Así que, los personajes, no, no me pertenecen. Y sobre la idea de tener a alguien como mascota, no pensé en ello. Los personajes son de Disney. La idea es de Yayoi Ogawa.
Problema quince: Ser un provocador de incendios…
Los propietarios realmente no conocen a sus mascotas. Claro, sabes que tu perro o gato es feliz cuando vuelves a casa, pero ¿qué hay realmente en la mente de tu mascota? Simplemente no lo sabes y es prácticamente imposible saber cómo realmente se siente tu mascota porque no puede decírtelo directamente.
Shego estaba atrapada en una operación de vigilancia. Por lo general odiaba vigilar, pero en la que estaba no era tan mala. Al menos estaba atrapada en un área pequeña con alguien que podía tolerar libremente, Doctora Directora. Supuso que se quedó atrapada con la jefa porque la última vez que estuvo en vigilancia con alguien, falló en su asignación ya que había estado ocupada golpeando al bastardo de mierda con boca inteligente que estaba en el auto con ella. Ahora, nadie además de Betty se atrevía a ir de vigilancia con la inestable de la oficina, también conocida como Shego.
–¿Cuánto tiempo vamos a estar sentadas aquí? –la mujer pálida preguntó con un bostezo. Deseó que estuviera bebiendo café al menos para tener algo que hacer y algo para mantenerla despierta. No tenía idea de cuánto tiempo se quejó hasta que se quedó sentada sin nada de que quejarse. Consideró que podría tener que traer a su mascota en la próxima vigilancia, lo cual esperaba que no sucediera, pero tendría a alguien a quien molestar por un rato.
–Hasta que veamos algo sospechoso, ojalá antes de que otro edificio estalle en llamas. ¿Qué sucede? ¿Cuál es el problema, quieres otro round de tres minutos con Drakken? –contrarrestó Betty riéndose.
–Oh, eso es cruel. Es por eso que nunca te cuento nada–, comentó la mujer más joven.
–¿Estás bromeando? Me dices más de lo que le dices a nadie más.
–No te digo tantas cosas como piensas que hago.
–Puedo averiguarlo.
–¿No tienes nada mejor que hacer que abusar de tu poder? –inquirió Shego.
–Tan divertido como esto, no–, respondió Doctora Directora con una sonrisa.
–Me alegra saber que una de nosotras se divierte con mi llamada vida sexual.
–Sabes, si boxearas la misma cantidad de tiempo, te garantizo que estarías menos frustrada.
–Estaría menos frustrada si apareciera ese loco pirómano. En realidad, estaría menos frustrada si hubiera menos pirómanos locos y súper poderosos en la maldita ciudad–, resopló Shego.
–Siempre existe la posibilidad de que el pequeño escarabajo de fuego (1) no aparezca. No es como si nos diera la hora exacta de cuándo va a comenzar los incendios y hacer explotar las cosas. Puede que ni siquiera ataque esta noche–, la mujer tuerta señaló.
–Oh, no me digas eso. No quiero tener que estar aquí otra noche contigo–, gruñó la mujer de cabello negro.
–¿Crees que me gusta estar en un espacio pequeño contigo? Créeme, prefiero pasar mis noches con alguien más atractivo.
–Oh, no actúes como si tuvieras un hombre.
–No trates de meterte en mis asuntos porque tu hombre solo dura tres minutos.
–Te odio–, dijo Shego. Y ella deseó que pudieran hacerlo por tres minutos.
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Shego entró en su apartamento cuando el sol se alzaba en el cielo. Tenía los ojos medio abiertos y apenas pudo cerrar la puerta porque no tenía ganas de darse la vuelta solo para mirarla. Demonios, ni siquiera estaba segura de cómo logró meter la llave en la cerradura para abrir la puerta en primer lugar. Kim asomó la cabeza desde el desván con una mirada aturdida en sus ojos verde oliva mientras su dueña entraba al apartamento.
–¿Come te fue? –dijo Kim bostezando.
–Te cuento más tarde. Día libre–, murmuró Shego, solo un poco consciente de que incluso había respondido la pregunta.
