Heya. Aquí una vez al mes como dicta mi costumbre hehe. En fin, sé que no mucha gente lee este fic pero es a lo que me arriesgaba. Espero que aquellos que están por aquí disfruten este capítulo. Recién estamos empezando así que no será tan movida la trama todavía hehe.
Los dejo con esto.
Después de haber desenganchado la cadena que sostenía el auto de Nick a la camioneta de Skye, el vehículo dio un leve golpe contra el suelo inmediatamente rebotando en las llantas. Ambos zorros empujaron el despojo de auto hasta el garaje del taller. La zorra de pelaje blanco había estado prestando atención en el cacharro ese desde que lo vio en la calle. Era un buen modelo, muy viejo, pero muy bueno también. Era obvio que el tiempo no sería grato con él a la larga. Dejando de lado lo último. Había otra cosa en la que Skye depositó toda su atención desde que se detuvo en la carretera; de todos los mamíferos en el mundo, de todas las posibles especies que pudo haber encontrado se topó con uno de los suyos ¿Hacía cuanto que no había tenido tal gusto? Tal vez sonara algo tonto, pero la vulpina no frecuentaba mucho las ciudades o poblados y vivía a pocos kilómetros de una ciudad aunque jamás ponía pata alguna en la susodicha. Sea como fuere Skye aún no estaba del todo segura de lo qué pensar de aquél encuentro. Lo más probable es que fuera solo mera coincidencia, seguramente no era más que eso. Es lo que se repetía mientras mantenía la mirada clavada en el zorro pelirrojo que ahora se paseaba de un lado al otro por su garaje mientras ella bobamente se había quedado plantada en el suelo.
-Am… ¿Me escuchaste?- Habló Nick. Por fin sacándola de su pequeño trance.
-¿Qué? Lo siento estaba… No importa ¿Qué decía?
-Solo te agradecía por haberme ayudado allá atrás, no tengo idea de lo que habría pasado si no hubieras estado ahí-
-Bueno entre zorros hay que ayudarnos ¿Cierto? Sino quién más lo va a hacer- Respondió desplazándose al frente del auto.
-Sí, eso es cierto- Dijo el zorro rascándose la nuca.
-¿Qué hacías a la mitad de la carretera por cierto? Si ibas a Zootopia viajabas por el carril contrario-
-Sí, lo sé. En realidad vengo de allá. Justo ahora me dirijo a Preyland-
-¿Preyland?- Cuestionó sorprendida.
-Exactamente-
-Amigo ese lugar no trata bien a nadie con colmillos o garras, y lo digo muy en serio. No quieres ir a ese lugar.
-(Suspiro) Conozco bien la fama que tiene, viví ahí durante gran parte de mi niñez y en efecto, fue horrible.
-¿Entonces por qué regresar?- Skye se recargó en el capó del auto.
-Aun debo sacar a mi madre de ese lugar-
Skye no pudo ocultar su sorpresa. No todos los días te topabas con cosas así y en la vida de la sufrida vulpina, ya había sido toda una aventura el haberlo encontrado en su recorrido matutino.
-Ya veo, espero no te quedes más de lo necesario- Comentó dando media vuelta para abrir el cofre del vehículo, siendo recibida por una disipada pero presente nube de humo negro –Eso no es buena señal-
-Dudo mucho que el humo saliendo de un auto sea buena señal alguna vez-
-Necesito unos minutos para poder revisarlo, espero no vayas con tanta prisa- Señaló Skye.
-Descuida, iré a hacer una llamada mientras tanto-
La vulpina asintió y pasó toda su atención a la revisión del vehículo. El daño era claro a simple vista, pero lo importante para ella era encontrar la parte específica en donde se encontraba el mismo.
Nick salió del lugar para dejar a la chica trabajar. Desde que se topó con ella no había tenido ni siquiera la cortesía de preguntar su nombre, aunque tampoco estaba muy pendiente de ello en todo caso. En la mente del zorro solo habían dos cosas tomando toda su atención; su madre y por supuesto el asunto de Judy y Jack lo volvía a molestar. Gruñó levemente al pensar en ello pues a todas luces era una mala idea hacerlo ¿Por qué no podía seguir con su vida y ya? Era más doloroso de lo que podía llegar a parecer.
-De verdad espero que ambos estén bien- Dijo para sí mismo al alzar la mirada y entonces la curiosidad le hizo acto de presencia. Se dio media vuelta para ver más detenidamente aquél taller. Era viejo claro está, ni siquiera había un letrero lo único que servía para identificarlo era el garaje abierto y las herramientas que saltaban a la vista, fuera de eso no había nada más. Nick pudo notar ventanas en el edificio clara señal de que se trataba también de una casa y sería estúpido preguntarse quién vivía ahí, sin embargo ahora la duda era ¿Realmente estaba sola? No había señal alguna de vida a kilómetros y mucho dudaba que hubiese infortunios como el suyo a diario ¿Qué hacía exactamente ella para vivir?
-¿Quién rayos es ella?-
.
.
.
.
Por igual la mañana ya iba algo avanzada en la ciudad, sobraba decir que el alboroto matinal había empezado también. El ZPD abría sus puertas a los oficiales del turno del día mientras que aquellos oficiales encargados de cubrir la noche se retiraban a sus hogares. Un auto de color negro no muy grande se detenía en la entrada frontal, era conducido por un conejo y del asiento de copiloto Judy abría la puerta para bajar.
-Veinte minutos antes ¿Segura que no podías esperar un poco más?- Preguntaba Jack.
-Definitivamente no, me gusta llegar temprano así puedo hablar con Nick antes de que la junta comience-
-Oye a partir de hoy ya debería dejar de asistir a esas juntas, aunque aún debo informar a Bogo-
-No creo que le moleste un día más de trabajo de oficial.
-Como usted diga detective Hopps. Saluda al zorro por mí ¿Quieres?-
-Adiós cariño-
-Te veré más tarde-
El motor arrancó nuevamente y Savage se retiró del lugar mientras que la enérgica coneja subía las escaleras de la estación. Era curioso, desde que ascendió al cargo de detective no había más necesidad de usar su uniforme azul de oficial y sin embargo los meses pasaban y seguía sin cambiarlo. Ella adoraba ese viejo juego de ropa; era cómodo, flexible y muy ajustable a sus necesidades, aun adoraba ir corriendo detrás de los maleantes ¿Por qué cambiar algo que ya funcionaba bien? Aunque si el plan de su prometido salía bien tarde o temprano ella tendría que despedirse no solo de su uniforme sino también del ZPD. No es que le molestase la idea de ir a Fuerzas Especiales, de hecho era una gran oportunidad y no chocaba para nada con su sueño de servir y proteger pero sería imposible no mirar atrás y pensar en todo lo que vivió ahí. Conocer a Nick, el caso de Bellwether, Jack. Había buenas memorias en la estación.
-Buenos días Ben- Saludó sonriente al pasar por recepción.
-Hola Judy, veo que tu galán te trae a diario ahora-
-Ya basta- Dijo ruborizada –Por cierto ¿Ya llego Nick?-
-¿Nick? Oh, creí que lo sabías- Respondió confundido.
-¿Saber qué?-
-Verás…
-Wilde no vendrá hoy- La gruesa voz de Bogo se hizo presente en la conversación.
-¿Qué? ¿Por qué? ¿Está bien?- Interrogó asustada.
-Por lo que se ese zorro está bien, simplemente tuvo un asunto que atender- Explicó dejando un archivo sobre el escritorio.
-Pero su día libre no es hoy-
-Eso ya lo sé Hopps, por desgracia le debía un favor a ese bribón- Dijo con molestia.
-¿Se refiere a lo que pasó en el bar hace dos semanas?- Inquirió risueña, obteniendo como respuesta una fulminante mirada de Bogo –De lo cual por supuesto no sé nada en absoluto- Corrigió borrando la sonrisa de su rostro.
-Como sea, ya que Wilde no estará en la sala de juntas y ya que tú no tienes nada qué hacer en ese lugar dese tu ascenso, vine a darte esto- El búfalo extendió hacia la coneja el folder que había dejado en el escritorio.
