Capítulo 2
– ¿Estás listo?
– No.
Estábamos en el pórtico de casa, exactamente frente a la puerta. Habíamos llegado tarde debido a una serie de imprevistos que en otras circunstancias habría tolerado mejor. El aeropuerto tuvo dificultades con los equipajes, los de la agencia de alquiler tardaron una eternidad en entregarnos el vehículo y de camino nos topamos con varias calles bloqueadas debido a obras del ayuntamiento.
El universo parecía querer darme un mensaje que descaradamente decidí ignorar. En su lugar aprovechamos el tiempo para ultimar los detalles, tanto a la hora de contárselo a mi familia como al momento de decírselo a la suya. Y aún con el plan establecido no me sentía preparado y es que conociendo a mis hermanas, no me extrañaría que el padre Andrew formara parte del comité de bienvenida.
Resoplé provocando que Rose riera, se veía tan tranquila que me exasperaba – ¿¡Quieres relajarte!? Si ven tu cara de pánico esta mentira terminará más pronto de lo que inició – Acomodó el cuello de mi camisa y bajó su mano para entrelazarla con la mía, tomándome completamente desprevenido.
Tocamos el timbre a pesar de traer mi juego de llaves, cualquier excusa era buena para seguir retrasando lo inevitable. La puerta se abrió y fuimos recibidos por seis mujeres que boquiabiertas nos observaron. Esto no lo teníamos planeado.
Luego y en sincronía sus miradas bajaron a nuestras manos e inmediatamente se desató el caos – ¡Ahhhhhhh!
– ¡Seremos familia! – Corearon Janine y mi madre.
– Emm... ¿sorpresa? – Dijo Rose. Acto seguido, todas se abalanzaron hacia nosotros.
– ¡Esto es maravilloso, hijo! – Mamá me envolvió en un cálido abrazo, gesto que correspondí besándola en la frente.
– Ahora no me extraña que no quisieras contarnos nada sobre tu acompañante misterioso – Habló la pelirroja mientras estrujaba a su hija.
– ¡No lo puedo creer, Dimka! – Recibí un beso en la mejilla por parte de Karolina y un puñetazo en el hombro por Vika.
– Son el peor hermano favorito y mejor amiga del mundo ¿Cómo pudieron ocultarme algo así? – Señaló nuestras manos que seguían fuertemente unidas – Para compensarme tendrán que nombrarme dama de honor – Se colgó a nuestros cuellos y nos chilló en los oídos – ¡No puedo creerlo, van a casarse!
Una Sonya bastante embarazada nos la quitó de encima – Yeva nos contó que traerías a tu prometida, pero jamás imaginamos que se trataba de Rose.
La vi de reojo sentada en su silla favorita, contemplándonos en silencio, pero con una sonrisa que no le conocía. Entonces comprendí por qué hacía todo aquello y ciertamente valía la pena cualquier mentira o engaño del que fuera capaz con tal de verla feliz.
Solté a Rose y me acerqué, colocándome en cuclillas para evitar que se levantara – Hola, abuela.
– Bienvenido a casa, Dimka – La rodeé con los brazos temblorosos, atesorando el momento que en algunos meses no volveríamos a tener – Hablaremos después – Lo dijo tan bajo que entendí que en casa seguían sin conocer la verdad. Sin más remedio por el momento, asentí.
– ¡Ya era hora, Rosemarie! – Me volví para encontrarlas a su alrededor, sus rostros irradiaban pura felicidad. Aquello era horrible.
– ¡Mamaaá! – Protestó.
– Creímos que ya nunca se darían cuenta de que son perfectos el uno para el otro – Comentó mi madre, haciendo que nuestras miradas se cruzaran, incrédulos de lo que sucedía.
– ¡Quiero verlo! – Exigió Vika.
– ¿El qué? – Cuestionó la morena rompiendo el contacto conmigo.
– ¡Como el qué, tonta! Pues el anillo – Los seis pares de ojos se fueron a su dedo desnudo.
– Pues verán, no lo tengo – Las miradas de odio dirigidas hacia mí fueron instantáneas – Dimitri confundió la medida y tuvo que regresarlo para que lo ajustaran.
– ¡Aww! – Sonrieron ilusionadas comprando por completo la mentira.
Sonya cerró la puerta mientras Karo nos ayudaba con las maletas – Preparamos un almuerzo sorpresa, pero las sorprendidas hemos sido nosotras.
Paul y Zoya entraron corriendo del patio trasero, seguidos por mi padre, Abe y mis cuñados Pavel y Mikhail.
– ¿Qué ocurre?
– ¿Por qué el alboroto?
Janine se acercó a su marido – ¡Ibrahim, nuestra hija va a casarse!
