Capítulo 11

Una vez que volvieron a estar todos juntos disfrutando de la fiesta, mientras charlaban Sakura observaba con disimulo a Sasuke, que permanecía en silencio. Aquel hombre, que ni siquiera la miraba, de pronto había llamado su atención.

Lo repasó con disimulo. Alto, grande, fornido, cabello azabache, ojos negros, acento extraño. Y sin duda, cuando sonriera, cosa que no hacía, seguramente tendría una preciosa sonrisa.

Estaba pensando en ello cuando el grupo calló y, sin dudarlo, se dirigió a él.

—Te llamas Sasuke, ¿verdad? —El aludido la miró, al igual que todos los demás, y ella, sin esperar respuesta, prosiguió—: Oye, en serio, te pido disculpas si mi diminutivo cariñoso de tontito te ha molestado. De verdad, no pretendía ofenderte ni incomodarte.

Sasuke no esperaba oír eso en aquel momento y, viendo cómo todos aguardaban que contestara, repuso:

—Tranquila. No pasa nada.

Su respuesta y su oscura mirada hicieron que el vello del cuerpo de la joven se erizara una vez más y, sin saber por qué, sonrió. Aquel tipo no la soportaba y ella sonreía... Pero ¿estaba tonta?

Instantes después, animada al oír una canción, Tenten sacó a bailar a Sasuke y él aceptó con caballerosidad. No podía estar toda la noche diciendo que no.

En silencio, y clavando la mirada en aquel tipo, que de pronto había llamado su atención, Sakura lo siguió con los ojos y Temari, que era consciente de ello, le susurró:

—Ya me ha dicho Naruto que tu hermano es aquel joven de allí.

Sakura miró hacia donde le señalaba. Gilroy reía junto a una mujer rubia en ese instante, y afirmó antes de volver a mirar a Sasuke:

—Sí.

Ver su mirada dio esperanzas a Temari, que, sin dudarlo, soltó:

—Sasuke está soltero y no corteja a nadie.

Al saber eso, Sakura asintió.

—Lo conozco desde que era una niña y te aseguro que es un hombre excepcional —añadió la rubia.

—Atractivo es —declaró ella.

Temari afirmó con la cabeza, aunque Sasuke tenía mejores cosas que la belleza, e indicó recordando a la pequeña de aquella:

—Es cariñoso, atento, y le encantan los niños. Siempre ha querido ser padre, y tendrías que ver cómo mima y cuida a mi pequeña Ingrid.

Oír eso hizo que Sakura dejara de mirarlo. Estaba claro lo que Temari le quería dar a entender y, divertida, preguntó:

—¿Y por qué no te casaste con él?

Ella sonrió y, bajando la voz, musitó mirando a su marido, que también sonreía:

—Porque, como ya te he dicho, a mí me van los rubios.

Instantes después, Tenten y Sasuke regresaron de danzar alrededor de la fogata. Rápidamente el vikingo asió un vaso para refrescarse la garganta y, cuando se sentó junto a la que había sido su cuñada, la oyó decir:

—Me consta que ni Sakura ni tú tenéis pareja... ¿Qué tal si salís a bailar?

La sonrisa de Sasuke se esfumó. Temari nunca pararía. Y Sakura, al darse cuenta de su gesto incómodo, se apresuró a intervenir.

—Eh, ¡tranquilo! Yo no obligo a nadie a que baile conmigo.

Sasuke se levantó enseguida y, tras arrugar la nariz con desgana, se cambió de sitio. Sorprendida por ello, Sakura preguntó a Temari mientras se olisqueaba el hombro:

—¿Huelo mal?

Ella rio al tiempo que negaba con la cabeza.

—Hueles divinamente. Es solo que Sasuke es un maldito cabezón.

Curiosa por la reacción de aquel, Sakura se disponía a preguntar cuando un tipo de cabello blanco con puntas azuladas, pero con una preciosa sonrisa se les acercó. Era Suigetsu Hōzuki, que de inmediato comenzó a hablar con ella.

El tiempo pasaba. Todos charlaban, y Sasuke permanecía sentado lo más alejado posible de Sakura para evitar los comentarios de Temari.

