.
.
Capítulo 6
Candy
—Mierda —murmuro, leyendo el mensaje de Terry.
Se está yendo.
Mierda.
—Hola, Terry —respondo cuando recibo la llamada. He estado nerviosa toda la mañana... desde que Terry me llamó anoche, en realidad.
—No lo está haciendo bien, Pecas. —Su preocupación recorre mis venas, poniéndome ansiosa y triste porque Anthony no me deja entrar.
—¿Qué puedo hacer? —susurro frágilmente.
—Solo estar allí para él. No es bueno compartiendo sus cosas y solo me lo dijo porque he estado con él desde el principio.
—Desearía que se abriera a mí —murmuro.
—Lo hará... solo dale tiempo. Siempre ha sido... protector... contigo, Candy.
—Lo sé.
—Escucha, va a volver a la mesa. Te enviaré los detalles de mañana.
Entonces aquí me siento, dentro de mi auto, en un estacionamiento oscuro, con la vista fija en el auto de Terry.
Por supuesto que estaría aquí. No podía sentarme en casa y pasear por la sala de estar mientras estos dos tratan de hacer frente a esto solos. Realmente quiero estar adentro, pero Terry no lo iba a permitir. Me ha estado mandando mensajes toda la mañana y por lo que parece, Anthony es un desastre. Terry no me dijo nada de lo que el médico dijo, pero cuando llamó para pedir el horario a Anthony, me di cuenta que no era bueno.
—Escucha, solo tiene una forma de volver a casa y ese soy yo. Simplemente salió de la oficina, rechazando el tratamiento. Realmente creo que lo ha perdido —resopla.
—¿Está huyendo? —pregunto, sentándome derecha en mi auto, tratando de ver si puedo ver a Anthony en el estacionamiento. Nada todavía—. ¿Qué quieres decir con que acaba de irse?—pregunto, saliendo del auto para caminar hacia Terry—. ¿Simplemente se fue... como... se fue?
¿Tratamiento? ¿Se negó? ¿Por qué haría eso?
—Está en shock, Candy. Solo... no dejes que haga nada estúpido.
Estaré allí.
Mirando a mi alrededor, veo una figura que sale de las escaleras y suspira aliviada.
—Mierda, Terry, está aquí. Te veré dentro de poco.
—¡Anthony! —grito mientras comienza a pasearse de un lado a otro frente a las escaleras. Hace una pausa y mira a su alrededor, incapaz de decir de dónde viene la voz—. ¡Oye, idiota! —Su cabeza gira y sus ojos golpean los míos.
Quiero correr y aferrarme a él, pero no lo hago. No lo hago porque estoy enojada porque me ha ocultado esto todo este tiempo. Eso es mucha mierda por la que pasar sin decírselo a tu mejor amiga. Estoy enojada, triste, herida y preocupada.
Tan preocupada.
¿Qué pasa si pierdo a mi mejor amigo antes que tenga la oportunidad de decirle que lo amo?
—¿Qué estás haciendo aquí? —dice, caminando hacia mí. Con las manos en los bolsillos, ojos tristes y preocupados, mirándome.
—Terry —susurro antes que el nudo en mi garganta me detenga.
El pequeño gemido que sale de mí es suficiente para romper la postura que sostenía. Se le caen los hombros y se mueve rápido solo para llegar a mí.
—Joder —murmura, luego me abraza mientras me derrito por completo. No puedo perderlo... Ni siquiera lo tengo y lo voy a perder. Sus brazos se tensan a mí alrededor mientras me levanta y entierra su rostro en mi cuello, apretando mi cuerpo contra el suyo. Nunca quiero dejarlo ir, nunca quiero no volver a dejarlo.
No quiero que vuelva a perderse de vista.
Pero sé que eso no es posible.
