El ferviente deseo de gritar a cualquiera que se interpusiera en su camino crecía con el pasar de los minutos. La más insignificante pequeñez podía ser capaz de romper el fino hilo de calma en Touya, quien a zancadas llegó hasta la puerta de su casa; apresurado puso la llave, ejerciendo innecesaria —pero necesaria en ese momento— fuerza. La puerta se abrió y Touya sintió todo el estrés y ansiedad del día alejarse junto a su abrigo que colgó en el perchero.
Una fracción de paz, unas horas sumergido en el silencio, olvidando sus responsabilidades. Su deseo era simple; y aun así, supo que no se iba a cumplir cuando sintió una fuerza inesperada empujarlo contra la pared, despertando sus alertas ante la rudeza y desesperación de la persona. Sus labios fueron toqueteados por esa lengua que pedía hasta lograr saciarse. El aire se escapaba de él, y aunque Touya quiso parar, esa persona no lo soltó hasta quedar satisfecho.
Cuando los eternos segundos terminaron vio a la única persona que se atrevería a jugar así con él: Hawks. El villano se lamía el labio inferior sin dejar de observar escudriñando en él; revolvió su cabello dejando un corto beso en su frente para luego desaparecer en el pasillo. Touya se quedó perplejo en la entrada, apenas procesando lo que acababa de suceder.
Los extraños saludos del villano aún lograban sorprenderlo con la guardia baja; esta vez ni siquiera pensó encontrarlo en casa. Fue solo un beso, uno agobiante, que lo dejó casi en el suelo despertando sus ansías. Por desgracia, Hawks había desaparecido apenas consiguió lo que buscó, sin preocuparse por él. Touya incluso pudo visualizar el delgado hilo de calma que había conservado, romperse en su delante.
Se irguió de un saltó comenzando a buscar al responsable de regresar su mal humor, no le tomó mucho encontrarlo sentado en el sofá de la sala mientras se distraía con algún programa. La indignación creció en él al verlo pasearse y actuar como si esa fuese la propia casa del villano. ¿Quién se creía?
Las ganas de golpear a alguien regresaron y Hawks encajaba perfecto para ese trabajo; estaba seguro que estampar su puño en ese engreído rostro se sentiría bien. Touya tuvo que reprimir sus instintos violentos, en cambio, pensó que el villano también era la persona perfecta para desahogar todo el jodido día que había tenido.
Corrió hasta subirse encima su regazo, asegurándose de tapar la televisión y conseguir la total atención de Hawks, quien lo observaba confundido. La furia de Touya aumentó al ver una tonta ingenuidad en ese rostro, como si no hubiese sido la misma persona que se le abalanzó al igual que un animal.
Harto, lo jaló de su polera devolviéndole el anterior beso, ahora haciéndose con el control e invadiendo su boca como se le antojase, enredó sus lenguas sin contenerse ningún obsceno sonido mientras mecía sus caderas con ánimo. Regocijándose al atraparlo en sorpresa. Terminó el beso mordiendo esos labios que no se callaban nunca.
—¿Qué fue eso? —preguntó su invasor entre risas agitadas.
Chasqueó la lengua sin molestarse en ocultar la frustración que le ocasionaba Hawks.
—Quien sabe —suspiró—, ¿vas a ayudarme o tengo que irme al cuarto solo?
La molestia disminuyó, seguía ahí comenzando a ser opacada por el cansancio.
—¿Mal día en el trabajo, bebé? —Hawks acunó su mejilla buscando reconfortarlo.
Touya no respondió, no mencionó nada más; dejó que Hawks arreglara su propio error.
—Bien, yo me encargo —dijo, iniciando un trazo de besos por su cuello—; tú solo disfruta —sonrió.
Los pequeños besos prosiguieron, siendo acompañados por las cálidas manos de Hawks que presionaban con las yemas de los dedos a través su espalda; entonces subiendo hasta sus hombros, frotó sus músculos agotados. Esas cálidas manos lo trataban con atención y cariño, sus toques eran suaves y los besos cortos y sonoros, buscando reconfortarlo con sus melosas caricias. Que ironía tener a este villano tratándolo con tal delicadeza y cuidado; aunque Touya no se quejaba, al contrario, se sentía bien, su cuerpo disfrutaba y respondía con un hormigueo ante las cosquillas que ocasionaba el tacto.
Hawks lo cuidó y lo trató con calma, haciéndole olvidar su enojo y el mal día; y él pensó que podía recibir esas caricias toda la noche hasta caer dormido en sus brazos.
La placentera sensación embriagó su cabeza, Touya cerró los ojos dejándose llevar con cada roce y el calor que emanaba. Dejó que cuidaran de él hasta que su agradable sueño terminó cuando sintió las manos del villano posarse por debajo de su espalda, apretando la tierna piel.
