Capítulo 8

Draco enarcó una ceja antes de ante las ridículas palabras de Draco.

-Que ridículos -dijo negando con la cabeza.

-Es verdad, es algo estúpido -dijo George alzándose de hombros-. No tienes por qué creernos.

-Oye -dijo Fred casi como si hubiera sido insultado-, no se supone que dijeras eso, hermano.

-Es verdad, pero Draco no nos cree.

-¿Cómo podría creer…?

-Orchideus -los ojos de Draco se abrieron impresionado cuando un gran ramo de flores apareció "de la nada" en manos de George antes de dárselo.

-Avis -entonces Fred guio una pequeña parvada de pájaros que rodearon a Draco.

El rubio estaba encantado.

-Son buenos con los trucos -dijo oliendo las flores y riendo por los pajaritos.

-¿Trucos? -dijeron los chicos.

-Claro, chicos, la magia no… existe.

Draco miraba a su alrededor, a pesar de la sensación de mareo en que se vio envuelto un momento. Estaba en la sima de una montaña, mirando un pueblo a sus faldas. Miró a los chicos dejando caer el ramo de flores y retrocedió.

-Draco, no te asuste -dijo Fred.

-Demasiado tarde -dijo el chico aterrado- ¿Qué son ustedes?

-Ya te dijimos, Draco. Somos magos.

-Eso no existe.

-Claro que sí -le dijo Fred-, por favor, no sigas retrocediendo, puedes caer -dijo nervioso.

Draco tenía miedo, pero al ver que ciertamente podía caer si seguía retrocediendo, tomó la mano que George le extendía.

-No queremos hacerte daño, Draco…

-Pero no queríamos seguir mintiéndote.

-¿Por qué…?

-¿Por qué no queríamos seguir mintiendo?

-¿O por que te lo decimos ahora?

-¡Por qué, todo! -dijo moviendo las manos negando- Esto es lo más raro que he vivido toda mi vida.

-Bien, pues esto es sólo la punta del iceberg

El rubio estaba mirándolo con tanta intensidad que Tom temía que volviera a colapsar.

-Lucius…

-¿Qué haces aquí? -dijo levantándose de golpe para alejarse.

-¿Cómo qué, que hago aquí? -preguntó Tom- Vine por ustedes, obviamente.

-Tienes que irte -dijo aterrado-, Merlín, podrían haberte seguido hasta aquí y…

-Ey, amor, calma -dijo sosteniéndolo de los brazos, logrando que Lucius abriera grande los ojos.

-¿Amor? -preguntó negando con la cabeza- Por favor… vete -dijo bajando la cabeza, apretando los puños.

-Lucius, escúchame -le dijo-, por favor, sólo eso.

Lucius se debatía en un esfuerzo por ver las posibilidades. Tenerlo frente a sus ojos después de tantos años era como un sueño, pero, este sueño se volvería sangriento si lo llegaban a descubrir. Aun así, a pesar de todo, le escucharía.

Tom lo sostuvo de la mano y lo fue guiando hasta el sillón grande de la sala y lo hiso sentarse para hacer lo mismo a su lado, sin soltarlo.

-Cuando tú y Draco se fueron, creí que moriría, Lucius -le dijo mirándolo a los ojos. Esos pozos de plata liquidas, que le enamoraron en cuanto lo conoció a los dieciséis años, lo seguían absorbiendo aún ahora-. Después de ese día el caos se desató en mi cabeza -le dijo-, eras mi cable a tierra, mi reina -dijo acariciando la cara del hombre.

-No me llames así -dijo con dolor.

-Te amo tanto, Lucius, créeme que te extrañe cada día estos años… me reusaba a creerlos muertos.

-Temía por mi hijo -dijo mirándolo a los ojos-, Draco no tenía la culpa de nada, no podría protegerlo si moría. Tenía que sacarlo de ahí…la profecía… me estaba matando en vida.

-Sí hubieras esperado un poco -dijo suspirando, no podía culparlo por querer salvar a su hijo-, Cometí un gran error, Lucius. Uno del que me arrepiento hasta el día de hoy.

-Lo hiciste -dijo arrugando el entrecejo- mataste a los Potter y Longbottom.

-Sólo a los Potter… James y Lily Potter, de hecho.

-Merlín -dijo poniéndose de pie apretando los ojos y abrazándose a sí mismo.

-Fue esa noche la que cambió todo-dijo caminando por la sala, apoyándose en el sitial mirando por ventana-. Traté de matar a Harry, al bebé de los Potter, pero en lugar de eso el ataque se me revirtió, me golpeó y el hechizo que me cubría cayó -le dijo esperando alguna reacción, entonces lo vio, Lucius le miró a la cara sin entender.

-¿Qué hechizo?

-El conjuro de Salazar Slytherin -dijo mirándolo- fui a pedir ayuda a Dumbledore, él me acompañó a la cámara de los secretos que Salazar dejó en el colegio y encontramos todos los artículos malignos que había en el lugar. Siempre entubo en mi cabeza. Siempre fue eso, siempre quise exterminar a los muggle por el dominio de los recuerdos de Slytherin en mi cabeza.

-Eso es imposible -dijo caminando hasta él y poniendo una mano en el brazo de Tom-, nos hubiéramos dado cuenta antes.

-Pero no lo hicimos -dijo girando para mirarlo a los ojos-. Ese día murió Lord Voldemort, Lucius, el mismo Dumbledore y la orden del Fénix me ayudó.

-Merlín.

-Te busqué por todos lados, mi amor -dijo sosteniéndolo de la cara-. Nunca dejé de amarte.

Lucius cerró los ojos al ver como el hombre se acercaba para besarlo. Anhelaba ese contacto con toda su alma. Tom disfrutó cada segundo de ese beso, acercando al hombre a su cuerpo con una de sus manos de la cintura del mago, mientras que la otra iba a su cuello, para eliminar cualquier distancia entre ellos.

Draco estaba sentado en una roca, escuchando la gran cantidad de cosas que le decían los gemelos. Había pedido pruebas y ambos estuvieron jugando con las varitas en sus manos y hacían y deshacían en ese recóndito cerro.

-Esto es tan…

-¿Mágico? -dijo George sonriendo.

-Y eso que aun no vez nada -dijo Fred.

-Te queremos llevar a otro lugar -dijo George.

-¿Nos acompañarías?

Draco se mordió el labio inferior, nervioso ante todo esto, pero ¡Diablos! Era un adolescente curioso, como todos. Así que terminó por asentir.

-Volverás a sentir la misma sensación de hace un rato -le dijo Fred, tomando emocionado la mano del pequeño rubio.

-Pero estaremos siempre a tu lado, Draco -le dijo George tomándolo de la otra mano.

Los gemelos se miraron entre ellos y asintieron, la misma idea en la cabeza de ambos.

Draco cerró los ojos dispuesto a sentir nuevamente la horrible sensación en el estomago que sintió la última vez.

Al abrir los ojos quedó impactado, había mucha gente caminando de un lado para el otro, unos cuantos niños pequeños corriendo en las calles y las vitrinas de tiendas más impresionantes que había visto, por lo demás, la gente vestía túnicas de magos. No era idiota tampoco, lo había visto cientos de veces en los televisores o en películas. Miró a los gemelos que le devolvían la mirada. Esto parecía una convención friki.

-Draco, Bienvenido al callejón Diagon -dijeron al unísono.

TBC...