Todavía no soy dueña de estos personajes o de esta premisa.

Advertencia: Tenemos un personaje original. Culpen a Disney por esto, deberían haberle dado a Shego una madre. Quiero decir, le dieron hermanos, después de todo. ¿Por qué no simplemente hacer el árbol genealógico completo y salvarme de la molestia de tenerle que hacer una madre?

Problema Catorce: Tener una madre...

Sabes, si vas a tener una mascota, debería ser capaz de atacar a los invitados no deseados. O al menos debería ser capaz de advertirte que alguien que no quieres ver se acerca.

Kim recientemente aprendió un nuevo hecho de vida: una persona que es específicamente inadaptada es probablemente de esa forma por culpa de su madre. Su ama se lo había dicho, aunque había usado un lenguaje mucho más simple y severo al explicarlo. Bueno, ahora la madre de Shego estaba en casa y se preguntó si su ama caería en tal categoría. Supuso que lo descubriría siendo una mala mascota y merodeando la plausible carnicería que podría tener lugar.

La pelirroja se excusó para ir a la cocina y preparar té para su ama e invitada, solo para darle a la madre de Shego la oportunidad de tener la idea de privacidad. No estaba muy lejos para escuchar si algo sucedía a menos que comenzaran a susurrar, lo que sabía que Shego no haría. Shego no pensaba en Kim como una persona, esto significaba que no importaba lo que la chica pensara y diría casi cualquier cosa alrededor de la adolescente, generalmente de todos modos.

Shego simplemente miró boquiabierta a su madre porque no podía creer que un miembro de su familia estuviera en su casa mientras que la mujer mayor simplemente se sentó como si no hubiera nada malo en estar en la casa de su hija. Su madre era una mujer pálida, Shego también lo era, incluso con el tono verde enfermizo que la cubría. Compartían bastantes rasgos, ojos color esmeralda, cabello negro y caras en forma de corazón. Su madre era más alta, pero casi parecía un clon de su madre, más joven y con la piel verde.

Shego decidió apagar la televisión porque solo serviría como ruido de fondo desde ahora hasta que su madre saliera del apartamento. Sabía que su madre quería toda su atención, aunque no era como si la mujer mayor la esperara. Shego hizo lo inesperado y le dio a su madre justo lo que deseaba; era un desafío de manera única. Shego había aprendido con su familia que ser rebelde significaba hacer las cosas que menos esperaban y asegurarse de ser lo más irritable posible debido a ello.

–¿Cuánto tiempo has estado en la ciudad? –preguntó Shego.

–Un par de días–, respondió su madre en tono despectivo.

–¿Te estas quedando en un hotel o con uno de tus idiotas? –la mujer más joven inquirió con un poco de actitud.

–No deberías decir esas cosas sobre tus hermanos. A veces muestran signos de inteligencia, lo que todos sabemos que obtuvieron de mí. Me estoy quedando en un hotel.

Shego miró directamente a su madre mientras hacía su siguiente pregunta porque quería saber la verdad y nada más que la verdad. No quería darle a su madre la oportunidad de mentir de ninguna manera. Deseaba los hechos.

–Estuve en las noticias, ¿verdad? –la mujer de piel verde prácticamente demandó. Su madre no estaría ahí solo porque estaba en la ciudad o lo que fuera. Su madre era demasiado irritante como para no estar vigilándola y se estaba asegurando que estuviera bien después de salir volando de ese estúpido edificio. Como si tuviera que vigilarme o necesitara ser cuidada como un bebé, la mujer con súper poderes pensó con un resoplido.

–Solo te vi por un momento. No es por eso que estoy en la ciudad–, le aseguró su madre. Sin embargo, sabía que Shego no le creería.

–¿Entonces por qué? –la hija preguntó rápidamente, pensando que podría sorprender a su madre. Aunque, debería haberlo pensado mejor.

–Estoy dando un seminario los fines de semana sobre mujeres y artes marciales. Si lo deseas, puedes venir y participar en una exhibición–, ofreció su madre en un tono seco con una pequeña sonrisa en su rostro. Sería un día frío en el infierno cuando fuera atrapada con la guardia baja.

–La última vez que estuve en una exhibición, me pateaste hacía una pared a seis metros de distancia–, le recordó Shego a su madre con un poco de enojo.

Su madre se rio un poco. –Bueno, solo tenías diez años. Espero que seas mejor ahora.

