y Ry también.
Ryder se acerca y se inclina contra mí, recuperando el aliento de esa caminata de una milla de largo. Sawyer está sobre los hombros de Edward, aferrándose a su cabello por su vida. Él la baja y me la entrega, y ella me cuenta todo sobre su breve visita.
—El abuelo va a cuidar a los perritos —explica—. Él me pagó por ello. —Ella sostiene su dinero.
—Dale tu dinero a mamá para que lo guarde —ordena Edward, empujando mi pierna con una mano para que me levante y él guarde la hielera.
Todos me lo entregan y los llevo adentro para ir al baño antes de ponernos en camino.
—Quiero usar mi sombrero, mamá. ¿Puedo? —pregunta Wilder, sosteniendo su pequeño sombrero de vaquero.
—Sí, puedes. Lleva también una gorra de béisbol. Dáselos a papá.
Se marcha y yo reviso la casa solo para asegurarme de que no nos olvidamos de nada. Una vez que estoy segura de que estamos listos para irnos, me aseguro de que Edward esté bien y luego cierro la casa.
Él ya tiene a todos los niños abrochados con una película. Sawyer y Wilder están entretenidos en la pantalla mientras mi dulce niña pasa las páginas de su libro.
Cierra la puerta de Wilder y me echa un vistazo.
—¿Estás lista para salir a la carretera, Swanie?
—Absolutamente, vaquero.
Me da un abrazo.
—La comida está en el asiento del pasajero, así que tendrás que sentarte a mi lado.
—Ese es mi lugar favorito —afirmo—. Necesito un besito antes de irnos.
—¿Solo uno pequeño? —Él sonríe y yo me pongo de puntillas.
—Quiero decir, puede ser grande...
Me besa, dulce y largo, mareándome antes de abrir la puerta y levantarme dentro. Me abrocho el cinturón y lo veo hacer lo mismo antes de volverse y mirar a nuestros adorables niños.
—¿Están listos para partir?
—Lo estoy —confirma Wilder.
—Sí, papi —secunda Ryder.
—¿Soy? —pregunta Edward.
—¿Qué, papi? —inquiere, demasiado distraída en su película para saber qué está pasando.
—Estoy preguntando si estás lista para salir a la carretera o si quieres quedarte en casa.
—¡Qué! No, papi —grita—. Quiero ir de viaje contigo y con mami. No me dejes aquí.
Él se ríe y yo sonrío viendo por el parabrisas.
—Nunca te dejaría, preciosa.
—Está bien, papi.
Se da la vuelta, abrazo su brazo y luego tomo su mano. Me empuja con el brazo antes de poner la camioneta en marcha.
—Mira, Wild —comenta Sawyer—. Ralphie está triste.
—Ralph —la corrige Wilder.
—Me gusta Ralphie. Él no quiere ser malo Ralphie, pero aplastó el pastel. Yo quiero pastel —dice—. No tiene velas. Yo tengo velas en mi pastel.
—No es un cumpleaños —indica Wilder, pacientemente, siempre paciente como su papá.
Mirando hacia atrás, veo a Sawyer haciendo girar el cabello de Wilder con sus dedos. Ella siempre hace eso, pero solo con Wilder. Él siempre la deja y nunca se queja.
—Los amo —le digo a Edward, apretando su mano.
—Yo también, nena.
—Y te amo, vaquero. Hicimos hermosos bebés, ¿eh? Son tan lindos que es irreal.
—Como su mamá —dice, el dulce adulador.
—Y su papi. Sabes que eres lindo.
—Sí —bromea.
Me acurruco más cerca, escuchando a Sawyer hablar con Ryder y Wilder. Ella nos incluye a Edward y a mí a veces, y me encanta la forma en que Edward responde, como si sus historias fueran lo más importante del mundo.
Es tan malditamente precioso que me duele el corazón en todos los sentidos.
—Swanie...
—¿Sí? —murmuro, levantando la cabeza para mirarlo.
Él niega con la cabeza.
—Nada. Solo quería escuchar tu voz.
Una sonrisa se extiende lentamente por mi rostro.
—Cuando los niños duerman la siesta, te contaré historias —sugiero.
—¿Reales o inventadas?
—Estoy pensando en una real.
—Bien, nena.
—Está bien —concuerdo.
Me sonríe y mi corazón está tan feliz que siento que va a estallar.
Nuestra vida es buena.
Tan jodidamente buena.
Es el final perfecto para esta pareja, con sus 3 hijos y continuando el viaje por carretera que les permitió conocerse y eenamorarse. Solo nos queda un outtake y oficialmente nos despedimos de esta historia.
Gracias por todo su apoyo en esta y otras traducciones, ese mismo apoyo es el que nos motiva a seguir buscando historias para ustedes y traerlas en nuestro idioma.
Nos leemos en el outtake.
Sarai
