- Es la cuarta vez que pierdes contra tu hermana, Hanabi – observó Hiashi deteniendo el encuentro con un gesto de su mano.
- Te has vuelto fuerte, Oneesan – reconoció Hanabi respirando con dificultad después de la seguidilla de duelos que implicaba el entrenamiento.
- Tú también lo eres Hanabi, sólo eres joven – fue la respuesta de Hinata a su hermana tomando aire y volviendo a regular su chakra.
- Hanabi, déjame a solas con tu hermana.
La muchacha se retiró ante la orden de su padre caminando con algo de dificultad, debía de estar exhausta pero una vez dentro de la casa se encargarían de atenderla. Hinata se acercó a Hiashi manteniendo la cabeza levemente inclinada en señal de respeto, su padre le hizo un gesto para que se sentara frente a él, su expresión, como siempre, no dejaba entrever nada.
- Has dominado todas las técnicas que son enseñadas dentro de este clan – comenzó diciendo Hiashi – pero también es cierto que has creado tu propio estilo de pelea a raíz de tu excelente control del chakra, un estilo muy poderoso, y por tu propia cuenta, es algo admirable.
- Agradezco el cumplido, padre.
- Hinata – su padre la instó a levantar la cabeza para mirarla a los ojos – hace tiempo tomé una decisión, creo que es hora de comunicarla. Hace años cometí un error al despreciarte como heredera del Clan, y doy gracias a Kurenai por seguirte entrenando para demostrarme lo equivocado que estaba al haberlo hecho. El Clan Hyuga ha de continuar contigo siendo la heredera.
Hinata pasó de la sorpresa a la turbación en unos momentos, por una parte, su corazón saltaba de gozo al estar siendo reconocida por su padre, por otra parte, las reglas que implicaban ser heredera de la rama principal golpeteaban en su corazón.
- Es un honor ser digna del Clan con heredera, padre.
No serviría de nada decirlo ahora, iniciar una pelea con su padre sería gastar tiempo y recursos, estaba cansada, quería darse un baño, ya pensaría luego como abordar el tema de un matrimonio fuera de la familia Hyuga.
- Puedes retirarte, hija – Hiashi le dio una cariñosa palmadita en la cabeza antes de levantarse y retirarse a su habitación.
Hinata miró por última vez el espacio de entrenamiento y se levantó para tomar un baño, había mejorado su capacidad de dividir su chakra en proteger y atacar por lo que los golpes de Hanabi (los pocos que había logrado asestarle) no le dolían demasiado pero seguro molestarían aún menos con agua caliente.
- Hinata sama – la detuvo una de las criadas haciendo una leve reverencia.
- ¿Qué ocurre?
- Disculpe que la moleste, uno de los cazadores Anbu dejó esto para usted, de parte del Hokage – la chica le tendió un pergamino pequeño, levemente distinto a los que se usaban para convocar a una misión.
- Gracias – sonrió a la chica tomando el pergamino.
- ¿Hinata sama desea que le prepare el baño? – el rostro de la chica parecía esperanzado, su familia llevaba generaciones trabajando allí y ella hacia poco que había comenzado.
- No es necesario – se sonrojó un poco Hinata – puedo hacerlo yo sola.
- Pero así usted tendría tiempo de leer el pergamino que le envió el Hokage, y preparar su atuendo si ha recibido una misión.
Bueno, eso era cierto, su ropa de entrenamiento no era adecuada para presentarse en la torre, y estaba muy sucia por el polvo que se había levantado en el encuentro.
- Está bien, te lo agradezco.
La joven se alejó tan rápido que le sacó una pequeña sonrisa ante su entusiasmo, Hinata siguió su camino a paso tranquilo, quitando la cuerda del pergamino para abrirlo, entró a su habitación y se dispuso a leerlo, pero se sorprendió al notar que su contenido era una simple instrucción.
Torre del Hokage, mañana a medio día.
