2. La verdad detras de la magia.
La siguiente declaración de los hechos fue tomada del expediente G3, 18, con la fecha del día… ah… del día de 06, dónde usted acepta su participación en la planeación y realización de la conspiración efectuada por el grupo criminal organizado que se identifica bajo el nombre de "Los Malcome" y que ejecutó un acto de (…) [s.s. .42] G3; de grado[s.s. .42/2, de acuerdo con la (Ley/ cód.) [federal s.s.t art.51] atentando contra la vida del presidente de los Estados Unidos de América; durante una manifestación hostil de lo que parece haberse convertido en uno de los más grandes intentos por detener la proclamación de paz del representante máximo del estado. ¿Está usted de acuerdo?
Sr. Hyde: No… bueno [silencio] no es lo que dije.
Abogado: ¿No es lo que usted dijo?... [Silencio] (Suspiro)
Sr. Hyde: No, creo que eso… [Silencio] es decir… [Altisonante] eso no fue lo que dije.
Abogado: Usted hizo una declaración donde… [Interrupción] Sr. Hyde: Recuerdo haber declarado, solo que eso no fue lo que dije. No dije que había sido parte de la organización.
Abogado: Pero usted lo fue [Silencio]
Sr. Hyde: Eso no es una pregunta (…) ¿Es una [altisonante] pregunta?
Defensa: Objeción: está afirmando, es una falacia.
(voces ininteligibles)
Fiscalía: De acuerdo con el artículo 3.4: 32, la fiscalía lo permite.
Defensa: Usted está afirmando. Está suponiendo… [Interrupción] Fiscalía: La objeción fue permitida, tiene que preguntar de nuevo, abogado.
Abogado: Es mi pregunta… Ah… de acuerdo con la ley… [Interrupción] Defensa: Pero… Esas preguntas ya fueron contestadas… [Silencio] Abogado: Ok.
Fiscalía: La pregunta… ¿fue contestada la pregunta?
Sr. Hyde: Ya contesté eso (…) [Silencio] sí.
Abogado: ¿Sí fue parte de la organización?
Defensa: Dijo que sí había contestado la pregunta, no que la respuesta era sí.
Abogado: Sr. Hyde, ¿acepta usted haber estado involucrado en la organización de dicha ejecución publica, bajo ésta o cualquier otra circunstancia que…? [Interrupción] Sr. Hyde: Dije que sé qué fue lo que pasó… eso y…que sabía [Altisonante] sabía lo que iba a suceder, no que…(ininteligible) [Interrupción] Abogado: Señor Steven Hyde ¿fue o no fue usted parte, directa o indirectamente, del atentado contra…? [Interrupción] Defensa: Objeción: ambiguo. Está siendo ambiguo, abogado.
(ininteligible)
Abogado: [Silencio]… Responda la pregunta, señor.
Fiscalía: A lugar… formule otra pregunta, abogado.
Sr. Hyde: Yo… (Divagando) perdón ¿Cómo?
Abogado: Responda la pregunta, señor. [Silencio]
Sr. Hyde: ¿Cuál era la pregunta? Es que (…) Otra vez… [Silencio] no escuché la pregunta.
Abogado: Sí: (aclara la garganta) ¿Fue o no fue usted parte del atentado contra el presidente de los ?
Defensa: No tienes que responder eso, ya fue contestado.
Sr. Hyde: ¿No? No entiendo. Yo no… no sé, ya respondí eso ¿Se me acusa de planear el atentado o de ser parte de la organización? Porque (…) [Interrupción] Abogado: No, señor, responda la pregunta, es muy directa.
Sr. Hyde: Sí, yo (…) [Silencio] sabía que Los Malcome estaban ahí pero yo no… es decir (pasa saliva) nunca fui parte de la organización.
Abogado: Para que pueda ayudarle tiene que hablar con la verdad.
Sr. Hyde: Lo sé… yo (…) [Silencio] es que, no lo sé. No sé qué quieres decir con eso.
Abogado: Sr. Hyde, el día de ayer usted declaró haber sido parte tácita en la planeación.
Sr. Hyde: Yo no dije eso.
(ininteligible)
Abogado: Señor Hyde… [Interrupción] Sr. Hyde: Intenta poner palabras en mi boca.
Defensa: Esas preguntas ya fueron contestadas. Abogado, por favor.
Abogado: Señor Hyde ¿sí o no fue usted parte de la organización…? [Interrupción] Sr. Hyde: No soy parte de la organización, es lo que acabo de decirles.
Defensa: Fue un no.
(Pasa saliva) - - - - - (Micrófono golpeando contra la placa)
Abogado: ¿Pero lo fue al momento del atentado?
Sr. Hyde: (suspiro) Eso va a ser un no.
Abogado: Pero estaba en el lugar donde se suponía que debería estar… [Silencio] entonces (…) [interrupción] Defensa: El señor Hyde ya ha contestado a esa pregunta, no fue parte de la organización.
Abogado: Pero fue parte del atentado.
Defensa: Objeción: suposiciones.
