Capítulo 8: Abnegado secreto
Nada rodeaba a la habitación más que el silencio, la sorpresa e incertidumbre…
El caballero aun desconocía si se encontraba dormido o despierto, pues la sensación de haber sentido los labios de la princesa tocando los suyos le pareció inverosímil; de ninguna manera podía ser real.
Zelda, por su parte, no sabía en dónde esconderse ahora que había sido descubierta en su osada acción. ¿Qué es lo que estaba pensando al hacerlo? Se dejó llevar por el secreto sentimiento que embargaba su corazón, al mismo tiempo que se "aprovechó" del estado del joven. Deseaba que la trague la tierra.
- Zelda…
La joven giró el rostro para evadir a Link, no podía mirarlo a los ojos. ¿Qué explicación iba a darle? Ya no estaba sedado como para decirle que todo era un sueño. Se sentía perdida. Sin embargo, todo dio un vuelco cuando sintió que la tomaba del rostro para voltearlo y que lo mire a los ojos.
- Link…
- Zelda… ¿podrías decirme qué acaba de ocurrir?
Los nervios torturaron más a la dama ante semejante pregunta. Trató de retirarse, sin embargo el caballero la tomó delicadamente de los brazos para impedírselo. No iba a permitir que se vaya sin una respuesta.
- Link, yo…
- No fue un sueño, ¿verdad? – preguntó Link, ansioso. – ¿Fue un beso real?
- Si… fue real. – dijo la joven, apenada.
- ¿Por qué?
- ¿Por qué? Creo que la respuesta es obvia, Link…
- Quiero escucharla salir de tus labios. – preguntó el joven, determinado. – Lo necesito…
Por varios segundos Zelda dudó, incluso sus ojos comenzaron a humedecerse. Sin embargo, no se sentía presionada por decirlo, su corazón hace tiempo que quería gritar lo que sentía
- Antes mi vida era muy solitaria, bastante seria y monótona. Sin embargo, todo eso cambió cuando llegaste, a pesar que al inicio no me caíste bien. – dijo la joven, soltando un suspiro. – Me enseñaste a ver mi reino de otra manera, a expresar mis emociones libremente, a sentirme acompañada por ti en los buenos y malos momentos… pero sobre todo, abriste mi corazón a un sentimiento que creí confundía.
Las pupilas de Link se dilataron al escuchar cada palabra mencionada de la princesa, pero aun guardó silencio para dejarla proseguir.
- En los meses de tu ausencia y con el pavor de casi perderte pude afirmar… el amor que siento por ti.
Lo había dicho, ya no había vuelto atrás. Ahora que reconocía ante Link los nuevos sentimientos que tenía hacía él, lo único que esperaba era no perder su compañía, por más que le lastimara no ser correspondida.
Avergonzada, trató de retirarse de nuevo, sin embargo Link no lo permitió. Ahora tomó su rostro con las dos manos y le obligó a mirarlo a los ojos, los que poseían un brillo intenso y decidido. Pocos segundos después ocurrió lo impensable. Los labios del joven se unieron a los de ella, fundiéndose en un beso dulce y suave, que poco a poco se volvió más apasionado.
La princesa estaba segura de sus sentimientos por Link, pero nunca imaginó que el primer beso que experimentaría le haría sentir una sensación tan exquisita y fascinante, la que ni siquiera con las historias eróticas que había leído desde su adolescencia había imaginado. Ahora se estaba dejando llevar sin ninguna limitación.
Por otra parte, Link compartía el mismo sentir. A pesar de ser hombre no tenía la experiencia de sus compañeros, quienes ya habían pasado de mujer en mujer en su corta vida. Él era más reservado, sin embargo ahora se contradecía aquello por la cercanía que tenía con la princesa. Lentamente se separó de ella cuando sintió en su cuerpo sensaciones extrañas.
- Link…
- Zelda, yo… también siento el mismo amor por ti.
