5. Tiempo de orgullo italiano.

Parte 1.

(Viejos problemas.)

La caja de cereal estaba vacía desde que saltó a esa estúpida expedición con Kelso. No había noticias sobre el señor Maveric, su gato. Y todo eso era inofensivo comparado con el incidente de la ventana. La ventana estaba entreabierta desde hacía varias semanas. Donna no se hubiera sorprendido si encontraba mapaches sobre la mesa, o el lugar donde solía estar el televisor, vacío. Sin embargo había sido un viaje largo y agotador. Extrañaba su cama y el olor de su propio desastre de café sobre las sabanas, así que no se tomó la molestia de enojarse bajo ninguna circunstancia. Tan pronto como dio vuelta a la llave se dio cuenta de que el picaporte se estaba oxidando. Estaba allí desde que el edificio fue construido y aunque no era precisamente una antigüedad tampoco era reciente. Quizás ya era viejo en los 40´s. de cualquier forma, Donna compraría una nueva instalación de seguridad tan pronto como todo el asunto con el alcalde se terminara.

—Lindo —expresó Eric en voz alta. No había que ser un genio para notar la amargura de su desdeño.

—Voy a mudarme cuando todo termine— Prometió Donna— a donde prefiera la compañía. Manhattan está a la vuelta de la esquina. Aquí por lo menos tengo una buena vista.

Si Eric hubiera conocido el departamento de Jackie, hubiera pagado el peso de Ronda la redonda en oro para comprar el de Donna. Como no era el caso, Eric simplemente lo comparaba con el suyo. Definitivamente era más grande. Pero solo porque Donna no quería que se sintiera inferior, así que lo había llevado a su departamento más pequeño. De los tres que poseía, ella se sentía más cómoda en ese, porque ahí estaba su gato, su vieja computadora y la máquina que se atasca.

—Se me terminó el cereal así que… hay solo leche, pero también puedo ordenar comida china, si te apetece.

Eric no lucia saludable desde su enfrentamiento con Verónica, había comenzado a decir cosas extrañas en voz alta y cuando Donna le pedía que le repitiera lo que había dicho, Eric se mostraba confundido. Ella creyó que lo mejor sería llevarlo a su departamento para descansar un poco.

—No tengo hambre… pero gracias. — Donna comenzaba a pensar que algo andaba verdaderamente mal con su novio.

— ¿Seguro? ¿Quieres tomar una siesta? Debe ser por el viaje…

—No, no, estoy bien. — ¿Sabes, Donna? te preocupas demasiado.

Donna lo miró. Había un extraño brillo rojizo en sus ojos, como si hubiera olvidado donde se encontraba.

— ¿Seguro?

Eric volvió a insistir con la mirada. Entonces Donna estuvo segura de dejarlo en paz. Desde el incidente con el director de la escuela, Eric no había vuelto a ser el mismo; Donna tenía el horrible presentimiento de que le estaba ocultando algo importante, y no importante-importante, sino demencialmente importante. Estudió su rostro por un corto tiempo y luego caminó hacia el refrigerador solo por hacer algo. La puerta se tambaleó un poco hacia ella.

De pronto Donna se sintió como si no fuera ella misma. Un mareo le sobrevino de un momento a otro y el piso se movió tan fuerte que pensó que se desmayaría, pero no fue así. Pasados unos incomodos segundos, la habitación detuvo su devenir y ella miró a su acompañante que permanecía inmóvil en el sillón, como si no hubiera sentido nada. Tal vez era ella, que se estaba poniendo paranoica con todo lo de "Verónica" y los Malcome.

—Bueno. La versión corta —le dijo Eric acercándose sin cuidado— Es que mi hermana huyó de casa luego de casarse con Fez, de alguna manera conoció al presidente de los Estados Unidos de América en persona y tuvo una hija con él. Esa hija, hasta donde sabemos, podría ser Verónica.

— ¿Y la versión larga explica "de alguna forma" por qué le gustas a tu sobrina?

Eric no se rio.

—Eso no es verdad, ni siquiera estamos seguros de las posibilidades reales de que sea la hija de Laurie. Además ¿Porque Laurie se ha estado escondiendo? ¿Por tener una hija ilegítima del presidente? No puede ser la única bastarda.

—Hace tiempo que debimos preguntarle todo eso a tu madre ¿no te paree? Creo que ni siquiera se presentó al funeral de Red.

—Sí asistió creo, firmó con su nombre en el obituario pero… no lo sé.

— Entonces… ¿Cuál es la versión larga?

—Laurie se está mofando de nuestra investigación y Hyde es estúpido.

—Eso suena mucho más corto.

—Esa opción implicaría que Laurie llevó a Hyde hasta donde ella estaba o está relacionada con PSIC, por lo menos lo suficiente como para querer detener a Hyde y a Jackie en su camino a la fábrica.

— ¿Por qué crees que…?— Eric hizo una mueca para pedir una pausa y se tiró del cabelló como si hubiera un incendio en su cabeza. — ¡¿Estás bien?!— se alarmó Donna. Eric se reclinó hacia atrás.

