Capítulo 8


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Espacio exterior

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Una sensación familiar lo embargó al abrir los ojos. Era la misma confusión que lo había envuelto al despertar en esa horrenda habitación de hotel. La cabeza le pesaba cien kilos más y un tamborileo incesante sonaba dentro de su mente. Se sentó de golpe sobre la pequeña litera esperando encontrar a su compañera desnuda una vez más, allí a su lado. Pero Bulma dormía plácidamente del otro lado de la habitación en su propia litera. Vegeta se dejó caer sobre su espalda habiendo recobrado el aliento. No se habían acostado y eso le daba algo de alivio. Involucrarse con esa mujer más de lo que ya lo había hecho no podía llevarlo a nada bueno. Sin embargo, se giró y observó su rostro dormido. Tenía el cabello revuelto y una pierna la colgaba desde el filo de la litera. Algo había en su rostro, era la forma de sus mejillas y su mentón en punta, los grandes ojos celestes y la piel lisa… Había algo allí en ese conjunto de facciones que le obligaban a mirar, pero no sabía qué era.

La noche anterior se había dado demasiado bien, considerando las circunstancias. De ahora en más no podía permitirse un solo vaso más de licor, evidentemente no tenía el estómago para ello como había creído. Aún estaba sorprendido de sí mismo por haberle preguntado a ella por esa noche, la noche que se repetía constantemente que no le había importado. Y saber que ella sí recordaba un poco de lo que había pasado le hacía sentir algo… la idea de verla a los ojos y llegar a pensar en lo mismo eventualmente era extraña. Le aceleraba el pulso de sólo pensarlo.

Eventualmente se levantó y su cuerpo rogaba por algo de agua. Caminó descalzo y con cierta desesperación a la cantina y se sirvió un vaso y luego otro, y los bebió tan agitadamente que su mentón de mármol se hizo el mapa de un pequeño rio que desembocó en sus pectorales. Bebió un tercer vaso como si su vida dependiera de ello y escuchó la voz de Bulma interrumpiendo el sonido de su garganta tragando.

—¿Deshidratado?

Él la miró de reojo acercándose para servirse un vaso de agua, aún vistiendo esa camiseta que le quedaba holgada. Al verla no pudo evitar recordar que debajo traía unas pequeñas bragas rojas, pero aparentemente no traía sostén.

Vegeta tomó una servilleta y se limpió el rostro y notó la mirada atenta de Bulma sobre su torso. Él se quedó quieto y su mirada se encontró con la de ella, pero la mujer terminó su vaso y lo dejó sobre la mesa sin decirle nada.

—Necesito una ducha —le dijo mientras se volteaba.

En ese momento él se dio cuenta de que también lo necesitaba, una ducha bien fría para quitarse esos pensamientos intrusos de la mente por un momento. O tal vez por el resto de la semana.

Y allí, parado en medio de la cantina con un vaso de agua entre las manos y un manojo de nervios en el estómago se preguntó por qué se había dejado convencer de beber ese endemoniado whisky. Cómo si algo bueno hubiera salido de ellos dos un algún estupefaciente… Dejó el vaso abandonado sobre la mesada y mientras Bulma se desvestía en el baño él entró al camarote que compartían y escudriñó entre sus cosas hasta encontrarlo. Por algún motivo sabía que ella no se había deshecho de las drogas, así que las tomó y fue directo al siguiente camarote tomó la caja de alcohol de contrabando. Tenía que eliminar toda posibilidad de cometer una imprudencia por no estar del todo en control de su propio cuerpo. Y esa mujer no podía tener a mano tantas armas para volverlo un imbécil sin poder de voluntad.

Vegeta caminó hasta una pequeña cabina de eyección y colocó la caja y las drogas. Cerró la puerta y mientras la sala se presurizaba, escuchó a alguien acercarse.

—¡¿Terminaste mi botella de shampoo?! —le cuestionó exaltada, envuelta en una toalla blanca con el cabello largo pegado sobre su impoluto cuello que ya no tenía las marcas visibles de su noche de pasión. Su mirada irritada pasó del él a la cabina y sus ojos se volvieron gigantes al ver lo que el saiyajin pretendía—. ¡¿Qué estás haciendo?! ¡¿Por qué?! ¿¡Qué no sabes lo valioso que es todo eso!? —le gritó apoyando el rostro contra el cristal.

Vegeta sólo tenía que presionar un botón más para que la compuerta exterior se abriera y la negrura del espacio exterior lo succionara. Todo quedaría pendiendo en el vacío en cuanto su dedo lo oprimiera, y Bulma lo observó conmocionada, juntando aire para explicarle todas las razones por las cuales no debía hacerlo. Pero él se sonrió con malicia, mostrándole su perlada sonrisa y presionó el botón de eyección.

—¡Nooooooooooooooo! —gritó Bulma mientras observaba sus cosas despidiéndose para formar parte del manto negro que dejó atrás en pocos segundos.

—Si hubiera sido tan valioso no lo hubieras estado bebiendo —le dijo, dejándola sola mientras se marchaba.

Bulma observaba afligida el vacío, pero al cabo de unos segundos se acomodó la toalla y caminó hasta el saiyajin.

—¡Oyeme! ¡No puedes hacer algo así sin consultarme primero!

—¿Disculpa? ¿Consultarte? ¿Quién te hizo creer que estás a cargo? —le cuestionó indignado.

