Capítulo 13

Las fiestas en Edimburgo continuaban, aunque aquella era la última noche de celebración. Después, vendedores y visitantes regresarían a sus hogares a seguir con sus vidas.

Durante los días anteriores, la joven Sakura no volvió a aparecer por la noche en las hogueras, pues prefería quedarse en la carreta creando sus joyas en compañía de Matsuura y Siggy, mientras Gilroy, tras prometer que no bebería hasta perder la razón, se marchaba a la fiesta.

Sakura trabó amistad con algunos de los vendedores y se informó de lugares a los que ir para vender su mercancía. Saber eso le gustó, puesto que podrían encontrarle una familia a Siggy mientras viajaban por Escocia.

Esa mañana la joven no acudió al mercadillo a primera hora por una razón. A través de una de las amigas de Gilroy, que trabajaba como criada en una buena casa en Edimburgo, supieron que los señores de aquella deseaban tener hijos y no podían.

Saber eso los alegró. Aquella familia podía ser la ideal para Siggy. Pero Sakura y Matsuura, antes de dejarles a la pequeña, querían conocerlos. Necesitaban tener claro que la niña estaría a salvo y protegida, por lo que Matsuura se marchó en busca de información.

Sakura disfrutaba jugando con Siggy aquella mañana. La cría ya no hacía pucheros al verla, al revés, y ella la abrazaba y la mimaba encantada. Le gustaba la sonrisa de la pequeña, su olor, su manera de descubrir cualquier cosa. Estaba disfrutando de ella en el interior de la carreta cuando oyó a Gilroy gritar:

—Bicho... ¡Bichooooo!

Oír eso la hizo maldecir. ¿Por qué la llamaba así? Pero ¿para qué tenía Gilroy la cabeza?

Y, gritando desde el interior de la carreta, soltó:

—Por las barbas pestilentes de tu abuelo paterno, Gilroy, ¿quieres hacer el favor de no llamarme de ese modo?

El hombre asintió y, sonriendo a una mujer que estaba a su lado, indicó:

—Sakura, aquí hay una señora que dice que hace un par de días te encargó la hebilla de un cinturón de plata con la inicial de su marido.

Al oír eso, Sakura dejó a Siggy sobre una manta. Eran muchas las personas que le encargaban cosas así y, dulcificando su tono de voz, respondió:

—Dile a la señora que enseguida la atiendo.

Rápidamente buscó entre sus encargos lo que sabía que habían ido a recoger y, al encontrarlo, salió de la carreta. Al observar su dura mirada, Gilroy rápidamente se escabulló y Sakura se acercó a la mujer con una sonrisa.

—Si mal no recuerdo, la inicial del apellido de vuestro esposo era la «M», ¿verdad?

—Sí —contestó ella encantada de que se acordara.

Sakura asintió y, enseñándole la hebilla de plata con la inicial, se la entregó y preguntó:

—¿Qué os parece?

La mujer la observó feliz.

Llevaba tiempo deseando regalar aquello y, sonriendo, afirmó:

—Me parece una preciosidad.

—¡Qué maravilla!

Al oír eso último, Sakura miró a su derecha y sonrió al ver que se trataba de Temari. Pero ¿qué estaba haciendo allí?

Divertida, vio que vestía pantalones como ella y, guiñándole el ojo con complicidad, pidió:

—Un segundo.

La mujer también miró al oír su voz y, al ver a aquella joven rubia, a la que conocía, la saludó tras repasar con reproche su atuendo varonil.

—Lady Temari, sabía de vuestra llegada a Edimburgo, pero no os había visto.

«¿Lady Temari?», se preguntó Sakura.

La aludida, observando el gesto sorprendido de la joven, respondió:

—Así es, lady Constance. Mi marido y yo llegamos hace unos días con unos amigos para disfrutar de la fiesta del castillo y, de paso, comprar algunos caballos y ovejas.

Durante unos segundos Sakura vio cómo aquellas dos, que parecían conocerse, hablaban con tranquilidad, y cuando finalmente la mujer que había ido a recoger la hebilla se marchó, ella preguntó:

—¿Lady Temari?

La joven rubia asintió.

—Mi marido es el laird Naruto Namikaze.

Sakura parpadeó sorprendida y, recordando lo que le habían enseñado sus tíos, hizo una reverencia y musitó confusa:

—Milady, siento que...