La adolescente asintió y observó a la mujer mayor tambalearse hacia su habitación. Kim podía entender por qué su ama estaba tan cansada; más de una semana trabajando diecinueve horas al día era suficiente para agotar a cualquiera. Al menos era su día libre, para poder ponerse al día con su descanso. Tal vez podría pedir pizza y Shego no tendría que cocinar, consideró la adolescente.
La pelirroja volvió a dormir por un par de horas más antes de levantarse. La adolescente solo podía dormir hasta cierta hora de la mañana. Se sorprendió de que Wade no la hubiera llamado con una misión o simplemente para ver cómo estaba, pero no iba a quejarse. Era su día libre no oficial, después de todo. Se entretendría leyendo mientras Shego dormía todo el día.
Más tarde ese día un golpe en la puerta hizo que Kim bajara del desván. Quería abrir antes de que el ruido despertara a su agotada dueña. Abrió la puerta y se encontró cara a cara con Drakken. Él frunció el ceño tan pronto como se dio cuenta quien estaba delante de él.
–¿Dónde está Shego? –Preguntó groseramente.
–Durmiendo–, respondió Kim.
–¿Qué? –resopló, frunciendo el ceño aún más, como si la idea de que la dueña del apartamento durmiera lo ofendiera de alguna manera. Empujó a la adolescente para entrar en el apartamento. –¡Shego! –llamó en voz alta.
–Oye, está durmiendo–, repitió Kim mientras esperaba no tener que lastimar al hombre para que se callara. Su ama realmente se merecía descansar tanto como pudiera.
–No me importa–, respondió. –Necesita levantarse. Son las cuatro de la tarde.
–Ella tiene un trabajo muy exigente–, señaló la pelirroja mientras se preguntaba cuál era el mejor lugar para golpearlo primero y evitar que gritara. Consideró la garganta porque no era como si él usara su voz para algo útil, de todos modos. Dudaba que fuera amonestada con demasiada dureza por lastimarlo, especialmente si eso evitaba que su cuidadora se levantara.
–¡Shego! –Drakken volvió a gritar.
–¿Qué? –gruñó Shego cuando salió de su habitación. Estaba usando pijama y parecía que acababa de despertarse, principalmente porque acababa de despertarse gracias al Doctor gran boca. –¿Qué? –repitió en tono aún más molesto.
–¿Por qué estás durmiendo? –el científico prácticamente exigió.
–Porque estoy cansada, obviamente–, respondió. Estuvo tentada a preguntarle por qué era de su incumbencia, pero pensó que podría responder y realmente hacerla enojar.
–¿Debería desaparecer un rato? –preguntó Kim, hablando con la otra mujer. Sabía que a Shego no le importaba si estaba ahí o no, pero dedujo que a Drakken no le agradaba mucho y preferiría que se marchara.
–Deberías de llevar algo de dinero contigo–, respondió la mujer de cabello negro. No creía que su mascota necesitara sufrir con Drakken, especialmente porque él parecía tener algún tipo de problema con la chica. Por qué tenía un problema con ella, las damas simplemente no podían imaginarlo.
–Sí, señora –Kim le dio un saludo militar.
La mujer pálida sacudió la cabeza ante el comportamiento de su mascota mientras la pelirroja iba a buscar algo de ropa. La adolescente se vistió rápidamente y tomó el dinero que Shego tenía en la mano. Besó a Shego en la mejilla e hizo su retirada. Al salir, notó que Drakken frunció el ceño aún más de lo que ya lo estaba haciendo cuando se detuvo para besar a su dueña en la mejilla.
Kim en realidad deseaba poder detenerse y alardear sobre lo fácil que era para ella besar a Shego en comparación a Drakken. Él hizo parecer que era una tarea difícil besar a la mujer de piel verde y siempre era muy incómodo. La pelirroja a veces deseaba poder decirle que podía dormir junto a Shego casi todas las noches y cómo se frotaba contra la mujer mayor. Probablemente se ahogaría en su propia furia, pensó con una sonrisa mientras a caminar por la calle.
Si fuera verdaderamente malvada, le contaría a Drakken sobre algunos de los sueños que tenía mientras dormía junto a Shego. O tal vez le contaría sobre las fantasías que pasaron por su mente mientras veía a Shego moverse por la cocina. Podía imaginarse su cabeza explotando, lo que sería una forma muy divertida de deshacerse de él.
