Capítulo 16
Bailar con Sasuke era tremendamente divertido. Aquel hombre de intensa mirada oscura era un buen bailarín, y estaba disfrutando de aquello cuando Karin Uzumaki se acercó a ellos.
—Mi padre me va a matar —comentó.
Sakura la miró mientras Sasuke se tensaba, y aquella, sonriendo, susurró:
—Ahora se ha empeñado en que conozca a Kabuto Yakushi, y cuando este se ha puesto excesivamente pesado lo he tenido que empujar por un barranco.
—¡Karin! —exclamó Sakura.
—Por todos los santos —murmuró Sasuke sorprendido.
Las dos jóvenes rieron por aquello, y luego Sakura dijo:
—Sasuke, ella es Karin Uzumaki. Karin, él es Sasuke Namikaze.
—¡Encantada!
—Lo mismo digo —musitó el vikingo.
El gesto de Sasuke seguía siendo serio.
—En cuanto a Kabuto, tranquilos, que está bien —indicó Karin—. Lo malo será la bronca que me caerá por parte de mi padre. Pero lo bueno es que ese pesado no volverá a acercarse a mí.
Sakura sonrió. Sasuke, en cambio, no.
Aquella muchacha tenía también un fuerte carácter y, tras mirarse a los ojos, ambas comenzaron a reír ante el gesto desconcertado del noruego.
Estaban hablando sobre aquello cuando Suigetsu Hōzuki se les acercó y, al ver a aquella joven pelirroja que no conocía, susurró con galantería:
—Cuánta mujer bella, pelirroja y pelirosa juntas.
Al oírlo, Sasuke lo miró con curiosidad. Aquella muchacha era una Uzumaki, y él odiaba a los Uzumaki por unas tierras que aquellos les habían arrebatado en el pasado a los Hōzuki. En otro momento lo habría informado de ese detalle, pero, divertido, decidió callar. Quería ver cómo reaccionaba Suigetsu una vez que se enterase del apellido de aquella.
Karin, al mirar al guapo hombre que estaba frente a ellas, se llevó las manos a las caderas y preguntó con gracia:
—A ver, listillo, ¿tienes algo en contra de las mujeres pelirrojas y pelirosas?
Suigetsu sonrió. ¿Quién era aquella joven tan ocurrente?
Sakura, divertida, cuchicheó dirigiéndose a Karin:
—Por la cuenta que le trae, siendo tú pelirroja y yo pelirosa, dirá que no.
Sasuke sonrió, Suigetsu también, y, encantado al ver la sonrisa de la pelirroja que no conocía, añadió con galantería:
—Reconozco que las pelirrojas de ojos carmesí como el fuego tenéis algo especial que siempre me ha gustado.
—¡Oh, por favorrrrrr! Acabas de terminar con el azúcar de toda Escocia —se mofó Karin.
—Lo digo totalmente en serio —afirmó Suigetsu riendo a mandíbula batiente.
Ella sonrió divertida.
—Mi sexto sentido me dice que si fuera rubia o pelinegra me dirías exactamente lo mismo.
Encantado con su sagacidad, Suigetsu sonrió a su vez. Que una mujer bromeara y le presentara batalla dialéctica era nuevo para él. Y, queriendo ver hasta dónde llegaba su buen humor, soltó:
—Tu sexto sentido te informa muy bien.
—¡Lo sabía! —La joven rio a carcajadas, haciéndolo reír a él también.
Sasuke los miraba divertido cuando de pronto Suigetsu dijo con cortesía:
—Soy Suigetsu Hōzuki, ¿con quién tengo el gusto de hablar?
Karin asintió gustosa. Aquel highlander alto, de pelo blanco azulado y sonrisa arrebatadora, que bromeaba con ella le llamaba la atención por su personalidad. Solo había que ver la seguridad con que le sonreía a ella o a las mujeres que ante él pasaban para saber que aquel era un picaflor.