Eso hizo soltar una risotada a la rubia, aquellas formalidades no iban con ella, y, segura de lo que decía, la cortó:

—Para ti solo somos Temari y Naruto.

Sasuke, que había acompañado hasta allí a Temari a petición de aquella, las observaba charlar amigablemente desde la distancia. Todavía no llegaba a comprender por qué había pensado tanto en aquella deslenguada y, sobre todo, por qué se sintió decepcionado al comprobar que las dos últimas noches ella no había acudido a la celebración de las hogueras.

Estaba pensando en ello cuando Naruto se le aproximó.

—Venga, acerquémonos a saludar a... «nadie» —dijo.

Al oír eso, Sasuke lo miró y él se alejó riendo.

Instantes después, Naruto se les unió y Sakura, sin percatarse de la presencia de un tercero, prosiguió hablando y charlando con aquellos, sorprendida por su descubrimiento.

Sasuke, que dudaba si acercarse o no, finalmente se dirigió hacia la carreta y, curioso, vio a una pequeña de ojos verdes que lo observaba desde su interior sentada sobre una manta.

¿Sakura tenía una hija?

La niña le dedicó una espléndida sonrisa y él le guiñó un ojo con gracia. Siempre le habían gustado mucho los niños.

De pronto, la pequeña abandonó la manta y comenzó a gatear hacia él, y cuando llegó al borde de la carreta, para que no se cayera, él la detuvo e instintivamente la saludó en noruego.

—Hola, preciosa. —La sonrisa de la niña se amplió y luego Sasuke preguntó—: ¿Quieres que te coja?

Sin dudarlo, la niña le echó los brazos. Eso sorprendió al vikingo, que la cogió. Una vez que la tuvo en sus brazos, al ver que miraba hacia una botella de agua que llevaba sujeta a su cintura, susurró de nuevo en noruego:

—Parece que tienes sed. ¿Quieres agua?

La niña asintió. ¿Acaso entendía lo que le decía?

A cada segundo más sorprendido, Sasuke destapó la botella y, mirándola, susurró con toda la intención de nuevo en noruego:

—Pequeña, abre la boca.

Y ella lo hizo.

Tras beber agua, la niña dio un gritito feliz que atrajo la atención de Sakura. Al mirar y ver a la pequeña en brazos de Sasuke, se encaminó de inmediato hacia él y le arrebató a la pequeña de los brazos.

—¿Qué haces? —preguntó.

Él, asombrado por lo que creía haber descubierto, viendo cómo Temari y Naruto lo miraban iba a responder cuando apareció Gilroy.

—Bicho..., estaba pensando que... —Pero no dijo más. La mirada dura de Sakura lo detuvo y, dándose la vuelta, desapareció.

En silencio, Sasuke y ella se miraron, y luego este preguntó:

—¿De quién es esta niña?

—¡Por la madre de Neptuno! ¡¿Y qué te importará a ti?! —respondió Sakura a la defensiva.

Él meneó la cabeza. Estaba claro que aquella ocultaba algo, y en ese instante Temari se les acercó y lo increpó:

—Sasuke, por Dios, ¿de quién va a ser la pequeña? De Sakura.

La aludida asintió con una sonrisa algo incómoda y Temari, al ver cómo su cuñado la miraba, insistió:

—Pero ¿a ti qué te pasa? ¿Por qué preguntas eso?

Dispuesto a mostrarle lo que había descubierto, Sasuke se acercó de nuevo a la pequeña y dijo en noruego, dejando a Sakura sin palabras:

—Da palmas con las manos.

Rápidamente Siggy lo hizo.

Temari se demudó y, mirando a una descolocada Sakura, preguntó en gaélico:

—¿Hablas noruego?

Naruto, que no entendía nada de lo que allí pasaba, se acercó a ellos y Sakura susurró tan boquiabierta como ellos:

—No.

Temari y Sasuke se miraron sorprendidos, y la primera, para cerciorarse, miró a la pequeña y preguntó algo que solía preguntarle a su hija, pero en noruego:

—¿Dónde tienes los ojitos?

Enseguida la niña se los señaló con una sonrisa y le echó los brazos a Sasuke.

—Por san Ninian —murmuró Naruto.

La niña seguía reclamando los brazos de Sasuke, pero Sakura no lo permitió. Y, al ver cómo aquel la miraba, de pronto resopló.

El vikingo tenía aquel extraño acento al hablar, ¿cómo no lo había pensado antes?

¿Sasuke era noruego como su tío? ¿Y Temari también?