-¿Nuevo caso?- Preguntó Judy al abrir el archivo.
-En efecto y espero logres avanzar hoy sin Wilde-
-¿Un simple robo a una joyería? No me necesita para esto jefe, es…-
-No es un simple robo Hopps- Entregó otra fotografía. Era la imagen del interior de la escena del crimen; vitrinas destrozadas, vidrio por todo el suelo, una puerta de madera astillada, nada fuera de lo común en ese tipo de cosas. Lo importante, lo que sobresalía encima de todos los destrozos era que toda la mercancía estaba en el suelo, y según el reporte del dueño y acorde al inventario no faltaba nada. –Esto no tiene sentido ¿Quién irrumpe en una joyería y deja todo lo valioso?- Cuestionó intrigada.
-Eso es lo que tú debes averiguar- Contestó retirándose.
-Vaya. Garraza necesito todo lo que tengas de este caso-
-De inmediato Judy-
-¿En dónde demonios estará Nick?- Se preguntaba mientras caminaba a su oficina –Solo espero que esté bien.
En unos cuantos pasos más llegó al ascensor y de ahí procedió a su oficina. La coneja ya no tenía que vivir en esos nada privados cubículos, repletos de ruido a su alrededor y por supuesto ya no era víctima de las constantes y fastidiosas bromas de Lobato y de su zorro. Ella sonrió ente la imagen de la puerta con el nombre "Detective Judith Lavernet Hopps" La llenaba de orgullo el simplemente recordar todo lo que pasó para llegar a ese punto, pero nada de eso era relevante por el momento. Abrió la puerta y procedió a ocupar su escritorio, al fin uno adecuado a su tamaño.
Judy abrió el archivo, buscó el enlace en el papel y procedió a teclearlo en la computadora. Los reportes sobre el caso no eran muchos ni tampoco eran muy claros. Todo lo que había era lo que ya sabía a simple vista; un "Robo" de joyería pero según el registro nada faltaba, sin víctimas mortales y oh, un solo testigo. Era claro que tendría que salir a hacer trabajo de campo por un rato, seguro serviría para olvidar por un rato el asunto de Nick. Revisó lo que faltaba de los informes y antes de cruzar la puerta al salir tomó su celular.
-Jack- Habló al ver al conejo en la pantalla.
-Hola Judy ¿Está todo bien?- Preguntó sonriente.
-Dime ¿Estás ocupado?-
-Pues, no hay nada importante por el momento en la oficina así que si puedes sacarme de aquí te lo agradecería mucho- Respondió casi sonando desesperado.
-¿Tienes tiempo para un extraño "Robo" de joyería?-
-¿Por qué las comillas en Robo?- Preguntó Jack.
-Alcánzame allá y te cuento- Rió.
A penas terminó la llamada y Jack prácticamente saltó de su escritorio. A toda prisa tomó su saco y se preparó para salir. Las instalaciones de las fuerzas especiales eran por mucho más superiores a las del ZPD, por supuesto Jack ya había tenido el gusto de visitar la estación también, no se quejaba de ello o al menos no a viva voz, después de todo su prometida trabajaba ahí y ella adoraba ese lugar. La gran diferencia entre el ZPD y la fuerza especial radicaba en que los días tendían a ser más divertidos en la policía. Desde el simple hecho de tener la opción de patrullar por la ciudad mientras que para Jack la mayor acción que veía en su escritorio eran los juegos de solitario mientras esperaba a una misión importante. Al conejo no le costaba admitir que extrañaba cuando no era más que un oficial, siempre con algo que lo mantenía ocupado todas las tardes. Las ocasionales llamadas de Judy en busca de apoyo en algún caso eran su pase a la libertad y al ZPD le venía de maravilla la buena imagen que brindaba un agente como Jack trabajando con ellos.
-¿Te vas temprano Savage?- Preguntó una voz algo mayor poco antes de que el conejo atravesara la puerta principal.
-Am… No yo solo…
-Ya son siete veces en lo que va del mes- Al fin se presentó un lobo gris de edad algo avanzada sosteniendo un café en su pata izquierda.
Resignado, el conejo se dio media vuelta para encarar a su jefe.
-¿Está espiándome?-
-Hay cámaras en todos los pasillos Jack, sé de tus escapes desde que conociste a esa chica, July-
-Judy, su nombre es Judy- Corrigió ruborizado.
-Jack trabajas aquí, sigue así y empezaré a pensar que quieres volver a ser policía-
-Vamos jefe, no hemos tenido nada aquí en lo que va del año. Soy un conejo ¿Está bien? Necesito caminar, correr, estar haciendo algo o de lo contrario voy a terminar convirtiéndome en un perezoso-
-¿Ese es tu gran argumento?-
-Además el apoyo de las fuerzas especiales a los diferentes cuerpos policiales y de seguridad en la ciudad están permitidos de manera libre según un agente de alto rango lo consideré prudente y yo soy un agente de alto rango. Como verá no estoy infringiendo ninguna de nuestras reglas ¿O sí?- Cruzó los brazos victorioso y lleno de orgullo en ese pequeño discurso.
-Hehe, tan tenaz como siempre- Rió el lobo –No puedo hacer nada para detenerte- Dijo empezando a caminar por el pasillo –Y tengo mucha curiosidad en ver lo que harás cuando tu chica trabaje con nosotros ¿En qué vas a ocupar tu tiempo?- Comentó antes de desaparecer en la esquina del corredor.
-Pues en ella obviamente- Musitó Jack. Imaginaba cómo sería cuando Judy estuviese con él, no había tenido un compañero en mucho tiempo y la idea de estar con alguien así de especial para él, bastaba para alegrarle el día a cualquiera.
.
.
.
.
Skye terminó de revisar bajo el capó del auto y lo que encontró definitivamente no era nada prometedor; las piezas eran viejas y estaban dañadas. Su pelaje blanco había perdido gran parte de su brillo puesto que ahora estaba llena de aceite y grasa de motor, al igual que un poco de tierra.
-¿Hace cuánto que no usaban esta cosa?- Se preguntó la vulpina mientras se pasaba el brazo por la frente, no logrando más que difuminar la grasa que ya tenía encima –Esta cosa no va a moverse de aquí en unas horas- Musitó. Frotaba su barbilla pensando en alguna solución rápida y desde luego, temporal.
El tiempo seguía pasando y sin embargo Nick no se movía. Siempre se consideró un zorro muy paciente y en verdad lo era, pero podía percibir a kilómetros que había algo muy mal con ese viejo cacharro que su padre tanto valoraba. Sea como fuere le era sencillo distraerse en el ambiente que se encontraba por el momento; sin el fastidioso ruido que llenaba las calles de la ciudad, celulares sonando una y otra vez, nada de eso. En esa detenida de la carretera solo resaltaba el sonido del viento entre los árboles y algunas aves entre los árboles. Era agradable, en definitiva lo era pero no como para estar ahí sin compañía alguna. Al no estar rodeado por nada más que bosque le sensación de soledad podía llegar a ser abrumadora. Pero era estúpido pensar en un mamífero capaz de hacer tal locura, seguramente esa chica tenía algún amigo que la visitaba constantemente, tal vez estaba casada. Y ahora se preguntaba por qué rayos pensaba en cosas así en ese momento. Hacía tan solo una hora no podía sacar a Judy de su mente y ahora se había olvidado completamente de ella, de Jack, de toda Zootopia en general, solo su madre había permanecido firme en sus prioridades.
-Hola… ¿Está todo bien?- Habló Skye.
-Sí solo… Veía el lugar.
-Claro, como si hubiera mucho para ver- Rió Skye.
-De hecho así es. No encuentras lugares así en la ciudad- Explicó el zorro.
-Siempre creí que Zootopia era la metrópolis perfecta-
-En parte lo es pero todo ahí es creado por el animal aquí es cien por ciento la madre naturaleza. Para cualquier mamífero eso vale mucho más que cualquier ciudad-
-Ni cómo negar eso…- Respondió distante –Te pareces mucho a alguien que conocí una vez- Comentó la vulpina a la par que dibujaba una pequeña sonrisa en su rostro –En fin, ven un momento ¿Quieres?-
Los dos zorros se dirigieron de vuelta al taller y en cuanto tuvo el auto de frente Nick supo que nada bueno pudo hacérsele.
