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Capítulo 1
Anthony.
Ella es mi mejor amiga. Es la chica con la que puedo sentarme en el sofá en calzoncillos a las dos de la mañana bebiendo cerveza, riéndonos de los estúpidos vídeos de gatos, y sin preocuparme de que vaya a tratar de saltarme encima. Es la que ha venido a mi rescate cientos de veces a lo largo de los años, salvándome de las toneladas de mujeres que se me lanzan encima, pensando que pueden conseguir un pedazo de Anthony Andrew. Es la única chica, en probablemente un radio de ochenta kilómetros, con la que nunca he dormido porque... bueno... la amo.
Lo que las otras chicas no saben es, que nunca tendrán un pedazo de Anthony Andrew, porque solo existe en las revistas. El modelo con un nombre falso y un pasado falso. Mi agente de relaciones públicas me dijo que tener una nueva identidad y esconder lo viejo sería mucho mejor que tener que decirles a las personas que soy un hijo del incesto del centro de Chicago.
Sí... ser alguien más es mucho mejor que lidiar con esa mierda.
El sexo es genial, pero solo cuando puedo elegirlo. Candice es una diosa por mantenerse a mi lado durante todos estos años y asegurarse de que las locas se mantengan alejadas. He estado en esto del modelaje durante cinco años y ha estado conmigo desde el principio, despejando el camino para que sea el éxito que soy ahora. Hay algo sobre una mujer con autoridad que no puedo entender. No estoy en el estilo de vida BDSM, aunque lo he probado, pero no puedo dejar de pensar en lo que sería tener a una criatura como Candy en el dormitorio.
No Candy, por supuesto... ella es como una maldita hermana para
mí.
Una hermana caliente, insolente, enfadada y ambiciosa que hace las cosas bien. No importa lo que pase.
Incluso ahora, mientras nos sentamos aquí y esperamos que la sesión inicie, trabaja hasta el cansancio en su tableta. Nunca un momento aburrido con mi Candy. Va a estar jodidamente devastada cuando le cuente la noticia... tal vez por eso la guardo para mí por ahora. No puedo arruinarla así... y si las pruebas son buenas y positivas entonces no hay razón para preocuparla.
—¿Estás listo, Anthony? —me llama Dan Sung, el fotógrafo.
Asiento y tomo un trago de agua antes que Candy me rocíe rápidamente con aceite y lo frote. Es lo nuestro. La mayoría de los fotógrafos tienen ayudantes para estas cosas, pero no quiero que las manos de una persona al azar se froten sobre mí todo el día. Candy conoce los músculos que necesitan brillo. Sabe cómo brilla demasiado el aceite si no se frota lo suficiente o no lo suficiente si se frota demasiado. Se ha convertido en una ciencia y es más rápida que cualquier asistente con la que me haya cruzado.
Es la mejor.
—Ve, estás bien —murmura, moviéndose de nuevo a su silla y agarrando su tableta. Algo ha estado raro con ella hoy, y si alguna vez tenemos un momento tranquilo, pienso averiguarlo.
En lugar de hacerlo ahora, me dirijo al rodaje. Algunos otros modelos están a la espera de que se ajusten y se coloquen las luces. Es ropa interior lo que estoy modelando hoy. Era el rostro de Tommy hace unos años, pero les gusta mantener las cosas frescas y nuevas, así que me botaron hace un año. Ahora estoy aquí, modelando para una marca de la que no he escuchado hablar y normalmente me molestaría saber que estoy perdiendo el tiempo, pero con las noticias que recibí ayer no puedo enfadarme por ello. Se siente irrelevante.
Para cuando la sesión termina, mis músculos están doloridos. He sido posicionado, arreglado, rociado con brillo que no saldrá de mis hendiduras durante días, y adulado por cinco mujeres que llevan menos ropa que yo. Cómo esta mierda es legal en las revistas, no lo sé, pero genera dinero, así que no lo cuestiono.
—Jesús —resopla Candy, llevando una toalla a mi cabello para tratar de sacar algo del brillo—. Todos piensan que tienen las mejores ideas. —Murmura algo acerca de los fotógrafos tontos y me rio. Odiaría hacer enojar a esta mujer.
—Todo bien, pecosa. Sacaré la cabeza por la ventana mientras me llevas a casa y todo saldrá volando. —Choco el hombro con ella y sonrío mientras sacude la cabeza y maldice—. ¿Qué?
—Tengo algo esta noche, Anthony. Pensé que habías venido en moto. —Frunce sus cejas hacia mí mientras me pongo mis pantalones y los abrocho. Nunca he notado que sus ojos viajen por mi cuerpo... lo cual es un gran autocontrol porque he trabajado duro por este cuerpo. Debería ser apreciado.
—Iba a hacerlo, pero Alex me trajo —le digo, sonriendo. Alex... la modelo de la sesión fotográfica de las gafas de sol que hice ayer. Maldita sea, era buena.