Shego no replicó a eso y su madre suspiró cuando notó que la mujer más joven parecía ofenderse por sus palabras. Kim asomó su cabeza hacia la sala de estar desde la esquina y notó que su dueña estaba en una posición extraña. Shego estaba encorvada y miraba al suelo. Parecía derrotada, avergonzada, incluso decepcionada. Kim nunca había visto algo así y no sabía qué hacer con eso, pero sabía que tenía algo que ver con la madre de Shego.

–Solo estoy bromeando, pequeña luciérnaga–, su madre le dijo a Shego.

–No me llames así–, refunfuñó Shego. ¿Por qué los padres les daban estúpidos apodos a sus hijos de todos modos? ¿No sabían que su descendencia odiaría esos apodos casi siempre sin importar qué?

Su madre suspiró. –¿Cómo quieres que te llamarte entonces? –preguntó en un tono molestamente gentil. ¿Por qué les resultaba tan difícil hablar cuando se parecían tanto? Ambas se preguntaron. No era solo en este momento, sino que a menudo, casi todo el tiempo, tuvieron ese problema. No era que no quisieran llevarse bien, pero no parecían saber qué hacer una con la otra.

–Shego–, la hija respondió a como deseaba ser llamada.

–¿Por qué? No es el nombre en tu acta de nacimiento y lo odiabas hace tiempo.

–Luciérnaga no está en mi acta de nacimiento y también lo odiaba en ese entonces, pero tú me llamas así–, señaló Shego. No estaba segura de por qué prefería el nombre de Shego sobre los demás y se negó a considerar el por qué, pero era exactamente como quería que la llamaran. Demonios, para ella, cualquier apodo superaba a su nombre.

–Está bien, está bien–, su madre fácilmente concedió y decidió cambiar de tema porque no había venido a molestar a su hija ni a tener ninguna discusión de cualquier tipo. Miró hacia la cocina. –¿No es esa chica un poco joven para ti? –preguntó con curiosidad. Siempre había pensado que a su hija le gustaba el sexo opuesto, pero parecía que estaba equivocada.

–No es así–, respondió Shego. Habría pensado que su madre la conocía lo suficiente como para saber que nunca estaría en una relación con una criatura como su mascota molesta.

–¿No? Pareces estar en ropa de casa porque no saldrías con ese atuendo. Parecía que ella todavía estaba en pijama. ¿Qué sería entonces si no lo es? –preguntó su madre con curiosidad.

–Es mi mascota–, respondió Shego sin esfuerzo, como si no fuera nada para ella tener a una adolescente como mascota. Kim se preguntó cómo reaccionaría la madre de su dueña ante tales noticias.

–¿Tu mascota? –su madre repitió en tono desconcertado.

–Sí, mi mascota.

–Entonces, ¿por qué la llamaste Princesa?

–Ese es el nombre que le di.

–¿Le pusiste nombre a una chica adolescente? –preguntó su madre. Obviamente no estaba siguiendo cómo funcionaba la cosa "mascota" y la mirada en sus ojos transmitía esa idea más que su pregunta.

–Es mi mascota–, repitió Shego nuevamente, pensando que se explicaría si su madre lo pensaba por un momento más o menos. Después de todo, su madre tenía que saber qué era una mascota considerando el hecho de que sus hijos habían asesinado a docenas de mascotas cuando eran más jóvenes.

Kim trotó con el té para todas después de escuchar a su ama admitir que era una mascota. La pelirroja no estaba segura de qué pensar acerca de la madre e hija porque Shego era honesta con la mujer y hablaban con bastante comodidad. Shego no parecía ansiosa de ninguna manera y su madre reflejaba una expresión pasiva, pero de alguna manera no parecían llevarse bien. Kim le entregó al par sus bebidas y luego se dejó caer en el piso.

–Calabaza–, dijo Shego.

–¿Si? –Kim preguntó con una sonrisa.

–Ve a la cama.

–Son las ocho en punto–, señaló la adolescente.

–Ve a la cama–, repitió la orden.

–Ah, diablos. Esto está terriblemente mal–, se quejó Kim mientras se levantaba y se dirigía al desván. –¡Voy a dormir en tu cama esta noche! –le informó a su ama, ya que ese era uno de los mejores castigos que podía ofrecer por obligarla a acostarse a una hora tan temprana.