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Shego se giró para mirar a Drakken. –¿En qué puedo ayudarte? –preguntó y esperaba que él tuviera una buena respuesta por la forma en la que había estado gritando. Habría pensado que el hombre se estaba muriendo y de alguna manera ella era la única que podía salvarlo por la forma en la que estaba gritando.
–Vine a pasar el día contigo–, respondió.
–¿Y es por eso que estabas gritando como si hubieras crecido con los Boondocks(2)? –preguntó con el ceño fruncido mientras consideraba las consecuencias de atravesarle el pecho con sus manos. Realmente no podía ver la desventaja ya que él moriría y entonces ella podría volver a dormir. Parecía un muy buen plan. Sin embargo, no lo hizo.
–Necesitaba llamar tu atención–, señaló como la razón por la que había estado gritando su nombre como búho herido.
La mujer pálida puso los ojos en blanco. No podía entender al hombre a veces. Era como si no tuviera idea de cómo actuaba un ser humano semi-civilizado. Supuso que debía apreciar el hecho de que quería pasar tiempo con ella. Era bueno que un novio quisiera pasar tiempo con su novia, se recordó.
Aun así no podía evitar pensar en cómo preferiría estar durmiendo y cómo él no solo no respetó eso, sino que no la llamó antes de venir. Simplemente no era considerado y había interrumpido el flujo de su día con su presencia. Había planeado dormir y luego ver una película con su mascota descuidada.
Sí, había estado descuidando a su mascota y lo sabía. El asunto de la vigilancia la estaba matando. Apenas había estado en casa un par de horas la semana pasada. Había estado ahí lo suficiente como para prepararle un par de comidas a su mascota y eso era todo. Se sorprendió de que la mocosa no se quejara del maltrato ya que había estado en casa de forma muy esporádica gracias a su trabajo.
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Kim regresó a casa más tarde esa noche y pensó que al menos podría dormir en la cama de Shego si nada más. Sería bueno tener un cuerpo cálido a su lado después de un largo día de trabajo dado por Wade. Llegó a la habitación de su dueña y le pareció escuchar a una chica llorando.
Entonces Kim pensó que algo estaba extremadamente mal. Su dueña nunca lloraba, excepto una vez durante una película increíblemente sentimental con un final igualmente trágico, pero esa vez solo salieron un par de lágrimas y no había hecho nada de ruido. La razón por la que Kim podía decir que algo estaba mal era porque podía decir que no era su ama la que estaba llorando, a pesar de que la voz sonaba femenina.
–¿De verdad estás llorando? –Kim escuchó a Shego preguntar con incredulidad.
La adolescente casi jadeó porque ahora sabía que Drakken era quien estaba llorando. Cada fibra buena y decente en su ser le decía que debía irse a la cama y no escuchar lo que sucedía entre su ama y el novio de la mujer. Pero, por cada fibra buena, había una fibra traviesa que le decía que debía quedarse y escuchar. Al menos estaría entretenida y se le debía mucho ya que iba a dormir sola esa noche. Oh, sí, definitivamente se estaba quedando a escuchar.
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–¿Por qué estás llorando? –Shego le preguntó a Drakken. Estaba sentada en su cama. Había esperado que Drakken se durmiera y así ella podría fumar un cigarrillo o cinco, pero permaneció despierto para su consternación. No fumaba cerca de él despierto porque hacía un gran problema por el daño a sus preciosos pulmones y el peligro del humo de segunda mano. Bueno, el humo de primera mano la estaba matando lentamente, pero ella no se quejaba por eso, así que no vio por qué se quejaba del humo de segunda mano.
–Es... solo... que... te amo tanto–, dijo mientras se limpiaba los ojos.
–Drakken, ¿alguna vez te has molestado en escucharte a ti mismo? –preguntó en tono agotado. No sonaba así porque estuviera cansada físicamente. Él solo la desgastaba mentalmente.
–Por supuesto que sí. ¿Por qué?
–Solo preguntaba.
Shego no estaba muy segura de si realmente se escuchaba a sí mismo o tal vez las cosas sonaban mejor en su cabeza. Odiaba pensar que él realmente creía en su propia basura. También odiaba pensar que su ronda de sexo de dos minutos era lo que lo hacía creer que la amaba. Podría necesitar un trago para acompañar mis cigarrillos.
