Capítulo 10
Asombrado al encontrarse de nuevo con aquella, Sasuke no dijo nada.
—¿Os conocéis? —preguntó su cuñada con asombro.
El vikingo miró a Naruto, que sonreía; ahora entendía la guasa de este. Entonces Sakura dijo:
—Probablemente.
Temari parpadeó sorprendida.
—Nos hemos visto esta mañana durante la venta de caballos —aclaró Sasuke.
—¿Y por qué no has comprado el caballo que ha comprado ella? —quiso saber su cuñada—. ¡Es magnífico!
Sasuke no dijo nada, pero Sakura contestó en su lugar:
—Porque yo he sido más rápida.
Oír eso hizo que él le clavara la mirada.
—No has sido rápida. Has hecho trampas.
La joven sonrió, sabía que era cierto, y, viendo cómo Temari, Naruto y el resto la miraban, indicó:
—Vale, tiene razón. Le he dicho que el caballo era mío cuando no lo era. Pero en mi defensa he de decir que me he visto forzada a hacerlo porque si no él me lo habría arrebatado. Lo he visto en sus ojos. Me he dado cuenta de que lo quería y eso no lo podía permitir, porque yo soy de las que cuando quieren algo no lo dejan escapar.¡Y ese caballo era mío!
Sasuke asintió al ver que todos sonreían por su explicación y, sin poder callarse, replicó:
—También eres de las que insultan, ¿no?
Temari y Naruto se miraron sorprendidos.
—¿Lo has insultado? —preguntó ella.
Sakura, al verse observada por todos, explicó con un gesto gracioso:
—Solo lo he llamado tontito...
—¡¿Tontito?! —se mofó Temari.
Ella asintió y la rubia miró entonces a su cuñado.
—Por favor, Sasuke..., ¿en serio te has ofendido porque te llamara tontito?
Naruto, Neji y Gaara comenzaron a reír a mandíbula batiente al oír eso, y el vikingo les recriminó mirándolos:
—No sé dónde le veis la gracia.
Las mujeres, divertidas, iban a intervenir cuando Sakura le dio un pellizco a Sasuke en el brazo para atraer su atención.
—Venga, hombre, no te pongas así. Para mí un insulto sería llamarte «cagalindes», porque estaría diciendo que eres un cobarde, o cosas como «borrego llorón», «sucio gusano podrido», o también aquello otro de «maloliente pedo de mierda». Pero «tontito»..., ¡oh, por favor!
De nuevo, todos rieron. Aquella muchacha era muy divertida, con su extraordinaria verborrea para decir palabras en absoluto correctas.
—Es más —continuó ella—. Deberías considerar tontito como un diminutivo cariñoso.
Oír eso hizo que Sasuke levantara una ceja. Sin duda aquella tenía muy poca vergüenza.
—¿Quieres que te diga por qué lo he hecho? —La oyó decir a continuación. El vikingo, boquiabierto como el resto por lo que ella exponía con total naturalidad, asintió y ella soltó—: Porque he visto que estabas molesto al saber que ese precioso fiordo blanco y negro era mío y no tuyo..., tontito.
Las risas volvieron a oírse en el grupo y entonces Sasuke, levantándose, se acercó a la joven y, mirándola directamente a los ojos, siseó:
—¿Sabes, tontita? Tú y yo no tenemos más que hablar.
Y, dicho eso, se alejó a grandes zancadas. ¡Pero qué mujer tan desagradable!
Temari suspiró al verlo y cuando iba a hablar, su marido Naruto se levantó para caminar tras el noruego e indicó:
—Mejor omite cualquier comentario, ¿de acuerdo?
La rubia asintió. ¿Dónde estaba el sentido del humor que Sasuke tenía antaño?
Estaba pensando en ello cuando Sakura, que en esa ocasión no había dicho aún la última palabra, se le acercó al ver la reacción del gigante pelinegro.
—¿Qué le ocurre? —le preguntó.
Temari resopló. Contarle el trauma por el que aquel había pasado no era algo que le apeteciera en ese momento festivo, e, intentando no darle mayor importancia, respondió:
—Hoy no ha tenido un buen día.
Sakura simplemente suspiró y, al ser requerida por otro joven para bailar, no lo pensó y decidió hacerlo sin percatarse de que Sasuke y Naruto la observaban desde la distancia mientras hablaban de ella.
Estaba danzando alrededor de una de las hogueras cuando, al cruzarse con uno de los hombres que bailaban, parpadeó.
Pero ¿qué estaba haciendo Gilroy allí?
El pirata, al darse cuenta de que Sakura lo había descubierto, le guiñó un ojo y prosiguió bailando hasta que la música cesó y, acercándose, la saludó.
