.
.
Capítulo 5
Anthony
—Señor Andrew, es el consultorio del Dr. Stanley. Llamamos por los resultados de su biopsia.
—¿Y? —Quiero gritarles por no ir al punto, pero acabo de robarle el teléfono a mi asistente. Demasiado tarde, aparentemente, por la mirada que me está dando.
—Señor Andrew…
—Llámame Anthony —suspiro, solo quiero que me digan los resultados. Pueden hacer eso por teléfono, ¿verdad?
La enfermera suspira y continúa:
—Anthony, al doctor le gustaría reunirse contigo con respecto a tus resultados.
—¿Así que no puedes decirme nada hoy? ¿Los resultados fueron positivos? ¿Me estoy muriendo?
—Anthony, solo soy un mensajero. El Dr. Stanley quiere reunirse en persona para repasar todas las opciones.
—¿Opciones? ¿Cómo las opciones de tratamiento? Entonces, ¿no estoy muriendo, pero tengo cáncer?
—Anthony —suspira—. ¿Puedes hacer espacio en tu agenda?
—Mañana por la mañana. ¿A qué hora abren?
—La primera vacante que tenemos por la mañana es a las nueve—dice después de un momento de revisión.
—Estaré allí —gruño, luego cuelgo antes que escuche las emociones en mi voz.
Mierda.
No puedo tener cáncer. ¿Por qué si no querrían reunirse conmigo a menos que los resultados sean malos? Saben que estoy ocupado. Saben que no tengo mucho tiempo libre, así que, ¿por qué pedirían verme solo para decir "oye, Anthony, vas a estar bien"?
No lo harían. Necesitan hablar conmigo en persona porque encontraron algo malo. Lo sé. Puedo sentirlo. Por la forma en que el estado de ánimo de Candy ha cambiado desde que respondió a mi llamada, también sabe algo.
Mierda, ojalá supiera lo que le dijeron. ¿Cómo puedo abordar esto con ella?
Oye, ¿supongo que me estoy muriendo?
¿Vas a tener que encontrar un nuevo trabajo?
Te quiero. Siempre lo he hecho, y ahora mismo he decidido decírtelo... oh, ¿y estaré muerto en unos meses?
En el momento en que llegamos a su auto, todavía no me habla, lo que me dice que está enojada. Solo ha habido algunas veces en nuestra amistad que no ha hablado conmigo. La primera fue la primera vez que tuvo que romper con una chico por mí... esa también fue la última vez que hizo eso por mí.
Ahora agarra el volante con tanta fuerza que la cicatriz en su mano de cuando se cortó el año pasado está blanca como un fantasma. Jesús, sé que está enojada, pero sinceramente, no tengo la energía para pelear en este momento.
—Entonces... —Necesito decirle que tengo una cita mañana, que necesito la mañana libre, pero realmente no quiero discutir la razón ahora mismo—. Necesito que despejes la mañana.
—Tienes fotos con Tommy mañana, Anthony. Anuncio de ropa interior para la cartelera en Nueva York. Es una sesión enorme.
Mierda.
—Necesito cancelar. Reprogramar... algo... —Necesito salir de este auto—. Oye, ¿puedes llevarme al bar de Terry? —Solo quiero estar insensible por un tiempo.
—Um... claro... —Su voz está llena de dolor y enojo. Sus ojos llenos de preguntas no formuladas, pero no puedo en este momento.
Solo quiero beber.
Solo.
—¿Quieres que entre? —Se ve esperanzada, pero no puedo. No puedo sentarme con ella y discutir el resto de mi vida.
El potencial final de mi vida.
—Oh. —Joder. Aquí voy, rompiéndola de nuevo—. Um... nah. Está bien. Gracias, pecas... eres la mejor.
Saliendo del auto tan rápido como puedo, camino hacia la puerta. Rezo para que Terry no esté aquí y pueda encontrar un rincón para ahogar mis penas solo. No miro hacia atrás mientras su auto se aleja.
No estoy acostumbrado a tener este conjunto de emociones. Me imagino lo bestia que voy a ser mañana después de mi cita si ya estoy tan mal y ni siquiera me han dado la noticia oficial.
¡Mierda!
¿¡Cómo puede pasarme algo así!? Tengo toda la vida por delante... Nunca debí haber ido a ese maldito médico. Qué se joda Terry por hacerme ir.
Jesucristo.