—Correcto —dice Candy, poniendo los ojos en blanco y sonriendo—. Bien. Pero asómate por la ventana. No necesito porquerías brillantes por todo el auto antes de mi cita esta noche. Con mi suerte, va a pensar que soy una bailarina. —Pone los ojos en blanco de nuevo y se aleja, agarrando su bolso al salir.
¿Cita? Nunca antes mencionó una cita.
—¡Espera! ¡Candy, reduce la maldita marcha! —grito mientras me coloco los zapatos y agarro mi camisa al salir por la puerta. El calor de Los Ángeles me molesta porque es noviembre... no debería ser tan caluroso. Si no fuera por el aspecto que tengo, me quitaría la camisa... pero eso es peligroso para todos los involucrados.
—Jesús, eres lento —dice riéndose mientras abro la puerta del auto y me deslizo dentro—. ¿Demasiado caluroso para la ropa, pez gordo?
—¡Ibas a dejarme! —jadeo, tirando de la camisa por encima de mi cabeza y abrochándome el cinturón mientras sale a toda prisa del lugar—. Jesús, ¿con prisa, Candy?
—Gracioso —resopla—. Estaba bien y a tiempo antes de tener que llevar tu lamentable trasero a casa. —Sacude la cabeza y empuja mi hombro—. Tienes suerte de que te quiera, Anthony.
—Malditamente cierto. Hermanos antes que las put... y... eso... — me callo, sin realmente entender lo que estoy diciendo. Se ríe entre dientes y sacude la cabeza mientras empieza a maniobrar a través del tráfico de la tarde en L.A—. Así que... una cita, ¿eh?
—Sí. Las personas todavía tienen citas reales, Anthony. —Se ríe a mi costa, ya que hace años que no salgo con una mujer. Quién lo necesita cuando están tan dispuestas... ¡Y hay un montón de ellas!
—Correcto. ¿Pero tú? ¿Por qué no me lo dijiste? ¿A quién debo amenazar?
—¡A nadie, Anthony! ¡Detente, estás actuando como un hermano sobreprotector! —Se ríe y me golpea en la rodilla mientras se detiene en un semáforo en rojo.
—Hablo en serio, Candy. Mataré al hijo de puta que se meta contigo. —Agarro su mano sin pensar y miro fijamente lo pequeña que parece en la mía.
Mierda. No puedo aplastarla.
Estas pruebas tienen que salir bien.
—Oh, Anthony —dice, sonriendo dulcemente. Sacando la mano de la mía, respira profundamente y pone ambas manos en el volante—. Sé que odiarías ensuciar tus preciosas manos, así que te lo prometo... estaré bien.
¿Ensuciar mis preciosas manos? ¿Qué demonios?
—¿Lo conozco? —le pregunto, prácticamente gruñendo porque estoy empezando a sentir una extraña sensación a la que no estoy acostumbrado y necesito salir de este auto. Ahora mismo.
—No. Lo conocí en línea.
—¡En línea! —ladro—. ¡Joder, Candy! ¡Va a asesinarte! —Deja salir una risa tan hermosa que me encuentro mirándola. ¿Quién es esta chica y por qué mi pene de repente piensa que es carne fresca?
Es mi mejor amiga.
—No es un asesino, Anthony. —Me mira mientras se dirige a mi departamento, deteniéndose lentamente mientras espera que un camión se retire. Por eso me entiendo con ella. Siempre es jodidamente paciente y agradable. Incluso cuando tiene prisa y no conoce a la persona que la hace llegar tarde, se detiene para dejarla ir primero.
—Quiero que de igual manera me envíes un mensaje, Candy. Eres una chica linda que se encuentra con un desconocido. Cosas malas suceden —digo con toda honestidad. Me mira y por un momento veo una expresión de confusión en su rostro, reemplazada por la fortaleza. La fortaleza que conozco como mi Candy.
—Anthony, ¿no tienes otras cosas de las que preocuparte esta noche además de tu asistente saliendo en una primera cita?
—Por el contrario —digo, y luego me detengo mientras un fuerte dolor ataca mi costado—. Joder —siseo. ¡Joder! Esta mierda ha estado pasando demasiado últimamente—. Santa mierda.
—¿Anthony? —Escucho el pánico en su voz, pero lo único que puedo hacer en este momento es sostener mi costado y esperar que desaparezca.
Joder. ¡Mierda apenas puedo respirar, me duele tanto!
—Anthony, ¡¿qué diablos?!
Saca el auto a un lado del camino y siento sus manos sobre mí inmediatamente cuando mi cuerpo comienza a temblar de dolor. Maldita sea. Ha sido malo antes, pero nunca tan malo.
—Oye... oye está bien —susurra, subiendo por el asiento. Mierda esto duele tanto—. No, Anthony... ¿qué diablos está pasando?—murmura, abrazándome mientras siento que una lágrima se desliza por mi mejilla. Mierda.