Fiscalía: No. Responda la pregunta, ¿Señor Hyde?
Sr. Hyde: Estaba en el atentado… [Silencio] esa es la… [Altisonante] razón de porqué estoy aquí ¿no?
Abogado: Sea claro, responde una pregunta con otra pregunta, señor, no está siendo claro. Necesito que sea claro.
Sr. Hyde: No quiero (…) no es así… [Silencio] Ustedes quieren que diga que yo organicé todo esto para tener algún responsable encerrado y poder poner en las noticias que están haciendo su trabajo, eso se llama forzar una declaración, y lo que ustedes…[Interrupción] Abogado: No señor, estamos preguntando, ¿Por qué el día de ayer usted confirmó ser parte de una organización y el día de hoy cambia esta declaración, y se niega a reconocer su participación tácita en la ejecución de una conspiración inspirada por dicha organización? Eso es… está cambiando su declaración Señor y yo no puedo ayudarle si… [Interrupción] Sr. Hyde: Yo no [Altisonante] (…) dije que soy o que fui parte de la [Altisonante] organización.
Fiscalía: Orden señor, por favor mantenga el tono de voz.
Sr. Hyde: No estoy en la (…) [altisonante] secundaria ¿no? Porque me están acusando de algo que… [Interrupción] Abogado: Usted está aquí porque ya fue detenido, señor. Con cargos de conspiración y…
[Interrupción] Sr. Hyde: No.
Abogado: ¿No?
Sr. Hyde: No voy a decir nada.
Fiscalía: Responda la pregunta, señor.
Sr. Hyde: No entiendo su pregunta y no sé qué quieren que diga, no voy a decirles nada.
Defensa: El señor Hyde quiere que sea más específico con sus preguntas, señor abogado; está preguntando lo mismo desde que comenzó el interrogatorio. Mi cliente ya ha respondido a eso.
¿(ininteligible)?
Abogado: Señor si se niega a cooperar… [Interrupción] Sr. Hyde: Están tergiversando todo lo que digo y… [Interrupción] Defensa: Contesta la pregunta, Steven.
(Micrófono golpeando contra la placa)
(Aclara la garganta)
Sr. Hyde: No voy a contestar la pregunta. (Silla deslizándose)
Abogado: Señor Hyde, si decide quedarse callado y anular su declaración será hallado culpable por omisión y los cargos… [Interrupción] Sr. Hyde: No voy a decir nada. (silla deslizándose)
Defensa: Steven, contesta la pregunta. Steven…
Sr. Hyde: No voy a… [Altisonante] (…) no. No voy a decir nada.
[Silencio]
Abogado: Esta es la última vez que se lo pregunto señor Hyde, ¿ok? Esta es su última oportunidad para hacer una declaración ¿participó usted, de manera directa o indirecta en la planeación o ejecución del atentado contra el presidente de los Estados Unidos de América? (…) [Silencio]
Abogado: ¿Señor? (…) [Silencio]
Abogado: (…) ¿Señor? [Interrupción]
Defensa: (…) (aclara la garganta)
(…) [Silencio] contesta la pregunta.
(…) [Silencio] ¿Participó usted de manera directa o indirecta en la planeación o ejecución del atentado contra el presidente de los Estados Unidos de América?
2:03
Sr. Hyde: (…) [Silencio]
2:09
Sr. Hyde: Sí.
(10 años antes.)
(1979)
Buddy Morgan nunca fue bueno con las despedidas pero ésta se convertiría en una memorable. El hombre que conquistó su corazón se iba en el próximo vuelo a África y nadie conocía la razón. Eric era el típico niño berrinchudo que nunca antes había abandonado su pequeño pueblo natal, el quisquilloso Point Place. A diferencia de los suyos, los padres de Eric pertenecían a la clase obrera, por no decir "media" porque en lo que a Morgan padre respectaba, la clase media era un invento de los pobres para ganar un poco de dignidad en el mercado. Pero Buddy no pensaba como su padre, barbaridades indescriptibles. El creía que era importante tener educación antes que dinero y por esa misma razón estaba dispuesto a convencer a Eric de quedarse. Si Eric se quedaba con él, irían juntos a la universidad y tarde o temprano se daría cuenta del error que había cometido eligiendo a esa falsa pelirroja sin gracia por encima de él: un carismático fiel de la caridad y de las buenas maneras.
Llevaba algunos minutos esperando en la escalera del edificio, se había adelantado porque no quería parecer desesperado pero tampoco quería llegar tarde y perderlo para siempre. Aquella era su oportunidad perfecta porque se encontrarían solos en el andén. Eric bajó la escalera con una pequeña caja rosa; según se enteró años más tarde, había peleado con una mujer en el transporte de correos por haber enviado el regalo equivocado de despedida, de vuelta con la tía Maggie. Se le veía despeinado y tenía un rasguño en la mejilla, pero la caja rosa era toda suya.
— ¡Eric! — Saludó rápido — ¡Qué asombrosa casualidad encontrarte aquí! ¿Vas a algún lado?
