Capítulo 17
La madrugada llegó y las gaitas resonaban en todos los rincones del castillo mientras los invitados charlaban y bailaban.
Sakura y Sasuke ya no se volvieron a separar. Tras los besos que se habían dado, había surgido algo entre ellos y, sin hablarlo, decidieron pasar el resto de la velada juntos.
Eso no le pasó desapercibido a nadie. Todos se percataron de cómo el vikingo estaba pendiente de la joven y de cómo ella le sonreía sin parar. Incluso Hashirama Senju, al intercambiar la mirada en varias ocasiones con Sakura, le guiñó el ojo con complicidad. Estaba claro que aquel joven había dejado por fin de estar ciego.
Tras saludar a sir Malcolm Luard McPilshen, un buen amigo que los había ayudado en el pasado, Naruto tiró de Temari y la llevó hasta un lateral del castillo donde apenas había gente. Allí, durante un buen rato se besaron con deseo, con amor, hasta que de pronto oyeron unas risitas cercanas que los hicieron parar.
Sonriendo, se alejaban del lugar cogidos de la mano cuando, al pasar, vieron más allá al padre Murdoch con la sotana subida, disfrutando del placer que lady Constanza le proporcionaba entregada al disfrute.
Ambos se miraron boquiabiertos y, sin decir nada, pero muertos de la risa, se alejaron de allí a toda prisa.
—Vaya... —se mofó Naruto—. Está visto que nadie está libre de pecado.
—Ahora ya entiendo para quién era esa hebilla con la «M» —declaró Temari.
—¿De qué hablas? —preguntó él.
Rápidamente su mujer le contó lo que había descubierto aquella mañana cuando había ido a ver a Sakura. Estaba claro que, aunque el padre Murdoch censuraba a todo el mundo, él también era débil. Pero, consciente de que debían guardar el secreto, pues si se conocía haría más mal que bien, tras darse un beso en los labios la pareja continuó caminando hasta llegar a donde estaban los suyos.
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Un buen rato después, Tenten, Matauri, Temari y Sakura charlaban sobre los mejores lugares para que esta última vendiera sus joyas, cuando Tenten indicó:
—Por cierto, he hablado con el conocido de mi padre acerca de lo que hemos comentado de la pequeña Siggy y me ha dicho que, en Lanark, su sobrina y su marido, a los que Dios no les ha dado aún niños, estarían más que encantados de hacerse cargo de una niña como ella.
Sakura asintió.
Y aunque pensar en ello le dolía, pues cada día adoraba más a esa pequeñita, preguntó:
—¿Y esas personas son buena gente?
Tenten se encogió de hombros.
—Gudolf Fraser, el amigo de mi padre, lo es. E imagino que su sobrina y su marido también. Tú misma podrás comprobarlo si los visitas. Se llaman Iria y Hoheto Hyūga. Yo ya le he dicho a Gudolf que les envíe una misiva informándolos de que es posible que una amiga mía los visite con una preciosa nena. Si vas, ya me contarás.
Sakura tomó nota mentalmente y asintió. Por el bien de Siggy, y para poder ir tras Indra Ōtsutsuki, tenía que ir a verlos y dejarles a la niña.
Estaban hablando sobre aquello cuando de pronto de entre un grupo de hombres que se acercaba a ellas se oyó una voz que decía:
—¿Y estas preciosas mujeres quiénes son?
Según oyó aquella voz, a Sakura, que estaba de espaldas, le cambió el semblante. Apretó los puños, cerró los ojos y jadeó. Temari, que se hallaba frente a ella, se dio cuenta.
—¿Qué te ocurre?
Sakura negó con la cabeza. No podía ni hablar.
¿Cómo había llegado Indra hasta ella?
Sasuke, que bebía de su copa, al percatarse del gesto de tensión por parte de la joven, dejó de hacerlo. ¿Qué le ocurría a Sakura?
Angustiada, la muchacha miró a ambos lados para escabullirse, pero lo tenía difícil, básicamente no tenía escapatoria.
—Cuánta belleza junta... —oyó que decía entonces Indra—. ¿Quién me las presenta? Muero por conocerlas.