—Bicho...
—¡Por los antepasados de Yemayá! ¿Qué haces tú aquí?
Gilroy le sonrió a la moza con la que acababa de bailar y luego indicó:
—Tu padre me obligó.
Sakura maldijo y se dio la vuelta enfadada con gesto agrio al oír eso.
Al ver que se alejaba a grandes zancadas, Gilroy maldijo a su vez y fue tras ella.
—¡Bicho! ¡Para!
La joven no le hizo caso, hasta que, irritada, se dio la vuelta y siseó:
—Regresa con él ¡ya! No te quiero aquí.
Y, dicho esto, se dio la vuelta para volver junto a Matsuura.
—¡Bicho, escúchame! —insistió él—. Yo tampoco quiero estar aquí. Pero fue tu padre el que me obligó. ¡Bicho, maldita sea! ¡Bicho! ¡Bicho!...
Sasuke y Naruto, que estaban en un lateral tomando algo fresco, al oír eso se miraron sorprendidos y el segundo preguntó:
—¿Ese hombre la ha llamado «bicho»?
Su cuñado, que había oído lo mismo que él, se encogió de hombros y repuso:
—Ese nombre le va al pelo.
Ambos reían cuando, de pronto, al ver que aquel cogía del brazo a la joven para detenerla, corrieron sin dudarlo hacia ellos. Pero ¿qué hacía ese tipo?
Sakura, ajena a aquello, miró furiosa a Gilroy para contestarle, pero entonces él salió despedido hacia atrás para caer de culo en el suelo.
—¿Este hombre te está importunando?
Boquiabierta, se encontró con Sasuke muy cerca de ella. En los preciosos ojos negros de aquel vio preocupación al tiempo que su olor a bosque le inundaba las fosas nasales. Pero ¿qué le ocurría con aquel tipo que la paralizaba? Y, al ver que Naruto tenía la pierna sobre el pecho de Gilroy para que no se levantara, rápidamente respondió volviendo en sí:
—No..., no..., no me importuna.
Sasuke no se movió. Ni soportaba ni consentía que delante de él un hombre atemorizara a una mujer, por lo que, volviéndose hacia Gilroy, siseó:
—Si vuelves a acercarte a la señorita, lo lamentarás.
Sakura sonrió sin poder evitarlo al oírlo. Que aquel tipo la llamara «señorita» después de lo mucho que ella se había pasado con él era como poco inquietante, y, sonriendo y sin pensarlo, soltó:
—Gracias por tu defensa. Eres un encanto.
Sasuke la miró. No quería ser un encanto.
—Solo soy educado —matizó—. No pretendo ser nada más.
—Sasuke... —murmuró Naruto para que se callara.
Durante unos segundos, el vikingo y Sakura se miraron a los ojos. Y cuando ambos en silencio sintieron que el vello de sus cuerpos se erizaba, la joven apartó la mirada e indicó algo confundida:
—Gilroy es... es mi hermano. Gilroy Mimura.
El aludido la miró sorprendido. ¿Hermanos? ¿Mimura?
Naruto y Sasuke asintieron sin dudar de su palabra, y cuando el primero permitió a Gilroy levantarse del suelo, la joven añadió:
—Hermano, ellos son Sasuke y Naruto.
Los tres hombres se saludaron con un gesto de la cabeza, y ella, para que aquel no abriera la boca y desmontara la mentira, dijo mirándolo:
—Disfruta de la fiesta hasta que yo vaya a buscarte para marcharnos.
—Pero...
—Por las barbas mohosas de Neptuno, ¡vete! —insistió sin percatarse de cómo Naruto y Sasuke se miraban por lo que había dicho.
Cuando Gilroy desapareció, Sakura se recompuso e intentó comportarse como una mujercita educada. Tras pestañear con gracia, los miró y musitó:
—Gracias por vuestra preocupación. Ha sido un detalle muy bonito.
Sasuke no contestó, pero Naruto sonrió e indicó:
—Has de tener cuidado. En la fiesta hay gente que ha bebido de más.
La joven asintió, lo sabía, y, encogiéndose de hombros, respondió sin pensar:
—Pues que tengan ellos cuidado conmigo.
Al oír eso, Sasuke resopló, la chulería de aquella era insufrible, y, dándose la vuelta, se alejó.
Naruto sonrió al verlo y, ofreciéndole su brazo, preguntó:
—Sakura Mimura, ¿qué te parece si regresamos con el grupo?
Complacida, ella se agarró a él y, sonriendo, ambos siguieron al gigante pelinegro.