La niña seguía con los brazos tendidos hacia aquel, se quería ir con Sasuke, por lo que la joven, volviéndose, se disponía a llamar a Gilroy cuando de pronto apareció Matsuura y ella, caminando hacia él, le entregó a la pequeña ante la atenta mirada de todos mientras decía:

—Creo que tiene hambre.

Matsuura, al ver cómo la niña le echaba los brazos al hombre pelinegro, miró a Sakura y musitó en japonés:

—Siggy cree que es Edberg, su padre.

Sin duda Matsuura había pensado lo mismo que ella.

—Llévatela y dale algo de comer —le pidió Sakura.

Instantes después, cuando la pequeña desapareció con el japonés, ella regresó junto a los demás y, ante la mirada de reproche de Temari, indicó:

—Pensarás que te engañé, pero no es así. En ningún momento te dije que Siggy fuera mi hija. Simplemente no te corregí cuando lo insinuaste porque pensé que era lo mejor. —Temari parpadeó y ella prosiguió—: Era la hija de mi tío Edberg, quien, antes de morir, me pidió que me ocupara de ella. Y, bueno, eso estoy haciendo hasta que le encuentre una buena familia que la quiera y la cuide con amor.

—¡¿Cómo dices?! ¿Vas a entregar a la niña? —exclamó Sasuke.

Sakura, al ver cómo él la juzgaba con la mirada, rápidamente soltó sin levantar la voz:

—Rayos y truenos, no me mires así... No soy un monstruo. Ella..., Siggy llegó inesperadamente a mi vida, y quizá lo mejor para ella no sea yo.

Sus palabras, dichas con aquel sentimiento, hicieron comprender a todos que Sakura temía algo.

—A veces lo inesperado es lo que nos cambia la vida, para darle sentido —indicó entonces Temari.

Sakura intentó sonreír. Adoraba a esa pequeña. Solo le había hecho falta estar con ella una noche para darse cuenta de lo bonito que podía ser vivir a su lado. Pero, consciente de su cruda realidad una vez que pasaran los seis meses, susurró:

—Créeme, Temari, si la alejo de mí será por su bien.

En silencio, Sasuke, la aludida y Naruto se miraron sorprendidos, y luego Sakura les preguntó:

—¿Y vosotros por qué sabéis hablar noruego? —Y, al ver sus caras, añadió—: Rayos y centellas, ¿sois paganos?

Temari, al oír aquel término, que equivalía a catalogarlos de animales, sonrió e indicó bajando la voz:

—Sasuke y yo somos nórdicos y hemos aprendido a no pregonar nuestra procedencia para así evitar problemas con algunos escoceses.

Boquiabiertos, todos se miraban por lo que cada cual estaba descubriendo cuando Sasuke señaló con gesto serio:

—Puedo entender que cuides de la hija de tu tío, pero lo que no comprendo es por qué la niña entiende el noruego.

Entrándole unos calores de la muerte porque no se había preparado para hablar sobre algo así, ella rápidamente respondió bajando la voz:

—Porque tío Edberg y su mujer eran vikingos.

Los demás se miraron y, al cabo, Naruto se burló:

—¡No..., si al final va a resultar que sois primos!

Temari sonrió, y Sakura se mofó mirando a Sasuke:

—Mira..., como tú y Naruto, ¿no?

Temari rio de nuevo. Apenas conocía a aquella muchacha, pero le gustaba ver el desconcierto de Sasuke y el modo en que él la observaba.

—¿Tu familia y tú sois...? —empezó a preguntar.

—No..., no somos nórdicos.

—¿Entonces? —terció Sasuke.

Confundida y agobiada por aquel interrogatorio, Sakura se retiró el pelo de los ojos y explicó:

—Sin entrar en detalles personales que no vienen a cuento porque yo no me intereso por los vuestros, tío Edberg era noruego, como tío Matsuura es japonés. Se puede decir que ellos me criaron, pero yo no soy noruega ni japonesa, aunque sí tengo sangre italiana y escocesa.

—Vaya... —exclamó Temari sorprendida.

Naruto asintió, las mezclas de sangre siempre le habían parecido algo bueno, y señaló mirando a la joven:

—Sakura, ahora que nos hemos sincerado todos, te rogaría que no comentaras a nadie que...

—Por mí nadie sabrá nada —le aseguró ella—. No soy una chismosa.

Naruto asintió, Sakura también y Sasuke, que había permanecido en silencio la mayor parte del tiempo, dijo entonces mirando a la joven:

—¿Puedo darte un consejo?

