Capítulo 4: Nuevas sensaciones
Para las personas del reino, la nueva mañana no era tan distinta; pájaros cantando, los negocios abriendo y el palacio comenzando sus actividades. Sin embargo, para la princesa Zelda era diferente, y no solamente porque se trataba de su día libre, sino por una razón que pensó jamás llegaría.
Zelda se levantó esa mañana sintiéndose animada, pues la idea de salir del palacio a pasear con su escolta le encantaba, aunque al mismo tiempo le provocaba nervios tenerlo tan cerca. Aun no comprendía qué sensaciones le provocaba el hombre, las que eran atrayentes y al mismo tiempo repelentes. Por el momento le estaba agradecida con el gesto de ayudarle a sentirse mejor.
Aun desconocía qué ropa iba a ponerse para no ser reconocida, pues la mayoría de sus vestimentas era muy formales. Luego de haber tomado un baño, fue al clóset a buscar lo indicado, hasta que al final se decidió por un vestido color lila, con corte estilo bandeja, que caía hasta las rodillas. Una vez que terminó de vestirse, se maquilló de manera natural y se dejó el cabello totalmente suelto, sin ningún tipo de estilo o adorno. Al verse frente al espejo se sintió bien y ligera, como nunca antes, analizando lo incómodo era usar siempre sus pesadas joyas y hombreras.
- Espero que todo resulte bien… – se dijo a sí misma, preocupada.
Mientras Zelda continuaba alistándose, Link fue hablar con el ministro Yago a su despacho para pedirle permiso de llevar a la princesa a entrenar a otro lado. Rogaba a las Diosas que se lo concediera, pues cometió el error de hacer la proposición antes de avisarlo.
- Buenos días, ministro. ¿Puedo pasar? – preguntó el guerrero.
- Buenos días, Link. Claro que sí, muchacho, eres bienvenido.
El joven se colocó frente al escritorio, nervioso ante la pregunta que iba a hacer, pero ya no había marcha atrás.
- Vengo a pedirle que me permita llevar a la princesa a un lugar más abierto para poder entrenar. – dijo Link.
- ¿A un lugar más abierto? ¿A qué te refieres?
- Me refiero a llevarla fuera del palacio.
- No… de ninguna manera, eso es peligroso. – se negó el hombre, serio.
El guerrero se quedó pasmado ante tal negativa, temiendo quedar fatal ante la princesa. Sin embargo, su terquedad no le iba a permitir darse por vencido.
- Yo comprendo su preocupación, ministro, sin embargo es necesario, pues las técnicas que ella debe aprender requieren de otro ambiente. Estar tanto tiempo dentro de las paredes del castillo pueden terminarla sofocando y aburriendo, lo que podría retrasar su progreso. – dijo el guerrero, mostrándose seguro.
El hombre miró a Link con suma seriedad, sorprendido de ver que no aceptaba una negativa como respuesta, lo cual en el fondo le agradaba. Sin embargo, aún no le dejaba de convencer la idea de que la princesa salga del palacio, así sea para beneficio de ella, pues debido a la trágica muerte de sus padres, temía que ella se exponga a los mismos peligros. Cada día, inexplicablemente, el reino se había vuelto cada vez más peligroso y violento.
- Entiendo tu postura Link, y sólo porque eres de mi confianza concederé el permiso. Sin embargo, sólo te pido que tengan cuidado y no permitas que nada malo le pase a la princesa.
- Prometo protegerla con mi propia vida si es necesario. Muchas gracias por la confianza. Con permiso, me retiro. – indicó asintiendo cortésmente.
Link se retiró del despacho, y rápidamente fue a su habitación a cambiarse de ropa. Se quitó su armadura de soldado y se puso una ropa más ligera; un pantalón café con una camisa blanca, para luego de eso ir a buscar a la princesa al jardín de siempre.
Mientras se encaminaba hacia los jardines, pensaba en las locuras que estaba cometiendo con tal de complacer a su protegida.
- No puedo creer que le mentí al ministro con tal de complacer a la princesa. ¿Qué me ocurre?
El soldado no comprendía aquel deseo irrefrenable de cumplir su promesa con la joven, y al mismo tiempo sentía un poco de cargo de conciencia con su forma de actuar.
Una vez que llegó al jardín se encontró con Zelda, y de inmediato quedó con la boca abierta al ver lo hermosa que se veía, tan natural. Se sonrojó en sobremanera al verla, mientras que ella agachó la cabeza llena de vergüenza por su mirada.
- ¿Me veo mal? – preguntó preocupada.
- No… para nada. Todo lo contrario.
Zelda sonrojó por el halago de su escolta. Había escuchado cientos de palabras melosas de parte de sus pretendientes y ninguna la llenó, sin embargo viniendo de Link, sonaba distinto.
