Capítulo 10: Desprecio e infamia
La oscuridad era la única invadiendo los rincones, llenándolos con aquella esencia en la que sólo se respiraba maldad, desesperanza y venganza…
En su secreta guarida, tan íntima como sus maldades, se encontraba el Señor de los Demonios, aquel misterioso ser que estuvo tras la pista de los soldados de Hyrule para acabar con uno en particular, con aquel que por siempre le había fastidiado sus planes, el que le impedía sentirse admirado a los ojos de su idolatrado amo.
El ente sostenía en sus manos una esfera de energía capaz de mostrarle todo lo que se le pasara por la cabeza. En esos momentos observaba a un joven en una carroza, el que miraba por la ventana con expresión arrogante y creída.
- Grahim…
El macabro ser se dio la vuelta para encontrarse con la razón de su fidelidad, único sentimiento íntegro que lo caracterizaba dentro de tanta podredumbre.
- Amo…
- ¿Qué haces mirando a ese sujeto insignificante? – preguntó enojado. – ¿No se supone que deberías estar atento al mocoso? ¡Después de lo que descubriste, ese es el que importa!
Grahim sólo rio por lo bajo, sin intención de causar enojo en su amo.
- Mi apreciado amo. – dijo Grahim, volteándose a verlo. – Con todo respeto, su impaciencia sólo causará que el objetivo se vea más lejano.
- ¿Qué quieres decir?
- He estado observando al mocoso desde hace mucho tiempo, y he descubierto que tiene un punto débil. – dijo, relamiéndose de la dicha.
- ¿Y qué tiene que ver eso con el sujeto que estás observando?
- Es el arma perfecta para debilitarlo más, y así podremos aprovechar en obtenerlo. Con la guardia baja será más sencillo todo.
- Interesante…
- Ahora… sólo toca esperar ver cómo se dan las situaciones que estoy prediciendo. Paciencia.
El villano y su amo siguieron observando la esfera de sus deseadas desgracias, regocijándose en sus planes.
En las vastas llanuras del reino, tres soldados se encontraban cumpliendo una misión, una muy indeseada para Link. El grupo se dirigía al encuentro con el príncipe Alvar para escoltarlo al castillo, para su reunión con la princesa Zelda.
Link aun sentía en su mejilla el golpe de la bofetada de la mujer de su vida. No pudo dormir en toda la noche por retorcerse del arrepentimiento al dolor causado a su amada, sintiéndose un verdadero imbécil. Pero era inevitable la separación con ella, pues su destino con el príncipe estaba echado, y él tendría que irse de su vida para siempre.
Cual daga lastimera la ruptura le había atravesado el corazón.
Finalmente llegaron hasta la carroza originada de Britai, en donde estaba el príncipe esperando. Los caballeros del lejano reino abrieron la puerta, permitiendo la salida del noble.
No había duda que el hombre era apuesto. Se caracterizaba por finas facciones, cabello castaño y ojos azules, tan profundos como el mar; vestía elegantemente de rojo y negro. Sin duda era digno de una esposa como Zelda. Sin embargo, en aquella preciosa mirada se reflejaba arrogancia, egolatría y malas intenciones.
Link, a pesar de percibir dentro de él aires oscuros, se acercó para darle la bienvenida.
- Bienvenido al reino de Hyrule, príncipe Alvar. – dijo Link, haciendo una reverencia. – Es un honor tenerlo con nosotros.
A pesar de sentirse la gran cosa, el príncipe demostró su carencia de educación al no responder el saludo de Link; simplemente lo miró con superioridad. Sin duda, la casta y la educación no siempre iban de la mano.
- Hasta que por fin se dignaron a llegar, soldados. – se quejó el joven, arrogante. – Es inaudito que me toque esperar en este horroroso calor.
- Hemos llegado a la hora indicada. Lamentamos su mal momento. – dijo Link.
- En fin… llévenme de una vez al castillo. Estoy seguro que Zelda me espera con suma ansiedad.