-Entonces ¿Cuál es el diagnostico doctora? ¿Sobrevivirá el resto del camino?-
-Me temo que ahora está en coma- Rió Skye.
-Eso no es tan divertido…- Musitó Nick.
-Lo siento. Verás revisé el motor y al parecer el fallo está en algún inyector que no pulveriza bien el combustible: si las gotas que inyecta en el cilindro son demasiado grandes, no se mezclan con el oxígeno de forma óptima y no arden bien. Además debo de parchar uno de los tubos del múltiple de escape, ya que no es normal que salga humo negro al abrir el capó sino que debería de salir por el caño de escape. No puedo hacer que funcione pronto- Explicó inconforme.
-Am… Yo…- ¿Tan mal quedaría su imagen al admitir que no entendió ni una palabra de lo que le acababan de decir?
-Hehe, descuida he visto esa cara de tonto en muchos animales. Lo más simple que te lo puedo poner es que no será nada sencillo arreglarlo-
-Ya veo- Suspiró el vulpino ahora tratando de encontrar una manera de llegar a recoger a su madre ese día.
-En verdad lo lamento, sé que ibas con algo de prisa- Se disculpó la zorra de pelaje blanco.
-Sí de hecho… ¿De casualidad sabrás si por aquí pasa algún autobús?- Preguntó nervioso.
-Nada que yo conozca-
-Diablos… (Suspiro) ¿Cuánto te tomaría repararlo?- Preguntó temeroso.
-A como yo lo veo, entre seis u ocho horas mínimo- Respondió rascándose la nuca.
"Este definitivamente no es mi día" Pensó Nick empezándose a desesperar. La gran espera que sus padres habían tenido que soportar y ahora por un inconveniente se debía alargar más de lo ideal. Nick también quería volver a ver a su madre, no por una pantalla y no escuchar su voz a través de una bocina. Quería abrazarla, verla y escucharla todo en persona. Debía haber algo que se pudiera hacer.
La situación era inusual, muy inusual para Skye. Más allá del hecho de haberse topado con otro de su especie en quien sabe cuánto tiempo, había conocido a alguien agradable e incluso divertido. Contadas eran las veces que había logrado reír en los últimos años. Tal vez sonaba a exageración pero describía a la perfección el cómo había sido su amarga realidad. Nick había sido un atisbo de alegría en su vida tan llena de melancolía. Lo veía ahí, pensando en una y mil cosas, era claro que no se daría por vencido y si estaba en ella el hacer algo para ayudar ¿Por qué no hacerlo? Ambos eran zorros al fin y al cabo, entre la misma especie debía haber algo de honor aunque no tuvieran exactamente esa fama. Dejando escapar un leve suspiro Skye alzó la mirada nuevamente. Captó la atención del zorro al poner una pata en su hombro. Le sonrió.
-Si quieres puedo prestarte mi camioneta para que llegues allá-
-Lo… ¿Lo dices en serio?- Cuestionó incrédulo.
-Sí, a fin de cuentas debes pasar por aquí para regresar a Zootopia así que… Puedes recoger tu auto cuando vayas de regreso- Explicó optimista.
-¿Aún trabajarás en él?- Preguntó con asombro.
-Puedo hacerlo que se mueva y que soporte el viaje de regreso a Zootopia pero una vez allá, tal vez deberías considerar llevarlo al depósito-
"Mi padre me mataría si hago eso… ¿En verdad va a ayudarme así? Gracias a quien sea por ponerla en mi camino"
-Estás salvándome la vida patas blancas- Sonrió sagaz, dándose cuenta en ese instante de un muy importante detalle –Lo siento yo… Creo que no sé tu nombre- Dijo avergonzado.
-¿Mi nombre? Hehe, descuida yo tampoco sé el tuyo. Soy Skye, Skye Winter-
-Nicholas Wilde- Estrecharon sus patas –Me llaman Nick-
-Todo un gusto conocerte Nick. Espero vuelvas pronto, y lo digo en serio porque esa camioneta es todo lo que tengo para ir a pescar- Comentó mientras entregaba las llaves.
-¿Pescar? ¿Es a donde ibas cuando me encontraste?- Preguntó Nick.
-Así es. La comida para depredador no crece exactamente en los árboles- Rió ella.
-Yo no estaría tan seguro, algunas aves duermen allí también- Comentó.
-Muy gracioso pero nunca en mi vida he comido una- Afirmó orgullosa aunque por la reacción de Nick parecía ser más bien motivo de vergüenza.
-¿Jamás? Lo siento pero creo que no podemos ser amigos- Dijo con dramatismo –Es un chiste pero escúchame bien Orejas de nieve, me aseguraré de que pruebes el pollo algún día-
-Ya veremos. Suerte en Preyland Nick-
El zorro encendió la camioneta y con un simple ademán se despidió para incorporarse a la carretera nuevamente. Skye permaneció clavada al suelo mientras lo veía alejarse y desaparecer en el horizonte. No podía sacarlo de su mente por alguna razón, muy pocos mamíferos lograban olvidar su primer encuentro con Nicholas Wilde, era todo un personaje, pero para ella había sido algo diferente. Había algo en él que le recordaba mucho a cierto animal. Con desgano recordó aquello que la afligía a diario, aunque logró rescatar algo de su sonrisa al pensar en Nick y en que podría verlo una vez más. Caminó de regreso a su taller y se puso a trabajar, no sin antes sacar del cuello de su blusa un colgante en forma de media luna. El recuerdo más feliz que tenía y un regalo muy preciado también. Lo admiró por algunos segundos y puso patas a la obra, el trabajo la distraía, era una desgracia que no tuviese tanto como para no pensar en otra cosa.
.
.
.
.
Trabajo era otra de las cosas que Jack extrañaba día tras día. Había sido toda una bendición el que su prometida anteriormente novia resultase ser policía, habían sido meses entretenidos apoyando a los distintos trabajos de Judy. Ya fueran simples delitos menores hasta casos más complicados. Esos últimos eran aquellos que mantenían su mente despierta y brindaban algo de emoción a su vida. Muchas veces incluso le cruzó por la mente dejar fuerzas especiales e ir con Judy al ZPD algo que su jefe jamás le permitiría hacer después de tanto tiempo de servicio, sin mencionar el gran trabajo que él llevaba a cabo.
El atraco a la joyería no parecía ser más que eso a simple vista. Puerta destrozada, vitrinas hechas pedazos y sin embargo todas las joyas estaban en repartidas por todo el suelo del lugar. Después de un meticuloso chequeo hecho por Judy se confirmó que nada, absolutamente nada faltaba en el inventario, incluso habían empezado a almacenar los objetos de valor dejando únicamente el vidrio y los destrozos en el despacho.
-Estas cosas siguen siendo muy incómodas- Decía Judy mientras se ponía "equipo de protección" en sus patas para poder caminar sobre los filosos trozos de cristal.
-Creí que estarías acostumbrada después de tanto tiempo- Comentó Jack.
-¿A caso tú los soportas?- Sonrió ella.
-Para nada- Respondió terminando de ajustar esas cosas.
-A veces desearía tener pesuñas, no tendría qué preocuparme por estas cosas- Dijo la coneja al caminar dentro de la joyería.
-¿De verdad cambiarías esas patas de la suerte por dos estorbosas y ruidosas pesuñas?- Rió Jack.
-¿Disculpa?- Se quejó una gacela junto a ellos.
-Creo que te escuchó- Se burló Judy en voz baja.
-Am… No fue mi intención…- La gacela solo resopló y se fue del lugar mientras que Jack rascaba su nuca al verla irse.
-Jack date prisa- Llamó Judy desde dentro.
