3. Tiempo de castigar
(ventajas y privilegios)
Eric tuvo motivos para negarlo más tarde. No permitiría que algún entrometido se diera cuenta de que tenía la mirada clavada en una de sus alumnas, pero tampoco parecía poder evitarlo. Era el último de sus turnos y estaba seguro de que si quería sacarle información a Marisa debía ser precavido con sus acciones. Si la llamaba para quedarse después de la clase, los rumores iniciados por la estrategia de extorción de Wen cobrarían la importancia que la ley necesitaba para catalogarlo como un psicópata pedófilo. Por otro lado, si no hacía algo rápido, su oportunidad para abordarla se perdería. Se talló los ojos con una violencia moderada, llevaba días con la vista mala, como si las imágenes tuvieran los colores embarrados.
—Muy bien… — se decidió a decir luego de una conversación interna que estudiaba todas sus opciones. — Terminamos por hoy, no olviden el avance de la lectura de "de res" para la semana que viene. Verónica, quédate un momento por favor, hay un problema con tu examen.
Todos los demás se miraron con la complicidad suficiente para que Eric se diera cuenta de que el embrollo había resultado tal como lo imaginó.
— ¿Cuál es el problema profesor?— se acercó Verónica.
—Quisiera saber si tú…
—Sí. Quiero salir con usted profesor, estuve esperando todo este tiempo para que me lo pidiera y…— La ilusión en el rostro de la niña era casi profesional. Eric no había conocido mejor actriz en su vida.
—Lo sé todo, Marisa. Sé sobre los Malcome.
Verónica lo miró desconcertada. Eric se sintió estúpido por un momento pero resistió la mirada desconfiada de la niña. El que retirara primero sus palabras estaría en problemas y Eric lo sabía de sobra. Jugaba ese juego con Jenny todos los días a la hora de cenar. De pronto el recuerdo de Jenny inundó su memoria y el dolor volvió. La cólera que le ocasionaba estar en la misma habitación que la persona que destruyó su vida; su comodidad, sus principios y el principio de todo lo que consideraba correcto, hecho de todo lo que hasta ahora había significado para él la vida misma se derrumbaba frente a sus ojos en los de la niña y ella parecía no sentir culpa alguna. De pronto quiso ahorcarla pero el pensamiento fue tan poderoso que Eric se asustó de sí mismo. En toda su vida, jamás se había imaginado a si mismo haciéndole daño a nadie. ¿Es que se estaba volviendo loco de verdad? ¿Es que había perdido el control sobre sí mismo, su moral y sus emociones?
—No entiendo— dijo la niña de repente— ¿Los Malcome? ¿Qué quiere decir profesor…?
—Deja de fingir Marisa, conozco tu nombre real. Sé lo que haces y todavía no sé por qué, pero lo averiguaré. Dile a PSIC, que yo lo sé.
— ¿PSIC? ¿Qué es eso?
—No puedes seguir fingiendo Marisa… sé lo que hubo entre el alcalde y tú, y para quien trabajas así que…
—Profesor, creo que usted me está confundiendo con alguien más… yo no sé de qué habla y… me está asustando ¿Se siente bien?
— ¡Basta de mentiras, Marisa! ¡Dime lo quieres de mí! — La sacudió por los hombros— ¡¿Qué quieres de mí?! — Marisa sollozaba — ¿¡Qué más quieres de mí!?
— ¡PROFESOR FORMAN! ¡¿QUÉ ESTÁ OCURRIENDO AQUÍ?!
El director irrumpió en la sala y Eric miró con un suspiro atrapado en el estómago hacia su pizarra por última vez. Estaba despedido. Lo sabía, lo sentía en el aire y podía saborearlo con todo el dolor de la verdad. ¿Pero qué estaba haciendo? Lo estaba perdiendo todo por el estúpido juego del detective que esos estúpidos amigos suyos de la infancia le habían hecho creer que solucionaría sus problemas y ahora tenía muchos más que con los que había comenzado. Eric estuvo a punto de idear una respuesta cuando de repente su mirada fue a encontrarse con la de Donna.
— ¿Eric?
— ¿Donna? ¿Qué haces aquí? No se supone que…
— ¿Estás bien? ¿Qué sucede?
—Sí, yo solo… no sé qué fue lo que pasó, no me siento bien.
