Todavía no me pertenecen los personajes o la premisa.
Problema dieciséis: Enojando a tu mascota…
Imagina que tu pez está enojado contigo, ¿lo notarías? ¿Te importaría? ¿Qué pasa si tu perro se molesta contigo y se mantiene así después de que lo intentas sobornar con golosinas? ¿Qué haces con una mascota así?
Kim estaba ayudando a Monique a empacar sus cosas para mudarse ya que la escuela había terminado y la reina de la moda necesitaba ayuda con sus cosas. La chica de ojos color chocolate dijo que necesitaba el genio Possible que tenía Kim para calcular matemáticamente cómo meter todas sus cosas en su pequeño auto. La pelirroja hizo factible poner todas las cosas en el pequeño vehículo, pero esperaba que nadie más tuviera que subirse al automóvil porque ni siquiera ella sería capaz de descubrir cómo hacerlo y era la chica que podía hacer cualquier cosa. Bueno, suponía que un pasajero siempre podría viajar en el techo o en el capó, pero probablemente había leyes en contra de eso. También estaba la cuestión de que Monique necesitaba ver hacía atrás por los espejos ahora que todo estaba en el auto.
–Espero que hayas mejorado manejando y realmente no necesites los tres espejos–, comentó Kim con una sonrisa burlona.
–Puedo conducir, chica. Lo sabes y lo sé–, declaró Monique.
–Puedes hacer muchas cosas, pero conducir no es una de ellas.
–Puedo conducir. Entonces, ¿te veré en Middleton pronto o simplemente te quedarás aquí?
–Realmente no lo sé.
–Kim... –suspiró Monique. ¿Qué iba a hacer con su amiga? Odiaba ver a alguien como Kim desperdiciando sus talentos. No era correcto que alguien como Kim simplemente no hiciera nada.
–Monique, ¿puedes dejar a un lado el hecho de que no sé algo, por favor? –la pelirroja imploró desesperadamente. Estaba tan harta de escuchar sobre el estúpido tema. Rondaba en su cabeza todos los días, acosándola, y las personas que lo mencionaban cada tres segundos simplemente no estaban ayudando. ¿Por qué no podían entender que no estaban ayudando?
–No lo sabes desde hace mucho tiempo. Necesitas saber algo. No puedes seguir así. Necesitas hacer algo.
–Lo haré... –Kim prometió débilmente.
–Pronto–, acentuó Monique.
La heroína adolescente se quejó. –Odio saber cosas. Odio esto. Voy a golpearme la cabeza contra la pared hasta que esté en el mismo nivel intelectual que una roca.
–Sí, claro. Ningún Possible pensaría en hacer algo así y tú eres una Possible. Solo tienes que averiguar en qué rama estás. Mira, quiero verte en casa antes de que vuelva a la escuela. Si no lo hago, realmente me voy a molestar, amiga–, advirtió Monique.
Kim solo rió, incluso cuando pensó que Monique podría cumplir su amenaza. Dudaba que quisiera ver qué tipo de castigo le daría la diseñadora porque Monique podía ser muy creativa cuando era necesario. Se despidió de su buena amiga. Se besaron en la mejilla y Monique subió a su auto. Kim se despidió mientras su amiga se marchaba. Monique se preguntó si tendría que esperar a que la escuela comenzara de nuevo antes de volver a ver a su querida amiga.
–Si tan solo pudiera tomar una decisión al respecto–, murmuró Monique, sacudiendo la cabeza.
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–¿Qué demonios es esto? –murmuró Shego cuando ella y Betty comenzaron a sacar todo tipo de libros sobre ciencia avanzada de la bolsa de lona que había estado en la esquina del desván. Los hojearon y notaron que había marcadores de diferentes colores resaltando todas las páginas y notas escritas en todos los márgenes posibles.
–Libros de química–, dijo Doctora Directora mientras sacaba libros de química que estaban en el fondo de la bolsa. Había seis libros gruesos de química en la bolsa que contenía más de catorce libros. Parecían tan usados como los otros libros con los que compartían la bolsa.
–¿Qué está haciendo con todos estos malditos libros de ciencia? –Shego se preguntó en voz alta.