Los oídos de Link sangraron ante semejante frase. ¿En serio creía que Zelda lo esperaba? Relacionó todo con lo que ella le había dicho la noche anterior, antes de desvanecerse de su lado. Sintió arcadas al imaginar al hombre tan cerca de su amada.
- Con gusto lo escoltamos al palacio… alteza.
Los caballeros de Britai se retiraron para dejar que los soldados de Hyrule escolten la carroza. Link realizó su función con el dolor y la rabia consumiéndolo.
Desde una de las zonas más altas del castillo, Impa se encontraba observando el panorama, o más bien esperando la indeseada llegada de alguien.
La Sheikah sabía que Alvar estaba próximo a llegar, temiendo la reacción de la princesa al verlo. Zelda no lo soportaba. En su niñez y adolescencia tuvieron varios problemas por las imprudencias y conductas poco apropiadas del joven, y ahora que el Consejo pretendía comprometerlos en matrimonio, le espantaba. Le desdichaba pensar en la infelicidad de su protegida.
Una fugaz lágrima de rabia resbaló por su rostro, la que secó de inmediato con sus dedos. No podía soportar pensar que Zelda tendría que unir su vida a un joven tan despreciable.
- ¿Qué te sucede, Impa?
Se dio la vuelta al escuchar a Yago hablarle, sorprendiéndose de verlo en ese sitio. No lo comprendía.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó sorprendida. – No creí que frecuentaras este lugar.
- Vine a hablar contigo… de lo de ayer.
La impresión de Impa aumentó al escuchar esas palabras… y por supuesto no tenía nada que decir al respecto, por más que los recuerdos invadieran su mente.
- No hay nada que hablar entre nosotros, Yago. – dijo la mujer, seria, y dándose la vuelta para no mirarlo. – Lo pasado es como es… pasado.
- Pero…
- En estos momentos lo único que me preocupa es la llegada del mocoso arrogante de Alvar.
- Creo que deberías guardar respeto por su alteza…
- ¿Respeto? – preguntó la mujer, indignada. ¿Tú hablándome de eso cuando no respetas los deseos de la princesa? Sí que eres descarado.
- El príncipe Alvar es un excelente partido.
- ¡Sí, claro! – expresó irónica. – Tan buen partido que viene de unos progenitores desastrosos. Un padre machista que somete a su mujer, la que sólo mira y calla. Ese joven es su vivo reflejo. ¿Eso quieres para Zelda? No puedo creer que hayas sido amigo de su difunto padre, que le falles de esa manera, casando su hija con un tipo despreciable.
- ¡Basta! – gritó el hombre. – Yo le juré al rey que velaría por los intereses de su hija, y esto es lo mejor para ella.
- ¿Lo mejor para ella? – preguntó la mujer, indignada. – ¿Sabes? Sin saber el destino que le esperaba, yo le prometí a la reina que velaría por la felicidad de su hija, que la protegería de todo, pero por tu culpa voy a fallarle… Una vez más me causas pesares, Yago.
Impa se sentía triste e impotente, pues había jurado a la reina no sólo proteger el misterioso poder de su hija de los enemigos, sino de velar por su paz. Por más que pensara cómo, no encontraba la manera de hacerlo.
- Ayer traté de convencer a Zelda que no dé ningún paso, pero por motivos que no te interesan, está decidida a aceptar su destino…
Para su desgracia, la Sheikah vio desde la lejanía como la carroza de Britai llegaba, trayendo consigo al muchacho.
- Me voy. – dijo Impa. – Ve y recibe a la "tan grata" visita.
Impa se retiró del sitio, dejando al hombre con la interrogante por la que fue a buscarla.
Yago se encontraba en la entrada del castillo para recibir al príncipe, sintiéndose orgulloso. A pesar de lo que dijeran Impa o la princesa, contraer relaciones con Britai era algo bastante conveniente para Hyrule, y eso era lo único que le importaba.
