Capítulo 31
A la mañana siguiente, cuando despertaron el cielo estaba tremendamente encapotado y soplaba un aire gélido. El día era muy desapacible. Y la joven, viendo las botas rotas de los pequeños, dijo dirigiéndose a Matsuura:
—Voy a acercarme de nuevo a la tienda de Saint Andrews. Los niños necesitan algunas cosas más y creo que allí puedo conseguirlas a un buen precio.
—¿Quieres que te acompañe Gilroy? —preguntó él.
Sakura negó con la cabeza, pero el aludido afirmó:
—Pues va a ser que sí.
La joven maldijo. Desde que Siggy había llegado a su vida, no había podido estar ni un solo segundo a solas, y cuando iba a protestar, Matsuura indicó:
—Id juntos a pie.
—Pero...
—Sakura —insistió el japonés—, mientras tú vas a la tienda de ropa, que Gilroy compre algo de leche, habas y cereales. Lo necesitamos.
La joven finalmente accedió y, tras despedirse de su tío y de los pequeños, que se quedaban en el bosque, se dirigió con Gilroy hacia Saint Andrews.
Cuando llegaron a la ciudad, la joven lo miró y dijo:
—Volveré cuando termine. Tú regresa en cuanto compres lo que tío Matsuura te ha pedido. No me parece bien que esté solo con los tres niños.
Gilroy asintió y, sin decir más, se marchó mientras ella se dirigía hacia la tienda.
—Sakura..., ¿qué se te olvidó? —preguntó la vendedora con amabilidad al verla entrar.
Sin dudarlo, y consciente de que ya no le quedaban muchas monedas, la joven adquirió algunas cosas para los pequeños con la ayuda de Maya. Si iban a estar con ella, lo mínimo que podía hacer era cuidarlos como era debido. Cuando acabó, tras despedirse de la muchacha, salió a la calle.
El viento soplaba ahora con más fuerza y unas feas nubes negras encapotaban el cielo.
En el mar Sakura sabía interpretar el cielo, pero en tierra era diferente, y, sin poder remediarlo, sonrió cuando oyó:
—Esa preciosa sonrisa solo puede ser de mi Naori.
De inmediato, se dio la vuelta y, sorprendida al ver quién estaba a escasos metros de ella, dijo:
—Tío Kakashi..., pero ¿qué haces tú aquí? ¡Por Yemayá!, ¿es que os habéis vuelto locos?
El hombre se acercó a ella encantado y, tras abrazarla, indicó:
—Podría decirte que pasaba por aquí, pero...
—Por las barbas de Neptuno..., le dije a Asuma que os marcharais de Escocia. Aquí estáis en peligro.
El francés sonrió y, sin darle importancia a lo que aquella decía, preguntó:
—¿Estás bien?
—Estaré bien cuando os alejéis de Escocia.
—¿Cómo está la chiquitina y los otros niños?
—Bien. —Sakura resopló, pero de inmediato preguntó con interés—: ¿Y papá?
Kakashi suspiró y contestó bajando la voz:
—Insoportable.
La joven asintió, y entonces aquel dijo:
—Así que tres niños, ¿eh?... Por Dios, Naori, a este paso formarás una familia numerosa.
Sin poder evitarlo, ella rio.
—Les buscaré un hogar a todos antes de regresar.
Durante varios minutos estuvieron charlando del tema, hasta que él comentó:
—Naori, quiero que sepas que estoy muy enfadado porque tú sola te enfrentaras al gusano de Indra.
—Por favor, tío, ¡no comiences tú también! —gruñó ella.
Kakashi resopló y, dejando un momento de lado el asunto, señaló:
—Dan también está aquí y no piensa marcharse sin verte y hablar contigo.
Ella lo miró boquiabierta. Pero ¿es que se habían vuelto todos locos? ¿Acaso sus tíos no pensaban en su seguridad?
—Tranquila —se apresuró a añadir él al ver su gesto de sorpresa—. Los barcos están fondeados lo suficientemente lejos como para que nadie repare en ellos, y en cuanto a Dan, entiende que también se preocupe por ti.
—¿Dónde está?
Kakashi miró más allá, donde había una taberna, y empezó a decir:
—Naori, creo que...
—¡Sakura!
Al oír aquella voz que pronunciaba su nombre, la joven se tensó y, dándose la vuelta, vio que Sasuke la miraba y se alejó con disimulo de Kakashi mientras este se marchaba.
—¡Por Tritón! —exclamó—. ¿Qué haces tú por aquí?