–Demonios si lo sé. Tú eres la que sugirió que revisáramos sus cosas. Por lo que puedo ver, tenías razón en una cosa, probablemente no sea tan estúpida como actúa–, comentó la mujer de un ojo.
–Está bien... ¿y ahora qué? –la mujer de ojos esmeralda preguntó con voz desconcertada, rascándose la cabeza. Estaba muy confundida. ¿Su mascota estaba interesada en la ciencia? Intensamente interesada en ciencia avanzada por lo que podía decir debido a lo usados que estaban los libros y todas las notas que estaban escritas dentro de ellos. Pero, la chica actuaba tan... bueno, estúpida.
–¿Estás bien? –Betty preguntó por el tono desconcertado de su amiga. Supuso que el conocimiento de que su mascota no solo podía ser inteligente y estar actuando, sino que también podía ser una criminal era un poco fuerte, incluso para la apática Shego.
–Sí, estoy bien. Tal vez deberíamos limpiar esto antes de que vuelva–, sugirió la mujer más joven en tono distante.
–¿Por qué? Probablemente no lo notará teniendo en cuenta la forma en que se veía el lugar antes de que subiéramos–, pensó la jefa. Había libros apilados y esparcidos por todo el lugar cuando llegaron ahí y se veía de la misma manera ahora.
–Sí, bueno, al menos volvamos a poner los libros en la bolsa e intentemos que parezca que no hemos revisado sus cosas–, respondió Shego.
Betty se encogió de hombros y no discutió más, a pesar de que no veía cómo la mocosa tendría derecho a quejarse si supiera que habían estado revisando sus cosas. Estaba recibiendo alojamiento y comida gratis por decir lo menos. Debía aceptar las cosas y gustarle.
Pusieron los libros nuevamente en la bolsa de lona y volvieron a colocar la bolsa en la esquina. Luego acomodaron todos los libros que pudieron si recordaban de dónde los habían tomado. Intentaron apilar los libros como estaban antes de subir ahí. Dejaron el desván después de eso.
–Sabes, solo porque tenga libros de química no significa que sea la pirómana. No tenía ningún químico allí–, señaló la jefa.
–Lo sé–, respondió su amiga.
Había algo más en la mente de Shego sobre su "Princesa" además de que fuera la pirómana. Se dio cuenta de que no sabía nada sobre su mascota, excepto que tenía amigos extraños y que era una porrista independiente. Pero, aparte de eso, no sabía nada y había tenido a la chica durante un año.
La adolescente parecía ser tan tonta como la tierra e incapaz de amarrarse las agujetas sin ayuda seria. De hecho, al comienzo de su relación, Shego a menudo se encontró arreglando las agujetas de su mascota hasta que salió y le compró a la chica tenis sin agujetas para resolver el problema de las agujetas por completo. Pero, si ese fuera el caso, ¿por qué la chica tenía tantos libros de ciencia, muchos de los cuales estaban tan gastados que parecía que los había leído cien veces? Para Shego, parecía que la estaba engañando de alguna manera y no le gustaba ser engañada.
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Kim entró y pasó la noche con Shego como siempre. Se tumbaron en el sofá. Shego preguntó qué había hecho Kim todo el día y le explicó que ayudó a Monique a mudarse.
–¿Entonces ya acabó el año escolar? –preguntó Shego.
–Sí–, respondió Kim.
–Por cierto, ¿dónde vive tu pequeña amiga cuando no hay escuela?
–Middleton.
–¿Y tú estúpido amigo?
–Ron no es estúpido–, argumentó Kim, sabiendo que Shego se refería a él
.
–Las pocas veces que lo he visto, ha sido estúpido.
–Bueno, hace cosas raras, pero no es estúpido. Tiene un departamento en la ciudad. No sé si irá a casa o no durante el verano–, informó la adolescente.
Shego iba a preguntar qué había planeado Kim para el verano. Sus amigos tenían hogares, por lo que pensó que su mascota también podría tener uno. ¿Por qué su mascota no se iba a casa?
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Kim saltó al desván para irse a dormir. Miró a su alrededor y se rió un poco. Sacudió la cabeza y recogió algunos de sus libros. Miró la página de un libro.
