Capítulo 7: El elegido

La hermosura de los vastos campos de Hyrule parecía haber quedado sólo en las memorias de los soldados del reino, pues ahora se enfrentaban a un escenario distinto, frío y áspero como las dudas que los embargaban.

Link, el Ministro Yago y los soldados de Hyrule llegaron al reino de Demisia, después de varias y pesadas semanas de viaje. Todos se encontraban muy cansados, sobre todo porque habían arribado las tierras en la noche.

- Ministro Yago, nunca había escuchado hablar de este reino. – dijo Link, confundido.

- Eso es normal, pues eres demasiado joven. Este supuesto reino tiene pocos años…

- ¿Supuesto? – preguntó el caballero, más confundido.

El origen de aquel sitio, hasta para los más veteranos, era un verdadero misterio. Hace más de dos décadas no eran más que tierras secas a las afueras de un desierto anónimo, pero ahora era un reino que, aunque sencillo, gozaba de cierta prosperidad. Su origen se dio gracias a la llegada de un misterioso y potentado hombre; prepotente y altivo, pero que con su infinita fortuna construyó el pueblo, creo plazas de trabajo y hogares comunitarios. Su economía ayudó a prosperar a aquellas tierras de nadie para convertirlas en un pequeño imperio. Su personalidad déspota y dictadora le hizo autoproclamarse rey de todo, y las personas a su cargo terminaron por aceptarlo a cambio de sus favores. Fue en ese momento en que Demisia, como fue bautizado, comenzó su existencia.

- Galen es el nombre de aquel que se autodenominó rey de Demisia. Se rumora que su gran fortuna la obtuvo por negocios… poco serios. – dijo Yago, incómodo. – Y es por eso que cuando nos reunamos con él debemos ser cuidadosos al hablar.

- Vaya relato, un reino y gobernante clandestino. Le será muy difícil hablar con ese hombre si es tan creído y déspota. – dijo Link, sorprendido.

- Nos será difícil, pues tú me vas a acompañar.

- ¿Yo?

- Si, pues eres en quien más confío. – admitió el Ministro. – Irás como representante de nuestro ejército, ya que Impa no vino. Necesito que vean que no somos ningunos novatos, que investigaremos lo extraños sucesos que suceden en nuestro reino y que se relacionan con Demisia.

- Podrían tomarlo a mal y sentirse amenazados. – dijo Link, preocupado. – Lo tomarían como una declaración de ataque.

- No, pues nuestra estrategia es ponernos a las órdenes. Propondremos proteger su reino mientras investigamos y reclutar y entrenar a hombres de la zona. – dijo el hombre. – Demisia no posee un vasto ejército, entonces nosotros le seremos de gran ayuda.

- En ese caso lo tomarán como un gesto de nobleza, pues no llegamos con las manos vacías a visitarlo.

- ¿Ves por qué quiero que me acompañes? Nos entendemos.

Yago no comprendía por qué confiaba tanto en el joven, pero le transmitía una seguridad que no había sentido por alguien desde hace mucho tiempo, como una complicidad y compañerismo que jamás iba a fallarle. Lo sentía tan familiar.

Los recién llegados analizaron con detenimiento el reino, notando que no tenía nada que ver con Hyrule. Los habitantes del pueblo brillaban por su ausencia; negocios cerrados y las luces apagadas en todas las casas. Era un pueblo fantasmal y tétrico. Que esté cerca del desierto no ayudaba mucho, pues por la hora el frío comenzaba a calar los huesos.

Los Hylianos siguieron con su camino hasta que llegaron a las puertas del palacio de Demisia. Una gran estructura con pisos y torres irregulares, coloreada con la noche y grandes antorchas iluminado el ébano ambiental. Los soldados que lo resguardaban se encontraban ubicados en cada punto estratégico para protegerlo, o más bien cuidar a su líder.

Descubriendo que tenían visitas, un hombre se acercó a recibirlos.

- Bienvenidos, soy Grante. ¿A qué se debe su presencia a los pies del palacio?

