Capítulo 15: Lirio de la Calma

Ganondorf…

Aquel nombre hizo eco con fuerza en la mente de Link y Zelda al escucharlo, como si todo a su alrededor se desplomara en una terrible destrucción, significando únicamente lo peor de sus vidas.

La sorpresa de la pareja era tal, que no notaron el momento en el que Impa y Yago llegaron al lugar, preocupados por saber el final de la batalla entre Link y Alvar. Se impactaron de ver al príncipe en el suelo, aunque no esperaban otro resultado conociendo la habilidad del caballero.

Pocos después llegaron un par de soldados, dispuestos a ponerse a las órdenes para lo que se necesitara. Yago les dio una encomienda.

- El príncipe sigue vivo. – dijo el ministro, comprobando el estado del joven, colocando un dedo en su yugular. – Llamen al médico para que lo revise.

- Señor… ¿no prefiere que nos quedemos? – preguntó uno de los soldados, desconfiado, observando al par recién llegado.

Yago miró a Grahim y a Ganondorf con suma desconfianza, sobre todo a este último. No quería que los soldados enfrenten algo que sentía le correspondía a él… y también a Link.

- Retírense y hagan lo que les digo… ahora. – ordenó serio.

Los caballeros, sin refutar, tomaron al príncipe de sus brazos y piernas y se lo llevaron.

Yago observó a Ganondorf con mucha desconfianza, e incluso odio y resentimiento. Aquella mirada ambarina y piel verdosa nunca se había ido de sus pensamientos, la recordaba como si la hubiera visto horas antes.

- Tú eres… eres… – dijo Yago, consternado. – Nunca fuiste el Rey Galen.

- Veo que por fin te diste cuenta; y yo si te recuerdo... – dijo Ganondorf. – En ese tiempo eras un jovenzuelo luchando contra mi horda de monstruos, los que estuvieron a punto de aniquilarte.

- Pero no pudiste salirte con la tuya, pues mi amigo, mi hermano… me salvó la vida. – dijo Yago, retorciéndose con los recuerdos. – Gracias a Leonel estoy vivo. Ganondorf… maldito Ganondorf.

- Pero igual no sirvió de nada. – dijo el villano, riéndose. – Y es por eso que vine a terminar el trabajo que no pude en ese entonces.

Ganondorf dirigió su mirada hacia Link y Zelda, causando en ellos un terrible estremecimiento. Como mecanismo de defensa, el caballero se colocó delante de la princesa para protegerla, causando que el villano lance una carcajada, acompañado por Grahim.

- Como les dije hace unos momentos, me es favorable verlos juntos. – dijo el villano.

- No entiendo... – preguntó Zelda, confundida. – ¿Quién eres tú? ¿Qué buscas de nosotros?

- Desde tiempos inmemoriales he tenido dos acérrimos enemigos, dueños de las reliquias que siempre he deseado, y que necesito para que se complementen a la mía.

Ganondorf alzó su mano derecha, mostrando algo que Link y Zelda conocían perfectamente. En ese momento, las reliquias que les correspondían comenzaron a brillar, causando que el villano se regocije de dicha.

- Eso, muchachos… – mencionó Ganondorf, acercándose poco a poco a los jóvenes. – Lo que resplandece en sus manos son las reliquias de la Trifuerza, el gran poder de las Diosas capaz de cumplir cualquier deseo. Hace muchos milenios se dividió en tres partes, y ustedes, mocosos insignificantes, las heredaron desde que nacieron. La princesa, reencarnación de la Diosa Hylia, tiene la de la sabiduría y el soldado, el Héroe Elegido, la del valor. Esa es la verdad que les han ocultado todo este tiempo por protegerlos de lo inevitable… su muerte.

Los jóvenes se miraron las manos, descubriendo que sus reliquias brillaban con intensidad junto con la de Ganondorf. Impa y Yago se preocuparon ante esa imagen, sabiendo perfectamente lo que significaba.

- Quieran o no sus reliquias serán mías, pues mi deseo de tener toda esta tierra para mí y manejarla a mi antojo, es un hecho. – dijo Ganondorf, riéndose. – Princesa, ¿recuerda el accidente de sus padres?

A Zelda se le erizó la piel al escuchar a Ganondorf mencionar sus padres, no comprendiendo por qué lo hizo. Sin embargo, sintió una rabia incontenible ante eso.

- ¿Cómo sabes sobre la muerte de mis padres?

- Digamos que me vi en la penosa necesidad de provocar su "accidente" porque pensé que viajabas con ellos. – lanzó Ganondorf, sin nada de consideración. – Pero… me equivoqué.

Impa experimentó rabia y desprecio al escuchar la confesión de Ganondorf, mientras que Zelda sintió que su corazón se despedazaba. Aquella fatal noticia volvió a su mente como el primer día, causando que las lágrimas resbalen por sus mejillas, pero al mismo tiempo con la furia naciendo desde el interior de su alma.