—Karin —respondió—. Karin Uzumaki.
Según oyó eso, la sonrisa de Suigetsu se desvaneció. ¿Una Uzumaki?
Y, sin decir nada más, dio media vuelta y se marchó.
Sasuke intentó contener una sonrisa al verlo; estaba claro que Suigetsu no pensaba disimular su malestar hacia aquel clan, pero Karin, boquiabierta, preguntó mirando a Sakura:
—¿He dicho algo inapropiado?
—No.
—¿Huelo mal?
—No.
En silencio, los tres vieron cómo aquel rápidamente le sonreía a otra mujer a la que sacó a bailar, y Karin se quejó frunciendo el entrecejo:
—¿Se puede ser más tonto y más creído?
Sorprendida por lo ocurrido, Sakura no supo qué decir. Conocía poco a Suigetsu, pero con ella siempre había sido encantador y caballeroso. Sin embargo, consciente del desprecio que de pronto había visto en su mirada, sentenció:
—La próxima vez que quiera hablar contigo, ya sabes: ojo por ojo.
Karin asintió molesta y, con gesto guerrero, afirmó antes de marcharse para continuar disfrutando de la fiesta:
—Y diente por diente.
Cuando se hubo ido, Sakura miró a Sasuke.
—¿Tú sabes qué es lo que ha pasado?
El vikingo lo sabía muy bien, pero, no queriendo meterse en temas que a él no lo incumbían, mintió:
—No.
Sakura, todavía sorprendida, iba a decir algo cuando este de pronto preguntó:
—¿Te apetece bailar?
Y sin dudarlo ella aceptó. ¿Por qué no?
Rio, bailó, saltó feliz hasta que divisó de nuevo a Indra Ōtsutsuki junto a su inseparable Kayui y eso le arruinó la felicidad.
Los años que llevaba sin verlos los habían cambiado. Especialmente a Indra, a quien la madurez, aunque le jorobase reconocerlo, le sentaba muy bien.
Tratando de aparentar normalidad, Sakura prosiguió bailando, pero Sasuke, al notar tensión en su cuerpo, preguntó con curiosidad:
—¿Te ocurre algo?
—No.
—¿Seguro? —insistió.
—Sí.
—¿Y por qué siento que estás incómoda?
Ella sonrió y, mirándolo, indicó tras encontrar una contestación:
—¡Por las barbas de Neptuno! Porque estoy esperando a que el Sasuke gruñón aparezca y no sé cuándo lo va a hacer.
Eso hizo sonreír al vikingo, que preguntó con curiosidad:
—¿A qué se debe esa manera tuya de hablar?
—¿A qué te refieres?
—¿Por qué mencionas continuamente a Neptuno o a Tritón?
Sakura rio. Estaba claro que su vida en el mar había incluido palabras en su vocabulario que el resto de los mortales no decían; intentando responder una verdad a medias, dijo:
—Quizá porque me crie junto al mar y mi padre las dice.
Sasuke asintió; entonces ella, consciente de que aquel continuaría preguntando, para intentar disimular dejó de bailar y, agarrándose a su brazo, lo apremió para que se alejaran de donde estaba Indra bailando con una muchachita:
—¡Tengo el gaznate seco!
—¡¿El gaznate?! —se mofó él.
De nuevo, había utilizado la jerga que empleaba en el barco y, suspirando, indicó:
—Tengo sed. Vayamos a beber algo.
Sin dudarlo, Sasuke se dejó guiar por aquella, consciente de que le mentía.
Una vez que llegaron a una de las enormes mesas de madera donde había bebidas, el gigante se percató de que la joven, ocultándose tras su cuerpo, miraba curiosa por encima de su hombro. Eso lo incomodó y, poniéndose a su lado para tener la misma perspectiva que ella, preguntó:
—¿A quién buscas?
—A nadie.
—Pues ¿de quién huyes?
