.

.

Capítulo 3

Anthony

—Joder —gimo y me giro en la cama. El dolor que me despertó en medio de la noche está empezando a disminuir. Solo tomó tres malditas horas.

Es domingo por la mañana y estoy acostado aquí en una cama vacía, viendo el amanecer en mi departamento, solo.

Últimamente no ha habido nadie que quiera traer aquí para calentar mi cama así que no lo he intentado realmente demasiado duro. No necesito a alguien aquí solo porque sí.

Eso es una mentira. Cuanto más me lo digo... bueno tal vez algún día lo crea. Claro que hay alguien que quiero aquí, pero soy demasiado estúpido para hacer algo al respecto.

Saliendo de la cama, coloco una cápsula K-Cup en la Keurig y me dirijo al baño. Después de salpicar mi rostro con agua fría y tomar unos analgésicos, meo. Estoy listo para salir y tomar mi café que acabo de terminar cuando inmediatamente odio lo que veo en el inodoro.

Rojo.

—Maldita sea —murmuro, descargando el inodoro con una mano temblorosa. Esto no puede estar pasándome.

El consultorio todavía no ha llamado, pero sé que esta mierda no es buena. ¿Qué hombre adulto sano tiene sangre en la orina? Esa mierda no pasa a menos que haya algo terriblemente mal. La parte rara es que ni siquiera dolió. Ni un poquito. Claro, todavía estoy superando el dolor de hace unas horas que me dejó inmóvil por lo que parecía ser una eternidad, pero orinar sangre debería haber sido doloroso, ¿verdad?

Después de mirar mis manos bajo el agua helada durante demasiado tiempo, aturdido y completamente fuera de mi elemento, termino e intento comenzar mi domingo mientras me olvido de lo que acaba de suceder. No hay nada en la agenda de hoy. Podría sentarme y no hacer nada... tomar un pequeño descanso... pero no estoy tan seguro que sea buena idea en este punto del juego. Mi cerebro ralentizará todos los escenarios de "Qué pasa sí".

Le dije a Candy que la llamaría si estaba libre con la esperanza de que intentara hacer planes, pero no lo hizo. Solo quería salir del auto tan rápido como pudiera. Extraño. Algo le pasa, y necesito averiguarlo. No ha sido ella misma últimamente, pero honestamente yo tampoco. Estaré mejor una vez que el consultorio llame con mis resultados. Estaré mejor una vez que sepa a qué me enfrento.

Es la incertidumbre lo que me vuelve loco.

En lugar de enviarle un mensaje a Candy inmediatamente, me visto y me dirijo a la tienda de bagel. No necesito los carbohidratos, pero en este momento no me importa. Ayer pasé el día quemando calorías. Una comida no va a matar mi masa muscular. He trabajado demasiado duro para que las cosas se vayan a la mierda en este punto, pero no me importa esta mañana. Es domingo, así que sé que hoy no voy a recibir una llamada telefónica del consultorio médico, pero no puedo evitar la sensación persistente en mis tripas de que cuanto más tarden en contactarme, peores serán los resultados.

Hace unas semanas, cuando noté que los dolores se volvían cada vez más recurrentes, finalmente hice una cita con mi médico para que me examinara. Supongo que asumí que era debido a mi horario de locos y hábitos alimenticios, o la falta ellos, lo que me estaba haciendo sentir mal. Sin embargo, no tardó mucho tiempo en notar algo y remitirme al hospital para realizar estudios y análisis. Odio los hospitales y los consultorios médicos. No quería tener nada que ver con eso, pero Terry me convenció. Es el único que sabe todo esto y espero que todo salga bien y que nadie más tenga que saberlo. Noticias como esta podrían arruinar mi carrera. Noticias como esta podrían arruinar mi amistad con Candy. Si descubre que he estado mintiéndole en las últimas semanas sobre horarios y mierdas así, estará enojada.

Con suerte, todo saldrá negativo y podré seguir mi camino, sin preocuparme por el final de mi vida antes de los treinta años.

Para cuando llega el almuerzo, no he hecho nada en todo el día. El dolor que me atacó a mitad de la noche ha durado todo el día y no puedo deshacerme de la depresión que está creciendo en mí sin razón alguna. Tal vez he pasado demasiado tiempo solo hoy.

Tal vez es hora de salir y estar cerca de las personas.

—Oye, Terry —le digo cuando responde aturdido—. Amigo, es casi mediodía, ¿por qué sigues dormido?

—Larga noche, hombre. —Se ríe, y escucho a una mujer en el fondo—. Espera, nena —dice—. ¿Qué pasa, Anthony? Pensé que te escondías hoy.

Lo escucho cerrar una puerta y caminar a través de su departamento. Sabiendo que su casa está distribuida exactamente igual que la mía, solo una planta por encima, puedo decir que se dirige a orinar.