—¡Yo conseguí esta nave! ¡Y en todo caso fui yo quien robó esas drogas! ¡Las podríamos haber comerciado en cualquier parte! ¡También el alcohol! Sólo porque nos bebimos una botella anoche no significaba que nos terminaríamos toda la caja.

—No pienso dejar a tu imaginación el resto de tiempo que nos quede aquí encerrados. ¿Entendiste? —respondió mientras continuaba caminando por el pasillo con ella detrás.

—¡Oh! ¡Así que de eso se trata! —contestó adelantándose—. Tienes miedo de volver a embriagarte señor No tienes idea de lo que estoy hecho.

—No digas tonterías —gruñó acorralado.

—¡No son tonterías! Mira Vegeta, a mi no me importa que tu frágil ego masculino salga herido si no toleras una noche de copas sin perder el conocimiento. Mucho menos me importa si sigues molesto por lo que sucedió en Pandora. ¡No vuelvas a tocar mis cosas sin mi permiso! ¡Incluyendo mi shampoo!


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Luego del incidente de la sala de eyección ambos decidieron ignorarse durante un par de días, lamentablemente la convivencia y el espacio reducido en el que vivían no les ayudó mucho.

Ya casi podría decir que se había acostumbrado. Al principio le resultó difícil, y no era como si no hubiera visto mujeres medio desnudas; cientos de soldados saiyajin eran mujeres y sus uniformes no estaban hechos especialmente para amortiguar golpes, sino para proteger más bien el torso y pecho. Debajo de los acorazados protectores no había más que minúsculos pantalones cortos y camisetas de manga corta.

Pero había algo diferente en la forma de las piernas de Bulma, eran delgadas y su mínima musculatura acentuaba sitios precisos que delimitaban una figura… particular. Quizás a lo que más le costaba adaptarse era esas pequeñas cosas extrañas que hacía.

—¿Se puede saber por qué estas recostada de esa forma? —le preguntó al entrar al camarote para encontrarla acostada sobre el fino colchón de su litera. Su trasero estaba apoyado contra la pared y las piernas las tenía extendidas hacia arriba. Entre las manos tenía un pequeño aparato que emitía pitidos, uno tras otro casi al acelerado ritmo de sus dedos. Una melodía con tono triste sonó en el aparato y ella terminó por arrojarlo a un lado de la cama con exasperación.

—Me hiciste perder.

Él arqueó una ceja y se quedó parado observándola en el marco de la puerta.

—Ayuda a la circulación sanguínea… No quiero tener celulitis por estar todo el día sentada.

—¿Celu… Bah —terminó, se dio media vuelta y se marchó.

—Veinticinco, veintiséis, veintisiete, veintiocho… —jadeó sonrojada—, veintinueve… —pronunció con dificultad—. Treinta.

Bulma se dejó caer en el suelo de su habitación. Vegeta la escuchaba desde la cantina y deseaba que volviera a poner esa música ruidosa otra vez sólo para dejar de escucharla. Cada día había venido haciendo ejercicios, acostada en el suelo, apretando el trasero mientras se levantaba; hacía sentadillas y saltaba una soga. Y cada vez que él se quejaba de sus disparates ella le recordaba aquella vez en la que le dijo escuálido a su trasero. Sí que había logrado que se arrepintiera de sus palabras…

En cada rincón de esa nave no dejó de encontrarla, saliendo de la ducha envuelta en una toalla o pidiéndole a gritos que le llevara una limpia porque simplemente se la había olvidado. Pidiéndole que le abriera una lata como si él fuera un utensilio más en la cocina, agachándose en pantalones cortos en su habitación. En cada centímetro de la nave estaba ella…

La semana pasó lentamente, como una tortura. Y Bulma parecía estar cada día más cómoda con la presencia de él, como si estuviera tan segura de que nada pasaría entre ellos que tenía la libertad de andar desnuda frente a él, sin la más mínima inquietud en su mente.

Vegeta había entrenado su mirada para desviarla constantemente, dormía de espaldas a ella y escucharla roncar ayudaba a calmar los pensamientos más profanos que se le aparecían de vez en cuando.

Bulma en cambio se sentía contrariada. Se encontraba a sí misma intentando por todos sus medios obtener una reacción que nunca llegaba. O Vegeta era el hombre más fiel del mundo o ella había perdido su toque y su ego no podía soportarlo. No le había vuelto a decir nada, ni cuando le ganó jugando a las cartas. Todo parecía carecer totalmente de interés para él, incluso ella. Lo cual se sentía como un insulto. ¿Cómo podía verla así vestida sin siquiera perder el control de sus propios ojos?

Al cabo de unos días sintió que se rendía. Tomó un esmalte de uñas de su morral y se sentó en su litera a retocar los dedos de sus pies. Se colocó unos auriculares, para fortuna del saiyajin y se preguntó por qué le molestaba tanto. ¿Por qué se sentía como una piedra en el zapato el hecho de que Vegeta no le prestara la atención que cualquier otro le hubiera dado? Estaba tan mal acostumbrada a obtener, de una forma u otra, lo que ella deseaba que no podía convivir tranquilamente con la idea de no lograrlo una sola vez. Bueno, dos veces si contaban el lugar al que se dirigían.

