4. Tiempo de perdonar.
(Galletas y cuerdas flojas)
Las puertas que daban a la salida del puerto estaban oxidadas, había pocos cables desde el tubo de la encimera y hasta la salida del aire acondicionado. En aquel tiempo bastaba con ponerse al lado del ventilador para dejar que el calor se le escapara a uno del cuerpo, Fez no entendía porque tenían que ir bien abrigados de madrugada, los blancos eran de sangre tibia.
— ¡Hasta arriba!— gritó 72839 desde el montículo y por el interior de la ventana. Fez se encontraba afuera y tenía que hacer un esfuerzo extra para escucharle desde la orilla del techo. — ¡Más arriba!
Fez tiró de la cuerda, y cuando alcanzó el extremo pudo engancharlo con los cables de luz. El trabajo estaba hecho por fin, le había tomado las últimas tres horas y estaba sudando, esperaba que por lo menos alguien del equipo le invitara un refresco cuando se bajara de ahí.
— ¡Listo!— avisó a sus compañeros.
— ¿Qué? ¿Qué dijiste? — le contestó 2377.
2377 siempre se burlaba de su acento y fingía que no le entendía nada al hablar. Fez no se había acostumbrado todavía. No muchos de ellos estaban molestos por su reciente incursión en las más importantes obras del trabajo, pero si había alguien que no estaba de acuerdo con que Fez fuera parte del grupo, ese era sin duda 2377, siempre estaba hablando mal de él, imitaba su acento de una manera desagradable y cuando masticaba chasqueaba la boca llena con un asqueroso menú repartido en las fauces. Un tipo difícil de tolerar pero que Fez había aprendido a ignorar en las últimas semanas.
El equipo estaba conformado por no menos de 13 personas; Fez había aprendido a identificar a quienes no deseaban hablar en absoluto de quienes al menos respondían un saludo de cortesía. Una de ellas era Kelly, Kelly le agradaba, todos la llamaban 89S03 pero ella le había contado a Fez su verdadero nombre y algunas de las reglas del trabajo que le sirvieron para sobrevivir a su miserable nuevo estilo de vida. Cosas como que en PSIC no se permitía entablar amistad con nadie, mucho menos enamorarse. No se permitía tener familia o visitar a la antigua y mucho menos hacer una nueva.
En PSIC no debías preocuparte si tu compañero se quedaba atrás o era atrapado por la policía; tu deber era abandonarlo y seguir con la misión. Fez no se identificaba con ninguno de esos puntos y lo que es más, se sentía francamente incómodo con algunos de ellos, pero no tenía mejor remedio que obedecerlas con su mejor intento de chico malo, porque en el fondo estaba aterrado de que algo malo le pasara a su familia real si se atrevía a desobedecerlos. La única razón por la que seguía con esas personas era porque pensaba que de todas formas ya estaba muerto y a lo mejor no hay nada que un muerto pueda hacer para resucitar por mucho que uno lo quiera.
—Ya terminamos aquí 14321— le dijo Lei, Lei era una especie de líder para el grupo, el hombre asiático más atractivo que Fez hubiera conocido jamás, y por supuesto siempre después de Kelso, aunque Kelso era menos asiático que él, era americano. Su único defecto era una cicatriz que iba desde su nariz hasta el oído contrario. Había una infinidad de rumores al respecto, incluso entre los miembros de su equipo, quienes para no ser muy sociales eran bastante chismosos. — ¡Bájate ya de ahí!— le ordenó. Fez quería hacerle caso de verdad, pero desde que la enfermera japonesa lo secuestro de ese hospital amenazándolo con empujarlo desde el piso 60, las alturas no eran sus amigas.
—Tengo un poco de vértigo—advirtió Fez, tratando de parecer calmado. 2377 no perdió su oportunidad para reírse.
—Muy bien hecho Leí, elegimos al extranjero miedoso. Esta es la primera vez que el aire contrata a un degenerado.
—Contigo ya llevamos dos— le dijo Lei. 2377 se quedó callado. Una sonrisa grumosa se dibujó en el rostro de Fez mientras al otro se le des iluminaba la cara. — ¿Y bien?— le dijo a Fez— ¿Te vas a quedar allá arriba? Nadie va a subir por ti. En unas horas, cuando salga el sol, el edificio se llenara de trabajadores de la limpieza, ¿no querrás que te encuentren en sus instalaciones eléctricas o sí?