—Hola, Buddy. Sí, sabes que tengo que irme, ya voy tarde para el vuelo y perdí mi maleta allá arriba. Así que sí… ¡Esto es un desastre! ¿Quieres sostenerme esto un segundo? Gracias.
Buddy hizo caso omiso de la anécdota.
—Estaba pensando que quizá podríamos ir a tomar un último batido, ya sabes… antes de que te vayas, y te olvides de tus amigotes. — Cuando dijo esto último, le golpeó suavemente con el puño en el hombro, pero se arrepintió de inmediato al ver que el otro se incomodaba ante la desnaturalización de su contacto.
— ¿Pasa algo, amigo? — dijo Eric alzando una ceja
—Bueno, en realidad hay algo de lo que tengo que decirte antes de que te vayas… verás, yo…
— ¿Listo, tigre? — dijo Donna bajando por la escalera— ¿A que no adivinas cuantas botellas de colores venden en esa tienda? Te compré una rosa y una amarilla porque dicen que son para el dinero y el amor… Hola Buddy ¡Que sorpresa! ¿Viniste a despedirte de Eric?
Buddy vaciló.
—Ah… sí, claro. De hecho estaba por hablar con él de un tema muy importante ¿podrías…? Ya sabes…
—Ah, oh. Claro, sí. Ya entendí, estaré por allá. No se preocupen.
— ¿Qué? Escucha Buddy en realidad ahora no tengo tiempo, ya voy retrasado y…
—Solo dame… un minuto ¿sí? Luego puedes irte, vamos, no vamos a vernos en un año.
—De acuerdo, pero que sea rápido ¿bien?
—Sí, ah… sí, de acuerdo, aquí va…
Eric arqueó una ceja
— ¿Sí?
—am, bueno, quería desearte un buen viaje y… ya sabes, decirte que estaré aquí por si cambias de opinión y decides quedarte…
—No, no lo creo, eso no pasará amigo. Ya hice todos los trámites. En cuanto me suba a ese avión habrá terminado todo este trabajo. Ni me lo digas, estoy aliviándome ya.
—Eric, si te quedas podremos ir a la universidad y graduarnos, mi padre te dará empleo en donde quieras.
—No lo entiendes Buddy, no estoy haciendo esto por un trabajo, hago esto para ayudar, y para ayudarme a mí mismo. Tengo que saber quién soy y lo que quiero… eso es algo que no se aprende en la universidad, si me quedo aquí nunca lograré nada. Nunca voy a encontrarme conmigo mismo y…
—Pero es que eso nunca lo sabrás. Uno nunca llega a reconciliarse con uno mismo, envejeces y cometes errores en el proceso y para cuando te das cuenta de que tantas preguntas eran tan irrelevantes como el tiempo que gastaste en perseguir las respuestas, estás postrado en una silla y alguien más te ayuda a orinar…bueno, al menos si tienes suerte. Creo que la vida no se trata de encontrarse con uno mismo. Eres tú, Eric, tú… aquí y en cualquier parte… lo que quiero decir es… que si te vas puedes arrepentirte para siempre de no haberte quedado.
—Y si me quedo puedo arrepentirme de no haberme ido ¿no?
—Pues sí, pero quien necesita arrepentimientos cuando tiene todo lo que quiere.
—Si me quedo no tendré lo que quiero, tendré lo que creo que debería tener y que me merezco pero ¿Qué me merezco? ¡Nada! Porque nunca he hecho nada en la vida. Estoy a punto de volar al otro lado del mundo, si me detengo ahora...
—Tal vez no tienes que volar al otro lado del mundo, tal vez aquí esta lo que necesitas.
—No voy a perder más tiempo discutiéndolo contigo, tomé esta decisión hace mucho tiempo, amigo.
—Tal vez lo que necesitas está aquí, contigo, ¡En tu nariz!
—He hurgado muchas veces ahí y créeme, nunca encontré nada bueno.
—No lo digo de manera literal— Lo persiguió Buddy por el pasillo— Digo que… tu sabes, tal vez lo que necesitas…
— ¿Qué Buddy? ¿Qué necesito? ¿A ti? ¿Tú vas a solucionarme la vida?
—No, pero al menos…
—No puedo estar contigo Buddy, lo siento. Tienes que entender que yo no soy como tú.
Buddy se detuvo en seco.
— ¿Cómo yo? ¿Qué quieres decir?— Eric se tocó la nariz en señal de frustración.
— Ya sabes. Como tú.
— ¿Comprometido? ¿Leal? No, no lo sé, dímelo.
— ¡Marica!
Buddy retrocedió un paso, jamás creyó que Eric lo llamaría así.
—Lo siento, esa no era la palabra que buscaba pero…
—No, descuida, entendí lo que dijiste.
Eric ablandó la voz.
—No, mira, yo sé que porque haces esto, pero yo nunca voy a poder estar contigo y aun si me quedo aquí no estaré contigo jamás. Tienes que… superarme ¿ok?. Oí que hay muchos sitios donde las personas como ustedes…
— ¿Personas como nosotros? ¿Qué quieres decir? ¿Ya no somos personas normales?