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Kim se alejó de la puerta en puntitas porque ya no quería escuchar a un hombre adulto llorar sin que estuviera muriendo o al menos sintiendo dolor. Se preguntó por qué Shego no solo lo reprendía por ser débil. Era consciente de que la mujer súper poderosa era escéptica de que Drakken supiera cómo amar algo, por lo que debería obligarlo a callarse, pensó la adolescente.
La pelirroja decidió no pensar en Shego y su relación con Drakken porque la mantendría despierta por la noche si lo hacía. Se subió a su espacio y se dejó caer en su propia cama. Suspiró; realmente deseaba dormir al lado de Shego. Se durmió bastante rápido, aunque hubiera preferido estar cerca de su ama.
Shego, por otro lado, no pudo dormir por un rato. Una vez que Drakken afortunadamente dejó de llorar, y lo había estado haciendo casi por una hora, finalmente se durmió. Fue a fumar un cigarrillo y notó que solo le quedaban dos, lo que la hizo fruncir el ceño. Había fumado un paquete completo de cigarrillos en menos de un mes y dos paquetes en unos tres meses.
Negó con la cabeza al saberlo porque una cajetilla de cigarrillos solía durarle aproximadamente medio año o más desde que había "dejado" de fumar. Antes de que Drakken apareciera, ni siquiera podía recordar la última vez que consideró fumar. Decidió no pensar demasiado en ello y simplemente fumar su último par de cigarrillos en paz. Hizo una nota mental para comprar más cuando tuviera la oportunidad.
-*-(Nuevo día)-*-
–No puedo creer que sigas fumando–, comentó Betty cuando Shego regresó al auto. Estaban de nuevo vigilando en espera del pirómano serial. El escarabajo de fuego había alardeado que incendiaria el bloque de edificios en el cual se encontraban. Ahora, si tan solo hubiera dejado un marco de tiempo específico junto con todo su alarde.
–Tampoco puedo creerlo–, respondió Shego mientras ponía sus cigarrillos en la guantera. En realidad, había ido a la tienda de la esquina mientras estaba de servicio para comprar más cigarrillos. Los guardó porque no quería tener nada en sus manos ya que planeaba perseguir al molesto pirómano esa noche.
Hace un par de días en su última vigilancia, Shego había ido tras el pirómano mientras Doctora Directora y los otros se encargaban del incendio que comenzó el lunático. La oficial de piel verde nunca había visto a un pirómano hacer lo que hizo mientras se alejaba, como desvanecerse en las sombras, lo que la hizo saber por qué estaba involucrado su departamento. Sin mencionar que el pirómano se había estado burlando de su departamento casi exclusivamente. El pequeño iniciador de incendios envió mensajes a su departamento para darles pistas sobre lo que iba a incendiar después, como si fuera el Jack el Destripador del mundo del fuego y, según decían todos, el pirómano estaba ganando la guerra.
La última vez que Shego persiguió al criminal, el escarabajo de fuego se había posado en una farola, observando la escena. Prácticamente había presumido en uno de los mensajes que le gustaba ver su trabajo. Shego había visto al tipo y le lanzó una explosión de plasma; bueno, suponían que era un chico, ya que el criminal vestido de negro era flaco y de baja estatura, casi sin género. El pirómano no pensó nada cuando la explosión fue en su dirección y pasó de la farola a meterse dentro de un edificio.
Shego difícilmente creyó lo que vieron sus ojos debido a la forma en que el criminal había llegado fácilmente al techo. Corrió detrás de él y parecía que la esperó antes de tratar de escapar. Saltó como un felino, atravesando edificios como si fuera algo que el infractor de la ley hacía todos los días. Shego había estado persiguiéndolo un par de horas antes de que el pirómano saltara de un edificio y desapareciera en las sombras. Cuando Shego llegó a la parte inferior del edificio, saltando también, lo único que había ahí abajo era un cubo de basura.
La mujer de piel verde se quedó estupefacta y el pequeño bastardo le envió un mensaje al día siguiente. El pirómano tuvo el descaro de preguntar "¿…a la oficial del fuego verde le gustó mi pequeño truco? Me gustó el suyo. Su fuego era encantador". Shego iba a prenderle fuego a ese pequeño escarabajo cuando le pusiera las manos encima. Nadie la trataba como una tonta, especialmente un criminal. Además, nadie la hacía correr durante medio día cuando tenía otro trabajo que hacer ese mismo día.