Fez sabía que Lei tenía razón. Habían pasado la noche entera estableciendo los circuitos correctos para tener acceso a las cámaras de seguridad del edificio de Grapel del congreso, donde se presentaría el presidente a ofrecer el servicio de conmemoración póstuma para los compatriotas que perdieron la vida durante el atentado del PairteSolem, en Nueva York. Lei y su equipo del aire, tenían la tarea de anticipar los movimientos de la vanguardia de seguridad desde las cámaras. El movimiento de los halcones y las águilas, (el nombre clave para los equipos que se presentarían allí el domingo para proteger a los civiles del próximo ataque contra el presidente.)
— ¿Cuánto tiempo va a durar el ataque?— había preguntado Fez a Kelly cuando estaban preparando los equipos para escalar, por fuera, un edificio de 112 pies de altura.
—3 horas como mucho. Lei dice que Los Malcome consiguieron la llave del escondite del presidente. Esperarán hasta que acabe el discurso para ridiculizarlo, no podemos saberlo con exactitud.
—No entiendo porque no avisamos a la policía que el presidente será atacado.
—Entonces nos arrestarían por amenazar su vida y no podríamos protegerle.
—Kelly… no tengo dudas sobre nuestras intenciones pero, ¿Por qué estamos tan seguros de que estamos haciendo lo correcto? ¿Cómo sabemos que esto no es el plan de alguien más? es decir… Lei es brillante pero él no está detrás de todo…
—Relájate 14321, no es para tanto. Nosotros somos los buenos, los Malcome son los malos.
—Y si tenemos tanto poder para desaparecer personas en PSIC ¿Por qué no, simplemente, nos deshacemos de ellos?
—Así no es como funciona PSIC, 14321, PSIC se dedica a hacer que pase lo que tenga que pasar.
— ¿Y si lo que tiene que pasar es que muera el presidente?
—Entonces, PSIC no estaría interviniendo.
— ¿Cómo pudo PSIC dejar que pasara esto?
—Fue un error que cometimos en el pasado, pero lo estamos arreglando ahora, deja de hacer tantas preguntas— Susurró vigilando por lo bajo a Lei— En el aire nos tomamos muy en serio la probabilidad de traición y si Lei te escucha decir todo esto, estarás muerto antes de que…
— ¿Entonces estoy vivo?
Kelly lo miró con unos ojos compasivos pero no respondió.
—Muy bien aire, acérquense. — dijo Lei incorporándose con un plano del subterráneo.
—Los Malcome iniciaran una explosión por debajo del edificio obligándolos a evacuar al presidente que se dirigirá de inmediato al bunker de pánico que le tienen preparado. Su trabajo es retener al mayor número de personas dentro del edificio para asegurar su supervivencia. A los Malcome no les interesa cuanta gente inocente muera en el proceso.
—Tengo una pregunta— masculló Fez alzando la mano. Los demás lo miraron con cierto recelo. — ¿Qué pasa si no hacen lo que creemos que harán? ¿Cómo sabemos que no cuentan con que nosotros…?
—Escucha atentamente 14321, si vuelves a interrumpirme te exprimiré las entrañas sobre mi escritorio y haré que 2377 se beba tus jugos gástricos. El aludido frunció el ceño. — ¿Entendido?— Fez asintió repetidamente con la cabeza. —Bien, como les decía. Los Malcome activaran una bomba en el subterráneo. Hay dos más, arriba, pero no se activaran a menos que los blancos piensen que su castillo está en peligro. Nuestro trabajo es asegurar que los civiles no evacuen, repito, no los dejen evacuar. Si el pánico se genera, morirán cientos de inocentes, no queremos que se repita lo del PairteSolem. Iremos a la fuente por el equipo ¿alguna pregunta? Todos miraron a Fez como esperando que se atreviera a decir algo para poder golpearlo pero esta vez fue inteligente y se quedó callado.
— ¡A trabajar, aire!
Cuando el equipo se diseminó en la calle con la intención de pasar desapercibidos Fez se puso su gabardina blanca y una gorra; bajó a paso calmado por el puente del cérvix, al menos así lo llamaba Lei porque esa era la forma que tenía el circuito de automóviles que venían desde Manhattan. Varias veces le había dicho a Fez que esa gabardina blanca llamaba mucho la atención, pero esa era su prenda favorita de todo el uniforme que le habían dado en PSIC desde que llegó. Quizá si tenía mal gusto después de todo, pero no era el único que la usaba, había visto a varios hacer lo mismo en sus ratos libres. Aunque nunca en una misión.