Alrededor del cuarto trago, el rostro de Terry aparece en mi visión. Está rodeado de luces borrosas y música que ni siquiera sabía que estaba sonando. He estado sentado aquí todo el maldito tiempo, mirando fijamente a la veta de la madera de esta vieja mesa, preguntándome por qué algo así podría pasarle a alguien tan joven.
Pensé que el cáncer solo les pasaba a las personas mayores.
De acuerdo, eso no es cierto, pero no debería pasarles a los jóvenes. No es jodidamente justo.
—Oye —gruñe Terry, deslizándose en el asiento frente a mí.
—¿Qué estás haciendo aquí? —murmuro, inclinando mi botella hacia atrás para encontrar que ya está vacía—. Deberías conseguirme otra de estas, hermano.
—¿Estás seguro de eso, amigo? Tienes una bonita colección creciendo aquí. Lacy está empezando a mirar, y es solo un lunes por la noche. —Lacy... la camarera de piernas largas con la que dormí una vez y no me deja en paz. Debería haber sabido que no debía acostarme con ella, pero es tan sexi cuando estoy borracho.
Miro a Terry, mi amigo más antiguo en la vida, luego miro mi colección de botellas. Mierda... Ni siquiera he estado aquí una hora.
—Joder —maldigo, luego gimo cuando siento que la presión comienza a acumularse en mi cabeza.
Últimamente he tenido más y más dolores de cabeza, y ahora me pregunto si es porque estoy más enfermo de lo que pensaba.
Mierda.
—¿Quieres hablar sobre eso? —La preocupación de Terry está bien fundamentada, ya que es el único que conoce toda esta situación. Dijeron que necesitaba que alguien me llevara a casa después de la biopsia. Como él fue la razón por la que fui al médico, en primer lugar, pensé que debería ser quien me ayudara cuando fuera necesario.
—En realidad no —digo, cerrando los ojos y volviendo a apoyar la cabeza en la cabina. Solo quiero que me dejen solo para entumecerme, pero hasta ahora no puedo encontrar esa sensación con todo lo demás reproduciéndose dentro de mí.
—¿Tienes noticias de ellos? —Está hablando en voz baja porque sabe que no debe decir esas palabras en público, pero sé exactamente de lo que habla.
—Sí —me callo, enojado porque me hace hablar de esto.
—¿Y? —Incluso con los ojos cerrados puedo sentir su mirada fija en mí.
—Terry, prefiero no hablar de esto aquí —susurro, abriendo mis ojos para encontrar los suyos.
—Pero vas a tener que hacerlo, amigo. Eventualmente.
—¡Ni siquiera sé cuál es el problema, Terry! —Mi compostura y secretismo se rompe con sus comentarios insistentes. Sé que tiene buenas intenciones, pero ni siquiera sabe la tormenta de emociones que recorre mi cuerpo en este momento.
—¿Qué te dijeron? —pregunta, en tono normal, pero mirándome y diciéndome silenciosamente que tengo que calmarme antes que las personas se den cuenta—. Y tienes mucha suerte de que la música sea ruidosa, amigo. Serás el único que lo diga antes de estar listo si no te cuidas.
Suspiro y maldigo, sabiendo cuán importante es que me relaje.
—No me lo dijeron, Terry. Tengo una cita en la mañana para discutir los hallazgos —digo, suspirando y sacudiendo la cabeza—. Los hijos de puta no me dijeron nada.
Me mira, luego toma un trago de su cerveza antes de volver su mirada al escenario donde la banda está comenzando su espectáculo. Silencio. Nos sentamos allí por lo que parece una eternidad, reflexionando sobre mis palabras. No es un hombre estúpido... sabe que la probabilidad de que tenga cáncer se disparó, pero ninguno de nosotros quiere decir las palabras en voz alta.
—Te llevaré mañana —dice. Intento hablar y decirle que no lo quiero allí, pero levanta la mano y continúa—: Te llevaré mañana, y si todo se reduce a que necesites... tratamiento... llevaré tu lamentable trasero a esos también.
—Terry eso no es…
—Cállate y bebe un poco de agua, Tony. —Se queja de algo mientras le hace un gesto a Leslie de que necesitamos agua—. No te estoy dando una opción en esto. Eres mi maldito hermano... fin de la discusión. Vamos a ponerte sobrio y llevarte a casa. Mañana llegará más rápido de lo que te gustaría. —Lo deja así y pasamos el resto de la noche calmándonos y volviendo a casa. En el momento en que me acuesto, ya he analizado todos los escenarios posibles de lo que va a pasar mañana. No soy fan de ninguno de ellos.