—¿Tienes que hacer eso por teléfono, hombre? —Me rio cuando escucho la descarga del inodoro y el agua corre por las tuberías en mis paredes. A veces estar tan cerca de tu mejor amigo tiene sus aspectos positivos, y otras veces te preguntas por qué elegimos hacer esto.

—Un hombre tiene que orinar —dice riéndose—. Hablando en serio. ¿Qué pasa hoy? —Escucho que se acerca a otra puerta y puedo escucharlo caminar al otro lado de su casa. Sonriendo, me doy cuenta que probablemente quiere que sea la razón por la que su amiga de la noche a la mañana tenga que irse.

¿Para qué son los hermanos?

—¿Quieres ir a comer? —No tengo hambre, pero le dará una excusa para sacarla.

—¡Oh sí, es cierto! ¡Olvidé completamente que teníamos planes hoy! Oh, hombre, estoy tan jodidamente arrepentido, ¡voy para allá! — exclama más fuerte de lo necesario. Reteniendo mi risa, sacudo la cabeza ante sus payasadas. Casi treinta años y todavía trae extrañas a casa de lugares al azar.

En serio, amigo.

Por lo menos las chicas que follo están en el negocio conmigo.

—Nos vemos en un rato —dice, luego antes de colgar lo escucho comenzar a decirle a su invitada que tiene que irse.

Esperando en mi departamento, tratando de no escuchar a su invitada gritándole, le escribo a Candy un texto.

Yo: Terry y yo vamos a almorzar. ¿Te apetece un poco de tiempo con los chicos?

Tal vez el solo hecho de estar con mis amigos más cercanos, sin trabajar o estresado, me distraerá de las inminentes noticias.

Candy: Sí, suena bien. Dame unos minutos y estaré allí.

Yo: Genial. Nos vemos pronto =)

Siempre termino con un emoticón sonriente con ella. Es lo que hago. Me encantaría terminar con un corazón, pero no quiero que sepa lo que siento por ella. Está tratando de encaminar su vida y no quiero ser quien la retenga. Claro, mi vida va por un buen camino, pero me temo que, si nos juntamos, las personas empezarán a hablar de ella como si fuera una cazafortunas, aunque eso está lejos de la verdad.

Es mi mejor amiga a la que he amado desde la primera vez que la vi, pero nunca se lo dije a nadie. No sería capaz de soportar que las personas hablen mal de ella, y especialmente ahora que podría estar muriendo, definitivamente no quiero retenerla.

Jesús, eso sería una cosa de mierda por hacer. "Oye, te amo, y voy a morir pronto" no es una manera de ponerse en el lado bueno de alguien.

En media hora entra en mi departamento, sacudiendo la cabeza ante el ruido de arriba.

—Dios, ¿otra vez? —Se ríe, sintiéndose como en casa y tomando agua de la nevera antes de unirse a mí en el sofá.

—Sí, de nuevo. —Suspiro—. Es demasiado viejo para esta mierda, Candy. Estoy preocupado por él.

Preocupado como en "¿y si me muero y no tiene un hermano para ayudarlo a salir de esta etapa de playboy?". Pero no puedo decirle mucho. Todavía no.

—Bueno, solo necesita encontrar a esa persona. —Sonríe y traza distraídamente las gotitas de agua que se forman en el exterior de su botella—. Algún día.

¿En qué piensa? Sé que Terry es increíblemente atractivo y la mayoría de las chicas matarían por una noche con él, pero nunca supe que Candy fuera por el tipo oscuro y malhumorado. Supongo que siempre esperaba que fuera más por el tipo… suave... feliz y despreocupado... modelo.

No es que esté tratando de proyectar mis deseos sobre ella, pero siempre esperé que entre nosotros dos, se sintiera más atraída por mí que por él.

Soy un maldito modelo. Claro, él es músico, pero todavía tengo esperanzas de que no está aquí sentada pensando en follarse a mi mejor amigo. No es que tuviera espacio para estar enojado con ellos si lo hicieran, realmente no quiero ver que eso suceda. No en mi vida.

Para el momento en que Terry finalmente baja, ha pasado casi una hora desde que Candy llegó. Hemos charlado un poco, discutido nuestros horarios para la semana y hemos visto parte de un episodio de What Not to Wear.

—¿Ya te cansaste de las locas de Los Ángeles, Terry? —pregunta Candy, viéndolo enfurruñarse en el congelador al otro lado de la habitación.

—Me tiró el maldito zapato a la cabeza —gruñe—. Perra loca. — Agarra una bolsa de guisantes, se sienta en el sofá y gruñe.