Ver lo perspicaz que era Sasuke hizo que Sakura lo mirara sorprendida y, cuando iba a contestar, el vikingo insistió:
—Estando conmigo no tienes nada que temer.
Sin poder evitarlo, ella sonrió. Aquel seguía pensando que era una dulce e indefensa damisela, y de pronto le soltó:
—¡Ojo al parche con lo que te voy a decir! Sin ti, tampoco tengo nada que temer.
Sasuke parpadeó; el vocabulario y la chulería de aquella mujer no paraban de sorprenderlo. De pronto, ella, al ver que Indra caminaba hacia la mesa donde estaban junto a una mujer, buscó una salida para que no la viera y cogió a Sasuke de la camisa, se apoyó en la pared, tiró de él para atraerlo hacia sí y, acercando sus labios a los de él, lo besó.
Eso pilló por sorpresa al vikingo. ¿Qué narices estaba haciendo aquella mujer?
Pensó en separarse, en rechazarla, pero la boca de Sakura era dulce, candorosa, cálida, lo atraía mucho y, dejándose llevar, la besó.
Sin embargo, cuando instantes después la joven acalorada dio el beso por terminado y se miraron a los ojos, él preguntó molesto:
—¿A qué ha venido eso?
Sakura, tan bloqueada como él por aquel intenso beso, no supo qué responder. ¿Por qué lo había besado?
Y, sin saber qué decir, soltó enseñándole el brazo:
—Madre mía..., ¡se me ha puesto todo el vello del cuerpo de punta!
Tan desconcertado como ella, Sasuke susurró entonces sin saber por qué:
—En mi tierra se dice que cuando el vello del cuerpo se eriza es porque las hadas avisan de algo.
—¡¿Las hadas?! —preguntó escéptica la joven.
Confundido, Sasuke no supo qué contestar, pero esta, al oír la voz de Indra detrás de él, de nuevo lo atrajo hacia sí y lo volvió a besar.
Una vez más, la boca de la joven aturdió al vikingo, que volvió a dejarse llevar por el momento. La deseaba. Deseaba a aquella mujer que por su manera de besar le indicaba que no era una joven inexperta.
El beso se intensificó más aún cuando ella, ardiendo por el momento, paseó la mano por su espalda. Sasuke la aupó entonces del suelo y la apretó contra su cuerpo tomando el mando de la situación. Quería que sintiera lo que le provocaba. Necesitaba hacerle ver que si continuaba con aquello la cosa no terminaría ahí, y cuando, segundos después, el beso acabó y ambos estaban acalorados, él la miró con sus intensos ojos y musitó:
—Si vuelves a besarme...
No pudo terminar. Deseoso de aquellos labios, de aquella boca, de aquella mujer, esta vez fue él quien la besó gustoso, y Sakura encantada aceptó.
Un beso, otro..., otro...
De pronto, besarse se había convertido en una urgente necesidad para ambos, hasta que finalmente Sasuke, asustado por lo que aquella mujer lo hacía sentir, la dejó en el suelo. Pero ¿qué estaba haciendo? ¡Él seguía amando a Ingrid!
Se miraron unos segundos en silencio con las respiraciones aceleradas y luego ella, recordando algo, susurró acalorada:
—Siempre he oído decir que los paganos adoráis el sexo. ¿Quieres sexo?
—No.
—Pues qué pena. Lo podríamos pasar muy bien.
—Mujer, ¡tienes una lengua muy suelta! —gruñó Sasuke.
—Probablemente —afirmó ella sonriendo.
Sasuke sentía su respiración excesivamente acelerada. ¿Por qué había reclamado él aquel beso? ¿En qué estaba pensando?
Sakura, al ver su mirada atormentada, y sintiendo que no se estaba controlando, finalmente susurró:
—Discúlpame. Me he dejado llevar.
Acalorado por el íntimo momento vivido con aquella, Sasuke dio un paso atrás. Aquel beso y su fogosidad lo habían removido por dentro como llevaba tiempo sin que nada ni nadie lo hiciera, y, tras coger su vaso, bebió un trago. Necesitaba serenarse.