Bulma se sonrió, ¿cómo podía estar tan preocupada por ese tipo de problemas tan banales cuando le esperaba algo tan inmensamente importante a unos cuantos años luz? Se estaba comportando como una completa idiota y lo bueno del asunto es que Vegeta ni siquiera se había dado cuenta de ello. Tal vez sólo tendría que aceptar que le atraía un poco un hombre que no podía tener. No sería la primera mujer en la historia que pase por una situación así y, en perspectiva, ni siquiera era tan importante.

Cuando terminó sopló unas cuantas veces la punta de sus dedos con sus uñas pintadas de un rojo intenso y se caminó descalza hacia la sala de navegación. Vegeta era tan silencioso que siempre esperaba encontrarlo en la siguiente habitación aunque no pudiera escucharlo, pero en esa ocasión no logró encontrarlo allí. Se sentó en el asiento del capitán y miró el rumbo que habían fijado. Faltaban pocas horas para arribar en el pequeño planeta Gio 5 y de ahí, sólo serían unas horas de diferencia hacia su destino. Menos de un día más de viaje.

Se estremeció de sólo pensarlo y de imaginar la reacción de Vegeta al enterarse, se entristeció un poco pensando lo mucho que podría enfadarse y trató de sonreírse, al menos habría llegado tan lejos sin ningún inconveniente. Bueno, menos de los que esperaba.


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Planeta Gio 5

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La temperatura era agradable, cálida como la de su planeta natal. De hecho, estaban en el mismo cuadrante. Desde allí no tardaría mucho en llegar si realmente se lo proponía, pero aquella idea no podía sentirse más lejana. Se venía diciendo a sí mismo que sólo volvería cuando hubiera descubierto algo, pero no tenía idea de cómo hacerlo ni hasta donde tendría que llegar para obtener algo que le sirviera, sin ser asesinado en el intento.

Vegeta bajó de la nave y esperó a que Bulma le lanzara un bolso. Se lanzó de la compuerta y la nave automáticamente se cerró. El saiyajin sintió el peso que cargaba, ligeramente intrigado y le echó un vistazo al bolso que Bulma le había arrojado.

—¿Qué es esto?

—Vinimos a comerciar, Vegeta. Tenemos dinero, pero también un exceso de armas de fuego. Tendríamos drogas y alcohol de no ser por alguien realmente susceptible…

—Ya capté el mensaje, no tienes que comportarte como una perra al respecto todo el tiempo. Ya olvídalo, maldita sea.

—Es difícil olvidarlo cuando podría vivir con ese dinero al menos un año. ¿Qué acaso tu siempre has vivido en la burbuja de tu planeta? Qué privilegiado, otros hemos tenido que sobrevivir con nada.

—Ya deja de lloriquear, cuando regrese a mi planeta te daré algo de dinero si eso es lo que quieres —contestó cargándose la mochila sobre el hombro.

—¿Lo suficiente para vivir un año?

—Tal vez más.

—Vaya, así que además eres un niño rico, eso explica muchas cosas —Vegeta se quedó callado y Bulma aprovechó el momento para sacar de su bolsillo una brújula, cuando la aguja más larga apuntó en una dirección ella alzó el rostro—. La ciudad está por allá —dijo y comenzó a caminar, pero se detuvo cuando escuchó a Vegeta replicar.

—Espera —ordenó sacando del bolsillo de su chaqueta su rastreador. Luego de colocárselo observó en varias direcciones y terminó guardándolo nuevamente—. Descuida, no hay nadie importante en este planeta a excepción de mí…

—Siempre tan gracioso, Vegeta. De verdad, eres un comediante —contestó dándose media vuelta—. No está demasiado lejos, pero planeo traer mucha comida así que…

Vegeta se extrañó y arqueó una ceja mientras Bulma sacaba algo de su bolsillo. Colocó en la palma de su mano un pequeño estuche y de allí sacó un cilindro blanco con un botón. Luego de presionarlo lo arrojó lejos y la cosa… simplemente explotó. O eso pensó cuando una nube de humo se apareció ante sus ojos.

El rostro de Bulma se iluminó cuando la nube blanca se disipó y dejó un ligero aroma extraño detrás de él. Y allí frente a sus ojos se asomó una pequeña motocicleta de bordes redondeados y un vidrio delantero bastante alto.

Él la observó subirse y cuando se volteó a verlo supuso que esperara que la acompañara. Que se subiera detrás agarrándose de su cintura. Pero a él no le apetecía el asiento del copiloto, no de esa manera. Chistó y levitó en el aire y Bulma se sonrió con cierta petulancia, como si le hiciera gracia aquel rechazo. Sin embargo, encendió su vehículo y emprendió su trayecto con el saiyajin volando detrás de ella.

Y mientras volaba observando el paisaje árido, tan similar al de su planeta, se preguntó cómo ella habría llegado a tener ese tipo de tecnología y cómo una raza tan inteligente podría haber sido conquistada, cómo es que ella había terminado siendo una esclava con tal intelecto. Ciertamente le extrañó, quizás ella era una humana excepcional dentro de su propia especie. Él ni siquiera recordaba si tendría terrícolas entre sus esclavos, no recordaba haberles prestado suficiente atención a ninguno como para darse cuenta de su especie o procedencia. Bulma, en cambio, había resultado ser un prodigio y como esclava podría tener un precio sustancial. De no haber sido tan débil jamás le hubieran puesto las manos encima.