Zelda sonrió, mientras sus ojos se humedecían en lágrimas. Se abrazó a Link con fuerza, cuidando no lastimarlo por sus heridas. Por un momento se sintió tan asustada por su reacción, y ahora era la más dichosa de saberse correspondida.
- Tenía miedo que me rechaces. – dijo Zelda, aliviada.
- El que debería temer eso soy yo… lo temí por mucho tiempo. – dijo Link, sonriendo. – Me parece un sueño que me correspondas.
Sin apartarla de su abrazo, Link pensó en el momento en el que empezó a amar a la princesa. Desde que comenzaron a tratarse sintió por ella una gran atracción y simpatía, sin embargo el sentimiento se volvió más intenso desde que le regaló la bufanda, hasta el último día que estuvo en Demisia. La amaba con todo su corazón y fue el primer pensamiento que vino a su mente cuando estuvo a punto de morir a manos de ese extraño ser.
Sin embargo, otro recuerdo llegó a su mente para bajarlo de las nubes…
"Sé que puedo encomendarte esa labor… pero sobre todo… sé que la respetarás. No tienes idea a cuántos insolentes he castigado por poner los ojos encima de ella, sin embargo presiento que tú eres distinto…"
Las palabras del ministro Yago llegaron a él como un doloroso martillazo para sacarlo de su sueño, deteniendo en seco los latidos de su corazón. La conciencia no dejaba de remorderle al saber que estaba traicionando la confianza del hombre, pero sobre todo al sentir que no era digno de la princesa.
Apenado, separó a la dama de sus brazos, para después girar el rostro y no mirarla a los ojos. Zelda se preocupó ante su acción, por lo que intervino.
- Link, ¿qué ocurre?
- Soy feliz de saber que nuestros sentimientos son correspondidos. – respondió, mirándola a los ojos. – Sin embargo, debes entender que esto no es correcto.
- ¿Correcto? ¿Por qué? – preguntó la joven, sorprendida.
- Tú eres la princesa de este reino, su futura reina. – respondió el joven. – Y yo soy tu escolta, un caballero más de esta tierra. Soy tu servidor y no puedo verte como mi igual.
- ¡Por supuesto que no somos iguales! – expresó Zelda, alzando la voz. – Tu eres un hombre y yo una mujer, es lógico. Si te refieres a las diferencias de clases, conmigo no va eso.
- Pero Zelda…
- Link… – dijo la dama, bajando el tono. – ¿Recuerdas las cosas que tenemos en común? Pues una de ellas es la soledad que sentíamos antes de conocernos, y ahora que hemos reconocido lo que sentimos sería demasiado cruel hacer como si nada. ¿Podrías ahora vivir así?
Link analizó con profundidad la pregunta de la princesa. Después de haber estado a punto de morir, reconocer que la amaba y el especial beso que se dieron. ¿Podría seguir como si nada?
- Si para ti sería fácil seguir como si nada, solo sentiría que esto no es serio para ti. – expresó la dama, apenada.
- Un momento, Zelda. – intervino Link, serio. – De ninguna manera te atrevas a insinuar eso. Yo jamás te vería de esa manera. Precisamente porque esto es serio es que me preocupa. No quisiera estar abusando de la confianza que me han dado aquí.
- Si lo dices por el Ministro, no tiene por qué enterarse. – dijo Zelda. – Nadie tiene por qué hacerlo porque esto solo nos corresponde a los dos.
- ¿En serio deseas estar conmigo?
- Más que nada. El pensar que iba a perderte me hizo valorarte más que nunca, y por eso deseo vivir contigo este nuevo sentimiento.
Las dudas de Link comenzaron a disiparse ante las palabras de Zelda, las que siempre lograban reconfortar su corazón. La amaba tanto que superaba su temor a defraudar a los que confiaban en él, y por su cercanía con la muerte no quería desperdiciar la oportunidad que la vida le estaba dando, la que siempre había soñado.
- Yo también quiero estar contigo… y así será siempre. – dijo Link.
- Será algo entre tú y yo… nuestro secreto.
