- ¿Estás segura de esto? – preguntó por segunda vez Temari desde que habían salido de la Aldea de la Hoja.

- Lo estoy.

Estaban a medio camino, su padre y el Hokage habían accedido a la extraña petición de Hinata de dar ella misma la resolución al consejo de la Arena y al Kazekage, Temari también se había sorprendido, pero fue la primera en reconocer lo bien que tenía todo pensado Hinata.

- Ellos han enviado a la hermana del Kazekage como una prueba de buena fe, si les enviamos un pergamino o regresamos sola a Temari nada les confirma que pretendamos cumplir con su petición, si yo me presento con ella eso le dará aún más valor a la petición de un cortejo, y además… Me gustaría tomar esta decisión sabiendo qué es lo que voy a encontrar en Suna.

Ninguno había podido discutir contra su lógica. Kakashi les había encomendado su seguridad a dos cazadores Anbu, la alumna de Temari se quedaría en Konoha finalizando los detalles que ya habían sido arreglados con Shikamaru, si todo resultaba bien volverían a Konoha en un plazo de siete días y el Kazekage vendría con ellas.

- Temari san, ¿qué es lo que más te gusta de Suna? – preguntó Hinata entonces para cambiar de tema aprovechando que habían aminorado la velocidad.

- En realidad muchas cosas – la rubia sonrió con una especie de añoranza – crecí viendo como la luna iluminaba el desierto por las noches, hay muchas cosas de Suna que me parecen bellas, tenemos unas flores muy exóticas que solo pueden darse en lugares de calor, hay un lugar de comida… Queda unas calles más allá de la torre del Kazekage, en que hacen el mejor postre que puedes probar en tu vida y si tienes suerte un día en las afueras puedes hasta encontrar pepitas pequeñas de oro en la arena.

- Tus ojos cambian cuando describes tu hogar.

- Sí… Pero más que nada lo que lo hace mi hogar son mis hermanos. Sé que en algún momento Kakuro y Gaara empezarán una familia y los veré independientes y casados – le regaló una sonrisa – creo que sólo entonces podré decidir si lo que quiero realmente es quedarme entre la Arena. ¿Estás lista? Ya estamos por llegar.

En efecto, no tardaron en avistar la entrada a la Aldea de la Arena, el sol llevaba poco de haber salido de modo que Temari le indicó que le enseñaría donde descansar y le llevaría ropas adecuadas para presentarse ante el consejo cuando fuera el momento.

- El calor funciona un poco diferente aquí así que nuestras prendas comunes están hechas con otro tipo de tela – le explicó – vendré a buscarte cuando todos estén despiertos, descansa.

Apenas tuvo tiempo de quedar a solas con sus pensamientos, en cuanto su mejilla tocó la suave almohada, se durmió. Despertó con la luz entrando a la habitación y una sacudida gentil en su hombre por parte de Temari, la joven ya estaba vestida y la miraba con una sonrisa maternal.

- Ya es hora, encargué que trajeran agua para un baño y la ropa la tienes en la cómoda junto a las toallas. Cuando estés lista sal y camina todo recto por el pasillo, te esperaré con algo de desayunar.

- Está bien, muchas gracias.

Hinata se apresuró a darse el baño, mientras se secaba tomó conciencia de la temperatura que antes le había señalado Temari, no hacia frío, pero tampoco un calor sofocante, era como si el aire alrededor se mantuviera constantemente cálido, examinó las ropas; era una vestimenta sencilla, una falda corta lisa en color negro y por encima una suerte de vestido lavanda sin mangas más corto que la falda que se cerraba sobreponiendo un lado sobre el otro y fijándolo con un obi oscuro, también habían medias y botas largas. La tela era de una textura diferente, aunque no supo reconocer del todo el material, sentía que tendía más a actuar como un aislante que un conservador de calor. Una vez vestida avanzó por el pasillo como Temari le había indicado, y allí la esperaba, sosteniendo una taza de té y un panecillo de aspecto extraño.

- Te va a gustar, es un panecillo de chocolate, a Gaara le encantan.

- Muchas gracias – la chica probó un poco – está muy bueno.

- Siento hacerte comer de pie, pero los Ancianos aceptaron reunirse con Gaara en poco tiempo y tenemos que hablar con él primero.

- No te preocupes – Hinata se esforzó por tomar su desayuno mientras seguía a Temari por las instalaciones, ella también comía un pan de chocolate.

