Capítulo 16

-Draco, Draco, ven.

El rubio suspiro por quizás que vez, no sabía en qué momento estaba que sus padres le habían hecho prometer cuidar a su pequeño hermano de tres años. Amaba con locura a Sirene, era un niño hermoso, muy parecido a él cuando era bebé, era un amor, pero estaba en los terribles tres, es decir, corría por toda la mansión, rompía las cosas por accidente y los pobres elfos domésticos andaban tras el señorito Sirene para cuidarlo.

-¿Qué pasa, Sirene? -preguntó dejando a un lado el libro que estaba leyendo ¡Tenía un examen importante y a sus padres les daba por tener una "luna de miel"!

-Mira -dijo mostrándole un montón de plumas blancas.

Draco se puso de pie de golpe, tenía que ser mentira. Tomó a su hermano en brazos y corrió al jardín con el chico riendo por la carrera, al llegar vio el desastre, los elfos corrían tras los pobres pavos reales alterados a los cuales su hermanito había tratado de desplumar logrando arrancar varias plumas a uno de ellos.

-Sirene, de verdad me haces plantearme la idea de tener hijos -dijo suspirando y entrando a la mansión con su hermanito en brazos. Llegaron a la sala y lo hizo sentarse en la mesa ratona frente a él y le conjuró un libro para pintar y lápices de colores-. Vas a comportarte y pintaras el libro mientras sigo estudiando.

-Bueno -dijo tomando posición y tatareando mientras pintaba.

Draco no pudo evitar la sonrisa que le afloró al verlo, si bien en un comienzo la idea de tener un hermanito le aterró, el que dejara de ser hijo único le dio celos, pero al final, cuando tuvo a Sirene en brazos el día que nació -algo un tanto traumático desde su punto de vista muggle, al ver a su padre dando a luz-, se enamoró por completo del niño y se volvió su guardián.

-Buenas tardes.

Draco y Sirene vieron llegar a George por la chimenea, el niño corrió a los brazos de uno de sus cuñados, los gemelos lo consentían en todo así que eran sus favoritos.

-¿Cómo les fue en la tienda? -preguntó Draco dejando el libro que estaba tratando de leer a un lado, era imposible que siguiera estudiando teniendo a los gemelos aquí le era imposible poner atención a sus estudios.

-Bien, Fred llegará en un rato más. Se quedó terminando de pagar a los empleados.

-Bien -dijo acercándose a su novio y siendo besado.

-Te echamos de menos -dijo susurrándole al oído para que Sirene no escuchara.

-Yo igual…

-Me alegro, por que esta noche no te dejaremos escapar -le dijo mordisqueando su cuello, logrando que Draco se sonrojara.

-Te dije que no hablaras de esas cosas frente a Sirene -dijo alejándose y golpeándolo en el brazo.

-Esta bien, lo lamento -dijo sonriendo de lado y Draco sabía que eso era mentira.

Draco negó con la cabeza y mandó a llamar a los elfos para decirles que preparan la cena para cuatro.

Fred llegó casi una hora después y tal como lo hizo su gemelo, se puso a hostigar con frases subidas de tono a su futuro esposo.

-¿Cómo lo haremos al final, Draco? -preguntó Fred con Sirene sentado sobre sus piernas y medio dormido.

-Creo que ya lo decidí -dijo dejando su copa de vino sobre la mesa-. El enlace mágico lo haré con George y el muggle con Fred.

-Bien -dijo George bufando. Draco se había demorado demasiado en decidir y no entendía que a ellos les parecería bien cualquier opción que eligiera.

-A mí me gusta -dijo Fred sonriendo de lado-. Eso significa que puedo planear yo la boda…

-No me pondré vestido de novia -dijo el rubio mirándolo mal.

-No iba a decir eso -mintió entre dientes haciendo reír a su hermano.

-Entonces la luna de miel…

-No me iré a dos lunas de miel, tengo que terminar mi carrera y no dejaré las clases por quizás cuanto tiempo.

-Bien -dijeron ambos con los brazos cruzados.

-No tienes para que molestarse, cedí en la fecha, lo mínimo que espero de mis futuros esposos es su apoyo en mis estudios.

