Capítulo 11: La locura

Su entrenamiento había acabado más tarde de lo planeado, incluso por sobre la jornada de sus compañeros. Link intentó sacar con esfuerzo físico todos los pesares que lo atormentaban, pero nada de eso fue posible. La pérdida de la mujer que amaba lo apuñalaba en lo más profundo de su alma.

La extrañaba, su mente no tenía pensamiento para otra cosa que no fuera ella. La sombra de sus besos aún seguía presente en su boca, su aroma impregnado en su piel, alborotando todos los prohibidos deseos que le nacían al tenerla cerca, y que muchas veces reprimió para no irrespetarla, para no iniciar con ella un desquiciado camino sin retorno.

Ante tan pasionales imágenes, de inmediato llegaron las indeseadas. Alucinó a las manos de Alvar encima de la joven, tocándola y mancillándola con su procacidad, con aquella repulsiva conducta que enlodaba el honor de cualquier hombre decente.

No lo toleraba… no soportaba visualizar a Alvar manchando la pureza de la mujer que amaba. Hizo un esfuerzo sobrehumano para contener sus arcadas.

Una vez logró calmar algo la furia que lo carcomía, se disponía salir del campo de entrenamiento, sin embargo una imagen a la distancia lo detuvo. Se acercó un poco para observarla, estremeciéndose en el acto. En uno de los pisos superiores del castillo, el correspondiente al camino a la biblioteca, vio como Alvar se escabullía por las sombras con la princesa en sus brazos, quien parecía dormida.

Su corazón se detuvo por un segundo al pensar en lo más doloroso, en creer que su amada había consentido que semejante barbaján la conozca. Sin embargo, al mismo tiempo nació una duda, un ápice de pavor al imaginar una acción impensable e imperdonable, capaz de despertar en él la peor de sus versiones.


Alvar adentró sus aposentos con la inconsciente princesa. Se sentía ansioso, deleitado al imaginar todo lo que iba a hacerle ahora que se encontraba a su merced, sin impedimentos para hacerla suya.

- Princesa… hermosa princesa. – dijo Alvar, jadeando de ansias. – Tantos rechazos y desprecios de tu parte… ¿A mí? A mí que soy el sueño de cualquier ramera que se me cruza, que siempre he tenido a la mujer se me ha dado la gana. Te has creído demasiado, pero ahora serás mía y te va a gustar.

El príncipe acostó en su cama a la princesa, quien comenzó a quejarse con debilidad debido a su estado, pero aun sin poder moverse. Alvar se quitó la camisa y se colocó encima de ella, aspirando su aroma con suma demencia. Cómo le encantaba aquella criatura que en tan sólo segundos haría suya, a la que le otorgaría el honor de sentirse mujer por primera vez.

- Qué apetecible estás, princesa…

Alvar comenzó a desabotonar el vestido de la dama, deseoso y hambriento por ver el encanto de su desnudez, la que siempre imaginó sentir con su asquerosa boca.

Zelda, aun sin poder moverse por el efecto del somnífero, recuperó un poco la conciencia, descubriendo a Alvar encima de ella. A pesar de su confusión, aquella imagen la horrorizó.

- Alvar… – dijo la dama, hablando con dificultad. - ¿Qué haces? ¿Qué me estás haciendo?

- Cállate, Zelda. – dijo el joven, molesto por la negativa de la princesa. – Déjate complacer, no te hagas la difícil.

- Suéltame… déjame… ¡NO ME TO...!

El joven silenció los gritos de Zelda con una bofetada. Ante esa agresión la princesa se aterró más, sintiéndose impotente de no poder hacer nada para evitar ser ultrajada. Alvar la tenía por completo en sus manos.

- ¡TE DIJE QUE TE CALLARAS! – gritó el joven, alterado y ansioso. – Ya estoy cansado de tus desprecios, de tu altivez al no aceptarme. ¿Qué te has creído, princesa? Cualquiera quisiera estar en tu lugar.

- No… No… por favor, Alvar, no me hagas nada. – expresó la joven, llorando y temblando.