A las siete de la mañana, definitivamente estoy lamentando la decisión de emborracharme que tomé anoche. No solo me provocó una horrible resaca, sino que mi cabeza duele más que nunca. Pensaría que soy un hombre de noventa años con lo difícil que es para mí moverme.
—Jodida mierda —refunfuño, saliendo tambaleante de mi habitación. Llenando la cafetera, miró fijamente la pantalla de mi teléfono que está explotando.
Candy.
Mierda, fui un idiota con ella anoche.
Suspirando, tomo el teléfono y leo los mensajes que me envió.
Estoy sonriendo cuando todos aparecen en la pantalla.
Candy: Dejaste tu tableta en mi auto anoche.
Candy: Estoy revisando y borrando los nombres de las barbies. Espero que no te importe ;)
Candy: Espero que estés bien... y que hayas llegado bien a casa.
Candy: Te amo, idiota. Espero que algún día me hables de lo que sea que está sucediendo.
Joder. Es demasiado buena para mí. Debería estar enojada por lo de anoche y por la forma en que la traté, pero en lugar de eso se burla de mí y no me molesta sobre lo que fue la llamada telefónica o por qué tuve que cancelar esta mañana. Esta es una de las muchas razones por las que la amo tanto. Como... amor, amor... nada de "te quiero porque eres un amor de mejor amiga". El tipo de amor que tienes miedo de decirle a alguien porque si ella no siente lo mismo, todo tu mundo se acabará... ese amor. Soy Anthony Andrew... No le temo a muchas cosas... pero esto me aterra.
—Oye, ¿estás listo? —Terry se encuentra de pie en mi puerta, con las llaves en una mano y una tableta en la otra, listo para lo que posiblemente va a ser un día de mierda—. Ooh, café. —Entra a toda velocidad a la cocina con su taza para llevar ya vacía. Vuelve a llenar su taza, preparándola como le gusta. Cremoso y dulce.
Vertiendo mi café negro en mi taza, cerramos y salimos.
Por supuesto, ser Anthony Andrew tiene sus desventajas... como entrar en un enorme hospital bajo el brillante sol de la mañana y tratar de asegurarse de que las personas no te noten. Agradecido por los sombreros y gafas de sol y un mejor amigo demasiado optimista. Todos los ojos están puestos en él, en su aspecto rockero y sus tatuajes, a diferencia de la figura encorvada a su derecha que no puede caminar correctamente.
No por elección, sino porque el dolor no me deja.
—Por aquí, señor. Andrew —dice la enfermera sonriendo mientras me lleva directamente al consultorio del médico—. Te está esperando... no quiero hacerte esperar ahí fuera. —Sonríe como si tratara de coquetear, pero no estoy de humor para eso.
Estoy temblando por los nervios y creo que ya he triturado tres o cuatro de mis molares esta mañana.
Vamos a terminar con esto.
—¿Quieres que vaya contigo? —pregunta Terry detrás de mí cuando empiezo a hablar.
¿Quiero? Ni siquiera quiero estar allí... pero, ¿lo quiero allí conmigo cuando escuche esta noticia?
Sí. Así es.
—Te necesito aquí, hombre —suspiro, odiando que parezca tan débil en este momento.
Asiente y me sigue, cerrando la puerta detrás de él mientras el doctor se levanta para saludarnos.
—Anthony, me alegro de verte esta mañana —anuncia el Dr. Stanley, mirando a Terry—. Soy el Dr. Stanley —dice, extendiendo su mano hacia mi mejor amigo.
Terry la toma y la sacude cortésmente, presentándose mientras me recuesto en la silla. En el momento en que mi culo golpea el asiento, me da un fuerte dolor en el costado que me hace enroscarme.
—Joder —siseo, metiendo la mano en el costado donde el dolor se irradia. Con los ojos cerrados, trato de concentrarme en mi respiración mientras el dolor del ataque fluye a través de mí. Cada terminación nerviosa está en llamas, siento que podría llorar ahora mismo y me duele tanto. Abro los ojos a mi mejor amigo que me mira como si fuera un niño de nueve años que acaba de perder a su cachorro y a un muy preocupado médico mirándome.
Quizás traer a Terry aquí conmigo fue una mala idea. Puedo lidiar con mis emociones... creo... no puedo lidiar con las suyas también.
—¿Con qué frecuencia ocurren, Anthony? —El médico se sienta en el borde de su escritorio mientras Terry se sienta en la silla junto a mí. Si fuera Candy junto a mí, tendría su tranquilizadora mano en mi brazo y las cosas comenzarían a sentirse mejor automáticamente.