–Me gustaría verte intentarlo–, desafió Shego a la adolescente.

–¡Y también te usaré como almohada!

–Y terminarás escondida en tu estúpida caja todo el día, también–, replicó Shego.

–¡Y voy a abrazarte!

Shego puso los ojos en blanco. La razón de enviar a su mascota lejos era para que su madre no viera cómo interactuaba con la chica. No quería darle a su madre la impresión equivocada y no quiso decir eso de la forma en que la mayoría de la gente podría pensar. Simplemente no quería que su madre pensara que le gustaba tener a la pequeña plaga, porque sería un error pensar eso. No quería que su madre pensara que había cambiado de alguna manera y que podía soportar la compañía de cualquiera o que podía preocuparse por algo.

La madre de Shego había llegado a comprender la cosa "mascota" hasta el punto de poder ver que Kim no era la novia de Shego. Más allá de eso, el concepto se perdió en ella porque su hija nunca mostró ningún interés en tener una mascota. Supuso que le tomó un tiempo a Shego encontrar una compañera con la que se sintiera cómoda.

–Una chica mascota. Puedo ver por qué nunca jugaste con perros–, comentó su madre con una sonrisa ligeramente divertida.

–Los perros estaban sucios y es por eso que nunca jugué con ellos. De todos modos, no había razón para apegarme a algo que iba a estar muerto o desaparecido en un mes–, comentó Shego.

La mujer más joven sabía que su madre no pensaría que era extraña por tener una chica mascota. Shego no se sorprendería si su madre hubiera hecho algo similar cuando era más joven. Su madre era una persona tan peculiar y Shego sabía que tenía todas las peculiaridades de la mujer. Supuso que debería estar agradecida por eso. Podría haber heredado la personalidad de su padre, después de todo.

–Entonces, ¿cómo sabes dónde vivo? –preguntó Shego en un tono un poco defensivo.

Su madre sonrió un poco, como si la pregunta le hiciera cosquillas. –Vamos, cariño, tienes que darle algo de crédito a tu madre.

–Sé que viniste aquí porque estuve en la televisión.

–Te lo juro, solo la vi por un momento. Ni siquiera sé qué sucedió realmente. Estoy aquí para un seminario y pensé que ya que estaba en la ciudad y habían pasado casi dos años, debía verte –¿Prefieres que me vaya? Puedes volver a estar con tu mascota–, propuso su madre.

–No–, murmuró Shego. En el fondo de un pozo que se negó a reconocer que existía, extrañaba un poco a su madre y le gustaría pasar un tiempo con la mujer antes de que ambas se pusieran de nervios.

–¿Quieres hablar de algo?

–No realmente.

–Podrías hablarme de tu mascota si quieres. No necesito saber por qué tienes una, solo dime sobre ella.

Shego asintió y le contó a su madre sobre Kim y nada más. La adolescente permaneció despierta, escuchándoles hablar de ella. Shego no dijo nada realmente horrible sobre su mascota. Simplemente dijo la verdad, a pesar de que algunas de las cosas parecían extrañas. Kim estaba dispuesta a apostar que al final de la conversación, la madre de su ama estaba convencida que era una completa idiota.

Kim sabía que tenía que verse como una idiota y no por las cosas que hacía alrededor de casa. Era solo el hecho de que era la mascota de alguien. Era consciente que la mayoría de las personas creían que ninguna persona inteligente y respetuosa sería la mascota de otra persona. Notó que la madre de su dueña no dijo nada respecto a ella además de que probablemente sufría muerte cerebral por ser la mascota de alguien.

Después de la discusión sobre su mascota, Shego anunció que quería darse una ducha, a pesar de que Kim recordó que ya había tomado una. Su madre entonces decidió que se iría. Shego le dijo a su madre que podía encontrar la puerta. No se abrazaron ni se despidieron mientras se separaban, Shego a su habitación y su madre a la puerta.

Kim no pudo evitarlo; tenía curiosidad por lo que acababa de suceder. Fue una interacción tan extraña. Era como si a la madre e hija les gustara estar juntas, pero no podían soportar estar cerca al mismo tiempo. Saltó silenciosamente de su espacio y decidió seguir a la madre de Shego para descubrir por qué parecía que ella y Shego solo podían interactuar en pequeñas dosis, a pesar de que parecían llevarse bastante bien. Apenas llegó a la calle antes de que la madre de Shego se detuviera.