–No recuerdo que estuviera en la página 253–, se comentó la pelirroja y luego dirigió su atención a una de sus pilas de libros. –Y creo que tenía un libro sobre las diferentes estructuras esqueléticas en el fondo de esa pila. Sin mencionar que mi libro sobre el sistema circulatorio humano no está ningún lado. Hmm…
La adolescente revisó sus cosas y descubrió que muchas cosas estaban en otro lugar. Se rió un poco para sí misma otra vez, pero decidió no pensar demasiado en el hecho de que sabía que su ama había revisado sus cosas.
Después de todo, ella había revisado las cosas de Shego en muchas ocasiones, por lo que era justo que la mujer mayor le devolviera el favor. Supuso que Shego no sabía que el área era en realidad un caos organizado y no pura anarquía porque si lo hubiera sabido, habría vuelto a poner todo donde lo encontró y Kim no habría sabido sobre la violación de su privacidad.
La heroína adolescente volvió a poner sus libros en la forma en que le gustaban y se preguntó qué pensó su ama mientras recorría todas sus posesiones. Sus pertenencias no consistían en mucho. Muchas de sus cosas eran libros sobre ciencia, matemáticas y algunos cuantos de filosofía. Tenía algunos otros artículos como un par de cuddle buddies(1), ropa y otras cosas, pero Shego las había comprado para ella, por lo que no era sorpresa para la mujer súper encontrarlas. Sin embargo, los libros tuvieron que ser un poco impactantes.
¿Se sorprendió su dueña al descubrir que podía leer? ¿Que no era tan estúpida como una lata de pintura? ¿Que podía hacer algo sin arruinarlo? No estaba segura de cómo lo tomaría Shego. Esperaba que la mujer mayor no pensara demasiado en ello o se enojaría sin razón, o al menos por la razón equivocada.
–Son solo libros, ¿verdad? –se dijo la pelirroja con una risa insegura.
La pelirroja miró los libros. Sí, solo eran libros. Nada más que libros, que un montón de personas poseían. Muchos de ellos eran libros leídos por personas que intentaban obtener doctorados en campos científicos. Pero, eso no era la gran cosa... ¿verdad?
Kim saltó del desván y se duchó. Se preparó para la cama mucho después de que Shego se hubiera ido a dormir. Se preguntó a sí misma, ¿qué daño podría causar que su dueña supiera que tipo de libros leía? Trató de convencerse de que no era nada de qué preocuparse, pero no estaba ayudando. Sintió una sensación constante e incómoda creciendo dentro de ella.
La adolescente finalmente fue a la habitación de Shego después de girar y rodar en su propia cama. Se acomodó en la cama y se acurrucó junto a su ama. Todo está bien, Kim se prometió en silencio. Todo estaba bien porque todavía era la mascota de Shego. Todavía estaba con Shego.
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Shego se despertó con su mascota presionada contra ella y sosteniéndola del brazo como un niño asustado sostiene una manta de seguridad. Por la expresión arrugada en su rostro, la oficial asumió que la adolescente estaba teniendo un mal sueño. Probablemente esté soñando con tener un trabajo real, pensó Shego como una broma.
La mujer pálida miró a Kim por un momento. ¿Qué sé realmente de esta chica? No sabía de dónde venía la adolescente, por qué no estaba con su familia, por qué no estaba en la escuela como sus extravagantes amigos, o incluso por qué aceptó ser una mascota, nada. Ni siquiera sabía por qué la chica era animadora. No parecía estar tratando de ser una animadora profesional o algo profesional. No sabía nada sobre la chica.
Kim se quejó cuando se despertó y notó cómo sostenía a su dueña. Supuso que se despertó primero, si era verdad, era la primera vez. Pensó que despertó primero porque no hubo gritos indignados o un cambio repentino en la temperatura de la habitación provocado por las manos de Shego, pero levantó la vista y descubrió la verdad. Se rió tímidamente mientras miraba fijamente los severos ojos verde esmeralda de Shego.
–Calabaza, ¿cuál es la regla? –preguntó Shego.
–No dormir en tu cama sin tu permiso–, respondió Kim.
–¿Y qué estabas haciendo?
–Durmiendo en tu cama sin tu permiso.