Grante era un hombre de difícil descripción, pues se encontraba cubierto por una capucha de pies a cabezas, dejando ver únicamente sus ojos grises y mechones blancos; aparte era de estatura alta.

- Buenas noches, soy Yago, Primer Ministro de Hyrule. – saludó el hombre. – He venido con el Ejercito Real a una audiencia con el señor Galen.

- Le voy a pedir encarecidamente que se refiera a él por su título real; "Rey", "Alteza" o "Majestad". – dijo Grante, indignado.

- Me disculpo por eso. – se retractó Yago. – Tenemos una audiencia con su Majestad, el Rey Galen. Él me conoce por las cartas que nos hemos intercambiado.

- En efecto, su Alteza los espera. Sígame… sólo usted.

- Pido que permitan el ingreso de Link, uno de los mejores soldados del reino. – dijo, señalando al joven. – Viene en representación de la Comandante del Ejército Real, quien no pudo asistir a este viaje.

Link notó que el Ministro, aunque lo disimulara, estaba sumamente nervioso. De entrada notó que todos los "soldados" del clandestino palacio no eran más que hampones, hombres de baja calaña que cuidaban a su líder. No poseían armaduras, sólo túnicas rojas con cotas de malla por debajo, y lanzas portadas en su mano derecha. Sin duda eran tipos de cuidado, por eso debía manejar la situación con precaución.

- Si el ministro lo requiere, adelante…

Link, Yago y Grante ingresaron al palacio, continuando su camino hasta las escaleras que lo llevarían al autoproclamado rey. Al llegar a la entrada de la sala del trono las puertas fueron abiertas por los soldados que la custodiaban.

- Bienvenidos. – dijo Galen, levantándose de su elegante silla.

Grante se posicionó en su lugar de siempre, al lado del trono de su señor, mientras que el caballero y el ministro lo analizaron con detenimiento.

Galen, a diferencia de su consejero, si tenía características que visualizar. Era alto, muy corpulento, con una piel mulata que resaltaba su mirada ambarina; su largo cabello castaño estaba recogido con una cola a un lado. Cualquiera que lo viera sólo lo describiría en una palabra. Imponente.

- Es un gusto tenerlo por aquí, Ministro Yair. – dijo el hombre, estrechando su mano.

- El gusto es de nosotros, Ga… Rey Galen. – dijo Yago, arreglando su error. – Le presento a Link, uno de los mejores soldados del reino que viene en representación de la comandante del ejército.

- Un gusto, Alteza. – saludó el joven con una reverencia.

Galen observó al muchacho con detenimiento, de pies a cabeza. Estaba sorprendido de ver que tan joven estuviera al lado del ministro en una en ese tipo de reuniones.

- ¿Qué edad tienes?

- Veinte años, Alteza.

- Ya veo… – dijo pensativo. – ¿Y sólo tu acompañaste al ministro?

- No, lo hemos escoltado quince soldados.

Galen y Grante se lanzaron una mirada fugaz, luego continuaron con la reunión. El clandestino rey invitó a las visitas a una pequeña sala de juntas para que puedan conversar más tranquilos; por supuesto con el consejero a su lado.

- Ministro Yago. – dijo Galen. – Según lo que leí en su misiva varios crímenes se están cometiendo en Hyrule, y usted tiene la sospecha que se han originado en mi reino.

- En primer lugar no quiero que mis sospechas generen polémica. – respondió el ministro, manejando la situación. – Lo que ocurre es que los vándalos que han causado muertes en nuestro reino han palpado en la piel de sus víctimas un sello con el escudo de Demisia. Eso Link podría corroborarle.

- Así es. En las rondas realizadas por el ejército encontrábamos a las víctimas con esa insignia. Incluso nos han denunciado a personas desaparecidas.

- Alteza, nuestra teoría no los responsabiliza para nada. Al contrario, creo que estos individuos están usando su nombre en vano para realizar esas fechorías.

- Sabemos que este reino es muy joven, y es por eso que queremos investigar qué ha ocurrido, ofrecer nuestra ayuda. – dijo Link. – Creo que esa sería la mejor manera de compensarlos para que nos permitan buscar a esos rufianes.