–Vamos sal–, dijo la mujer mayor.

–¿Qué? –Murmuró Kim. No era posible que estuviera hablando con ella, ¿verdad?

–Sé que estás ahí.

–¿Cómo lo supiste? –preguntó Kim mientras se dejaba caer frente a la mujer de cabello negro.

–Le enseñé todo lo que sabe–, respondió la madre de Shego.

–¿Ah sí? Eso es genial–, dijo la pelirroja por falta de algo mejor que dejar salir de su boca. Dudaba que alguna vez pudiera encontrar las palabras correctas para expresar lo que sentía al conocer a la persona que le enseñó a su ama a patear traseros.

La mujer mayor la miró en silencio durante un par de segundos. –Shego no sabe que puedes hacer eso, ¿verdad?

–Probablemente no. Realmente no es necesario que lo haga a su alrededor–, respondió Kim. Podría haber sido sigilosa cerca de Shego, pero prefería el enfoque directo. Era mucho más divertido ir directamente a Shego para abrazarla, dormir en su cama, o cosas así.

–Supongo que tienes preguntas sobre mi hija.

–Toneladas–, respondió la adolescente con honestidad.

–Quizás podamos intercambiar información entonces. Ven, mi hotel no está muy lejos de aquí.

La pelirroja asintió y siguió a la otra mujer. El hotel en realidad estaba lejos para los estándares de la mayoría de las personas, caminando de todos modos, que fue como se trasladaron. Eran como cinco kilómetros, pero Kim apenas se dio cuenta. Realmente no hablaron en el camino. Llegaron al hotel, que parecía elegante. Subieron a una bonita habitación de hotel y ambas se acomodaron en sillas.

–Primero deberíamos presentarnos, ¿eh? –la madre de Shego sugirió.

–Suena justo. Soy Kim Possible–, respondió la pelirroja.

–¿Kim Possible? He oído hablar de ti. Es un placer. Soy Isabel Gooding.

–Wow, ¿en serio? ¿Podría ir a tu seminario entonces? Estaré en una exhibición y todo. No me importa si me pateas contra una pared–, dijo Kim con un poco de entusiasmo. Estaba sentada en presencia de una de las mujeres luchadoras más famosas del mundo. Bueno, eso explicaba por qué su ama pateaba traseros tan bien. Wow, la madre de su ama era prácticamente una superestrella. Se preguntó por qué Shego nunca dijo nada al respecto o por qué su dueña nunca habló con su madre.

–Bueno, si tu ama te deja salir, puedes venir. Creo que la puse de mal humor–, comentó la mujer mayor con una suave sonrisa.

–No veo por qué. Parece que le agradas. Quiero decir, te llama 'mami'. Eso tiene que significarse algo–, razonó la adolescente.

Isabel sacudió la cabeza en desacuerdo. –Shego me ama y me odia. Es un tema muy complejo que lleva toda una vida desarrollar–. En retrospectiva, podía ver los momentos en los que alejó a Shego y los momentos en los que la mantuvo cerca, a veces tal vez demasiado cerca. Podía ver dónde su relación se volvía confusa. Apostó a que su hija también lo vio. Pasaría el resto de su vida tratando de aclarar las cosas si fuera necesario.

Kim asintió para mostrar que aceptaba la respuesta que se le dio. Entonces, Shego es una de esas personas a las que su madre jodió, pensó la pelirroja. Bueno, tal vez no era tan malo porque Kim no creía que Shego fuera tan mala, pero había problemas allí. Por otra parte, todos tenían problemas.

–No sabe que estoy muy orgullosa de ella y se esfuerza mucho para probar que debería estarlo–, informó Isabel a la chica.

Oh, la mente de Kim sonó; Shego era una de esas personas que buscaban la aprobación de su madre. Sin embargo, no parecía así. Tal vez había más en ella que eso. La pelirroja esperaba que un día su ama le contara todo sobre ella, para saber a qué se refería Shego. Quería saber todo lo posible sobre su ama.

–¿Por qué no le dices que estás orgullosa? –preguntó Kim.

–No es tan simple. Pensará que me estoy burlando. Simplemente se esforzará más. Ha sucedido antes. Hay más que eso, también–, respondió Isabel.

–Está bien, ¿te importaría decirme sobre eso?