-Lo hacemos, Draco, pero ¿Porque tienes que ser un sabelotodo?

-Por que soy perfecto -dijo sonriendo de lado.

Draco suspiró era el día de su enlace mágico con George, al siguiente día sería su matrimonio con Fred. Estaba estresado, demasiado.

-Hijo, tienes que calmarte…

-Papá, enserio, si vuelves a decirme que me calme harás que vomite de los nervios -dijo sobándose la frente con fuerza.

-Entiendo que estés nervioso. También estuve nervioso cuando me casé con Tom.

-Pero no se notaba -dijo mirándose al espejo, estaba vistiendo una hermosa túnica blanca con hilos de plata y oro adornando delicadamente cada centímetro de tela. Su cabello largo estaba peinado hacia un lado con una delicada trenza adornada de cristales Swarovski.

-Hijo, mírame -dijo sosteniendo del brazo y sonrió de lado cuando este se soltó para alizar la inexistente arruga de su túnica-. Tienes que estar tranquilo, el par de idiotas te aman tanto que nada malo pasará.

-Lo sé -dijo soltando el aire-. Supongo que es normal en mi caso, son dos matrimonios, me siento bastante bígamo justo ahora.

-Oh, por que lo eres, hijo, pero es algo que no tiene que importarte, después de todo, los amas tanto como ellos a ti.

-Sí -dijo Draco sonriendo feliz mirándose al espejo y soltó el aire retenido-. Bien. vamos a casarme.

-Ya eres mi esposo -dijo George bailando con su esposo y besándolo.

-Lo soy -dijo feliz.

-¿Puedo bailar con el novio?

-¡Pero por supuesto!

Draco sonrió de lado cuando pasó de estar en brazos de su esposo a estar en brazos de su prometido.

-Así que mañana es nuestro turno -dijo Fred besándolo en la boca.

-Sí, pero aguántate hasta mañana -dijo negando con la cabeza-, justo ahora mismo soy esposo de tu hermano.

-¡Dejen de hablar esas cosas, demonios! -dijo Ron tiritando.

-Oh, hermano, tú también te casaras algún día….

-Sí lo aguantan en algún momento.

La familia carcajeó por la broma de los gemelos y la fiesta continuó hasta casi las cuatro de la mañana antes de que todos decidieran que era suficiente por una fiesta, después de todo al siguiente día tendrían un nuevo matrimonio que celebrar.

-Los declaro casados ante la ley -dijo el juez civil frente a Fred y Draco-. Pueden cerrar su vínculo con un beso.

Draco sonrió de lado cuando su esposo lo elevó en brazos para besarlo.

Los aplausos de los padres de los novios se escucharon en el salón.

El matrimonio estaba hecho, se miraron con amor y los seis viajaron de regreso, esta vez, a la madriguera. Después de todo el enlace mágico había sido en la mansión Malfoy.

-Por fin eres completamente nuestro, Draco -dijo Fred bailando con su reciente esposo.

-Creo que siempre lo he sido -dijo sonriendo de lado.

-Oh, pero ahora te podemos llevar a la cama sin tener que estar ocultándonos de nuestros padres.

-Idiota -dijo golpeándolo en el brazo.

-¿Ya estás maltratando a tu esposo, Draco? -preguntó George llegando junto a la pareja-, el maltrato intrafamiliar es horrible.

-Otro idiota más -dijo antes de ser besado por George.

-Ya quiero que partamos a nuestra luna de miel.

-Yo igual, Draco -dijo Fred-. Despidamos a todos y partamos.

Draco se mordió el labio, él también quería irse con los chicos.

-Váyanse -dijo Tom pasando por el lado de ellos-. Pero por favor, por favor, no comentan tantas estupideces -dijo mirando a los esposos de su hijo mayor.

-Esta bien, suegro -dijo George y luego miró a Fred que asintió. Ambos sostuvieron a Draco, cada uno por un lado y se desaparecieron del lugar.

-Bien, creo que ya podemos divertirnos sin sus perversidades -dijo Harry cuando todos en la fiesta notaron como el trio desapareció-. Vamos, Severus, baila conmigo -dijo tirando de la manga del maestro de posiones hasta el centro de la pista seguido de los demás hermanos con sus parejas.