–Tienes cinco segundos para moverte.
Kim salió disparada de la cama con su ama pisándole los talones. Salió corriendo en dirección de la sala de estar y se deslizó por el suelo, sufriendo algunas quemaduras en sus piernas causadas por la alfombra ya que estaba en shorts, se detuvo debajo de su caja buscando seguridad. Eso no impidió que Shego golpeara la parte superior de la caja varias veces con los puños.
–¡Deja de golpear mi caja! –se quejó Kim.
–Sal y toma la paliza entonces–, respondió la mujer mayor.
–¡Detente! –la adolescente protestó de nuevo.
–Sal.
–No, solo si dejas de estar enojada.
La dueña del departamento sacudió la cabeza porque su mascota era una criatura tan patética todo el tiempo. Siempre quejándose de todo; simplemente siendo patética. Pero, si su mascota era tan lamentable, ¿por qué había saltado tan atrevidamente de ese puente tan alto sin pensarlo o temer? A Shego le molestaba más de lo que pensaba.
–Sal, Princesa. Tendremos hot cakes para el desayuno–, ofreció Shego en tono distante. Sus pensamientos habían desplazado su ira.
–¿En serio? ¿Con canela? –preguntó Kim, sin dejar su fortaleza de cartón. Por lo que sabía, los hot cakes podrían ser un truco y la mujer mayor la atraparía una vez que saliera de debajo de la caja.
–Claro, por qué no–, respondió la mujer mayor encogiéndose de hombros.
Kim solo salió del interior de la caja cuando olió la comida porque de esa manera sabía que la sugerencia no había sido una táctica para sacarla a terreno abierto para ser golpeada con algo como una almohada. Su dueña era buena para golpearla con almohadas cuando menos lo sospechaba. Se acercó a la mesa mientras Shego dejaba su plato y el de Kim. La adolescente comenzó a engullir los hot cakes con huevos revueltos; le encantó cuando Shego hizo hot cakes, especialmente con canela. La mujer mayor se sentó y comenzó a comer también.
–Entonces, ¿qué vamos a hacer hoy? Podemos ir al parque y jugar con el frisbee. No lo hemos hecho en mucho tiempo–, señaló la pelirroja.
–Porque es estúpido y aburrido–, respondió Shego.
–Bueno, ¿cómo se supone que debo hacer ejercicio? ¡Ya nunca juegas conmigo! –se quejó la adolescente. Hubiera hecho un berrinche, pero tenía hot cakes para comer en ese momento y eso era más importante.
–Tengo trabajo que hacer. No tengo tiempo para jugar con una mocosa llorona como tú. Sabes también deberías intentar trabajar, pequeña quejumbrosa, vagabunda, sanguijuela llorona–, dijo bruscamente la oficial.
Kim se estremeció y, por una vez, pareció ofendida por los insultos. De repente dejó de comer su desayuno favorito y se retiró a su caja. Se arrastró debajo del contenedor de cartón y se quedó ahí. Shego se burló.
–Ponte de mal humor todo lo que quieras. No me estás haciendo daño al no comer–, dijo la dueña del apartamento.
La adolescente no respondió y se quedó debajo de su caja. Shego ignoró a su mascota y terminó su desayuno. Luego fue al sofá para relajarse. Afortunadamente era su día libre. Encendió la televisión para mantener su mente ocupada y así evitaría mirar la estúpida caja en la que estaba su estúpida mascota. Solo está tratando de llamar la atención, se dijo Shego. Bueno, no se la voy a dar.
Kim eventualmente salió de la caja y fue al desván. La mujer pálida observó a la adolescente moverse como una cabra herida a su zona del apartamento, pero no le dijo nada a la chica. Kim se quedó en su área y Shego pronto comenzó a darse cuenta de que estaba aburrida.
–¿Por qué estoy tan aburrida? No hago nada más que descansar aquí todo el día en mi tiempo libre–, se dijo la oficial y luego miró hacia su regazo, dándose cuenta de que faltaba algo.