—¡Por todos los santos, Sasuke! —oyó decir de pronto—. Esa actitud pecaminosa en público no es en absoluto correcta.
Al mirar se encontraron con la cara enrojecida del padre Murdoch, que, bajando la voz, susurró:
—Pagano tenías que ser.
Sasuke no dijo nada. Aquel religioso sabía perfectamente quién era él, y lo oyó proseguir:
—¡Qué vergüenza..., qué vergüenza...! Un hombre tan íntegro y responsable como tú, comportándose como... como...
—Padre Murdoch, ¿qué tal si os calláis? —lo interrumpió Sasuke.
El religioso meneó la cabeza y, mirando a Sakura, le recriminó:
—Tu dulce rostro me ha engañado, pero está visto que la fiesta, la música y la bebida te llevan de cabeza al pecado. Hija, ¡contención y decoro! No te dejes llevar por la tentación de la carne.
Y, dicho esto, y tras mirarlos con reproche, el padre Murdoch se marchó.
Estuvieron unos segundos en silencio. Ambos debían ordenar sus pensamientos en la cabeza, y cuando Sasuke consiguió controlar su sentimiento de culpa, al ver el gesto de la joven preguntó:
—¿Qué es eso de que te has dejado llevar?
Sakura lo miró. La expresión de su rostro ya no era la que había sido segundos antes y, después de tomar aire, serenarse y comprobar que Indra ya no estaba tras Sasuke y se alejaba, cuchicheó:
—Digamos que, como ha dicho el padre Murdoch, me he dejado llevar por la locura del momento.
A Sasuke le hizo gracia su respuesta. ¿Por qué todo en ella le hacía gracia, a pesar de tener aquella lengua tan afilada?
—¿Y te dejas llevar mucho por esa locura? —le preguntó.
—Probablemente —contestó Sakura con descaro.
Sasuke, sorprendido por su respuesta, comentó entonces incapaz de callar:
—Por tu manera de besar, he podido percibir que no era la primera vez que lo hacías.
—Tú tampoco.
—Pero tú eres una mujer —insistió él.
Sakura sonrió. En el mundo de los piratas, donde ella vivía, sus actos habían dejado de ser recriminados por ser una mujer si no querían que les rebanara la lengua, y sin poder callarse respondió:
—Por suerte para mí, aun siendo una mujer elijo mis locuras.
Eso hizo que Sasuke parpadeara. Ingrid nunca había sido así.
Y aquella, encogiéndose de hombros musitó:
—Solo te diré una cosa. No soy la dulce jovencita que crees. Y en cierta forma, para las relaciones personales tengo alma de pagana. Por tanto, ten cuidado, ya que, si la locura se contagia, aléjate de mí porque ¡yo tengo mucha! Y en cuanto a...
—¡Estáis aquí!
Al mirar, se encontraron con una sonriente Temari que, desde donde estaba, los había visto besarse asombrada; se agarró al brazo de Sakura e indicó mirando a Sasuke:
—Naruto te busca.
Él no se movió, más tarde ya iría a hablar con él, pero la rubia insistió:
—Te busca ahora.
El vikingo continuó sin moverse y Temari, sorprendida por aquello, exclamó:
—¡Sasuke!
—¡¿Y tiene que ser precisamente ahora?! —preguntó él molesto.
Aquella contestación y su mirada a la joven rubia le hicieron saber que no se quería mover de allí, pero afirmó:
—Sí, ahora. Vamos, ¡ve!
Sasuke maldijo, Temari no podía ser más inoportuna, pero se dio la vuelta y se alejó.
—Lo he visto —declaró la rubia dirigiéndose a Sakura.
Boquiabierta, ella parpadeó. ¿Cómo sabía Temari lo de Indra? Pero, sin saber a qué atenerse, preguntó:
—¡Por tritón, ¿qué has visto?!
