Capítulo 8

Por la noche, la fiesta en Edimburgo estaba en pleno apogeo. Frente al castillo de la ciudad la gente bailaba alrededor de las hogueras, cantaba, bebía. Todo el mundo quería pasarlo bien.

Temari, que disfrutaba del momento junto a su marido Naruto y sus amigos, al ver a un ceñudo Sasuke, se le acercó y cuchicheó:

—Suigetsu Hōzuki se divierte mucho.

Él asintió y, viendo a Suigetsu reír con una guapa mujer de pelo claro que lo besaba en ese momento, repuso:

—Si lo ve el padre Murdoch, lo casa.

Ambos rieron por aquello, el cura era excesivo en muchos temas.

—Insisto —dijo Temari al cabo—, Suigetsu lo pasa mejor que tú.

—Pues me alegro por él.

La joven resopló al oírlo. Nada en el mundo le gustaría más que ver a Sasuke disfrutar de la alegría de una fiesta. La última vez que lo había visto sonreír de verdad había sido en la boda con su hermana Ingrid. Nunca más había vuelto a verlo reír así, pero cuando se disponía a replicar, Naruto se acercó a ellos.

—Tengamos la fiesta en paz, que os estoy viendo.

Los dos vikingos intercambiaron una mirada y, sin poder evitarlo, sonrieron. Pasara lo que pasase y se enfadaran lo que se enfadasen, se querían una barbaridad, por lo que Temari, levantándose, le tendió la mano a su cuñado.

—¿Y conmigo tampoco bailarás? —preguntó.

Sin poder negarse, Sasuke se puso en pie y, tras recibir un empujón divertido de Naruto, la siguió. ¡Tocaba bailar!

Complacido, Naruto volvió a sentarse junto a sus amigos y sus mujeres; disfrutar de aquellos momentos de paz y diversión siempre era algo bueno.

Un buen rato después, Sasuke y Temari regresaron y esta se sentó sobre él, y la felicidad lo inundó.

Disfrutaban charlando y bebiendo cuando de pronto la rubia, al ver que la gente se reunía en corrillos y comenzaba a gesticular con las manos, preguntó:

—¿Qué pasa?

De inmediato, Naruto envió a uno de sus hombres hasta uno de aquellos corrillos para informarse. Al poco, este volvió junto a ellos y, mirándolo, indicó:

—Mi señor, los lugareños afirman haber visto varios barcos pirata por la costa.

—¡Piratas, qué horror! —exclamó Matsuri asustada.

Gaara la tranquilizó asiéndola de la mano y Naruto suspiró.

—Si eso es verdad —dijo—, lo más lógico es que alguno haya pisado tierra para disfrutar de la fiesta.

—Y no hacer nada bueno —acabó Sasuke por él.

—¿Cuándo hacen algo bueno los piratas? —se mofó Suigetsu.

—Nunca —repuso Sasuke.

Todos se miraban convencidos cuando Neji, Gaara y Naruto, tras hablarlo entre ellos, llamaron a sus hombres y este último dijo:

—Sentimos dar por terminada la fiesta por hoy, pero tenéis que regresar todos al campamento. Los caballos y las ovejas que hemos comprado pueden ser muy golosos para esos piratas y no nos gustaría perderlos.

Sin dudarlo, los hombres asintieron y volvieron al campamento. No había más que hablar.

Una vez que volvió a quedar el grupo inicial disfrutando de la fiesta, Tenten murmuró:

—Solo oír la palabra pirata atemoriza.

—Nada ha de atemorizarte mientras estés conmigo —cuchicheó Neji.

Todos sonrieron al oír eso pero, sin saber por qué, Temari recordó a la muchacha que tenía un caballo con ese nombre. Qué curioso...