El guerrero trató de disimular el sonrojo de sus mejillas, así que rápidamente cambió de tema.
- Vámonos antes de que alguien la vea, princesa.
Salieron en silencio del jardín y se dirigieron a buscar a Epona en las caballerizas. Una vez que la joven vio al corcel, no pudo evitar maravillarse por el esplendor del mismo.
- ¡Qué hermoso es tu caballo!
- Gracias, princesa, pero no es un caballo, es una yegua y se llama Epona. – respondió sonriendo.
Link se trepó a Epona y ayudó a la princesa a subir, ubicándola delante de él, provocando que ella se ponga nerviosa, pues sus cuerpos estaban muy pegados.
- Disculpe por tenerla de esta forma, pero así nadie la va a ver, pues mi brazo la va a estar cubriendo. Por favor, sujétese bien para que no se caiga. – pidió Link, nervioso.
Zelda se abrazó a su escolta mientras abandonaban el palacio, y pudo sentir su fuerte respiración y latir de su corazón.
- Link, ¿te sientes bien? – preguntó preocupada.
- Estoy bien, princesa. No pasa nada. – respondió nervioso.
Mintió, pues estaba muy nervioso de tenerla tan cerca, de deleitarse con su embriagante aroma; el sólo contacto con ella lo hacía estremecer. No pudo evitar enojarse consigo mismo debido que no se tranquilizaba; pero era inútil, su corazón no se detenía.
- ¿Por qué me estoy sintiendo así? – pensó frustrado.
Después de un largo trayecto llegaron al lago Hylia. Zelda ya había visitado antes aquel lugar, pero nunca pudo admirar el paisaje como se debía, pues se encerraba directamente a sus reuniones con el reino de los Zoras.
- Es hermoso, jamás había visto el lago desde este punto. – expresó maravillada.
- Qué bueno que le guste, princesa. Espero que esto le ayude a sentirse mejor. – dijo Link, sonriendo.
Los dos jóvenes se pusieron a caminar por los alrededores del lago, no hablaban mucho, pero si se lanzaban miradas de vez en cuando, provocado que cada cual se sonroje. Siguieron su camino hasta que llegaron a una profunda bajada, la que Link bajó sin mayor dificultad, pero al mirar arriba vio a la princesa con cara preocupada por la altura, así que estiró los brazos para que se apoye en él.
- Sólo salte, yo detendré su caída. – dijo Link.
La joven dudó por un momento, pero al final se armó de valor se entregó a los brazos del joven.
Cuando pegó el salto, Link la tomó por la cintura y la atrajo hacia él, elevándola ligeramente. La tuvo cargada por varios segundos mientras se miraban a los ojos de forma intensa, cosa que hizo que los dos se estremezcan, sobre todo por la cercanía de sus labios. Inmediatamente el guerrero notó la incómoda situación, así que bajó a la princesa con cuidado, para luego seguir caminando por el lugar.
Al llegar la tarde sintieron un poco de hambre, así que Link invitó a la princesa a comer en un pequeño restaurante que estaba en el lago. Zelda degustaba encantada su comida, pues era diferente a todas las comidas que le servían en el castillo.
Mientas la princesa comía, empezó a observar a Link haciendo lo mismo, y se sorprendió al ver que tenía unos modales impecables en cada cosa que hacía. Definitivamente no parecía un chico proveniente de un pueblo.
Por otra parte, el joven sintió la mirada curiosa de su protegida encima de él, y en ese momento se puso más nervioso de lo normal.
Después de la comida siguieron con su recorrido habitual, deleitados con la frescura del lago, pero mucho más con su compañía.
Regresaron al castillo casi al anochecer, cansados, pero felices del gran día que pasaron juntos, a pesar que ninguno de los dos lo demostraba. El guerrero escoltó a la princesa hasta la entrada de sus aposentos.
- Gracias por este hermoso día, Link… y también por la comida, estuvo deliciosa. – dijo la princesa, animada.
- No tiene nada que agradecer, ha sido un gusto para mí. – respondió el guerrero, sonriendo.
El soldado, despidiéndose, dio una reverencia a su protegida y se dio la vuelta para retirarse, pero su paso fue detenido por ella llamándolo.
- ¡Espere, Link! ¿Puedo…? ¿Puedo pedirle un favor? – preguntó nerviosa.
- Claro que sí, indíqueme qué desea.
- Lo que pasa es que… es que… quisiera saber si podríamos hablarnos con menos formalidad.
- ¿Cómo dice? – preguntó Link, sin entender.
- Con menos formalidad… es decir… tutearnos.
Link sintió que las piernas le dejaron de responder después de la pregunta de la princesa. No concebía lo que había acabado de escuchar.
- ¡Imposible! ¡No me pida eso! Yo a usted la respeto mucho, y una persona de mi rango no puede dirigirse de esa manera a usted. – dijo avergonzado.