- Aún no ha nacido la mujer que me desaire. – expresó el príncipe, riéndose y relamiéndose de gusto. – Ahora serás mía, así que disfrútalo.

- ¡No me toques, imbécil!

Alvar aprovechó la aun inmovilidad de la joven para besar su cuello, asqueándola totalmente. El llanto aterrorizado de Zelda invadió los ecos de la habitación, sintiéndose perdida en las bajas pasiones de su agresor.

Alvar comenzó a desatarse el cinturón para consumar su macabra agresión, sin embargo, un fuerte sonido lo interrumpió. No tuvo tiempo de voltearse a comprobar lo ocurrido cuando un golpe lo tomó de lleno en la cara, tumbándolo al suelo. Al abrir los ojos descubrió al responsable.

- Tú…

Dejándose llevar por su corazonada, Link se acercó hasta los aposentos de Alvar, temeroso de comprobar que Zelda estuviera con él por su propia voluntad. Sin embargo, al escuchar su llanto y los maltratos del hombre, actuó sin meditarlo.

Link agredió al príncipe para después descubrir, para su horror, como Zelda se encontraba inmovilizada, vulnerable y con las ropas rasgadas. Aquella imagen lo sacó de sus cabales, causándole el asco y odio más grandes de su vida. Ver a la mujer que amaba sometida a las inmoralidades del que se supone debía cuidarla le hizo sacar la peor parte de su alma, la más baja y maldita. No pudo soportarlo.

Alvar, enfurecido y limpiando el hilo de sangre de su boca, observó a Link con desmedida furia por haber interrumpido su obra.

- ¿¡PERO COMO TE ATREVES, BASTARDO!? – reclamó Alvar, furioso. - ¿NO TE DAS CUENTA QUE ESTOY CON MI MUJER?

Link tomó a Alvar del cuello para propinarle otra golpiza, irascible y fuera de sí por el horror presenciado.

- Maldito. – expresó Link, irascible. - ¿Cómo osaste a poner tus asquerosas manos encima de Zelda? Pagarás caro el haberla tocado, incluso el haberla mirado.

- ¿Zelda? – preguntó el hombre, sorprendido. ¿Y desde cuando esas confianzas? Lo sabía… estás interesado en ella. Toda una zorra resultó la princesa.

Aquella afrenta fue lo último que pudo soportar. El guerrero tomó de los hombros a Alvar y lo lanzó de golpe al espejo de la habitación, rompiéndolo en mil partes; hiriendo al príncipe y dejándolo inconsciente. Descontrolado y con la mente en blanco, tomó uno de los pedazos rotos, con furia, sin importarle que en el acto se hiriera la mano; agarró al hombre del cabello para enterrarle el objeto en la garganta, pero las suplicas de Zelda lo detuvieron.

- Link… ayúdame… sácame de aquí. – pidió la dama, llorando aterrorizada.

- Zelda…

- Vámonos, no manches tus manos con alguien que no vale la pena. Tú no eres así. – expresó angustiada.

Apretando los dientes con furia, Link reflexionaba lo que debía hacer. Sus deseos de matar a Alvar eran tentadores, pero el llamado de su amada lo impedía… hasta que lo detuvo. Frustrado consigo mismo por no haber cumplido con su meta, por ser tan piadoso, se acercó hasta Zelda para tomarla en sus brazos y llevársela lejos de su agresor, fuera de los desalmados deseos que lo consumían.


La conciencia de Zelda fue retornando poco a poco, al mismo tiempo que su movilidad. Una vez que su mente se clarificó, comenzó a alterarse al recordar la situación a la que Alvar la había sometido, la peor que cualquier mujer podría pasar. Tocó su cuerpo con terror y rechazo, sintiendo como el asco la invadía.

- No… no…

Link, quien se encontraba a su lado en esos momentos, la tomó del rostro para calmarla. El miedo de Zelda fue desapareciendo al encontrarse con su mirada, la única capaz de reconfortar su sufrimiento.

- Tranquila, Zelda. – dijo el joven, angustiado. – Ya estás a salvo… nada va a pasarte.