—Mierda, Candy. —Toma un respiro. Un aliento que me hace sentir que se da por vencido, y luego saca la cabeza de mi cuello para mirarme. Sus ojos se conectan con los míos y todo lo que puedo pensar es en besar la tristeza. Nunca lo he besado. Nunca hemos estado tan cerca, pero ahora en este abrazo siento la atracción. Se humedece los labios, sus ojos se dirigen a mis labios y luego a mis ojos. Se siente como si estuviera a punto de hacerlo... como si finalmente fuera a hacer esa conexión por la que he estado muriendo durante años.
—Jesús —la voz de Terry proviene de la escalera y veo el cambio en Anthony.
Respira hondo, con los ojos fijos en los míos, y sacude la cabeza suavemente antes de susurrarme esas tres desgarradoras palabras:
—Lo siento, Candy.
Suavemente, me deja en el suelo y se pasa las manos por el cabello. Me siento fría. Nunca quise que me soltara y ahora que Terry nos está mirando como si supiera que algo pasa, siento que podría vomitar, llorar y dormir durante una semana.
—Amigo, ¿qué diablos fue eso? —exige, caminando hacia nosotros, viéndome tratar de recomponerme. Apuesto a que hay maquillaje manchado en mi rostro y sé que me veo como un desastre. Por suerte, no me importa. Estos dos tienen mucho que decirme. Me ocultaron esto... y eso no está bien.
—Tenía que salir de allí, Terry —se queja Anthony, pateando una piedra y comenzando a caminar.
—Entiendo, amigo... estás abrumado... pero no puedes salir del consultorio y rechazar el tratamiento, amigo. ¡Esa mierda va a salvar tu vida!
—¡¿Qué?! —Anthony ruge de la risa—. ¿De verdad crees que mi vida se salvará bombeándola con veneno y mierdas? No. Cáncer de páncreas en etapa terminal, Terry. No regresaré de eso.
Santa mierda. Siento como si el viento me hubiera dejado sin sentido.
¿Etapa terminal?
—Mierda —resoplo, recostándome contra el auto de Terry. Manchas negras amenazan mi visión y me doy cuenta que no estoy respirando—. Oh, Dios mío —me susurro.
—Jesús, Candy —dice Terry, corriendo hacia mí y tomándome en sus brazos—. No puedo creer que le hayas ocultado esto, hombre. ¿No crees que no iba a descubrirlo? —Prácticamente le está gruñendo a Anthony pero no puedo ver nada más que mis pies mientras trato de normalizar mi respiración. Siento que estoy jadeando por aire, pero no puedo encontrarlo.
Va a morir.
—Oh... yo... no puedo... tengo que irme —murmuro, tratando de salir de los cálidos brazos de Terry y dirigirme hacia mi auto. Estoy a punto de desmayarme, pero necesito alejarme de esto... estas... emociones.
—Detente, Candy. Por favor —la voz de Anthony interrumpe mis pensamientos y levanto la mirada para encontrar la suya bordeada de rojo—. Lo siento. —Es solo un susurro, pero es lo suficientemente fuerte como para romper la miseria que comienza a enjambrar mi cabeza.
Apretando mis labios, incapaz de formar palabras, un sollozo se libera. Llevo la mano a la boca, como si fuera a ayudar a contener las emociones hasta que esté sola. No puedo dejar que me vea tan débil. Él es quien tiene cáncer. Necesito ser fuerte por él.
Mira a Terry, sacudiendo levemente su cabeza y suspira.
—Iba a decirle hoy, Terry. Simplemente no quería que se preocupara si todas las pruebas salían bien y no había nada de qué preocuparse.
—Es tu mejor amiga Y representante, amigo. Deberías habérselo dicho el día que te enteraste que era posible.
—Lo sé —suspira y vuelve a abrazarme, apoyando la barbilla en mi cabeza mientras me enrosco voluntariamente en él—. Créeme, lo sé.
Me obligo a alejarme, me aparto y me limpio los ojos, enojada porque me muestro tan débil cuando necesito ser fuerte. Terry niega con la cabeza y mueve su mirada al suelo mientras Anthony me mira, aparentemente con miedo de que vaya a correr.