Link y los soldados dieron paso a uno de los caballeros del castillo para que abra la puerta de la carroza, dejando bajar al príncipe. Yago se acercó a saludarlo con la debida reverencia.
- Bienvenido sea, príncipe Alvar. – dijo el ministro, cortés. – Es un placer tenerlo en nuestra tierra.
- Cordiales saludos, ministro Yago. El gusto es mío. – dijo el joven. – Mis padres se disculpan por no haber venido conmigo, pero lo harán en la fiesta de compromiso.
Con las palabras del príncipe, al parecer todo era un hecho, y eso a Link lo mataba.
- ¿Y Zelda? – preguntó Alvar. – Estoy ansioso por verla.
- Ella se encuentra en su jardín, esperándolo. – mintió el ministro, ocultando el verdadero sentir de la princesa. – Link es el escolta de su alteza, con gusto lo llevará hasta allá.
El caballero se incomodó ante tal orden del ministro, sabiendo que así se crearía otra razón para que el resentimiento de Zelda aumente, para que termine por odiarlo. No concebía ser el mensajero de su desgracia.
Alvar se dio la vuelta para observar con detenimiento al escolta de la princesa, al hombre que más tiempo pasaba con ella. Por más que aparentara superioridad mirándolo con arrogancia, se sintió acomplejado con él. Descubrió que no era un soldado cualquiera… y eso le molestaba.
- Bien… llévame donde mi prometida.
Tragándose el orgullo, Link escoltó al joven hasta donde su amada. Sin ninguna duda le molestó su manera de mirarlo. Ahora no sólo lamentaba que la mujer que adoraba se comprometiera con otro, sino que sería con un hombre nefasto.
Link no tenía idea la clase de persona a la que estaba custodiando.
Zelda se hallaba en sus jardines tocando su preciada lira, y a diferencia de otras ocasiones, la canción entonada era sumamente triste, casi desgarradora. El enojo mostrado a su escolta no era más que una máscara para defender su dignidad, la que sentía pisoteada por el desprecio de su amor. Aun no podía creer que Link hubiera finalizado todo entre ellos por su absurdo deber, que desmereciera lo que él significaba para ella por miedos tontos. Se sentía muy decepcionada.
Siguió en su entristecida actividad hasta que sintió unos pasos aproximarse. Ilusionada, volteó pensando que se trataba de Link, sin embargo su decepción fue grande al ver que este no venía solo, sino acompañando a un despreciable visitante.
- Hola, Zelda. Es un encanto volver a verte.
Sin su consentimiento, el joven tomó la mano de la joven para besársela, causando en ella incomodidad, pero enorme furia en Link. El caballero sintió la rabia y los celos apoderándose de él. Jamás había vivido algo así. Poco después Alvar se dio la vuelta para observarlo con desprecio y desconfianza.
- Ya cumpliste con tu trabajo, soldado. Puedes retirarte.
- Con todo respeto, yo sólo recibo órdenes de la princesa. Así que me retiraré cuando ella lo solicite.
La osadía de Link causó un gesto de desagrado en el príncipe, quien estuvo a punto de ponerlo en su sitio. Sin embargo, Zelda intervino de inmediato.
- Esto todo, soldado. Puedes retirarte.
Cuánto le dolió sentir la indiferencia de su amada, pero era consciente de su actitud, pues él mismo la había provocado… y era mejor así.
Link se retiró, dejando a la pareja a solas… sin embargo, dando pie a una actitud inmadura y ridícula, decidió esconderse en un rincón para tratar de escuchar su conversación. Sabía que estaba mal, pero no quería dejar a la dama cerca del tipo, pues le daba desconfianza.
Una vez que estuvieron solos, Alvar dejó de lado la supuesta caballerosidad que lo caracterizaba. Tomó a la princesa de la cintura para tratar de besarla, pero esta rápidamente lo detuvo, mostrándose molesta.
- ¿¡Qué te pasa, Alvar!? ¡Respeta! – exigió la joven.