– ¿Quién es el bastardo?
Después del agradable momento con mi "suegro", pasamos al comedor. Las mujeres se fueron directamente a la mesa, hablaban de Iglesias, flores y vestidos mientras sus maridos les preparaban los platillos y las bebidas. Guiado por lo que hacían mis cuñados tomé un par de platos, tal vez no recordaba los gustos de Rose a la perfección, pero si algo tenía claro era que ella siempre había sido un barril sin fondo.
– ¿Desde cuándo comes tanto, Dimka? – Preguntó papá.
– No es para mí, es par...
– ¿Rosie, eh? – Mikhail me dio un codazo sonriendo en complicidad con Pavel.
Ambos eran excelentes personas, nos conocían desde la adolescencia y gracias a ello estoy seguro saben de las diferencias abismales que hay entre los dos, por lo que no podía entender cómo es que todos se tomaron la "noticia" como si la hubieran estado esperando toda la vida. Digo, nunca hubo ningún tipo de acercamiento entre nosotros que lo justificara. Rosemarie siempre fue popular en los deportes y con los chicos, el colegio entero quería salir con ella. Yo en realidad nunca me detuve a pensar en ello, reconozco que era bonita. Me giré para verla reír con Vika, y con el paso de los años su belleza solo se ha acentuado.
Sonreí inconscientemente – ¡Bienvenido al club! – Pavel palmeó mi espalda antes de llamar a sus hijos a la mesa.
Me acerqué y coloqué su abundante plato frente a ella – ¡Gracias camarada!
– Hermano, creí que odiabas ese apodo – Se burló Karolina, provocando la risa de los demás.
¡Cómo lo odiaba! Sin embargo nunca pude quitarle esa maldita maña, entre más le pedía a Rose que no lo hiciera más lo hacía. Hasta que un buen día me di por vencido.
– A él le encanta, ¿verdad, cielo?
Cada vez que me llamaba de alguna manera cariñosa mi madre y Janine se derretían en sus lugares. Intenté sonreírle, pero aquello salió más como una mueca que disimulé dando el primer bocado de mi plato. El cual debo acotar, contenía el balance y las proporciones adecuadas.
– ¿Cuándo es la boda? – Inquirió mamá.
Tragué fuertemente, era como pasar púas por la garganta – Todavía no hay fecha.
Abe se aclaró la garganta exigiendo atención – Sé que ya no estamos en los tiempos en donde para poder comprometerse antes había que pedir la mano de la novia a los padres de la misma – Interrumpió, aunque de haber elegido otro tema le habría estado más agradecido – Obviando ese hecho, lo que me parece sumamente extraño es que durante este tiempo nunca te escuché decir que tenías novio, kiz.
La morena rodó los ojos – Baba, desde que descubrí que te encantaba aterrorizar a mis novios dejé de contarte sobre ellos – No era un secreto que el turco adoraba a su única hija, como también que tenía cierta fama peligrosa entre sus pretendientes.
– Ibrahim no arruines el momento, estoy segura de que Dimitri tiene pensado hablar con nosotros.
Me tensé a medio mordisco – ¡Por supuesto! – Rose puso una mano sobre la mía intentando darme un poco de calma, gesto que no pasó desapercibido para nadie en la mesa, a excepción de los niños que jugaban con sus vegetales.
– Cuéntenos cómo sucedió – Pidió Sonya, acariciando su enorme vientre.
– Sí, ¿cuándo comenzaron a salir? – Secundó Vika.
Un sudor frío me recorrió la espalda, los ojos de cachorro de mis hermanas comenzaban a abrumarme – Cuéntales tú cariño, lo haces mucho mejor que yo.
Tomó una servilleta para limpiarse la comisura de los labios – Olena, recuerdas que le pediste a Dimitri que me recogiera en el aeropuerto el día que me mudé a Boston – Mi madre afirmó atenta al relato – Bueno, pues como no logré conseguir un lugar antes de irme tenía pensado quedarme en un hotel, pero él me lo impidió. Dijo que era mejor que invirtiera ese dinero rentando algo que valiera la pena, así que amablemente me dejó quedarme en su apartamento durante un par de semanas. En las mañanas se aseguraba de dejar el desayuno listo y por las tardes nos dedicamos a buscar un buen sitio, a la vez que me llevaba a conocer la ciudad – Posó su mirada en la mía sonriéndome dulcemente – Fue tan atento conmigo, siempre tratando de que no me sintiera fuera de lugar. Creo que fue esa convivencia la que nos hizo acercarnos – La miré absorto dada su increíble capacidad para mentir – Luego de que me fui seguimos saliendo y... cuando menos lo esperamos ya estábamos enamorados.
– ¡Awww! – ¡Mujeres!
