Capítulo 29

Al amanecer, cuando Temari abrió los ojos y fue consciente de que estaba en la habitación del hostal, se colocó de lado en la cama, miró hacia la ventana y de inmediato vio que el día no era soleado.

—Buenos días, rubia salvaje.

Sonrió al oír la voz de Naruto y, dándose la vuelta, lo encontró sentado frente a la cama en un butacón. Por el modo en que la miraba enseguida supo que iba a echarle la bronca por lo ocurrido el día anterior.

—Vale —dijo cubriéndose el rostro con la sábana—. Ya me lo dijiste anoche. Hice mal. ¿Me lo vas a repetir?

Naruto sonrió. Su mujer, aquella vikinga rubia, era excesivamente atrevida y no veía el peligro en nada de lo que hacía.

—Te lo diré tantas veces como crea oportuno —replicó—. Soy tu marido y me preocupo por ti.

Bajo las sábanas, Temari asintió, sabía que él llevaba razón, y, sentándose en la cama, lo miró a los ojos y dijo tomando aire:

—Naruto. Estoy aquí, no pasó nada y...

—¿Y si hubiera pasado?

Ver la preocupación en su rostro cautivó a la joven; Naruto la protegía, la cuidaba y mimaba. Se levantó de la cama, se sentó sobre él tan solo vestida con la camisola y repuso:

—Pero no ha pasado.

Se miraron unos segundos en silencio hasta que él musitó con gesto serio:

—Temari, si algo te ocurriera, no podría soportarlo. —La joven sonrió y, cuando se disponía a responder, Naruto añadió—: Lo que Sakura y tú hicisteis fue una locura, y lo sabes tan bien como yo.

Ella volvió a asentir.

—¿Crees lo que Sakura dice del capitán Haruno? —preguntó él a continuación.

—Sí —afirmó ella.

—¿Por qué?

La joven se encogió de hombros.

—Su tesón en buscar la verdad y la expresión de Kayui cuando ella lo acusó de mentir hacen que la crea —dijo, aunque evitó contar que posiblemente Sakura hubiera matado a Indra Ōtsutsuki—. Kizashi Haruno puede hacer muchas fechorías, pero sin duda lo que ocurrió ayer no tiene nada que ver con él. Y es justo no acusar a otros de acciones que no cometieron, ¿no te parece?

Naruto por fin asintió. Seguir dándole vueltas al tema no servía de mucho, lo mejor sería ir a ver a Sakura y hablar con ella tranquilamente. Entonces Temari, para hacerlo callar, acercó su boca a la de él y, enredando los dedos en el pelo de su marido, cuchicheó:

—¿Qué tal si cambias tu gesto fiero por otro más amable y me dejas que te haga el amor?

—Sigo enfadado contigo —replicó él con una sonrisa.

Temari frotó su nariz contra la de él y musitó sonriendo a su vez:

—Pero ahora un poquito menos, ¿verdad?

Un beso...

Dos...

El deseo entre ellos crecía segundo a segundo y Naruto, ansioso de su mujer, se levantó del butacón para tumbarla sobre la cama y, con delicia y pasión, fue él quien le hizo el amor a ella. .

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Un buen rato después, cuando la pareja bajó al comedor del hostal, vieron a Sasuke y a Suigetsu Hōzuki sentados al fondo con varios de los guerreros Namikaze. Al acercarse a ellos, Sai se levantó de inmediato y se dirigió a Naruto.

—Mi señor, anoche se cumplió lo que nos ordenasteis vigilar. De El Tritón Rojo partieron varias barcazas que dejaron a más de tres docenas de personas en una playa y, posteriormente, estas regresaron al barco, que partió y se alejó de la costa. —Naruto asintió y Sai continuó—: Interceptamos a varias de esas personas en el camino. Los interrogamos y nos contaron que habían sido apresados días antes en Berwick y que, al parecer, pensaban venderlos en Asia como esclavos. Y no. No fueron las gentes del capitán Kizashi Haruno.