La mujer de cabello negro levantó la vista hacia el desván y luego apartó la vista. No le importaba si la adolescente iba a hacer un berrinche porque le dijo la verdad. Necesitaba acostumbrarse a escuchar la verdad. El mundo real le diría la verdad todo el tiempo una vez que dejara de ser una mocosa y fuera al mundo real, sería masticada y escupida si hacía un berrinche.
La pelirroja trató de dejar a un lado la molestia, pero no funcionó. Shego nunca la llamó sanguijuela ni le sugirió que fuera a buscar trabajo. Era solo una mascota, después de todo. Se suponía que era perezosa e irresponsable. Oh, qué tontería, se dijo a sí misma.
Sabía que estaba molesta porque las palabras de Shego simplemente le hicieron saber que no iba a poder hacer lo que estaba haciendo para siempre. Era más allá de ser la mascota de Shego. Fue a ser quien era en general. Las cosas simplemente no podían quedarse igual siempre, porque así era la vida. Las cosas cambiaban todo el tiempo. Era una simple regla de la naturaleza. Nada se mantuvo igual.
–Tengo que hacer algo, ¿no? ¿Pero qué? –Kim preguntó al aire. Todavía no lo sabía y el aire no ayudó. Ni siquiera quería saber nada más.
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Shego volvió a estar en vigilancia con Doctora Directora. Estaban observando otro edificio que esperaban ver arder. Betty guardó silencio porque notó casi de inmediato que su amiga estaba de mal humor. Sabía que era una de las dos cosas que usualmente estresaban a la mujer más joven; o el imbécil novio de Shego hizo algo o su idiota mascota hizo algo. Tenía miedo de descubrir cuál era porque ambos eran ridículos, Drakken más que "Princesa", lo que le pareció bastante triste.
–Bien, ¿qué pasó? –Preguntó Doctora Directora después de un largo rato. Gracias a su amiga el suspenso y la tensión flotando en el aire la estaban afectando.
–Nada–, resopló Shego.
Betty sabía que nada tendía a traducirse en problemas de mascota. Los problemas de mascota eran más vergonzosos que los problemas con Drakken para Shego por alguna razón, descubrió su buena amiga. Adivinó que era porque Shego suponía que no deberían importarle las cosas que pasaban con su mascota. Después de todo, su mascota era una chica tonta y desesperada a la que había tomado por capricho. Betty decidió no presionar el tema porque pensó que su amiga pálida era la mejor para resolver los problemas de mascotas por su cuenta. De todos modos, solo sugeriría usar un periódico enrollado para golpear a la mocosa.
–Oye, ¿ese es el tipo? –preguntó Shego mientras señalaba encima de ellas, a la izquierda a una figura en la parte superior de un edificio de cinco pisos.
–Tú eres la que tiene dos buenos ojos–, respondió Doctora Directora.
–Tienes razón en eso. Voy a patearle el trasero.
–¿Incluso si es Calabaza?
–Especialmente si es Calabaza–, declaró Shego. La pequeña monstruo mimada había arruinado su día libre haciéndola sentir mal y luego tuvo el descaro de ni siquiera aceptar una tarta de manzana como disculpa. Solo se quedó en el desván todo el día.
La jefa asintió mientras Shego salía del auto. Se dirigió al tejado con rapidez y silenciosamente; una pluma cayendo hubiera hecho más ruido. La figura notó a Shego cuando estaba a unos metros de distancia y la persecución comenzó. La oficial persiguió al criminal de negro mientras un edificio al otro lado de la calle estalló en llamas. Shego se mordió el labio.
–Estoy harta de perseguir a ese maldito demente–, decidió la oficial de la ley.
La mujer de ojos esmeralda encendió sus manos y comenzó a lanzar explosiones de plasma a los pies del pirómano. El criminal las esquivó bastante bien y evitó tropezar con los proyectiles. La mujer de cabello negro gruñó cuando el pirómano prácticamente se deslizó hacia la siguiente azotea.
–Vale, bien. Quieres hacer esto como un experto. Te trataré como un experto–, dijo Shego con un gruñido.
La oficial juntó sus manos y formó una esfera de energía entre sus manos mientras seguía persiguiendo al pirómano. Esperó a que el criminal saltara y así no tendría forma de esquivar, por lo que Shego golpeó a la persona en el centro de la espalda baja con la bola de plasma. El tipo dejó escapar un gemido de dolor y cayó al siguiente tejado. Shego lo siguió y encontró a la persona tirada como si le hubiera caído un rayo, su cuerpo desprendía una poco de humo en realidad.