De pronto vio salir del edificio contiguo a dos hombres y una mujer. La mujer llevaba la misma gabardina blanca y aquel hecho insignificante hizo que Fez se riera en voz alta. Lei ya no podía decir que Fez estaba loco, al menos no solo él. Emocionado por la broma decidió ignorar el protocolo de separación de los miembros del aire y acercarse a la chica. Pero de inmediato se dio cuenta de que había cometido un error cuando se acercó lo suficiente para reconocerla.
— ¡Caroline! — La mujer levantó la cabeza y sonrió como una psicópata.
— ¡FEZ!— gritó y se lanzó a sus brazos. Fez no tuvo más remedio que recibirla. Se reía como una desquiciada. — ¿Qué estas…?— entonces Fez entró en pánico. ¿Sería posible que Lei la matara si hablaba con ella? Le dio un empujón. — ¡No Caroline, no te conozco, es decir, quien eres, aléjate de mí!
—Tranquilo tontito— sonrió ella— También trabajo para PSIC, soy un halcón ¿ves? —Ella se recogió el cabello para que Fez pudiera ver el sello de su número grabado en su cuello. Su piel ponía 10592. Fez hizo lo mismo y le enseñó el suyo.
— ¡No puedo creer que estés muerta también!— Caroline se rio ante la ocurrencia.
— ¿Muerta?
—No sé, la verdad no sé. ¡Pero esto es genial! Creí que jamás volvería a tener amigos y ahora resulta que tú estás aquí. Esto es como la feria. —Fez la abrazó. No mentía, de verdad estaba feliz de tener alguien con quien hablar. Casi se enamora de nuevo.
—Es tan lindo que te preocupes por mí. Ahora podemos continuar con nuestra relación justo donde la deja…mmmh. —Fez le tapó la boca con una mano.
—No podemos continuar esta conversación aquí Caroline, tendremos problemas, vayamos bajo techo. — Caroline enrojeció como si le hubiera propuesto tener sexo y le dio una mirada de aprobación.
Fueron dentro del edificio más cercano, una pequeña entrada entre el lob del edificio del ROSS frente a las ruinas de lo que alguna vez fue el edificio más grande de Manhattan, y el PairteSolem. Fez se sentía sucio solo por estar cerca del lugar.
— ¿Cómo terminaste aquí Caroline? ¿Qué pasó?
Caroline sonrió. Sus labios estaban tan rojos como si estuvieran sangrando, a Fez no le habría resultado sorprendente creer que en realidad era sangre. Si le hubiera preguntado, temía, estaría hecho un saco de carne muerta en algún montón de basura de la calle.
— ¿Y tú?
Fez miró hacia la nada. Esa pregunta nunca se la había hecho tan en serio. Siempre la evadía para no ponerse triste.
—Cuando llegue a América pensé que todo me saldría bien. Todos mis sueños se estaban cumpliendo. Tenía amigos, familia y entretenimiento. Nunca fue más simple conseguir un pedazo de la felicidad americana. Ahora no creo tener ni un recuerdo claro sobre mi tiempo aquí. Es como si me hubiera duchado y en lugar de la mugre, mis recuerdos se hubieran ido por las cloacas.
—A mí me pasa lo mismo — dijo ella — Nunca pensé que sería feliz. Hasta que te conocí. —Fez sonrió levemente cuando escucho eso. Pensó que era reconfortante que alguien pensara eso de él, por lo menos una persona, sin importar que tan poco cuerda estuviera.
—Quiero volver en el tiempo hasta donde no me había equivocado tanto.
—No se puede. — Caroline sacó un paquete de galletas de canela y lo abrió. El sonido del empaque estremeció a Fez. No se había dado cuenta de lo asustado que estaba hasta entonces.
—Lo siento— se disculpó volviendo a relajar el mentón— los sonidos fuertes me agobian desde que trabajo aquí.
Ella gimoteó en respuesta.
—No es un trabajo muy decente ¿verdad? sientes como si todos estuvieran en tu contra. Pero no es culpa tuya, tú solo haces lo que te ordenan.