Naruto miró a Temari, que indicó:

—Te lo dije. Sakura y yo no mentimos.

Después de haber informado, Sai se sentó para seguir comiendo, pero Sasuke intervino:

—Neji, Gaara, sus mujeres y el padre Murdoch han partido al amanecer. Ellos guiarán los caballos y las ovejas que compramos hasta Keith.

Naruto asintió. La noche anterior había quedado en aquello con sus amigos, y, cuando Temari lo miró, este dijo:

—Quedaste en verte con Sakura, ¿verdad? —Ella asintió y él añadió—: A mí también me gustaría hablar con ella. Luego partiremos y les daremos alcance por el camino.

—Me parece bien —afirmó la joven complacida.

Naruto, Sasuke y Suigetsu asintieron y no dijeron más. Ellos también querían hablar con Sakura en lo referente a lo sucedido el día anterior con el barco de Kayui Ringo.

Tras pedirle a la posadera algo para desayunar, mientras. Naruto y Temari comían, la puerta de entrada se abrió y Suigetsu saludó levantándose:

—Gobernador, señora..., ¡qué alegría veros por aquí!

Hashirama y Mito, que regresaban de su viaje a Ayr y se dirigían a su residencia en Aberdeen, se acercaron a ellos, y el hombre, sorprendiéndolos, preguntó a Temari:

—¿Estáis bien?

La joven no dijo nada, pues no lo entendió, y él insistió:

—Ha llegado a mis oídos que tú y nuestra sobrina tuvisteis problemas en Sambery.

Oír eso hizo que todos parpadearan y, de inmediato, Temari preguntó:

—¿Vuestra sobrina?

El gobernador asintió y Mito se apresuró a aclarar:

—Sakura es mi sobrina.

—¿Qué? —dijo Naruto sorprendido.

El matrimonio asintió y ella, con un gesto gracioso, musitó a continuación:

—Está visto que no os ha contado nada. ¡Típico de ella!

—No, milady —repuso Temari, que estaba tan sorprendida como el resto—. No nos ha contado nada.

Hashirama sonrió por la rapidez de su mujer y, tomando aire, musitó:

—No se lo toméis a mal. Sakura es muy reservada en ciertos temas.

Boquiabierto, Sasuke procesaba la información. ¿Sakura era la sobrina del gobernador? E, incapaz de callar, preguntó con gesto serio:

—Si es vuestra sobrina..., ¿qué hace viajando en una carreta infecta como una mendiga?

Mito y Hashirama se miraron, buena y perspicaz pregunta la de aquel, por lo que la mujer respondió con una sonrisa:

—Eso debería ser ella quien te lo explicara. Pero te aseguro que yo tampoco lo apruebo.

Todos se miraban sin dar crédito cuando Hashirama, sentándose a su mesa, dijo mirando a Temari:

—Por favor, cuéntame qué ocurrió.

Sin pestañear, el gobernador escuchó lo que la joven le relataba mientras sentía una fuerte opresión en el pecho. Estaba claro que Sakura no sorteaba los problemas. Aquella mujer era capaz de enfrentarse a ellos sin pensar en las consecuencias, y cuando Temari terminó Naruto indicó:

—Por suerte, ambas están bien. No les sucedió nada.

Hashirama asintió. Y, tras unos segundos en silencio, cuchicheó:

—¿Saltasteis de azotea en azotea? —Temari sonrió y el gobernador añadió sonriendo a su vez—: Eso no está bien. Os podría haber ocurrido algo.

Todos comenzaron a hablar. Todos daban su parecer en cuanto al comportamiento de aquellas, pero entonces Hashirama, viendo a la joven callada, preguntó sin apartar la mirada de ella:

—¿Dónde está Sakura?

—Regresó a su carreta. Quería estar con su tío, y quedamos en vernos aquí.