—Sí, lo siento, continua. Son mis ojos, últimamente no veo muy bien. ¿Qué me decías?

Donna estaba más preocupada que antes.

— ¿Por qué crees que Laurie detuvo a Hyde y a Jackie?

—Tal vez ella es parte de la organización.

—Ella afirmó trabajar para los Malcome, sabemos que los Malcome trataran de asesinar al presidente y solo existe una persona que podría ayudarles a cometer tal crimen. Si él trabaja con los Malcome entonces el presidente está perdido.

— ¿Quién es ese?

Donna reflexionó alarmada por un instante y se levantó de golpe.

—Debemos ir por él, ¡Ahora!

— ¿Quién?

—Vámonos— Donna tomó su abrigo y volvió a salir, Eric la siguió de mala gana.

— Tedd Izkleyed Fantom era el tesorero del alcalde, trabajó para una empresa que manejaba la CVN hace mucho, pero lo trataron mal y ahora les roba toda la información y se la vende al periódico.

— ¿Con que de él sacas la información sucia eh?

—Así es, pero luego del incidente de la fotografía me juré que no volvería a hacer un trato con él. Mis fuentes en Drowies dejaron de ser confiables y tuve que ir con él. Intercambié la llave del presidente por la fotografía de Marisa con el alcalde porque creía que valía mucho más pero ahora creo que esa llave es la llave para acabar con el presidente y necesitamos recuperarla.

—Espera ¿de qué hablas? ¿Cuál llave? ¿Tú tenías la llave y la cambiaste por una foto?

—En ese entonces no sabíamos para que servía la llave.

—Ahora tampoco lo sabemos ¿Qué cambió?

—Jackie dijo que Laurie le dijo que la habitación donde tiene a Marisa está cerrada con una llave que el presidente siempre trae en el cuello, Drowies se la robó y la remplazó por una nueva para que no lo notara porque todos se preguntaban qué clase de puerta abría.

—Tal vez es una llave informática.

—Puede ser, hasta hace poco creíamos que era un símbolo de su poder sobre el resto del continente, pero ahora creo que Marisa de verdad existe y si Laurie tiene razón y el presidente tiene a su hija, debemos darle la llave a ella y evitar que los Malcome asesinen al presidente.

—Y si los Malcome tienen a Tedd entonces tienen la llave, se la darán a Laurie ¿no?

—Creo que no entiendes como funciona Eric, ellos no trabajan para tu hermana sino que ella trabaja para ellos. Si tienen la llave van a usarla y aun así mataran al presidente.

— ¿Realmente crees que una puerta cerrada los detendrá? ¿Viste cuanta gente mataron en Manhattan solo por el alcalde? Que encontremos o no encontremos la llave no va a hacer ninguna diferencia porque como dices tú, ellos no trabajan para Laurie.

—La llave es la diferencia entre la vida y la muerte para el presidente, Eric. Confía en mí.

— ¿Cómo podrá confiar en ti si nos has ocultado esta información desde el principio?

—Porque ahora estamos juntos en esto ¿de acuerdo? No quiero oír más quejas porque si no encontramos rápido a Tedd lo harán ellos.

El auto quedó estacionado en media calle, Donna tenía miedo de haber cometido un error o calculado mal el tiempo, si Tedd trabajaba para los Malcome o lo habían encontrado ya, no había remedio alguno. Tedd era famoso por desvanecerse entre los muros como un camaleón cuando no quería que lo encontraran, por algo era su mejor contacto y el ladrón más cotizado de Nueva york después del departamento de operaciones legales de Drowies.

—Bueno— le dijo Eric al píe del edificio donde solía residir Tedd— ¿y ahora qué?— según el casero, Tedd ya no vivía ahí.

—No te preocupes— le dijo Donna— recuerda que estás hablando con una periodista, se cómo conseguir información.

Fue Colette, una vieja secretaria de piso, la que le dijo a Donna donde podía encontrar al bastardo, al parecer una ex pareja furiosa por que la embarazó y se dio a la fuga.

—Vamos Eric, camina. —Donna comenzaba a notar que a su novio no le quedaba energía pero no tenía tiempo para cargar con él.

— ¿Estas segura de que es éste?

Donna se colgó un rato del timbre, nadie respondió durante sus tres intentos. Eric se desinfló y cambio el peso de su cuerpo de una pierna a otra.

—Tal vez deberíamos volver otro día.

—No lo entiendes, si no está aquí, significa que algo muy malo le pasó. Vamos a entrar.

— ¿Qué?—Eric sonaba convencido de que Donna intentaba cometer un crimen

—Lo que escuchaste, vamos a entrar.

—Alto, muy bien Donna, hasta aquí llegó esta locura ¿okey?

— ¡Dios! Eres más cobarde que Fez, Jackie por lo menos tiene agallas.

— ¿Qué quieres decir?

— ¿No creerás que Jackie y yo encontramos la sede de PSIC por la vía más legal o sí? Para encontrar información hay que tomar riesgos y a veces salidas que no están permitidas, si no vas a ayudarme, hazte a un lado. —Donna no esperó a que Eric le respondiera o volviera a opinar al respecto, entró por la ventana ignorando las náuseas y aterrizó dentro del apartamento.