Fez movió la cabeza con pesar.
—No deberíamos hacerlo. No sé qué es lo que va a pasar el domingo, pero no me gusta la pinta que tiene todo esto.
—Menos mal que no estamos aquí para tomar decisiones. ¿No?
A veces a Fez le costaba pensar en Caroline como una enferma de verdad. Había momentos de lucidez que la hacían parecer incluso más cuerda que el resto. La próxima vez que se miraron fue para sentir pena por el otro. Fez no se dio cuenta de cuando todo comenzó. De pronto estaba sobre ella, añorando el tacto de otro ser humano sobre su cuerpo. Aunque no estaba seguro de que ella lo fuera. Sin querer aplastó el paquete de galletas y se hicieron moronas en la palma de su mano. Fez las apartó de un manotazo para recostarse sobre ella.
Caroline se echó a reír. No estaba nerviosa, simplemente así era ella. Fez recordaba dormir con un ojo abierto cuando salía con ella, por miedo a que ella enloqueciera en la noche y tratara de asfixiarlo con la almohada. Pero esto no se parecía en nada. Ella se sentía bien. Dentro estaba casi tan seca como por fuera. Fez tuvo miedo de lastimarla y había olvidado el proceso apropiado del sexo porque estaba preocupado por lo que debía hacer con las manos, casi lo disfrutó. Ella no mucho.
Cuando terminaron de intimar, Fez se puso a reflexionar cuanto tiempo hacía que no estaba con una mujer. Casi no pudo disfrutarlo igual que antes. Pero pensó que era cuestión de acostumbrarse, después de todo Caroline sería su única amiga ahora, ya no volvería jamás a hacerlo con Kelso. Tal vez no era tan malo. Por lo menos ahora no volvería a estar solo.
— ¿Qué pasa, Fezzie? ¿Por qué te pusiste triste de repente?
—No es nada. Solo que… extraño a mis amigos.
—Pero no los necesitas, tú mismo lo dijiste mi amor, ahora me tienes a mí. No necesitamos a nadie más.
—Lo sé, pero… estoy preocupado. Quisiera haberme podido despedir de todos, verlos una última vez.
—No te preocupes, tal vez los vuelvas a ver dentro de poco.
Fez se volvió extrañado hacia ella.
— ¿Qué quieres decir?
Caroline pareció percatarse de que había dicho algo que no debía, porque de inmediato cambio de tema.
—No importa. ¿Por qué no hablamos de cómo vamos a escaparnos para vernos? He estado tan sola desde que fallecí…
— ¿A qué te refieres con que volveré a verlos? ¿Algo va a pasarles?
—No cariño, yo… bueno, no importa
—Claro que importa, Caroline ¡Son mis amigos! No puedo dejar que les pase lo mismo que a mí.
—Pero dijiste que querías volver a verlos.
—Pero no así. Si tiene que pasarles algo malo, prefiero no verlos nunca más.
— ¿Ves? Esa es la razón por la que les conté a todos sobre tu carta. ¡Eres un peligro para ti mismo! ¡Ellos son un peligro para ti!
— ¿Qué tú hiciste qué?
—Bueno yo…
— ¡¿Tú fuiste quien me delató?!
—Porque no quería que estuvieras en problemas y…
—Esto no fue una casualidad ¿verdad? tú sabias que si me comunicaba con Kelso él vendría a buscarme así que no lo permitiste ¡Me quieres solo para ti!
— ¡No! Te juro que no es eso mi Fezzie, no fue así. ¡Yo quería salvarte!
— ¿Sabes qué? nunca debí confiar en ti. Nunca vas a cambiar, estás loca.
—Lo hice para salvarte.
— ¿Salvarme? Tienes idea de la paliza que me dieron ¡Todavía orino sangre! No me estabas protegiendo, me querías acaparar de nuevo. ¡Loca!
—No Fezzie, no es lo que crees. Es diferente. Lo hice por ti
— ¿Cómo podría esto ayudarme a mí? ¿Cómo se suponía que eso me ayudaría? ¿Eh?
— ¡Porque Eric tiene que morir y no quería que interfirieras con eso y murieras también!
— ¿Qué tiene que ver Eric en esto?
—Él es la razón por la que estamos haciendo esto ¿No lo sabes? Es él que tiene la culpa ¡No tú!