La delicadeza se teñía.
Abrió los ojos encontrándose esa sonrisa maliciosa tan conocida que le advertía de sus siguientes acciones. Las manos volviendo a su tosco trato se cerraron en sus caderas, acercándolo hasta volver con la descarada fricción que él había iniciado antes. Los suaves besos pasaron a ser lametones y mordidas en su manzana de Adán. La respiración pesada chocaba con su piel, sintiendo su cuerpo erizado ante la corriente caliente.
El momento traspasó el punto de retorno cuando percibió el bulto creciente entre las piernas de Hawks, restregándose por instinto y jadeando al sentirlo agrandarse. El villano lo acercó hasta atraparlo en sus brazos y cubrirlo con sus alas, escondiendo su cabeza en la curvatura del cuello de Touya.
—Vamos al cuarto —canturreó en su oído.
Touya asintió apresurado, con un sonido reprimido apenas.
Hawks lo liberó, dejándole levantarse; pero antes de empezar a caminar el villano sujetó sus muslos y lo cargó mientras se levantaba del sofá. Ante el repentino movimiento Touya se aferró a él, apresándolo con sus piernas que se enredaban por detrás suyo, y sus brazos que rodearon su cuello.
El villano rio a su lado por su comportamiento: Por momentos todo un sinvergüenza y entonces volvía a mostrar increíble inocencia y timidez; a veces se molestaba y no dejaba a nadie acercarse y en otras se engreía buscando atención. Hawks no podía soltarlo, era una tentación que no era capaz de abandonar.
Lo cargó hasta el dormitorio, dejándolo en la cama, con él encima. Desabotonó su camisa mientras se daba la libertad de manosear su pecho, bajando hasta acariciar sus muslos y ponerse en frente de su vientre. Touya no se permitió cerrar los ojos esta vez, observó la ayuda que recibía como había deseado desde ese beso en la entrada.
Una mano toqueteó su miembro, quebrando su respiración; sus muslos ardiendo por mordidas que terminaban con un inocente beso. A veces Hawks lamía su miembro, dejándolo ansioso al no atreverse a usar su boca completa. No, Hawks solo lo miraba mientras lamía, veía su rostro desesperado y sonreía.
Touya quitó la mirada, sin poder soportar esos ojos dorados, avergonzado evitó el contacto encontrándose con el espejo en la pared. Quiso mirar a otro lado, evitarlo por completo —incluso su reflejo—; pero era imposible. La imagen de Hawks entre sus piernas, atendiéndolo; el movimiento de su cuerpo y los sonidos que ya resonaban en el cuarto. Supo que había perdido cuando vio su propio sonrojo crecer al sentir una vez más esa orgullosa lengua.
Lo observó alejarse comenzando a desvestirse, su polera cayó al suelo y Touya observó su torso con cicatrices, grandes y pequeñas; largas y cortas; su piel bronceada y sus músculos trabajados. No se cansaba de apreciarlo, ni le importaba verse hambriento. Se abalanzó controlado por sus impulsos, lo besó restregándose con él; inclinó su cabeza y tuvo la oportunidad de verse a sí mismo y las cicatrices que seguían en la espalda de Hawks. Deslizó sus manos a través de la piel, palpando por donde alguna vez hubieron heridas.
Todo en Hawks le llamaba, le susurraba a que se acercara y se atreva a tocar, a rasgar, a lamer, a morder, a besar, a apreciar.
Pero la cabeza de Touya iba a explotar si no apartaba la mirada; apenas comenzaba, no podía terminarlo tan rápido, debía saborear el momento.
—¿Estás disfrutando de vernos? —susurró con voz gruesa, logrando visualizar su sonrisa al oír sus palabras.
Lo había descubierto. Touya creyó que su corazón estaba por explotar, golpeaba impetuoso en su pecho y su cuerpo se volvía adicto a la sensación de escalofríos recorriéndolo.
Asintió seguro. Sí, claro que sí.
Hawks se separó, salió de la cama y le tendió una mano invitándole a hacer lo mismo; Touya aceptó. Cuando ambos estuvieron de pie, su cuerpo fue jalado hasta pegarse al contrario. Touya terminó viéndose en el espejo de cuerpo entero, su piel descubierta se exhibía en el cristal frente a sus ojos. Hawks besó sus hombros, bajando hasta su espalda; volviendo a sentarse siguiendo con sus mimos.
Se sobresaltó cuando la palma del villano resonó en su trasero. Las manos apretaron y manosearon. Aunque la vergüenza se presentaba en él, no quería parar; mucho menos apartar la mirada del espejo, donde se encontraba con su rostro rojizo y sus ojos mostrándole su disfrute.