–Arde como una perra, ¿verdad? –la agente de la ley se regodeó. –Deberías haber hecho ese truco de desaparición cuando tuviste la oportunidad, imbécil. Ahora, muévete y será mucho peor que un puto golpe.
La oficial rudamente levantó al sospechoso por el cuello, causando que la persona se quejara de nuevo. Shego lo desenmascaró y no sabía qué pensar cuando vio quién era la persona, o más específicamente quién no era. El criminal no era su mascota.
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–Sabía que no era ella–, dijo Betty cuando ella y Shego se libraron del presunto pirómano. Más tarde, un escuadrón de policías encontraría suficiente evidencia en la casa del sospechoso para acusar y condenar a al joven, que resultó que no podía desaparecer, pero podía transformarse en objetos inanimados.
–Sí, claro–, se burló Shego.
–En serio–, insistió la jefa.
–Uh-huh.
–Vamos, no es maliciosa, sea lo que sea.
–Sin embargo, todavía tengo dos preguntas–, comentó Shego.
–¿Cuáles?
–Por qué demonios el Equipo Imposible la estaba persiguiendo y qué demonios estaba haciendo con todos esos malditos libros de ciencia.
–Eso es cierto–, coincidió la jefa.
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Shego fue a casa y no recibió su abrazo habitual. Pensó que su chica podría estar durmiendo en el sofá, pero, no, el sofá estaba vacío. Luego revisó el desván y ahí estaba su adolescente, melancólica como lo había estado durante los últimos días. Estaba sacando de nervios a Shego. Ya no tenía a una mascota para alimentar, vestir, bañar todo porque la pequeña mocosa la estaba ignorando.
La mujer de piel verde fue a ponerse cómoda y luego preparó la cena. Kim bajó del desván cuando olió la comida. Comió tranquila y rápidamente, tal como había hecho los últimos días. Shego había esperado tal comportamiento, pero no estaba segura de cómo hacer que su mascota se detuviera.
Ya había intentado gritar, pero eso no causó ninguna reacción en su mascota decaída. Luego trató de disculparse e hizo una tarta de manzana, solo para ser rechazada. No estaba segura de qué más hacer. ¿Qué quería su mascota?
La mujer mayor suspiró. Necesitaba tener una idea que solucionara mejor el problema o iba a recurrir a golpear a la chica con un periódico enrollado como siempre sugería Doctora Directora. Sabía que Kim iba a retirarse de regreso al desván cuando terminara de comer, lo que la adolescente intentó hacer, pero Shego puso fin a eso. La mujer mayor le lanzó una pelota a la pelirroja tan pronto como estuvo en la escalera que conducía al desván.
Kim atrapó la pelota sin pensar. Tan pronto como se dio cuenta de lo que había hecho, se giró para mirar a Shego y evaluar la reacción de su dueña. Shego no parecía afectada por lo que sucedió, pero por dentro ahora sentía más curiosidad por la adolescente.
Kim esperó que llegaran preguntas gracias a sus rápidos reflejos. Sus propias entrañas temblaron y se preguntó si lo que estaba sintiendo era miedo. Tomó toda su fuerza de voluntad mantener su respiración bajo control mientras Shego la miraba.
–Devuélvemela –, ordenó Shego.
–¿Eh? –Dijo Kim.
–No podemos jugar a atrapar la pelota si no me la regresas–, señaló Shego.
–Oh, sí–, respondió Kim con una sonrisa y luego hizo lo que se le ordenaba.
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La próxima vez: La curiosidad de Shego crece y crece a medida que su mascota continúa haciendo cosas increíbles. ¿Qué debe hacer ahora que sabe que su mascota no es lo quien pensaba.
Nuestra jefa (la creadora de esta historia) se abrió un . :D www. slkassidy
(1) Cuddle Buddies: Son los peluches que aparecen en la serie, los cuales son una combinación de dos animales como el Pandaroo (el cual es el favorito de Kim).
Capítulo dedicado a: jaimescamila112