— ¿De que estas hablando, loca?
— Tenía que haber muerto cuando era un niño, pero sobrevivió. Su supervivencia desató un caos. Una serie de eventos en cadena que como resultado de su intervención se salieron de control. ¿Cómo es que no lo sabes aun? Si no fuera por él, Daniel no habría creado a los Malcome, no habría una fugitiva de los blancos entre los Malcome y ellos no estarían detrás del presidente ¿No lo entiendes? Si Eric hubiera muerto los Malcome no colapsarían el sistema el próximo domingo y si por alguna razón lo consiguieran, el presidente declararía la guerra contra Argelia culpándolos de lo que sucedió y América iniciaría la tercera guerra mundial. ¿Comprendes? Si Eric estuviera muerto, todos nuestros pellejos estarían a salvo. —Fez se detuvo a analizar el shot de información que se acababa de dar y de repente se quedó muy quieto.
—Entonces ¿quieren matar a Eric?
—Eric debió morir en varias ocasiones. Lo hemos intentado desde hace mucho pero parece que hay alguien en la misma compañía saboteándonos, porque cada vez que algo está por suceder él se salva. Es como una piedra en nuestros zapatos. Por eso estas aquí, Fezzie. Tú puedes salvarnos a todos. Si se entrega podremos solucionarlo todo y ya no habrá nada que temer.
— ¿Cómo podría una sola persona, ser la responsable de la tercera guerra mundial, Caroline? Eso no tiene sentido.
—Fez, todavía no lo has entendido. No hay cosas que solo sucedan porque sí, todo tiene un motivo y el interrumpió los motivos de la existencia misma.
—No entiendo entonces. ¿Por qué no solo hacemos que repare el error? ¿Cómo pudo Eric tener la culpa de que los Malcome quisieran asesinar al presidente?
—Fue un trabajo conjunto Fezzie, pero ya no importa, no debería contarte nada de esto. Estoy arriesgando mi vida porque te amo. — Fez la miró. Era verdad que Caroline estaba loca, pero aquello era tan cierto como que ella se mataría por él si se lo pidiera. ¿Estaba diciéndole la verdad?
— ¿Qué puedo hacer para salvar la vida de Eric?
—Si de verdad te preocupa la vida del resto de tus amigos, dejarás que pase lo que tiene que pasar.
— ¿Si no dejo que Eric muera, Kelso morirá? ¿Y Donna, Jackie y Hyde?
—Todos los que se interpongan. Hasta tú.
—O sea que… ¿no estoy muerto?
—Estas aquí porque eres el único que puede detenerlo a él.
— ¿A Eric?
— Michael Kelso. Si te encuentra y se entera de lo que pasa morirá junto con el resto tratando de proteger a un ser que no debería existir a estas alturas.
— ¿Por qué me cuentas esto ahora? ¿Por qué no me dijeron desde el principio todo esto?
—Creo que lo hicieron.
—Creí que había algo malo con él, entendía que si Kelso estaba cerca de él algo malo le pasaría pero no estaba seguro de por qué. —Caroline soltó una carcajada demencial. — ¿Cómo pudo salvarlo, Caroline? ¿Tú lo sabes?
—Mátalo tú mismo o haz que se entregue.
— ¿Y todo se detendrá?
—No. Ya es demasiado tarde para el presidente. Los Malcome atacaran el domingo y tus amigos estarán ahí. Si te digo más van a matarme Fez — De pronto su rostro se desfiguró, sus manos temblaban. — Tengo miedo Fez, no quiero morir.
—Lo sé, Caroline pero esto es importante, te prometo que si me ayudas con esto no dejaré que te maten, te protegeré.
—Nos mataran a ambos Fezzie, no quiero que te maten a ti también. No puedes protegerme, ya es tarde.
—Entonces dime como solucionarlo.
—Las puertas del castillo se abrirán a la medianoche. La luz se tragara a dios, el ave verá el infierno a los ojos, el huevo se romperá cuando la madre explote y la luna se hundirá en el abismo de su propia fuente…
Fez se puso de pie de un brinco. El rostro de Caroline se había puesto verde.
—El caballo asesinará al loco...