-¿Crees que estará bien? -preguntó Lucius a su lado.

-Claro que sí -dijo sosteniendo a Sirene en brazos que divertido jugaba con las hadas que revoloteaban en el lugar.

Lucius suspiró antes de ser besado por su esposo.

Draco puso un pie en la isla paradisiaca y privada que su padre había "comprado" para su luna de miel de una semana.

-Demonios, Draco, sólo queremos arrancarte la ropa ahora mismo y hacerte el amor en cada centímetro de la isla.

-Mi amor -dijo George atrayendo al rubio para besarlo.

Draco sentía que estaba siendo acariciado por ambos. Sentía las manos de Fred desnudándolo mientras que George le devoraba la boca.

-Oh, no, deténganse -dijo ahogado de tantas sensaciones, sus ahora esposos le vieron preocupado.

-¿Qué pasa amor? -le preguntó Fred sosteniéndolo por detrás de los hombros.

-Vamos a la casa -dijo sosteniendo las manos de ambos-. Quiero que me hagan el amor en nuestra cama matrimonial.

Los gemelos sonrieron de lado, harían delirar a su hermoso esposo.

Draco se dejó caer en la cama, por el agotamiento, sintiendo como Fred le embestía con cuidado mientras George besaba su cuerpo. Llevaban toda la noche haciendo el amor. Había sido la mejor noche de bodas para los tres.

-Demonios, denme un respiro -dijo cubriéndose el rostro con un brazo, sintiendo como el orgasmo lo iba arrastrando hasta casi la inconciencia.

-Vamos amor, un poco más -dijo George besando su cuello.

Draco sintió los cosquilleos en el bajo vientre y terminó por eyacular en las manos de George, mientras Fred le embestía unas cuantas veces más antes de correrse en su interior.

Los tres gemían desparramados en la cama. Los gemelos, veían a su esposo durmiéndose poco a poco y se miraron entre ambos. Era mejor descansar un poco lo que quedaba de noche a Draco.

El sonido del oleaje despertó a los gemelos, se miraron sonriendo y se pusieron de pie, Draco no estaba en la cama ni en la casa, miraron por la ventana y le vieron parado frente al mar, con una hermosa túnica blanca y su largo cabello suelo moviéndose con la briza del mar.

-Parece nostálgico -dijo Fred preocupado.

-Vamos.

Los gemelos salieron de la casa y tranquilamente caminaron hasta el rubio, le abrazaron y se dieron cuenta de que Draco no los sintió pues saltó en medio del abrazo.

-¿Amor? -preguntó George un poco preocupado.

-No sé como lo haremos -dijo el rubio soltando el aire.

-¿Pasa algo malo?

Draco se liberó del abrazo de los gemelos y se paró frente a ellos, mirándolos a los ojos. Sostuvo una mano de cada uno y las llevo a su vientre.

-Estoy esperando un bebé… pero no sé de quién es.

George y Fred le vieron con los ojos empañados para abrazarlo.

-¿Por qué no nos dijiste? -preguntó George.

-Se supone que es una sorpresa, pero luego me asusté.

-¿Por qué? -preguntó Fred sosteniéndolo del rostro- Cuando dices que no sabes de quien es… ¿Tuviste un amante?

-Claro que no, idiota -dijo negando con la cabeza al ver la sonrisa del par de bobos-. Me refiero a ustedes dos.

-Ah, entiendo -dijo George pasando un brazo por el hombro de su hermano-. Entonces no hay nada de que preocuparse, amor -dijo atrayéndolo en un abrazo.

-Es un bebé de los tres -dijo Fred.

-¿No quieren saber quien es su padre biológico?

-No es necesario…

-Sabemos que es de los tres.

Draco suspiró, tuvo tanto miedo cuando despertó y quiso darles la sorpresa a sus esposos, pero, como siempre, era él quien terminaba siendo sorprendido.

-Que bueno -dijo soltando el aire-. Los amo.

-Y nosotros a ti, Draco.

-Siempre te amaremos a ti.

Fin