Link acarició el rostro de su dama con fervor, para después volver a atrapar sus labios con los suyos. Estaba decidido a no pensar en nada más que sólo dejarse llevar por el amor.
Ya era la mitad de la madrugada cuando Zelda se retiró de la habitación de Link. Se quedó con él hasta que se quedó dormido.
La sonrisa de la princesa no cabía en su rostro. Aun no asumía la enorme sorpresa de que Link hubiera correspondido a ese impulsivo beso; por un momento creyó que iba a rechazarla por su osadía, a pensar lo peor de ella, sin embargo ocurrió más que eso, pues no solamente le devolvió el gesto de manera más apasionada, sino que correspondió el amor que por mucho tiempo había callado.
La joven ya había llegado hasta la puerta de sus aposentos, sin embargo detuvo su acción de abrirla al escuchar unos pasos acercarse, provocando que se pare en seco. Impa la observaba con mirada inquisidora.
- Impa…
- ¿Se puede saber de dónde viene, princesa? – preguntó la guerrera, enojada. – ¿Ha visto la hora que es?
Zelda reconocía cuánto Impa la quería, sin embargo le daba mucho temor verla enojada. Para no complicar las cosas iba a responderle con la verdad… omitiendo algunos detalles.
- Impa… fui a ver a Link.
La mujer cerró sus ojos y colocó una mano en su frente, llamando la calma a su espíritu para no alterarse.
- ¿Por qué hizo eso, princesa?
- Me moría de la preocupación, y como nadie me decía nada fui a ver con mis propios ojos su estado. – explicó la joven, controlando los nervios. – Él es mi escolta y tenía todo el derecho de saberlo.
- Creo que el Ministro Yago y el médico ya explicaron su estado, así que no veo el por qué ir a verlo. – dijo la joven mujer, volviendo a cerrar los ojos. – Con todo respeto, ha sido una imprudencia.
- Entiende que Link es más que mi escolta…
- ¿Qué…?
- Quiero decir que… – Zelda se retractó a tiempo. – Ha sido el encargado de entrenarme, de cuidarme, y tampoco voy a negar que si nos llevamos bien, como amigos y con la debida distancia. No puedes impedir que me preocupe por eso.
Impa no necesitó preguntar más para saber qué su protegida tenía sentimientos por el caballero, motivo por el que se aterró por las posibles consecuencias. Decidió no seguir con el interrogatorio, pues sabía que no conseguiría la realidad de los hechos.
- Princesa… – dijo la comandante, mirándola fijamente a los ojos. – Le pido que tenga cuidado con el camino de esa relación.
- Impa, por las Diosas… sólo somos amigos.
- Sólo cumplo con advertirle.
Zelda se sintió incómoda con el comentario de la Sheikah, pero decidió no decirle nada más para no ponerse en evidencia.
- No te preocupes, Impa. – respondió Zelda. – Iré a dormir, hasta mañana.
- Hasta mañana, princesa. Que descanse.
Una vez que Zelda se retiró, Impa bajó su imagen impostada. Lanzó un ligero y apenado suspiro, preocupada por la postura que su protegida había mostrado.
- Ay, Zelda. – suspiró Impa. – Hay cosas que nunca se mezclan...
- ¿Eso piensas?
El corazón de la guerrera se sobresaltó al escuchar una voz hablándole. Poco después, de la oscuridad de los rincones apareció el Ministro Yago.
- ¿Cómo así despierta, comandante? – preguntó el hombre.
- Yo… no podía dormir. – respondió seria. – Pero procedía a regresar a mi habitación. Buenas noches.
En el momento en que la joven pasó cerca del ministro, este la tomó del brazo, cosa que la sorprendió e incomodó.
- Escuché lo que dijiste, Impa. – expresó el hombre. – "Hay cosas que nunca se mezclan".
- Eso no lo dije yo… lo dijiste tú.
Impa se soltó del agarre de Yago con violencia, mientras que él la observó perderse en la oscuridad de la noche, sin decir una sola palabra.