Una vez dentro los dos conejos empezaron a revisar todo el lugar. El vidrio crujía bajo sus patas y encontraban una que otra pequeña piedra valiosa perdida entre los destrozos de las cuales Jack se hacía cargo de guardar. Revisaron las paredes, las ventanas, la puerta todo a su alrededor y no encontraban nada que fuese relevante. Era extraño, simplemente incoherente. La explicación más razonable sonaba a un grupo de mamíferos ebrios que hicieron un desastre pero incluso ellos se detendrían ante cosas brillantes y valiosas.
-¿Encontraste algo?- Preguntó Jack.
-Además de vidrio roto y un par de pendientes, nada de nada- Respondió Judy entregando los colgantes al conejo.
-Explícame algo Judy, si no hubo un robo entonces ¿Estamos aquí únicamente por vandalismo?- Cuestionó confundido.
-Así empieza a parecer. Bogo estaba convencido de que esto sería algo importante pero ahora no estoy tan segura… ¿Jamás te topaste con algo parecido antes? ¿Al menos una leve similitud en alguno de tus casos?-
-Pues de ser así, a mi parecer diría que estaban buscando algo- Respondió con indiferencia, no estando convencido de su propia teoría. Judy no pensaba igual.
-Eso es- Musitó.
-¿Qué?-
Judy corrió rápidamente a la entrada. Acudió a uno de los oficiales que habían llegado a la escena del crimen antes.
-Delgato-
-¿Pasa algo Hopps?- Preguntó el león.
-Necesito saber algo. ¿Alguno de ustedes revisó la oficina del gerente?- Preguntó.
-Am… Ahora que lo mencionas creo que nadie lo hizo- Respondió rascándose la nuca-
-Perfecto- Celebró Judy al correr de nueva cuenta al interior.
-¿Tú sabes de qué va todo esto?- Preguntó Delgato a Jack.
-Ni idea- Dijo encogiéndose de hombros.
-¿Sabes Savage? Jamás creí que tú y Judy se conectarían tan rápido-
-¿En serio? Bueno, algo debes saber sobre lo que dicen de los conejos…-
-Sí, sé bien que son buenos para la multiplicación- Rió cruzándose de brazos.
-¿Qué? ¡No!- Exclamó ruborizado –Bueno es una parte pero a lo que me refiero es que…-
-Hehe, tranquilo solo juego contigo. Ustedes caen juntos muy rápido, ojalá fuera así de fácil para el resto de mamíferos. Muchos en la estación incluso creímos que Wilde y Hopps terminarían juntos- Comentó alzando la mirada.
-¿Ah sí?-
-Bueno algo así, pero en cuanto llegaste todo estaba dicho-
-Oh…-
-¿Pasa algo?-
-No solo. Cuando escuché de la primer conejo policía, jamás creí que sería tan enérgica- Respondió distante. Ocultaba el amargo sentimiento de culpa por lo que pasó con Nick –Ni que estaríamos juntos así-
-De una manera u otra me alegro por los dos-
-Delgato, Bogo te quiere en la estación- Sonó una voz de fondo.
-Voy para allá. Lo siento Savage, debo irme-
-¡Jack vas a querer ver esto!- Llamó Judy desde dentro de la joyería.
-Hehe, igual yo amigo. Hasta otra-
El conejo se apresuró al fondo del lugar, pasó por los destrozos y al doblar en una esquina al fondo se topó con la puerta abierta del despacho del gerente, en donde Judy ya había hecho de las suyas. Era toda una experta en poner las escenas del crimen patas arriba para luego dejarlas tal y como estaban, en esa ocasión estaba a mitad del proceso pues todo era un caos total todavía, incluso el escritorio estaba en el suelo ahora.
-Demonios Judy ¿A caso un tornado pasó por aquí?- Cuestionó Jack al entrar.
-Algo así- Respondió risueña –Pero eso no importa, ven a ver esto-
-¿De qué se trata?-
Justo al fondo de la habitación en el suelo de madera había un cuadrado perfectamente cortado y dentro se encontraba una caja fuerte aun cerrada.
-Ayúdame a sacarla de ahí-
Una vez la tuvieron frente a ellos Jack se apresuró a tratar de abrirla. Un lujo enorme era el oído tan agudo que tenían los conejos, combinándolo con todo el entrenamiento de Jack, abrir una caja fuerte era juego de niños, suerte que no era de aquellas con teclado digital o de lo contrario seguramente estarían ahí por horas.
-¿Tienes algo?- Preguntaba impaciente la coneja.
-Dame un momento Judy, esto toma tiempo… Ya está-
Con tranquilidad Jack abrió la pequeña puerta de metal oscuro y dentro descubrió un colgante chapado en oro blanco con pequeños zafiros pulidos y en su centro una gran y estilizada amatista.
-Puedo decirte sin lugar a dudas que hay cosas mucho más caras en lo que recogimos del suelo- Señaló Jack con la gargantilla en sus manos.
-No lo entiendo ¿Entonces por qué ocultarlo aquí apartado de todo lo demás?- Se preguntó Judy.
-Yo dije que estaban buscando algo- Sonrió victorioso.
-Creo que tendremos qué hablar con el propietario sobre esto-
-Sí… Eso puede ser un problema Judy- Señaló Jack.
-¿De qué hablas?-
-Si realmente estaban buscado esto y no lo encontraron en la joyería ¿Qué dice que no tienen el mismo plan que nosotros?-
-¿De buscar al dueño?-
-Exactamente- Respondió el conejo -¿No estaba en la estación?-
-Solo fue a dar la declaración. Debería estar en su casa ahora- Explicó Judy.
-Debemos darnos prisa entonces-
.
.
.
.
Aproximadamente dos horas más de viaje después Nick pudo ver a lo lejos la gran y maravillosa ciudad paraíso para aquellas presas cansadas de la crueldad y opresión que los depredadores desencadenaban en el mundo exterior. Podría parecer una simple paranoia pero lo cierto es que era mucha paranoia por parte de la mayor parte de la población dentro de aquellos muros. Hasta ese punto llegaba el miedo de algunos mamíferos atrapados aún en la primitividad del viejo mundo, a grandes muros que los mantenían a salvo. La vida para las presas era simple y sencilla ahí, hasta hacía unas décadas la entrada a depredadores estaba completamente denegada pero por cuestiones políticas se decidió que era en contra de los derechos animales. Sea como fuere sólo los depredadores más desesperados y aquellos que tuvieron la desgracia de nacer dentro de ese lugar vivían ahí. Una vida de degradación, privaciones y humillación. Siempre siendo pisoteados por las presas. Era una suerte de utopía retorcida y extraña. La solución parecía ser muy simple, solo tenían que retirarse de la ciudad y ya. El detalle se encuentra en que los retorcidos líderes de Preyland de alguna extraña manera disfrutaban de ver sufrir a aquellos cuyos antepasados mataban arbitrariamente a todos los que estuviesen por debajo de ellos y ahora que podían estar por encima, se encargarían de pisotearlos lo más que pudieran. Salir de la ciudad para las presas era tan simple como conducir hasta alguno de los límites, sin embargo para un depredador representaba una gran comisión monetaria que ningún depredador de Preyland podía costear. Nick y Henry escaparon de manera no oficial, haciendo uso de algunas artimañas, uno que otro soborno y un alce muy piadoso. Hay cretinos en todas las especies y por lo tanto también hay buenos samaritanos en todos lados. No sería el caso para Jenna, la madre de Nick, quien había tenido que vivir en soledad durante años. Nick estaba dispuesto a liberarla de manera legal aunque de no salir como el esperaba siempre estaba el plan B. De una manera u otra sacaría a su madre de ahí en ese día. La verdad es que cualquier depredador en esa situación no habría sobrevivido por tanto tiempo. Aquellas pequeñas videoconferencias con su hijo y su esposo la mantenían cuerda. Tal vez no pudo estar junto a su hijo para abrazarlo y ver todos sus logros mientras crecía, pero al menos pudo verlo, cada vez mayor. Fue triste para ella saber que en Zootopia no siguió su sueño de volverse explorador, seguramente habría tenido éxito ahí a diferencia de su fallido intento en Preyland.