Caminando juntas, llegaron hasta un lateral del castillo donde nadie podía oírlas ni verlas y, mirándola, Temari indicó:
—He visto que Sasuke y tú os besabais.
—Ah..., eso...
—Sí..., ¡eso!
—Hemos escandalizado al padre Murdoch —cuchicheó Sakura.
Ver su gesto al decir aquello inquietó a Temari, e, ignorando el comentario acerca del cura, preguntó muy seria:
—¿A qué creías que me refería?
Sakura no contestó, y ella añadió bajando la voz:
—Mira, no sé qué es, pero tu mirada me dice que algo te preocupa.
De nuevo, ella no contestó. Eso a Temari le confirmó lo que pensaba y, como necesitaba saber, preguntó:
—¿Estás casada? ¿Huyes de tu marido con la niña?Porque, si de verdad es eso y te has inventado la historia de tu tío, nosotros podemos ayudarte y...
—No —la cortó rápidamente—. Ya te dije que no estoy casada y que la niña no es mi hija.
—¿Qué ocultas, Sakura?
—Nada.
—Mis oídos oyen una cosa, pero te aseguro que mis ojos ven otra.
—Temari, por favor...
La aludida levantó una ceja a la espera de que dijera algo más, pero, al ver que no lo hacía, finalmente declaró:
—Sé que apenas nos conocemos, pero algo me dice que tú y yo podríamos ser excelentes amigas. Con esto solo quiero explicarte que yo a mis amigas las quiero, las protejo y las ayudo.
Sakura asintió emocionada. Temari no se podía imaginar lo que para ella significaba oír eso. Pero, sin querer mostrar esa parte sensible que siempre ocultaba, aparte de asentir no dijo nada. Se quedaron unos segundos en silencio hasta que Temari, al ver que no iba a sacar más información de aquella, preguntó:
—¿Qué opinas de Sasuke?
—Se lo puede mirar.
—¿Te gusta? —insistió la rubia.
—Probablemente.
—Pero ¿mucho... mucho...?
Oír eso a Sakura la hizo sonreír. Sasuke le encantaba, pero, incapaz de confesarlo, se encogió de hombros y respondió:
—¡Por las barbas de Neptuno, no lo sé..., no lo conozco!
—Oye, ¿por qué mencionas tanto a Neptuno? —preguntó de pronto la rubia.
Sakura parpadeó.
De nuevo, aquella pregunta, y Temari añadió:
—Lo digo por tus exclamaciones y por las palabras que empleas en ocasiones.
Eso hizo reír a la joven Haruno. Estaba claro que disimular aquello le iba a costar y, recordando lo que le había contado a Sasuke, se encogió de hombros y respondió siendo consciente de su mentira a medias:
—Me crie junto al mar. Mi padre es pescador. De ahí mi manera de hablar.
Temari asintió y, cuando iba a preguntar de nuevo, Sakura tomó la delantera.
—En cuanto a Sasuke, es agradable pero también algo gruñón. Aunque si te refieres a si veo en él a un hombre atractivo, la respuesta es sí. Es más, lo que no sé es cómo alguien como él...
—Mira —la cortó Temari—, visto lo visto, tengo que comentarte algo o creo que moriré ahogada en mi propio vómito.
—Mujer, pero ¿qué dices?
Ella asintió y tomó aire.
—Sasuke ha sufrido mucho por amor. Demasiado. Y aunque yo lo animo a que conozca a alguna mujer, y te aseguro que más de una en Keith se muere por sus huesos...
—¿Se mueren por sus huesos?
Temari asintió. Sin saber por qué a Sakura le molestó su afirmación, pero la primera prosiguió:
—A ver, en ocasiones soy tremendamente atosigante con él para que se decida a buscarse una mujer. Pero..., pero tampoco quiero que vuelva a sufrir y... y..., bueno..., si esos besos no significan nada para ti, es mejor que te alejes de él. Y si digo esto es...