En dos semanas Link estuvo recuperado de sus heridas, y más que preparado para vivir su amor con la princesa, sin ningún pensamiento represor que se lo impida.
Link y Zelda habían salido a uno de sus paseos esa mañana, con la excusa de entrenar. Efectivamente si cumplieron con sus obligaciones, sin embargo después de ello decidieron alejarse un poco para estar solos.
Su recorrido los llevó hasta una arboleda decorada por una pequeña laguna en el centro, en la que flotaban varias plantas. Todo el pasto estaba adornado con varias flores de extraña especie, una que Zelda conocía muy bien. Entusiasmada, se bajó de Epona para observarlas, siendo seguida por Link.
- Mira, Link. – dijo Zelda, emocionada. – Es un Lirio de la Calma.
Link se acercó para observarla con más detenimiento, sintiendo una extraña sensación al tenerla cerca… y no se refería únicamente por la medicina que Zelda le había dado para sanarlo.
- No creí que había más por estos lares. – dijo Link. – Pensé que sólo se daban en la región de Farone.
- De haber conocido este lugar, no hubiera tenido que ir tan lejos. – dijo la joven.
- Princesa, ninguno de los dos conocía este sitio. Es algo nuevo para nosotros.
- ¿"Princesa"?
Link sonrió y se puso de pie, para después tomar de la mano a la dama y ponerla a su altura. Acarició su rostro y la miró con encantamiento.
- Esta vez lo digo en otro sentido… pues eres mi princesa.
El caballero acercó su rostro al de la joven para besarlo, cayendo una vez más en el encanto de su boca. Ambos se entregaron a su sentir con infinita vehemencia, como si el día no les alcanzara para ello, como si el encanto pudiera acabarse.
No supieron en qué momento el aliento comenzó a faltarles, pidiendo más de esa pasional sensación. El guerrero apretó fuertemente la cintura de su amada, para pegarla más a su cuerpo… para disfrutarla más.
Link supo que debía detenerse cuando escuchó salir de los labios de su dama un sonoro suspiro, no queriendo llegar a límites desconocidos con ella. La respetaba demasiado... pero también tenía miedo de sí mismo.
- Lo siento… – dijo el joven, avergonzado.
- Tranquilo. – dijo la dama, recuperando el aliento y uniendo su frente con la de él.
- Ya es tiempo de regresar. – dijo Link. – Y quiero pedirte un favor…
- Claro, dime…
Link se separó de Zelda para encontrar las palabras correctas en su petición. No sabía cómo iba a verlo con eso.
- Sé que es raro lo que voy a pedirte, pero… quisiera contar tu permiso para ir a la biblioteca real.
- ¿A la biblioteca?
- Si. – dijo Link, sonrojado. – En primer lugar hace tiempo que no leo algo nuevo y no quiero perder ese hábito… además que quizás ahí encuentre algo relacionado a mi origen Hyliano.
Zelda se sorprendió ante la petición de su amado, aunque le vio mucha lógica. Sin duda alguna iba a apoyarlo en su deseo.
- Claro que sí, Link. – dijo Zelda. – Yo estaré con Impa revisando unos documentos, mientras puede ir a leer lo que desees.
- Muchas gracias.
Y antes de que llegara la noche, los jóvenes partieron de regreso al palacio, llevando en su corazón un momento más de haber pasado juntos.
Por suerte el silencioso lugar se encontraba vacío, por lo que Link podría buscar el libro que quisiera tranquilo, sin prisas.
El joven llegó a un estante relacionado a la historia del reino, y en él había varios libros con títulos en hyliano antiguo. Entendía algo del idioma, pero no tanto como para aventurarse a leer un texto entero. Por suerte su búsqueda se vio finalizada cuando encontró un tomo bastante interesante y en su lengua actual, titulado como "Los Valientes de Hyrule". Decidió tomarlo y sentarse en uno de los escritorios.