—Profesor Forman, me doy cuenta de que últimamente está usted muy mal descansado, le vendrán bien unas vacaciones. — Eric entendía lo que aquello venía a significar. Se habían acabado sus oportunidades para mejorar su vida. Se encontraba en el pique de su carrera, dispuesto a saltar desde allí y sus amigos estaban empujándolo. — Le recomiendo que tome sus cosas ahora mismo. Verónica miró al director con los ojos llorosos.
—No lo despida señor Weakly, ¡El señor Forman es el mejor profesor de toda la escuela!
— ¿Quién habló de despido, señorita Flores? El profesor Forman se va a tomar unas vacaciones por lo que nos veremos obligados a suspenderlo de sus actividades académicas hasta que el medico determine que puede regresar. Puede ir a decirle a sus compañeros.
La niña hizo un puchero y luego se dirigió a Eric.
—No te preocupes— susurró cuando pasó junto a él— Voy a solucionarlo.
Eric se quedó boquiabierto. Donna la miró con el rostro endurecido, no hubiera podido adivinar lo que pensaba si no lo hubiera dicho cuando la niña terminó de salir.
—Tiene carácter ¿no es así?
El director Weakly le dedicó una mirada asertiva.
—Espero que recoja sus cosas esta misma tarde, no se le permitirá volver por sus cosas mañana señor Forman. Le aseguro que en todos mis años como profesor jamás fui la boca de tanto escándalo, señor. Si los padres llegaran a enterarse de los rumores que se pasan los alumnos y del temperamento de su profesor, usted estaría en una celda. Donna no le despegó la vista de encima hasta que giró en la esquina siguiente y se perdió a en el fondo del pasillo.
— ¿Por qué viniste a la escuela? Se suponía que te vería en Norton— decía Eric guardando furioso sus cosas en una caja.
—Creí que debía informarte las noticias recientes antes de que cometieras alguna estupidez… no lo logré ¿cierto?
— ¡¿Qué ridiculez?!
— ¿Qué fue todo eso sobre los rumores? ¿Es acerca de Verónica?
—Mi vida ya no es asunto tuyo ¿lo olvidas?
Donna cerró violentamente el cajón del escritorio y le atrapó los dedos a su novio— ¡¿Qué pasa contigo?!
— ¡Ah! ¡Suelta! ¡Mi mano!
—No hasta que me digas que es lo que ocurre.
— ¡Me despidieron Donna, estoy jodido! ¡Tengo migrañas todos los días, pesadillas por las noches y me duele el pito al orinar! ¡Ni siquiera consigo ver a color!
—Te suspendieron Eric, no te despidieron. Con respecto a lo de la orina, tienes que beber más agua y ¿Qué es eso de que no ves a color?
—No importa… eso no importa porque es el más minúsculo de mis problemas ¿no lo ves? Estamos cada vez más lejos de encontrar una respuesta y….
—Por eso estoy aquí, Eric… encontramos una respuesta.
— ¿Qué quieres decir?
—Hyde y Jackie encontraron a Marisa. En realidad no es Verónica.
—Esta es la parte donde vomito ¿o todavía hay más?
—Si… es Laurie, tu hermana.
Eric hizo una pausa para contener la respiración y luego soltó una carcajada que le hizo pensar a Donna que estaba enloqueciendo.
— ¿Laurie? si claro… yo soy el mago de oz.
—No Eric… es cierto, tienes que creerme, es ella. Hyde y Jackie encontraron una cafetería en…
—Acabo de perder mi empleo por esta investigación, Donna. De verdad ya no quiero saber nada de esto. Termínalo.
— ¿No lo entiendes? Tenemos una nueva perspectiva. Ahora podemos inferir lo que sucedió.
—Hyde y Jackie estaban en camino a Atlanta y se suponía que encontrarían la forma de entrar en la fábrica de PSIC ¿Cómo es que se toparon con Laurie?
—Lo sé, es ilógico pero increíblemente cierto. Las cosas no salieron según lo planeado y se encontraron con ella por accidente.
—De acuerdo, imaginemos por un momento que es remotamente cierto.
—Eric, es la verdad.
—De acuerdo, supongamos que Laurie es Marisa. ¿Qué tiene que ver con todo esto del alcalde y por qué Verónica se encuentra en las fotos del alcalde?