—Terrence Michael Graham, eres quien trae a estas chicas a casa con la promesa de una relación, y luego las saca al día siguiente como si ni siquiera recordaras sus nombres. —Me rio de sus bromas porque obviamente se preocupa por él, y obviamente a él le gusta hacerle pasar un mal rato.

Mierda.

—No les prometo una mierda, sino un orgasmo brillante. —Le guiña y ella se burla.

—Brillante, ¿eh? —Sonríe y le tira un cojín—. Solo prométeme que lo estás envolviendo.

—Siempre, nena. —Terry sonríe y sacude su cabeza, volviendo su mirada a la televisión.

Mierda, ¿y si realmente se gustan?

—Oigan, chicos, relájense. Tengo hambre. ¿Podemos ir a buscar comida antes que me desmaye? Necesito tener un tipo de masa, ¿saben?

—Sí, sí, señor modelo lo sabemos. —Candy me da palmaditas en el pecho mientras camina hacia la puerta—. Vamos, chicos.

Parece que soy la única que NO es una quejumbrosa hoy. —Sonríe y me guiña antes de salir y dirigirse a su auto.

—No soy quejumbroso —se queja Terry al salir. El enorme, tatuado y musculoso hombre sosteniendo una bolsa de guisantes en su cabeza no es un bebé llorón hoy.

Por supuesto.

—¿Necesitas a alguien para acariciar tu ego, señor músico?—Candy se ríe mientras se coloca en el asiento trasero.

—Por favor. Me gusta duro y rápido.

—Cerdo.

—Niños —advierto, sonriendo a Candy. Me encantan las bromas juguetonas entre ellos, pero mi mente me tiene tan jodido ahora mismo que estoy empezando a preocuparme de que ambos estén albergando sentimientos el uno por el otro. No estoy seguro de poder verlos en una cita. Oficialmente sería la tercera rueda, y nunca lo he sido en toda mi vida. No planeo empezar ahora.

Especialmente con la chica que amo.

Para cuando termina el almuerzo, ya he calmado mis nervios y no he pensado en el consultorio del médico en absoluto.

Eso es una mentira, pero me aferro a ella.

La verdad es que no puedo parar. No puedo dejar de preocuparme por la posibilidad de tener cáncer, el tipo, el diagnóstico, la vida que tendré que vivir si la biopsia sale positiva. Fue bastante difícil mantener el lugar de la biopsia oculto y discreto de las personas la semana pasada, pero al menos mi médico comprendió mi situación y fue capaz de tomarla desde un lugar oculto. He sido puesto a prueba esta semana con mis habilidades interpretativas. Hubo muchas veces que quise gritar de dolor por sentarme de forma incorrecta, pero creo que salió más como un tipo enojado con brillo en él y no como alguien con dolor.

Al menos eso espero.

Cuando llega la mañana del lunes, estoy listo para comenzar la semana. Candy me ha reservado ininterrumpidamente toda la semana y no puedo esperar la sesión de Armani que tengo el jueves. Ya he tenido mi gran momento y puedo trabajar con quien quiera, pero es agradable cuando los grandes te buscan. En este mundo significa que te has hecho un nombre.

Tengo algo de lo que estar orgulloso.

La sesión fotografía del lunes es para una nueva línea de zapatos que Doc Martens sacará. Pensé que eran zapatos de los noventa, pero la nueva línea es realmente a la moda y jodidamente cómoda. Es una locura, sin embargo, la cantidad de personas que tienen para esta sesión. Normalmente, con zapatos no quieren arruinar la sesión con excesos, pero parecen saber lo que están haciendo con diez de nosotros. Posicionándonos en las poses más antinaturales para conseguir el ángulo correcto para el zapato.

Al final del día estoy dolorido, he tenido que ocultar un ataque de dolor del fotógrafo, y tengo hambre de no comer desde las cinco de la mañana. Cuando mi teléfono suena, no pienso nada al respecto cuando Candy responde desde el lateral. Siempre hace eso por mí. Es mi jodida asistente. ¿Por qué no pensé en eso de antemano? He estado esperando esa maldita llamada todo el fin de semana y la primera vez que mi teléfono suena, ni siquiera está en mi poder, pero sí en posesión de la única persona en mi vida que no quiero que sepa nada de esto.

Todavía no, por lo menos.

—Mierda —murmuro desde mi lugar en el set cuando veo sus cejas juntarse. Cuando sus ojos verdes chocan con los míos sé quién está en la otra línea.

Inclina la cabeza, sus labios se aprietan, y sé que es el consultorio del doctor. No puedo moverme de mi lugar ya que este fotógrafo está listo para terminar y no queda mucha luz del día. Estoy atrapado, y ella me está mirando como si le hubiera arrancado el corazón y lo hubiera aplastado con una aplanadora.

Mierda, ¿cómo voy a explicar esto?

CONTINUARA