.
.
Capítulo 11
Anthony
Ella me mira con ese brillo en sus ojos. Estoy tan cansado, pero en el momento en que me besó, todo terminó y en todo lo que podía pensar era en follármela. No tengo mucha energía, pero no puedo no follármela. Es tan jodidamente hermosa y fuerte y ha pasado demasiado tiempo desde que la tuve.
—Acuéstate —susurra, inmediatamente me ayuda a recostarme y busca la hebilla de mi cinturón. Sus manos me quitan la ropa de forma rápida y eficiente y me quedo sin nada mientras ella se encuentra completamente vestida.
—Eso no es justo, cariño. —Alzo la mano y comienzo a quitarle la camisa, pero aparta mis manos.
—Dijiste que era mi turno. Recuéstate y disfruta del espectáculo—susurra antes de mordisquear mi labio inferior.
Cuando se levanta y comienza a balancearse lentamente, sus manos van al dobladillo de su camisa y lentamente se la quita revelando un sujetador de encaje rosa y negro. Mierda. Luego se lleva las manos a los pantalones y, antes de darme cuenta, está de pie frente a mí con bragas y sujetador a juego deslizando sus manos por la parte delantera de sus bragas y gimiendo cuando sus dedos la apartan. Extiendo mi mano para ayudar, tocar, sentir... pero me empuja de nuevo riéndose y tirando su lengua hacia mí.
—Tócate a ti mismo si quieres tocar algo —dice, sonriendo y moviendo la mirada hacia mi pene. Mi jodidamente duro pene.
Gruñendo, empiezo a acariciarla, mirándola gemir y jadear mientras se acaricia con los dedos. Cada vez me siento más y más frustrado de que todavía no me esté montando. Cada toque de ella me pongo más duro para este hermoso espécimen frente a mí.
Reduce la velocidad y abre los ojos, las mejillas enrojecidas por la excitación, y sonríe mientras me mira bombear mi puño más y más fuerte. Lamiendo sus labios, se arrastra sobre mí, pero en lugar de sentarse sobre mí, su boca se dirige hacia mi pene y cuando envuelve sus cálidos labios a mí alrededor, casi pierdo mi carga por su calor y humedad.
¡Mierda!
—Candy, necesito estar dentro de ti —jadeo mientras saca la punta de mi pene de su boca y me sonríe.
—Lo sé —dice, sonriendo y devolviéndome a su perfecta boca y prácticamente tragándome, llegando tan profundo.
Jesucristo.
Tan pronto como siento que el orgasmo comienza a crecer, me tenso, sin querer volcar mi carga dentro de su boca todavía.
—¿Qué pasa, cariño? —pregunta, sus manos envolviendo mi pene y bombeando suavemente mientras deposita besos en la punta. Sus ojos llorosos por ahogarse y la vista solo me hacen desear correrme, pero no lo hago. Necesito estar dentro de ella.
—Levántate —casi le gruño. Si no va a follarme, voy a tener que tomar medidas en mis propias manos.
Se ríe, algo que no estoy acostumbrado a escuchar de ella, pero es algo que amo demasiado y se arrastra por mi cuerpo. Intenta burlarse de mí, dejando que mi pene sienta lo mojada que está, pero sin dejarme llegar hasta el final, pero cuando la giro y la empujo de repente, jadea, luego gime cuando empiezo a follarla más fuerte de lo que he hecho alguna vez.
—Mierda, Anthony —gime cuando mis dedos encuentran su clítoris. Siempre le he hecho el amor suavemente, pero cuando se ha estado burlando de mi de esa forma durante tanto tiempo, lo único en lo que puedo pensar es en follarla fuertemente y convertirla en un charco de manos y pies hormigueantes—. ¡Ah, joder! —grita, sin tratar siquiera de guardar silencio esta vez cuando me empujo contra ella. Sus paredes se cierran a mí alrededor, siento que ya empieza a deshacerse y a gruñir, estirándose y agarrando su pezón y pellizcándolo.
Duro.
—¡Jesucristo! —Levanta sus caderas hacia mí, estoy tan jodidamente profundo y su clítoris se frota contra mí con cada embestida. Riéndome de su necesidad de liberación, me levanto y me pongo de rodillas lo más rápido que puedo y empujo uno, luego dos dedos dentro de ella.
Joder, está muy húmeda, cálida y apretada.