Sasuke, que había oído que el hombre que se alejaba a toda prisa la había llamado Naori, estaba confuso. Era la segunda vez que la veía hablar con alguien que la llamaba por un nombre distinto del suyo y, cuando iba a decir algo, Suigetsu, Naruto y Temari aparecieron también.
—Ya sé que tú no prometes —dijo la rubia con retintín—, pero no pensé que te fueras a ir así.
Sorprendida por ver a aquellos allí, Sakura no supo qué responder, y Temari cuchicheó:
—¿Y qué es eso de que eres la sobrina del gobernador y no me lo habías dicho?
—A ver... —musitó ella sin dar crédito.
—Que sepas que tu tío y tu tía también están aquí —añadió la rubia.
—¿Dónde? —preguntó ella en un sinvivir.
Suigetsu, Sasuke, Temari y Naruto se miraron. Con su respuesta, Sakura acababa de confirmarles que aquellos eran sus tíos.
—Fueron directos al hostal donde nos alojaremos —indicó Naruto.
Boquiabierta, la joven no sabía qué pensar. Por un lado, acababa de ver a su tío Kakashi, quien le había dicho que Dan la esperaba en la taberna del fondo, y al mismo tiempo Sasuke, Temari y los demás habían aparecido en la ciudad junto a Hashirama y Mito, que seguían con aquello de que eran familia. ¿Se podía enredar más la cosa?
Sin poder evitarlo, miró a Sasuke, que la observaba con su habitual gesto serio. Verlo de nuevo era un auténtico placer, pero entonces, sintiendo que el cuerpo se le calentaba en un instante, miró a Temari, que estaba a su lado, y aclaró:
—Tenía que traer a los niños a Saint Andrews con su tío. —Su amiga levantó una ceja con ironía y Sakura finalmente dijo—: Vale, lo hice mal. Os pido disculpas a todos.
A continuación, durante unos instantes todos guardaron silencio hasta que Naruto propuso:
—Hace frío. Vayamos a comer algo. ¿No tenéis hambre?
Todos se apresuraron a asentir, y mientras Suigetsu, con galantería, le cogía a Sakura de las manos los bultos con las prendas de ropa que había comprado, la joven sugirió:
—Podríamos ir a esa taberna.
—Mejor aquella —repuso Sasuke.
Pero ella, al ver que señalaba otra, insistió dispuesta a ver su tío Dan:
—Prefiero esa.
—Créeme —añadió el vikingo—, he estado ya aquí y es mejor la comida de donde yo digo.
Pero Sakura se negó en redondo. Quería ir al lugar donde sabía que estaba su tío, y mirando a Sasuke, gruñó:
—¿También tienes que cuestionar el lugar que yo proponga?
Sin entender su reacción, y al ver sonreír al resto del grupo, él finalmente accedió.
—Muy bien. Vayamos a donde tú dices.
Sakura echó a andar en el acto. En su camino, mientras Temari hablaba, ella pensaba qué hacer para acercarse a su tío Dan sin levantar sospechas. Lo conocía y sabía que, hasta que hablara con ella, no se iría de allí.
Al entrar, miró con curiosidad a su alrededor y enseguida lo localizó sentado a una mesa al fondo a la derecha. Sus miradas se encontraron y, sin poder remediarlo, le sonrió.
Sin separarse de los demás, Sakura se sentó a una mesa con ellos y, una vez que pidieron algo de beber y de comer, Naruto iba a preguntarle por Hashirama cuando comenzó a decir:
—No he podido dejar a los niños con su tío.
—¿Por qué? —quiso saber Temari.
Rápidamente la joven le contó lo acontecido, y cuando terminó, Sasuke musitó:
—Los prejuicios que tienen algunos van en contra de la unión.
Suigetsu y Naruto asintieron, y el segundo dijo:
—Si ya entre escoceses, por ser de diferentes clanes, en ocasiones nos matamos entre nosotros, ¿cómo pretendéis que pensemos bien de un pueblo como el inglés, que nos asesina? Tú mismo odias a los Uzumaki —añadió mirando a Suigetsu.
Al oír eso, Sakura lo miró y, recordando cómo había reaccionado él al conocer a Karin, preguntó:
—¿Por qué odias a los Uzumaki?
Suigetsu dio un trago a su bebida y luego respondió mirándola:
—Esos malditos nos arrebataron de malas maneras unas tierras que lindan con las que Naruto le regaló a Sasuke. ¿Cómo no voy a odiarlos?