—Bueno no pero… son diferentes.
— ¿Sabes qué, Eric? Eres la persona más egoísta que conozco y espero que…
— ¿Yo soy egoísta? ¡Tú quieres detener mis sueños por una fantasía que nunca va a hacerse realidad!
— ¿Tus sueños? ¿Pero que me estas contando, Eric? Cambias de idea sobre tu futuro cada cinco días. ¡Tú no sabes lo que quieres!
— ¡Y tú nunca vas a tener lo que quieres!
—Yo no quiero obligarte a quererme, solo te quiero ¿tiene algo de malo?
— ¡Pues yo no te quiero a ti!
Las palabras se sintieron tan reales que Buddy tuvo que contener la respiración para no derrumbarse. Estaba parado en medio de la estación con un dolor profundo en el pecho, deshaciéndose por sus estómagos como un hielo mezquino. A veces escuchas cosas que no quieres escuchar, que no hacía falta escuchar, que ya estaban dichas y esta era una de ellas. Buddy ya sabía que Eric no sentía lo mismo por él pero nunca lo había lastimado tan profundamente. Buddy ya no dijo nada. Ninguno de los dos lo hizo. La magia se rompió y volvió caminando a casa sin prestar atención a nada más.
Le costaba enfocar un solo pensamiento en su cabeza golpeándolo a gritos con respuestas que no llegó nunca a pronunciar. En lugar del camino habitual, rodeó la plaza, no le hubiera gustado encontrarse con Eric de nuevo. Luego de la primera calle, Buddy saltó por encima de la coladera creyendo que, como todas las demás podría soportar su peso, pero se equivocó. La pequeña rejilla se partió por la mitad y Buddy cayó en el fondo. Se llevó un buen golpe en el codo antes de quedar atorado entre la mierda. Se dijo a si mismo que podía soportar el dolor hasta que miró su brazo y lo descubrió al revés. El grito que soltó alertó al conductor del vehículo que iba pasando por la calle. El hombre detuvo el auto y se bajó corriendo para ayudarlo.
— ¡Oh, no! ¿Cómo te metiste ahí, niño?— le dijo el señor. Buddy no pudo evitar romperse cuando le quiso contestar y su voz se quebró antes de poder articular una respuesta.
—Tranquilo, tranquilo, te voy a sacar de ahí, eh… — El hombre miró a su alrededor para ver si había alguien que pudiera ayudarlo. Recordó la única vez que intentó llamar a los bomberos por una situación semejante y no pudo evitar hacer una mueca de fastidio. — Está bien niño, espera. Espera aquí, voy a conseguir ayuda.
— ¡No! ¡No! ¡Espere!— musitó Buddy— Por favor… Por favor, ayúdeme.
El hombre lucía algo viejo pero apenas saltaban afuera las canas, parecía suficientemente fuerte para levantar a Buddy del agujero utilizando sus manos, el muchacho pensó que aquella era la mejor oportunidad que tendría. Si ese hombre se iba, se quedaría ahí solo.
—Por favor… no puedo salir. — suplicó Buddy con los ojos vidriosos. Se había dado cuenta de que la vergüenza era lo que menos le preocupaba. Luego de reflexionar unos segundos, el viejo se inclinó sobre el agujero y alcanzó al chico con un brazo, pero tiró de su brazo roto y Buddy se puso a llorar.
—Lo siento. Lo siento, está roto, cielos… ¿Qué puedo hacer? ¡Carajo! ¡Señor!— gritó de repente a un hombre en la acera de enfrente, que se había percatado de todo e intentaba pasar desapercibido para poder escapar de la situación. — Por favor, venga a ayudarme…
Buddy no podía ver al hombre con el que estaba hablando, pero tan pronto como escuchó su voz sintió un escalofrío tremendo. Tal vez era el dolor. Estaba a punto de desmayarse y había sangre en el borde que solo podía ser suya.
— ¿Qué pasa?— escuchó que le decía el otro
— ¡Llame a los bomberos, el niño se cayó!
— ¿Se cayó?
—Sí, se cayó, se cayó ahí dentro ¡Mire!
Buddy se sentía ridiculizado, pero no estaba llorando por la vergüenza, estaba llorando por el dolor y la impotencia de tener el cuerpo inmovilizado. La discusión de afuera solo lo hacía sentirse peor. Dejo escapar un grito de rabia.
— ¿Ahí?
—Sí ¡Ahí está! Hay que llamar a la policía o…
— ¡No! ¡A la policía no!— exclamó el otro hombre. — Déjeme a mí, yo me encargo. — ¿Estás bien, amigo?— Buddy alzó la cabeza para verlo, era mayor que él pero más joven que el otro, y por alguna razón a Buddy le parecía familiar. — ¿Puedes mover la mano?— Buddy negó con la cabeza. — Está bien. No te preocupes, voy a entrar por ti.