Naruto y Gaara se miraron. Aquel idiota, con el que alguna vez habían coincidido, nunca les había caído bien, y Neji, que era su amigo, se acercó a su mujer y dijo:
—Querida, te presento a Indra Ōtsutsuki. —Y luego, mirando al resto de las mujeres, indicó—: Ella es Matsuri, la esposa de Gaara, Temari, la mujer de Naruto, y Sakura Mimura, una amiga.
Por educación, las otras tres lo saludaron con la cabeza, mientras eran conscientes de que Sakura no se había movido, seguía petrificada, hasta que finalmente, tomando aire, se dio la vuelta y lo enfrentó.
Durante unos segundos que parecieron una eternidad, sus ojos verdes y los de Indra se encontraron. Se habían reconocido y posiblemente aquel la iba a delatar.
Él sonrió encantado al sentir su poder, pero calló. Primero jugaría con ella y más tarde la descubriría.
Sakura estaba preciosa. Los años habían convertido a aquella jovencita en toda una bella mujer y, encantado, esperó para ver con quién estaba. Por suerte, conocía al marido de una de aquellas, y simplemente había aguardado el momento para acercarse a ella.
—Un placer conoceros a todas. —Y mirando a Sakura añadió—: En especial a la bella Sakura Mimura.
Las mujeres asintieron y Indra, sin apartar la mirada de la joven pelirosa, preguntó:
—¿Clan Mimura?
—Sí.
—Interesante... —afirmó él divertido y, mirando el broche que sujetaba el tartán de los Namikaze, señaló—: «M. K.» ¿Qué significan esas iniciales?
Conteniendo las ganas que sentía de degollarlo allí mismo, no respondió. Él sabía muy bien lo que aquellas iniciales significaban, pero, jugando con ella, insistió:
—¿De dónde procede el clan Mimura?
La tensión de Sakura subía por segundos. Aquel imbécil la estaba retando, pero entonces oyó decir a Naruto:
—De Montrose. De allí es la familia de Sakura.
Con una sonrisa, Indra asintió y, dejando de mirarla, sugirió a los hombres:
—¿Qué os parece si brindamos por las mujeres bellas, decentes y delicadas?
Ellos, encantados, atronaron con sus voces, y Temari, consciente de la incomodidad de su amiga, musitó dirigiéndose a ella:
—Menudo idiota. A este me gustaría darle a mí con mi delicadeza...
Eso hizo que Sakura sonriera y, junto a Temari, se apartó a un lado del grupo. Sin embargo, instantes después Indra volvió a acercársele y murmuró mirándole los pechos con descaro:
—Sakura Mimura... Precioso nombre y preciosa mujer.
—Gracias —siseó la aludida por cortesía mientras veía que el gobernador Hashirama Senju se aproximaba.
De nuevo, Indra y ella intercambiaron una mirada y él volvió a sonreírle. Se lo estaba pasando bien. Ser consciente de que allí nadie sabía que aquella era la Joya Haruno, la hija del famoso pirata, le otorgaba ventaja para atosigarla y tenerla a su merced.
—Sin duda, hoy es mi día de suerte —declaró.
Sakura sonrió de manera burlona y, olvidándose de su prudencia, repuso:
—Cuidado con la suerte, Indra Ōtsutsuki, porque en ocasiones te puede matar.
Esas palabras hicieron reír a quienes los rodeaban, especialmente a Hashirama; Indra, divertido y dispuesto a incomodarla, al ver a Kayui acercarse, continuó, mirándola fijamente:
—El caso es que tu rostro me suena... ¿Dónde te he podido ver antes?
Sakura apretó los dientes. No iba a caer en la trampa que aquel le estaba tendiendo. No iba a sacar las dagas que escondía en su vestido por muchas ganas que tuviera. Y cuando Hashirama, al verla tan tensa, se disponía a acudir en su ayuda, ella sonrió y replicó:
—Posiblemente me habrás visto en tus pesadillas.
De nuevo, todo el mundo rio a carcajadas por las palabras de la joven, y Hashirama aplaudió feliz. Estaba claro que aquella sabía defenderse.