- Ese maldito… ¡ese maldito me tocó, Link! – gritó la dama, histérica. - ¡No lo soporto!

- ¡No! ¡No! Tranquilízate. – la calmó el joven. – Alvar no logró hacerte nada, no se lo permití. Ahora estás segura en mi habitación.

Sin poder soportarlo más, Zelda se abrazó a su amado y lloró amargamente, con una mezcla de terror y alivio. Por un instante creyó que Alvar habría logrado ultrajarla, mancillado su integridad y alma. Ante la debilidad de su amada, Link la rodeó en sus brazos con fuerza, mientras las lágrimas lo invadían. Se sentía muy culpable por su desdicha, pues si no la hubiera abandonado en su indeseado compromiso, no habría estado expuesta a semejante afrenta.

- Perdóname, Zelda. – pidió Link, llorando y abrazándola. – Todo esto es mi culpa, nunca debí abandonarte.

- Link…

- Si no hubiera sido tan cobarde, si hubiera luchado a tiempo por ti, no estarías sufriendo.

- No vuelvas a abandonarme, por favor. – pidió Zelda, temerosa. – No quiero casarme con Alvar… no puedo.

- No… no lo voy a permitir.

Ante el juramento a su amada, a la mente de Link llegó aquel deseo que por mucho tiempo tuvo reprimido, la locura más inaudita que pudiera cometer. Ya nada lo haría cambiar de opinión, pues dejarse llevar por el deber de su honor no había traído más que desgracias para la mujer de su vida.

- Vámonos, Zelda. – pidió Link, serio. – No pienso dejarte en este lugar.

- Link… ¿estás seguro de eso?

- Nunca he estado más seguro que ahora. – respondió el joven, suspirando y cerrando los ojos. – La pregunta es si tú lo deseas, pues sé que esto es una locura, algo impensable. Es casi una traición al reino.

- ¡No! ¡Yo jamás traicionaría al reino! – exclamó la joven, enojada. – Pero tampoco voy a traicionarme a mí misma. Yo desde hace mucho tiempo no siento a este castillo como mi hogar, y si es así yo ya no tengo nada que hacer aquí.

- Entonces no hay nada más que decir. Ve a tus aposentos y toma sólo lo necesario para huir cuanto antes. Yo haré lo mismo y te esperaré en las caballerizas. – dijo el caballero. – Debemos aprovechar que todos duermen. Alvar, con el golpe que le di, tardará en despertar.

Los jóvenes se retiraron a preparar todo para su huida, desafiando a los deberes, al prestigio y al honor que siempre estuvo por sobre sus corazones. Esa noche aquello había acabado, sin querer imaginar las posibles consecuencias.


Ya no faltaba mucho para la huida. Link esperaba la llegada de Zelda, nervioso, pero con el corazón lleno de ilusión por irse con ella. Aun así tenía miedo, sabía que estaba cometiendo una locura, casi un crimen, pero ya no había vuelta atrás y tampoco quería tomar esa opción. Pidió en su interior perdón a todos los que confiaron en él, sobre todo a Sir Yago, quien lo tenía en un puesto de confianza, aprecio y respeto.

Poco después sus pensamientos fueron interrumpidos por la llegada de Zelda, quien había tardado en llegar más de lo esperado. Ahora portaba una vestimenta totalmente sencilla y libre de joyas. Un simple vestido celeste.

- Zelda, pensé que te habías arrepentido. – dijo Link, preocupado.

- Eso nunca. – respondió Zelda, segura. – Me tardé porque le dejé una carta a Impa explicándole mis motivos.

- ¿¡Qué!? – exclamó Link, preocupado. – No debiste hacer eso…

- Impa tiene derecho de saber por qué me voy. Y sé que ella lo entenderá, pues nunca estuvo de acuerdo de que me case con Alvar.

- Bien, creeré en tus palabras. Ahora, vámonos.

Link ayudó a Zelda a subirse en Epona, para luego hacer lo mismo y alejarse del palacio cuanto antes, dejando atrás todo lo que intentó separarlos.

- ¿A dónde iremos, Link? – preguntó Zelda.