—Donna — oyó que susurraba Eric, luchando contra las persianas de la ventana donde se había quedado enredado— Donna, esto está mal, salgamos de aquí.

—chssssssst. ¡Silencio, Eric!

El lugar parecía haber sido saqueado por los vikingos, las mesas estaban de cabeza y la cama distendida, los vasos y platos rotos, y esparcidos por el suelo. Las lámparas estaban mal colocadas como si alguien las hubiera retirado y luego hubiera tratado de arreglarlo sin mucho éxito.

— ¿Qué pasó aquí?

—Te lo dije. Los Malcome estuvieron aquí, debieron llevárselo. Deben tener la llave.

— ¡Mira! — Eric levantó un pedazo de papel con sangre que estaba junto al teléfono

—Trataba de llamar a alguien ¿Dice quién es?

— Si mis años de educación no me fallan dice algo como Matt… Mark… Hilton

— ¡¿Mark Hampton?!

— ¿Lo conoces?

—Sí, trabaja en la CVN, él nos consigue los gafetes para las conferencias.

— ¿La CVN?

—Tengo un pase platino para el estudio de Hampton, tenemos que ir.

—Donna ¿podrías quedarte quieta por un segundo? Estos tipos son peligrosos, mira lo que le hicieron a Tedd, es obvio que no estamos a la altura de…

Pero Donna ya no lo escuchó. Estaba decidida a resolverlo todo de una vez por todas, si era verdad que los Malcome asaltarían al presidente, entonces lo harían ese domingo durante la conmemoración.

— ¿Donna? ¡Espera!

Donna salió de nuevo por la ventana, un ligero dolor en el vientre le electrificó la columna mierda, pensó. Pero no se dobló para que Eric no lo notara.

—Vamos— urgió caminando de vuelta a automóvil. Eric tuvo que hacer algunas acrobacias para subirse al auto en movimiento.

—Donna— dijo recuperando el aliento— Sé que te importa mucho todo el asunto del alcalde pero creo que esto fue demasiado lejos incluso suponiendo que mi hermana esté involucrada…

—Eric, tengo mucho trabajo que hacer. Hay muchas cosas en riesgo y mi vida está de cabeza, no puedo detenerme a reflexionar sobre mis decisiones.

Eric vaciló.

—Es por eso que trato de ser tu voz de la razón… no importa lo que hagamos ahora porque ¿Quiénes somos nosotros para detener un ataque de tales dimensiones?

—Si sabes dónde explotara la bomba no te quedas parado viéndolo desde un lugar seguro, vas y evacuas a la gente.

—Donna, si hacemos eso, vamos a ser arrestados antes de que la gente tenga la oportunidad de…

— ¡Cierra la boca! Esa es la razón por la que nunca puedo contar contigo, Eric. Nunca estas dispuesto a tomar riesgos, no te importa si cuentan a no contigo. Siempre decides que no es asunto tuyo.

— ¿Ahora de que estas hablando?

—Ya lo sabes

—Soy imbécil ¿sí? No entiendo porque estas tan enojada conmigo

— ¡Por eso no llegaste a la boda! ¡Por eso no te permití ser padre!

— ¡¿Qué?!

El auto se frenó de golpe, al parecer había una caravana que apantallaba el tráfico alrededor de la avenida que bajaba desde el edificio de la CVN. El CEO estaba inaugurando una nueva rama de informática en la compañía porque creía que las tecnologías eran la joya del mañana o una cosa así. Donna bajó su vidrió y preguntó a un hombre que pasaba por ahí.

— ¿Qué pasa allá afuera amigo? —El trafico estaba tan lento que los peatones iban caminando en plena carretera y se movían entre el laberinto de coches detenidos.

—Todos quieren llegar a la inauguración de la CVN. Habrá un casting para el nuevo noticiario del estelar. Cerraron la avenida este. Donna se bajó del auto sin reflexionar al respecto, si se quedaba en el auto nunca llegaría.

— ¿Quieres explicarme eso de que no me dejaste ser padre?— la siguió Eric correteando para alcanzarla.

—Ahora no tenemos tiempo Eric, debemos ir a pie.

— ¿Estás loca? No dejaré mi auto aquí.

—Bien entonces iré yo sola, te veo después.

—Donna, para por favor, hablemos de esto.

— ¿No ves lo que está pasando? Esto es una distracción para el evento de mañana ¡Tenemos un gran… gran problema!

—No, ese no es nuestro problema, pero tú… tú sí, tú eres mi problema.

—Qué lindo Eric, eso es lo que toda chica quiere oír.

— ¿Qué? No eso no fue lo que…

—Mejor cállate de una vez.

—Vamos Donna, esto es una locura.

En la puerta del edificio había una carpa con la imagen del CEO, entonces Eric se paralizó. Buddy Morgan posaba en la imagen con elegancia y estrechaba la mano del antiguo alcalde con una sonrisa glamurosa en el rostro y un maletín en la mano.

—¿Buddy?