- Parte de nuestro ofrecimiento se centra en reclutar más soldados para que protejan su tierra. – añadió Yago. – La investigación que haremos, más la convocatoria y entrenamiento básico, nos tomaría un mes.

Galen cruzó la mirada con Grante, indicándole que ambos salgan de la sala.

- Permítanme unos minutos para conversar con mi consejero. Ya regreso.

Los hombres se retiraron, dejando a Link y Yago solos. Este primero comenzó a hablar en voz baja.

- Ministro, creo que usted tiene razón. Ellos saben algo.

- Te lo dije, Link. Si llegan a aprobar nuestra propuesta debemos ser muy cuidadosos en nuestra investigación. – dijo Yago, en susurros. – Atrapar a esos malhechores y descubrir si actúan por cuenta propia o son dirigidos por este… dizque rey.

De inmediato se callaron, pues Galen y su consejero ingresaron a la sala con una decisión tomada.

- Nos sentimos honrados y agradecidos por su propuesta. Aceptamos su ayuda para limpiar nuestro nombre.

El gobernante se acercó hacia los Hylianos para cerrar el trato con estrechez de manos. Al contacto con Link sintió una sensación extraña, y poco después cruzó su mirada con su fiel consejero.


Con la aprobación del Rey Galen, el ejército de Hyrule comenzó con cada proceso de su misión.

El Ministro Yago organizó al ejército en dos grupos. Uno se iba a dedicar a reclutar jóvenes para ingresarlos al palacio, y otro iba a encargarse de buscar a la banda central de todos los crímenes ocurridos. En ambos equipos Link iba a tener una participación activa.

Con respecto al reclutamiento, el ejército pudo reunir a un pequeño grupo en poco tiempo, el cual preparó en bases militares básicas. Los jóvenes dieron buenos resultados gracias a que Link aplicó todo lo aprendido en el Ejercito Real y durante su crecimiento en Ordon, gracias al apoyo de Moy. El caballero se sentía satisfecho de los resultados de los jóvenes reclutas, pero al mismo tiempo tenía un mal presentimiento y no comprendía de qué.

En lo que respecta a la búsqueda de los crímenes centrales, pasaron semanas en la búsqueda, mas no obtuvieron respuestas. En el camino lograron capturar a algunos delincuentes, pero estos no pasaron de faltas como asaltar a los habitantes o tener peleas callejeras. Ninguno daba signos de ser los autores de los escudos grabados en la piel de los asesinados. Otro motivo por el que Link volvió a renacer sus malas corazonadas.

Más de un mes duró aquella travesía de reclutamiento, entrenamiento e investigación, y aunque el Ministro y Link se sentían satisfechos de haber cumplido con el compromiso de convocar más jóvenes para la protección del supuesto reino, no habían logrado nada con sus propios intereses. Encontrar a los maleantes que estaban causando caos en Hyrule.

Todos los días Yago tenía audiencias con Galen para encontrar alguna explicación por la que no lograban su meta, pero este sólo les decía que desconocía los motivos; que les había dado total libertad para que cumplan con su trabajo, pero que si ya no hallaban nada se le salía de las manos.

Una noche, después de sus audiencias diarias con el rey Galen, Link y Yago salieron a caminar por los alrededores del palacio a conversar de todos los acontecimientos ocurridos. Necesitaban hablar lejos de las paredes impertinentes.

- Link, sólo vinimos aquí a perder el tiempo. – dijo Yago, frustrado.

- Si lo dice porque no hemos encontrado al origen de las muertes en Hyrule, de acuerdo. – dijo Link, preocupado. – Pero al menos hemos reclutado los soldados que se necesitaban para defender al pueblo. Como usted sabe, han colaborado mucho en la captura de los bandidos de por aquí.

- Claro. – expresó el ministro, irónico. – Les hicimos el trabajo gratis a cambio de nada. Es la primera vez que tienen soldados de verdad, pues esos que los cuidan no son más que hampones.

