La Luna de su Mundo

❝México era una nación, como todos ellos. Entonces ¿por qué se sentía como si ella fuera un mundo completamente diferente? ❞

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AMADA

México era... peculiar. Hermosa sin ninguna duda, pero peculiar en una manera entrañable. Una mujer que de una u otra forma se metió en el corazón de tantas naciones con las que cruzo palabra. Cuando entraba a una habitación, inmediatamente decenas de pares de ojos se posaban en su caminar entaconado correspondiendo los saludos de la mexicana con una sonrisa contagiosa. Algunas risitas, susurros de las naciones más atrevidas se centraban en lo bien en que su figura era delineada por su ropa.

Un rostro de piel besada por el Sol vino a su mente. Visualizó su cabello casta caoba que caían en ondas sobre sus hombros, que rebotaban a cada paso que daba, adaptándose a ese rostro en forma de corazón, el flequillo que caía sobre sus ojos creando sombras que acentuaban sus rasgos. Las mejillas tersas bien definidas y siempre alzadas por la constante sonrisa perlada que se dibujaba, un suave puente en su nariz de botón que se arrugaría debido a demasiadas variables, a oler cualquier hedor demasiado fuerte para su sensible nariz, al ver un taco con la tortilla frita, escuchar ser llamada pequeña, y al tragar tequila de golpe con dureza y pedir otra sin importarle que a la mañana siguiente se arrepentiría.

Y labios sonrojados y gruesos de esa cara, que distraían mucho, mucho, en verdad mucho cuando se movían sin parar. Y esos dulces labios ¿podrían esos pétalos rojos sonreír, podrían reír desde el corazón, cantar canciones vívidas de amor, podrían consolar y lanzar comentarios ocurrentes que no deberían ser tan adorados, pero lo eran?

Pero esos ojos, nada tan espectacular como esos ojos del color del oro arremolinándose con el tono de la miel. Eran tan poderosas, capaces de mostrar tantas emociones en una fracción de segundo, incluso podrían cambiar ligeramente de color, capaces de robar el aliento, causar que te arrodillaras a sus pies, atravesar y leerte el alma. Esos ojos que habían mirado con adoración, amabilidad sincera, con el dolor y la angustia, con preocupación, con tristeza, con desprecio helado, indiferencia y de traición calcinante. Había visto como esos ojos decorados por largas pestañas le expresaban su desdén, tristeza, alegría, auxilio, diversión, respeto, admiración, decepción y nublados por el alcohol. Chile había visto cada faceta, pero nunca ignoro esa faceta que esos ojos habían hecho al presentarle a otra nación colonial.

México con ese rostro de miles de emociones, mirando a Romano con lo que solo podía llamar amor, del tipo que cruzaba la frontera de lo fraterno, pero no del enamoramiento. Eso lo movió de la forma más aterradora y confusa.

Chile se estremeció hasta el fondo.

México era consciente de lo encantadora que era, hasta cierto punto. Ella no se daría cuenta de muchas cosas. Nunca noto que Japón siempre sería más abierto con ella, no se quejaría si alguno de sus dedos llegara a tocarlo o como sus ojos tendrían una luz diferente cuando era reflejada en ellos.

Ingenua en que Rusia la trataría como si fuese hecha de frágil cristal, que cuidaría sus palabras para no asustarla y el constante sonrojo de sus mejillas que ocultaba detrás de su bufanda. Francia insistiría en tocarla mucho, mimándola con regalos caros que pondrían nerviosa a México tratando de rechazarlos y le daría cumplidos sinceros con una tierna sonrisa. En como Inglaterra siempre trataba de hacerla sentir como una reina, cocinando para ella (cosa que Rosalía trataría de no comer distrayendo a Arthur en otros asuntos) y defendiéndola a capa y espada. China establecería reuniones por asuntos que se resolverían por una sola llamada, platicarían por horas acerca de la cocina y astronomía e insistiría en escoltarla.

Dios, Estados Unidos la abrazaría para levantarla entre sus brazos con tanto cariño, discutiría con ellas acerca de películas y la haría rabiar con tal de hacerla divertirse, literalmente ignorando a todos cuando hablaba con México.

Argentina no dejaría de pelearse con ella con tal de tener su atención sobre él, Colombia la invitaba constantemente a fiestas (nunca invitaría directamente a otra nación), acapararía su atención al ser la mejor amiga de Rosalía, Brasil la abrazaba y besaba su mano cada vez que se veían, coqueteándole en el oído y contándole chistes para hacerla reír. Prusia la llamo preciosa a cada oportunidad que se presentara, que él desviaría su camino para hablar con ella con una mirada suave.