—¿Cuándo ocurrió eso? —preguntó Temari curiosa.
—Antes de que yo naciera. Se las quitaron a mi tatarabuelo.
Sorprendida, Sakura soltó una carcajada, aquello era de locos, y al instante preguntó:
—¿Y qué culpa tienen los Uzumaki de ahora de lo que hicieron sus antepasados?
—Ser Uzumaki... —siseó Suigetsu—. ¿Te parece poca culpa?
Temari resopló y luego cuchicheó molesta:
—Uzumaki, Hōzuki, ingleses, escoceses, vikingos..., por el amor de Dios... Lo que nos separa es la procedencia, el lugar donde nacemos o la familia, cuando creo que debería primar que somos personas. Ni todos los escoceses son malos, ni los ingleses, ni los vikingos, ni los Uzumaki, ni los Hōzuki. Las personas deben hablar, entenderse. Mientras eso no ocurra, nada cambiará y la gente seguirá muriendo simplemente por ser de otro país, otro clan u otra religión.
Sakura asintió. Estaba de acuerdo con ella.
De pronto, vio pasar a Maya, la chica de la tienda. Con disimulo, la siguió con la mirada y, cuando vio que se metía en la cocina, rápidamente sonrió. Ella le serviría para poder encontrarse con su tío a solas, y, mientras sus amigos seguían hablando sobre el tema, dijo poniéndose en pie:
—Voy a pedirle a la posadera un poco de agua.
—Yo se la pediré —se ofreció Suigetsu.
Al oír eso, Sasuke lo miró, y Sakura indicó con una encantadora sonrisa:
—Gracias, Suigetsu, pero Maya es amiga mía y quiero preguntarle algo sobre el estofado que hemos pedido antes de que me lo sirvan.
Él asintió y acto seguido ella se alejó; en ese momento Naruto miró a Suigetsu y, consciente de lo que había hablado con él, preguntó con mofa:
—¿Desplegando tus encantos con Sakura?
Suigetsu sonrió y, tras mirar a Sasuke, que se hacía el despistado, repuso:
—Es una mujer bonita y agradable, y como veo que Sasuke no quiere nada con ella... ¿Por qué no?
Según dijo eso, el vikingo lo miró.
—¿Te importa? —le preguntó entonces Suigetsu.
Molesto, Sasuke se revolvió en su asiento y, consciente de que aquellos esperaban una respuesta, finalmente dijo:
—Puedes hacer lo que te venga en gana.
Temari ni siquiera se inmutó al oírlo. Cada vez tenía más claro que a su cuñado le atraía Sakura, pero si lo decía, él lo desmentiría.
—Qué bonita pareja hacen Suigetsu y Sakura, ¿verdad? —comentó en cambio dirigiéndose a Naruto.
—Preciosa —afirmó él observando el gesto molesto del vikingo.
Estaban riendo por aquello cuando Naruto se levantó de pronto.
—¡Por san Angus, padre Murdoch, ¿qué estáis haciendo aquí?!
Todos lo miraron sorprendidos. Aquel se había marchado con Neji, Gaara y sus mujeres días antes.
—Alabado sea Dios... —exclamó el religioso acercándoseles—, ¡qué alegría encontraros por estos lares! —Y, tras engullir una copa de vino que cogió de la mesa, añadió—: En el camino me enteré de que el padre Corwen de Saint Andrews se encontraba bastante enfermo y vine a visitarlo. Por suerte, los rezos y los cuidados han logrado que se recupere, y ya iba a partir hacia Keith.
—La fortuna ha hecho que nos encontráramos. —Temari sonrió.
—La fortuna y mis rezos, hija. He rezado mucho para no hacer el camino solo. Ya sabes que la valentía no es lo mío.
El cura sonrió. Viajaría mucho más tranquilo si lo hacía en compañía de aquellos valerosos guerreros. Sin duda, ese era su día de suerte.
Cuando Sakura llegó a la barra, rápidamente Maya sonrió al reconocerla. La muchacha le contó que su marido regentaba el local y, gustosa, Sakura le pidió un vaso de agua.
—Mujer..., ¿qué tengo que pagarte por el estofado? —Era la voz de su tío Dan, que estaba a su lado.
—Una moneda, señor —respondió Maya.
Sakura, viendo lo difícil que sería hablar con él allí, le preguntó:
—¿Está buena la comida?
Él se apresuró a mirarla y contestó:
—Bastante buena.
Durante unos segundos ambos se miraron sonriendo, y luego Sakura dijo dirigiéndose a Maya:
—¿Sabes si lleva vino el estofado?