- Bueno, Ministro, también es satisfactorio hacer las cosas sin esperar nada a cambio, sólo con la intención de ayudar al prójimo.

Yago, una vez más, volvía a sorprenderse por la nobleza de Link. Su mente volvió a recordarle que se le hacía muy familiar. Por una extraña razón lo trasladaba a los inicios de su juventud.

- Eres muy noble, muchacho. – dijo el hombre. – Yo no puedo pensar como tú, y es por eso que hasta hoy estaremos aquí. Galen dice que el trato fue permitirnos investigar, mas eso no significaba que encontraríamos algo.

Link sintió su corazón acelerarse al escuchar regresarían a Hyrule. Todos los días suplicaba que el tiempo pase con prisa, pues deseaba con su alma ver a alguien que no podía salir de sus pensamientos.

- Como usted diga, Ministro. – dijo serio, fingiendo su alegría.

- Ya está comenzando a hacer frío…

Link sintió la baja de temperatura manifestarse en su cuerpo, por lo que sacó de su alforja la valiosa bufanda que la princesa le había regalado. No era la primera vez que la usaba desde que partió de Hyrule, pero si delante de Yago.

- Siempre he tenido curiosidad de esa bufanda. ¿De dónde la sacaste?

Link se puso nervioso ante la pregunta del ministro, por lo que tuvo que pensar una respuesta rápida. De ninguna manera podía decirle que era un regalo de la princesa.

- La compré antes de ingresar al palacio, y esta fue la oportunidad para usarla.

- Regresemos, muchacho. Debemos alistar todo para mañana.

El ministro se adelantó unos pasos de regreso al palacio, mientras que Link se quedó unos segundos pensando en Zelda y cómo reaccionaría al verla después de tanto tiempo. Aquel reencuentro le daba nervios y al mismo tiempo inmensa dicha. No comprendía qué era lo que sentía por ella… o quizás sí, pero no podía aceptarlo por terror a lo prohibido.

Siguió ensimismado en sus pensamientos, hasta que un intenso sonido y dolor lo sacaron de sus pensamientos.

- ¡Aghh!

Yago volteó inmediatamente al escuchar tal ruido, descubriendo que Link había sido herido por una flecha en la espalda.

- ¡Link!

Al sentir tal agresión, Link desvainó su espada para buscar al causante, pero no halló a nadie por más que buscó por todos los alrededores. Yago se acercó a él para auxiliarlo.

- ¡Muchacho, no te muevas o te desangrarás más! – dijo el hombre, agarrando al caballero.

- No es nada, Ministro… tenemos que encontrar a ese… ¡aghh!

- ¡Regresemos a buscar ayuda! ¡Es una orden! – exclamó el hombre, preocupado e histérico.

Yago llevó a Link de regreso al palacio para pedir inmediata ayuda para salvarlo.


El médico del reino fue el encargado de revisar a Link y sanarlo. Evidenció que la flecha fue destinada para caer directamente a su corazón, pero por suerte no llegó ni a rozarlo. Con los cuidados correctos iba a mejorar.

Una vez que el galeno terminó su trabajo, Yago entró al dispensario para ver al caballero.

- Link, ¿cómo te sientes? – preguntó preocupado.

- Mejor ahora que no tengo la flecha. – dijo el joven, un poco adolorido. – Gracias por preocuparse.

- He decidido que regresemos una vez que te recuperes.

- ¿Qué? ¡No, Ministro! Por favor…

- Muchacho…

El caballero se dio cuenta que cometió un error al haberse exaltado con el hombre, por lo que bajó la guardia para calmarse. La ansiedad por volver a Hyrule lo consumía.

- Lo siento, Ministro… pero en serio, ya no quiero seguir aquí. No me siento cómodo.

- Pero…

- En serio, yo me siento bien. – insistió Link. – Podemos regresar mañana.

El ministro no quería ceder a la petición de Link, sin embargo él también estaba desesperado por irse, tenía muchos motivos para querer hacerlo. Ya no se sentía nada cómodo en ese reino clandestino.