Para cuando llegaron arriba del todo dónde las esperaba la oficina del Kazekage, ya ambas habían comido, y ahora sufrían de un leve retorcijón por el esfuerzo, Temari le dio la taza a una de las asistentes para que se deshiciera de ella, notó que Hinata se había dejado un poco de chocolate en la comisura del labio y sonrío, de pronto una idea nueva le surgía…

- Voy a entrar con Gaara para anunciarte, luego los dejaré para iniciar la reunión con el Consejo de ancianos.

- Pero…

- Tranquila, todo saldrá bien, en cierto modo si hubiéramos mandado antes un pergamino las cosas no estarían tan caóticas, pero tu idea sigue pareciéndome una jugada más sabia. ¿Lista? Cuando salga podrás entrar.

- Lista.

Temari tocó la puerta dos veces, más por protocolo que por necesidad, y tras un lejano "adelante" se adentró en la oficina dejando la puerta cerrada tras de ella. Hinata tomó aire intentando calmarse a sí misma, se dio un momento para admirar la forma y color de las paredes, Suna era bello a su manera, pero carecía de las composiciones de color que tenía Konoha, tal vez en parte porque gran parte (si es que no todas sus construcciones) estaban formadas en algún punto por arena.

- ¿Hyuga? – la voz de un hombre la sacó de sus pensamientos, se volteó rápidamente para encontrarse con Kankuro.

- ¡Oh! Kankuro san – rápidamente hizo un saludo formal, apenada por haberle estado dando la espalda.

- ¿Qué haces en la Arena? No me digas qué… - Kankuro se sorprendió a si mismo al unir los cabos - ¿Estás aquí por el matrimonio?

- Yo… etto…

- Hinata – interrumpió Temari sosteniendo la puerta – ya puedes pasar.

Hinata asintió haciendo una leve reverencia para despedirse de Kankuro y la joven rubia, tomó la puerta con vacilación y entró cerrando tras de ella.

Gaara se giró para recibir a la visitante, Temari no había sido clara con él en absoluto, sólo le había hablado de plazos y de hablar ella misma con el consejo, tampoco había mencionado el nombre de su acompañante, por lo que encontrarse a Hyuga Hinata hizo que el corazón y el estómago le dieran un enorme vuelco.

- Hyuga…

- Kazekage sama – la chica hizo una reverencia protocolar, se estaba poniendo inevitablemente roja.

- Mm… Supongo que, tal vez deberías llamarme Gaara.

- Oh – otro sonrojo – claro.

- ¿Gustas sentarte? – le preguntó indicando el sofá a su izquierda.

- ¿No tenía una junta de emergencia? – dudó ella.

- No sé si entendí muy bien lo que dijo mi hermana, pero parecía que de eso quería encargarse ella.

- Temari san es muy determinada – observó entonces la chica con una pequeña sonrisa apareciendo en su cara.

- Es una manera de decirlo – Gaara también sonrío un poco - toma asiento conmigo, por favor.

Hinata aceptó moviéndose con cuidado y sentándose en uno de los extremos, Gaara guardando una leve distancia se sentó también, ninguno de los dos sabía bien como tomar la situación, pero él estaba más acostumbrado a ser diplomático.

- Entonces… A pesar de que admiro al igual que tú la… determinación de Temari, me temo que no es muy buena cuando se trata de explicar. ¿Podrías hacerlo tú?

- Eh… sí, claro – Hinata tomó un poco de aire – aunque lo cierto es… que no se por dónde comenzar.

Gaara reparó entonces en el pequeño deje de chocolate que había en el rostro de la joven, decírselo podría hacer que se cohibiera más, pero no decirle haría que luego se sintiera más avergonzada. Deseando lo mejor Gaara ordenó a su arena sutilmente limpiar con suavidad el rostro de la chica, ella solo sintió el roce cálido de la arena, pero lo notó.

- Lo lamento, tenías un poco de chocolate – se disculpó Gaara mirando hacia otro lado.

- Oh, debió ser el pan de chocolate que Temari san me dio – Hinata bajó la cabeza avergonzada.

- El pan de chocolate es bueno, no muchos pasteleros lo hacen, pero ella se encargó de que alguien en la torre del Kazekage siempre lo preparara, a veces pienso que me consciente demasiado.

- Bueno, usted es su hermano menor – eso relajó un poco la tensión.