- Maldito… – expresó Zelda, dolida y conmocionada. – Tú los mataste, me los arrebataste.

- Pero tranquila, princesa. – intervino Grahim, fingiendo preocupación. – Le aseguro que ninguno de ellos sufrió, pues su muerte fue instantánea. ¿Cómo cree que iba a dejar que tan nobles seres agonicen dolorosamente?

La princesa no pudo contener más su dolor, por lo que un fuero interno comenzó a encenderse dentro de ella. La reliquia de su mano brilló con mayor intensidad, causando que todo su cuerpo se ilumine con una cálida, pero mortal energía.

Furiosa, sin pensarlo ni planearlo, creó una esfera de energía en sus manos y la lanzó a los villanos. Ganondorf pudo esquivarla, pero Grahim la recibió de lleno; para su suerte pudo repelerla con su capa, y ante eso se rio a carcajadas en cara de la princesa.

La furia y el dolor por la muerte de sus padres despertaron en ella el poder que yacía dormido en su interior. Link quedó sorprendido ante eso, pero Yago e Impa sabían que eso ocurriría en algún momento.

- ¡Ja! Tonta mocosa. – expresó Grahim, burlón. – Parece que necesitas que te enseñe a respetarme, mucho más ahora que has manifestado tu poder.

Ante el comentario del Señor de los Demonios, Ganondorf chasqueó los dedos y desapareció con Link. Se posicionó con él a varios kilómetros de Zelda y compañía, pero no lo suficiente para que él pueda observarlos y deleitarse con la diversión que Grahim iba a tener con ellos; adicional a lo que él tenía preparado.


El Señor de los Demonios no tenía ningún inconveniente en enfrentarse a Zelda, Impa y Yago a la vez, pues a diferencia de Ganondorf, él tenía la capacidad de actuar sin tener que ensuciarse tanto las manos; como ya lo había demostrado el día que atacó a Link y a sus compañeros.

Grahim creó una horda de Bokoblins para dar a los tres una "encantadora bienvenida", curioso de saber cómo iban a enfrentarlos.

- Mis esclavos se encargarán de ustedes, trío de infelices. – dijo Grahim, zarandeando su fleco. – No pienso deshonrarme tocando a seres tan inferiores.

Zelda, irascible, le lanzó una mirada amenazadora a Grahim, para después darle una señal a Impa y a Yago, que ellos entendieron perfectamente.

- ¿Eso crees, imbécil? – preguntó Zelda, enojada.

- ¿Insultando? – preguntó Grahim. – No sabía que la princesa fuera "tan educada".

- ¡Cállate, engendro! – gritó Zelda. – Yo puedo enfrentarte perfectamente, mientras que Impa y Yago se encargarán de tus miserables súbditos.

- ¿Una mujer contra mí? – se burló el demonio. – Eso es algo que sí quiero ver… pero no creas que por tu condición tendré piedad. Eres mi enemiga y obtendré de ti lo que más me importa; tú poder.

- Ven por él, entonces…

Zelda y Grahim se abalanzaron el uno al otro, sin esperar a que alguno comenzara primero el ataque, mientras que Yago e Impa se colocaron espalda con espalda para enfrentar a los monstruos, sintiéndose extraños por tal cercanía.

- Me es honorable pelear junto a ti, Impa. – dijo el hombre, serio.

- No pienso decir nada al respecto. – respondió ella, avergonzada.

Y así, Zelda comenzó una danza de espadas con el Señor de los Demonios, mientras que Impa y Yago se encargaban de lo demás.


Ahora que Ganondorf había separado a Link del resto, se sentía satisfecho, dispuesto a confesarle todo sin anestesia, sin la más mínima delicadeza. Pretendía debilitarlo emocionalmente antes de iniciar sus agresiones físicas.

- Seguramente Yago, quien fue caballero del reino, te confesó cosas de tu pasado. – dijo Ganondorf, serio. – Sin embargo, creo que él no te ha contado toda la historia, por falta de tiempo, de valor o lo que sea…

- ¿A dónde quieres llegar con esto, Ganondorf? – preguntó Link, enojado. – Dices ser mi enemigo de antaño por la reliquia que poseo, intentaste asesinar a Zelda por eso, e imagino que conmigo buscas lo mismo.

- Por supuesto… tal y como lo intenté hace veinte años.

Link quedó en silencio con las palabras del villano, ansioso por escucharlas, pero al mismo tiempo temeroso, pues sabía que su pasado estaba lleno de dolor por las circunstancias en las que encontraron a su madre muerta, con él en sus brazos.

- Tu padre era un reconocido caballero del reino, o algo así. – inició Ganondorf con su tortuosa charla. – Y por el linaje que él ha arrastrado de generación en generación, las Diosas decidieron que tú, como su hijo, heredes la esencia del Héroe Elegido por las Diosas, y por eso posees el fragmento del valor.