–¿Todavía furiosa porque se escapó? –Preguntó Doctora Directora mientras observaba a Shego abrir y cerrar los puños.
–No puedo creer como se movía ese tipo, estoy malditamente segura que desapareció cuando saltó de ese edificio–, respondió Shego.
–Si puede desaparecer, eso explica una de las razones por las que estamos aquí.
–Me pregunto quién demonios es.
–Todavía no lo sabemos–, dijo la mujer de un ojo.
–Vamos, ¿para qué le pagamos a la mayoría de las personas de inteligencia entonces? ¿Cuántos saltadores de edificios que provocan incendios hay en esta maldita ciudad? –la mujer súper poderosa preguntó con un resoplido.
–Obviamente, más de los que piensas. Este tipo no deja muchas pistas más allá del hecho de que usa químicos combustibles que necesitan mezclarse para iniciar el fuego.
–¿No podemos rastrear los químicos entonces?
–Puedes encontrar esos químicos en muchas escuelas o laboratorios universitarios, lo que hace que sea un poco difícil rastrearlos considerando cuántas escuelas y universidades hay en la ciudad–, respondió la mujer de cabello castaño.
–Maldición–, se quejó Shego. Si continuaban como estaban, terminarían viendo al pirómano desaparecer por el resto de sus vidas y tenía pocas ganas de hacerlo. Tenía una mascota que cuidar, después de todo.
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Kim fue a una misión, por la cual estaba bastante agradecida. Estar sola en el departamento no era muy divertido y se alegraba cada vez que podía salir, incluso si fuera a hacer algo peligroso. Salió y recuperó un dispositivo científico robado, los inventores no quisieron decirle para que era. Lo Possible en ella salió con todas sus fuerzas durante aproximadamente un minuto cuando habló con los científicos y repasó todo lo que había descubierto del dispositivo al recuperarlo. Eventualmente adivinó de qué se trataba y los científicos la echaron del laboratorio como si hubiera hecho algo muy malo. Al menos el dispositivo era relativamente inofensivo.
La pelirroja regresó a ciudad Go bastante tarde, pero estaba casi segura de que Shego aún no estaba en casa. Sabía que su dueña había vuelto a la vigilancia y que estaría fuera al menos hasta que saliera el sol, lo que significaba que Kim estaría sola si se iba a casa. No quería ir a casa entonces.
La heroína adolescente decidió pasear por las calles de ciudad Go. Siempre existía la posibilidad de que se presentara algo divertido porque no había escasez de cosas entretenidas en la ciudad.
La pelirroja vago hasta el parque cercano al apartamento. Era el parque en el que ella y Shego pasaban un buen rato, cuando su ama tenía tiempo de todos modos. Se dio cuenta de que había algunas personas corriendo. Siempre le desconcertaba la gente que salía a trotar a horas insanas del día y luego se preguntaban por qué les había pasado algo. Ella también comenzó a trotar. Imaginó que debía hacer algo de ejercicio, aunque en realidad no lo necesitaba. Y entonces encontró algo que llamó su atención.
Detrás de algunos árboles y arbustos, Kim logró vislumbrar a una mujer luchando contra cuatro hombres. La heroína entró en acción de inmediato, casi automáticamente, especialmente cuando vio que estaban atando y amordazando a la mujer. La adolescente los sorprendió con patadas giratorias y derribó a todos los hombres con facilidad. Antes de que los hombres pudieran comprender completamente lo que estaba sucediendo, todos golpearon el piso y Kim les sonrió.
–Si son inteligentes, correrán–, comentó Kim alegremente.
Los chicos no escucharon y sacaron armas, dos pistolas y dos navajas. Kim continuó sonriendo con confianza, lo que no molestó a los criminales. Intentaron atacarla pero los desarmó rápidamente. Cayeron hacia atrás mientras ella tomaba una navaja y la usaba para liberar a la mujer atada.
–Señora, iría a casa si fuera usted–, informó Kim a la mujer, que asintió y salió corriendo. Kim regresó su atención al grupo de amigos que trataban de levantarse y recuperarse del dolor que infligió con sus manos.