Ella dudó y, pidiéndole un segundo con un gesto, repuso:
—Voy a preguntárselo a mi marido.
La joven se alejó, y Dan, consciente de que ese era su momento, susurró:
—Tsunade, amore mio... ¿Cómo estás?
Emocionada al oír aquella voz que tantas veces la había arrullado, la muchacha se apresuró a decir:
—Por las barbas de Neptuno, tienes que marcharte de aquí. Si alguien te reco...
—Tranquila, todo está bien.
—¿Bien? ¡Por Yemayá! Kayui Ringo hizo correr la voz de que habíais sido vosotros los que habíais matado a esa gente en aquel pueblo. Eso, sin contar con que Indra, antes de morir, ya comenzó a decir que había avistado nuestros barcos cerca de la costa y...
—Tsunade, tranquila.
—¡¿Cómo que «tranquila»?! Pero ¿acaso no veis el peligro que corréis? Ese tipo, Kayui, sin duda volverá a hacer de las suyas y...
—Eso ya está solucionado —la cortó Dan sonriendo.
—¿Qué dices? —cuchicheó Sakura.
—Lo que oyes. Ni Indra ni él volverán a molestarte más.
Boquiabierta, ella parpadeó y, tomando aire, susurró:
—¿No lo habréis...?
Dan sonrió y, antes de que aquella pudiera terminar, añadió:
—Él, su tripulación y su barco descansan en el fondo del mar. Y lo mejor, tus manos están limpias de su sangre.
Sakura negó con la cabeza. ¿En serio? Primero Hashirama lo había hecho con Indra y ahora ellos con Kayui. Pero ¿acaso no sabían que la venganza era suya?
—¡Maldita sea, tío!
—Tsunade...
—Pero...
—Tú te ocupaste de Indra y nosotros de Kayui. Tema zanjado.
Maya regresó en ese mismo instante y Dan, que no la vio, continuó:
—Tsunade..., Tsunade..., amore mio, tranquila.
—El estofado lleva vino —señaló la joven sorprendiéndolos.
Sakura asintió y su tío, tras guiñarle un ojo, se marchó con disimulo.
Alterada por lo que Dan le había contado y preocupada por tenerlos rondando por Escocia, Sakura regresó a la mesa, donde proseguían hablando, y al ver al padre Murdoch lo saludó.
En silencio, y sumida en sus propios pensamientos, la joven los oyó hablar durante un buen rato; cuando Maya se acercó a su mesa y, tras depositar sobre ella los platos de estofado, miró a Sakura y dijo poniendo frente a ella unos viejos guantes de lana:
—Se los ha dejado el hombre que te llamaba Tsunade.
Eso hizo que todos volvieran la vista hacia ella.
—¿Tsunade? —preguntó Temari.
Sakura la miró, y Sasuke, incapaz de callar, soltó:
—Kurenai, Naori, sobrina del gobernador Hashirama y... ¿ahora también Tsunade?
Sakura se lo quedó mirando sorprendida. ¿Cómo sabía todo aquello?
Ver el desconcierto en su mirada hizo que el vikingo le aclarase:
—Lo oí. Se lo oí decir a esos hombres con los que hablabas.
Todos la miraban esperando una explicación. Sabía que decir la verdad era extremadamente complicado, pero decidió intentarlo para comprobar su efecto.
—Lo creáis o no, me llamo así —declaró la joven.
—¿Acaso eres de la realeza? —se mofó Suigetsu.
—La mentira es la antesala para que el demonio entre en tu cuerpo, muchacha —cuchicheó el padre Murdoch.
Oír eso hizo que Naruto y Suigetsu sonrieran. De pronto, se les acercó un hombre y, tras pedirle al cura que lo acompañara, este se alejó. Luego los buscaría.
Sasuke observaba a Sakura con gesto serio. Sin duda lo que había soltado había sorprendido a la muchacha.
—Si no vas a decir la verdad, es mejor que no digas nada—opinó Temari mirándola—. Resulta insultante contar solo mentiras, ¿no te parece?
La aludida asintió. Como era de esperar, no la creían, nadie que no fuera hija de reyes tenía tantos nombres como ella; por ello, buscó una mentira que pudiera ser creíble, pero en ese momento oyó a sus espaldas:
—Querida sobrina, ¡qué alegría encontrarte!