Pocos minutos después una ciudad comenzó a alzarse frente a ellos. De lejos se observaban las estructuras de piedra rojiza de aspecto rudimentario, no se trataba de una civilización muy avanzada.

Bulma había encontrado una ruta sobre la cual continuar hacia su destino y una línea eléctrica los acompañó hasta la entrada. La ciudad no era demasiado grande, y parecía que no era más que un área comercial. Cientos de puestos de comida y baratijas se situaban en la periferia de la ciudad mientras que en el epicentro se encontraban los edificios más grandes. Bulma se detuvo y volvió su motocicleta a su estado encapsulado para guardarlo en su pequeño contenedor, se aseguró el morral sobre el hombro y esperó a que Vegeta aterrizara junto a ella.

—¿Dónde vamos a comer? —preguntó el saiyajin automáticamente y algo capturó su atención en la lejanía.

—Hay muchas cosas que tenemos que hacer antes de comer, Vegeta. Lo primero es reparar tu pequeño número en la sala de cargas.

Bulma prosiguió a explicarle lo que harían mientras caminaban por las calles atestadas de gente, pero él tenía una sensación extraña encima que le había incomodado mucho. Miró por encima de su hombro.

—¡Oye! ¿Me estás escuchando? Qué modales, si vas a preguntarme algo al menos ten la cortesía de escucharme cuando te contesto. Vegeta, ¿dónde te criaste? ¿en un granero? Bah, ni siquiera debes saber lo que es un granero.

—Sé lo que es, y no. Es sólo que tu voz es tan irritante que a veces simplemente mis oídos dejan de funcionar.

—Qué grosero.

Una medio sonrisa le alzó levemente la mejilla, a pesar de que le hacían gracia sus ocurrencias no podía sacarse de encima esa sensación que lo perturbaba desde que habían puesto un pie en la ciudad. Pensó por un momento volver a ponerse el rastreador y asegurarse de que la primera lectura no había estado equivocada, pero después desistió. Había tanta gente allí que quizás llamaría mucho más la atención aquel aparato de uso militar en medio del área comercial.

Bulma lo miró de reojo cuando comenzó a tardarse y lo jaló del brazo para que continuara. Él no le dijo nada, temía que si realmente alguien lo hubiera encontrado ella terminaría por enterarse de que era el príncipe de Vegetasei. De modo que continuó detrás de ella y la siguió hasta una pequeña tienda de reventa.

Los cristales eran bastante amplios y al pasar por la puerta una campana sonó. Vegeta miró todos los diferentes objetos allí exhibidos, desde sillas hasta partes de naves, vajilla extraña y huesos de animales.

—Bulma, tiempo sin verte —soltó un sujeto calvo y regordete que apareció detrás de una cortina—. ¿Qué tienes para mí ahora?

Vegeta supuso que sería el dueño de la tienda y al verlo él alzó el rostro, apenas reconociendo su presencia. El saiyajin se quedó bastante tranquilo, nadie allí parecía reconocerlo. Bulma mientras tanto dejó el bolso sobre la mesa y lo abrió.

—Tengo algunos juguetes que podrían interesarte.

Él miró la mercancía y permaneció en silencio, tomó un rifle y lo analizó de lado a lado. Miró el código de serie con atención, echó un vistazo nuevamente a Vegeta y luego a la muchacha.

—Lo robaste —le dijo en un tono impasible.

—Como todo lo que te he traído antes.

El comerciante se removió incómodo y miró a través de los cristales. Salió detrás del mostrador y caminó hasta la puerta para cerrarla bajo llave, bajó las persianas y regresó junto al par.

—Jamás algo así, las baratijas que pudiste haber robado antes no se comparan con esto.

—Claro que no, son más valiosas. ¿A cuánto crees que puedes vender algo como eso?

—Si tienes algo más quizás podamos negociar, las armas… no lo sé. No quiero problemas.

—Está bien, no creo que sea muy difícil encontrar alguien en este planeta que esté interesado en tener su propia armería. ¿Tú que piensas? —le preguntó a Vegeta, que aún miraba con desinterés sus alrededores.

El saiyajin tomó una baratija entre sus manos, una figura dorada con la forma de un dragón alargado, de largos bigotes.

—Considerando que la Armada está rondando por este cuadrante sería muy inteligente tener algunas armas… Y una nave, claro.

—¿L-La Armada? ¡¿Dónde?!

—Vimos una nave no muy lejos, ¿cuánto crees que tarden en llegar? —le cuestionó Vegeta a Bulma.

La mujer alzó la mirada y apretó los labios, simulando hacer algunos cálculos y haciendo un enorme esfuerzo por no reírse de la actuación de Vegeta.

—Yo diría una semana, o dos. No más que eso.

—¡¿Una semana?! ¡Está bien! ¿Cuánto quieres por las armas?

Bulma sonrió victoriosa y Vegeta ocultó su sonrisa bajo su expresión más estoica.


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Al salir de la tienda, Vegeta aún tenía el dragón entre sus dedos. El dueño de la casa de empeño se lo había obsequiado antes de que pudiera salir de la tienda, sin darle tiempo a rechazarlo. Bulma seguía contando los billetes a su lado y le hablaba, comentándole las cosas que debían comprar para reparar la nave. Vegeta guardó el dragón en su bolsillo y a través de sus gafas oscuras percibió una figura pequeña ocultándose detrás de una carretilla de un vendedor ambulante. Repentinamente Bulma se paró frente a él y perdió de vista al que lo espiaba en la distancia.