Tantos recuerdos, tristemente no tan buenos como a Nick le gustaría. Era estresante en muchas maneras y definitivamente no llevaría esas cosas al reencuentro con su madre. Con tranquilidad y algo de culpa sacó su pantalón una cajetilla de cigarros. La agitó levemente y con eso comprobó la poca cantidad que quedaba dentro aún, solo cuatro para ser exacto.
-Bueno, Judy no está, tampoco Jack y no tengo a Bogo sobre mí así que nadie podrá recriminarme esto- Dijo para sí mismo mientras lo encendía con un fósforo. De igual manera siempre llevaba una caja consigo. Aspiró profundamente y dejó escapar el humo por su hocico en la ventana de la camioneta. No iba a dejar apestando un vehículo ajeno, al final optó por bajar a estirar las patas un poco antes de entrar en la ciudad. Pensaba en lo que haría una vez dentro; no hablaría con nadie, no vería a nadie a los ojos, solo tendría que soportar ese collar un rato. Irá por su madre no hablarían mucho y se irían, ya tendría el tiempo de hablar largo y tendido de regreso a la ciudad.
Nick revisó su bolsillo trasero, sacó de él un voluptuoso sobre en el cual llevaba una importante cantidad de dinero, lo contó todo y terminó su cigarrillo. Ahora estaba listo para entrar.
Fue todo un calvario desde que llegó a la entrada de la ciudad. Lo recibió un rinoceronte con cara de muy pocos amigos quien después de un interrogatorio sobre sus intenciones y las constantes indirectas procedió a revisar hasta el último centímetro del vehículo y por supuesto registrar al zorro de patas a cabeza, una suerte que Nick sabía bien cómo ocultar el dinero que llevaba encima. Le concedieron la entrada a la ciudad aunque antes tuvo que pagar una buena cantidad de su dinero, todo seguía dentro del presupuesto. Además de tener que pasar por un control de seguridad.
-Baje del auto ahora- Ordenó un elefante al otro lado de las grandes puertas. Nick bajó de inmediato, lo que menos necesitaba en ese momento eran problemas de algún tipo –Un zorro, en esta ciudad ya dejan entrar a cualquiera- Musitó entre dientes el gran mamífero a lo que Nick dejó escapar una leve e inocente recesilla que solo molestó más al sujeto –Dejará su auto aquí. ¿Cuánto tiempo planea quedarse?-
-Tengo intención de irme hoy mismo- Respondió con firmeza.
-Haha, sí buena suerte con eso- Se mofó el elefante -¿De dónde vienes zorro?-
-¿A caso importa?-
-Importa para mí- Respondió molesto a la par que revisaba al zorro también -¿Qué es esto?- Cuestionó al sentir algo en el bolsillo frontal de su camisa.
-Ya tuve esa conversación con tu amigote al otro lado, es mi placa- Respondió de mala gana a la par que mostraba la susodicha.
-Pff ¿Un zorro policía en Zootopia?- Cuestionó arrebatándosela –Esa ciudad se irá a la ruina muy pronto de seguir así-
-Hasta ahora se ha mantenido en pie- Bufó Nick.
-Son unos idiotas por confiar en alguien como tú- Arrojó la placa a los pies del zorro.
-¿Por confiar en un zorro? Ellos también se lo pensaron mucho para aceptare- Recogió su placa del suelo-
-Por confiar en los depredadores. Todos codiciosos, violentos y brutales- Le recriminó el elefante. Nick se echó para atrás levemente, tragó un bulto muy grueso y tuvo que soportar la pesada mirada de aquél infeliz por un rato más hasta que al fin se retiró del lugar -¡Más vale que no te muevas de ahí!-
Nick al fin pudo respirar tranquilo en cuanto se encontró solo, aunque aquél momento de tranquilidad terminó rápidamente al recordar lo que vendría a continuación. Pasó su mano derecha por su cuello, trataba de recordar la sensación que con seguridad tendría que soportar a continuación; ese collar, tan ajustado y molesto que tuvo que cargar por cinco años cuando era un niño. No podía reír, llorar ni siquiera agitarse con libertad. Esas cosas reprimían al ciento por ciento el espíritu de cualquier animal.
-No te muevas- Escuchó nuevamente. En las patas de aquel sujeto pudo ver lo que ya estaba esperando. Suspiró resignado y pensó en lo mismo otra vez, que sería algo rápido y terminaría pronto. El elefante no tuvo reparos en apretar esa cosa hasta casi estrangular a Nick. Un sonido electrónico confirmó que estaba encendido y antes de dejarlo ir el guardia tenía una última cosa para decir –Que te quede claro esto, tú no tienes autoridad aquí, no eres nadie aquí. Así que ponte cómodo zorro, te quedarás mucho tiempo aquí antes de salir otra vez. Los de tu clase no tienen derecho a ser libres con todo lo que nos han hecho-
Nick no se molestó en bajarse a su nivel, por el contrario simplemente sonrió y palmeando levemente el estómago del gran animal se despidió –Lo que tú digas narizón-
Cierto era que los habitantes se habían esforzado en hacer lucir al lugar como una verdadera utopía, aunque desde la primera impresión ya era completamente diferente a Zootopia; no contaba con los grandes rascacielos extraños, si bien habían edificios muy altos no había cabida a comparación, tampoco tenía la variedad de distritos con los que contaba la ciudad sino que eran más bien algunas zonas con climas distintos. Había espectaculares aunque estos solo mostraban cosas referentes a la ciudad, productos, empresas etc. Nada del mundo exterior. Según Nick sabía ni siquiera Gazelle estaba permitida en Preyland debido a su constante apoyo hacia los depredadores. Irónicamente ni siquiera todas las presas eran bienvenidas en ese lugar.
El zorro se las vio negras para moverse en la ciudad pues debía evitar molestar a nadie. Conejos, elefantes, rinocerontes, cebras, jirafas y roedores. El catálogo de especies tampoco era tan variado. Tenía sentido pues los hábitats no era suficientemente grandes para mantener a tantos. Nada de eso era importante para él pues su destino ni siquiera estaba en la parte "Linda" de la ciudad, sino en los límites, lugar bautizado como el Gueto para los pobres depredadores que debían vivir ahí. Viviendas mal hechas, un vecindario despreciable sin muchos servicios cercanos, muchos de ellos ni siquiera contaban con algo tan básico como la electricidad. Nick recordaba bien todo eso pues es donde solía vivir.
-Voy por ti mamá- Las normas con ese collar que llevaba puesto eran simples; no gritar, no agitarse, exaltarse y desde luego no llevarle la contra a la ley. Podía trabajar con eso.
Mientras tanto en otra parte de Preyland, cercano a la zona alta de la ciudad en una pequeña casa de crédito, una zorra aguardaba pacientemente a que tocara su turno. Sobraba mencionar que desde el momento en que entró había sido vigilada firmemente por todos los guardias. Jenna estaba nerviosa ¿Cómo no estarlo? De hacer cualquier cosa sospechosa se llevaría una reprimenda de algún oficial. No sería algo nuevo, aun recordaba aquella ocasión en que le rompieron un brazo por buscar algo en su bolso estando dentro de una tienda, aún tenía el yeso puesto y tal vez estaría así por un mes más. Ella suspiró tratando de calmar sus miedos.
-Tranquilízate Mary… Solo vienes a pedir un préstamo y es todo- Musitó mientras temerosamente alzaba la mirada al cubículo al frente, mismo que llevaba vacío buen rato pero era claro que la gacela encargada buscaba retrasar el servicio de la vulpina lo más posible, aunque por suerte no podían mantenerla sentada todo el día.
-Número cuatro pase al cubículo dos-
Con paso dudoso se acercó lentamente y fácilmente pudo escuchar a los dos grandes rinocerontes acercándose también.
-Hola…- Habló al llegar.
-Tengo entendido que viene a solicitar un préstamo, señora… Jenna Mary Wilde ¿Es correcto?- Cuestionó de inmediato la gacela.
-Sí, así es… Lo necesito para…-
-Pero según el registro de su collar, lleva desempleada un tiempo-
-Am… Sí…- Afirmó nerviosa –Debido a mi actual estado no me permitieron seguir…-
-Como podrá entender no es muy propicio el hecho de que no cuente con un empleo- Interrumpió sin siquiera dirigirle la mirada.