Mito y él se miraron, y este, quitándose los guantes que llevaba, pidió:

—Que nos traigan algo de comer. Esperaremos con ellos.

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Durante gran parte de la mañana esperaron la llegada de la joven, hasta que finalmente Sasuke comentó dirigiéndose a Temari:

—Algo me dice que no va a venir.

La joven rubia asintió.

—Pues si ella no viene, iremos nosotros —decidió.

—Excelente idea —afirmó Hashirama, que se levantó junto a su mujer.

Sorprendidos por tener al gobernador con ellos, Naruto, Sasuke y Suigetsu se pusieron también en pie, y el primero, dirigiéndose a uno de sus hombres, ordenó:

—Estad preparados. Partiremos en cuanto regresemos.

Una vez que los seis cogieron sus caballos, Naruto miró a su mujer, a la que ya notaba intranquila, y dijo:

—Vayamos a ver por qué Sakura no ha venido.

Al galope, llegaron hasta el lugar donde la carreta de la muchacha estaba el día anterior y, al ver que ya no se encontraba allí, Sasuke gruñó furioso:

—Lo sabía.

Hashirama resopló; estaba claro que Sakura había huido.

—Maldita cabezota —siseó mirando a su mujer.

—Parece que te enoja su marcha —dijo Suigetsu dirigiéndose a Sasuke al verlo tan enfadado.

—¡Cállate, Hōzuki! —soltó el vikingo.

Suigetsu sonrió y, tras intercambiar una mirada con Hashirama y Naruto, que sonreían como él, preguntó:

—¿Adónde puede haberse dirigido?

Temari lo pensó mientras se tocaba la cabeza.

—Quería llevar a los niños que encontró con su tío. Si mal no recuerdo, creo que dijo que tenía que dirigirse a Saint Andrews.

—Pues a Saint Andrews nos dirigiremos —concluyó Mito.

Naruto levantó las cejas al oír eso, y Temari le susurró mirándolo con complicidad:

—¿Recuerdas a quién viste por primera vez en Saint Andrews?

El highlander simplemente sonrió, hasta que Suigetsu, deseoso de saber, dijo:

—¿Se puede saber a quién viste por primera vez en Saint Andrews?

Naruto y ella, cogiéndose de la mano, se hablaron en silencio y luego el primero indicó:

—Allí fue donde vi por primera vez a Temari.

—Oh, ¡qué romántico! —exclamó Mito encantada.

—Me costó conquistarla porque no se fiaba de mí —añadió Naruto—, pero al final ¡lo conseguí!

Todos sonrieron y a continuación Hashirama comentó:

—Todo lo que vale la pena lleva su trabajo.

—Que me lo digan a mí... —aseguró su esposa con una sonrisa.

Oír eso hizo que Sasuke se irguiera en su caballo molesto.

—Deberíamos dejar de perder el tiempo y dirigirnos a Saint Andrews —declaró.

Los demás lo miraron, y Hashirama, recordando lo que Sakura le había contado, preguntó:

—¿Te agrada mi sobrina y por eso quieres partir raudo?

Desconcertado por su pregunta, y más aún viendo cómo todos lo miraban, el vikingo se apresuró a responder:

—No, señor. Simplemente me preocupo por ella.

Hashirama sonrió al oírlo y, tras intercambiar una mirada con Temari, que meneaba la cabeza, susurró:

—Uno comienza preocupándose y termina enamorándose...

Molesto, Sasuke frunció el entrecejo, pero no dijo nada mientras Hashirama y Mito daban media vuelta a sus caballos para regresar al hostal en busca de su séquito.

Divertida por lo que había oído, Temari iba a hablar cuando el vikingo sentenció al verla sonreír:

—Mejor no digas nada.

Sin poder evitarlo, Naruto y Suigetsu rieron y Sasuke, colocándose junto a Temari, espoleó a su caballo para volver al hostal. Allí recogerían a sus hombres y luego todos partirían hacia Saint Andrews.