Sasuke, que había intercambiado una mirada cómplice con Naruto y Temari, observaba incómodo la situación. ¿Por qué aquel idiota se había centrado de aquella manera en Sakura? ¿Y por qué ella lo miraba con aquel rencor?
Sin amedrentarse ante aquel sinvergüenza, ella levantó el mentón a modo de reto. Si proseguía con aquel juego, sacaría la daga que llevaba oculta en la cintura y se la clavaría delante de todos. Aquel idiota no iba a acobardarla. Ya le había jorobado una vez la vida y no lo volvería a hacer.
Temari, que percibía la tensión de Sakura, tras mirar a Naruto y comprobar que él estaba viendo lo mismo que ella, para alejarla de aquel tipo la agarró del brazo.
—Vayamos a la mesa a por algo de comer —dijo.
Según se alejaban, con el corazón acelerado e incapaz de callar, Sakura siseó:
—Maldito gusano podrido.
Temari asintió y, como necesitaba saber qué ocurría, sin mirarla ni detenerse, cuchicheó:
—Ya me puedes contar de qué narices conoces a ese imbécil, y no me digas que no pasa nada porque no te voy a creer.
Sakura maldijo. Quería que ella y todos los demás continuaran pensando que se apellidaba Mimura y no Haruno. Sabía que, en cuanto se enteraran de quién era hija, todo cambiaría. Pero también sabía que, si ella no lo contaba, tarde o temprano lo haría el bocazas de Indra, y, mirándola, susurró:
—Permite que me tranquilice antes, por favor.
Temari asintió dándole tiempo.
Una vez que llegaron hasta la mesa en la que había distintos manjares para degustar, lady Constance se acercó de nuevo a hablar con Temari. Sakura las observaba cuando oyó:
—¿Te encuentras bien?
Al volverse vio al gobernador Senju, que parecía preocupado.
—Todo lo bien que una puede estar en una fiesta —repuso ella.
Ambos sonrieron, y luego el hombre añadió:
—Si necesitas mi ayuda para que esa mosca incómoda te deje en paz, solo tienes que decírmelo. Como gobernador de las Highlands puedo solucionarlo de inmediato.
Sakura asintió. Que aquel hombre y ella hubieran congeniado tan maravillosamente bien sin duda era un lujo, pero le guiñó el ojo y afirmó intentando quitarle importancia:
—Tranquilo, Hashirama. Me he deshecho sola de peores moscas que esa.
Dicho eso, la mujer del gobernador se les acercó. Durante unos momentos los tres charlaron divertidos hasta que la pareja, requerida por otras personas, se volvió a alejar.
Una vez sola, Sakura miró de nuevo la mesa donde estaban los manjares, y entonces oyó a su espalda:
—Princesa...
Aquella voz hizo que cerrara los ojos. Cientos de recuerdos íntimos acudieron en tromba a su mente; a continuación volvió a oír:
—Mi princesa se ha convertido en toda una preciosa mujer.
Sakura resopló y, volviéndose para mirarlo a los ojos, lo encaró:
—Hijo de Satán..., no soy tu princesa.
Indra esbozó una maquiavélica sonrisa. En ese momento Temari se acercó para auxiliar a su amiga, y él, ignorando el gesto incómodo de la rubia, soltó dirigiéndose a Sakura:
—He podido comprobar que te sigue gustando bailar...¿Qué tal si lo haces conmigo?
A la joven no le dio tiempo a responder. Sasuke, que estaba siendo testigo del acoso, se acercó a ellos y, agarrando a Sakura de la mano con propiedad, sin hablar ni permitir que aquel tipo se le acercara más, le dio un empujón y se la llevó. Hashirama Senju, que observa con disimulo desde la distancia, sonrió al verlo.
Temari, encantada, casi aplaudió.
Aquel gesto protector por parte de Sasuke era lo que podía esperarse de él. Indra, sorprendido, al acercarse Naruto a su mujer, dijo viendo cómo aquellos se alejaban:
—Está visto que la preciosa Sakura es una mujer muy requerida.
Naruto, tan incómodo como Temari por la presencia de aquel tipo, tras agarrar a su esposa de la mano, se la llevó de allí con gesto de desagrado. No quería que se acercara a ella.