-Lo sé, pero no hay lugares dispuestos a contratarme hasta que esté sana otra vez y…-
-Y eso podría tardar mucho querida. Nuestros préstamos para tu clase deben ser liquidados en menos de un mes y dudo mucho que logres cumplir ese plazo-
-Lo haré, se lo juro- Respondió desesperada –No pido mucho, solo quiero pagar por mi hogar y es todo-
-Si está tan segura de que podrá pagarnos entonces no veo por qué necesita ese préstamo- Comentó la oficinista. De su escritorio sacó un gran sello manchado de tinta roja y observó muy levemente los papeles de Mary.
-No lo entiende, si no pago a más tardar mañana… Perderé mi casa. Puedo conseguir el dinero en un mes pero difícilmente podría hacer algo así en un día. Por favor…- Suplicaba ahogándose en un mar de temores mientras la mirada estoica y desinteresada de aquella gacela la atravesaba sin piedad alguna. Era más que claro que a ella no le importaba la vida de la zorra en lo más mínimo.
-Cariño, desde el momento que revisé el número de tu collar supe que ese brazo fue motivo de una riña con un oficial-
-¿Riña? No, solo fue un malentendido ese día, yo no…-
-Desde ese momento se te iba a negar el préstamo- Selló con firmeza aquel trozo de papel. En cuanto retiró el sello las enormes letras en rojo formaban "Rechazado"
-Pe… Pero… Entonces ¿Dónde voy a vivir?- Preguntó Mary con un gran nudo en la garganta.
-Debió pensar en eso antes de ir en contra de las leyes de esta ciudad. ¡Siguiente!-
Podría fácilmente protestar, reclamar, había una y mil maneras diferentes de afrontar aquella situación. Sin embargo, después de tanto tiempo viviendo en ese infierno bien sabía que nada haría diferencia alguna. Ni siquiera se quedó más tiempo del que debía, a final de cuentas ya tenía la vista de los guardias sobre ella. No iba a iniciar una escena ahí. Tomó sus cosas, y aguardó hasta salir de las instalaciones para guardar todo en su bolso. Mary alzó la vista al cielo suplicando que de alguna manera alguien o algo se apiadasen de su deplorable vida. No tenía a su hijo, no tenía a su esposo ¿Quién se supone que fuera su apoyo moral en esos momentos? En casa nadie la esperaba para reconfortarla, nadie preguntaría qué es lo que estaba mal y desde luego, nadie podría ayudarla a salir adelante.
Mientras seguía el camino de regreso a casa no paraba de pensar en cómo haría para salir de aquella crisis. No iba a recurrir ni a Nick ni a Henry. No los haría regresar a ese horrible lugar. Desgraciadamente tampoco contaba con ningún amigo cercano o conocido que pudiera prestar una pata. ¿Viviría en la calle ahora? ¿Era esa la imagen que terminaría por mostrar a su familia? Podría no llamarlos ni decir nada hasta contar con una situación más favorable. Pero tanto Nick como Henry empezarían a tener preguntas.
-¿Qué voy a hacer ahora?- Se preguntaba apenas pudo ver su casa a lo lejos.
El vecindario no era nada agradable de ver y sin embargo la mayoría de los animales ahí buscaban llevarse bien con todos los vecinos. Tal vez no todos se hablaban o eran amigos, pero cuando menos no buscaban problemas con nadie en el lugar. Eran depredadores en una ciudad de presas, menuda ironía era aquella.
Dentro de poco tiempo Mary llegó a lo que pronto dejaría de ser su hogar. Una casa de un piso, algo pequeña y con paredes resquebrajadas y madera podrida en la cerca delantera. Había pasado el tiempo suficiente viviendo ahí para acostumbrarse a una imagen tan desagradable. Avanzó hasta la puerta y se topó con el ya pendiente aviso de desalojo, solo le quedaba ese día para pagar o entonces procederían a echarla de su hogar. Jenn se detuvo frente al trozo de papel, solo leyendo las grandes letras rojas. Dejó escapar un prolongado suspiro y de su bolso sacó la llave de la puerta, la dirigió al picaporte, pero al momento de hacer presión la puerta simplemente se movió. Una gota de sudor helado le recorrió la columna ante la idea de alguien entrando en su hogar. No había nada, absolutamente nada que pudiese interesarle a nadie, sus vecinos lo sabían bien. En ese momento ni siquiera tenía nada de dinero disponible ahí. Lo único a lo que todo apuntaba es que tal vez alguien la estaba buscando, pero tal vez ya no estaba ahí. Se armó de valor y entró. Con pasos lentos e inseguros se adentró poco a poco. De primera instancia no vio ni escuchó a nadie, pero un olor extraño lleno su nariz, fue entonces que sus sospechas se confirmaron; había alguien en su casa.
Llena de temor tomó la única cosa a su alcance para tratar de defenderse. Definitivamente una sombrilla no haría ninguna diferencia pero no perdería nada al intentar.
-Ho… ¡¿Hola?! Se… ¡Sea quien sea! ¡Debe saber que no tengo nada que pueda tomar! ¡No hay nada de interés aquí para alguien como usted!-
Algo cayó en la cocina, podría haber sido un plato, una taza o cualquier otra cosa. Mary tragó un bulto muy grueso y caminó hasta la pequeña habitación. Se detuvo justo en la puerta, aguardó hasta escuchar alguna otra cosa y dicho como hecho, podía percibir la respiración de otro animal. ¿Cuál era exactamente su plan? Un brazo roto y una sombrilla para atacar, no era exactamente un método muy plausible. Asomó la cabeza levemente y su atención fue totalmente tomada por el particular color anaranjado que poseía el individuo en su cocina. Era demasiado pequeño para ser un tigre y no había una lista muy larga de depredadores en la ciudad por lo que, tal vez, solo tal vez, se trataba de un zorro, y de ser así, podrían llegar a un acuerdo.
-Escucha yo…- Al fin la vulpina se animó a mostrarse y la sorpresa que se llevó fue enorme.
-Am… Pagaré por eso, esperaba sentarme a ver televisión pero no encontré ninguna, así que traté de hacer café pero… la taza estaba un poco, resbalosa- Se explicó Nick mientras rascaba su nuca. Una sonrisa algo tonta adornaba su rostro y muy poco se le ocurría para decir en ese momento.
Su madre por otro lado, no podía creer lo que tenía frente a ella. Su hijo, en verdad su hijo estaba ahí. El único problema era que, no estaba segura de sentir alegría o una profunda tristeza.
-N… ¿Nicky?- Llevó ambas manos a su hocico, esta vez, horrorizada al ver el collar que rodeaba su cuello. La última vez que lo había visto llevando esa cosa, él no tenía ni diez años. Y ahora volvían a lo mismo.
-¿Pasa algo?- Preguntó preocupado al ver la reacción en su madre.
-No, bueno sí pero… Yo, yo…-
-Hey, ven aquí-Le dijo con calidez a la par que con ternura la abrazaba. No hubo más palabras después de eso, simplemente se desahogó y lloró todo lo que había tenido que soportar en los últimos diez años que estuvo apartada de su familia.
-Te extrañé mucho Nicky-
.
.
.
.
-Según el jefe, el dueño de la joyería ya está aquí- Decía Judy al entrar en la estación de policía.
-¿Quieres hacer el policía bueno y el policía malo?- Sugirió Jack –Puedo ser muy persuasivo ¿Sabes?-
-Jack, este sujeto no es sospechoso- Sonrió ella.
-Ah, ah, ah. No es sospechoso, aún- Señaló -¿Por qué la necesidad de esconder tan bien esta cosa? Sin mencionar que lo omitió en el inventario. Está claro que no era para la venta Judy ¿Para qué más podría ser?-
-Eso es lo que debemos averiguar-
Los dos conejos se dirigieron a la sala de interrogatorios. Una alternativa tal vez poco ortodoxa para aplicarla a quien recién habían "Robado" pero la situación parecía ameritarlo. Había razón en las palabras de Jack ¿Por qué la necesidad de mantener tan lejos de la vista un collar valioso en una joyería? Además estaba la cuestión de quién había entrado buscando ese accesorio. Tal vez aún no estaban del todo seguros de que estuviesen detrás de eso precisamente, pero hasta el momento parecía ser lo más factible.