- ¿De qué tratará esto? – se preguntó curioso.
Abrió el libro y se dio cuenta que se trataba de una especie de anuario, con fotos y descripción de cada uno de los caballeros que aportaron grandes hazañas al reino desde hace más de un siglo. No supo en qué momento había leído la descripción de unos cincuenta caballeros, hasta que llegó a uno que llamó su atención.
Sus ojos se posaron en un caballero de alto rango de hace un poco más de veinte años, bastante joven. No comprendió por qué le transmitió tal familiaridad, e incluso intriga por saber más de él; no pudo evitar posar sus dedos en su imagen. Estaba a punto de leer de quién se trataba, pero una mano en su hombro lo sacó de su ensimismamiento.
- ¿Qué haces aquí, muchacho?
El corazón de Link se paralizó al verse descubierto por Yago, quien estaba sorprendido de verlo en un lugar como ese.
- Ministro Yago… – dijo sorprendido. – Yo… tengo permiso para estar aquí.
- Tranquilo, Link. – dijo el hombre, tranquilizándolo. – No he cuestionado que estés aquí, sólo que me sorprende.
- ¿Ah?
- Es fin de semana, y por lo general todos tus compañeros salen a beber o a perderse con alguna amiga por ahí… me los conozco a todos. – dijo Yago, lanzando una carcajada.
- Sólo quise leer algo nuevo, nada más.
Yago miró la hoja que Link estaba leyendo, cambiando su semblante a uno serio al ver la página que estaba abierta. Link notó eso de inmediato.
- ¿Sucede algo? – preguntó curioso.
- Nada. – dijo Yago, serio y consternado. - ¿Por qué lees ese libro? ¿Sabes algo de esos caballeros? Sirvieron al reino hace más de veinte años. Ninguno vive.
- Me llamó la atención este tomo, sólo eso.
- Link… ¿acaso tú…?
Yago estuvo a punto de preguntar a Link algo ridículo, absurdo, por lo que decidió dejarlo de lado y centrarse en otro tema.
- Olvídalo, Link. – dijo el hombre, serio. – Si tienes permiso de la princesa, puedes leer lo que quieras. No me opongo, siempre y cuando sea en tus momentos libres.
- Gracias, Ministro.
- No es nada. – respondió Yago, sonriendo. – Y aprovechando que te veo, te tengo una tarea para estos días; y otro par de caballeros.
- Claro, indíqueme.
- Ni la princesa ni Impa lo saben, pienso comunicárselos un día antes… pero tendremos una visita muy importante y necesito que junto con tus compañeros lo escoltes al castillo.
- Será un honor hacerlo. – dijo Link. - ¿Puedo saber de quién se trata?
- Clero que sí. Se trata del Duque Alvar, del reino de Britai. Viene a pedir la mano de la princesa Zelda.
Link escuchó cada palabra emitida por el ministro, sintiendo como si varios cuchillos los atravesaran despiadadamente.
Comentarios finales:
Hola a todos ^^
Tal y como lo prometí, he traído el capítulo después de dos semanas de la última publicación.
Ahora comienza una parte crucial de la trama, no solamente por la horrorosa noticia que Link ha recibido, sino por los misterios de su origen. ¿Qué tanto sabrá Yago? Puede ser que sepa, pero al mismo tiempo no… y bueno, pudieron ver que esconde más cosas más allá de su trabajo.
A partir de ahora la publicación de los capítulos será una vez a la semana, todos los Lunes; hasta ahora puedo cumplirlo, a menos que se presente algo que salga de mis manos y haré lo posible para comunicarlo con anticipación. Quiero terminar pronto esta historia debido a que será corta, y así poder comenzar con proyectos nuevos.
Muchas gracias por sus comentarios, los valoro mucho. No sean tímidos y opinen sobre esta historia, que con tanto gusto escribo para ustedes ^^
Espero todos se encuentren bien. Y ya saben, no salgan de casa y cuídense del infame Covid19.
Un abrazo,
Artemiss