– ¿Por qué lo mantuvieron en secreto tanto tiempo? – Preguntó Janine.
– Quisimos ver hasta dónde nos llevaba todo – Recité la respuesta que Rose me había hecho memorizar – No queríamos ilusionarlos para después quizás decepcionarlos.
Continuamos la comida con una plática más amena y menos peligrosa, las cosas marchaban bastante bien hasta que nuestros padres comenzaron a disputarse el lugar en donde nos quedaríamos. Discusión que terminó ganando Yeva cuando nadie se atrevió a contradecirla. La acompañé a descansar a su habitación luego de llamar a Iván y revisar rápidamente mi bandeja de correo.
– Abuela, estoy seguro de que aún podemos buscar un buen especialista – Insistí.
– No Dimka, he tomado mi decisión y espero que la respetes – De su mesilla de noche agarró un alhajero.
– Eres injusta conmigo. Me pides que no diga ni haga nada, pero no me puedo quedar de brazos cruzados – Reclamé exasperado.
Abrió el joyero y observó su contenido durante unos instantes – No te habrías enterado de no ser por tu hermana – Recalcó con dureza.
Suspiré avergonzado – Tienes razón, no tengo excusa. Lamento mucho haber tardado tanto tiempo en volver a casa.
– Lo importante es que te diste cuenta de tu error – Palmeó el lugar a su lado invitándome a sentar – Con todo y que eres un cabezota estoy contenta de tenerte aquí, pero me hace aún más feliz verte con Roza – Desvié la mirada sintiéndome culpable – ¿Dimka, realmente la amas?
Su pregunta me obligó a dos cosas: la primera, tenía que dar una respuesta contundente no podía andarme por las ramas y la segunda, para ello tenía que mirarla a los ojos.
Respira, lo ensayaste... – Sí, lo hago – Musité.
– Ten entonces – Me entregó una cajita aterciopelada – Quizás no sea tan fino como el que le habrás comprado. Sin embargo, me gustaría que le dieras este también.
Me quedé de piedra – P... pero, es tu anillo de bodas ¡No puedo aceptar algo así!
– ¿Por qué no? – Refutó – ¡Es mío y se lo doy a quien me plazca! Además tú mismo me acabas de confesar que amas a esa chica – Hizo una pausa – O es que piensas que no le gustará.
– ¡No! – Exclamé apurado – No es eso, yo... – Noté la ilusión que le hacía darme su argolla de matrimonio y naturalmente no pude rechazarla. Perdóname abuelo... – Estoy seguro que le encantará.
Me detuve frente a la puerta de mi antigua habitación, el día había pasado rápido. Entre la bienvenida, las charlas incómodas y las llamadas a la oficina que tuve que realizar a escondidas, estaba mentalmente agotado y para complicarlo todo Yeva me daba el bien más preciado que tenía del abuelo. Sintiendo que pesaba una tonelada guardé la cajita en el bolsillo de mi pantalón, di varias respiraciones pausadas y entré.
– Este viaje no ha salido para nada como lo tenía planeado.
– Al menos ya superamos lo peor, supongo – Me paralicé cuando vi a Rose salir del baño vistiendo una pijama bastante ligera que dejaba sus brazos y largas piernas al descubierto ¡Uff, qué calor hace aquí! – ¿Pudiste convencerla?
Su pregunta me sacó del trance en el que me encontraba debido al sutil aroma a vainilla y canela que había en el ambiente.
– Emm... no, no pude – Aclaré mi garganta – Está decidida a pasar sus últimos días en casa, con nosotros.
– Lo siento – Murmuró.
Al parecer ella ya había desempacado así que tomé mi maleta y comencé a sacar mis cosas. Rose se mantuvo de pie atenta a mis movimientos, levanté la cara y nuestras miradas se encontraron. No conseguí descifrar el sentimiento que vi en sus enormes y profundos ojos hasta que los vi posarse en la cama, entonces entendí la incomodidad que podría estar sintiendo.
Espera... ¿enormes y profundos ojos?
Despabilé tomando una toalla – Dormiré en el suelo.
– Camarada, podemos compartir. Además, si mal no recuerdo no sería la primera vez que dormimos juntos – Bromeó apoderándose del lado derecho de la cama. Mi lado preferido.
– Tenía seis cuando eso pasó y también estuvieron mis hermanas.
Se encogió de hombros y estirándose por su cepillo para el cabello el tirante delgado de su blusa cayó, rebelando más de su escote. Nervioso arranqué mis ojos de esa zona y con todo lo necesario me apresuré hacia el baño.
– Tenías nueve y yo seis – Corrigió – Pero ese no es el punto. Lo que quiero decir es que somos adultos, la cama es grande y opino que podemos sobrellevar la situación.