—¿Por qué has llamado a tu caballo Pirata? —le preguntó de pronto Tenten a la joven.

Todos la miraron expectantes.

—¿Y por qué no? —repuso ella encogiéndose de hombros.

De nuevo, salió el tema de que habían avistado piratas por las costas escocesas y Temari, al ver que aquella no se asustaba por ello, iba a preguntar cuando Matsuri comentó:

—¡Qué miedo! Solo imaginarme ante un pirata me hace temblar.

Eso le provocó una sonrisa a Sakura, que miró a Gilroy. Si aquella supiera... Pero, callando lo que pensaba, indicó:

—No todos los piratas son asesinos.

—¿Ah, no? —preguntó Suigetsu con curiosidad.

—No —aseguró ella.

Todos rieron y luego Naruto explicó:

—Según tengo entendido, uno de los más sanguinarios que surcan los mares es escocés. Su nombre es Kizashi Haruno y lleva años en busca y captura.

Al oír el nombre de su padre, Sakura se tensó en el acto.

—¿Ese no es el que tiene una hija que es tan sanguinaria como él? —dijo Suigetsu.

—Creo que la llaman «la Joya Haruno» —añadió Sasuke.

Sakura lo miró.

—Dicen que padre e hija matan por placer para después usar los cráneos de sus víctimas como cuencos para comer sopa —intervino Naruto.

—¡Qué horror! —susurró Tenten.

—¿En serio dicen eso? —preguntó Sakura boquiabierta.

Siempre había oído muchas cosas que se referían a ellos, pero esa era nueva.

—Eso dicen —asintió Temari.

—Pues yo he oído que el capitán Haruno tuvo esa hija con una sirena —repuso Sakura divertida—. Por ello, cuando esa muchacha se mete en el mar, las piernas se le convierten en una preciosa e interminable cola con la que nada sin parar.

—¡No me digas! ¿Eso se cuenta? —murmuró Tenten sorprendida.

—Probablemente. —Sakura sonrió.

Durante un buen rato siguieron hablando sobre el capitán Kizashi Haruno y su tripulación. Oír las barbaridades que se decían de ellos y que nada tenían que ver con la realidad al principio le resultó divertido a Sakura, pero después de un rato, no pudo más y se mofó:

—¡Por Yemayá, cuántas tonterías hay que oír! —De inmediato, al ver que su comentario había llamado la atención de todos, agregó intentando no meter la pata en exceso—: A ver, hablar es fácil para la gente y, sinceramente, dudo que muchas de las cosas que habéis contado sean ciertas. —Ninguno dijo nada, y Sakura prosiguió—: Creo que hay piratas que matan y saquean por puro placer. Pero estoy segura de que habrá otros a los que se los acusa de serlo simplemente por haber llevado a cabo aquello de «ojo por ojo y diente por diente». —Todos continuaron en silencio, y Sakura finalizó mientras sacaba de su bolsillo un pañuelo azul para pasárselo por el cuello—: Llamadme «bestia», pero soy de las que piensan que quien la hace la tiene que pagar, ya sea en el mar o en tierra.

—Opino igual que tú —afirmó Temari.

A Sakura le gustó saberlo, y Naruto miró a su mujer y se mofó:

—¡Estamos ante dos bestias!

Todos rieron de nuevo, y Neji, viendo la tranquilidad de aquella al hablar de los piratas, le preguntó:

—¿No te dan miedo los piratas?

Sin dudarlo, Sakura negó con la cabeza.

—Ni un poquito.

—¿Y los vikingos? —preguntó Naruto divertido mirando a su mujer—. ¿Los vikingos te dan miedo?

Sasuke lo miró con interés al oírlo.

—Esos..., menos aún —contestó la joven.

Su respuesta hizo reír a todos y Gaara, divertido, insistió:

—Si no te asustan los piratas ni los vikingos, ¿qué te da miedo?

Sakura dio un trago a su vaso de cerveza. Si aquellos supieran con quién estaban hablando, sin duda alguna se echarían a temblar, y al sentir la oscura mirada de Sasuke en espera de su contestación, soltó:

—Prefiero que el miedo me tema a mí.