—Vaya, qué distraído estás hoy. ¿Te encuentras bien? —le preguntó e instintivamente le colocó una mano sobre la frente y él se permaneció inmóvil—. Tienes las mejillas rojas, pero no tienes fiebre, a lo mejor es sólo el calor.

—Estoy bien, mujer —le gruñó apartando su gesto y ella se alejó para seguir caminando con el rostro ofuscado.

—¡No volveré a preocuparme por ti!

El resto de la tarde caminaron por toda la ciudad en busca de las piezas que Bulma necesitaría para reparar la ventana improvisada que Vegeta había creado en el área de carga, cargaron los contenedores en la motocicleta de Bulma, de comida, piezas y herramientas, y regresaron a la nave.

Apenas estaba atardeciendo cuando terminaron de guardar todo y Bulma se dispuso a trabajar. Afortunadamente el daño no era muy grande y el parche que hizo se veía bastante resistente. Incluso profesional.

Vegeta aguardó, sentado en el borde de la plataforma extendida, observando el ocaso haciéndose sobre el llano paisaje desértico del planeta. Recordando los colores del cielo de su propio planeta. Se quitó las gafas que traía puestas para ocultar su identidad y giró su rostro apenas, para ver a Bulma trabajando detrás de él.

Cada día que pasaba se convencía más de que era la criatura más inteligente que había conocido en toda su vida, ninguna mujer ni hombre podría hacer tantas cosas como las había hecho esa pequeña humana terrícola. Y en aquel momento, mientras escuchaba el sonido del soldador a su espalda, se preguntó si tal vez podría confiar en ella. Si al decirle la verdad… Quizás ella sería la única que pudiera ayudarlo a obtener una respuesta con la cual volver a Vegetasei.

—Bueno, con esto bastará. No sé qué opinarás tú, pero yo no tengo muchas ganas de cocinar. ¿Qué te parece si salimos a comer? Aún tenemos algo de dinero.

Vegeta la miró de soslayo y asintió, tal vez esta sería la oportunidad ideal para hablar con ella al respecto.

—Me parece bien.

Por un momento estuvo tentada a pedirle que simplemente la llevara volando, se ahorrarían bastante tiempo y considerando lo hambrienta que estaba no sonaba demasiado mal. Pero no tardó mucho en recordar que después de aquel tropiezo sexual que habían compartido quizás no sería de lo más apropiado…

Sin deliberarlo mucho desencapsuló su motocicleta y se montó a pesar de lo cansada que estaba. En medio de la noche se condujeron nuevamente a la ciudad y no tardaron mucho en encontrar un pequeño restaurante al aire libre. Ambos se sentaron en una mesa de madera con dos bancos de lado a lado, la extensa mesa estaba vacía y a Bulma le pareció perfecto dado que terminaría ocupada con todo lo que él seguramente pediría. Y cuando se acercaron para preguntarle qué ordenarían, Bulma se limitó a pedir la carta entera. Se encendió un cigarrillo y miró al saiyajin, que miraba de un lado al otro de la calle con un aire desconfiado.

—No creo que nadie te reconozca.

Vegeta miró con atención la expresión relajada de Bulma y olvidó respirar mientras se preguntaba si ya lo sabría. Si le habría estado mintiendo desde el principio y ya supiera que él era un príncipe.

—Ya revisé y aún no les han puesto precio a nuestras cabezas, tranquilo. Nadie sabe que nos escapamos de prisión… —le terminó susurrando, acortando la distancia entre ellos sobre la mesa.

Él volvió a respirar mientras asentía, levemente aliviado. Tomó el jarro que le ofrecieron y bebió de él sin detenerse a preguntarse qué era. Evitó concienzudamente mirar a sus alrededores en busca de aquel curioso que los había estado siguiendo, aunque aún se sentía observado. Mientras esperaba los cuantiosos platos que eventualmente saldrían de la cocina miró a Bulma, tenía el rostro cansado y pensativo. Tenía la mejilla apoyada sobre la palma de su mano y no se veía tan entusiasmada como acostumbraba. Él sabía que el lugar al que se dirigían cargaba un peso muy grande y comenzaba a intrigarle realmente, ¿qué podía ser? ¿En qué disparatado embrollo iba a meterlo ahora? Tenía que ser serio para tenerla así de preocupada, pensó aunque luego se cayó en cuenta de que no la conocía tanto como para asumirlo.

Cuando la comida llegó el siguió observándola, entre plato y plato espiaba la forma desinteresada en la que ella pinchaba con su tenedor y, cuando sus miradas se encontraban ella forzaba una sonrisa y tragaba.

Nunca se le había pasado tantas veces por la cabeza… preguntarse cómo se encontraba otra persona. Y realmente no sabía cómo abordar una conversación así, de modo que simplemente se quedó callado esperando que eventualmente ella empezara a hablar sin que se lo tuviera que pedir. ¿Por qué le preguntaría qué le pasaba después de todo? Era la misma mujer loca que lo había drogado y le había… Ellos habían…

Para cuando terminaron de comer Bulma se prendió un segundo cigarrillo y se quedó sentada, pidió un último trago y permaneció callada. A Vegeta el silencio jamás le había resultado incómodo, al contrario, el silencio era algo que atesoraba sobre todo en compañía de Bulma. Sin embargo, en esa ocasión sintió al silencio como un intruso indeseable que le hacía sentir que algo andaba mal.

