.
.
Capítulo 7
Anthony
Terry siempre tiene los peores momentos, y ya lo ha probado dos veces. Bueno... los peores para mí. Estoy seguro que si lo hubiera hecho a su manera ya habría tenido a Candy, pero no es tonto... Nunca se lo he dicho, pero sabe lo que siento por ella y si no lo hace, entonces debería hacerlo. No puedo dejar de sonreír, porque decir esas malditas palabras finalmente me quitó un peso de encima. La expresión de su rostro cuando le dije hizo todo menos estresante hoy.
Alivio.
Estuvo feliz por un breve segundo, sus labios se sentían tan suaves bajo mi pulgar y todo lo que podía pensar era en cuán perfectos se sentirían al besarlos, pero por supuesto, Terry tuvo que arruinar ese momento.
—¿Qué pasa? —pregunta, entrando a la habitación con una cerveza en la mano. Sus ojos observan lo que ve delante y luego mueve la cabeza y sonríe. Estoy seguro que es un espectáculo, también. El cabello de Candy es un lío por el hecho de que pase mis manos por él, sus ojos siguen fijos en los míos como si la hubieran atrapado haciendo algo muy malo, y todavía está a horcajadas en mi regazo. También es algo bueno porque estoy empezando lucir una enorme erección—. Ya era hora —murmura, luego se sienta en la mecedora al otro lado de la habitación y cruza el tobillo sobre la rodilla—. PERO —grita, haciendo que Candy salte y ría. Se desliza suavemente de mi regazo, sonriendo mientras su pierna acaricia mi atracción por ella.
—¿Qué? —digo, imitando sus piernas cruzadas para que no note la erección apareciendo.
—¿Ustedes chicos hablan de todo, supongo? —Toma un sorbo de su cerveza, mirándome con curiosidad. No haría nada al respecto en este momento, pero sé que en el momento en que ella se vaya, obtendré un interrogatorio de su parte.
—Hablamos de todo hasta hoy. Sé algunas cosas, pero no sé todo lo que el doctor les dijo, chicos —dice Candy, levantándose para tomar una cerveza—. ¿Quieres algo? —me pregunta.
—No, estoy bien —le digo. La verdad es que las resacas son diez veces peor últimamente, así que no vale la pena. Tal vez tiene algo que ver con el cáncer.
—Bueno... puedo decirte que el Sr. Hermoso de allí no estaba prestando mucha atención al buen doctor hoy. —Terry se toca la sien y toma otro trago—. Logré mantener prácticamente todo lo que dijo.
—Entonces puedes iluminarme sobre lo que estamos enfrentando aquí. ¿Unas semanas de quimioterapia? ¿Radiación? ¿Pastillas?
Terry sacude la cabeza y termina su cerveza, luego se inclina hacia adelante con los codos sobre las rodillas.
—Cáncer de páncreas en etapa terminal. Tiene metástasis, lo que significa que el cáncer reside en múltiples órganos. Existe el temor de que ya se haya extendido al cerebro y los huesos, de ahí la biopsia de médula ósea y todo eso programado para mañana.
Candy jadea ante la mención de que es... tan malo. Escuché las palabras del doctor, recuerdo todo lo que me contó, pero estoy comenzando a darme cuenta de lo que podría ser esto. Este podría ser el final de mi vida y no estoy listo. Esa maldita pelota está de vuelta en mi garganta y quiero arrancarla. Ahora no es el momento de llorar.
—¿Qué significa todo esto? —la voz de Candy es simplemente un susurro dolorido, rompiendo mi corazón. Extiendo la mano y tomo su mano, tratando de transmitir que no tengo miedo de esto.
Terry se encoge de hombros y niega. Conozco a mi mejor amigo, y sé que levanta paredes en el momento en que las cosas empiezan a ponerse difíciles. Le importa, simplemente no es bueno mostrándolo.
—Significa que tomamos esto día a día. Tendrá que aprender a comer diferente y más sano... no más viajes nocturnos para comprar hamburguesas. —Se ríe—. Si es la quimioterapia y la radiación lo que se necesita para superar esto, entonces eso es lo que haremos.
—No puedo tener radiación, quimioterapia y todo eso, Terry. Tengo un trabajo que requiere que ciertos atributos físicos estén presentes. Como el cabello. Y los músculos. Esos tratamientos matan todo eso.
—Sí, hermano... ¡Y también mata el cáncer dentro de ti que trata de matarte! Cáncer de páncreas en etapa avanzada puede ser mortal si no se ataca con fuerza y rapidez.