Link volvió a observar el fragmento de su mano, temblando ahora que lo veía resplandecer. Después de eso siguió escuchando a Ganondorf.

- Tus padres sabían de tu poder, y por eso te protegieron más que a nada. – continuó el villano. – Sin embargo, no contaron con que te buscaría por todos lados, arrasando con la ciudadela del palacio.

- Qué…

- Aún recuerdo cómo tu padre se interpuso entre uno de los esbirros para evitar que la flecha los atravesara a tu madre y a ti. – expresó el Rey del Mal, riéndose con sus recuerdos. – A pesar que ya era tarde, pues su mujer ya había perdido mucha sangre como para sobrevivir a toda esa masacre. Aun me sorprende que haya podido salvarte.

- Maldito… tú arruinaste mi vida.

El cuerpo de Link comenzó a temblar con el relato de Ganondorf, sintiendo como su corazón de trizaba. Ahora comprendía el vacío con el que se dormía todas las noches, como si una parte de su alma estuviera incompleta. La muerte de sus padres, provocada por asquerosa ambición de poder, lo había impactado en lo más profundo de su vida.

- La única manera de obtener las reliquias es desapareciendo a los elegidos que las Diosas eligieron para acabarme. – dijo Ganondorf, deleitado con su relato. – Por eso me costó encontrarlos, pero cuando traté de aniquilarlos, siempre sus padres estaban cerca, como si presintieran que debían protegerlos.

- ¿Y Demisia? – preguntó Link. – ¿A qué se debió toda esa farsa?

- Tuve que establecerme en algún lugar lejano del reino para seguir con la búsqueda de ustedes, los elegidos, por todos esos años. – respondió el Rey del Mal. – Como tu estúpida esencia es tan predecible, supe que de alguna manera regresarías a tus orígenes, y por eso armé toda esa farsa de los muertos de Hyrule, de su llegada a Demisia… en fin, todo lo que conoces. Por alguna razón que desconozco, algo ocurrió para que tu poder y el de la princesa se volviera más intenso. Y fue ahí que supe que el momento de matar dos pájaros de un sólo tiro había llegado. Ahora nada detendrá mis planes, pues ustedes… ya están muertos.

Lleno de resentimiento y rabia por todo lo que Ganondorf le había confesado, Link fue el primero en dar la estocada, pero el villano, haciendo uso de sus poderes, comenzó a levitar por encima de él.

El villano creó una esfera de energía oscura en sus manos y la lanzó a Link, el que enseguida se cubrió con su escudo para protegerse. Fuera de hacerlo retroceder por el impacto, logró resistir sin recibir daños, pero Ganondorf lanzó otro más, forzándolo cada vez más y más a la defensiva.

No podía continuar de ese modo; las ráfagas de oscuridad no dejaban de caerle encima, por más que se protegiera, jamás podría vencer a su oponente si no podía atacarlo.

- El Héroe Elegido por las Diosas ha resultado todo un cobarde. – lanzó Ganondorf. – ¿Defendiéndote con tu escudito? Qué patético.

De ninguna manera el joven iba a darle la razón a Ganondorf, pero en el fondo sabía que la tenía. Incluso su escudo comenzaba a calentarse tanto que le abrasaba la piel de los brazos, y no sabía cuánto tiempo iba a resistirlo.

Viendo y percibiendo la inseguridad del héroe, Ganondorf detuvo su levitación para aparecerse frente a él y darle un golpe en la barbilla, enviándolo lejos. Como el joven ya se encontraba débil emocionalmente, le costaba soportar el calor carcomiéndole los brazos, quería arrancárselos del dolor.

Link tuvo miedo, mucho temor de ser vencido de manera tan fácil y ridícula. No podía pensar en una manera de revertirle los ataques.

- Revertirle los ataques… – pensó Link, sintiendo como una luz de esperanza se encendía en su mente.

Como si respondiera a su pensamiento, la Espada Maestra guio el brazo de Link, que dio un amplio tajo horizontal justo cuando Ganondorf, sin piedad alguna, le lanzaba otra esfera de energía. El terror apareció en los ojos del villano, que claramente no esperaba que su propio ataque regresaría a él con la misma agresividad.

La esfera impactó en su pecho, y Ganondorf lanzó un desgarrador alarido mientras todo su cuerpo convulsionaba del dolor. El villano cayó al suelo, retorciéndose, incrédulo de que su propio poder fuera capaz de agredirlo.

Link, poco a poco, se fue reincorporando, y vio desde la distancia a sus amigos luchando, sobre todo a Zelda contra Grahim, que aunque era un contrincante peligroso, lo enfrentaba a la perfección. Sin duda aquella danza en la que su florete la acompañaba la hacía sentir orgulloso, pues significaba que todo el entrenamiento que le dio había dado sus frutos. No sólo la amaba como mujer, sino que la admiraba como guerrera y hechicera. Ahora que había despertado su poder, la podía visualizar con todo su potencial.