— ¿Va a entrar?— le preguntó el viejo
—Si
— ¿Ahí?
—Sí, señor, agárreme aquí.
— ¿Qué lo agarre?
—Sí señor, agárreme aquí.
Buddy se estaba adormeciendo, había pisado cientos de coladeras y nunca le había ocurrido tan espantoso accidente. ¡Estúpido Eric Forman! ¡Esto era culpa suya! ¿Para qué había tomado otro camino? ¡No! El estúpido era él por haber creído que podría interferir con la decisión de su amigo. No, peor aún, por haber pensado que era su amigo. Durante los próximos minutos solo pudo escuchar más susurros de los dos hombres de afuera, incluso le pareció escuchar a una mujer. Luego todo se puso negro pero fue solo un parpadeo, o eso le pareció a él.
— ¿Estás bien?— dijo el hombre de la voz electrizante, se escuchaba un vago sonido del motor más suave que Buddy hubiera conocido jamás. — ¿Cómo te sientes? — Buddy volvió a parpadear y cuando pudo volver a abrir los ojos lo primero que vio fue un horrible cuadro de dos mujeres nadando sobre una tela de algodón. Le pareció de muy mal gusto.
—Ya despertaste. — dijo esa voz de nuevo. Buddy se incorporó despacio y se volvió hacia la puerta—No te estreses, no te secuestré— Le sonrió— En cuanto te saqué de ahí me acorde de ti. ¿Tú me recuerdas?
Buddy tenía ganas de responder, pero estaba confundido.
—Tuvimos que sedarte para que el doctor te acomodara los huesos. La buena noticia es que van a sanar— Sacó un cigarrillo y se lo puso en la boca— La mala es que tal vez no te vuelva a crecer el diente que perdiste.
Buddy se llevó las dos manos a la boca pero en ese momento el otro comenzó a reírse.
—Estaba bromeando, no perdiste ninguno. Aunque si te diste un buen golpe y tuve que cocerte el labio inferior.
— ¿Dónde estoy?
—No tan rápido jovencito— El hombre era elegante, vestía un traje a tres piezas y lucía una seguridad acérrima en ese peinado, pero lo que más le gustó a Buddy fue su perfume, porque le recordaba el olor del baúl de la oficina siempre cerrada de su padre y esa colonia de buena marca con licor que pudo sentir cuando se le acercó. — Necesitas descansar. Yo mismo te llevaré a tu casa cuando te hayas mejorado.
Buddy entrecerró los ojos, ¿De dónde lo conocía? ¿De verdad sabía dónde vivía?
— ¿Nos conocemos? — Le preguntó. El hombre le sonrió de nuevo y le acarició el cabello, Buddy se sobresaltó con el contacto. Odiaba que tocaran su cabello.
— ¿No me recuerdas?
—No lo creo, ¿Conoces a mi padre?
—Así es, trabajamos juntos algunas veces, te he visto paseándote en la pista. No creo que me hayas visto desde ahí pero parecías entusiasmado con tu amiga. ¿Cuál es su nombre? ¿Mary Rose?
—Ella no es mi amiga. Es mi prometida.
—Claro, tu padre me dijo que te iban a obligar a…
—No me están obligando, estoy enamorado de ella.
El hombre se rio por lo bajo.
Mire agradezco su amabilidad, pero no lo conozco y creo que es inapropiado...
—Daniel Malcome— Se presentó tendiéndole la mano— ¿Comenzamos por averiguar cómo te metiste en esa coladera?
Buddy enrojeció apenado y se agachó.
—Tu padre siempre está hablando de lo bien que te comportas, no me puedo imaginar como un joven tan inteligente terminó metido en…
—Muchas gracias por ayudarme, pero ya tengo que irme, mi padre os enviara las facturas del médico y de nuevo, agradezco su hospitalidad…— dijo levantándose de la cama, de inmediato se mareo pero Daniel alcanzó a sostenerlo.
— ¿Pero tan pronto?— le dijo — Claramente no te encuentras bien y tu padre de todas formas ya sabe que estas aquí.
Buddy abrió los ojos.
— ¿Mi padre?
—Si no me crees puedes llamarlo tú mismo— Le alcanzó un teléfono que estaba sobre la mesita de noche.
Buddy dudó al principio pero luego obedeció y marco el número privado de su padre. Como siempre, nadie contestó.
—Nadie atiende— susurró.
—Tu padre está ocupado, te lo dije. Puedes descansar aquí hasta que te sientas mejor. El doctor dijo que bastaría con unos analgésicos.
—Gracias, pero no quisiera abusar de su hospitalidad, señor.
—Tu familia siempre es bienvenida en mi casa.
— ¿Esta es su casa?
— ¿Bonita no? Aunque siempre he pensado que ese cuadro es de muy mal gusto.
Buddy sonrió y el hombre le correspondió. Por primera vez se sintió cómodo, habia llegado a sentir esa conexion que dificilmente tenía con las personas. Hasta que la puerta se abrió.