—Alza tu pierna, Touya —pidió Hawks.
Su voz ronroneaba, era solo un pedido; él lo sabía y aun así su cabeza lo tomó como una orden. Separó una de sus piernas, alzándose hasta sostenerse solo con los dedos de su pie. La mano rasposa de Hawks pasó entre sus piernas, abrazando su piel, poniéndolo a prueba con su lentitud. Él podía ver todo en el reflejo: Su cuerpo impaciente que posaba, la maliciosa mano del villano, esas alas acercándose a acariciarle con sus plumas escarlatas.
No está muy seguro si su impaciencia era muy notoria o si Hawks tuvo suficiente con ese castigo; Touya solo sabe que está recibiendo lo que necesitaba. El dedo en su interior se movió, empujando hasta ingresar completo, explorando y presionando en su carne. Esta vez la espera no fue larga, Hawks se aseguró de dejar los juegos para después y concentrarse en terminar con sus dedos. Touya suspiró aliviado en su cabeza, el villano sabía cuándo detener las bromas.
—Alza más, bebé —dijo entre besos. Los dedos fueron sacados y Hawks se erguía a su lado.
Acató las palabras de inmediato, apoyándose en el brazo que pasaba por su costado. Hawks sujetó su pierna por detrás de su rodilla, manteniéndole a esa altura. Touya veía su nueva pose, siempre más descarada que la anterior; logrando sentir el calor incrementarse en su rostro y vientre.
—Sujétate.
Una de las alas se estiraba a su lado, él se apoyó en esta, apreciando la suave textura de las plumas que lo sostenían.
Sin ningún aviso, Hawks ya había acercado su miembro, sintiéndolo rozar contra su entrada. Empujó despacio, dejando besos a través de su cuello y hombro que se exponían a él; siguió con el mismo cuidado hasta haber metido toda la longitud. Jadeando ante la presión ardiente rodeando su miembro.
—No te reprimas, sé todo lo ruidoso que quieras —musitó.
Touya asintió, sus ojos ya llorosos pudieron apreciar la sonrisa que se le era dedicada. No tuvo tiempo para alcanzar a besarlo, y sus palabras se volvieron gemidos cuando Hawks arremetió contra él, presionando su pierna alzada mientras posaba su otra mano en su cadera.
Empujado en su interior, las embestidas eran constantes sacándole gemidos quejosos que llenaban el cuarto. Su cabeza reposó en el pecho del villano, volviendo a mirarse en el espejo, observando como le daban lo que había pedido. Toda la dulzura, mimos, y caricias quedaron atrás; ahora solo veía el rostro oscurecido de esa persona mientras se hacía espacio en el angosto lugar.
Lágrimas adornaban su rostro, su voz resquebrajada vuelta solo gemidos que se combinaban con el sonido de sus cuerpos chocando. Hawks no se iba a detener, él solo golpeaba; se cerraba dentro suyo ocasionando ese dolor placentero. Touya apenas podía prestar atención a algo más que las sensaciones en su cuerpo.
Fue un segundo que su vista volvió a enfocar su reflejo, todo su cuerpo tembló al verse, las marcas enrojecidas en sus muslos comenzaban a notarse, su pecho se agitaba junto a su corazón que se descontrolaba; su rostro había logrado hacerle jadear por la expresión embriagada que poseía.
Su cabeza apenas lograba pedir más. Más, hasta olvidarse de sí mismo.
La sensación de tenerlo dentro suyo era aplastante, y cuando Hawks encontró un lugar en especial, su cuerpo entero experimentó otro nivel mayor de placer. Sus piernas flaqueaban, comenzado a doler adormecidas; podía soportarlo, él solo necesitaba más.
Hawks no se detuvo y Touya sintió llegar a su límite, se aseguró de mantener sus ojos frente a su reflejo, grabando la imagen de sus lágrimas de placer y su boca entreabierta soltando sus últimos gemidos mientras lograba desahogarse.
Cayó rendido, con su cuerpo sensible que aún mantenía a Hawks en su interior. Los gruñidos y su respiración chocando con él acompañaron la liberación del villano. Ambos terminando por aferrarse al otro.
Quedándose quietos unos segundos en la misma posición, dejaron a sus cuerpos descansar. Hawks volvió a hablar:
—¿Mucho mejor?
Sí, mucho mejor. Los villanos y héroes habían abandonado su cabeza, la hostigante prensa quedó perdida, las órdenes de sus superiores dejaron de importar; todo había sido olvidado. Solo Hawks invadía su cabeza —y su casa—, lo limpiaba de vuelta con ese cariño suyo y se quedaba a su lado hasta dormirse.