- ¡No puede ser! – expresó Ganondorf, levantándose con dificultad. – Hace un momento estabas que te morías de miedo, y ahora…

- Ahora pienso aniquilarte. – aseguró Link, recuperando su fortaleza y apuntando a su enemigo con la espada. – ¿Creías que no iba a encontrar tu punto débil? Ahora dejémonos de jueguitos y pelea como se debe.

- Acabaré contigo, miserable. – decretó Ganondorf.

- Nunca perdonaré lo que hiciste con mis padres y con los de Zelda; con tanta gente de esa época. – dijo Link, tratando de contener el dolor. – Sólo por ambición de un poder que jamás te ha pertenecido, pues sólo sirve para hacer el bien. Esta vez no te saldrás con la tuya, nunca más.

La Espada Maestra de Link resplandecía con fuerza, causando que Ganondorf quedase ciego de sólo mirarla. Sin perder tiempo, el joven corrió hacia él para atacarlo.

El caballero saltó encima del Rey del Mal para herirlo con su espada, pero este con su escudado brazo lo impidió. Esta vez Link no se dejó alejar y apenas retrocedió volvió a la carga de nuevo. Ganondorf por su parte sacó su propia espada y comenzó a confrontarse con Link.

Ganondorf alzó su malévola arma en dirección a la cabeza de Link, pero este dio un salto hacia atrás para esquivarlo, para después correr hacia él y embestirlo con su escudo. El villano se levantó de inmediato para enfrentarlo y tratar de apuñalarlo en el pecho, en su parte vulnerable, pero este se cubrió rápido con su protección, la misma que usó para mandarlo por los suelos.

Aprovechando que Ganondorf terminó tumbado, Link se le lanzó encima para perforarlo, pero el villano puso su espada de intermedio para impedirlo. Sus caras estaban demasiado cerca, transmitiendo el odio que sentían el uno por el otro.

- Nunca podrás vencerme, bastardo. – dijo Ganondorf, buscando volver a debilitar al joven. – Si maté a tus padres, haré lo mismo contigo.

- No lo harás, pues el que piensa acabarte en este momento… soy yo.

Ganondorf no esperó que Link se colocara de pie y le diera una patada en la cadera, haciéndolo rodar por el suelo. El malvado hombre aprovechó de incorporarse, justo cuando el caballero estaba a punto de bajar la Espada Maestra sobre su cabeza, para interceptarla con la suya propia. El choque de ambas hojas resonó repetidamente, pero era Link quien daba los golpes y forzaba a Ganondorf a ponerse a la defensiva.

No había terror en los ojos del joven héroe, sólo ira concentrada y determinación. Tenía sólo un objetivo fijo; acabar con el hombre frente a él para vengar a todas sus víctimas, y todo el dolor que les causó a él y a sus seres amados.

- Maldición… ¡YA MUERE DE UNA VEZ! – vociferó Ganondorf.

Creyendo haber encontrado una abertura, Ganondorf dio un tajo horizontal, dirigido al cuello de Link para decapitarlo. El joven, sin embargo, se anticipó a esto y simplemente se agachó, dejando pasar la hoja por encima de él sin un sólo rasguño.

En una fracción de segundo vio el pecho expuesto de su adversario, y supo que era ahora o nunca. Una vez más, como si la Espada Maestra tomara control de su brazo en respuesta a sus pensamientos, concentró toda su fuerza y vigor en un sólo golpe, dirigido con toda intención a acabar con su enemigo.

Y un instante después, la Espada Maestra estaba enterrada en el pecho de Ganondorf, ahora sí de una vez por todas.

- ¡AAAAAAAAAAAAAGH!

- Justicia por todos los que has lastimado, maldito Ganondorf. – dijo Link con la voz calmada, retirando la hoja lentamente.

El villano cayó de rodillas. A partir de la herida mortal en su pecho, su cuerpo comenzó a fragmentarse en grietas, que dieron paso a humo y cenizas que comenzaron a volar por los aires, como si desprendiera la esencia negra que lo conformaba. Apenas alcanzó a lanzar un último grito de ira, dolor y frustración en el cielo, mientras sus manos, cabeza y el resto de su cuerpo se disolvían en el aire, para desaparecer sin dejar rastro.

Link, impactado, observó cómo tras desvanecerse su cuerpo dejó atrás lo único bueno que lo complementaba, el fragmento del poder de la Trifuerza.

Ante la cercanía de la reliquia, el fragmento de la mano de Link comenzó a brillar, sabiendo perfectamente lo que tenía que hacer.

Inmediatamente, se dio la vuelta para buscar a Zelda, quien seguía luchando contra el Señor de los Demonios.