— ¡Señor, lamento interrumpirlo pero es Agata, la captura…!— El hombre bajito que había entrado se detuvo cuando vio a Buddy en la cama.
Buddy miró a Daniel, su mirada compasiva había cambiado por una mueca de disgusto. Aunque pareció notar que el chico lo observaba y de inmediato volvió a sonreír.
—No te preocupes Josh, él es Buddy Morgan, hijo de Ben. Ahora está herido y necesita descansar, se quedara aquí hasta que se sienta mejor. Ahora mismo iré a encargarme del trabajo.
—Por supuesto que sí señor, compermiso.
— ¿Quién es Agata?
—Nadie — contestó en seguida. — Tú solo encárgate de recuperarte. ¿Sí? Le diré a la señora Chomps que te traiga la comida a la cama. ¿Te gusta el café?
Buddy asintió lentamente con la cabeza.
—Bien, volveré más tarde.
Buddy volvió a asentir. En cuanto Daniel se alejó por el pasillo y la puerta quedó cerrada, Buddy saltó de la cama y buscó sus pantalones. Tenía que hallar la forma de salir de ahí. ¿Cómo había podido ser tan imbécil? Por su puesto que su padre no atendería. Ese hombre le causaba mucho temor. Y luego estaba eso de Agata. Algo muy mal estaba pasando ahí y él no se quedaría para averiguarlo. Se estaba vistiendo cuando la puerta se abrió de nuevo, entonces Buddy se lanzó a la cama y se cubrió con las cobijas hasta la barbilla.
—Buenos días, señor— saludó la señora. Era una anciana vestida como mucama. Buddy tenía muchas en casa, no era extraño para él. — Aquí tiene su desayuno.
Buddy se incorporó.
—Buenos días, disculpe. ¿Sabe usted qué hora es?
La señora miró un reloj en la pared, Buddy se sintió estúpido.
—Las 11:40 am.
¿Cómo? Eric se había ido ya. No había tenido la oportunidad de despedirse de él.
— ¿Se le ofrece algo más señor?
—No, muchas gracias.
La mujer salió por la puerta dejando a Buddy con un rezo en la boca. Su deseó se concedió, la mujer olvidó poner el pistilo. El muchacho sintió un gran alivio y de inmediato se puso de pie. No se había dado cuenta de lo grande que era la casa hasta que se asomó al pasillo. ¿Hacia dónde debía quedar la salida? ¿Y si Daniel estaba en esa dirección? ¿Qué le diría si lo descubría escapando a hurtadillas? Suficiente para pensar, Buddy eligió el camino más corto para poder regresar corriendo en caso de que alguien lo descubriera. En la esquina del muro había un descanso seguido por unas escaleras en forma de caracol. Eso significaba que se encontraba en un segundo piso. En ese momento se le ocurrió que hubiera podido salir por la ventana de no ser por su brazo roto.
— ¡Te pedí que hicieras una sola cosa!— resonó una voz por encima del pasillo siguiente. El corazón de Buddy comenzó a latir con fuerza. — ¡Una sola!
Se escuchaban más voces susurrando tras la primera y luego una mujer comenzó a llorar.
— ¡Lo siento! ¡Lo siento mucho! ¡Lo siento! — suplicaba ella, de pronto un golpe la hizo callar. Buddy se estremeció atraído por el espectáculo y se dirigió como un sonámbulo hacia la habitación de la que provenían los gritos.
— ¡Cállate! — dijo Daniel, su voz era inconfundible, más aun cuando gritaba. — Agata era tu responsabilidad. ¿Cómo vamos a conseguir ese dinero si no la tenemos eh? ¡¿Quieres entrar tu misma?!¡¿Lo harás?!
Los sollozos de la mujer se volvían cada vez más fuertes, hasta que Buddy encontró la puerta correcta y se quedó escuchando tras ella.
—La próxima vez no voy a fallar señor, se lo prometo.
—Por supuesto que no. — dijo el hombre, naturalmente más calmado. — No te preocupes, no fue tu culpa. Todos cometemos errores.
La mujer gimoteaba extasiada.
—Sí, sí señor, todos cometemos errores.
—El asunto es que no volverás a cometerlo... ¡No te daré la oportunidad!
Un disparo estalló dentro de la habitación y Buddy se tapó la boca para no gritar, su cuerpo entero tembló con espasmos violentos que le impidieron salir corriendo.
— ¡Hay alguien en la puerta, señor!
— ¿Eres tú, brazo roto?— Se escuchó venir del fondo. Buddy se paralizó todavía más. — ¿Por qué no entras?
La puerta se abrió dejándolo vulnerable y al descubierto. Había al menos siete personas en la habitación además de Daniel, una de ellas estaba muerta en el suelo, cubierta por su propia sangre. Buddy apretó los ojos con fuerza esperando recibir la bala, pero en lugar de eso recibió un empujón que lo obligó a entrar de lleno en la habitación.
— ¿Qué hacías ahí escondido? te dije que descansaras— dijo Daniel caminando hacia él. Buddy abrió los ojos tembloroso.