—Entonces... —empiezo y luego respiro tranquilamente—. Cuéntamelo todo. —Estoy mirando a Anthony, pero cuando la única reacción es una mandíbula apretada, mis ojos se dirigen a Terry quien mira a Anthony fijamente—. Jesús, ustedes son terribles —murmuro.
—¿Podemos hacer esto en otro lado? —pregunta Anthony, mirando a su alrededor—. Esto no es realmente... suficientemente… privado — susurra, viendo a una pareja caminar hacia su auto.
—No voy a dejar que te vayas de aquí sin programar tus citas —la voz de Terry es severa, pero se ve tan relajado apoyado en su auto. Está listo para obligar a Anthony a entrar, pero lo mantiene a raya.
Si hay algo que aprendí sobre Terry en los últimos años, es no meterme con los que ama. Hará todo lo que sea necesario para que Anthony reciba el tratamiento que necesita... y estaré a su lado ayudándolo. Necesitamos salvar a nuestro amigo.
—Vamos —le digo, agarrando la mano de Anthony. Cuando me encuentro con resistencia, giro y lo miro—. Escúchame, Anthony Andrew... voy a llevarte de vuelta adentro, vamos a hacer esas malditas citas, y si tengo que mudarme contigo para que lo hagas y patear el trasero de este cáncer, lo haré. Vamos a hacer las citas, luego volveremos a tu casa para que me cuentes todo lo que el médico te dijo hoy —resoplo, luego miro a Terry—. Gracias por mantenerme al tanto, Terry. Tu culo también se quedará con nosotros hoy... Estoy segura que Anthony no retuvo las cosas tan bien como tú hoy y no quiero volver a estar fuera.
—Candy, no… —Levanto mi mano y le impido protestar.
—Detente. Cita primero, discusión más tarde. —Estoy enojada, pero también estoy asustada y odio tener miedo. Así que en lugar de revolcarme en la autocompasión porque el hombre que amo tiene cáncer, me estoy colocando las bragas de chica grande y estoy forzando a su trasero a patearle el culo a este demonio que se abrió camino en su cuerpo.
Entonces le diré cuánto lo amo.
Suena como un buen plan.
En el momento en que programamos sus estudios y tratamientos para la semana, ya es hora de cenar y ha tenido varios episodios de dolor. Terry nos deja en el departamento y se dirige a buscarnos algo de comida tailandesa para darnos un poco de tiempo a solas. Necesitamos hablar de esto, y necesito que entienda que solo porque tiene cáncer no significa que va a morir.
—¿Quieres algo para beber? —pregunta desde la cocina.
—No, estoy bien —le digo, dejándome caer en el sofá y agarrando una manta. No hace frío aquí, pero tengo escalofríos y no estoy segura si es porque me estoy enfermando o porque estoy realmente nerviosa por esta conversación.
Probablemente el último de los dos.
—Entonces... —se calla, sentado en el sofá junto a mí.
Instintivamente coloco mis piernas en su regazo y me estiro, descansando mi espalda en el brazo del sofá. A veces nos sentamos así mientras vemos películas, así que no es nada nuevo, pero después del incidente en el estacionamiento no puedo evitar sentir un calor que se extiende a partes de mi cuerpo que no necesitan estar calientes en este momento.
Como entre mis piernas.
Su mano se apoya instintivamente en mi pantorrilla y respira profundamente. Intento no empezar con las preguntas. Sé que va a decirme todo esta noche, y sé que todo saldrá a la luz... No quiero ser la amiga persistente. Respira y se prepara para la cosa más difícil que jamás me haya dicho.
—Hace aproximadamente un mes empecé a tener dolores terribles... horribles. En su mayoría dolores de estómago, algunos en todo el cuerpo, algunos de espalda. Me despertaban en medio de la noche, me golpeaban mientras me ejercitaba... no tenían sentido ni razón. Intenté cambiar mi dieta, hacer ejercicio... obtuve un colchón nuevo pensando que era eso. No fue hasta que Terry atrapó uno de mis ataques que me convenció de ir al médico.