Una estocada del florete de Zelda mandó a volar a Grahim, quien arrastró los pies en el suelo para no perder el equilibrio. Sin duda la proeza de la joven lo tenía sorprendido; era demasiado para su egolatría.

- Maldita mocosa, ahora si haré las cosas en…

Grahim sintió un dolor indescriptible en su pecho, mientras su cuerpo comenzaba a desfragmentarse a una velocidad inmisericorde; además pudo ver como sus esbirros desaparecían poco a poco. Con eso, supo que su amo había sido vencido.

- No puede ser… – dijo, incrédulo e impactado. – Vencieron a mi amo… ¡VENCIERON A MI REY!

Sorprendida, Zelda se separó un poco de Grahim para observar lo que estaba ocurriendo con él, bajando la guardia por completo. El villano deseaba aprovechar ese descuido para aniquilarla de una vez, por lo que preparó su ataque.

- ¡Si he de irme con mi amo, te mataré, maldita mocosa! – gritó Grahim, enfurecido. ¡MUÉRETE!

Grahim lanzó sus dagas carmesí para atacar a Zelda, causándole a ella una gran sorpresa, dejándola inmovilizada.

- ¡No, Zelda! – gritó Impa. – ¡CUIDADO!

Impa llegó a tiempo para empujar a Zelda y alejarla del ataque, sin embargo, las dagas le perforaron la cintura, causando en ella extremo dolor y desangramiento.

- ¡NOOO! ¡NOO! ¡IMPA! – vociferó Yago, impactado y dolido.

El villano se desvaneció por completo junto a sus esbirros, indignado de no haber podido acabar con la última molestia que le quedaba.

La Sheikah, herida, cayó en los brazos de Yago, quien llegó a tiempo para detener su caída. Colocó una mano en su cintura para detener la sangre, desesperado de que el flujo se vaya de control.

- No, Impa… – expresó el ministro, con lágrimas en los ojos. – No te vayas, resiste por favor.

La princesa, dolida por el estado de su tutora, se iba a acercar a ella para ayudar a Yago a mantenerla con vida. Sin embargo, Link llegó a ella para pedir algo sumamente importante.

- ¡Link! – gritó Zelda, abrazándose a su amado. – ¡Estás vivo!

- El mal ha sido vencido, pero debemos sanar a este reino. – mencionó Link, apresurado. – Liberar a este milenio de la esencia de Ganondorf.

El caballero tomó la mano de su dama, causando que sus fragmentos resplandezcan. Poco después apareció ante ellos el fragmento del poder de la Trifuerza, llamando a sus eternos compañeros para unirse.

El fragmento del valor y de la sabiduría se separaron del cuerpo de los jóvenes para unirse al del poder, formando así a la legendaria Trifuerza. Link y Zelda, dejándose llevar por sus corazones, supieron qué hacer, por lo que cerraron los ojos y pidieron su deseo.

Desearon con todas sus fuerzas que la esencia de Ganondorf se desvanezca del milenio en el que vivían.

Con el deseo pedido, la Trifuerza brilló intensamente, deslumbrando a todos los presentes. Luego de eso desapareció, regresando a donde pertenecía; al Reino Sagrado.

Link y Zelda, aliviados de haber finalizado con el yugo de sus destinos, se abrazaron, mientras las lágrimas salían por sus ojos. Ahora el mal que les había arrebatado las cosas que más amaban había desaparecido, sintiendo como el alivio de la justicia nacía en sus corazones. Ahora tenían paz.

Poco después se dieron la vuelta para descubrir que las heridas de Impa se habían cerrado, pues ella era parte de la sanación del reino. Aun yacía inconsciente en los brazos del ministro, pero con su vida fuera de peligro.

- Es un milagro… – expresó el hombre, conmovido.

- Han sido demasiadas emociones para todos, Sir Yago. – dijo Link, respirando agitado. – Impa está fuera de peligro, pero de todas maneras es necesario que un médico la revise.

- Tienes razón. – respondió el hombre. – Y mientras es examinada, tú y yo tenemos que hablar.

La pareja y el ministro, con Impa en sus brazos, regresaron al castillo. Decidieron guardar en secreto lo ocurrido con Ganondorf para no perturbar a su reino, mucho más ahora que la paz les había sido regalada.


Mientras el médico se encontraba con Impa, revisándola en su habitación. El ministro estaba con Link y Zelda, en su despacho, conversando con ellos de todo lo ocurrido, entristecido por la manera en la que se enteraron de su pasado y la muerte de sus padres.

- Hubiera querido explicarles todo con tino, no como ese rufián lo hizo. – dijo el hombre, apenado.

Yago primero dirigió su mirada a la princesa, quien aún se sentía entristecida de saber que la muerte de sus padres no había sido un accidente, sino un homicidio causado por el Rey del Mal.