— ¿Qué pasa? ¿Te asustaste? — Le señaló el cadáver. — ¿Esto? no es nada, es un problema resuelto. Ya no tendremos que preocuparnos por su salud. — Le dijo riendo— Tú por el contrario todavía podrías tener fiebre; te recomiendo que tomes tus medicinas antes de acostarte esta noche, así podrás dormir mejor para no interferir con mi trabajo. La respiración acelerada de Buddy se descontrolaba a medida que se le acercaba. — No es de buena educación escuchar detrás de las puertas, pero voy a perdonarte esta vez porque tampoco fue muy educado de mi parte despertarte con tremendo escándalo. Mis disculpas. — Daniel ahora estaba tan cerca que Buddy se asfixiaba con su respiración.
—Señor ¿Qué hacemos con él?
— ¿No me escuchaste Dennis? Debe dormir en su habitación, está muy cansado. — Se alejó por fin, cuando Buddy ya estaba sudando hielos— Señor Bell, ¿Por qué no lo escolta de vuelta a la cama? — le dijo a otro hombre. El hombre lo obedeció y cogió a Buddy por el hombro sano.
—Vamos muchacho— le dijo
Buddy lo siguió sin apartar la vista de Daniel, que seguía parado frente al cadáver con esa sonrisa tan seductora como si nada malo hubiera pasado. Cuando volvió a la habitación del cuadro feo tuvo que sentarse en el suelo por un largo rato, hasta que recuperó el aliento y sus latidos se normalizaron. No encontraba un pensamiento claro en su cabeza y no podía dejar de temblar. El frio venia de todas partes, como si tuviera las ventanas abiertas. ¡Las ventanas! El chico la miró con esperanza. ¿Podría bajar con un brazo en cabestrillo? Tenía que averiguarlo. Todo habría salido perfecto de no ser por la altura. Resulta que se encontraba en un cuarto piso y no en un segundo como él había pensado antes. Aun así no se dejó intimidar por la posibilidad de caerse, lo peor que le podía pasar era que su brazo roto se rompiera más, o si tenía mejor suerte moriría y así ya no tendría que morir en manos de esos lunáticos homicidas.
Era un ganar-ganar de cualquier forma, así que comenzó a atar las sabanas una con otra. La idea era conseguir una tira suficientemente larga que lo ayudara a descender hasta el tercer piso donde había una cornisa gruesa por donde podría caminar para así saltar al techo de entre el primer y segundo piso, y finalmente bajar de un brinco desde ahí. Cuando terminó de atarlas las aseguró en una pata de la cama y probó que fuera lo suficientemente fuerte como para sostenerlo. Luego de varias pruebas exitosas juntó el valor para hacerlo y se ató por el estómago al otro extremo. Pasó primero un pie por la orilla. Viéndolo de esa altura, el suelo parecía muy peligroso. Luego el segundo, su trasero ardía de ganas de encontrarse con tierra firme y algo en su interior le pedía que volviera a meterse en su habitación y simplemente aceptara su destino a manos de la mafia.
El cielo rugió, no era temporada de tormentas así que seguramente era dios diciéndole que estaba de su lado. Se sujetó bien con la mano saludable y se deslizó un paso, pero no contaba con que la superficie fuera lisa, y se resbaló. La cuerda entera hecha de sábanas se desenrolló con violencia siguiendo el cuerpo de Buddy por lo largo del tercer piso y de ahí quedó colgando frente a la ventana, gruñendo por el esfuerzo de enderezarse para evitar que se le fuera toda la sangre a la cabeza. Tal vez era el anuncio de una simple tormenta, no del soporte de dios. De pronto tuvo el impulso de gritar ¡Auxilio! Pero por suerte recordó que nadie podía saber que estaba ahí y decidió quedarse callado. El único problema era que de verdad necesitaba ayuda porque el primer nudo de la sabana se estaba deshaciendo. Si se caía desde esa altura y en esa posición se rompería algo más que un brazo.
No fue necesario que Buddy gritara porque el sonido de sus forcejeos llamó la atención del jardinero. De no ser por las circunstancias, Buddy se habría detenido a apreciar la belleza de ese jardín y las hermosas figuras que el hombre había podido capturar con sus orgullosos arbustos. Por otro lado, no se encontraba en la posición más satisfactoria para andar apreciando las bellezas de la vida. ¡Auxilio! Se le escapó. El señor que ya lo había visto estaba gritándole a todos que fueran a ayudar. Uno de los hombres que estaban con Daniel en la habitación del cadáver salió y lo miró con horror.
— ¡Madre mía! — Gritó— ¡Que alguien lo agarre! ¡Se va a matar!