- Será como tú quieres, muchacho. – cedió Yago. – Por hoy, descansa y ya mañana nos organizamos.

- Gracias, Ministro. Hasta mañana.

Con ayuda del ministro, Link se levantó de la camilla y fue acompañado hasta su habitación. Poco después Yago se retiró para dirigirse a buscar a Galen, pero se lo encontró en su recorrido.

- Ministro, me enteré de lo del muchacho. – dijo el soberano. – Qué suerte que se haya salvado, pues fue casi cerca del corazón.

Yago observó al hombre con desconfianza. No le gustaba para nada las cosas raras que habían sucedido esa noche.

- Así es… tuvo mucho suerte. – dijo con ironía. – Sin embargo todo lo ocurrido ha sido muy extraño.

- Yago, ya deje la desconfianza, por favor. – expresó el rey, preocupado. – Usted ha puesto este reino patas arriba para encontrar a los supuestos asesinos y no halló más que simples vándalos.

- No fue mi intención ofenderlo, Alteza. – dijo el hombre, calmando su imprudencia. – Yo no desconfío de usted, y prueba de eso es la lealtad que les hemos demostrado en estas semanas.

- Por lo que me siento muy agradecido. – respondió el rey. – Estamos agradecidos del personal de calidad que han preparado. Y juro que ellos serán los encargados de encontrar al responsable de haber herido a Link. Ese muchacho ha aportado a todo esto de una manera extraordinaria.

- Agradezco mucho su consideración. – dijo Yago. – Y es lo más conveniente porque mañana partiremos de aquí.

- ¿Ah sí? – preguntó el rey, sorprendido. – Es una lástima, pero se van dejando una gran labor por la que siempre estaremos agradecidos.

- Nosotros, en nombre de Hyrule, también estamos agradecidos, pues nos permitió formar a futuros jóvenes en bases militares… aunque fue por poco tiempo.

Después de la incómoda charla Yago se despidió del soberano. La desesperación por huir de ese reino se hizo intensa.


Después de varias semanas de viaje, el Ejército de Hyrule se encontraba a poco tiempo de llegar a su reino. Link, quien ya estaba más recuperado de la herida de su hombro, no cabía en la dicha de saber que pronto se reencontraría con Zelda, aunque al mismo tiempo esa sensación de nervios e incomodidad lo atormentaba.

El trayecto continuó sin novedad alguna, sin embargo la tranquilidad se vio perturbada por un desgarrador grito. Uno de los caballeros había sido herido.

- ¿¡Qué fue eso!? – preguntó Yago, exaltado.

Todos los presentes corrieron a socorrer al compañero herido. Link, por su vulnerable condición, era el que más tardaba en moverse. Cuando el Ministro se acercó al soldado descubrió que había sido herido en el brazo por una daga escarlata. Sólo había sido un pequeño roce, nada serio.

- ¡MUERTE AL ELEGIDO POR LAS DIOSAS!

Espantados, todos los presentes voltearon a ver al responsable de aquella frase, descubriendo ante ellos un extraño ser. Un hombre esbelto con piel metalizada los observaba con su intensa mirada, mientras su sádica sonrisa se deleitaba con su terror.

Ante tal espanto, los soldados, incluyendo a Link, desenvainaron sus espadas para ir a enfrentarlo. Sin embargo no esperaron que el recién llegado creara una ráfaga para enviar a todos por los aires, a excepción de uno. Link se quedó solo para enfrentarlo.

- ¡Link! – gritó Yago, espantado. - ¡Maldita sea, tenemos que salvarlo, él aún no está bien!

Yago desenvainó su arma enfrentar al villano junto con los caballeros, sin embargo su camino se vio detenido por una aparecida barrera que les interrumpía el paso. El villano fue el encargado de impedir que se le acerquen para quedarse con su único objetivo.

- Ministro, no podemos romper esta barrera. – gritó uno de los soldados.

- ¡Debemos ayudar a Link! ¡Él aún no está recuperado! – exclamó otro.

Yago analizó con angustia la situación de Link, descubriendo algo aterrador.