—Hay que dar saltos pequeños Eric, la última vez que nos adelantamos a los hechos casi terminamos quemados. Y esta vez hablo de forma literal, no podemos permitirnos jugar con fuego.
—No lo creo Donna, sigue habiendo muchas cosas sospechosas, además Laurie se fue del país hace años. Creo que si mi propia hermana tuviera contacto con el presidente de los Estados Unidos yo lo sabría.
—Honestamente Eric, ¿Cuánto sabemos de Laurie en realidad?
—Eso ya no importa Donna ¿no lo ves? Esto se terminó para mí, se terminó para todos.
—No podemos rendirnos ahora que estamos involucrados hasta el cuello. Hyde y Jackie casi mueren a manos de tu hermana, que por cierto, que desapareció hace años y a ti ni siquiera te importa ¿Ves a lo que me refiero? Esto no se terminará hasta que nosotros lo detengámos.
— ¿Y exactamente cómo vamos a hacer eso? Dímelo Donna ¡No somos detectives! ¡Somos un montón de fracasados tratando de conectar una amistad rota desde hace años, producto de esos mismos fracasos que hasta ahora nos han embarrado en más de un crimen!
—Al principio creí que Hyde había confundido a Laurie o que tal vez ella…
—Imposible, se acostó con ella, eso no se olvida.
—Sinceramente dudo que Hyde se haya acostado con Laurie alguna vez.
— ¿Por qué lo dices? Eso bajaría sus estándares ¿incluso para ti?
Cuando Eric pudo reaccionar fue demasiado tarde, el puño de Donna ya había aterrizado en su cara.
— ¡Vas a tratar de respetarme mientras este frente a ti porque si no lo haces yo tampoco lo haré y vas a necesitar muletas para regresar a tu casa Eric Forman!— Eric soltó un gemido de dolor y se enderezó con dificultad.
Se hizo el silencio.
—Lo siento.
—No, yo lo siento, ¿te hice daño? Dios como lo siento, últimamente no sé qué me pasa, me enojo muy fácilmente, perdón— Interrumpió Donna.
—Está bien, está bien, yo me lo merecía. — Donna intentó sobar el rostro de Eric pero el profesor no apartó la mano temiendo que ella pudiera golpearlo de nuevo.
—Tengo que… tengo que entregar mi credencial en la oficina del director, ¿quieres esperar a fuera?
—No, está bien, voy contigo.- Le dijo ella.
La mandíbula de Eric había quedado suelta. Tenía miedo de haberse roto un diente y le ardía la cara. Su mente se dirigió a otro mundo "sé peligroso" decía la voz de Steven Hyde. Últimamente escuchaba esas palabras todo el tiempo en su cabeza, tal vez había pasado mucho tiempo con Kelso y estaba volviéndose loco. Aunque no se suponía que su enfermedad fuera contagiosa, sí que era cierto que había casos documentados de histeria colectiva, lo que algunos médicos psiquiatras señalaban como la locura contagiosa.
—Eric… — murmuró Donna caminando a su lado.
— ¿Sí?
—Lo siento mucho. — En realidad Eric estaba agradecido, ese golpe le había borrado todo el estrés acumulado y lo había cambiado por una nueva perspectiva de los hechos, quizá tomarse un descanso de la escuela era lo mejor para su salud. Tal vez así dejaría de ver borroso.
Al final del corredor había dos bodegas, en una se guardaba el equipo de deportes y en la otra los artículos de limpieza del conserje. A Eric le pareció que al pasar, vio dentro de una de ellas a una persona escondida. Donna no hizo seña de haberlo visto así que ya no le tomó la menor importancia.
— ¿Es aquí?
—Si— Eric abrió la puerta del director, estaba tan desanimado que se olvidó de tocar, algo de lo que se arrepentiría segundos más tarde. O tal vez no.
— ¿Señor…?— Verónica le hizo una señal de silencio con el dedo, saltando a arcadas desde el regazo del director y con la pelvis al descubierto. El director Weakly estaba de espaldas y apenas podía notarse el movimiento pero Eric comprendió enseguida lo que estaba sucediendo. Donna iba a caminar dentro de la oficina pero Eric se lo impidió.
— ¡Señor Weakly!
El director saltó de la silla empujando a Verónica del otro lado del escritorio y se cubrió las bolas como pudo. Donna consiguió hacerse un agujero desde detrás de Eric y llegó justo a tiempo.