- Por el momento, lejos… lo más lejos posible. – respondió Link. – Tú no te preocupes, pues nada va a faltarnos. Tengo lo suficiente para mantenernos a los dos por un buen tiempo.

- Yo también tengo lo mío, Link. Lo compartiremos.

- Eso es lo de menos, princesa… sólo quiero estar contigo y protegerte.

La princesa aspiró fuerte el aire que golpeaba su rostro, embriagándose por primera vez de la libertad que siempre le fue negada… ahora junto a su amor.


El viaje se dio tranquilo, sin nadie sospechoso que los siguiera. La noche se había tornado muy fría, por lo que la pareja buscó refugio con urgencia.

Tuvieron la suerte de encontrar en el camino un hostal en medio de la llanura, ideal para los viajeros sin rumbo fijo. Link no lo conocía, pero le daba confianza. Sin duda aún les faltaba mucho por explorar en el reino.

Una vez llegaron a la recepción, los atendió un hombre bastante malhumorado que se caía en el escritorio por el sueño.

- Buenas noches, señor. – saludó Link.

- ¿Ah? – expresó el amargado hombre, despertándose. - ¿Qué quieres, muchacho?

- Queremos saber si tiene habitaciones disponibles. – consultó Link, ignorando la actitud del encargado.

- Claro, es un hostal, ¿no? – expresó irónico. - ¿Cuántas desean?

Link se disponía a responder, pero no contó con que Zelda iba a adelantársele.

- Una habitación.

- Bien. Aquí tienen la llave, muchachos. – dijo el hombre.

El caballero pensó que había escuchado mal, pero al ver como el hombre le entregaba la llave a la princesa, quedó estupefacto. Su amada había pedido una habitación. ¿Sólo para ella? ¿Para ambos? Se criticó a sí mismo por plantearse preguntas tan absurdas, mucho más cuando se dio cuenta como ella lo miraba con tanta intriga.

Zelda tomó la mano de su amado para dirigirse con él a la habitación que les correspondía; era sencilla, pero bastante cómoda para ambos. Link aún seguía en trance por lo escuchado hace momentos.

- Zelda… – mencionó Link a su amada, nervioso por la situación. - ¿Por qué elegiste un habitación para nosotros solos?

La joven miró intensamente a su amado, sonriendo. Se acercó hasta a él para abrazarlo y deleitarse con la protección de sus brazos. Link le correspondió uniendo su cuerpo al de ella, mientras su corazón latía desbocado.

- Después de todo lo ocurrido, no tengo dudas de que eres el hombre de mi vida. – dijo Zelda, cerrando los ojos y percibiendo a su amado. – Y es por haber estado a punto de perderte que quiero pertenécete a ti y a nadie más.

El guerrero sintió a la dicha naciendo en su corazón ante las palabras de su amada, mientras los deseos que por mucho tiempo contuvo salían a flote. Acarició el rostro de la dama con dulzura, para después tomarla de la cintura y acercarla a su cuerpo. Las miradas de ambos se cruzaron, estremeciéndose mutuamente desde lo más profundo.

- ¿Estás seguro de eso, princesa? – preguntó Link, extasiado. – Mi amor y deseos por ti están tan contenidos que no creo poder resistirme.

- Ámame, Link. – dijo Zelda, acariciando el rostro de su hombre. – Borra con tus besos las nauseabundas acciones de aquel canalla. Te necesito.

El caballero se aferró a los labios de su amada, con pasión desmedida y desbordada. La dama se dejó llevar por tal sensación, sacando de su mente y corazón los horribles momentos vividos. En pocos segundos las manos inquietas de ambos no dejaban de explorarse, buscando saciar aquel deseo que tuvieron reprimido desde hace tiempo, los que por decoro o apariencia escondieron. Ahora nada les impediría unirse en uno, en una sola alma.

Sin detener sus pasos siguieron besándose y acariciándose, hasta que cayeron en la cama, él encima de ella. Link se deleitó con la mirada de su amada, cargada de inmensos deseos, pero al mismo tiempo de nervios debido a lo nuevo que se venía, a la entrega al amor. El joven se sentía de la misma manera, pero más que dispuesto a tratar a su amada como lo merecía, a ser de ella por primera vez.