–Otra vez tú–, la amonestó una voz familiar y eso hizo que la adolescente se diera la vuelta.
La pelirroja vio a tres hombres enormes con uniformes azules; uno era calvo, el otro pelirrojo y el último castaño. Parecían muy familiares, pero el recuerdo era extremadamente confuso. Los miró un momento antes de saber muy bien quiénes eran.
–Son los tipos que me pusieron esa caja–, se dio cuenta Kim, sus ojos se agrandaron.
–Te dijimos que te fueras a casa, pequeña. Te estás metiendo en el negocio de gente adulta–, le informó el calvo.
–¿Fueron los que me golpearon también? –preguntó Kim con curiosidad porque los recordaba y sabía que la habían dejado en la caja, pero no podía recordar si habían sido ellos quienes la habían herido.
–No, no te golpeamos. ¿Nos vemos así de enfermos? No golpearíamos a una chica–, el hombre calvo, Dash Damond se opuso a la idea.
–Está bien. Sin embargo, provocaron que me mareara durante la pelea... contra algunos tipos malos–, recordó Kim.
Había estado peleando contra algunos sujetos que robaron una joyería muy exclusiva y luego los tres hombres frente a ella aparecieron. Le arrojaron un poco de polvo mientras se quejaban de que estaba haciendo su trabajo. El polvo la había mareado y la había dejado vulnerable. Supuso que esos tres ineptos habían permitido que la lastimaran bastante mal.
–¿Quién demonios son ustedes? –demandó. Estaba bastante molesta porque la habían noqueado y puesto en una caja después de permitir que se lastimara gracias a ese polvo.
–El equipo Imposible y estás haciendo nuestro trabajo de nuevo. ¿No aprendiste nada? –Dash preguntó.
–Nop–, respondió Kim con una sonrisa.
–Bien.
–Probablemente debería de comenzar a correr ahora–, murmuró.
–Eso sería inteligente.
Kim, que tenía pocas ganas de terminar en una caja y tal vez incluso en otra ciudad, salió corriendo. Recordaba haber huido de ellos. Parecía hace tanto tiempo, pero fue hace apenas un año. Trató de recordar todo lo que sucedió esa noche, pero estaba borroso. Supuso que tenía que ver con el hecho de que la habían drogado, no quería darles otra oportunidad de hacerlo. No quería arriesgarse a terminar en otro lugar gracias a ellos, así que salió corriendo y la persiguieron.
–¿No podemos hablar de esto como adultos maduros? –Kim le dijo al equipo.
–Estamos haciendo esto por tu propio bien–, Dash trató de asegurarle a la chica. Ella puso los ojos en blanco.
–Estoy segura de sí–, murmuró. No veía cómo el drogarla y colocarla dentro de una caja en la calle era por su propio bien, a pesar de que funcionó muy bien.
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Shego estaba lista para quedarse dormida. Su pirómano no había aparecido y eso la dejó aburrida. Sin mencionar el hecho de que solo había dormido dos horas durante la mayor parte de la semana y el día que había planeado ponerse al día con su descanso, se había hecho pedazos. Había planeado perseguir a ese pequeño escarabajo y mostrarle fuego verdadero para poner fin a la vigilancia y a las burlas, pero parecía que iba a tener que lidiar con todo algún un tiempo más. Entonces un edificio se incendió.
–Parece que nuestro amigo atacó de nuevo–, comentó Doctora Directora secamente.
El par estaba a punto de salir del auto para explorar todas las direcciones en busca de su pequeño pirómano, pero de repente algo más llamó su atención. Una pelirroja se deslizó por el capó de su auto justo delante de sus ojos. La pelirroja continuó cruzando la calle sin notar a las dos personas dentro del auto.
–¿Era esa Princesa? –preguntó Betty en tono perplejo y luego tres hombres también pasaron frente a el auto.
–¿Era el equipo Imposible? –preguntó Shego con una voz igualmente desconcertada.
–¿Qué diablos está pasando?
–Algo molesto, sin duda. Me voy–, declaró la mujer más joven y salió del auto.
La mujer súper poderosa persiguió al Equipo Imposible, quien a su vez continuaba detrás de Kim. La mujer de cabello negro también mantuvo su atención en busca del pirómano, pero nunca vio al criminal. La persecución terminó cuando Kim llegó a un puente y no dudó en saltar por el costado para escapar. Hizo una inmersión directa en el río Go que probablemente habría sido medada en los Juegos Olímpicos. Shego no podía creer lo que veía.