—Dios mío, Anthony —gime. Envuelvo mis labios alrededor de su clítoris y chupo y muerdo hasta que siento que comienza su orgasmo, luego no termino hasta que está gritando mi nombre. Tan pronto como comienza su liberación, me levanto y la follo de nuevo, presiono su clítoris con la suficiente presión para continuar mi liberación mientras tiene su propio orgasmo en mi pene.
—Joder, nena —gruño, permitiéndole que me ordeñe al correrme en ella—. Mierda —silbo cuando sus manos bajan y me agarran el pene mientras me retiro.
—No. Quédate —susurra—. Jesucristo, por favor quédate. — Respira pesadamente y estoy jadeando, y tiene razón. No debería ir a ningún lado. Podemos limpiar más tarde. Ahora mismo necesito estar aquí mismo. Así que hago lo que me pide y me acuesto con los brazos apoyados en los costados de su cabeza y besándola profundamente.
—Te amo, Candy
—Te amo un poco más, Anthony. —Suspiro y le dejo esta pequeña victoria, sobre todo porque de repente estoy demasiado cansado para hablar.
Y así es como nos dormimos. Envueltos y retorcidos en los brazos del otro, llenos de amor y hormigueo en los miembros.
—¡Mamá! ¡Está enfermo de nuevo! —grita Tommy desde el baño mientras vacío mi almuerzo en el baño por tercera vez hoy.
—Oh, cariño. —Ella entra al baño y me mima como cualquier madre debería. Toalla caliente, paleta, ropa limpia.
Es la mejor mamá de la historia. Incluso cuando soy malo, no es mala conmigo. Es asombrosa.
—Mami, me duele la panza —lloro, recostándome en el sofá.
Mieeeeerda.
Santa mierda.
—Oh Dios —me las arreglo para decir mientras salgo de la cama tambaleándome. Oh mierda.
—¿Anthony? —su voz preocupada viene detrás de mí mientras me muevo más rápido de lo que me había movido antes.
Corriendo al baño, solo llego antes de vaciar todo de mi estómago. Santa mierda. Todo duele y no puedo levantarme del maldito piso. ¿Qué diablos? ¡Se supone que esto no debe suceder tan rápido!
Mis extremidades no quieren trabajar sin lastimarme, mi estómago rueda y aquí vamos de nuevo. Vomitar nunca ha sido mi fuerte. No creo que sea el fuerte de nadie, pero lo odio.
Después de dos rondas de enfermar y sudar como si acabara de correr algunos kilómetros, me apoyo contra la pared del baño y trato de recuperar el aliento. En serio siento que mi estómago se encuentra en llamas y no puedo salir de este piso.
Eso es todo. Aquí es donde estaré si alguien me necesita. Aquí mismo, porque no puedo levantarme.
—¿Estás bien allí? —su voz es un susurro, pero la escucho. No puedo verla, pero está afuera.
—¿Dónde estás? —Me las arreglo para decir, tengo la garganta en carne viva—. Necesito un poco de agua —digo con aspereza, odiando lo inútil que me siento en este momento, pero sin realmente tener lo suficiente en mí para preocuparme o luchar contra ello. Solo quiero quedarme aquí y morir.
Santa mierda.
—Lo sé. —Aparece en la entrada con un vaso de agua para mí y un paño frío, sonriendo suavemente con esa valiente sonrisa—. ¿Puedo ayudar a levantarte?
Asiento, sin querer usar mi voz porque me duele demasiado, me ayuda a levantarme lentamente y espera que recupere el equilibrio. No puedo creer que esto realmente suceda. Me sentí muy bien antes.
Fresco después de mi siesta, el sexo fue fantástico, realmente pensé que esta noche iba a ser una buena noche. Ahora he vomitado mis tripas y siento como si estuviera girando y ardiendo al mismo tiempo. Una vez que he recuperado el equilibrio tomo un trago de agua, bebiéndola lentamente mientras Candy me mira atentamente.
—Eres más fuerte de lo que crees, Anthony —susurra, su mano toca mi mejilla.
Me alejo porque sé que me veo como una mierda y no necesita estar tocando tan cerca de mi boca en este momento, pero está convencida de que quiere sus manos sobre mí y gira mi rostro para mirarlo.
—Te amo. Estás luchando contra esto y vas a superarlo. Creo en
ti.
Lo bueno es que ella lo hace. Estoy empezando a no creer en mí mismo.
—También te amo —me las arreglo para decir, con un dolor de garganta increíble—. Estoy tan débil, cariño. Regresemos a la cama.
Débil, cansado, nauseabundo.
