.

.

Capítulo 4

Candy.

Esta jodida sesión lleva una eternidad. Pensé que una sesión de zapatos era un trabajo fácil para el lunes, pero Jesucristo, es una locura lo que hacen que hagan estos modelos y cómo los hacen posar. En momentos como este, a pesar que les pagan una tonelada más que a mí, estoy feliz de no estar frente a la cámara.

No, estoy completamente contenta aquí, en mi tableta, asegurándome que Anthony esté reservado para el próximo mes, con sesiones y presentaciones. El hombre está reservado por un tiempo, ya que la mayoría de los bares y clubes realmente le pagan por asistir. Es un nombre más grande de lo que piensa, pero no voy a ser quien se lo diga. Moriría si mi centrado Anthony se convirtiera en un creído playboy.

Escúchame... "mi Anthony...".

—Já —me burlo. Me hago ilusiones. Ayer fue lindo estar con él y Terry, pero una chica sabe cuándo no está en compañía de personas con ideas afines. Terry es increíblemente brillante y lo sabe. Ser músico en Los Ángeles suele ser como tratar de encontrar una aguja en un pajar. Están en todas partes, pero Terry se ha hecho un nombre. Aunque todavía no es famoso, es un artista local lo suficientemente grande como para que las personas conozcan su nombre y su rostro cuando lo ven. Es divertido criticarlo, pero realmente me preocupo por él. Luego está Anthony... modelo extraordinario, viaja por el mundo y recibe la mejor ropa de los mejores diseñadores. Es un nombre conocido y su rostro ha aparecido en la portada de docenas de revistas. Es relajado y todo lo contrario de Terry.

Es más, mi tipo de hombre. Cabello rubio dorado, sonrisa relajada, agradable a la vista, es excesivamente guapo, pero de una forma angelical. No es intimidante. No como Terry que me pone caliente y enojada, todo al mismo tiempo.

Luego estoy yo. Candice White, la chica que se encontró al azar con estos dos locos un año en la universidad y que no se ha ido de su lado desde entonces. A veces siento las miradas de las otras chicas en la habitación. Probablemente se estén preguntando por qué estoy con estos dos hombres demasiado hermosos cuando solo soy una chica normal, pero no me importa. Estos dos chicos, tan locos y tercos como pueden ser a veces, son todo lo que realmente tengo en este mundo.

No estoy segura de qué haría sin ninguno de ellos en mi vida.

—¿Necesitas café? —me pregunta Mindy, la asistente del fotógrafo con una encantadora sonrisa. Es agradable, nos hemos encontrado en el set algunas veces, pero siempre me siento mal por ella. Es como lo más bajo de los bajos aquí en LA, pero siempre tiene una sonrisa en su rostro y siempre se asegura de que estoy cómoda. No hay muchos representantes y asistentes en mi puesto, pero Anthony insiste en que no necesita a nadie más que a mí y a su equipo financiero, así que no me opongo a ello. Simplemente significa que estoy dos veces más ocupada que la mayoría, pero eso está bien conmigo.

—Claro, eso sería genial —le digo, devolviéndole la sonrisa. Se ve tan emocionada de realmente tener algo que hacer que me siento mal por no haberme hecho su amiga y haberla ayudado en estos largos días. Recuerdo cuando comencé con Anthony y cómo estar sentada en un solo lugar viéndolo modelar durante seis horas seguidas se volvió aburrido. Afortunadamente, después de un tiempo se hizo tan grande que mi tiempo siempre fue ocupado por correos electrónicos y llamadas telefónicas programando la próxima gran sesión para él, y siempre manteniéndome ocupada.

—Aquí tienes. —Mindy me da mi café, negro. Con manos temblorosas y nerviosas, me da unas cremas y azúcares, sonriendo dulcemente mientras se da vuelta y se aleja.

Mmm, café.

Tan pronto como lo tengo mezclado exactamente como me gusta, me lo llevo a la boca para ese primer y delicioso sorbo, y el teléfono de Anthony comienza a sonar en la mesa junto a mí.

Durante las sesiones deja su teléfono conmigo para que pueda contestar cualquier llamada importante, así que es normal que lo conteste. Mirándolo fijamente, debe haberlo escuchado sonar y me mira mientras respondo. El nombre y el número desconocido no son nada alarmantes para mí, ya que no tiene a todos en la ciudad programados en su teléfono, pero en el momento en que veo la expresión de su rostro, justo cuando estoy respondiendo, sé que algo no está bien.

—¿Hola? —respondo, no es mi típico saludo profesional cuando contesto llamadas por él, pero tengo la sensación de que esto no es una llamada profesional.

—Sí, este es el consultorio del Dr. Stanley llamando a Anthony Andrew. ¿Se encuentra disponible?