–Hey, ¿por qué estaban persiguiendo a esa chica? –le exigió Shego al Equipo Imposible.
–Porque es una criminal–, respondió el hombre calvo.
–¿Rompió la ley?
–Sí–, fue la estridente respuesta y Equipo Imposible se fue antes de que ella pudiera hacer más preguntas.
Shego miró hacia el río; era muy hondo y la corriente no era calmada. Se preguntó si su mascota había muerto en ese salto tan impresionante. Se sorprendería si la chica no estaba lastimada si es que tuviera la suerte de vivir.
Se preguntó por qué esos simios afeitados y musculosos estaban persiguiendo a su asustada mascota. Reflexionó sobre lo que su mascota podría haber hecho que fuera contra la ley. No podía pensar en nada por el momento.
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Kim nadó río abajo por un tiempo antes de que pudiera salir del agua que se movía rápidamente. Se escurrió el cabello mientras se quejaba en voz baja sobre lo snob que podían ser las fuerzas de seguridad y la práctica inmoral de perseguir a personas que ayudaban. Comenzó a caminar hacia su casa mientras continuaba murmurando acaloradamente sobre el Equipo Imposible.
Silenciosamente admitió para sí misma que fue un gran salto y si tuviera la oportunidad, le gustaría volver a hacerlo. Deseó que esos tipos la hubieran dejado sola. Sabía que estaban del lado de la justicia porque había oído hablar de ellos vagamente, por lo que no pelearía con ellos a menos que fuera absolutamente necesario. Sabía que no la lastimarían físicamente si la atrapaban, pero prefería evitar cualquier otra cosa que tuvieran en mente para ella. Ya habían demostrado que iban a permitir que otras personas la lastimaran y más.
La pelirroja entró en el apartamento mucho después del amanecer. El ruido que se produjo al abrir y cerrar la puerta alertó a Shego de que su mascota estaba en casa. Se arrastró fuera de la cama y salió de su habitación. Casi jadeó cuando vio a su mascota viva, bien y muy mojada.
–¿Dónde has estado? –Exigió Shego.
–En todas partes–, respondió Kim con una risa forzada.
–¿Por qué estás toda mojada? –la mujer mayor preguntó, esperando escuchar la mentira que tenía que venir de su mascota. Desataría el mismo infierno en el segundo que su mascota mintiera.
–Entré al río–, respondió Kim con sinceridad.
–¿Al río? ¿Por qué? –preguntó Shego. Sentía que la chica iba a tener que mentir y solo quería atrapar a su mascota sin decir la verdad.
–Bueno, cuando estas en un puente, es realmente el único camino ¿Está bien si tomo un baño?
La mujer pálida hizo un gesto con la mano hacia el baño para hacerle saber a la adolescente que todo estaba bien. Kim entró al baño mientras Shego volvía a su habitación. Shego se preguntó sobre su mascota.
Obviamente, había más en la adolescente de lo que había estado mostrando desde que fue a vivir con Shego. Shego habría dicho que sobrevivió por suerte de tontos, pero también estaba el hecho de que la chica había corrido más rápido que el Equipo Imposible y había saltado de ese puente sin ninguna señal de miedo en su rostro. No parecía asustada en absoluto durante el tiempo que estuvo corriendo y su inmersión se había realizado con estilo y gracia, por lo que era más allá de simple suerte. Kim ciertamente estaba ocultando algo, pero ¿qué era ese algo?
Shego reflexionó sobre las cosas y se preguntó si Kim podría haber tenido algo que ver con los incendios provocados en la ciudad. Sabía que era un gran salto pensar algo así, pero el Equipo Imposible había dicho que la chica había roto la ley y que Kim había aparecido tan pronto como el edificio se incendió. Saltó de ese puente tan fácilmente, tal como el pirómano había saltado del edificio.
La mujer de cabello negro pensó en la constitución corporal del pirómano y Kim era de una constitución similar. Bueno, era de constitución similar ya que era más pequeña y delgada que Shego. Shego se preguntó si era posible que su mascota fuera la pirómana en serie y que esos ególatras cargados de testosterona del Equipo Imposible lo supieran.