Ella se cubrió apenas con sus manos, se cruzó de brazos y se acarició. Disimuladamente Vegeta se retiró la cacheta y se la extendió. Bulma lo miró extrañada.

—Úsala, tengo calor, no la necesito.

—Gracias…

Una ligera sonrisa de aspecto más genuino le curvó los labios y se colocó el cigarrillo en la boca antes de ponerse la chaqueta de Vegeta. Inspiró profundo y sintió el aroma de la piel del saiyajin impregnado en la tela oscura. No pudo evitar que su sonrisa se ampliara y temió manchar ese aroma agradable con el de la nicotina. Aspiró por última vez de aquel cilindro blanco y lo apagó sobre el cenicero que le habían dejado sobre la mesa.

—¿Nos vamos? —le preguntó a Vegeta y se extrañó. Él estaba mirando algo detrás de ella y la obligó a voltearse—. ¿Quieres comprar algo? —le preguntó al encontrar no más que una tienda de electrónica del otro lado de la calle.

Él la miró de reojo y aprovechó su oportunidad.

—Sí, adelántate. Te veré en la nave en unos minutos…

Por alguna razón se sintió extraña, pero de una forma agradable. Sus mejillas comenzaron a ruborizarse cuando asintió y le dejó algo de dinero para pagar la cuenta y comprar lo que sea que estaría buscando. Realmente estaba exhausta y le vendría bien dormir un poco, si pudiera, antes de llegar a su nuevo destino.

—Nos vemos más tarde, Vegeta —le dijo antes de salir caminando por la calle en busca de algún sitio en el cual desencapsular su motocicleta.

En la distancia y esperando pacientemente, Vegeta vio a la figura de Bulma desaparecer entre la gente. Esperó un par de segundos y luego de dejar dinero más que suficiente sobre la mesa, se levantó. Esta vez no se le iba a escapar.

Se dirigió a un callejón pequeño, lleno de ropa colgada de muro a muro. Y aunque no logró ver nada pudo escuchar un chasquido metálico, como si alguien hubiera tropezado con una lata. Rápidamente caminó entre la oscuridad y lo atrapó casi al final del pasillo, a punto de escapar. Por poco y se le escurría de entre los dedos, pero logró atraparlo.

Cuando finalmente tuvo entre sus manos aquel cuello escuálido y alargado se sonrió. Había algo extremadamente gratificante en ese contacto amenazador, en tener la muerte como una posibilidad en la punta de sus dedos. Sin titubear lo lanzó contra la pared y lo acorraló. Lo miró a los ojos y lo sintió temblar bajo su tacto. Vegeta se sonrió y sus colmillos se iluminaron bajo la escasa luz que bañaba el callejón. El pobre diablo tenía el rostro desfigurado de miedo y se quedó helado, tartamudeó algo que no logró terminar por el sólo terror de estar en su presencia y Vegeta lo interrumpió.

—Sabía que alguien estaba siguiéndome. ¿Quién te envía? ¿Fue Kore? ¿Mi padre? ¿Quién?

—¿K-kor qué? —tartamudeó el escuálido sujeto de ojos saltones.

—No te aconsejo jugar al desentendido porque no tengo intenciones de dejarte vivir un día más. De ti dependerá cuántos miembros tengas a la hora de morir.

—¡E-espera! Esto es una confusión, ¡yo no te estoy siguiendo!

—¿Quieres hacer las cosas más difíciles? Perfecto, tengo tiempo. ¿Qué te parece si buscamos un sitio más privado? —le cuestionó con una sonrisa sádica en el rostro y sin aguardar por una respuesta alzó vuelo fuera de la ciudad.

El pobre sujeto gimoteaba y por un momento, mientras surcaba el cielo a toda velocidad se preguntó si se había orinado encima. Estuvo a punto de soltar una carcajada, pero se quedó callado y se dedicó a oír los gritos de su rehén.

Al llegar a un área despoblada lo arrojó al suelo y él se removió adolorido. Vegeta se cruzó de brazos y lo observó arrastrarse, le había arrojado con tanta fuerza que seguramente le había partido una costilla.

—¿Cuántos huesos tengo que romperte para que empieces a hablar? —le amenazó, acercándose a él que aún se arrastraba y e interrumpió su paso para aplastarle un brazo con la suela de su zapato—. ¿Uno? —cuestionó revolviendo su pie como si apagara un cigarrillo.

Los gritos espantaron a un manojo de animales voladores que dormían en los alrededores sobre árboles secos. Él lloró tratando de retirar lo brazo de debajo de la suela del saiyajin, pero cuando lo liberó caminó hasta su pierna derecha e hizo lo mismo.

—¿Dos? —volvió a preguntar mientras él aullaba.

—¡Por favor! ¡Está equivocado!

Fastidiado, Vegeta lo tomó de las ropas y lo obligó a enfrentarlo.

—¿A quién te reportas? ¿Para qué me sigues?

—¡Estamos siguiendo a la mujer! L-la muchacha que ha estado contigo todo el día… A ella es a quien buscamos.