–Llevaría mucho tiempo. Sería como si tuviera que contarte la historia de su vida hasta el momento en que ella tenía más o menos tu edad.

Kim asintió para mostrar que entendía. No tenía tiempo para una historia de vida. Después de todo, tenía que volver a casa antes que su ama se diera cuenta de que había desaparecido en combate.

–Hey, ¿qué tal si me dices su nombre real? –Preguntó la adolescente con una sonrisa.

Isabel sacudió la cabeza y sonrió un poco. –Tendré que negarme a eso. Después de todo, es tu ama. No quisiera que la molestaras con eso.

–Su nombre no le queda, ¿eh? Bueno, ¿por qué se hace llamar Shego?

–Es cosa de su padre. Él no está completamente seguro de qué hacer con ella, incluso ahora. Intentó tratarla como a sus hermanos y la apodó en consecuencia. La trató como a un niño pequeño durante mucho tiempo. Sabes, si entro en esto, podría tomar un tiempo. ¿Estás segura que se te permite estar fuera tan tarde? –Isabel parecía burlarse de la chica.

–Si no se entera, supongo que está bien. Sabes, creo que podría respetar su privacidad. Quiero saber sobre ella, pero creo que preferiría que me lo diga en vez obtenerlo de ti–, decidió Kim. Le parecía incorrecto ir a espaldas de su dueña y aprender todos sus secretos a través su madre. De todos modos, para qué necesitaba una mascota saber tales cosas, le preguntó su mente y ella estuvo de acuerdo con esa lógica.

–Eso es muy noble. Puedo respetar tal cosa, pero no puedo hacer lo mismo. Dime lo que puedas sobre mi hija, por favor. No lo repetiré–, prometió Isabel.

Kim se mordió el labio por un segundo para pensar en la solicitud. –Compartiré un poco–, respondió. Su ama iba a estar tan enojada con ella si descubría que había estado compartiendo información; solo una mascota traviesa haría tal cosa. Oh, espera; era una mascota traviesa, una mascota muy traviesa la mayor parte del tiempo.

–Muy bien. Primero, ¿por qué tú, Kim Possible, eres su mascota? –la mujer mayor preguntó en tono confundido.

–No sabe quién soy–, respondió la pelirroja encogiéndose de hombros.

–No eres tan famosa como deberías entonces. Sin embargo, creo que ella debería saberlo.

–Estoy bien donde estoy.

La mujer de cabello negro asintió y luego pidió información simple; bueno, habría sido información simple con respecto a la mayoría de las personas. Quería saber si su hija estaba bien, lo cual Kim confirmó fácilmente al señalar cuán independiente era Shego y dar algunos ejemplos para respaldar su respuesta. Isabel sonrió suavemente mientras escuchaba. Sabía que su hija de voluntad fuerte podía cuidarse sola. Shego siempre quiso ser completamente autónoma.

La mujer mayor quería saber lo segundo más importante para una madre, lo primero era el bienestar físico. Lo segundo era el bienestar emocional y deseaba saber si su hija era feliz. Kim hizo una mueca lo que mostró que la pregunta era más compleja para contestar de como la hizo sonar.

–Siempre fue divertido con ella cuando se trataba de felicidad. No te preocupes por eso–, le dijo Isabel a Kim.

–Puedo decirte con seguridad, que hago mi mejor esfuerzo para hacerla feliz–, juró la adolescente.

–Te lo agradezco. ¿Te vas a quedar con ella?

–Por tanto tiempo como me lo permita. Entonces, no tienes que preocuparte por ella. Puedo hacerla sonreír, reír, incluso relajarse.

–Debería casarse contigo–, comentó Isabel.

La adolescente se rio un poco. –No pongas ninguna idea en mi cabeza. ¿Por qué Shego está de acuerdo con tener una chica mascota? ¿Lo sabes?

–Kim, Shego es una mujer con súper poderes, piel verde y con una familia muy extraña. Si algo extraño no está tratando de lastimarla, no creo que realmente la moleste. Si quieres molestarla con lo extraño, recurre al crimen porque si no estás rompiendo ninguna ley, no estará demasiado molesta. Bueno, trata de no decir nada tonto, también, o hacer algo tonto. Le molestan las tonterías en general.

La pelirroja asintió. –Tiene sentido–, murmuró de acuerdo. –Entonces, ¿realmente por qué viniste a verla?

