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Capítulo 12

Candy.

—Idiota —me susurro a mí misma después de encender la ducha.

No estoy segura de por qué le conté sobre ese sueño. Fue estúpido de mi parte decirle eso, porque probablemente está pensando lo mismo, que estoy pensando: "nunca va a suceder". Debo dejar de darle esos pensamientos de futuro porque está enfermo y puede que no tenga futuro. No necesito seguir recordándole eso.

Enciendo el agua tan caliente como puedo y entro dejando que el vapor se acumule a mi alrededor, trato de lavar la sensación del hospital, la enfermedad, la suciedad... pero, sobre todo, estoy tratando de lavar la tristeza. Las lágrimas corriendo por mi rostro por el hombre que amo lastiman todo mi cuerpo. Duele escuchar a la persona que amas enfermar una y otra vez, y ni siquiera tener fuerza para salir del piso del baño. Duele saber que se encuentra acostado a tu lado completamente despierto, incapaz de dormir, cuando te desmayas por la noche. Me duele no poder quitarle el dolor.

No estoy delirando. Sé que en realidad no puedo quitarle el dolor. Es una mierda tan jodidamente mala. Así que dejo caer las lágrimas libremente mientras lavo los recuerdos del día anterior. Hoy es un nuevo día, y tengo que llorar antes de salir de esta habitación.

Me doy unos minutos para calmarme y recomponerme, luego salgo de la ducha, respiro profundo, me coloco las bragas de chica

grande y me preparo para un día de mierda con suerte normal y sin más dolor y vómitos. Nadie dijo que el cáncer era glamoroso.

No es agradable, no es divertido, y no es bonito. Es feo, para todos los involucrados.

Cuando salgo del baño, la habitación está vacía y Anthony está en la cocina preparando café.

—Ahora mismo no siento nada, pero sé cuánto lo necesitas por la mañana —dice, sonriéndome. Incluso enfermo, es increíblemente lindo con sus pantalones de chándal bajos y sin camiseta. No puedo decidir si quiero abrazarlo para sacar la tristeza o pasar mis manos por sus abdominales perfectamente esculpidos. Ahora mismo no siento nada, pero sé cuánto lo necesitas por la mañana.

—Veo esa mirada, Pecas. No puedes engañarme —dice.

Sonriendo, camina hacia mí con una taza de café y levanta mi barbilla con el dedo—. Te amo. Pero necesito asearme y todavía me siento como una mierda de la noche anterior. Mantén esa mirada hasta más tarde y me aseguraré de hacer algo al respecto.

—¿Es una promesa? —Me muerdo el labio y me rio mientras suspira y niega.

—Maldita mujer —gruñe, caminando directamente al baño y sin mirar atrás antes de cerrar la puerta detrás de él.

Al menos hoy está levantado y caminando. Hoy es un día mejor que ayer por la noche. Ya es algo si se está moviendo, haciendo café y tomando una ducha. Podemos hacer esto. Podemos patear el culo de esta enfermedad.

Mi teléfono suena tan pronto como me siento en el sofá y lo maldigo. ¿Por qué siempre tiene que esperar hasta que me sienta cómoda? Saltando y corriendo hacia el dormitorio, lo agarro para

encontrar un mensaje de Terry, lo que me hace sonreír. Sé que ayer fue un idiota, pero lo intenta.

Terry: ¿Desayuno? Estoy haciendo tocino y huevos.

Oh Dios, la comida suena fantástica. Si me quedo aquí por más tiempo, tendré que ir a la tienda, porque juro que Anthony nunca come en casa. Un galón de leche, un huevo y un poco de queso viejo es lo único todo en su refrigerador.

Llamo a la puerta del baño, y le digo a Anthony lo que está pasando.

—Adelante —anuncia. Sonriendo, me deslizo en el baño lleno de vapor y lo que tengo ante mí me hace agua la boca.