A pesar de lo mucho que respetaba a Kakashi sensei, tenía que admitir que a veces el hombre se ahorraba demasiadas palabras, el sonido de la voz de la joven de antes en la puerta la interrumpió.
- Hinata sama, el baño ya está listo – anunció, orgullosa de su rapidez - ¿Le fue encomendada alguna misión? ¿Necesita que le prepare algo?
- No, no te preocupes no es nada urgente, una citación para mañana – Hinata tomó ropa ligera de su cómoda y la dejó a mano sobre su cama – disculpa que no te lo haya preguntado antes, ¿eres la hija de Saro san?
- ¡Sí! – la chica enrojeció e hizo una rápida reverencia – soy su hija menor, Ayasama Kanao.
- Muchas gracias por tus atenciones, Kanao.
- Oh, no tiene que agradecerme, en serio – Kanao agitó sus manos ruborizada – para mi es un honor trabajar para la familia Hyuga y estar al servicio de Hinata sama y su hermanita. Papá no estaba seguro de dejarme trabajar aquí porque dice que soy muy parlanchina y eso puede hacerme ver irrespetuosa, pero… ¡Cuánto lo siento! Estoy hablando demasiado, su baño va a enfriarse, vamos Hinata sama.
Hinata río sin malicia ante la actitud de Kanao que calculaba tenía unos tres años menos que ella, dejó la citación sobre su cómoda y la siguió hasta el baño en que ya la esperaba una tina llena de agua caliente y ramitas de lavanda.
- Agregué unas pocas ramitas en su baño y el de Hanabi sama para aliviar los dolores musculares que puede provocar el entrenamiento – le comentó orgullosa tomando una toalla mullida para dejarla cerca de la tina sobre un banquito de madera.
- Eres muy amable, te lo agradezco.
- Bueno, Hinata sama tiene que mantenerse en perfecto estado ahora que su padre la anunciado ante todos como heredera de la rama principal.
- ¿Se lo ha dicho ha todos?
- Así es, hoy por la mañana llamó a toda la servidumbre para comentárnoslo, insistió en que debíamos mantener sus necesidades cubiertas y respetarla.
- Ya veo.
No solía acostumbrar tomar un baño en presencia de alguien más, por lo general despedía a las sirvientas para disfrutar de un momento de soledad, sin embargo, Kanao parecía querer demostrarle algo a su padre y ese era un sentimiento que comprendía, le permitió quedarse y ayudarla con el baño a pesar de que sabía que no la necesitaría.
- Su cabello es tan hermoso – admiró Kanao mientras le aplicaba ungüento perfumado para limpiarlo – el hombre que se case con usted sin duda se sentirá muy afortunado.
- No sé si podría sentirse afortunado – el estrés de la noticia ya estaba golpeando la conciencia normalmente tranquila y dócil de Hinata – desde que era pequeña como fui eliminada del cargo de heredera principal nunca me preocupó tener que elegir como esposo a alguien del clan Hyuga.
- Mmm, ¿y cree que su padre la obligaría a honrar esa tradición? Los tiempos después de la Guerra han mermado las hostilidades entre los clanes.
- No quise tocar el tema con tan poco tiempo de asimilada la noticia, mi padre es un hombre poco flexible, no quise que pareciera que estoy despreciando la confianza que me da.
- Hinata sama… ¿puedo preguntar algo poco apropiado a alguien de mi condición?
- Pregunta.
- ¿No estaba usted enamorada del joven Uzumaki Naruto? – preguntó mordiendo un costado de su labio temerosa de haberse pasado con la pregunta.
- Lo estaba, sí – Hinata alzó un puñadito de ramas de lavanda por sobre el agua – pero él nunca me correspondió.
- Disculpe si mi pregunta la hizo entristecer.
- Eso no me pone triste – Hinata la miró con una sonrisa dulce – sólo me hace sentir un poquito decepcionada. Pero he logrado muchas cosas siguiendo el camino de Naruto kun como para lamentarme, es por eso que para mí, es algo sencillo de aceptar.