Un sollozo escapa de Candy con los términos descarados de Terry.
—Jesús, hombre —resoplo.
—Tienes que hacerlo, Anthony —susurra, sus ojos llorosos encuentran los míos—. Resolveremos lo del trabajo y el dinero. Eso ni siquiera importa... te necesitamos. Yo... te necesito. —Una lágrima resbala por su mejilla.
—Dios, ustedes apestan. —Una cosa es estar solo y no tener que preocuparme por los sentimientos. Otra cosa es ver a la mujer que amo y a mi mejor amigo dándome la mirada de que todo su mundo será aplastado si no trato de salvarme.
Si no trato de vencer esto.
—Te amamos, amigo. No quiero verte morir antes que sea tu momento, y definitivamente ahora no es tu momento.
Terry se levanta y agarra la comida de la mesa, colocando nuestras comidas frente a nosotros.
— Sabía que a tu cuerpo no le iba a gustar lo picante, así que tomé la comida más suave que pude encontrar para ti —dice, deslizándome mi cena.
Terry no es un tipo malo en absoluto. Está cuidando a su mejor amigo. Puede ser impetuoso, pero es la razón por la que voy a vencer esto. Él y Candy son mi columna vertebral.
Juntos podemos hacer esto.
Para cuando hemos comido todo lo que trajo, estoy listo para ir a la cama, pero todavía está lloviendo afuera.
—Terty, ¿puedes llevarme a casa? Dejé mi auto en el hospital antes y no tengo ganas de tomar un taxi para ir a buscarlo.—Candy bosteza, estirando los brazos sobre su cabeza. Su camisa se sube lo suficiente para mostrar la suave curva de su estómago y tengo que ajustarme antes que empiece a sentirme increíblemente incómodo en mis propios pantalones. Puede que tenga cáncer, pero sigo siendo un hombre de sangre roja.
—No quiero salir con esta mierda, pecas. ¿No puedes quedarte aquí? —Asiente hacia el sofá mientras limpian la cena. Un trabajo que no me dejan hacer.
—Quédate, Candy. Te llevaremos a tu auto por la mañana. O algo así —murmuro, levantándome. Después de estar sentado todo ese tiempo, me duele todo el cuerpo y siento que voy a vomitar esa comida. Sabía muy bien, pero estoy descubriendo que cuanto mejor sabe, peor me hace sentir.
—¿Estás seguro?
—Absolutamente. —Sonrío, con tantas ganas de besarla. Y lo haría... lo haré... pero ahora no es el momento. No cuando tengo ganas de vomitar.
—Estupendo. Estoy dirigiéndome hacia arriba. Buenas noches, idiotas. —Terry se ha ido. Escucho que Candy cierra la puerta detrás de él, dejándonos mirándonos fijamente desde el otro lado de la habitación.
—Gracias —dice, con una leve sonrisa en sus hermosos labios.
—Amo tenerte aquí —le digo, acercándome lentamente, tratando de no mostrar el dolor en mi espalda con cada paso que doy.
—Me alegro —susurra cuando llego a ella—. Me encanta oírte usar esa palabra.
—¿Qué, aquí? —Sonrío.
—No, idiota... amor.
—Oh... acostúmbrate, Candy. Te quiero. Me amarás de regreso algún día, no estoy preocupado por eso.
Lo estoy. Me preocupa no vivir para ver el día, pero no puedo dejarla saber eso.
—Ya lo hago, Anthony. —Una sola lágrima se desliza por su mejilla y aterriza en sus labios, así que instintivamente estiro la mano y la limpio, registrando lentamente lo que acaba de decir.
—¿Puedes decirlo otra vez?
Es una locura, todo el miedo y el dolor que siento desaparece cuando la toco.
—Ya estoy enamorada de ti, Anthony Andrew.
—Maldición, Candy... ¿En serio? —No puedo creerlo por completo—. ¿Cuánto tiempo?
—Um... ¿Años?
—¡¿Años, Candy?! —Me rio, luego, ignorando el dolor, la agarro y la atraigo hacia mí, sin darle tiempo a pensar antes de golpear mis labios con los suyos.
Jesucristo.
Me he preguntado cómo se sentían estos labios durante años, y ahora que finalmente lo sé, no quiero dejarlos ir nunca. Suaves, una pizca de brillo labial cubriéndolos, los separa suavemente para que no deje de besarla.
No puedo.