La puerta de su ducha es de cristal. Cristal puro y claro... y cada músculo del cuerpo de Anthony se mueve mientras enjuaga el jabón de su cabello.

Dios, es tan guapo.

—Oye, me voy arriba a desayunar. Deberías subir cuando termines. —Mis ojos siguen el rastro de una gota de agua que está bajando por su espalda y sobre su perfecto trasero.

—No tengo hambre, nena. —Se gira y, mientras me sonríe, comienza a lavarse por el frente. Las burbujas jabonosas, las gotas de agua, los malditos músculos—. Ve, tal vez pueda descansar un poco. — Sonríe ahora, sabiendo exactamente lo húmeda que me pone, pero no cedo. Necesita descansar, y hace unos minutos me dijo lo mal que se sentía. Necesita descansar.

Necesito salir de aquí antes que lo ataque.

—Te traeré algo y te lo comerás, Anthony —digo, tratando de encontrar mi voz severa pero no soy capaz de evitar sonreír mientras comienza a lavar sus partes—. Que te jodan —me rio, dejando el baño antes de arrancarme la ropa.

—¡Te amo! —grita mientras cierro la puerta.

—¡También te amo!

¡Hora de comer!

Al abrir la puerta del departamento de Terry, me estremezco ante el desastre. Anthony es un tipo bastante ordenado. Le gustan las cosas en su lugar y tiene una ama de llaves que mantiene sus cosas en orden, aseadas y limpias. Terry podría permitirse una ama de llaves, pero en muchas ocasiones ha dicho que no confía en que no le roben sus cosas.

Bueno... definitivamente debería confiar más... porque este lugar parece un dormitorio de universitarios.

—¡Hola! —le digo, caminando hacia la cocina mientras cocina el tocino sin camisa—. Te vas a arrepentir de eso. —Me rio, rezando para que salpique sobre su engreído trasero.

Su caliente, construido, tatuado... presumido... arrogante... pecho.

Joder, Anthony. Tiene que ponerme caliente. Mierda.

—Nah, nunca me pasa. Odio la ropa, deberías saber esto. — Sonríe y me arroja una naranja—. Aquí, pela esto.

Niego, nunca una invitada en su casa, sino más bien como una compañera de cuarto que no vive aquí. Eso es lo que me gusta de estos chicos; nunca me siento mal recibida cuando estoy con ellos. Siempre me he sentido cómoda y en casa con los dos. Son muy diferentes en la mayoría de los aspectos, pero ambos se preocupan por sus amigos.

Ferozmente.

—Huele fantástico —le digo, asegurándome de que toda la parte blanca de la naranja sea pelada y desechada antes de alinearla en un plato para que parezca un rostro sonriente. Sonriendo se lo paso y se ríe.

—Bonito.

—Eso pensé —dije, agarrando un trozo de tocino recién terminado.

—¿Cómo estuvo anoche? —pregunta, tomando una taza de café y tomando la mía para volver a llenarla.

—Meh —le dije, encogiéndome de hombros—. Bien.

—Hmm... —tararea.

—¿Qué?

—Sonaba más que bien después de irme. —Está haciendo todo lo posible para decirlo con el rostro serio, pero en el momento en que me doy cuenta de lo que está hablando siento que el fuego viene a mis mejillas.

No hablo con estos chicos sobre mi vida sexual. Nunca lo he hecho, y ahora que estoy sentada aquí, él sonriéndome con su taza de café, se siente... extraño.

—Ah, ¿sí? —le pregunto, bebiendo mi café demasiado caliente para que no vea la sonrisa en mis labios, recordando lo bien follada que estaba cuando me quedé dormida anoche.

—Sí. Bien fuerte. Duró más de lo que pensé que duraría. Debe haber valido la pena... —La sonrisa en su rostro lo hace mucho más atractivo de lo que necesita ser en este momento.

—¡Oh, jódete! —Me rio.