Fez entendió una sola referencia. Kelso estaba en peligro y todo lo demás carecía de sentido. Tenía que olvidarse del presidente y advertirles a sus amigos. Salió corriendo y cogió un taxi cuando el sol iba saliendo, era de noche cuando se le ocurrió que si alguien llegaba a verlo tratarían de detenerlo de nuevo, o peor aún, matarían a Kelso. ¿Sería posible que a Kelso lo matara un caballo? Mientras más rápido iba su corazón iba más lento. Tal vez estaba muriendo de verdad, pero no podía darse ese lujo. Por fin sabía toda la verdad y quería que Eric lo supiera antes de que PSIC hallara la forma de deshacerse de él. ¿Pero porque habían fallado antes? ¿Quién estaba interfiriendo con su muerte? tenía que ser alguien del propio PSIC. ¿Y si era Caroline y de verdad estaba en peligro? No. No podía pensar en ella ahora. Ella estaría bien, tenía que concentrarse en Kelso.
Mientras corría hacia la casa de Eric una sensación le carcomía en el estómago, una de esas que viven sin aviso alguno. Un retortijón de cuando la comida le ha caído mal a uno. Se trepó por la ventana dando malabares para no caerse. No se había puesto a pensar que tal vez Eric no estaba en casa. De pronto el sonido de un enjambre que ya se alcanzaba a escuchar de lejos se intensificó endemoniadamente. Fez giró un par de veces la cabeza para asegurarse de que no lo persiguiera un grupo de abejas asesinas. No vio nada.
— ¡Eric! — gritó escalando por la ventana.
Hyde estaba durmiendo en el rincón, sentado en el suelo y abrazado a una escopeta como si fuera un oso de felpa; la luz lo iluminaba a medias por el contorno del rostro dando el efecto de que emanaba desde su cuerpo. Fez brincó sobre el lado seguro y Hyde se removió incomodo pero todavía dormido.
— ¡Hyde! — llamó su atención gritando a susurros.
Hyde se sobresaltó, levantó la vista primero, luego la escopeta y allí Fez lo detuvo.
— ¡No dispares! ¡No dispares! ¡Soy yo!
— ¡¿Fez?! ¡¿Qué carajo?!— Hyde se asomó a la ventana y corrió la cortina. — ¿Cómo entraste? ¿Quién…? ¿Cómo…? ¿Qué estas…? ¿Dónde estabas?
A Fez se le pudieron vidriosos los ojos. Hyde lo miró como si todavía estuviera dormido y parpadeó muy rápido para desmentir lo que veía.
—Fez -—Lo reconoció al fin — ¡Fez, eres tú!— El hombre lo abrazó y Fez no pudo evitar sentirse prisionero de sus emociones, restregó la cabeza contra el hombro de su más antiguo amigo. Cuanto extrañaba el calor de otro ser humano. Cuanto extrañaba los consuelos de Hyde.
— ¿Para que la escopeta?
— ¿Dónde demonios…?
—No tenemos tiempo, déjame a mí hablar. Eric está en peligro. El domingo los Malcome intentarán asesinar al presidente durante su discurso de la paz y conmemoración de luto de los caídos en el atentado de Nueva york. No deben interferir. Eric debe estar presente y morir ahí para que todos ustedes estén a salvo. Si Eric muere por su culpa, Daniel cancelará los siguientes ataques y el presidente no podrá culpar a Argelia ni iniciar la tercera guerra mundial.
— ¿Los Malcome asesinaran al presidente? ¿Qué…?
—Los blancos tienen cubierto eso y PSIC protegerá al presidente, no vayan, por favor no vayan. ¡Prométeme que no irán!
— ¿Forman estará ahí?
—Así es.
—Entonces tenemos que ir.
—No pueden. Yo me encargaré de Eric.
—Estás loco. ¿Por qué no fuiste a decirle a Eric? debe estar en Nueva York en este momento
—Quizás sea lo mejor para todos. Si interfieres, los Malcome te matarán a ti y a todos. Por cierto. No dejes que Kelso se acerque a los caballos. Un caballo lo matará.
La luz del pasillo se encendió afuera de la habitación.
—Steven ¿cariño? ¿Con quién hablas?
Fez saltó por la ventana dejando a Hyde con una mueca de confusión. Fez corrió hacia la carretera y escuchó la puerta de la entrada abrirse a sus espaldas.
— ¡Fez, espera!
Fez no se giró, sabía que Hyde estaba persiguiéndolo. ¿Tendría que golpearlo como a Kelso? No, Hyde no se lo permitiría.