¿Doctor?

—Um... soy su asistente atendiendo sus llamadas mientras está en una sesión fotográfica en este momento. Puedo entregarle su mensaje. —Me mira con ojos enormes y mis manos comienzan a temblar. Lo conozco desde hace demasiado tiempo como para perder esa mirada. Esa es la mirada de miedo. Como si no debería haber respondido a esta llamada.

Como si estuviera escondiéndome algo.

—Tenemos los resultados de la biopsia y necesitamos que venga lo antes posible. ¿Puede programar eso para él o tendrá que devolvernos la llamada?

¿Biopsia? ¿Tan pronto como sea posible? ¿Qué diablos hizo? ¿Qué está pasando ahora? Anthony no tuvo una biopsia... biopsia significa cáncer y me habría dicho algo tan grande, ¿verdad?

—Yo um... —tartamudeo—. Yo... solo déjame... —Empiezo a buscar en mi tableta con dedos temblorosos, tratando de sacar el calendario con sus sesiones esta semana, pero estoy empezando a temblar tanto que no puedo hacerlo—. Mierda, lo siento... solo...

—Aquí —susurra detrás de mí, su cálida mano sobre mi hombro—. Yo me encargo, Candy —Me mira a los ojos y siento la repentina necesidad de llorar.

¡Le hicieron una biopsia sin siquiera decírmelo! Dios mío, ¡y si está muriendo!

—Oh, mierda —susurro, mirándolo alejarse con el teléfono en la

oreja.

—¿Todo bien? —pregunta Mindy con pura e inocente preocupación.

—Uh... sí... las cosas son geniales. —Respiro hondo para no alertar a los demás en el set de que algo anda mal con Anthony y sonrío—. Gracias por el café, es perfecto —digo, asintiendo hacia él sobre la mesa. Me encantaría tomar un trago en este momento, pero mis manos todavía están temblando en los bolsillos y no tengo ganas de quemarme.

Cáncer.

Dr. Stanley. Es el oncólogo de las estrellas. Escuché sobre él el año pasado cuando una estrella pop tuvo cáncer. Aparentemente es muy bueno. Así que eso es bueno, ¿verdad?

¡Mierda!

—Mindy, ¿cuándo se supone que esto termine? —resoplo, mirando a Anyhony que todavía está al teléfono. Me mira por encima del hombro con ojos tristes. Quiero arrojar el profesionalismo por la ventana, correr y abrazarlo. Entonces golpearlo en el rostro.

No puedo hacer eso, sin embargo. Necesito mantener la compostura.

¡Joder, siento como si hubiera una roca en mi estómago!

—Creo que están terminado. Anthony se marchó, pero creo que Carlton dijo que tiene todas las tomas que necesita. ¿Quieres que lo compruebe por ti?

—Sí, eso sería genial. Gracias, Mindy. —Mis ojos no se alejan de Anthony mientras lo veo colgar y deslizar su teléfono en su bolsillo. Por su postura parece tener el peso del mundo sobre sus hombros y mi intuición de que algo está mal se dispara. Siempre es tan relajado. Este no es el Anthony que conozco y amo.

Cuando comienza a caminar hacia mí, sé que necesito mantenerme firme por ambos hasta que subamos al auto. Si hay algo que sé sobre L.A., es que las palabras viajan rápido. Prefiero que las personas no hablen y difundan rumores antes de saber la verdad sobre las cosas. Incluso entonces, probablemente querría mantener las cosas en secreto el mayor tiempo posible.

A medida que se acerca lentamente, mi rostro trabaja lo más duro que puede para permanecer impasible y mi mente está yendo a mil kilómetros por minuto. ¿Es tratable? ¿Perderá su cabello? ¿Todavía podrá modelar durante los tratamientos? ¿Qué tal un testamento? Necesitamos conseguirle un testamento y hacer planes en caso que no sea tratable.

¡Santa mierda! ¿Qué pasa si no es tratable?

—Oye —susurra, suave y discretamente poniendo su mano en la parte baja de mi espalda. La mirada que me está dando es una mirada suplicante, una que me pide que no hable sobre el hecho de que ha sido descubierto. Sabe que lo sé, y sabe que tiene mucho que explicar.

—Candice, Carlton dijo que son libres de irse si es necesario. Tiene lo que necesita de Anthony —dice Mindy, sonriéndole dulcemente a Anthony. Solo otra de las muchas a la que le encantaría meterse en sus pantalones.

Suspiro y aprieto los dientes, reprimiendo el comentario sarcástico que me gustaría hacer, que es increíblemente poco característico de mí. Por lo general, no me importa quién lo mire... porque estoy allí con ellos. De repente, de mal humor, le agradezco y me dirijo a mi auto sin decirle una palabra a nadie.