-Señor Cornelius, gracias por venir- Habló Judy al entrar en la habitación. Jack se mantuvo en la puerta, después de haberla cerrado detrás de él. El conejo se cruzó de brazos y por el momento no hizo más que dirigir una mirada desinteresada y algo fría hacia el camello de aspecto mayor que ahora se encontraba sentado a la mesa.
-Me dijeron que se trataba de mi joyería, y quiero hacer todo lo posible por detener a quienes lo hayan hecho- Respondió respetuoso y con una voz algo desgastada, pero tranquila también.
-Y esperamos que así sea señor- Respondió Judy –Primero que nada debo decirle que, después de haber revisado bien la escena del crimen, podríamos afirmar que en realidad estaban buscando algo-
-En una joyería, cualquiera estaría buscando algo brillante, querida- Comentó el dueño.
-Entiendo, pero como ya sabrá, no faltaba absolutamente nada de su inventario-
-¿Qué dice que no fue mero vandalismo?-
-Por lo mismo, es una joyería señor. Un vándalo no entra en un lugar así y deja todos los objetos brillantes repartidos por el suelo- Afirmó la coneja.
-Entiendo… ¿Alguna idea de qué podrían estar buscando?- Preguntó curioso aquél camello.
-De hecho así podría ser- Habló Jack de repente.
-¿En serio?- Preguntó Cornelius.
-Dígame ¿Reconoce esto?- Interrogó al sacar el collar ornamentado de su abrigo. Una sorpresa clara se mostró en el rostro del dromedario, misma que rápidamente trató de ocultar. Desvió la mirada y aclaró levemente la garganta para tratar de sonar normal –Dónde… ¿Dónde consiguieron eso?-Cuestionó algo nervioso.
-¿Por qué no nos dice usted? Estoy seguro de que sabe bien en dónde estaba- Comentó Savage.
-Jack- Musitó Judy cerca de su oído. Debía calmar un poco los humos o podrían terminar asustando al sujeto.
-Así es, y ustedes no tenían derecho de husmear en mi oficina- Reprochó con hostilidad.
-Todo lo contrario señor- Interrumpió Judy –Acorde a las normas policiales, su oficina era parte de la escena del crimen y por lo tanto lo encontrado ahí es motivo de investigación-
-Amigo, hay que hacer esto más sencillo para todos- Dijo Jack -¿Por qué esconderlo así?-
-Es… Es una reliquia familiar, mero valor sentimental-
-Hmm, valor sentimental y también monetario. Además, si fuera familiar estoy seguro de que lo mantendría en casa y no en una tienda que vende esto específicamente… A menos que, su idea fuese esconderlo en el lugar menos obvio para algo así ¿No cree?- Sugirió Judy con una mirada sagaz.
-Yo... Al final no se robaron nada. Tal vez sería mejor que ustedes no malgastaran su tiempo en algo sin sentido ¿No creen?- Habló nervioso el camello.
-Es curioso que diga eso Cornelius- Comentó Savage –Nosotros solo queremos atrapar a quienes le hicieron eso a su negocio, pero ahora, parece que usted no-
-¿Hay algo que no nos está diciendo?- Cuestionó Judy.
-¿O acaso ahora tiene una idea de quién fue?- Dedujo Jack.
-¡Suficiente!- Exclamó Cornelius –Yo no he hecho nada para que me mantengan aquí, y ya no quiero que sigan metiendo sus patas en mi local, al igual que deben devolverme mi propiedad- Exigió.
-De hecho, la investigación no termina hasta que la policía así lo decida- Se levantó Judy de la mesa –Además, ya que este artefacto no estaba registrado en el inventario y que usted jamás habló de él, nada nos asegura que sea su propiedad- Dijo decidida –Hasta que eso se pruebe, nos lo quedaremos nosotros. Por todo lo demás, usted es libre de irse, pero no puede acceder a su joyería hasta que la investigación termine- Se cruzó de brazos la coneja. Jack le sonrió con aprobación y luego dirigió su atención de nueva cuenta al camello.
-Ya la oíste amigo, será mejor que te vayas ahora que puedes-
Cornelius resopló y con pasos pesados abandonó la habitación, no sin antes detenerse justo en la puerta.
-No deben meter sus orejas en cosas que no les incumben- Musitó para sí mismo, aunque tanto Jack como Judy fueron capaces de escucharlo. No lo tomaron muy serio, parecían simples balbuceos de un anciano molesto.
-No estuvo nada mal oficial Hopps- Sonrió Jack.
-¿A caso creías que Nick se encargaba de sacarle información a estos tipos?- Dijo con aires de grandeza.
-Tenía mis sospechas. Ahora a lo importante Judy ¿Alguna idea de lo que está pasando?-
-Para nada… Diablos, ahora sí necesito a Nick- Se llevó una pata a la barbilla.
-Hehe, ¿No acabas de decir que eres una conejita autosuficiente?- Se burló el conejo.
-Muy tierno cariño, pero sí, lo soy. El detalle está en que ese zorro conoce a todo el mundo-
-Si me lo preguntas, esa cualidad es más tétrica que virtuosa ¿Qué dijiste que hacía antes de conocerte?-
-Muy gracioso Savage- Judy golpeó amistosamente el hombro de Jack –Ahora ven, debe haber algo que podamos sacar por ahora-
-Voy detrás de ti querida-
Unos pocos minutos después mientras Judy se dirigía a su oficina.
-Jack… Llámame paranoica pero… ¿No crees que eso último que el anciano dijo sonó a una amenaza?- Preguntó.
-Te refieres a la parte de "No deben meterse en cosas que no les incumben"- Dramatizó Jack, engrosando su voz.
-Hehe, sí, eso mismo. Ahora solo estoy más segura de que sabe algo que no nos quiere decir-
-Una lástima que lo hayamos despachado ya. Te dije que me dejaras todo el trabajo a mí, le hubiera sacado hasta la clave de su tarjeta de crédito- Rió el conejo.
-¿Sabes? Estoy segura que Nick dijo eso cuando te sacó a ti la clave de tu tarjeta- Sonrió sagaz.
-Ohh… ¿Te enteraste de eso?- Dijo avergonzado.
-Por supuesto que sí. Yo fui quien perdió esa apuesta- Respondió no tan complacida.
-Entonces creo que te cobraré a ti ese gasto de mil dólares que llegó a mi estado de cuenta. ¿Qué diablos hicieron con tanto dinero?-
Judy aguantó la risa lo más que pudo, aunque sus mejillas infladas daban a entender por completo que terminaría cediendo.
-¡Basta!- Clamó Jack encogiéndose de hombros –No quiero saberlo, solo déjalo así-
-Muy bien, si tu insistes. Solo diré que el padre de Nick te agradece mucho el pago del permiso para construir en el distrito forestal-
-Oh… Bueno…-
-Jack ¿No habías dicho tú que hace medio año se habían topado con una pieza de joyería muy valiosa? En alguna parte de… ¿Qué ciudad era?- Interrumpió ella.
-Am… Creo que empezaba con F o algo así. Pero recuerdo bien esa cosa. Tendré que revisar los archivos y el almacén para ver si hay más de una similitud- Comentó Jack, regresando toda su atención al caso actual.
-Tal vez no vayamos a necesitar a Nick al final de todo- Dedujo Judy, de manera algo prematura.
-Ya se verá. ¿Quieres venir al departamento de fuerzas especiales?-
-Lo… ¿Lo dices en serio?- Preguntó incrédula. Pese a que Judy y Jack llevaban ya un muy buen tiempo de relación, la conejita no había tenido el placer de ver el lugar de trabajo de su futuro esposo. No se podía decir lo mismo de él, pues muy claro era que, ya había estado en el ZPD una y otra vez.