- Yo la verdad ya no te veo como mi escolta, sino como mi amigo. – dijo la joven, comenzando a tutearlo.
- ¿Su amigo? – preguntó sorprendido.
- Por favor, aunque sea hagámoslo cuando estemos solos. Delante del ministro y las otras personas llámame "princesa", si así lo deseas. – pidió en tono de súplica.
Link estaba incrédulo ante lo ocurrido, sin embargo se sentía incapaz de no complacerla.
- Está bien, haré lo que me pides… Zelda. Y gracias por considerarme tu amigo, y lo mismo será para ti. – dijo sonriendo.
Zelda cambió su triste expresión por una sonrisa. Se sentía dichosa al haber sido complacida por el soldado. Luego de haber llegado a un acuerdo, los jóvenes se despidieron y se dirigieron a sus habitaciones.
Link, al llegar a su cuarto, se sentó en el borde de su cama y comenzó a recordar todo lo que había pasado en ese día. Sentía que había creado con la princesa un nexo muy especial, lo que provocó que, sin darse cuenta, se le dibujara una sonrisa en el rostro, pues ni en sus más profundos sueños se hubiera imaginado ser cercano a ella.
Sin embargo, la felicidad le duró poco, pues después vino una profunda tristeza, ya que sentía que no estaba comportándose de una manera ética. Por más que evitaba tomar distancia de ella, no podía, ya que ver su hermosa sonrisa hacía que se olvidara de todo, incluso de sus deberes reales.
Se levantó de la cama y fue a darse un baño, luego de eso se acostó a dormir. Estaba tan cansado que el sueño llegó rápidamente, y sin saberlo, entre sueños, no dejaba de repetir el nombre de su princesa.
- Zelda…
Los meses pasaron rápidamente, y la amistad de los jóvenes crecía cada vez más, y con eso algo más. Link siempre llevaba a Zelda a conocer diferentes lugares y probar nueva comida, disfrutando así de la compañía del otro. Sus salidas no impedían que cumplan con sus responsabilidades, y la princesa había mejorado mucho en el manejo de la espada y el guerrero había ganado mucho prestigio como soldado.
En una de sus caminatas por la ciudadela, Zelda pudo ver que en una joyería vendían una hermosa caja musical, y por la forma de mirarla se veía que la deseaba tanto. Estaba tan ensimismada por el objeto que se asustó al ser interrumpida por su escolta.
- Zelda, no te des vuelta… el ministro está cerca de nosotros. ¡Vámonos ya! – dijo Link, preocupado.
La princesa se asustó mucho al saber que Yago estaba cerca, así que en ese momento huyó con Link de regreso al castillo.
Ya una vez en el palacio, se sintieron espantados de sólo de imaginar que el ministro los iba a descubrir en su "entrenamiento".
- ¡Casi nos descubre! Nunca en mi vida sentí tanto estrés. – dijo Link, preocupado.
- Gracias por haberme avisado, de no ser por ti nos habría descubierto. – dijo la princesa.
- Tranquila, Zelda… pero creo que es mejor que no salgamos por un tiempo. Esperemos hasta que las cosas se calmen un poco.
- Entiendo… – aceptó apenada.
Después de pasar un gran susto cada uno se separó para ir a realizar sus actividades.
Al llegar la noche, Zelda llegó a su habitación para descansar. Estaba harta porque, una vez más, se le tocó el tema del matrimonio arreglado, y por más que peleara sabía que en algún momento lo tendría que aceptar. Ese asunto la descontrolaba.
La joven se lanzó a su cama con desgano, y al darse la vuelta notó que la mesita de alado había una caja con un lazo, y una rosa roja junto a ella. Se puso de pie a examinarla y ganada por la curiosidad la abrió… sus ojos se sobresaltaron al ver que ahí estaba la caja de música que había visto en la ciudadela, se sentía feliz de poder tenerla, pero a la vez confundida de cómo había llegado ahí.
Poco después se dio cuenta de quién había sido el responsable…
Link se encontraba acostado en su cama, con la mirada perdida, recordando todo lo vivido en el día. De repente escuchó que tocaron la puerta de su habitación. Se puso de pie y se dirigió a abrirla.
- Hola, Link.
El joven se sobresaltó al ver a la princesa en su puerta, pues nunca antes ella había visitado la zona de la tropa, y mucho menos a esas horas de la noche.
- ¡Zelda! ¿Qué…? ¿Qué haces por acá?
- Yo… ¿podemos hablar? – preguntó nerviosa.
- Claro que sí... pero aquí no, mejor vamos a tu jardín.
Al llegar al jardín Zelda se puso frente a él y le enseñó la caja de música que había encontrado en sus aposentos.
- Al llegar a mi habitación pude ver este hermoso regalo junto a una rosa en mi mesita. ¿Tú sabes quién es el responsable de esto? – preguntó sonriendo.