- ¿Qué? – preguntó el joven, soltando una carcajada. – Ahora que se fue tu sirviente podemos estar solos.
- En primer lugar, Link no es mi sirviente, es mi escolta, un soldado de este reino. – aclaró la dama, molesta. – Además no es la primera vez que intentas besarme sin mi permiso. De adolescentes no te lo permití, y ahora no será diferente.
- Pues de adolescentes estaba más que justificado, pero ahora es diferente. - dijo el joven, sonriendo con sorna. – En unos meses serás mi esposa, y quieras o no tendrás que cumplir con las obligaciones que te corresponden como tal. Serás mía.
El puño de Link golpeó con furia la pared que se encontraba cerca de su resguardo. No sólo le molestó lo irrespetuoso que Alvar se comportó con Zelda, sino también su exigencia, como si ella fuera de su propiedad. Con la sangre quemándole y la rabia consumiéndole, siguió escuchando la charla.
Zelda se acercó a Alvar lentamente, caminando de una manera algo provocativa. Fue hasta el oído del joven, causando en él emoción, sin embargo su ilusión se derrumbó ante sus palabras.
- Podré ser tu esposa... – expresó la joven, susurrando. – Pero jamás seré tu mujer. Tenlo presente siempre.
La joven se retiró después de su sentencia, dejando al príncipe consumido en la rabia. Por suerte, Link se había ido antes de que lo descubra, sin haber escuchado lo que ella dijo.
Por otra parte, Alvar se quedó en la misma posición, mientras asimilaba las palabras de la princesa. Se sentía totalmente humillado en su hombría.
- ¿No serás mi mujer? Eso está por verse…
Link caminó hasta la zona de entrenamiento, frenético e histérico. Estaba tan ahogado en su rabia y frustración que se chocó con Impa en el camino, causando que casi tropiece. Por suerte pudo detener su caída a tiempo.
- ¡Lady Impa! – se exaltó Link, ayudándola a reincorporarse. – Lo lamento tanto, no me di cuenta.
- Tranquilo, muchacho. – respondió la mujer. – Te noto exaltado, ¿todo bien?
- Yo… – respondió nervioso, tratando de recuperar la compostura. – Estoy bien, no tiene de qué preocuparse.
- Claro que tengo motivos para preocuparme. – dijo Impa, desahogándose. – Sé que ya llegó el príncipe Alvar por la mano de la princesa y eso me desconsuela.
Impa siempre se caracterizó por su discreción, sin embargo necesitaba sacar la preocupación por su protegida, quería desahogarse, y que mejor que con Link, que era el hombre de confianza de la joven. Ni siquiera se imaginaba el problema en el que este se encontraba.
- Link, te pido que lo que hable quede entre nosotros. – pidió la mujer, angustiada. – Ayer en la noche hablé con Zelda para que no se deje manipular por el Consejo, sin embargo me dijo que sí se casaría por simple deber, pues el amor ya no le interesaba.
La dolorosa llaga del remordimiento ardió en Link, terrible e implacable. Su actitud había generado en su amada el rechazo a tan hermoso sentimiento, al bálsamo que les daba vida en sus momentos especiales. No se sentía más que un maldito canalla.
- Yo no sé qué decir al respecto, Lady Impa. – dijo Link, tragándose el dolor. – La princesa es la que decide.
- Es que si el príncipe Alvar fuera un buen muchacho, no me preocuparía que se case con él, sin amarlo. – dijo Impa, apenada terriblemente. – Pero no es más que un déspota, un creído y mal criado. Su padre, el rey de Britai, es un machista que se ha dedicado a someter a su esposa a su voluntad, dando ese nefasto ejemplo a su hijo. Me preocupa tanto cómo tratará a Zelda cuando sea su mujer… no quiero imaginar nada.
La sangre de Link hirvió con cada palabra de Impa, sobre todo la última frase. No podía concebir a Zelda mancillada por un hombre tan despreciable. Por un instante quiso revertir la situación, dando rienda suelta a las mil y un locuras que pensó para salvarla… pero el deber lo detuvo, el honor a su promesa lo hizo reflexionar, tragándose el vómito de su suplicio.