Sus manos encuentran mi cabello y desliza sus dedos a través de él, descansando sus manos allí, ya que ninguno de nosotros hace un movimiento para reducir la velocidad. Sabe a la perfección, como lo que he estado esperando todos estos años.
¿Por qué he esperado tanto?
Quiero llevar esto más lejos... Quiero hacerla mía... pero mi cuerpo tiene otros planes. Siento que comienza el dolor, pero trato de alejarlo. Sabe demasiado perfecto. No desaparece, solo se vuelve más fuerte. Son solo unos momentos antes que aparte mis labios y trate de componerme, pero no sirve de nada. El dolor que me quema la espalda hace que mis náuseas salgan a la superficie y tengo que ir al baño antes de enfermarme justo delante de ella.
Mierda. Mierda. Mierda.
—¿Estás bien, Anthony?
—Sí —gimo, encorvado sobre el inodoro a punto de vomitar, pero incapaz de hacer que pase. A veces pienso que, si vómito, todo se irá, pero sé que ese no es el caso.
—¿Puedo traerte algo?
—Estoy bien, gracias. —Sé que estoy siendo breve con ella, pero tengo que componerme. Eso fue jodidamente embarazoso. Es por eso por lo que no debería haberle contado todo eso... no debería haberle contado todo porque estoy aquí muriéndome y no voy a poder ser un novio de verdad para ella.
¡Mierda!
Después de asearme y controlar mis emociones, vuelvo a salir para verla acurrucada en el sofá, jugando con su teléfono.
—Oye —le digo, de pie en la puerta.
No la quiero en el sofá. La quiero conmigo. En mi cama. Necesito poder verla, tocarla, olerla. La necesito.
—Hola —dice, sentándose rápidamente. Supongo que la sorprendí.
—Lo siento por eso —le digo frotándome el cuello—. Me voy a la cama...
—Ah, de acuerdo. Tomaré una manta cuando esté lista para dormir —susurra, y me muestra una sonrisa.
—Yo... ¿quieres venir a la cama conmigo? No soy muy buen compañero ahora mismo... pero la cama es mucho más cómoda que ese sofá.
Su sonrisa se ilumina, asiente y mi corazón de repente se siente un poco más feliz.
—Amaría eso.
—Ahí está esa palabra de nuevo, Candy. —Sonrío mientras caminamos hacia mi habitación.
—Supongo que tendremos que acostumbrarnos a decirlo. —Se encoge de hombros.
Supongo que sí. Y solo pensarlo me hace sonreír.
Nos acurrucamos en la cama después que se pone una camiseta vieja y un par de calzoncillos míos para dormir. Su cuerpo es cálido contra el mío, y si no me sintiera como una mierda en este momento estaría tratando de hacerla mía oficialmente, pero ahora mismo se siente bien tenerla en mis brazos.
No estoy seguro de cuántas noches como esta voy a conseguir, pero estaré condenado si dejo que cualquiera se me escape de las manos.
Mañana comienza una nueva vida para mí. Una vida de más dolor, agujas, médicos y tratando de superar todo. Mi mente está corriendo por todo lo que necesito hacer.
Necesito decirles a mis amigos. ¿O no? Quiero decir... va a llegar a los medios que tengo cáncer, ¿no? ¿Hay alguna forma de evitarlo? Necesito poner ordenar mis cosas para cuando llegue el final... No quiero que mi dinero se quede en un banco, pudriéndose. Quiero que vaya a las personas que amo. Las dos personas que más me importan en este mundo.
Pronto, la respiración de Candy se nivela y sus ligeros ronquidos llenan el silencio en mi habitación. Quiero esto para siempre. Lo he querido siempre, pero ahora que está aquí siento que nunca quiero que se vaya. Nunca la quiero lejos de mí, porque tenerla aquí conmigo me hace sentir mejor. Me hace sentir completo. Como si no me estuviera muriendo. Como si pudiera vivir para siempre. Aunque sé que ese no es el caso.
Claro, sé que las personas vencen el cáncer todo el tiempo. Sé que si se trata lo suficientemente temprano hay grandes posibilidades de vencer esto y vivir una vida plena... pero sé que el mío no fue detectado lo suficientemente temprano. Y, aunque han pasado años, sé por lo que pasó mi familia cuando a mi tío le diagnosticaron la misma enfermedad. No soy estúpido. Sé que esto es hereditario y sé que debería haberlos buscando antes, pero son lo último en lo que pienso.
CONTINUARA
