"La única mujer a la que aceptaré como esposa"

Esas palabras se repetían en bucle en la mente de Hinata, había tomado mano de todo su valor y diplomacia al enfrentarse al Consejo de la Arena, siempre había sido una chica de carácter más bien tímido y dulce, pero la situación había ameritado que se empoderara; ella era una ninja del Clan Hyuga de Konoha y cómo tal se presentó ante el consejo, no como una muchacha tímida ni como una shinobi que acepta las condiciones de una simple misión, y además… ella también era una hermana mayor, como Temari, podía imaginarse como se sentiría si Hanabi atravesara la situación que se le había impuesto a Gaara, y sabía que de estar en sus zapatos también querría que alguien plantara batalla por ella.

- ¿Hinata? – dos golpes en la puerta acompañaron la pregunta - ¿Puedo pasar?

- ¿Temari san? – preguntó ella levantándose rápidamente de la cama en que se había recostado mientras esperaba.

- Creí que ya estarías dormida, ¿puedo pasar?

Hinata abrió la puerta dejando a la rubia entrar en la habitación que le habían facilitado, un poco más amplia que en la que había tenido que dormir al llegar de su aldea. Temari entró caminando con pasos cansados y se sentó en uno de los pequeños sofás que hacían de sala de estar.

- Al fin han terminado – le anunció con una sonrisa cansada – lo cierto es que el comunicado oficial no se dará hasta mañana, pero tengo un par de infiltrados dentro de la sala.

- Entonces, ¿el Consejo ya se decidió? – preguntó sentándose en el sofá de enfrente.

- Para ser honesta fuiste tú quién decidió el desenlace de esta situación, en cuanto entraste a la sala con Gaara y expusiste tus términos como heredera la discusión se terminó. Aceptaron.

- No creo que haya sido sólo por mí, Temari san. Quién expuso todos los términos antes y el plan para que el cortejo se llevara a cabo en Konoha, todo…

- … Todo eso – la cortó con gentileza – no hubiera servido de nada sin tu actuación de esta mañana. Y sin embargo yo… además de darte las gracias por eso, no sé si debo o no felicitarte.

- Oh – la realidad abrumó de pronto los pensamientos de Hinata – es cierto. Supongo que voy a casarme.

- Suena mucho más real ahora, ¿no es así? – Temari indagó en sus facciones intentando encontrar algo que le permitiera guiar un poco la conversación.

- La verdad es que sí. Está sucediendo algo rápido… - un destelló cruzó por su mirada y de pronto el nerviosismo en su voz creció – Temari san ¿cuándo anunciarán la boda Suna y Konoha?

- ¿Anunciarla? Pues… yo creo que en un par de días, dos o tres… ¿Pasa algo malo?

- Kiba y Shino – intentó explicar entonces – mis compañeros de equipo, tengo que decirles antes de que se enteren con todos los demás o no me lo perdonarán.

Por un instante, la ninja de la arena consideró preguntarle si no le preocupaba la reacción de los demás ninjas de la Hoja, pero traer a Naruto a colación cuando no estaba bien enterada de la situación era una jugada arriesgada que podía terminar siendo catastrófica.

- Podemos enviarles un ave para que se los expliques, o… podrías pedirle un favor a Gaara.

- ¿Un favor?

- Los Kages manejan información importante que en ocasiones no puede esperar, por lo que existen algunos mecanismos de invocación que son revisados cada cierto tiempo por los Kages en cada aldea, generalmente alguien de tipo sensorial se ocupa de ello, podrías pedirle a Gaara que lo envíe, y conociendo al Sexto seguro que se encargará de que llegue a manos de tus amigos.

- Yo… no lo sé…

- Bueno, aún tienes lo del ave, pero no estoy segura de que tan prudente sea compartir la información de manera abierta, los mismos ninjas de Suna podrían interceptarla sin decirnos nada.

- Tienes razón.

- Anímate – la alentó Temari levantándose y poniendo una mano en su hombro – Gaara trabaja hasta tarde en la oficina así que es probable que si vas ahora aún lo encuentres allí, confía en mí, no creo que te niegue nada. Bueno, estoy exhausta, ya voy a dormir, volveré a buscarte mañana para que tomemos desayuno, sentadas, en una mesa, lo prometo.

- Eso suena agradable, descansa.

¿Debería ir…? Pero a pesar de que Temari san se toma con poca seriedad el asunto es un canal de comunicación de emergencia y temas urgentes, no para que una niña boba les cuente a sus amigos…

En medio de la reflexión Hinata se detuvo en seco. Ya no eran niños, ella, Kiba y Shino, cuando su equipo se formó eran apenas unos críos, pero eso había cambiado, Akamaru había alcanzado el tamaño suficiente para que Kiba lo montara y ellos también habían crecido un buen trecho, además la guerra los había curtido, y les había arrebatado muchas cosas. Y ahora ella, que al principio era la más pequeña de los tres iba a casarse, nunca habían hablado sobre eso, no excepto por las bromas de Kiba cuando la molestaba por sonrojarse y desmayarse cerca de Naruto… Naruto. Cuando era más joven había soñado un futuro con él a su lado, sin embargo, las cosas habían cambiado, todo había cambiado, como le hubiera gustado hablar con sus amigos sobre esto… Pero aún estaba a tiempo de hacerlo, con ello en mente como su guía abandonó la habitación camino a la oficina del Kazekage.

- Adelante.

A pesar de que estaba acostumbrado a la falta de sueño ver a Hinata entrando en la oficina lo hizo pensar por un momento que comenzaba a sufrir alucinaciones.

- Hinata, ¿ocurrió algo? – preguntó de inmediato levantándose de su escritorio.

- No, quiero decir… bueno hay algo que… Temari san me comentó y yo quería… pedir un favor.

Los nervios le estaban fallando y de pronto todo el plan parecía ser una pésima idea, pero ya había comenzado a hablar de modo que intentó explicarle lo mejor que pudo la situación.

- Ya veo, si han estado juntos tanto tiempo es lógico que te preocupe que puedan sentirse traicionados.

- Sé que eventualmente me perdonarían, pero no quisiera que llegaran a pensar que no los he considerado, el equipo 10 ha sido durante mucho tiempo una familia para mí.

- No necesitas justificarlo, estaré complacido de ayudarte, y estoy seguro de que Kakashi también se alegrará de poder hacerlo.

- Muchas gracias – el suspiro que soltó casi la dejó sin aire.

- Aquí tienes papel y tinta, puedes escribir en el escritorio, es más sencillo que usar la mesita para té. Iré a buscar a alguien de sensorial para que se encargue de esto, volveré pronto.

- Lo siento por molestar.

- Hinata, nada de lo que haces es una molestia.

Con esa última afirmación y una casi imperceptible sonrisa, Gaara la dejó para que escribiera en su oficina.

- Bueno… ¿Cómo debería explicarles esto a Kiba y Shino?