Se toma un momento para recomponer sus pensamientos y pienso en el último mes. Ha estado actuando un poco diferente hacia mí, pero supuse que era porque tenía una novia de la que no quería que supiera. No estoy segura de por qué mi mente se fue a eso, pero lo hizo, y ahora me siento como una amiga horrible por no darme cuenta que algo ha estado mal todo este tiempo.
—Tan pronto como me examinaron e hicieron unos análisis de sangre y vieron niveles muy anormales de bilirrubina, sabían que estaba más allá de su alcance.
—¿No es eso algo que sucede con los bebés? —Recuerdo que al bebé de una amiga le hicieron análisis de bilirrubina, pero nunca he oído hablar de ello en adultos.
—Puede pasarle a cualquiera, Candy. Es una sustancia química que puede alcanzar altos niveles en pacientes con cáncer de páncreas debido al bloqueo del conducto biliar común.
—¿Cómo sabes todo esto?
Suspiro cuando sus manos comienzan a masajear mi pantorrilla suavemente, amando la sensación de mi cuerpo sobre el suyo. Incluso si solo son las piernas, tomaré lo que pueda.
—Me remitieron al Dr. Stanley. Mi cita con él fue tan rápida como las citas médicas... hasta que leyeron los estudios y las pruebas iniciales comenzaron a llegar. Pasó mucho tiempo conmigo revisando las cosas ese día porque podía ver que estaba nervioso. Supongo que una mierda como esa solo se clava. —Hace una pausa y suspira, pasando sus manos por su rostro antes de volver a mi masaje—. Entonces la biopsia sucedió y…
—¿Cuándo?
—¿Cuándo qué? —Toma mi pie y me quita el zapato, luego comienza a frotarlo suavemente y siento ese calor nuevamente, justo cuando no debería sentirlo.
—¿Cuándo fue la biopsia? —susurro, pensando en la semana pasada.
—El jueves pasado por la tarde. —No me mira, sino que atentamente frota la plantilla de mi pie y estudia la forma en que su mano se desliza a lo largo de mi piel.
Jesús se siente bien.
—¿Cuándo me dijiste que tenías que ir a cenar con tu amigo? — susurro, recordando que salió corriendo justo después de la sesión y subió a un auto que no reconocí—. ¿Quién te recogió?
Suspira y niega con la cabeza.
—Kaleb —dice—. Solo me dejó. Terry me encontró allí y se sentó conmigo a través de todo lo que pudo.
—¿Por qué lo dejaste entrar y a mí no? —Me duele, y no quiero volver a llorar, pero hoy todo parece haberse derrumbado a mí alrededor y lentamente trato de salir de entre los escombros en una pieza. Aunque no se bien. Cuando resopla y niega, lo veo comenzar a construir sus paredes de nuevo... las paredes que me impidieron entrar la primera vez.
—Entró a la fuerza, Candy. Ni siquiera iba a ir al médico... Mierda, ni siquiera estoy seguro de si ahora mismo estoy contento de haberlo hecho.
—No digas eso. —Me siento, descansando mi mano en su brazo.
—Lo digo en serio. No estaría tan preocupado por todo y reconsiderando todo lo que hice si nunca lo hubiera sabido.
—Jesús, Anthony... ¡Si nunca te hubieras enterado, algún día te habría encontrado muerto y nunca hubiera sabido por qué! —Le doy una palmada en el brazo e intento alejar las piernas, enojada porque puede ser tan egoísta. Sus manos se tensan alrededor de mis tobillos, sin embargo, y gime.
—Por favor, solo escúchame, Candy. —Finalmente mueve su mirada a mis ojos, y veo las lágrimas amenazando con derramarse sobre sus párpados—. Por favor.