El rostro fruncido de Vegeta se volvió un amanojo de confusión. Abrió los ojos agigantados y al salir de su sorpresa se extrañó.

—¿A Bulma?

—¡Sí! La esclava, es a ella a quien queremos.

—¿Queremos? ¿Quién más está contigo?

—Mi compañero ya debe habérsela llevado —comentó a punto de reírse, pero poco le duró esa expresión de júbilo cuando la pupila oscura de Vegeta salió de la llanura y se volvió a él.


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Toda la preocupación que cargaba repentinamente se había esfumado, aunque sabía que era momentáneo, que eventualmente volvería a sentir esa presión terrible y abrumante. Se sonrió, se sentía como una adolescente de nuevo, como en aquella época en la que no le preocupaba más que viajar a conocer el mundo. Vegeta le había dado su chaqueta y se sentía como si acabara de tener una cita. Claro, si dejaba de lado el hecho de que no tenían una relación romántica y que él estaba casado.

Su sonrisa se volvió nostálgica, añorando tiempos menos complicados. Continuó su camino hacia la nave a sabiendas de que se aproximaba a ese último viaje, a ese tramo que había sido interrumpido en tantas ocasiones pasadas. Al llegar, estacionó su motocicleta y la encapsuló, la guardó en su pequeño estuche y escuchó unos pasos detrás de ella. Ilusionada, volvió a sonreírse.

—Qué rápido llegas… —dijo mientras se volteaba y su sonrisa terminó por deshacerse. El estuche cayó sobre el suelo, en medio de la fina tierra. Bulma retrocedió sobre sus pasos sin poder dar crédito a lo que veían sus ojos—. Bojack…

—Número doce, tiempo sin vernos… —le dijo aquel alto sujeto de cabello rojo.

Su cínica expresión le heló la sangre y trató de pensar en dónde diablos había dejado su secador de cabello. Desde que estaba junto a Vegeta se había confiado demasiado y hacía tiempo no lo tenía encima.

—No estoy sola —le gruñó amenazante.

—No necesito mucho tiempo —contestó divertido y lanzó algo a tal velocidad que el ojo inexperto de Bulma no logró percibir.

Bulma soltó un alarido involuntario y sintió su cuello atrapado bajo un lazo metálico de color blanco. Instintivamente llevó sus manos hacia él, pero el de cabello rojo tiró de él hasta dejarla tendida en el suelo. Él la arrastró mientras ella pataleaba, sintiendo que se asfixiaba y no tardó mucho en perder el conocimiento.

El cuerpo inerte de Bulma en el suelo le causó cierto regocijo a Bojack, quien se sonrió y soltó la cadena al suelo para levantarla y cargarla sobre su hombro. Pero su aspecto fanfarrón se tensó apenas por un leve instante cuando escuchó unos pasos no muy lejos de él. Detrás, a su espalda, había alguien y cuando se giró vio a su compañero caer al suelo, torcido, doblado sobre su abdomen y apretando la quijada para no llorar de dolor. Le echó un vistazo con una expresión ausente, simplemente sorprendido por su deplorable estado. Luego miró a quien lo había arrojado y se encontró con una expresión familiar a la suya.

Vegeta frente a él, no despegaba la mirada del cuerpo inerte tirado en el suelo. Miró a Bulma asfixiada y con un artefacto prendido de su cuello como una correa, como un perro o un animal de circo.

—¿Para qué la quieres? —le preguntó Vegeta a Bojack sin despegar sus ojos negros de aquella cabellera despeinada.

Bojack se giró al cuerpo de Bulma y luego miró a Vegeta a los ojos, notando que ni siquiera se había tomado la molestia de verlo.

—Ese no es tu asunto. Si no quieres problemas será mejor que te retires ahora mismo… Estoy dispuesto a perdonar lo que hiciste con Ube, eso le pasa por descuidarse. Además, tengo algo de prisa… La niña es escurridiza.

—Me temo que tengo un par de asuntos que arreglar con ella primero.

—Lo siento, amigo. Ella es mía.

—¿Ube? Me temo que tendremos que hacer un intercambio —le dijo al sujeto a su lado, tirado y gimoteando penosamente. Vegeta extendió su palma frente a sus ojos y cuando se disponía a amenazar a Bojack con borrar aquel ser de la galaxia, el gigante lanzó una esfera de energía con tal velocidad que lo tomó desprevenido. El saiyajin saltó unos metros hacia atrás y se rio al ver que aquel sujeto había desaparecido a su propio compañero.

—No me gustan las amenazas.

—Bueno —comenzó Vegeta y levantó su mano izquierda hacia su hombro derecho, giró el brazo estirando la articulación con una sonrisa—. A decir verdad, me viene bien una pelea. Comenzaba a extrañarlo…

—¿Estás seguro de querer hacer esto? Es sólo una esclava…

—A esta altura no es por la humana, necesito liberar un poco de estrés acumulado. Hay tantas personas a las que me hubiera gustado aniquilar con mis propias manos, pero no he tenido la oportunidad. Supongo que no es tu día de suerte…

Como un macabro relámpago, la dentadura de Vegeta se iluminó bajo el filo de su sonrisa retorcida y antes de que Bojack pudiera verlo, el saiyajin se había lanzado contra él sin dificultad alguna. Surcó los metros que los separaban en una fracción de segundo y con el puño cerrado le golpeó en las entrañas. Su antebrazo desapareció entre la caja torácica de su enemigo, hundiendo con él la piel y los músculos hasta tocarle los pulmones con los bordes de sus nudillos. Vegeta seguía sonriendo cuando el gigante escupió sangre en un grito mudo y le salpicó la mejilla.