—Creo que aunque te diga que no me lo vas dar —afirmó ella.

—¿Por qué eres tan contestona? —gruñó el vikingo.

—¿Y tú por qué eres tan susceptible? —replicó Sakura.

Naruto y Temari se miraron sonriendo, y Sasuke, sin querer entrar en discusiones, continuó:

—Si entregas a la pequeña, asegúrate de dejarla con una buena familia que la quiera, la cuide y la respete. Si, por el contrario, no lo haces y con el tiempo te enteras de que te equivocaste, nunca te lo perdonarás.

—Uis, mira..., ¡no lo había pensado! —se mofó Sakura.

Oír eso hizo que el vello de todo el cuerpo de Temari se erizara, y murmuró:

—Sasuke...

—Lo estoy diciendo muy en serio —afirmó él sin apartar su mirada de Sakura.

—Hey..., amigo —susurró Naruto.

Pero no pudo decir más, pues Sasuke dio media vuelta y se alejó.

Con gesto triste, Temari lo miró. Su cuñado llevaba a sus espaldas demasiadas cargas del pasado que todavía no se había perdonado y, suspirando al ver que su marido la miraba, sonrió y trató de aclararle a Sakura:

—Hay cosas del pasado que..., bueno...

Los tres se quedaron en silencio hasta que Naruto, viendo el dolor en la mirada de su preciosa e incombustible Temari, deseoso de que su sonrisa ocupara su rostro de nuevo, le preguntó cogiéndola de la mano:

—¿Crees que Sakura tendrá planes para esta noche?

Temari sonrió. Como siempre, Naruto estaba ahí para hacerla sonreír, y, tras darle un cariñoso beso en los labios para hacerle saber que todo estaba bien, se dirigió a la joven, que los observaba.

—¿Te apetece venir a la cena del castillo?

Sakura no respondió. Lo que le proponía era una auténtica locura. Ella nunca había estado en una cena así, pero Temari insistió:

—Será divertido. Vamos, ¡anímate!

Sakura los miraba sorprendida. Pero ¿qué haría ella en esa cena?

—Dijiste que tenías sangre escocesa, ¿verdad? —preguntó Naruto entonces.

—Mi padre es de Montrose —respondió ella sin pensar.

Él asintió, conocía a gente de aquella zona, y se apresuró a preguntar de nuevo:

—¿Y se apellida...?

Decir que su apellido era Haruno, tras habérsele soltado la lengua al decir que su padre era de Montrose era peligroso, por lo que sin dudarlo respondió:

—Mimura.

Naruto sonrió y a continuación afirmó:

—Pues, Sakura Mimura, esta noche vendrás con nosotros a la cena del castillo; quizá allí te encuentres con alguien de tu familia.

—¡Claro que sí! —afirmó Temari—. Lo pasaremos genial.

Oír eso le puso el vello del cuerpo de punta a la joven, que rápidamente contestó:

—No sé si será buena idea. Además, no tengo qué ponerme.

—Por eso no te preocupes —repuso Temari—. Veo que tú y yo tenemos la misma talla. Le pediré a uno de los hombres de Naruto que te haga llegar uno de mis vestidos.

Sakura sintió una gran emoción. Nunca una mujer le había ofrecido algo así. En la vida había tenido una amiga con la que hablar y compartir cosas, y musitó:

—Gracias..., pero no quisiera incomodar al grandullón.

Naruto y Temari se miraron. Estaba claro que lo decía por Sasuke, pero la rubia indicó con seguridad:

—No vas a molestar. Serás nuestra invitada y no hay más que hablar.

—Pero...

—En cuanto al grandullón —indicó Naruto—, no creo que asista y, si lo hace, no le importará.

Sakura, al ver la buena predisposición de aquellos para que los acompañara a la cena de los clanes, finalmente aceptó. ¿Por qué no? Enseguida su mente pensó que en aquella fiesta podría recabar más información con respecto a Indra Ōtsutsuki, por lo que asistir se le antojó una buena idea.

Minutos después, cuando Temari y Naruto se marcharon tras quedar con la muchacha al anochecer en su campamento, ella miró a su marido con picardía y preguntó:

—¿En serio crees que a Sasuke no le importará?

Naruto soltó una risotada. Lo que le había quedado claro era que a Sasuke le gustaba aquella joven, por lo que respondió:

—¡Nos odiará!