Nos sentamos, envueltos el uno alrededor del otro, hasta que el dolor finalmente cede. Me abraza hasta que hago un movimiento para alejarme. No sé cuánto tiempo hemos estado sentados aquí, pero sé que es más tarde de lo que necesita y tiene que llegar a su cita antes de retrasarse. Cuando se da cuenta que intento apartarla, tira de la cabeza hacia atrás y me mira con los ojos entrecerrados.
—Te conozco desde hace años... así que cuando te pregunto de qué se trata todo esto, mejor dime la verdad —musita—. ¿Qué acaba de pasar, Anthony? —Su mano descansa sobre mi hombro y siento que podría permanecer así para siempre. Ella es mi cordura en este mundo insano. Es mi solidez... lo único que me mantiene en el camino de mi meta.
No puedo arruinarla.
—No lo sé —farfullo, ayudándola a volver a su asiento antes que se percate de la erección que está empezando a crecer para ella. Este jodido pene tiene una maldita mente propia—. Debo haber comido algo malo —digo, volviéndome para mirar por la ventana. No quiero ver la mirada en su rostro... la mirada que me dice que sabe que estoy mintiendo. La mirada de decepción—. ¿Puedes llevarme a casa, por favor?
—A veces puedes ser un verdadero idiota, ¿lo sabias, Anthony? — bufa y regresa al tráfico, yendo insanamente rápido para llegar a mi departamento.
Es un silencioso paseo de regreso, cuando me deja se lo agradezco y le digo que le enviaré un mensaje en la mañana si no escucho hablar de ella después de su "cita". Me hace señas sin siquiera un "adiós". Sé que le hice daño ocultándole esto, pero no podía simplemente decir que creo que tengo cáncer y que podría estar muriendo sin conocer los resultados.
De tres a cinco días, eso es lo que tengo que esperar.
Hoy es el día dos.
Mi teléfono suena tan pronto como cierro la puerta de mi departamento, señalando el tono de llamada de mi mejor amigo desde la infancia. Terrence Graham. Sabe por lo que pasé ayer porque es el único aquí en quien confío para decirle y que no dirá que el "It Boy" de Los Ángeles podría estar muriendo.
—Hola, hombre —digo, tomando una cerveza de la nevera.
—¿Cómo te va? —Hay preocupación en su voz, pero con la noticia que recibió recientemente, me preocuparía si no estuviera preocupado por mí. Nos conocemos desde el jardín de niños. Hemos sido mejores amigos desde el segundo grado, cuando Carl Sanders me golpeó en el patio de recreo. Lo sabe todo sobre mí.
Casi.
—Bien. Larga sesión de fotos y estoy seguro que me iré a la tumba con este jodido brillo que me echaron —gruño, sacudiendo mi cabello. Cuando escucho su suspiro, me encojo y me doy cuenta que fue una mala elección de palabras—. Mierda, hombre... lo siento.
—Nah. —Se ríe nerviosamente—. Todos vamos a morir algún día, ¿verdad?
—Sí —digo. Solo que lo haré antes que tu lamentable culo.
—Escucha, algunos de nosotros nos dirigimos a la costa mañana para ver en qué problemas podemos meternos. ¿Quieres desempolvar la motocicleta y venir? —Terry y yo solíamos montar cada fin de semana. Nos gustaba ir sin ningún rumbo. Conduciríamos hasta que el estrés de la semana se derritiera. Ha pasado una eternidad desde que me puse el casco y me olvidé de la rutina diaria.
—Sí, claro —respondo, tomando un trago de mi cerveza. Tal vez salir un rato de la casa y disfrutar de la vida me ayudará a superar el hecho de que soy muy jodidamente joven para morir.
También, el hecho que la mujer que más amo en este mundo nunca sabrá lo que realmente siento por ella.
—Muy bien, nos encontraremos en la casa de Ted a las diez, ¿de acuerdo?
—Sí.
—¿Oye, Anthony? —dice Terry antes de colgar—. ¿Estás bien? — Sé que pregunta por lo de ayer. Sé que quiere cerciorarse de que estoy bien con las noticias que recibiré, más que probablemente, la próxima semana. Sé que quiere tener una conversación seria y sacarlo todo, pero no lo estoy sintiendo esta noche.
Esta noche solo quiero estar entumecido.
—Sí, hombre, estoy bien. Nos vemos mañana —le digo, terminando la llamada antes que pueda protestar por ignorarlo.
Normalmente, un viernes por la noche encontraría a alguien para salir. Una chica para traer aquí, o amigos para ir de fiesta. Los Ángeles tiene un montón de clubes en los que puedo entrar directamente, pero esta noche solo quiero estar aquí. En mi departamento.
Solo.
Porque la única otra persona con la que prefiero estar ahora, está en una cita con un extraño.
CONTINUARA