- Yo no sé… – respondió Link, nervioso, riendo y muy sonrojado.
Link estaba totalmente rojo y no sabía qué decir ante la pregunta de la joven, provocando que ella se conmueva por su tierna actitud.
- Gracias… pero pienso que no debiste molestarte.
- No fue ninguna molestia, al contrario… pude ver que te gustó mucho… y tampoco exageres, es una pequeñez. – dijo Link, nervioso.
- Para nada… es el regalo más hermoso que me han dado.
Link seguía nervioso, pero dichoso de saber que su detalle había hecho feliz a la joven.
- Me gustaría saber cómo entraste a mi habitación sin que te vieran. – preguntó la dama, curiosa.
- No te molestes, por favor. Una de las sirvientas estaba arreglando, y cuando salió un momento aproveché en entrar.
- No estoy molesta, Link, todo lo contrario… estoy muy feliz. También quisiera saber por qué me pusiste una rosa junto a mi regalo.
- No lo sé… sólo me nació dártela… sé que te encantan las rosas por este jardín.
- De verdad, nunca nadie había tenido un detalle tan bonito conmigo. Los conservaré para siempre. – dijo encantada.
Zelda, siguiendo un impulso, acarició el rostro de su soldado con afecto, para luego acercarse a él y abrazarlo.
Link, por su parte, se había quedado impactado ante tal gesto, pues jamás había sido acariciado ni abrazado de esa forma, y menos por la princesa. Él no se demoró mucho en corresponderle de la misma manera, la acercó lo más que pudo a su cuerpo y cerró los ojos para disfrutar del momento, mientras acariciaba su cabello. Zelda también se encantó del abrazo, sentir sus fuertes brazos presionándola fue una sensación maravillosa, y aspirar su varonil perfume la hacía estremecer, deseando con toda su alma que se detenga el tiempo para los dos.
Una vez que se separaron se despidieron y se fueron a sus habitaciones a dormir.
Link se acostó en su cama y sentía que su corazón iba salirse de su cuerpo. No dejaba de tocarse el rostro en la parte donde la princesa lo había acariciado. En ese momento sintió que sus sentimientos estaban cambiando, el cariño que le tenía ya no era así de simple, iba acompañado de algo estremecedor… de amor y deseo. Sentía que su cuerpo y su alma la necesitaban a cada momento.
- ¿Qué me pasa? ¿Por qué me siento así? – pensó asustado.
Link trató de dormir para apartar sus pensamientos. Sentía vergüenza de ellos, pues jamás había visto a una mujer de esa forma, pero fue inútil, no podía dejar de tenerlos, y después de horas de meditación cayó en un sueño profundo, y como todas las noches, sin darse cuenta, repetía el nombre de su princesa a cada rato.
Zelda tampoco podía dormir, comenzó a recordar la sensación tan increíble de haber acariciado y abrazado a su escolta. Ella también sabía que el cariño ya no era suficiente, sentía hacia él un fuerte deseo, cosa que también la hizo avergonzar, pues nunca antes había estado con un hombre así de cerca.
Ninguno de los dos pudo dormir esa noche por las nuevas sensaciones que acababan de descubrir. Y aunque no lo aceptaran aun, los llenaba de inmensa dicha… felicidad que poco iba a durar por la llegada de la perpetua oscuridad.
Comentarios finales:
Buenas noches a todos. Una vez más lamento la tardanza, pero mi vida se ha complicado un poco, y espero que pronto pueda tener arreglo.
Puede ser que estos primeros capítulos todo sea color de rosa, pues los protagonistas se están conociendo y experimentando el inicio del amor, sin embargo a partir del próximo capítulo las cosas cambiarán, pues los indicios del enemigo están cerca, y también se descubrirán un poco de cosas sobre el pasado de Link. A partir de aquí habrá cosas diferentes a las que estaban en la trama original.
Muchas gracias por su paciencia y fidelidad, a pesar de mi demora. Y aprovecho para decirles dos cosas que me tienen feliz:
- En Wattpad están nominadas a los premios Watty 2019, dos historias de mi autoría, de la saga de Zelda: Almas unidas (que en dicha página está en proceso, y en FF está completa, pero en mejora), y Lazos eternos (finalizada en FF y Wattpad. También está nominada la que escribí junto a FoxMcCloude, Hyrule Warriors: Lazos del destino. Aunque no ganemos nada al final, el simple hecho de que hayan sido nominadas me llena de alegría, sobre todo en estos momentos de lejanía que he tenido de la escritura.
- La próxima actualización que realice será la de "Pasión entre las sombras", historia que tengo muy abandonada y que debe avanzar a como dé lugar por todo lo importante que se viene.
Una vez más muchas gracias por su apoyo. Nos vemos ^^