Portugal y Holanda tendrían constantes roces por sus visitas frecuentes en suelo mexicano, Australia la llevaría a los mejores escenarios, Etiopia e India comerían con ella sabiendo de su ventaja con la comida picante. Y eso fue solo la punta del iceberg.

Luego Rosalía estaría de encimosa con Romano junto a España ante las miradas celosas de las naciones.

¿Y él? Bueno, Manuel era el espectador del drama que se armaban.

Sabía que de manera objetiva que Rosalía no tenía la culpa ni estaba informada de que pasaba.

¿Verdad?

….

Manuel miro con sospecha a la causa de la discordia, quien estaba distraída sentada en su sofá en el celular viendo memes si es que sus ocasionales risitas eran una afirmación de su suposición ¿será que fue capaz de enamorar a todos ellos solo para reírse por puro entretenimiento? El chileno no bromeaba, cabía que fuera una probabilidad real.

Era la criatura más impredecible, con un raro y oscuro sentido del humor de la historia. Además, que era una rencorosa por cosas ridículas como comerse la última fresa... ¿Era tan desalmada y enferma como para llevar a cabo esa locura de enamorar a las potencias de cada continente y alejarse fingiendo demencia para ver su destrucción?

Nah... La maldita desgraciada de Rosalía era demasiado descuidada, desinteresada y amable para su propio bien. Si claro, aparentaba que no se daba cuenta, implícitamente sin dar una respuesta clara y obligaba que todos se pelearan en un plan malvado y ejecutarlo con toda la paciencia del mundo para que ella tomara el poder del mundo con todas las potencias destrozándose entre ellos. México era muchas cosas, pero una genio malvada no era una de ellas. Aunque a Rosalía le gustaba bromear que no dominaba el mundo porque no quería.

Chile la conocía bien, prácticamente desde que era un niño que no podía hablar bien el español. En sus recuerdos más preciados, Rosalía era la primera persona en asomarse en ellas. La chica era una grosera, impredecible, habladora, idiota, rencorosa y desinteresada que llegaba a irritarlo, pero en verdad tenía un buen corazón que le dirigió de sus mejores sonrisas cuando derramo helado en su alfombra. Un corazón que atraía el interés de la gente como luciérnagas a un faro.

El interés trae problemas. Porque nunca iba solo, acompañado de la codicia, orgullo y posesión de su objeto de afecto. México en verdad vería la bondad dentro de cada país, viendo la mejor versión de esas naciones y perdonándolos si es que le hacían daño para confiar de nuevo como si nada. Como Inglaterra, el caballero de brillante armadura a los ojos de su amiga, pero él era codicioso, cruel y todo lo que les dijo España de su vecino de pequeños probablemente fuera verdad.

Los mejores corsarios de los siete mares, los imperios que dominaron la tierra y los guerreros de antaño les advertían a las naciones americanas de los peligros de las sirenas, de hadas y de la tentación de los labios cantarines los llevaría a su perdición, incluso al más duro de los corazones. ¡Irónico!

Los europeos, asiáticos, oceánicos, africanos y americanos fueron hechizados por la dulce melodía de la criatura y se perdieron. Muchos ni siquiera se resistieron, entrando a la trampa sabiendo su final. Embelesados por la hermosa criatura de la brillante sonrisa ajena de sus presas en la red que ni siquiera sabía que existía. Si ella fuese consciente de lo que había hecho, no estaba seguro de lo que haría. Podría ignorarlo, tratar de liberarlos u o quedarse son sus corazones. Sin embargo, podría afirmar que ninguno de ellos se iría, aunque ella lo deseara.

Chile sabía por qué no querían salir de la red de la melodía. Hermosa e inquietante que necesitabas saber cuál era su final. Usaba las palabras justas para atar el alma, prometiendo a que comenzaras a sentir el cariño que siempre habías anhelado. Una oferta casi imposible de rechazar, ni siquiera una voluntad de acero sería capaz de manejar que también venia emparejada con el rostro hermoso y un cuerpo que te obligaba a rogarle por un beso.

Era indomable, salvaje y libre cuando pudo soltarse de las cadenas del imperio español. Irresistible cuando pudo alzar sus alas a la libertad.

Manuel amaba a Rosalía, sinceramente lo hacía, a pesar de sus defectos. Manuel sabía que Rosalía también lo amaba. No eran hermanos, pero así lo sentía. Cayó en el hechizo de la voz, pero no de forma romántica. Fue un sentimiento que compartía con España, los centroamericanos y Cuba que solo poseían afectos fraternos.