Anthony me sigue con las manos en los bolsillos y la cabeza gacha. Sabe que tendrá que decirme de qué se trata esa llamada, no es estúpido. No estoy del todo segura de por qué le hicieron una biopsia sin decirme, y mucho menos CÓMO. Sé su horario completo... o al menos eso creía.

—Entonces... —se calla una vez que las puertas del auto se cierran—. Necesito que despejes la mañana. —No me mira. Mira por la ventana del pasajero para advertir mi mirada.

—Tienes una sesión con Tommy mañana, Anthony. Anuncio de ropa interior para la cartelera en Nueva York. Es una sesión enorme. —Estoy tratando de mantener mis sentimientos fuera de esto, pero no puedo contenerlo mucho más tiempo. Me está quebrando ocultándome esto.

—Necesito cancelar. Reprogramar... algo... —se detiene y respira—. Oye, ¿puedes llevarme al bar de Terry? —Gira la cabeza y finalmente me mira. Veo el dolor y el sufrimiento en sus ojos.

¿Por qué demonios está pasando por esto solo? ¿Por qué no me deja entrar?

—Um... claro... —digo, doblando el auto en el próximo semáforo para ir al bar de nuestro mejor amigo.

Terry es dueño del lugar junto a su compañero de banda, Charlie, y toca allí algunos fines de semana. Aunque es lunes por la noche, así que Terry probablemente ni siquiera estará allí.

—¿Quieres que entre? —le pregunto, a punto llorar, porque mi mejor amigo me está ocultando algo potencialmente enorme y no me deja entrar. Siempre he respetado su privacidad, incluso cuando el teléfono suena un millón de veces en una mañana a causa de locas exnovias o aventuras de una noche. Nunca me entrometo en sus llamadas telefónicas, nunca profundizo en su mundo, pero ahora solo quiero saber de qué carajos se trataba esa llamada.

—Oh —dice, mirándome—. Um... nah, está bien. Gracias, Pecas... eres la mejor.

Asintiendo silenciosamente, lo veo salir del auto y espero hasta que está dentro para dejar que las lágrimas fluyan.

El hombre que amo... el hombre del que estoy enamorada y que ni siquiera lo sabe... posiblemente tiene cáncer, pero no hay nada que pueda hacer porque no me habla de ello. Quiero decir, ¿para qué más se hacen biopsias las personas? Me doy cuenta que estoy llorando por nada en este momento, ya que no me ha dicho nada, pero estoy segura que una biopsia significa cáncer.

¿Cierto?

De camino a casa llamo a Terry. Es normal que nos enviemos mensajes durante el día sobre cosas aleatorias, así que no es anormal que lo contacte solo para quejarme, pero normalmente no lo llamo llorando.

—¿Qué pasa? —dice tan pronto como hablo, obviamente capaz de decir que algo no está bien.

—¿Estás en el bar? —pregunto, tratando de inhalar mis lágrimas en silencio. Todo duele y siento que mi vida se está desmoronando solo porque uno de mis mejores amigos se está cerrando.

—No, no esta noche. Estoy libre... ¿Qué pasa? ¿Por qué lloras, Pecas?

Pecas. El apodo que me dieron los chicos después de conocerme durante un mes se ha mantenido todos estos años. Cuando estaba creciendo odiaba ese apodo porque me hacía sentir como una niña, pero con ellos me hace sentir amada. Extraño cómo funciona eso.

—Um... no, solo estoy resfriada —miento—. Anthony me hizo llevarlo al bar. Solo estoy checándolo... ha estado distante hoy y no puedo entenderlo. Esperaba que estuvieras allí para pasar el rato con él. Sé que te responde mejor cuando está molesto.

—Mierda —murmura Terry y escucho un portazo—. Voy para allá. No te preocupes por esto, pecas... te hablará. Te enviaré un mensaje más tarde y te haré saber cómo le va. Solo vete a casa y descansa... estoy en camino.

—Gracias, Terry —digo, suspirando—. Estoy preocupada, eso es todo. Recibió una llamada telefónica de un oncólogo hoy... sobre una biopsia... y no me habla de ello. —Estacionando el auto frente a mi departamento, empiezo a llorar nuevamente y tengo que taparme la boca para que no escuche.

—Joder —gime—. Escucha, solo vete a casa y deja de pensar en ello, ¿de acuerdo, pecas? ¿Puedes hacer eso? Te prometo que te hablará sobre eso. Estoy casi en el bar... te enviaré un mensaje.

—¿Lo prometes?

—Absolutamente.

—A veces eres increíble, Terry.

—Lo sé, Candy. Todo el maldito tiempo. Un día te darás cuenta de

esto.

Luego cuelga y me deja llorando en mi estacionamiento.

Perfecto.

CONTINUARA