– De acuerdo – Respondí antes de cerrar la puerta tras de mí. Quise relajarme debajo del chorro de agua fresca, el cúmulo de emociones empezaba a pasar factura a los músculos de mi espalda y tal parece que también a mi sistema nervioso ¿Qué diablos había ocurrido allá afuera? Escupí el enjuague bucal deteniéndome a observar mi reflejo en el espejo, no es momento para confundir las cosas. Terminé de ponerme el chándal y cuando salí la vi apagando su computadora – ¿Trabajo pendiente? – Pregunté mientras me secaba el cabello con la toalla.
– No – Tosió repentinamente – Solo le enviaba unos contactos a Christian, mi asistente. Lo conoces no, es el prometido de Liss.
– Claro – Afirmé sin tener la menor idea de quién era el sujeto, ni siquiera sabía que Vasilisa tuviera novio.
– Jajaja, no tienes ni idea ¡Eres pésimo mintiendo! – Le arrojé la toalla para que dejara de reírse a mi costa – Conocí a Chris en la revista, él nos vio juntas en alguna ocasión y me suplicó que los presentara. Fui como su Cupido particular. Liss me contó que te lo había presentado en la cena de Navidad de la Empresa del año antepasado.
– ¿En serio? – Dudé – Pues no lo recuerdo – Apagué la luz quedando solo la de las mesillas de noche.
– Me lo imagino, cuando tu cerebro se enfoca en el trabajo lo demás deja de existir – Creí percibir reproche en su voz, pero por qué – Y ya que tocamos el tema sería bueno que dejaras de hablar por el móvil cada cinco minutos, recuerda que estamos aquí por Yeva – Me acosté notándola nerviosa, tal vez debí ponerme una playera – ¿Qué no se quedó tu amigo de encargado? El rubio guapo de ojos encantadores.
– Si te refieres a Iván, sí – Bufé por alguna extraña razón.
– Pues entonces déjalo hacer su trabajo y termina de confiar en él – Se volteó para apagar la lámpara y acostarse de espaldas a mí.
Hice lo mismo con la lucecilla de mi lado, confundido por su repentino cambio de actitud. Nos quedamos a oscuras y en total silencio durante algunos minutos hasta que sin pensarlo abrí la boca.
– Fue muy creíble la historia de cómo empezamos a salir ¿Cómo es que te inventas tantas cosas?
Furiosa se giró para enfrentarme – Es que no fue mentira, eso en realidad pasó, solo que la que estuvo conmigo ayudándome todo el tiempo fue tu secretaria.
De pronto su acusación comenzaba a cobrar algo de sentido – Rose, tenía una reunión importante a la que no podía faltar. Hubiera sido peor dejarte plantada en la terminal.
– ¡Puedo entender eso! También tengo prioridades en mi trabajo, pero habría hecho una maldita excepción de tratarse de ti – Me golpeó el pecho con su dedo – Es más, reconoce que me dejaste quedar en tu casa por la obligación que tenías con Olena – Eso no era cierto – Ni un solo día pudiste dedicarme y una perfecta desconocida terminó ofreciéndome su ayuda.
– Lo lamento no pensé que fuera tan importante para ti – Me disculpé sinceramente.
– Dimitri, acababa de llegar a una ciudad desconocida – Exclamó – Puedo asegurar que de no entregarte la llave en la mano ni cuenta te habrías dado de mi ausencia.
– Oye, tampoco soy tan desconsiderado – Me defendí – Y te recuerdo que fui a la inauguración de tu departamento.
Rió sarcásticamente – ¡Estuviste ahí por veinte minutos! Hasta Iván se quedó más tiempo y lo acababa de conocer – Exhaló controlando el tono de su voz – Pero descuida, dejé de enojarme contigo después del quinto rechazo que hiciste a cualquier invitación mía.
– Ok, está bien – Resoplé molesto – Me comporté como un imbécil, ¿contenta? – Debido al calor de la discusión inconscientemente nos acercamos el uno al otro.
– Pues sí, esperé mucho tiempo para echártelo en cara. Ahora me siento aliviada, buenas noches – Se giró bruscamente golpeándome el rostro con su cabello.
Me sentí mal con ella, pero mucho más conmigo mismo porque volví a comprobar que Yeva estaba en lo correcto. Solo era un hombre que trabajaba para vivir y que nunca tenía tiempo para nadie, ni siquiera para su familia... y eso tenía que cambiar.
Me acomodé bocabajo escuchando su suave respirar – ¿Qué pasará cuando tengamos que romper el compromiso? – Musité.
– Diremos que descubrimos que nos llevamos mejor como amigos y cada quien podrá seguir con su vida.