— ¡Fez!— Hyde se había vuelto lento, Fez corría por la carretera con una tranquilidad innombrable cuando un auto pasó a la derecha y lo golpeó.
— ¡FEZ! — Escuchó Fez con los oídos zumbándole como un enjambre. — ¡FEZ!— Su cuerpo golpeó con el piso. Dos hombres se bajaron del auto y lo arrastraron dentro mientras Hyde golpeaba el vidrio y corría a la par del automóvil. Aunque no duró mucho porque el auto tenía cuatro ruedas y Steven Hyde solo dos piernas entumidas por el sueño y más de 10 años de alcohol desmedido. Pronto los gritos se quedaron atrás y Fez recordó la escena del hospital, la primera vez que ese estúpido autobús lo arrolló. Ahora comenzaba a creer que aquello no había sido ningún accidente.
— ¿14321?—Fez parpadeó incómodo. —Mira hacia la luz, por favor — Le dijo 87965 con una linterna chiquitita apuntándole al ojo. "La luz se tragará a dios" resonó en su cabeza la voz de Caroline. Fez no estaba seguro de dejar que todas las palabras se mezclaran en su cabeza mientras se despertaba pero ahora, lo que Caroline le había dicho, tenían menos sentido que nunca. Se sentía mareado y adolorido. Definitivamente estaba vivo porque si no lo estuviera no le dolería tanto.
— ¿Qué pasó?
—Te arrollamos con un automóvil. Te sorprendería lo resistente que es tu cuerpo ¿eres latino?—Fez entornó los ojos para espabilar.
— ¿Dónde estoy?— no hubo respuesta.
—La buena noticia es que todo está en orden, debería bastar con descansar por las siguientes horas. Te recomiendo una siesta.
Pero Fez no se sentía con ánimos de dormir una siesta y en cuanto el doctor salió él lo siguió. El silencio del ambiente lo hacía sentir como colgado de una cripta. Un silencio que Fez aprendería con el tiempo, trae malos augures. Volvía a sentir el miedo que una vez tuvo cuando no sabía con certeza si seguía con vida. PSIC todavía no le había enseñado que las cosas siempre se pueden poner peor. El silencio lo seguía de cerca, respirándole en la nuca y de repente se apagó cuando comenzó a sonar esa música clásica al fondo del pasillo hablando a través de las paredes. Fez volvió a tener la sensación de que los muros lo seguían con la mirada.
El pasillo estaba peligrosamente tranquilo. Había algún tipo de encanto que tenía adormecido a todo el mundo. No se encontró con nadie en el camino y su cuerpo parecía haber tomado la dirección por su cuenta sin preguntarle a su cerebro, todavía antes, él ya sabía a donde se dirigía. La música se detuvo cuando Fez entró en la habitación de las grandes ventanas. Por la más grande podía colarse la luz de los prismas como si siempre fuera de día. Una habitación de extraordinaria belleza que Fez nunca volvió a visitar luego de ese día. Entró con pasos cortos, sigilosos y tranquilos, como si su corazón se desprendiera de a saltitos desde su conciencia y entonces se paralizó ahí, con la luz entrando de lleno sobre su pecho.
Desde la reversa del mango del ventanal y hacia la mitad del mismo, había una especie de caída; una cuerda colgaba desde la varilla y hasta a la otra mitad. En el extremo yacía Caroline sin vida, atada por el cuello y sin una sola luz en los ojos. La música reinició la marcha y el corazón de Fez dio un vuelco mientras se dejaba caer de rodillas. La sombra proyectada por el cadáver colgante de Caroline se doblaba por el Angulo del mango, produciendo la imagen de la media luna sobre el suelo coloreado. Desde allí le habría parecido a cualquiera que era ella quien se columpiaba con una sonrisa.
—Triste ¿no?— dijo Lei del otro lado de la habitación para que Fez lo escuchara. — Cuando se nos acaba el tiempo para otorgan disculpas, es inevitable convencerse a uno mismo de lo contrario. Algunos simplemente se rinden. —Fez lo miró con todo el desprecio que pudo soportar entre las venas. Caroline no se había suicidado, él la había matado. Estaba seguro. — La próxima vez me aseguraré de que todos los halcones estén cuerdos antes de lanzarlos a pique. No perdonaré otra falla, amigo. Es una promesa.