Sonríe y en silencio me ayuda a volver a la cama, metiendo las mantas de mi lado antes de arrastrarse en el otro lado. Me da mi espacio, probablemente pensando que es lo que quiero, y lo hago, pero siempre necesito tocarla. Me motiva. Me hace sentir normal, y todo lo demás que estoy sintiendo ahora es cualquier cosa, PERO no normal. Necesito una constante, y esa constante es ella.
Mi CANDY.
—Ven aquí —susurro, alcanzando su brazo en la oscuridad. La cama se mueve cuando se acerca a mí, lo suficiente para hacer que mi estómago ruede de nuevo—. Nooo —gimo, rodando al otro lado de la cama e intentando salir antes de vomitar por todas partes. Apenas llegando al baño antes de empezar a jadear, no queda nada en mí más que ácido y quema tanto, pero no puedo parar.
—Maldita sea —murmuro, limpiándome el rostro y echándome un poco de agua fría en los brazos.
—Está bien, cariño —susurra desde la puerta.
—Odio esto.
—Lo sé.
—No necesitas ver todo esto, Candy —murmullo con una garganta en carne viva mientras me abraza.
—No necesito hacerlo. Sé que... quiero, Anthony. Te quiero. No te estoy dejando.
Refunfuño acerca de lo terca que es y se ríe, y finalmente nos vamos a la cama y dormimos el resto de la noche. Bueno, ella lo hace. Cada vez que cierro los ojos, la habitación empieza a dar vueltas y siento que voy a vomitar... así que ella duerme... me acuesto aquí, mi mano acariciando su brazo mientras pienso en lo que voy a hacer con mi nueva vida.
Siento que mi estado de ánimo y mis pensamientos han estado en todas partes últimamente. Estoy seguro que eso es bastante normal para alguien en mi situación, pero lo odio. En un momento no quiero ayuda, no quiero mejorar, solo quiero que todo termine... y al minuto siguiente trato de luchar y llevar una vida lo más normal posible. No puedo decidir si quiero ayuda o no. No puedo decidir si volveré para el próximo tratamiento o no.
Lo único que puedo decir es que realmente estoy seguro de que quiero a Candy. La quiero por el resto de mi vida... ya sea por unos meses o años. Es la única constante que estoy cien por ciento seguro que quiero. Sé exactamente lo que quiero y mi mente nunca renuncia.
Por la mañana, probablemente haya dormido toda una hora en total. No puedo encontrar el sueño en mí. Mi cuerpo está jodidamente cansado, pero me siento como una mierda y no puedo cerrar mis malditos ojos. Candy comienza a moverse justo cuando el sol comienza a levantarse y se gira hacia mí, el cabello revuelto por el sueño y el maquillaje manchado bajo sus ojos. Incluso en la mañana después de una noche larga y difícil, todavía se ve hermosa. No muchas chicas pueden lograr esto. He estado con muchas que no se quitan el maquillaje antes de acostarse y se ven como un mapache drogado a la mañana siguiente. No mi Candy. Mi Candy parece recién follada, lo cual es increíblemente sexi.
Es una pena que me sienta como si fuera a vomitar o si no me ocuparía de ella esta mañana.
—Hola —dice, la voz somnolienta todavía presente mientras me sonríe.
—Hola —le susurro, dejando un pequeño beso en su frente.
Necesito cepillarme los dientes, pero se durmió en mi brazo anoche y no quería moverme.
—¿Cómo dormiste? —pregunta, secándose el sueño de los ojos. Es tan malditamente linda y sexi, y ni siquiera estaba seguro que eso fuera posible.
—Terrible. —Me rio—. ¿Tú?
—Bastante bien. Soñé que teníamos una mansión en Maine. Tan jodidamente raro. —Se ríe y se recuesta boca arriba, mirando al techo— ¿No son los sueños locos? Como... puedes dormir un par de horas y tu sueño parece durar días y días. Es una locura.
—Me gusta que sueñes con nosotros —le digo, sonriendo—. Es
lindo.
Y es demasiado triste, porque está soñando con un futuro que quizás nunca tengamos, pero sigue siendo lindo.
—Sí —dice, haciendo una mueca sarcástica antes de sentarse en la cama—. Me voy a bañar, ¿de acuerdo? Entonces podemos comer algo y ver qué hay en la agenda de hoy.
Se inclina y me besa rápidamente, luego sale de la cama y sale de la habitación tan rápido como puede moverse.
CONTINUARA