—Bien... soy toda oídos. —Me desplomo, la rabia, el dolor, la ira y el miedo me recorren. Se toma un momento para recomponer sus pensamientos, luego finalmente se abre para mí. Finalmente habla sobre lo que puedo decir que ha estado evitando todo este tiempo.
—Hay muchas cosas que he hecho en mi vida. Estoy orgulloso de muchas, y de otras no. He hecho cosas que desearía nunca haber hecho, y hay cosas que desearía haber hecho hace mucho tiempo y nunca lo hice. Dejé a mi familia hace años y no miré atrás... No he tenido contacto con ellos desde que salí de su casa hace casi diez años. No sé cómo es mi hermano, no sé si alguno de ellos sigue vivo o en la cárcel o qué.
—No es demasiado tarde…
—No he terminado. —Susurra una maldición, luego suspira y niega con la cabeza—. Ven aquí —dice, tirando de mí por el brazo.
Me siento y no peleo cuando me levanta para sentarme en su regazo. El nudo que me crece en la garganta es casi doloroso porque intento que desaparezca. Toma sus manos y las coloca a un lado de mi rostro. Cuando cierra los ojos y apoya su frente en la mía, siento una lágrima resbalar por mi mejilla. Nunca había visto a Anthony tan abierto con nadie. Esto es demasiado real.
Está sufriendo y estoy siendo egoísta. ¿Por qué estoy enojada con él? Se encuentra asustado, y estoy siendo una perra. Mis manos se dirigen instintivamente a sus brazos mientras estamos aquí sentados, con las frentes tocándose, respirando en sincronía, para lo que se siente como una vida entera. En un tono silencioso, finalmente comienza a hablar:
—No quise decírtelo de inmediato... no porque no quisiera que lo supieras... sino porque no podía soportar la idea de que sufrieras sin razón. —Su voz es un susurro crudo, respira profundo y aleja su cabeza, sus pulgares acariciando suavemente mi mejilla. Estoy asombrada de este hombre en este momento. Anthony Andrew, mi mejor amigo en este planeta y el hombre del que estoy locamente enamorada, está sufriendo tanto y no puedo hacer nada para ayudarlo. Joder, esto duele—. Iba a decírtelo, Candy. Lo prometo. Iba a llamarte esta noche. Iba a ir y decírtelo. En persona. Es solo que... no podría preocuparte si fuera por nada.
—Soy tu mejor amiga, Anthony. Puedo manejarlo —susurro, descansando mis manos sobre las suyas.
Niega y se ríe gentilmente, sus manos se mueven hacia mis muslos, apretando suavemente.
—No lo entiendes, ¿verdad? —pregunta, sus manos regresan para ahuecarme el rostro—. Te amo, Candy. —Su voz ya no contiene dolor, sus ojos más brillantes de lo que los había visto en días. Mi corazón está prácticamente latiendo fuera de mi pecho y creo que he dejado de respirar.
—¿Qué? —susurro, con los ojos muy abiertos, viendo una sola lágrima deslizarse por su mejilla. Sacudiendo la cabeza, siento que empiezo a llorar y ya no puedo contenerlo. He esperado años para escuchar esas palabras salir de sus labios—. Por favor, no, Anthony. No digas esto porque piensas que es lo que quiero escuchar.
—Nunca haría nada para lastimarte a propósito, Candy. Nunca. Lo prometo. —Niega suavemente, su pulgar trazando mi labio inferior mientras miro con asombro, todavía tratando de comprender lo que está sucediendo.
En el momento en que comienza a moverse para besarme, la puerta se abre y Terry entra en el momento más inoportuno.
—¡Jesús, esos idiotas son lentos! —anuncia mientras arrastra dos bolsas húmedas de comida—. Está lloviendo a cántaros, también, chicos. Candy, no te irás pronto —dice, caminando hacia la sala de estar. Todo lo que puedo hacer es sentarme en el regazo de Anthony, mirarlo a los ojos y ver cómo la sonrisa se dibuja en su rostro.
CONTINUARA