-Entonces ¿Qué dices?-
-Que tengo tiempo de sobra ahora que soy la detective Hopps-
.
.
.
.
-Lamento no haber dicho nada más al verte… Pero pasó tanto tiempo Nicky y que estés aquí es… Fue demasiado para mí- Explicó Mary. Ella y su hijo se encontraban sentados a la pequeña mesa que había en la cocina. Nick le sonreía y pese a que no culpaba a su madre por cómo reaccionó, esta no dejaba de presentar disculpas una y otra vez.
-¿Fue demasiado en el buen o mal sentido?- Sonrió el vulpino.
-Un tanto de ambos creo- Rió nerviosa –Yo esperaba jamás tener que verte usar esa cosa en tu cuello otra vez- Dijo cabizbaja.
-¿Esto? Descuida, no me ha hecho nada desde que estoy aquí- Respondió estirando un poco el collar.
-¿Hace cuánto que llegaste?-
-Más o menos dos horas. No estabas aquí, lo único que me dio la bienvenida fue ese aviso de desalojo-
-Sí… No le dirás a tu padre ¿O sí?-
-Hmm, me lo pensaré. ¿Puedo quedarme despierto hasta tarde esta noche mami?- Suplicó bajando las orejas y mostrando ojos de cachorro hambriento.
-Hehe. ¿En verdad vas a chantajear a tu madre de esa manera?-
-¿Está funcionando?-
-Para nada- Sonrió Mary.
-Bueno valía la pena intentar. No tienes que preocuparte por eso ya; ya no vas a vivir aquí de todos modos- Comentó Nick.
-¿Qué?-
-No quiero sonar grosero, pero no volví a visitarte, volví para sacarte de aquí-
-¿Qué, lo dices en serio?-
-Muy en serio. Así que empaca tu cepillo de tientes y salgamos de aquí antes de que se nos termine la luz del sol- Dijo con algo de prisa.
-Oye, oye, espera Nicky. ¿Tienes idea de lo caro que es que un depredador salga de esta ciudad? Imagina dos-
-Lo sé, pero papá y yo hemos hecho de todo para que no pasaras más tiempo en este horrible lugar. Hoy te irás de aquí mamá- Dijo con toda seguridad y confianza en sí mismo.
-No estarás pensando, en dejarme salir a mí tú quedarte ¿Cierto?- Preguntó algo asustada.
-Suena tentador pero mi jefe es un búfalo muy gruñón y no creo que esté dispuesto a darme vacaciones así de prematuras- Rió Nick –Por supuesto que me iré de aquí contigo mamá. Sino quién te llevaría hasta Zootopia.
Sería una gran historia para contar al llegar a su nuevo hogar. El cómo Jenna Mary Wilde sobrevivió toda una década apartada de su familia, en la ciudad más hostil hacia los depredadores, ya fueran pequeños, medianos o grandes. No eran buenos recuerdos, definitivamente no lo eran y sin embargo, sentía que no debía deshacerse de ellos tampoco. Pues pese a que fueron los peores años de su vida, llevaban consigo aquellos vistazos a la vida de su hijo. Misma que por desgracia se estuvo perdiendo muy lejos de él. A Mary le dolía no haber estado con Nick mientras crecía. Todos esos cumpleaños y eventos importantes ¿Cómo le habría ido en la escuela? ¿Habría tenido buenos amigos? Parecía tan lejano y a la vez, como si hubiese pasado tan solo ayer, como si la noche anterior hubiese llamado a Henry y junto a él estuviese ese pequeño zorrito de ojos verdes y grandes sueños y en este día, un zorro adulto y maduro tocó a la puerta de su casa clamando ser su hijo.
No era sencillo de recordar. No porque la memoria le fallase sino porque era un tanto doloroso al igual que reconfortante todo eso. Debía atesorar las escasas cosas buenas salvables de todo lo que pasó y seguir hacia adelante. Crear nuevos y buenos recuerdos ahora que estaría con su familia otra vez.
La alegría que había experimentado Mary empezó a mermar mediante se acercaba a los límites de la ciudad. Esta era la parte de todo sueño en que todo empezaba a salir mal, y por supuesto, ella temía despertar.
Las miradas acusatorias y pesadas no se hicieron esperar en cuanto se acercaron y los guardias los tuvieron en su campo visual. Jenna sintió un gran nudo en su garganta a la par que una gran presión sobre sus hombros. En cierta manera esperaba una reacción igual en su hijo y sin embargo, éste estaba tan tranquilo como en un principio.
-Hola narizón ¿Me extrañaste?- Se presentó el zorro al llegar a la salida.
-Nick ¿Qué haces?- Cuestionó su madre en voz baja, a lo que el vulpino simplemente le guiñó un ojo.
-¿Qué estás haciendo aquí?- Cuestionó el gran animal.
-Bueno, recuerdo bien haber mencionado que no estaría aquí por mucho ¿Recuerdas?-
-¿Y qué? ¿Esperas que abramos las puertas y los dejemos marchar a los dos así como así?-
-Am… Sí, básicamente- Sonrió simplón.
-Y supongo que están al tanto del costo que eso conlleva ¿No?- Sonrió victorioso el elefante.
-Sí, y en este sobre encontrará todo- Respondió Nick sin demora.
El gran mamífero borró la sonrisa de su rostro. Con molestia tomó el sobre que el zorro extendió hacia él y se pudo a contar. Una y otra vez repitió el mismo proceso pero era exacta la cantidad. Nick no se iba a dejar sorprender por ningún imprevisto, en definitiva no estaría más tiempo del necesario en ese horrible lugar y eso era algo que no le estaba gustando nada al encargado.
-Hmm…-
-¿Hay algún problema señor?- Cuestionó el zorro.
-No, está todo en orden. Por desgracia los permisos para salir de la ciudad toman su tiempo en ser aprobados. Un mes tal vez. Espero que tengan planes para mañana, zorros- Rió de manera algo grotesca. Mary ya podía empezar a ver sus esperanzas pisoteadas en el suelo, pero una vez más, la voz de su hijo apartó toda duda de su ser.
-Si me quedo aquí por todo ese tiempo empezarán a tener sospechas en la ciudad, más concretamente mi jefe. Ese búfalo está bien metido en la vida de sus oficiales y si desaparezco por mucho tiempo te aseguro que no se quedarán con los brazos cruzados. Soy policía- Las orejas de Jenna se levantaron de inmediato –También podría llamar y decirles que ustedes en particular no me dejan abandonar la ciudad. ¿De verdad te quieres meter en un problema así solo por molestar a dos pequeños zorros? No creo que lo valga amigo-
Estaba entre la espada y la pared. El tiro le salió por la culata y su bravuconada terminó en un total fracaso. A los ojos de Nick, era en verdad enfermizo la obsesión que tenían con los depredadores y la manera en que todo debía ser esa ciudad. Parecía una obligación hacerle la vida imposible hasta el último que pusiera un pie allí.
De muy mala gana el elefante los dejó salir, obviamente quedándose el dinero pero no era nada que Nick no hubiese calculado ya.
Al atravesar la puerta y estar en el exterior, Mary sintió como si el mundo dejara de observarla al fin. Dejó de sentirse insegura y amenazada, sobre todo ahora que el collar de choque, ya no se encontraba en su cuello.
-¿Estás bien mamá?-
-Sí solo… Dame un minuto ¿Sí?- Pidió amable. Mary acarició su cuello una otra vez, aflojaba el pelaje que durante años fue aplastado por esa incómoda correa. Respiro tranquila y no paraba de sonreír. Al fin era libre.
-Gracias Nicky-
-Es hora de ir a casa-
Espero les haya gustado, entretenido o al menos les haya dado algo qué hacer.
Es todo un placer escribir para ustedes y espero que puedan dejar un comentario. Así sabré si les gustó, les encanto... O si ya nadie le gustó este fic u.u
Bueno, no tengo mucho para decir aquí, solo que se está acercando navidad y tal vez, taaal vez se me de por hacer un especial este año XD.
Espero les haya gustado y hasta la otra.
Paz.