Cuando Bojack cayó sobre sus rodillas con los ojos a punto de salirse de sus cuencas, abrazando su abdomen ahora deforme por el impacto, Vegeta se incorporó y rápidamente acertó su codo en medio de su espina y pudo escuchar cómo se partía en el medio. El desfase de las vértebras le llegó a los tímpanos como un sonido melodioso. El grito de aquel miserable que se había atrevido a enfrentarlo se oyó agónico, pero Vegeta aún no estaba satisfecho…

El cuerpo permaneció tirado en el suelo, temblando de momento a momento. El saiyajin le rodeó disgustado, ofendido de que le hubiera durado tan poco y su expresión se volvió amarga. Su labio se frunció, sepultando su sonrisa cínica, y su ceño se frunció con fuerza. Cuando su caminata lo llevó a verle el rostro una sensación de asco lo embargó, tenía los ojos blancos y le escurría saliva a borbotones por la boca abierta, tan abierta que se había llenado de tierra. Y él aún no estaba satisfecho…

En ese momento se giró y la volvió a mirar, ella también estaba sucia, su ropa cubierta de tierra como su cabello. Caminó a paso lento hasta el bulto en el que se había convertido Bulma y se puso de cuclillas junto a su cuerpo apenas intrigado por el aparato que tenía enredado en el cuello. La cadena blanca era amplia, pero no lo suficiente para que Bulma pudiera sacar la cabeza, sin embargo, pudo meter sus dedos y quebrar el aparato con ambas manos. Una corriente eléctrica le hizo cosquillas, pero estaba seguro de que si Bulma lo hubiera intentado se habría calcinado los dedos.

Arrojó el artilugio sobre el cuerpo inerte de Bojack y sostuvo a Bulma entre sus brazos. Cuando la tuvo cerca le miró la mejilla, llena de raspones, polvo y pequeñas piedras. El cuello variaba de su tono piel pálido y un rojo mezclado con púrpura en aquel espacio en el que la cadena le había asfixiado. Más abajo encontró una marca de aquella noche de pasión que aún no había desaparecido, la prueba irrefutable de aquel encuentro.

Vegeta se acercó a ella, posando su oreja sobre la punta de su pequeña nariz y escuchó el suave sonido de su respiración. Y cuando estaba a punto de volver a la nave volvió a ver a Bojack y su mente se llenó de preguntas. Caminó a paso lento con Bulma entre sus brazos y alzó una palma en la dirección de aquel cuerpo.

Un torbellino de energía emergió de él, dejándolo ciego. Y cuando se disipó no quedó nada de aquel cadáver. Había desaparecido por completo y lo único que quedaba en aquel sitio era una marca oscura, negra y alargada.

El príncipe volvió a la nave con una expresión intensa en el rostro. Severa y gélida. Caminó hasta los camarotes y dejó a Bulma recostada sobre su litera. Luego volvió a la sala de mando y se quedó sentado en el asiento del capitán. Sus ojos oscuros recorrieron los controles principales inseguro de lo que debería hacer a continuación. A dónde dirigiría la nave ahora…


N/A: Tal y como les había adelantado en las notas de autor de los fics Ella y BAD MAN, quería dejar un último capítulo de SIN SALIDA en este 2020, antes de tomarme un receso navideño, estaré volviendo en enero con muchos capítulos más de todos mis fics y espero que los disfruten y los estén esperando.

Creo que este capítulo va a traer más preguntas que respuestas jajaja pero prometo que en el siguiente se responde muchísimo, muchas teorías acertadas en los comentarios y dentro de muy poco vamos a conocer a la infame esposa de Vegeta. Espero que amen odiarla como yo. ¿Qué les pareció el capítulo? Espero lo hayan disfrutado.

Como siempre gracias a todos los que dejan un comentario, gracias y perdones miles a Nuria-db que se me pasó mencionarla y me sentí re mal de no haberlo hecho, ¡gracias por comentar linda!, gracias a DianaVH por todos los comentarios hermosos que dejó, a Flopo89 que se liberó de uni, dos Guest bellos que no me quieren poner un nombre jajajajaja a Mari como siempre divina que deja comentarios bellos siempre, Juanita Perez con sus reviews que me ponen tremenda sonrisa, Apolonia como siempre (pasen a leer sus fics que son increíbles), a Jime Maty Olguin (el cambio se debe a un pasado no tan tortuoso jajaja), Calay mil gracias siempre por los reviews, belen.b189 con sus infaltables reviews, DeserRose ¡gracias! y karenina2189 (casi que lo hago pero me arrepentí).

Mil gracias a todos por sus comentarios, de verdad siempre me levanta el ánimo saber que les ha gustado lo que leyeron, que es la razón por la que escribo además de para mí misma. De verdad gracias.

¡QUE TENGAN UNA MUY FELIZ NAVIDAD, HANUKKAH Y AÑO NUEVO! ¡NOS LEEMOS EN EL 2021 Y QUE SEA NUESTRO MEJOR AÑO!