Pero, la pregunta era, ¿cómo sabían esos tipos si Kim era la pirómana... a menos que se toparan con ella preparando los productos químicos para iniciar el fuego? Shego no estaba muy segura de que su lógica cuadrara. Los mensajes que habían estado recibiendo no se parecían en nada a su mascota. Su mascota no sabía nada sobre ciencia o productos químicos. La chica no tenía ninguna razón para iniciar incendios de todos modos.
Pero entonces, pensó Shego, ¿qué sé realmente de mi estúpida mascota? Ni siquiera sabía que la chica podía usar la estufa sin matarlas accidentalmente hasta hace unas semanas. No sabía que la adolescente pudiera moverse como lo hizo hace un par de horas, al saltar desde ese puente. ¿Qué más no sé sobre ella?
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–Shego, ¿qué pasa? –Betty preguntó cuando su amiga entró en su oficina.
–Estaba pensando en el pirómano–, respondió la mujer más joven.
–Sí, ¿Y?
–Dijiste que los incendios fueron hechos con productos químicos combustibles, ¿verdad?
–Sí.
–Entonces, el pirómano necesitaría químicos y esas cosas. ¿Quieres buscarlos en mi departamento? –Shego propuso casualmente.
–¿Qué? ¿Por qué? –la jefa preguntó con voz confusa.
–Tal vez es Calabaza–, ofreció Shego lentamente.
–No es lo suficientemente inteligente como para hacer algo así–, respondió Doctora Directora en tono despectivo. Pensó que era ridículo pensar que la chica podía saludar sin lastimarse, por lo que estaba bastante segura que la pequeña mocosa no tenía el cerebro suficiente como para prenderle fuego a un edificio y evitar ser capturada por tanto tiempo.
–O así es como actúa. Estoy empezando a pensar que hay más en Calabaza de lo que sabemos–, comentó la oficial de cabello negro.
–¿Y crees que estaría lo suficientemente loca como para quemar edificios conociendo que tienes el trabajo de detener a ese lunático?
–Anoche, la vi saltar de un puente hacia el río Go como si fuera una buceadora profesional. Sobrevivió sin ninguna herida aparente. Estaba ahí cuando el edificio se incendió y es rápida. No pudimos detectar al pirómano esa noche. Creo que deberíamos revisar–, explicó Shego.
–Bien, es tu casa y ella es tu mascota–, respondió Betty encogiéndose de hombros.
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Shego y Betty esperaron a que Kim saliera de la casa antes de realizar su búsqueda. Subieron al desván y miraron a su alrededor. Descubrieron un gran desastre. Había libros por todas partes, apilados, abiertos, y de cabeza. Betty tomó el libro que estaba más cerca de ella y leyó algunas palabras.
–Es de física teórica–, murmuró la jefa en tono asombrado y desconcertado. ¿Qué demonios estaba haciendo la mascota de su amiga con algo tan avanzado?
–¿Anatomía? –se preguntó Shego en voz alta cuando notó un par de libros a su derecha.
Comenzaron a notar una tendencia con la mayoría de los libros que estaban tirados a medida que se adentraban en el desván; todos eran libros sobre algún tipo de ciencia o de matemáticas. Betty vio una bolsa de lona en la esquina y se acercó a ella. La levantó y sintió el peso; era bastante pesada.
–Oye, aquí hay una bolsa–, la mujer de un ojo llamó a su amiga. Shego se acercó a Betty y abrieron la bolsa. Se quedaron sin aliento cuando vieron el contenido de la bolsa.
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La próxima vez: Aparentemente, Kim tiene cerebro, ¿quién lo hubiera imaginado? Ciertamente no Shego y comienza a darse cuenta de que no sabe nada sobre su mascota, lo que la hace sospechar mucho de la chica. ¿Qué hay en la bolsa? ¿Y cómo demonios se las arregla Shego para hacer enojar a Kim? Sí, Shego hará enojar a Kim y no al revés.
N/T: (1) A las chinches en inglés se les dice Firebug (insecto de fuego), por lo cual Shego llama así al pirómano, para que no perdiera el sentido le puse escarabajo de fuego.
(2) The Boondocks: Serie animada basada en la vida de una familia afroamericana.