—¡Chicos, fueron tan ruidosos! Quiero decir... Estoy feliz por ustedes... pero, ¡en serio, Pecas! No quiero escuchar eso cuando estoy solo aquí. Al menos encuéntrame una chica o algo que hacer mientras ustedes dos lo hacen.

—Jesús, Terry, eres tan grosero.

—No parecía que te importara lo vulgar anoche. —Levanta una ceja y le tiro un trozo de naranja.

—Idiota —digo, sonriendo. Probablemente debería trabajar para no ser tan ruidosa, pero anoche fue demasiado bueno.

—Nah.… sabes que estoy bromeando contigo. Estoy feliz por ustedes dos. —Sonríe y asiente, levantando su taza de café hasta los labios—. ¿Qué hay en la agenda hoy?

—Anthony tiene algunas sesiones a las que podemos ir si se siente lo suficientemente bien Nada urgente, nada demasiado difícil, pero se lo dejo a él.

—Eres buena para él, ¿lo sabías, Candy?

—Joder si, lo soy —le digo, tomando el tocino de su plato y llevándomelo a la boca mientras llena nuestros platos con huevos y queso.

—Y eres tan inapropiada —se queja por su tocino, pero no se queja de eso directamente. Lo sabe bien. Mataría por el tocino. Especialmente tocino de pavo.

—Chico. Esto fue increíble. Le llevo un plato a Anthony.—Agarrando un tenedor, saco un poco de la comida de Terry de su plato y gruñe de nuevo. Sonriendo, le doy una palmada en el hombro, le agradezco por el buen servicio, y luego, sintiéndome satisfecha, llevo a mi feliz y alimentado trasero a la planta baja.

Tiene razón. Me siento increíblemente inapropiada. Esperemos que Anthony haya descansado. Tengo ganas de ser completamente inapropiada con él ahora mismo.

—¡Oh, Anthony! ¡Traigo COMIDA! —Estoy de buen humor, hoy luce increíble, el sol brilla y estoy lista para pasar un día fantástico después de haber tenido un sexo fantástico. Alegre, feliz y vertiginosa... hasta que lo veo en el suelo.

El maldito piso.

—¡Anthony! Corriendo a su lado noto que tiene los ojos cerrados y se agarra el estómago.

Gime cuando trato de sentarlo, sacudiendo la cabeza.

—Solo... detente. —Su voz está tan dolorida que casi estallo en lágrimas en ese mismo momento. Con manos temblorosas, tomo mi teléfono y le mando un mensaje a Terry. No puedo ayudar a Anthony si necesita que lo carguen. No puedo... no puedo ayudarlo ahora mismo.

Oh Dios mío.

—Oye —susurra, luego extiende la mano. Al tomarla, lo agarro con fuerza, sin dejarle ver el temblor de mis manos.

—Está bien, cariño. Estoy aquí. Está bien. Oh, Dios mío, ¿qué pasó, Anthony? —Dejo escapar un sollozo y siento la mano de Terry sobre mi hombro—. Has llegado hasta aquí rápido —sollozo, sin soltar la mano de Anthony.

A estas alturas ya no agarra su estómago y Terry puede ayudarlo mientras me recupero. ¿Qué demonios fue eso? ¿Eso sucede a menudo? ¿Qué pasó?

Dios, tengo muchas preguntas, pero no puedo bombardearlo con preguntas ahora mismo.

—Ya estás —dice Terry mientras ayuda a Anthony a sentarse en una silla—. ¿Qué pasó, amigo?

Anthony bufa y niega, mirándome con pura tristeza en los ojos y luego cambia su mirada a Terry. Algo hace clic en el comportamiento de Terry, me mira y asiente hacia la puerta.

—Oye, Candy... ¿puedes... puedes darnos un segundo?

—¿Disculpa? —digo, entrecerrando los ojos hacia él.

—Te pregunté si nos podía dar un minuto. Eso es todo. —Se irrita, pero yo también.

