- Gaara, no tienes que hacerlo si no quieres.
Era la segunda vez que se lo decía, y la segunda vez que la ignoraba, Temari tenía buenas intenciones, era obvio que como su hermana estaba preocupada por las exigencias del consejo, sin embargo, había ciertos lujos que él no podía darse, el sólo hecho de haber sido nombrado Kazekage ya generaba una serie de riesgos y complejidades, tenía mucho que demostrarle a la aldea, y le gustara o no, eso implicaba escuchar al consejo.
- Temari – su voz sonó un tono más baja de la habitual, pero no dejo entrever ninguna emoción.
- Lo sé, lo sé – la chica encogió los hombros con resignación y suspiró - ¿A qué aldea sugiere el consejo que dirijas el cortejo?
- Primero sugirieron Iwagakure, pero lo cierto es que no tenemos suficiente relación con la Aldea de las rocas como para comenzarla con un compromiso, a pesar de su participación en la guerra Konoha les parece una mejor opción.
- ¿Ko… Konoha? – el rubor de las mejillas de Temari era notorio pero su hermano prefirió no mencionarlo.
- Sí, si lo piensas detenidamente no pasará tanto tiempo antes de que Naruto sea nombrado el séptimo Hokage, después de la guerra es lógico que quieran mantener nuestra relación de la manera más estrecha posible.
- Es cierto – su rubor bajó un poco de tono – supongo que también podríamos sacar alguna ventaja con esto, desde que la abuela Chiyo falleció nos hemos quedado con pocos instructores de Ninjutsu médico.
- También lo había pensado, sin embargo, también debemos pensar en que es lo que tenemos nosotros para ofrecerles, las peculiaridades de la aldea se cuentan entre la creación de nuevos venenos y las marionetas.
- Kankuro podría entrenar a un par de chicos – Temari soltó una risita maliciosa – así tendría algo que hacer con todas esas marionetas viejas que está acumulando.
- Supongo que sí – Gaara miró por el balcón, pensativo – Temari, ¿te encargarías tú de comunicarle esta situación a la Hoja?
- ¿Yo? – Temari volvió a experimentar un cambio de color.
- Técnicamente es un asunto oficial, pero no me creo capaz de exponerlo en un solo pergamino sellado, tú conoces la situación de primera mano, y aunque de momento las cosas entre las Aldeas se mantienen pacíficas preferiría no arriesgarnos.
- Está bien – asintió la rubia – lo haré.
- Me sentiré más tranquilo si vas con escolta, lleva a una de tus aprendices contigo, y si pudieras…
- ¿Sí?
- No, es demasiado trabajo, pero delegaremos a un encargado de enlistar a todos aquellos ninjas que crean poseen los atributos para aprender el ninjutsu médico.
- No dejas nada al azar, ¿verdad? – Temari sonrió y se dirigió a la puerta – yo me encargaré, mañana procura tener un pergamino con el sello oficial de la Arena para mí.
- Lo tendré, gracias.
- Lo que necesites, hermano.
Temari cerró la puerta cuidadosamente tras de sí, Gaara se movió en su oficina y se sentó en uno de los sofás que habían instalado, su calabaza de arena se encontraba justo a un costado, la observó un rato sin hacer ningún movimiento, sólo pensando. Los Kages lo respetaban, había demostrado ser un buen elemento de motivación en la Gran Guerra para su corta edad, y era cierto que él y Naruto se habían convertido en buenos amigos, pero no podía olvidar que él había atacado la Aldea de la Hoja como portador del Shukaku, y no esperaba que sus habitantes lo olvidaran.
Unos golpes en la puerta interrumpieron el curso de sus pensamientos.
- Pase.
- Así que mi querido hermanito menor es quién va a casarse primero, ¿eh? – preguntó Kankuro entrando a la habitación con una sonrisa boba.
- ¿Qué puedo decir? Tal vez es porque no cargo un muñeco en la espalda a todos lados – lo picó Gaara.
- No están listas para apreciar mis verdaderas artes – respondió Kankuro tomándolo con buen humor – Temari me lo dijo al salir, así que los ancianos quieren que te busques una esposa ¿eh?
- Bueno, te aseguro que fueron muy explícitos al respecto – se pellizcó el puente de la nariz y cerró los ojos – mañana Temari viajará a Konoha.
- No es un mal plan, Konoha es una alianza fuerte si consideramos que algún día Naruto terminará siendo el Hokage – el chico lo pensó un momento y entonces volvió a sonreír – así que por eso nuestra Temari se veía tan acalorada, la enviaste apropósito ¿no es así?
- Será una buena muestra de fe que quién informe esto sea la misma hermana del Kazekage. Y una buena oportunidad para Shikamaru de invitarla a salir de una vez.
- Pobre Shikamaru – negó Kankuro con una lástima fingida.
- Por cierto, es probable que entre los recursos que le ofrezcamos a Konoha vaya implícita tu colaboración como maestro titiritero.
- Está bien.
- ¿Así sin más? – Gaara se sorprendió un poco.
- Lo cierto es que hace tiempo que tengo a mis marionetas viejas acumulando tiempo en el taller – se excusó – un poco de aire y ejercicio nos hará bien a todos. Es muy útil repasar desde lo básico, te permite recordar cosas sencillas que habías olvidado.
- Kankuro…
- ¿Sí?
- No, nada, olvídalo – Gaara se levantó y tomó la calabaza de arena para ajustarla a su equipo – tengo algo que hacer fuera, ¿te quedarás aquí o saldrás?
- Me quedaré por aquí un rato más, si alguien viene les diré que estás fuera.
- Gracias.
Gaara le hizo una pequeña señal con la cabeza y se retiró, su vida como Kazekage era sin duda mucho más ocupada, los encargados lo saludaban con una respetuosa señal en el camino ha medida que se dirigía a la salida, él respondía con la misma cortesía, hace algunos años atrás nunca hubiera imaginado que llegaría a lo que tenía ahora. Una vez fuera de la torre del Kazekage usó su arena para sobrevolar la Aldea, tenía algo que hacer y prefería que nadie lo acompañara o distrajera, cuando llegó al cementerio descendió.
- Hola, okasan – murmuró frente a la tumba de su madre – parece… que tu hijo por fin se va a casar.
