- Temari san…
- ¿Sí?
Hinata se mordió el labio inferior por dentro, desde que había consentido que el Hokage hablara con su padre el rostro de la joven de la Arena se había iluminado, lo cierto era que eso la hacía feliz, sabía muy bien lo mucho que Garra había sufrido, tal vez incluso más de lo que había sufrido Naruto, y su corazón se regocijaba en saber que podría ayudarlo.
- Hay algo que me gustaría preguntarte – la joven asintió – Kakashi sensei me dijo que había estado en entrevistas con otras ninjas por la mañana, pero también dijo que no les había hablado tan directamente y dudo que tu hayas intervenido en ellas.
- Es verdad. Lo cierto es que son muy pocas las personas que conozco de Konoha, reconocí tu rostro y el de Ino en las fotos, cuando le pregunté por ti a Shikamaru se limitó a decirme que no conocía nadie con un corazón tan dulce como el tuyo, y eso me hizo pensar en que tenía que hablar contigo. Gaara ha sufrido mucho, hasta la Gran Guerra mi hermano creía que mi madre, mi tío y mi padre habían muerto odiándole, veo cada día como se esfuerza por ser digno del amor de ellos y el de la Aldea. Aún si no llegan a casarse me gustaría que Gaara pudiera conectarse con alguien.
- Cuando Gaara sama habló ese día frente a la Alianza, el mundo entero se paralizó – Hinata se llevó pensativamente una mano al pecho – por un segundo pareció que brillaba sobre todos, como el sol. No me resulta difícil que estés tan orgullosa de tu hermano.
- Te prometo, que por hacer esto te ayudaré en todo lo que pueda – prometió Temari fervientemente – lo que tú necesites, puedes contar conmigo. Estoy segura de que puedo convencer a los Ancianos también, de que permitan que sea Gaara quién venga este tiempo aquí contigo.
- Pero… Tiene tantas responsabilidades.
- Una mujer siempre se sentirá más cómoda en un lugar familiar en el que pueda sentirse en control – negó Temari con la cabeza – tú familia es una de las más importantes de Konoha, estoy segura de que ellos atenderán a esa razón.
- Bueno… Aún falta ver que es lo que dirá mi padre de todo esto – comentó Hinata mirando la puerta a la oficina del Hokage con aprensión.
- Tienes razón, esperemos.
Lo cierto era que Shikamaru también le había confiado otra cosa a Temari, pero había preferido no mencionarla. Al parecer, la chica de ojos lavanda había pasado gran parte de su adolescencia y de su infancia, completamente enamorada de Naruto. Nadie sabía que había pasado, pero de un momento a otro sus caminos se habían separado, Hinata dejó de sonrojarse ante su nombre o su presencia y Naruto pasó de mostrarse animado y solicito a guardar un extraño silencio cuando se encontraba con ella. Sus compañeros pensaban que ella se había declarado y él la había rechazado, pero nadie lo sabía con certeza.
- ¿Te habías imaginado estar ya a tu edad pensando en matrimonio? – le preguntó Temari con el intento de vaciar la tensión de la espera.
- La verdad sí – Hinata se sonrojó un poco – ayer.
- ¿Ayer? – cuestionó Temari, intrigada.
- Papá ya había arreglado todo para dejarme como heredera del Clan, pero lo cierto es que yo sólo me enteré hasta ayer de que el título nuevamente se me había asignado. Nunca me agradó particularmente la idea de casarme con alguien que también pertenezca al clan Hyuga.
- ¿Y tú padre sabía eso?
- No lo sé, estaba muy emocionado en ese momento así que ni siquiera se lo comenté. No quería arruinarlo.
- A veces los clanes hacen ese tipo de sacrificios para conservar su linaje y Kekkei Genkai. Al menos ahora tu padre sacará el tema a colación, lo quiera o no lo quiera.
- Es cierto.
Dentro de la oficina el ambiente que reinaba era otro. Hiashi estaba sentado con los brazos firmemente cruzados sobre el pecho, Kakashi por su parte mostraba una postura un poco más relajada pero su mirada era poco flexible.
- No lo entiendes Kakashi, una cosa sería si Hinata desposara a alguien reconocido de la Aldea, podría dar mi brazo a torcer en el caso de Uchiha Sasuke… Tal vez incluso de Uzumaki Naruto, pero ¿el Kazekage? Hinata tendrá que abandonar Konoha, sus hijos pertenecerán a Sunakagure y si alguno de ellos hereda el Byakugan estaremos regalando los secretos de nuestro Clan.
- Sé que es lo que te asusta, pero no tenemos muchas opciones y Hinata es la única que al menos lo ha considerado, no tenemos ninguna garantía de que sus hijos no puedan heredar el Byakugan, sí, es cierto, pero tal vez podemos encontrar una manera…
- No te sigo, Kakashi.
- ¿Qué hay del sello de la segunda rama de la familia? Sé que desde lo ocurrido con Neji ya no se emplea, pero ¿qué tal modificarlo únicamente para desactivar el secreto en un caso extremo?
- ¿Dices en caso de muerte o que se relacionen con alguien de Sunakagure? – Hiashi lo meditó respirando hondo – pero lo cierto es que no sería justo para ellos.
- ¿Lo ves? Hiashi te estás adelantando a pensar en nietos cuando todo lo que te pido es que le des a este compromiso una oportunidad.
- ¿Cuándo… cuándo se marcharía mi hija?
- Eso no lo hemos resuelto aún, pero estoy seguro de que podemos preguntarle a Temari que espera afuera con ella.
Hiashi asintió y Kakashi se levantó para abrir y dejar pasar a ambas jóvenes a la oficina, esperaron a que el Hokage volviera a sentarse tras su escritorio para preguntar.
- Temari, ¿cuándo piensa el consejo llevar a cabo el matrimonio?
- Eso es relativo – Temari negó con la cabeza – he hablado con Hinata y pienso hablar ante el consejo para exigir un plazo de cortejo. La familia Hyuga es una de las más poderosas de Konohagakure, no creo que estén en posición de decir que no.
- ¿Un plazo de cortejo? – Hiashi miró a la joven rubia con un poco de desconfianza.
- No planeo pedirle que sólo le entregue a su hija a Gaara, mi hermano es el Kazekage, sí, pero también es una persona, y un buen shinobi. Planeo pedirle al consejo que permita a mi hermano ausentarse de sus tareas para viajar a Konoha y pasar tiempo con su familia y con Hinata, quiero que ella se sienta cómoda, a pesar de ser la mejor candidata mi intención no es, en absoluto, presionarla.
Hiashi lo meditó un instante mirando los ojos sinceros de Temari, le había costado mucho tiempo admitir la fuerza que había desarrollado la mayor de sus hijas, siempre la había creído demasiado bondadosa, demasiado frágil, pensaba que sus sentimientos la harían débil, y no fue sino hasta después de la Gran Guerra que tuvo que admitir lo mucho que se había equivocado con ella, y ahora que por fin la reconocía con orgullo, otra aldea pretendía llevarla lejos.
- Hinata – la llamó, la chica se adelantó un par de pasos – supongo que tu tienes la última palabra.
- ¿Padre…?
- Eres mi heredera, serán la actual y la nueva generación quiénes juzguen lo que decidirás en este instante, a mi no, no me corresponde.
- ¿Qué dices Hinata? – la animó Kakashi.
- Yo… ¿podría primero… acompañar a Temari san hasta Sunakagure?