- Princesa, yo aún recuerdo cuando sus padres decidieron que usted no los acompañe a ese viaje. – dijo Yago, entristecido. – No puedo decir exactamente si ellos sabían lo que iba a pasar, pero quizás sus corazones les dieron la orden de protegerla de todo, como lo hicieron desde el día que nació y se enteraron que era la reencarnación de la Diosa Hylia.

- Ministro… – expresó Zelda, limpiándose las lágrimas, mientras Link sostenía su mano. – Ahora entiendo por qué mi dolor por su muerte siempre fue más fuerte de lo normal, pero valoro tanto que me hayan cuidado hasta el final.

- De eso no tenga ninguna duda. – continuó el ministro. – Y por favor, le pido de todo corazón me perdone por haber tomado equivocadas decisiones sobre su vida. Su padre, un gran amigo mío desde la infancia, me encomendó su cuidado, y en mi maldito error pensé que Alvar era lo mejor para usted. Lo lamento tanto.

Zelda se conmovió con el arrepentimiento de Yago, por lo que colocó su mano encima de la de él para tranquilizarlo.

- Todo está perdonado, ministro. – dijo Zelda, limpiándose las lágrimas. – Ahora que todo lo malo se ha desvanecido y tengo a Link a mi lado, no puedo guardar ningún resentimiento en mi corazón.

Link apretó más la mano de Zelda ante su último comentario, preocupado por la opinión del ministro del sentir que tenían. Sin embargo, desconocía que Yago aún tenía que decir algo al respecto.

- Link… – dijo Yago, avergonzado y apenado. – Una vez más pido perdón por la injusticia cometida en tu contra. Por la llegada de Ganondorf ahora conoces el origen de tu vida, pero desconoces los grandes amigos que fuimos tu padre y yo.

- Sir Yago… – expresó Link, consternado.

- Es más, el puesto que yo poseo en estos momentos le correspondía a tu padre por derecho, pero por su muerte me lo cedieron a mí. – continuó el hombre. – Él fue mi mejor amigo, me enseñó todo lo que sé hasta ahora, y por eso fui el más apto en reemplazarlo. Sin embargo, en el camino olvidé lo más importante… el amor.

Yago hizo una pausa antes de continuar con sus palabras, cuidando de no cometer una indiscreción de su vida personal, algo que por años había guardado en su corazón.

- Cuando murió tu padre me volví frío, y alejé de mi vida a la mujer que amaba, por eso nunca me casé ni tuve familia… pero pienso revertir ese error lo antes posible.

- ¿Usted ama a alguien, ministro? – preguntó Zelda. – ¿A quién?

- Con todo respeto, por ahora prefiero reservármelo… pero lo más importante es lo que se refiere a ustedes, a su futuro.

La pareja se miró con extrañeza, no comprendiendo a qué a que se refería el ministro.

- Tus padres, Link, Leonel y Aimee, y los reyes de Hyrule, Daphnes y Celine, eran grandes amigos. – contó el hombre. – Cuando ambos nacieron, cada uno en diferentes fechas, y descubrieron que eran los elegidos por las Diosas… decidieron comprometerlos en matrimonio una vez desearan casarse.

El corazón de los jóvenes se estremeció al escuchar la noticia de Yago. Jamás imaginaron que sus destinos estuvieran unidos desde el día en que nacieron, y que la vida los hubiera reunido de la manera menos imaginada.

- Su amor me hizo ver el poder del destino, y es por eso que les dije antes que ustedes siempre debieron estar juntos. – dijo el hombre, sonriendo. – A partir de ahora son dueños de su relación, y podrán unirse en matrimonio cuando lo deseen. Cuentan con la bendición de todos.

Las lágrimas de felicidad de Zelda no tardaron en salir ante la noticia del ministro. Emocionada, se aferró a cuerpo de su amado, el que la recibió igual de conmovido, pero más controlado para darle fortaleza.

- Gracias por su bendición, Sir Yago…

- No hay nada que agradecer, Link… – dijo Yago, sonriendo. – Ahora podrás ser feliz junto a…

El ministro interrumpió sus palabras al ver como la puerta de su despacho se abría de golpe. El Rey Paul había entrado, encolerizado por el estado en el que su hijo había sido encontrado en la llanura.

- ¡Yago, maldita sea! – gritó el Rey. - ¿Me puedes explicar qué pasó con mi hijo?

- Alteza, tengo entendido que su hijo se encuentra mejor. – respondió Yago, serio. – Y con todo respeto, si él llegó a ese estado es por su propia culpa.

- ¿Qué?

- Ya estoy enterado que él fue el responsable de haber intentado ultrajar a la princesa. – dijo el hombre. – Y por si fuera poco, culpar a Link de sus propias bajezas. ¡ÉL ES EL QUE MERECERÍA LA HORCA EN ESTOS MOMENTOS!