Por eso no comprendía en qué momento estos idiotas lo vieron como su mayor rival. Claro, Rosa le daba besos en la mejilla y en la nariz, se colgaría de su brazo, bromearía, reiría y le diría abiertamente que lo quiere. ¡Era casi exactamente en como trataba a Romano! Deberían ir tras el italiano que incluso recibió una propuesta de amor (juguetona, pero, aun así), no a él.

Recuerda en una fiesta que se organizó en Copenhague, en pleno invierno cuando el canto de los ojos del oro llamó a Matthias, luego al mundo. Por qué claro, estuvo ahí como el espectador que siempre fue.

Un invierno duro azotaba las afueras del salón de baile que el danés había rentado para celebrar algo que ya no podía recordar, sorprendentemente varios fueron, incluyéndolo. Fue con Venezuela envueltos en abrigos con borrega temblando hasta que entraron al cálido recinto.

Todos se la pasaron bien, Tailandia haciendo unas increíbles acrobacias. Prusia con Etiopia jugando a un partido de cartas. Sudáfrica charlando prácticamente con todo el caribe. Perú mostrándole fotos de sus llamas a Australia que genuinamente se mostraba interesado. Madagascar y Corea del Sur desafiándose a un concurso de baile. Chile platicaba con Portugal acerca del final de un libro que los dejo insatisfechos.

Pero se comenzaron a preocupar en donde estaba México cuando Argentina entro sin compañía. Si ella no estaba colgando de su persona, entonces sí o sí estaría con Martin como mínimo. Con Brasil y Romano tal vez, pero ellos ya se encontraban ahí bailando con Macao y Taiwán.

Le pregunto al argentino donde estaba, él le respondió algo sorprendido que el tráfico lo atasco y que pensaba que Rosa andaba con él. Portugal saco su teléfono para llamarla y al hotel, lo mando directo a buzón con la respuesta de que el hotel afirmo que ella había salido. Entre los tres la llamaron sin resultados. En pánico comenzaron a preguntarle a Lovino de su paradero su respuesta los hizo alterarse más "La bastarda del chile dijo que vendría con Martin ¿Dónde demonios esta?"

Entonces vino la llamada.

Matthias se excusó de sus invitados atendiendo la llamada. El nórdico palideció. Bueno, Dinamarca nunca ha sido... discreto. Grito a través del salón corriendo hacia la salida que Rosa cayó en un lago. Afortunadamente, Rosalía estaba bien, la mala noticia fue que enfermo de neumonía grave que fue internada en el hospital. No podían hacer que viajara a su casa, por lo que Matthias cuido de su amiga en su estancia prolongada de un mes.

Pero...

Cuando despertó de su inconciencia, estaba rodeada de sus hermanos, con Canadá y España a su lado. Lo primero que pregunto fue por qué Manuel no estaba con ellos.

Bien ahora sabía cuál era el momento en que se convirtió en el rival.

Dejando un lado ese momento...Encargar a la mexicana lejos de su familia, vulnerable y a solas con el danés... NO, era un gran no para Chile. No fue el único que visito a Rosalía invadiendo el hospital, Cuba le traía caldos caseros, Hungría trajo flores a diario, China hablaría con ella hasta que se quedara dormida y Estados Unidos le trajo una montaña de peluches en forma de aguacates (jamás había visto a México tan feliz de acunar un peluche de aguacate con carita). Era sorprendente ver a Carlos y Alfred conviviendo en la misma habitación sin que el infierno se desate, ninguno deseando que la mexicana se enoje con ellos.

A veces a Manuel le gustaría en verdad agarrar a Rosalía de los hombros para que se le acomodaran las ideas para que dejara de ser tan idiota o se tomara más en serio este tipo de asuntos. Por qué ese era otro defecto de México, no se tomaba en serio el romance. No es que fuera incapaz de amar o no tuviese una idea clara de que era un amor romántico, era que no creía que alguien pudiese llegar a amarla causando que se lo tomara a juego.

Para Rosalía todo era en solo amigos, nunca vio a su amiga genuinamente enamorada de alguien.

Eso era algo deprimente...

Cuando tenía a tanta gente amándola de verdad. No era irracional, esos ojos dorados que aun conservaban inocencia a pesar de tener los horrores del mundo grabados detrás de sus parpados, emitiendo esa aura de compañía y consuelo genuino. Fue... indeleble mirar a unos ojos y ver amor real.

Como si ella estuviese en un mundo que no eran capaces de comprender... un astro que podían admirar cada noche, escribir poemas de su belleza y dedicarle composiciones románticas. No obstante, inalcanzable al tacto como el beso de un fantasma.

Manuel amaba a Rosalía. Chile siempre estará para México. Este humilde astrologo cuidaría del corazón de la Luna.