La pareja se deshizo con angustia de toda prenda que los cubría, descubriendo a aquellos físicos que por siempre anhelaron, sin imaginar que se deleitarían con tal imagen. Para el joven, el cuerpo de su dama era un encantamiento, un enigma que en varias ocasiones añoró cuando fantaseaba con ella en la soledad de su alcoba, y ahora tenerlo tan cerca, el poder tocarlo y beber de sus favores lo mataba de locura. Por otra parte, Zelda en su totalidad ardía en deseo al observar la masculinidad de su hombre, tan perfecta y compatible con sus deseos, con su ansiedad por sentirlo encima de ella.

Hambrientos de caricias, sedientos de besos, conocieron sus cuerpos con una entrega más allá del abismo, descubriendo los puntos que los enloquecía y los llevaba a palpar el cielo sin siquiera tocarlo, aspirando el aroma de sus alientos chocando, pidiendo más de ellos. No sabían hasta qué punto iba a durar aquello, pero no deseaban que se detenga.

Urgidos de sentirse más afines, se unieron con fervor intenso, adentrándose en la intimidad mutua y placentera. El dolor de la dama no se comparaba a la agradable sensación se sentir a su hombre haciéndola suya, de retorcerse entre sus brazos mientras sus quejidos se volvían ensordecedores, intensos ante ser poseída con dulzura y vehemencia. Los movimientos del caballero se mostraban seguros, suaves y salvajes; poseía los labios de su dama con sed y angustia, deleitándose en la danza de lamidas que lo volvía loco.

En el momento menos pensado el clímax llegó al mismo tiempo para ellos, mortal e inmisericorde, llevándolos a retorcerse y a llenar con sus gemidos la calidez de aquella sencilla habitación, la única testigo de su unión.

Ahora eran una sola alma, un sólo corazón…


Aun no terminaba de asomarse el sol, cuando en el castillo de Hyrule se veía invadido de un gran escándalo. Empleados corrían de un lado a otro para comunicar la destrucción presenciada en los aposentos del príncipe Alvar, quien aún no recuperaba la conciencia.

Al enterarse del desastre, Impa y Yago corrieron directo hacia donde estaba Alvar, ansiosos de comprobar su estado. Cuando llegaron vieron al joven tirado en el suelo y con pedazos rotos de espejo alrededor. Una imagen desastrosa.

- ¡Alteza! – exclamó Yago, preocupado.

Al escuchar el llamado del ministro, Alvar comenzó a recuperar la conciencia. Yago se acercó hasta a este para ayudarlo a levantarse, mientras que Impa se mantuvo a la distancia, preocupada.

- ¿Príncipe Alvar, qué le ha ocurrido? – preguntó el hombre, alarmado.

El joven se demoró unos segundos en asimilar su situación, recordando lo ocurrido la noche anterior, la más humillante de su vida. Fue en ese momento que supo perfectamente qué responder a su favor.

- Sir Yago, ha ocurrido algo terrible. – dijo el hombre, fingiendo preocupación y angustia. ¡Es tan inaceptable! ¡Ese caballero, el tal Link, es el que me agredió de esta manera! ¡Intentó matarme!

- ¿Qué? No… eso no es posible. – expresó Yago, creyendo que sus oídos lo engañaban.

- Y no sólo eso... – siguió el joven. – El muy infeliz abusó de ella, traté de impedirlo pero no pude. ¡Se la ha llevado!

Impa y Yago sintieron que una piedra los demolía por completo ante tremendas e impensables manifestaciones.


Comentarios finales:

Hola, hola…

La parte quizás más bonita ya sabemos cuál fue, el lime. Como siempre traté de hacerlo lo más dulce y apasionado posible. Espero, una vez más, no haberlos decepcionado.

La parte más fea… ahora ya tenemos otro motivo para crear un club de fans de "Matemos a Alvar".

Ya faltan pocos capítulos para que esta historia termine, recuerden que aún quedan temas pendientes.

¡Nos leemos! ^^