Las risas, de nuevo, no se hicieron esperar.

De pronto, Sakura vio que Gilroy caía de bruces al fondo de la plaza y supo que tenía que llevárselo de allí antes de que la lengua se le soltara por la bebida.

—Me ha encantado estar con vosotros —dijo poniéndose en pie—, pero es tarde y mi hermano y yo tenemos que descansar para estar frescos y despiertos mañana en el mercadillo.

Todos asintieron y se dispusieron a despedirse de ella, y a continuación Temari le preguntó mirando a Gilroy:

—¿Necesitas ayuda?

—No, tranquila —repuso Sakura—. Puedo con él.

—Podemos echarte una mano —insistió Naruto.

—De verdad, no hace falta —aseguró ella sonriendo.

Después de que Temari y Sakura se dedicaran una sonrisa de despedida, esta última se alejó sin ser consciente de cómo Sasuke la observaba con disimulo. Era la primera vez que una mujer como aquella llamaba su atención y aún no entendía por qué.

Con una sonrisa en los labios, la joven caminó por la plaza. Aquella sensación de libertad sin miedo a que la atacaran o la insultaran por ser la hija de quien era le parecía maravillosa, y conocer a personas como Temari y su grupo más aún.

Estaba pensando en ello cuando, al llegar junto a Gilroy, su gesto cambió. Estaba claro que aquel había bebido de más, y, poniéndose las manos en las caderas, gruñó con gesto furioso:

—Levanta tu sucio culo del maldito suelo a la de ¡ya!

Gilroy lo intentó, pero le fue imposible.

—¿En serio voy a tener que cargar contigo?

El pirata, al que se le había ido la mano con la bebida, sonrió mientras trataba de incorporarse.

—Bicho..., dame un instante.

Al tercer intento se levantó, pero las piernas le fallaron y, si no llega a ser porque Sakura se apresuró a sujetarlo, se habría estampado contra el suelo.

—Cuando vea a mi padre, ¡me las va a pagar!

Despacito, ambos comenzaron a caminar hacia el lado derecho.

—Por todos los dioses, Gilroy... —gruñó Sakura—, ¿dónde te has metido? ¡Apestas! —El hombre asintió y, cuando empezó a balbucear, esta siseó—: Mejor no me lo digas.

Temari, que seguía con la mirada los pasos de Sakura, al ver que cargaba con un tipo que era el doble de grande que ella, miró a su marido para protestar, pero entonces, al ver a Sasuke tranquilamente sentado mirando las estrellas, se acercó a él.

—¿En serio vas a permitir que esa muchacha cargue sola con su hermano?

—Sí.

—Pero, Sasuke, ¿dónde está tu caballerosidad?

—Descansando —replicó el nórdico al oírla.

Temari suspiró.

—Necesitas una mujer a tu lado.

—No.

—Maldito cabezón, necesitas una mujer en tu hogar.

—Que no. No existe nadie como Ingrid, así que no insistas, ¡maldita sea, Tema!

Estuvieron unos segundos en silencio hasta que él, siguiendo la dirección de su mirada, comentó al ver a Sakura cargando con su hermano:

—No es mi problema.

—Pero, Sasuke...

—He dicho que no es mi problema —repitió él.

Temari parpadeó boquiabierta. Jamás habría esperado esa contestación por parte de Sasuke.

—Te aseguro que ahora mismo Ingrid no debe de estar nada orgullosa de ti —replicó. El vikingo la miró furioso y de inmediato ella sentenció—: Pero tienes razón, Sakura no es tu problema.

Y, sin más, se dio la vuelta para acercarse a su marido. Él la ayudaría. Enfadada y molesta por la frialdad de Sasuke, comenzó a contarle a Naruto lo que ocurría.

—Rubia salvaje, deja de protestar —la interrumpió él de pronto—. Sasuke ya va.

Sin dar crédito, Temari se volvió y sonrió al ver a aquel caminar hacia donde estaba Sakura.

¡Quizá no estuviera todo perdido!