—Soy su novia —silbo cuando Terry me lleva a la cocina y fuera de la vista de Anthony—. Tengo tanto derecho a estar aquí como tú — susurro para que Anthony no nos escuche, pero estoy a punto de golpear a Terry.

—Jesucristo, Candy. Solo... un maldito minuto. Ese hombre está sufriendo, y a los hombres no les gusta que la mujer que aman los vea así —gruñe, sus ojos no se apartan de los míos. La expresión de preocupación se adhiere a sus rasgos—. Solo danos un minuto.

—Me conoce mejor para saber que no me importa cómo se ve. Lo amo, Terry. No lo estoy juzgando por cosas fuera de su control.

—¡Jesús, Candy! Dame un minuto para hablar con mi mejor amigo. Vete a al maldito pasillo o algo asi, pero, ¡necesito hablar con él sin ti en la habitación! —Se endereza, más que nunca—. Sé que ustedes dos están tan enamorados que es para vomitar, pero no se han separado y necesito tiempo para hablar con él. No hay novias presentes. Así que, por favor, solo por ahora, danos un momento.

Bien, entonces.

—Un minuto —le susurro—. Eso es todo lo que obtienes. Necesito estar allí con él. —Mis ojos entrecerrados van en serio. No me iré del lado de Anthony. Lo prometí y cumplo mis promesas.

Suspira y asiente caminando hacia la sala de estar, dejándome en la cocina mirando al suelo. Podría ser terca e ir allí, pero no soy esa chica. Voy a respetar sus deseos. Entonces salgo. Le daré espacio. Y me siento al otro lado de la puerta, escuchando la conversación entre los dos chicos que más amo en mi vida.

—Debes comenzar a abrirte, hombre. ¿Qué diablos fue eso? —La voz de Terry es áspera y cruda, pero enérgica—. No viste su rostro. Está intentando, pero si vas a bloquearla a veces y dejarla entrar a veces, es mejor dejarla ir. No puedes seguir haciéndolo con ella.

Él... ¿Me está protegiendo?

—Lo sé —resopla Anthony—. La amo, amigo. La amo más que a la vida misma, pero no puedo... joder, amigo... No puedo verme tan débil delante de ella.

¿Débil? ¿Piensa que se ve débil delante de mí?

—No te ve como alguien débil, y lo sabes, Tony. Tienes la mejor jodida chica del universo y vas a alejarla con este comportamiento.

—Lo sé... solo necesito superarlo.

—¿Qué carajos pasó hoy? ¿Necesitamos llevarte al hospital, amigo?

—No. Está bien. Exageré, supongo. Solo otro de los dolores.

Escucho a Terry suspirar y gemir.

—Está empeorando, ¿no? Están sucediendo más a menudo, ¿verdad?

—Está bien —dice Anthony.

Bien. Odio ese término. Ese es el término de Anthony para "las cosas se están yendo al infierno, pero no quiero ayuda".

No puedo escuchar la respuesta de Terry, pero pronto la puerta se abre y niega.

—Vamos. —Pone los ojos en blanco.

—Gracias, imbécil —bromeo, golpeándolo.

Amo a Anthony. No lo veo tan débil. No puedo. Es tan malditamente fuerte.

Y planeo pasar todo el tiempo diciéndole eso.

Cada minuto que me quede con él lo voy a pasar diciéndole lo mucho que lo amo y lo fuerte que es. Se necesita una persona fuerte para pasar por lo que está pasando.

—Oye —le digo, empujando a Terry, decidida a hacer que Anthony se sienta de la misma manera que yo—. Te amo, Anthony Andrew. Eres el hombre más fuerte que conozco. Eres valiente, eres inteligente, y eres el único hombre que me hace sentir de esta manera... esta insana locura. No quiero que me ocultes nada nunca. Claro que odio encontrarte así, pero no porque me haga amarte menos... lo odio porque no puedo ayudarte y eso es todo lo que quiero hacer. Quiero ayudarte a superar esto, pero tienes que dejarme. No puedes echarme porque te sientes inseguro, Anthony. No voy a ninguna parte. Nunca. Así que lidia con eso.