— ¡No puede ser!—dijo ella
— ¡No puede ser!— espetó el director
— ¡No puede ser!— dijo Eric.
Pero si podía ser y era. El director estaba fornicando con una alumna. ¡Qué escandalo!
— ¡En todos los años que llevo como profesor de esta escuela jamás había sido boca de tan horroroso escandalo!— exclamó Eric con la vena de la sien saltando enrojecida.
— ¡Gran pedófilo de mierda! ¡Aléjate de ella! — entró Donna con los puños arriba.
— ¡No, Donna! — la detuvo Eric.
Verónica se levantó.
—No señorita, por favor, no le haga daño, yo lo amo. ¡Vamos a casarnos!
El director echaba espuma por la boca.
— ¡¿Pero qué dices niña?! ¡Yo no… eso no… yo nunca!
— ¡Vamos a ver como se lo explicas al juez, asqueroso marrano!
—No por favor— gimió Verónica desde el suelo— ¡Nos amamos!— Donna levantó a la niña con un solo brazo y la puso detrás de ella.
—Profesor Forman, seguro que podemos arreglar este mal entendido.- suplicó el hombre desde el suelo - Ya sabe usted, que algunos niños inventan cosas...
—No lo sé— dijo Eric — ¿lo sé?
El director permanecía de rodillas en suelo, sujetándose el pantalón con una mano y usando la otra parta sostenerse del escritorio. Donna lo acorraló en seguida y lo tomó del cuello.
— ¡¿Por qué no te metes con una de tu tamaño, gordo infeliz?!
— ¡No por favor!—clamó el director. —Si tan solo existiera una forma de resolverlo.
—Se llama prisión— le dijo Donna y descargó toda su fuerza en el segundo puñetazo del día. La cara del director se deformó por etapas, cuando regresó a su posición original parecía mareado.
— ¡Basta Donna!—la detuvo Eric— Lo vas a matar.
—Suéltame Eric, claro que no
Eric le detuvo el brazo.
—No sería la primera vez… — le susurró al oído, entonces Donna espabiló y tras un segundo de reflexión se apartó.
—Escúchame bien señor Weakly, si no quieres ir a la cárcel, tomarás tus cosas y te irás de esta ciudad para siempre. ¿Entendido?
El director asentía gravemente con la cabeza.
—No vamos a dejarlo ir. ¿O sí? Es un pedófilo, violador…
—Yo lo amo— dijo Verónica detrás de ellos, Donna le soltó una bofetada —Cállate tonta.
—Lo que quieras, lo que tú quieras, tú serás el nuevo director, toma, toma las hojas del seguro de mi escritorio— comenzó a fanfarronear el hombre — Quédate con mi casa, con mi auto, me iré de inmediato, de inmediato… jamás volverán a verme.
— ¡Eric! ¡No lo dejes ir!
— ¡Silencio!— Donna se quedó callada; por primera vez se sintió verdaderamente peligroso. — Te iras de aquí el lunes por la mañana anunciando tu retiro, luego de haberme nombrado como el nuevo director ante el consejo ¿Me oíste? — el señor Weakly asintió.
— ¡No te escucho! ¡¿Me oíste?!
—sí, s...s… Sí.
— ¡¿si qué?!
— ¡s… sí señor!
— ¡¿SI QUE?!
— ¡Sí, señor!
— ¡Largo de mi vista, cerdo asqueroso! ¡Largo!
El hombre se fue dando tumbos por todo el corredor con la bragueta todavía abajo y arrastrando su mochila. Eric pudo relajar el rostro solo para darse cuenta de la mirada aterrorizada de Donna. Dejó escapar un suspiro, ¡Dios! ¡Qué liberador había sido todo eso!, y ese poder… ¡ah…el poder!
—Eso fue excelente profesor Forman— dijo Verónica rompiendo el silencio—Daniel tenía razón sobre ti. — Donna los miró alternadamente mientras "Verónica" pasaba al lado de Eric con una sonrisa. —Espero que no nos decepciones el domingo.
La pareja se quedó en la oficina del director observado cómo la niña se iba saltando por la ventana, como si aquello fuera cosa de todos los días. Finalmente Donna rompió el silencio.
—Es hora de recuperar la llave.