–Por la razón que dije y porque la vi en la televisión. Quería asegurarme que estuviera bien. Me alegra ver que lo está en más de un sentido.

–Eres la única que piensa que está bien. Todos los demás que saben de mí y de ella piensan que ambas estamos locas.

–Siempre debes rodearte de gente a quienes les agrades, pase lo que pase. La vida es demasiado corta como para tener que lidiar con las tonterías de la gente–, comentó Isabel y Kim no pudo evitar reírse porque eso sonaba como algo que su dueña diría.

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Shego se paró en el pasillo de la entrada y observó cómo se abría la puerta principal. Miró a su mascota mientras entraba al apartamento y cerraba la puerta en silencio. Encendió sus manos y eso llamó la atención de Kim.

–Shego–, gritó Kim. Debería haber sabido que su ama se daría cuenta de que se había ido.

–Fuera bastante tarde, Calabaza–, comentó Shego.

–Um... – Kim no podía pensar en una excusa para alimentar a su ama sobre por qué se había ido tan tarde. No había manera de disfrazar de que estaba hablando con la madre de Shego donde no sería mentira, pero si una distorsión de la verdad.

–¿Hablando con mi madre? –Shego gruñó.

–Sí–, suspiró Kim, desplomando los hombros. Probablemente iba a tener que pasar todo el día de mañana debajo de su caja debido a su conversación. Ah, todavía valió la pena.

–¿Sobre mí? –preguntó Shego, a pesar de que sabía la respuesta a eso. No era como si su madre y su mascota se reunieran para discutir la posibilidad de que hubiera vida en otros planetas o para ponerse filosóficas.

–Si.

–¿Por qué no debería golpearte hasta apenas dejarte con vida? –la dueña preguntó con el ceño fruncido en su rostro.

–Porque no dije mucho y no pregunté nada. Ni siquiera tuve la oportunidad de descubrir tu nombre real–, admitió la pelirroja.

–¿No?

–No, no me lo dijo.

Shego miró hacia otro lado mientras sus manos regresaban a la normalidad. Kim entró más en el departamento y se colocó junto a su ama. La mujer súper poderosa se dirigió hacia la chica y apoyó la mano en la suave melena roja de Kim.

–¿Qué preguntó mi madre? –inquirió Shego.

–Bueno, quería saber si estabas bien en general. Le dije la verdad, sí. Estás totalmente bien. Estas tan bien por tu cuenta que tienes una mascota y se alegró de saberlo–, informó Kim.

–¿Y qué más?

–Entonces preguntó si eras feliz.

–¿Y qué le dijiste?

–Le dije que hago todo lo posible para hacerte feliz–, respondió la adolescente.

Shego se rio un poco. Kim no estaba segura de qué pensar de la risa. Podría haber sido un sonido escéptico o simplemente una risa regular y divertida. No pensó demasiado en eso. Sabía cómo se sentía Shego por tenerla cerca y sabía de lo que era capaz cuando se trataba de su ama. Kim miró a Shego para decirle una cosa.

–Dijo que está orgullosa de ti–, le informó la pelirroja a Shego.

Shego asintió un poco. –Sabes, Princesa, a veces la vida sería más fácil si nacieras sin familia.

–No creo que la vida haya sido hecha para ser fácil, a menos que realmente no quieras vivir y no te considero del tipo que no quiere vivir.

–Oh, mira quién habla. ¿Podría tu vida ser más fácil? – preguntó Shego y Kim se rio. La mujer pálida rascó suavemente la cabeza de su mascota. –Mira, Calabaza, estoy de buen humor y ya tienes la idea en la cabeza, ¿quieres dormir en la cama conmigo?

–¿Realmente tenías que preguntar? –respondió Kim.

–En realidad no, pero si me tocas, mueres.

–¡Aw!– Kim gimió de decepción. No fue divertido compartir la cama con Shego y no poder tocarla. Pero, apenas siguió las reglas. Estaba contenta de que Shego estuviera acostumbrado a lo extraño porque eso significaba que probablemente la mantendría como mascota durante mucho tiempo.

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La próxima vez: lloverá fuego y azufre... Está bien, estoy mintiendo, pero habrá fuego y humo. Drakken regresa y cierta mascota será descuidada porque su ama estará trabajando horas locas. Entonces, la mascota tendrá que entretenerse, ¿qué es lo peor que podría pasar?