Joder, cuando se subió a mi regazo en su auto el otro día, nunca quise dejarla ir. Solo su toque calma todo mi cuerpo. Es una locura la adicción que tengo a ella, y no tiene ni puta idea.
—¿Anthony? —la voz de Terry corta mis pensamientos y recuerdo la pregunta que me hizo el doctor.
—Mucho —gruño—. Han estado sucediendo más y más estos últimos días.
Suspira y se levanta, caminando detrás de su escritorio y agarrando mi expediente. Encendiendo una caja de luz en la pared a mi lado, desliza una tomografía y se aclara la garganta.
—Esto aquí es una tomografía de tu abdomen. La que tomamos la semana pasada cuando tus dolores comenzaron a aumentar. La que hizo que tu médico te remitiera.
Asiento, Terry apoya sus codos sobre sus rodillas y su cabeza descansa sobre sus manos, escuchando atentamente. Quizás tenerlo aquí realmente sea algo bueno. Definitivamente puede retener mucho, y por el aspecto de mi estado de ánimo hoy, no voy a recordar mucho de esto. Parece que no puedo concentrarme en lo que me está diciendo en este momento, y una vez que comienza a hablar de los detalles, mi mente comienza a difuminarse. El doctor comienza a hablar a mil kilómetros por minuto, pero mi cerebro solo detecta las cosas importantes.
Cáncer de páncreas.
Estado avanzado.
Más pruebas.
Más sangre.
Quimioterapia.
Radiación.
Santa. Mierda.
—Entonces tenemos que hacer que te preparen para la PET y la biopsia de médula ósea, Anthony. ¿Tienes tu horario disponible?
— ¿Horario? No. Candy guarda toda esa mierda. Es mi maldita roca y aquí estoy, recibiendo las peores noticias que podría haber recibido, y ni siquiera está aquí conmigo.
Sus ojos se dirigen a Terry cuando no respondo.
¿Cómo diablos?
¿Qué demonios?
—Uh. —Terry revisa su teléfono y se aclara la garganta—. Sí, espera un segundo —murmura, saliendo de la habitación.
—¿Cuánto tiempo tengo? —me las arreglo para decir, la pelota en mi garganta amenaza con caer y las lágrimas amenazan con derramarse. Jesucristo, no puedo tener cáncer.
No puedo morir.
—No se sabe nada hasta que hagamos más pruebas, Anthony — responde. Sentado en la silla junto a mí, se desliza las gafas sobre la cabeza y suspira—. Sé que esto es una mierda, y no es profesional en absoluto para mí decirte esto, pero odio el cáncer. Estaría bien si nunca hubiera otro caso... nunca... a pesar que eso significaría que estaría sin trabajo. Toma lo que quiere cuando quiere. Ya sea una niña de diez años, una de veinte, o noventa, que ha vivido una vida plena. No le importa y no es justo. —Se aclara la garganta—. Malditamente apesta...
Me rio... honestamente, rio porque, ¿qué clase de médico es este? Se supone que los médicos no deben maldecirlo o decirlo directamente. No se supone que sean así de... personales.
¿Correcto?
—Oye, yo... tengo su agenda —anuncia Terry mientras regresa a la habitación. Estrecho mis ojos hacia él, sabiendo muy bien cómo la consiguió y lo que tuvo que decir. Mierda. Me siento como un idiota por no dejarla entrar de esto.
—Lo único urgente que tiene es el viernes por la noche, todo lo demás puede reprogramarse o cancelarse.
—Bueno. Necesitamos movernos rápido, haré algo de espacio hoy y espero que mañana o pasado mañana podamos empezar el tratamiento.
—Suena bien —escucho la respuesta de Terry mientras esas palabras flotan alrededor de mi cabeza.
Tratamiento.
Más pruebas.
Menos trabajo.
Baja calidad de vida.
He visto a personas pasar por tratamientos. No puedo ser así.
—No —susurro. Joder, no, no puedo hacer esto—. Lo siento, no puedo hacer esto. —Saltando de mi silla, comienzo a pasearme por la oficina, sintiendo toda la ansiedad, la depresión, la ira, la furia y la tristeza que fluyen de mis poros—. ¡No puedo hacer esto! —¡Ni siquiera tengo treinta años! Apenas he vivido. ¡Nunca le dije a la mujer que amo que la amo y, por lo que parece, nunca voy a tener una familia ni nada de eso!—. Lo siento... yo... tengo que irme —murmuro, abriendo la puerta sin mirar atrás.
CONTINUARA
PET: Tomografía por emisión de positrones.