Ver la angustia en la mirada de la rubia alarmó a la pelirosa, que exclamó divertida:
—¡Caray, Temari! Me estás asustando.
—Es que no había visto a Sasuke mirar ni besar a una mujer así desde hacía tiempo. Por norma, en público las rehúye. No intima con ellas. ¡Pero a ti te ha besado!
Sakura asintió. La realidad era muy diferente de como Temari creía. No había sido Sasuke quien la había besado a ella, sino al revés, y cuchicheó:
—A ver, he sido yo quien lo ha besado.
—¡Peor me lo pones!
—¡¿Peor?! —se mofó Sakura.
Temari asintió y, bajando más la voz, añadió:
—He visto que habéis repetido el beso. Y he sido testigo de cómo te apretaba contra su cuerpo. Y... y eso, para mí, que lo conozco, significa que se ha fijado en ti.
—¿Crees que se ha fijado en mí? —preguntó interesada.
Temari asintió y Sakura, intentando no demostrar la felicidad que eso le ocasionaba, indicó:
—No creas que soy una libertina en cuanto a hombres se refiere, pero tampoco me tomes por una monja de clausura. Y en cuanto al sufrimiento que le pueda ocasionar, créeme cuando te digo que no pretendo que por mí sufra nadie, y mucho menos Sasuke. Es más, no creo que él a los besos les esté dando la importancia que les estás dando tú.
Agobiada, Temari se retiró el pelo del rostro, y entonces Salura preguntó interesada:
—¿Puedo saber por qué ha sufrido Sasuke por amor?
La joven suspiró. Recordar no era fácil, pero, como quería que aquel no sufriera más, contestó:
—No creo que a él le gustara que te lo contase...
—Pues vas a tener que hacerlo, porque a mí ya no me puedes dejar así.
—Pero...
Cogiéndola de las manos, Sakura musitó:
—Dijiste que podíamos ser buenas amigas, y yo te prometo ser discreta y no desvelar lo que me cuentes. Ni siquiera a él.
Temari suspiró y, consciente de que Sakura debía saber la verdad en referencia a su historia con Sasuke, declaró:
—Sasuke es mi cuñado.
—¡¿Qué?!
—Estuvo casado con mi hermana Ingrid, pero ella murió.
Eso llamó poderosamente la atención de Sakura. Con los ojos anegados en lágrimas, Temari prosiguió y le relató que Sasuke y su hermana habían sido novios desde niños. Se adoraban y se entendían con solo mirarse, y el amor que se profesaban era algo sin igual. Cuando crecieron, por culpa de un malentendido originado por su madrastra Urd, que la odiaba, Temari fue entregada en matrimonio a un hombre llamado Viggo Iversent. Aquel hombre la vejó, la maltrató, la humilló, pero ella consiguió escapar y separarse de él gracias a que las leyes vikingas lo permitían ante ciertos casos.
No obstante, Viggo, muerto de rabia, el día de la boda de Sasuke e Ingrid, envenenó a todos los comensales con el salmón y, cuando no podían defenderse, envió a sus secuaces a la fiesta para raptar a Temari y matar a todo el que allí estuviera.
Ese día la joven no solo perdió a su querida y amada hermana, sino a toda su familia y a la gran mayoría de las personas que conocía. Asimismo, también le contó que, antes de morir, Ingrid le hizo prometer a Sasuke que cuidaría de Temari y, sobre todo, que ambos se marcharían de Noruega y que buscarían la felicidad y el amor.
—Y yo... yo... —musitó ella emocionada— me encontré con Naruto. El amor surgió entre nosotros de una manera incontrolable y soy feliz por haber cumplido lo que le prometí a mi hermana. Pero Sasuke se niega a cumplir su promesa de ser feliz y formar una bonita familia. Sé que aceptó su muerte como parte de la vida, pero la sigue recordando y sufriendo por ella. Intento que cumpla su promesa, aunque él odia que yo sea tan pesada. Pero, ¡por Thor!, por Ingrid y sobre todo por la felicidad de Sasuke lo tengo que intentar. Él siempre ha velado por mí y ahora soy yo la que vela por él, pero tampoco quiero que sufra por mi cabezonería y...