Está sonriendo y tan pronto como termino, Terry comienza a aplaudir lentamente, eso trae una sonrisa a los labios de Anthony.

—También te amo, Pecas. Lo siento —susurra Anthony, levantándose lentamente de su silla—. Eres mi chica. Te prometo que no te excluiré de nuevo. —Me toma el rostro con sus manos y me besa suavemente—. Te amo. —Su frente descansa sobre la mía y Terry hace un ruido, aclarando su garganta.

—De acuerdo, tortolitos. Vamos a alegrar este día y olvidarnos de esta mierda del cáncer. Los tres tenemos vidas para vivir.

Tiene razón. La tenemos. Y depende de nosotros asegurarnos que cada día sea lo mejor posible. Entonces lo hacemos. Comenzamos lento y seguro preparando a Anthony para sus sesiones, ya que está convencido de que todavía puede trabajar y salir juntos.

Tomamos el auto de Anthony, pero Terry conduce. Normalmente, a Anthony le gusta presumir de su auto deportivo, pero hoy no se siente al cien por ciento y no quiere arriesgarse. Es tan hermoso afuera con las ventanas abajo y paseando por el centro de la ciudad hacia la sesión fotográfica. Hoy es en el exterior y me preocupa que se enfríe demasiado, pero no me preocupo por esas pequeñeces. Es un hombre adulto. Sabe cuándo es suficiente.

Para cuando el día termina, hemos disfrutado el perfecto día de Los Ángeles. Una ligera brisa está empezando a llegar desde el balcón de Anthony y, los tres sentados en la mesa, nos reímos y bromeamos hasta que es la una de la madrugada.

—Hora de dormir, tortolitos. —Terry se estira y asiente a Anthony, luego se inclina y me da un ligero abrazo, deteniéndose antes de retroceder—. Mi teléfono siempre está encendido, Pecas. Envía un mensaje o llamada. O infiernos... usa esos pulmones tuyos. —Se ríe mientras golpeo su brazo.

—¿Qué está pasando allí? —Anthony está en la cocina agarrando agua y entra a nuestras bromas.

—Le cuento a Candy todas las formas en que puede comunicarse conmigo si necesita algo —dice, luego se da vuelta y me guiña.

Maldición, Terry. Si fuera cualquier otra chica, sería un charco a sus pies en este momento, pero la forma en que Anthony lo está mirando me hace querer acurrucarme en una bola y esconderme.

—Adiós, Terry.

—Adiós, Terry —le digo levantándome y caminando hacia Anthony.

Tomando el agua y poniéndola sobre la mesa, espero escuchar el clic de la puerta antes de envolverlo en mis brazos y besarlo. Suavemente.

—¿Estás bien, cariño?

—Sí, solo estoy cansado. —Sus brazos se cierran a mi alrededor y suspira—. Te amo, Candy.

—Te amo, Anthony.

—Quiero decir... te amo tanto. Y lamento que me estoy muriendo...

—Detente, Anthony. —Me alejo y lo miro furiosa, enojada porque está haciendo esto—. No sabes cuánto tiempo te queda. No quiero que hables así de nuevo. Eso es una locura. Te amo, y nunca voy a dejar de amarte. Ni siquiera después que te hayas ido, lo que espero sea dentro de mucho tiempo.

—Nuestra sincronización apesta, ¿sabes? —Sonríe un poco y toma mi mano.

—Lo sé —digo, suspirando—. Pero tenemos que aprovechar al máximo el tiempo que tenemos. Nada de "ay de mí", nada de lágrimas. No te arrepientas, Anthony.

—No me arrepiento, Pecas. Lo prometo.

Luego me levanta en sus brazos, con un leve gruñido, y me lleva a la habitación donde me hace el amor muchas veces.

CONTINUARA