El rey se quedó pasmado ante la acusación de Yago, mas no le sorprendía tanto, pues conocía perfectamente cómo era su hijo. Sin embargo, al ver las manos de Link y Zelda juntas, sacó la excusa perfecta para defenderse.

- ¡MENTIRA! – gritó el hombre. – Eso lo dices porque quieres unir a la princesa con este lacayo.

- ¡Link no es ningún lacayo! – exclamó Yago. – Es un caballero de renombre, descendiente de un gran linaje. Digno de la princesa.

- ¡Qué bochornosa esta situación! ¡Mi hijo no puede ser humillado de esta…!

- ¡YA CÁLLATE, PAUL!

El rey se dio la vuelta para encontrar a su esposa parada en la puerta, y a su hijo soportándose en su hombro por lo débil que estaba. Sintió rabia de ver a Link y a Zelda juntos, pero la vergüenza no le permitía reclamar nada.

- ¿¡Pero cómo te atreves a gritarme, mujer!? – reclamó Paul. – En este momento te voy a enseñar a res…

El rey no pudo terminar su frase, pues una bofetada de su esposa lo silenció. El hombre no podía creer que su abnegada mujer, la más sumisa y obediente de todas, hubiera sido capaz de tratarlo de esa manera. Yago, Link y Zelda quedaron fríos ante esa situación.

- Nunca más pienso permitir que me faltes el respeto. – reclamó Noelia, indignada. – Por muchos años me sometí a tu maldito machismo, olvidando que tú no eras más que un soldado al que mi padre le dio la oportunidad de cortejarme. Me casé enamorada, pero engañada al no saber cómo eras en realidad.

- Noelia, mi amor… tú no eres así. – dijo el rey, bajando la guardia por completo.

- ¡No me digas así! – gritó la mujer. – Me siento tan responsable por haber permitido tantas cosas, pues por eso mi hijo ha cometido terribles errores. Y desde ahora pienso encargarme de él, para que nunca más sea un maldito tirano, como tú. Él es joven, así que aun puedo salvarlo.

La reina, apenada, se acercó hasta Yago, Link y la princesa. Agachó la cabeza como signo de humildad.

- En nombre de mi hijo y de mi reino, pido perdón por todos los daños causados. – dijo Noelia, apenada y con lágrimas en los ojos. – Espero que la princesa pueda ser feliz con quien desea, y prometo llevar a Alvar por el camino recto.

Zelda y Link sólo sonrieron ante la petición de la reina, pues como la princesa había dicho antes, el corazón ya no tenía cabida para ningún rencor. Poco después la reina salió del despacho con su hijo, pero no sin antes decirle a su marido unas últimas palabras.

- Y en cuanto a nosotros… pienso anular nuestro matrimonio apenas lleguemos a Britai. – dijo, segura y altiva. – No pienso seguir casada con alguien como tú, a quien dejé de amar hace mucho tiempo.

Noelia se retiró del lugar con su debilitado hijo, siendo seguida por un impactado y desesperado rey.

Todos los presentes se quedaron sorprendidos del cambio de la sumisa mujer para con su marido. Sin embargo, su impacto no duró mucho tiempo, pues el médico que atendió a Impa arribó el lugar.

- Disculpen la interrupción. – dijo el médico, serio. – Pero Lady Impa se encuentra recuperada, y ya ha despertado.

Más se demoró el médico en decir que Impa había despertado que Yago en salir corriendo a la habitación de ella, dejando a Link y Zelda sorprendidos con tal cambio de actitud.


Aparentemente el ambiente estaba gobernado por el silencio, pero pronto todo se vio contradicho.

Cuando Link y Zelda se disponían a abrir la puerta para ver a Impa, se detuvieron de golpe al escuchar a Yago hablar con ella. Incluso observaron desde la hendija como este sostenía la mano de la mujer, besándosela.

- Yago… – dijo Impa, debilitada, pero estable.

- Perdóname por todo, Impa. – dijo el ministro, apretando con fuerza su mano. – Cuando te vi caer desangrada en mis brazos pensé que morirías, pero gracias a Link y Zelda eso pudo ser evitado.

- En serio debo estar alucinando. – dijo la Sheikah, conmovida. - ¿En serio te afectó tanto? Eso quiere decir que…

- Que te amo, Impa. – decretó el hombre, dejando a Link y a Zelda helados desde el otro lado de la puerta.

Impa creyó estar soñando con las palabras del hombre, al que a pesar de negarlo, aún seguía amando desde su juventud. Sin embargo, la sombra de la desconfianza aun la nublaba y atormentaba.

- No sé qué decir al respecto…

- Impa, no necesito que digas nada… sólo dame la oportunidad de demostrarte que el pasado ha quedado atrás, que la sombra de mi padre ya no existe y que mi egoísmo ha muerto. – expresó Yago, acariciando el rostro de su amada. – Sólo déjamelo todo a mí.