- Lamento tanto su pesar, Lady Impa. Y le aseguro que este tema no será hablado por mí.
- Gracias, Link. Disculpa por hablarte de temas que no son de tu interés, pero necesitaba hacerlo.
- Siempre será un placer escucharla. – dijo Link. – Ahora si me disculpa, me retiro a entrenar.
Fingiendo una fatua fortaleza, Link se retiró, dejando a Impa consternada con sus males.
Las semanas transcurrieron tortuosas y despiadadas para la separada pareja, quienes a pesar del dolor, siguieron con sus vidas. La escolta de Link para Zelda se había reducido, pues Alvar se dedicaba a acompañarla para todas sus actividades académicas y administrativas. Con educación y altura, la joven logró esquivarlo en muchas ocasiones, demostrándole su desprecio e indiferencia.
Aquellos rechazos causaban en el príncipe rabia e indignación, incredulidad a que la dama se diera el lujo de despreciar a un hombre como él, tan atractivo y de abolengo. Por su vida pasaron miles de mujeres y ninguna lo había rechazado como ella, y eso lo aplastaba y denigraba.
El heredero de Britai, por más nobleza que tuviera su título, no era más que un promiscuo mujeriego; incluso por las noches, sin que nadie se enterara, enviaba a súbditos del reino, a los que compraba con rupias o atenciones, a traer mujeres a sus aposentos, tratando así de demostrar la virilidad que Zelda se dedicaba a minimizarle. Necesitaba sentirse más hombre ante sus desprecios.
Ya se estaba cansando de los vejámenes de la princesa. Iba a ser su esposa, así que tenía todos los derechos por sobre ella, así se negara.
Ya era el momento de demostrarle quién mandaba en la relación…
Al anochecer, Alvar se dirigió a la biblioteca, sabiendo perfectamente que a esa hora la princesa se encontraba ahí, sola.
- Buenas noches, prometida mía. – saludó el joven, fingiendo cortesía. - ¿Aun leyendo?
- Si. – respondió la princesa, seca y desinteresada. - ¿Podrías darme espacio para esto, por favor?
Aprovechando que la dama estaba adentrada en su lectura, el príncipe comenzó con su canalla acción. Sacó de su bolsillo un pañuelo embebido con una sustancia, la que en el pasado había utilizado con varias mujeres que deseó a su merced; rápidamente lo colocó en el rostro de la princesa, causando que esta intente zafarse de su agarre, desesperada.
- Tranquila… cálmate. – dijo el hombre, sonriendo y conteniendo a la dama. – Nadie va a escucharte, preciosa. Conmigo estarás en buenas manos.
Sólo bastaron pocos segundos para que Zelda caiga inconsciente en manos de su depredador, el que la miraba con hambre y deseos descarnados.
- Vamos a mis aposentos, querida. – dijo Alvar, cargando a la joven. – Aprenderás que las cosas no son como te da la gana.
Comentarios finales:
Hola a todos, un nuevo Lunes junto a ustedes.
En este capítulo han podido conocer a Alvar, un joven hermoso por fuera, pero podrido por dentro. Como podrán haber leído, sus antecedentes son nefastos, es un promiscuo, machista y abusador, y al sentir que una mujer como Zelda lo rechaza, hizo uso de sus bajezas, y ahora ella se encuentra vulnerable en sus garras.
Ahora, referente a Link y Zelda, entiendo que odien la actitud de ambos, pero cada cual demuestra dignidad, por más que se sientan destrozados. En el caso de las mujeres, si nos rechaza el que amamos, actuamos así, dignas y altivas para no mostrarnos heridas, y en cambio el hombre, por tendencia a guardarse sus pesares, tiende a alejarse cada vez más.
Muchas gracias a todos por sus comentarios, los aprecio muchísimo y me hacen muy feliz.
Un abrazo ^^