En ese momento salieron corriendo Daniel y el señor que lo escoltó a la habitación. Daniel corrió de vuelta hacia adentro mientras los empelados le gritaban indicaciones a Buddy. Indicaciones que iban desde lo más básico como sostente bien hasta lo más evidente como ¡No te sueltes! Buddy se sentía como el hombre más desafortunado del planeta ¡Eric forman! Gritó rendido. ¡Te odio! La sabana se soltó y Buddy gritó por su vida. Daniel se asomó por la ventana del tercer piso y lo jaló por la pierna. Buddy aterrizó en la cornisa y golpeó a Daniel en el proceso. Los dos cayeron hacia el interior de la habitación y se hundieron en una especie de piscina, Buddy nadó desequilibrado hacia la superficie con una sola mano, pero rápidamente se dio cuenta de que Daniel se había golpeado la cabeza en el fondo y continuaba hundiéndose, así que tomó una bocanada de oxígeno y volvió al fondo por él.
Daniel abrió los ojos bajo el agua y luego la boca para gritar, entonces se tragó el agua. Buddy trató de arrastrarlo con él hacia la superficie pero no pudo con un solo brazo, tuvo que volver y empujarlo de nuevo. Daniel volvió a reaccionar y soltó algunos manotazos que le dejarían el ojo morado más tarde. Con muchos esfuerzos consiguieron subir los dos y sacar la cabeza del agua. Daniel salió gateando de la piscina y comenzó a vomitar el agua que se había tragado, Buddy se tiró de espaldas en el suelo y trató de recuperar el ritmo de la respiración.
— ¡Señor ¿está usted bien?! — entró el señor Bell acompañado por otros hombres, todos tenían la misma cara de preocupación.
— ¡¿Señor se encuentra bien? Déjeme ayudarlo!
Daniel se irguió unos centímetros, su camisa estaba empapada y pegada al azulejo.
— ¡Largo!— les gritó a todos — ¡Largo de aquí! — rugió. Todos los hombres corrieron fuera como ratones asustadizos pero Buddy permaneció inmóvil junto a él. Pasaron unos minutos antes de que ambos dejaran de toser y pudieran mirarse.
—Tenías que intentarlo por la ventana ¿verdad?
Buddy lo miró con cansancio.
—No fue mi mejor idea.
Los dos se miraron por un segundo, Buddy sintió escalofríos de nuevo, pero en realidad eran eléctricos, eran hormigas cargadas con tensión que no podía evitar sentir cuando lo veía de esa forma. ¿Qué era esa sensación? El tiempo se cortó. Estaba mojado, muy mojado, quizá hasta húmedo. Daniel se levantó despacio, su cuerpo había quedado enmarcado por la ropa mojada, podía ver su piel a través de su camisa transparente. Su corazón volvía a latir con violencia.
—Pudiste decirme que querías irte. — Susurró Daniel más cerca de él que antes— Te habría acompañado hasta la puerta.
Buddy se levantó hipnotizado por el movimiento de sus labios.
— ¿A la puerta de salida?
Daniel se acercó más y lo tomó por el cabello. Odiaba que tocaran su cabello.
—A la puerta de mi alcoba.
Buddy abrió la boca sobre los labios del otro y comenzaron a besarse. Estaba endurecido, listo para más acción de la que podía soportar su cuerpo. El beso se convirtió en saliva, agua, y fuego. De pronto estaba tan caliente que se derretía en la lengua de Daniel. El hombre le arrancó la ropa con violencia, repasó su cuerpo con la mano y se detuvo en la entrepierna. Buddy se dejó acariciar con docilidad y correspondió con un gemido. Volvieron a juntar sus sexos por encima de la ropa. Buddy se frotó contra él, el deseo lo estaba consumiendo. Estaba loco, definitivamente había enloquecido. Estaba haciéndolo con el hombre más peligroso que conocía, y ni siquiera o conocía.
— ¿Qué tal si tratas de escaparte ahora?— Los pantalones de buddy cayeron al suelo en un abrir y cerrar de ojos.
— ¿Qué tal si me detienes? — Daniel lo sujetó por el cuello y giró su cuerpo, Buddy le dio la espalda y sucumbió al tacto de su trasero.
—No puedo dejarte ir… — le contestó entre gruñidos, Buddy sintió el miembro erecto del hombre golpeándole el trasero, hinchándose contra su piel, despertando de una siesta complaciente.
—Tal vez no quiero irme todavía… — su voz decayó por el humo caliente que se asomaba desde el fondo de su garganta.
Daniel había conseguido sumergirse en su interior y le separaba las nalgas con la misma fuerza que lo sostenía por el cuello, la presión del acto los hizo caer hacia adelante, Buddy aterrizó sobre sus rodillas y recibió la embestida más dolorosa de su vida. Soltó un grito. No lograba relajar las piernas.
—Ven… Ven a ver… "Te enseñaré la verdad detrás de magia". — dijo Daniel.
Buddy no entendió lo que quería decir Daniel en ese momento; años más tarde,sin embargo, él mismo usaría esas palabras para recoger del abismo a esa mujer.
—Te enseñaré la verdad detrás de la magia… — fueron las palabras que usó.
— ¿Me ayudaras, entonces? — preguntó Laurie hincada frente a la silla del magnate.
—Ven a ver…— le había dicho él.