Al volverse se encontró con los rostros sonrientes de Hashirama y Mito. Rápidamente se levantó, los abrazó y, tomando aire, al comprobar que los demás los observaban, preguntó:
—Pero ¿qué hacéis vosotros aquí?
—Oímos lo ocurrido en Sambery y tu tío se inquietó —contó Mito.
Ella los miró sin dar crédito y luego repuso:
—Tío Hashirama..., no seas tan... agobiante.
Él asintió y entonces Sakura, mirando al hombre que estaba tras ellos, lo saludó con una sonrisa:
—Hola, Evander.
—Hola, Sakura —respondió él complacido—. Me alegra volver a verte.
De inmediato, la muchacha se le acercó y ambos comenzaron a hablar y a bromear. En los días que habían estado en Lanark se había creado una buena sintonía entre ellos.
Observar la complicidad que tenían incomodó a Sasuke, y cuando Sakura regresó de nuevo a la mesa y se sentó, el vikingo, malhumorado, la asió de la mano y preguntó:
—¿Y por qué siendo la sobrina de quien eres viajas en...?
—Porque me da la gana, y suéltame si no quieres que te arranque las orejas —lo cortó ella sin dejarlo terminar.
Todos se miraron entre sí, y entonces Hashirama, para relajar el ambiente, en especial con aquel hombre pelinegro, terció:
—¿Está bueno el estofado aquí?
—Buenísimo —dijo Sakura, que, dejando de mirar a Sasuke, preguntó—: ¿Quieres estofado, Evander?
El guerrero sonrió, pero, tras ver la mirada de Sasuke, se apresuró a decir:
—Gracias, Sakura, pero debo regresar con mis hombres.
Una vez que él se marchó, a cada segundo más enfadado por las atenciones que aquella le prestaba a Evander, el vikingo insistió:
—No comprendo que quieras viajar como una mendiga ni...
—Tú, precisamente tú..., no tienes que entender nada —lo interrumpió de nuevo ella.
—Eres una mujer. Vendes joyas —continuó Sasuke—. ¿Acaso tus padres no son conscientes de los peligros que puedes encontrarte en el camino?
Hashirama resopló. Por mucho que quisiera ayudarla, había cosas que era difícil responder, pero, sin saber por qué, terció:
—A ver, muchacho, creo que...
—Mis padres murieron —lo cortó Sakura—. Y ahora, Sasuke, ¿serías tan amable de dejar de preocuparte por mi vida, o tengo que levantarme de la mesa y marcharme para que me dejes en paz?
—Eres una insolente ¿Lo sabías?
Sakura asintió.
—Mejor no te digo lo que eres tú.
Él abrió la boca para protestar, Ingrid no le había contestado así en la vida, pero aquella, gesticulando con las manos, siseó:
—¡Por Tritón, fíjate en aquella mujer, tiene un precioso pelo rubio, como a ti te gusta, y olvídate de que existo!
Oír eso hizo que todos se miraran. Aquello parecía una riña de enamorados, y Temari, intentando apaciguar los ánimos, cambió de tema.
—Sakura, Naruto ordenó vigilar El Tritón Rojo y pudo comprobar que lo que dijimos era cierto.
Haciéndose la sorprendida, ella asintió. Y, evitando desvelar lo que su tío Dan le había informado sobre Kayui, oyó que Naruto decía:
—Mis hombres me han contado que tres barcazas procedentes de El Tritón Rojo dejaron esa madrugada a unas tres docenas de personas en una playa. Interceptaron a algunos de ellos y les explicaron que los habían cogido en Berwick y que pensaban venderlos en Asia como asegurasteis vosotras. También confirmaron que ni Kizashi Haruno ni su hija habían tenido nada que ver en ello.
Hashirama se atragantó al oír ese nombre, y entonces Temari añadió:
—El farol que le soltaste a Kayui al decirle que el gobernador Senju iría a su barco ¡hizo efecto!
Sorprendido por aquello, Hashirama miró a Sakura, que afirmó:
—No le conté que eras mi tío, pero sí le dije que lo machacarías.
El hombre sonrió. Le gustaba que Sakura comenzara a tenerlo presente en su vida, y, desviando el tema para que la situación en la mesa se relajara, se interesó por lo que Naruto y los demás tenían que contarle en referencia a lo descubierto en el barco de Kayui Ringo.
Sasuke, molesto y enfadado por lo ocurrido entre él y la joven, calló mientras sentía cómo, extrañamente, el corazón se le desbocaba al verla sonreír.
Pero ¿qué le ocurría con aquella mujer, que mentía con más frecuencia que respiraba?