- Su problema es solo con Link… – pensó preocupado.

El villano observaba a Link con sumo deleite, sobre todo por verlo aun vulnerable por las heridas.

- Parece que alguien se me quiso adelantar, pero esta vez me daré el gusto. – dijo el villano. – Beberé gota a gota la sangre del Elegido por las Diosas.

Yago, obstruido por la barrera, vio como el villano comenzaba a atacar a Link con las dagas escarlata, riéndose de como su rival, aunque débil, esquivaba sus ataques. El joven se encontraba luchando con todas sus fuerzas para lograr envestir su contrincante, pero el dolor de la herida se lo impedía, incluso esta había vuelto a sangrar.

Para gracia del villano, Link hizo una mala maniobra y terminó cayendo. Oportunidad que el malhechor aprovechó para acabarlo.

- El Señor de los Demonios acabará con tu existencia.

Dagas carmesí comenzaron a caer encima del cuerpo de Link, quien aun con dificultad logró esquivar algunas. Sin embargo varias de estas comenzaban a fulminarlo, causando que su vida se apague poco a poco.

En esos momentos a su mente vino la princesa, su mejor amiga, su única compañía desde que llegó al reino, y con quien sentía una afinidad absoluta. Sólo de pensar que moriría sin volver a verla le brindaba una muerte más dolorosa y humillante que la que estaba experimentando. Saber que no volvería a deleitarse con su sonrisa, con su mirada, con aquel perfume que lo embriagaba, lo condenaba directo al infierno.

Fue en ese momento que descubrió que su corazón ya no latía por Zelda, sino que el que le daba vida era ella. A poco tiempo de morir reconocía amarla, y eso en parte le parecía satisfactorio, pues no tendría que vivir con el deshonor de involucrarse con lo prohibido. Valiente y cobarde a la vez.

Desde la lejanía los soldados y Yago observaban impotentes, tratando con todas sus fuerzas de destruir la barrera mágica que los separaba de salvar a su amigo. El ministro no dejaba de mortificarse pensando por qué el problema era con Link.

El Señor de los Demonios apareció en su mano la última daga, lista para atravesar el corazón de Link. Sin embargo, justo cuando se disponía a lanzarla, ocurrió lo inesperado. Una luz dorada emanó del cuerpo del joven, la que causó que el villano grite horrorizado y se cubra con su capa para no seguir con ese martirio. Poco después y enfurecido por no haber cumplido con su meta, desapareció del mapa.

La luz dorada no sólo fue la encargada de desvanecer al Señor de los Demonios, sino también lo hizo con la barrera que impedía el paso de los soldados. Rápidamente todos corrieron a socorrer a Link, descubriendo que se encontraba en pésimo estado.

- ¡Ministro, aún está vivo! – exclamó uno de los caballeros.

Yago no sólo estaba impactado por la terrible emboscada en la que habían caído, sino también por haber presenciado lo ocurrido con Link, sumando al nombre que el villano no dejaba de pronunciar al verlo.

- Eso no puede ser…

La cabeza de Yago era un profundo caos por todas las coincidencias que Link evidenciaba.


Comentarios finales:

Hola a todos, espero se encuentren bien.

Quizás muchos esperaban la continuación del capítulo anterior, mucho más por el sorpresivo final que tuvo, pero para mí era necesario narrar lo ocurrido en Demisia, sobre todo por su peculiar gobernante. Para ser sincera me cuesta un poco escribir relatos relacionados a guerras o contexto militar, por lo que este es muy sencillo. Espero que a pesar de eso haya sido de su agrado.

Sobre el villano que atacó al final a Link, creo que muchos ya saben de quién se trata. Indíquenlo en los reviews, a ver si atinan ^^

El siguiente capítulo vendrá en dos semanas, y ahí ya tendrán la continuación de la reacción de Link al haber despertado y ver a Zelda frente a él.

Aprovecho este espacio también para anunciar que el penúltimo capítulo de mi otra historia, "Pasión entre las sombras", será publicado este Viernes (22/01/2021).

Un abrazo,

Artemiss

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