—Lo entiendo. No hace falta que digas más —afirmó Sakura conmovida por todo lo que aquella muchacha le había contado.
Si bien creía que su vida era complicada, solo había que conocer el pasado de Temari para darse cuenta de que ella, aun habiendo vivido en un barco rodeada de hombres, o aun habiéndose equivocado en el amor, no había sufrido ni la mitad de todo lo que aquella muchacha le contaba. Conmovida, la abrazó. No sabía qué decir, pero la rubia, separándose de ella, tomó aire e indicó:
—Odio emocionarme. Pero recordar el pasado es duro.
—Normal, Temari..., normal.
Se quedaron unos segundos en silencio, y luego Sakura, al recordar algo, miró a la joven rubia y preguntó:
—¿Por eso que te pasó a ti con tu exmarido es por lo que Sasuke me dijo que cuidara muy bien con quien dejaba a Siggy?
Temari asintió.
—Él lamentó mucho lo que me ocurrió cuando mi familia me entregó a Viggo. De ahí que sea extremadamente protector.
Sakura asintió. Ahora entendía muchísimo mejor por qué Sasuke reaccionaba así y, consciente de por qué Temari le había contado aquello, susurró:
—No me ves una buena mujer para él, ¿verdad?
Oír eso hizo que la rubia reaccionara y, mirándola, exclamó:
—¡Por san Ninian, yo no he dicho eso! —Y, al ver cómo aquella la miraba, insistió—: Sakura, me pareces una mujer encantadora y fascinante. Me gusta tu fuerza y cómo defiendes a los tuyos. Lo vi el día que te conocí en el mercadillo y defendiste a tu tío Macurra.
—Matsuura —rectificó ella.
Ambas sonrieron y Temari continuó:
—También vi cómo te preocupabas por tu hermano, y por la pequeña Siggy. Y, después de todo eso, ¿realmente crees que no me gustas para Sasuke? —Ella no respondió y su amiga añadió—: Es solo que no quiero que sufra.
—Tranquila —dijo Sakura intentando mirar por el beneficio de Sasuke—. Algún día encontrará una buena mujer que le dé esa bonita familia y será feliz, ya lo verás. En cuanto a mí..., mi vida es algo complicada.
—¿Por qué?
La joven Haruno suspiró. Temari se le había sincerado con ella, pero en su caso era difícil hacerlo, por lo que, omitiendo la verdad, respondió:
—Porque yo soy complicada. —Y antes de que aquella preguntara de nuevo añadió—: Por mí, Sasuke no sufrirá. Piensa que, después de esta noche, seguramente no volveremos a vernos.
Temari negó con la cabeza y, frunciendo el ceño, gruñó:
—Oye, no quiero perderte como amiga. Pero ¿qué tontería es esa?
Oír eso hizo sonreír a Sakura. Ella era la primera amiga que tenía, la primera mujer que demandaba su amistad, y emocionada cuchicheó:
—Ten por seguro que tu cariño siempre lo llevaré en mi corazón.
—¡Hey, rubia salvaje!
Esa era la voz de Naruto.
Sasuke y él se hallaban a escasos pasos de ellas y, sonriendo, Temari agarró el brazo de Sakura e indicó echando a andar en su dirección:
—No pienso perderte como amiga, pero, de momento, ¿qué tal si seguimos disfrutando de la fiesta?
—¿Y escandalizando al padre Murdoch?
—¡Por supuesto! —Temari rio a carcajadas.
Y, divertida y segura de que quería disfrutar de aquello con aquellas personas tan maravillosas, Sakura exclamó:
—Pues volvamos a la fiesta.