El ministro unió su frente a la de la Sheikah para sentirla más cerca, cosa que ella, a pesar de la desconfianza, no pudo ni quiso rechazar.

Desde el otro lado de la puerta, sorprendidos y emocionados, Link y Zelda ahora comprendían a qué mujer se refería Yago cuando les habló de su pasado. Nunca creyeron que esta se encontraba más cerca de lo imaginado.


Con el paso de los meses, la sombra de la maldad de Ganondorf fue olvidada por los elegidos de las Diosas, quien en esos momentos se encontraban en aquella laguna que hallaron en uno de sus paseos clandestinos y secretos, en donde podían estar solos y amándose.

- Aun no puedo creer que Impa y Sir Yago se hayan comprometido. – dijo Zelda, sonriente. – Y que encima de eso, nos hayan nombrado padrinos de su boda.

- Me siento muy feliz por ellos. – dijo Link. – Me honra ser tan importante para el ministro, y que ahora comparta conmigo cosas que sólo en mis sueños podía ver.

Link se encontraba arrimado a un árbol, observando una fotografía que Yago le había entregado hace días, y que desde ese momento la llevaba con él a todos lados, como su amuleto. En ella estaban sus padres con él en sus brazos, felices y orgullosos. Aquella imagen lo conmovió terriblemente, pero se contuvo para no entristecer a su amada, quien estaba a su lado, con su cabeza recostada en su hombro.

- ¿Te da tristeza verlos? – preguntó Zelda, observando el semblante de su amado.

- Me llena de nostalgia, pues hubiera querido conocerlos. – respondió Link, apenado. – Sin embargo, ver esta foto llena en algo los vacíos con los que siempre crecí, pues ahora conozco mi origen.

- Link, al igual que yo fuiste muy amado por tus padres. – dijo Zelda. – Sin embargo, tienes la, podría decirse, ventaja de no haber convivido tanto con ellos, pues no hay nada más doloroso que recibir su amor por años y luego perderlo de la noche a la mañana.

Ahora fue Zelda la que no pudo contener las lágrimas, pues la pérdida de sus padres era una daga que por siempre tendría atravesada en su corazón.

El caballero se apenó al ver la pena de su amada, y cuando se disponía a consolarla, la imagen del Lirio de la Calma se cruzó en su camino, liberando en su mente imágenes que por años permanecieron encerradas en su inconsciente.

La dama se separó de su amado para limpiarse las lágrimas y disculparse por su estado. Sin embargo, cuando abrió los ojos encontró a la flor frente a sus ojos, y a Link mirándola con profundo interés.

- "Toma, es un Lirio de la Calma… para que ya no llores".

El corazón de Zelda se estremeció ante las palabras del caballero, abriendo en ella recuerdos que también permanecieron cerrados por años, y que ahora respondían todas sus dudas. El destino también se encargó de reunirla con aquella dulce memoria de su infancia que creyó una alucinación.

- Eras tú… siempre fuiste tú, mi amor…

- Y siempre seré yo… el que te amo, te ama y te amará por siempre, princesa.

El apasionado beso de ambos selló las palabras sobrantes de aquellos sentimientos compartidos, sellando el deber de sus enlazados corazones.

FIN


Comentarios finales:

Fin, fin fin…

Hemos llegado a final de esta historia, mi segundo fanfic remasterizado. Como me pasa con todos, me da nostalgia terminarlo, pero al mismo tiempo me siento contenta de cerrar una etapa y darle apertura a otra toralmente nueva.

Espero que el capítulo final haya sido del agrado de ustedes, pues lo escribí con mucho cariño y esfuerzo. Por supuesto, la parte de la acción la hice con la revisión de Fox McCloude, que como siempre, tan amable, está dispuesto a ayudarme. Me ha dicho que sigo mejorando y eso me hace muy feliz. Muchas gracias, querido amigo.

Espero que la parte final les haya llamado la atención, pues si fueron observadores tiene una referencia importante del capítulo 6 "Aroma en recuerdos". Guardé esa parte tan especial para el final; no crean que la había olvidado.

Ahora, traigo par ustedes noticias sobre mi nueva historia, la que será publicada aproximadamente en tres semanas (mientras la organizo, más temas laborales y personales míos).

"Recuerdos de cristal", y estará ambientada en el mundo de Zelda Breath of the Wild. ¿Será cien años antes? ¿Cien años después? ¿Post juego? Eso se los dejo de sorpresa, pero les aseguro que será algo bastante llamativo a lo que conocen del juego, por supuesto respetando su trama y espacios.

Muchas, muchísimas gracias por haberme acompañado en esta historia que tanto amé escribir; por haber esperado con paciencia la actualización y mis meses de ausencia, hasta que al fin pude tener días fijos para publicar.

Sin más que decir, les mando un enorme abrazo a todos y bendiciones.

Con cariño,

Artemiss ^^